Diez años después

Inuyasha no me pertenece, solo la trama de la historia después del final del manga…

Nota:

Es el capítulo más largo y me pareció horrible dividirlo en dos. 36 páginas Word completo y 28 omitiendo los lemmon, ¡qué vergüenza la mía! Ja ja ja.

Las partes más… cof cof, ya saben fueron quitadas de FF. Se ha enviado el cap completo al correo electrónico que me dieron, salvo algunos que escribieron su correo y FF los borró, por favor pásamelo de nuevo como lo han hecho algunos lectores para que FF no los identifique y borre en automático o envíenme un correo a mí rakelluvre (arroba) (yahoo) (punto)com(punto) (mx)Como es un capítulo super largo no me extenderé con más.

Gracias a todos los que me enviaron Reviews, inbox, correos, favoritos y demás. Saludos a todos y este capítulo lo dedico a todos mis lectores. Los amo.

Capítulo 15

Sin él

La explosión de luz sagrada, fue cegadora. Kagome nunca ejecutó su reiki por venganza, su fuerza y su pureza siempre actuaron en favor de la bondad y el amor. ¿Cuándo había cambiado? Tal vez en el momento en que el pozo se cerró alejándola de Inuyasha y de sus amigos a los que tanto amaba. Tal vez cuando la desesperanza se alojó en su corazón. O simplemente la joya dejó marcada su alma llevándose un poco de su bondad, dejando ese vacío; tan pequeño y suficiente así para alojar un trozo de oscuridad. Que como un parasito, poco a poco contaminaba lo puro transformándolo en algo más… peligroso.

En un momento estaba de pie purificando aquella bestia demoniaca, que no merecía vivir, ¿Cómo se atrevía a manchar la memoria de Inuyasha con su desprecio? «¡Maldito mil veces maldito!» gritaba en su mente; y al siguiente instante estaba recostada con el rostro pegado al piso, las manos en su espalda siendo sujetadas por las muñecas y un feroz gruñido en su oreja izquierda rompía su tímpano. El ruido había sido tan estremecedor que su mente atormentada buscó la salida en la pérdida del conocimiento.

A la mañana siguiente despertó en el piso de una celda, con las manos encadenadas en la pared. Su maestro, estaba sentado frente a ella; meditando. Esperando a que ella despertará y poder evaluar su condición mental. Era probable que perdiera la razón al perder a su pareja.

—¿Dónde estoy? —Preguntó mientras intentaba sentarse.

El zorro la miró, y tras un momento de silencio murmuró:

—Mataste al soldado.

Ella recordó los acontecimientos y torció los labios en desagrado por la mención de la bestia.

—Nadie debería dejar a un aliado atrás. Inuyasha era su superior. Había huido y no se detuvo a siquiera considerar que pudiera estar vivo; huyó como un cobarde.

—Sí. Estoy de acuerdo en eso.

Kagome limpió las lágrimas que bañaban su rostro con la manga de su ropa quería ser valiente porque él la había hecho prometer que, si algo así llegaba a suceder algún día, tenía que continuar por Shippō y por el humano que era su antepasado. Si algo ocurría con él entonces… nunca se conocerían y en definitiva ella no quería cambiar su destino.

—Lo he perdido, lo he perdido.

Se recostó en el frio piso y lloró desconsolada durante tres días. Porque era difícil cumplir la promesa, después de todo él era el amor de su vida. El zorro le procuró agua y comida, aunque ella no los aceptó, sí fue obligada a hidratarse. En ese tiempo confesó al zorro sueños ahora inconclusos, anécdotas torpes, tristes y alegres. Le confesó como lo conoció y como se enamoró del demonio rebelde y grosero. Le habló de Kikio y sus temores más ocultos. Secretos de infancia. Habló de su madre y de que nunca volvería a verla. De su arrepentimiento por no haberla disfrutado y haber vivido en el pasado por mucho tiempo. Por el daño y preocupación que le causó y de su infinita bondad y amor que le tuvo al dejarla marchar a su encuentro con Inuyasha. Nunca mencionó de dónde venía.

Sin embargo, cientos de años después sería contada la leyenda de una Diosa de un mundo celestial que se enamoró de un hombre mitad bestia y que abandonó su reino para convertirse en una humana a pesar de que eso significaba morir como cualquier mortal. Pero un día le llegó la noticia de que su amor, murió por la mano de un hombre que lo traicionó. Devastada y obsesionada en vengarlo, buscó e hizo un trato con el Señor de la oscuridad, él le devolvió la inmortalidad más no su favor celestial. Ella vagaría en el mundo terrenal siempre con sed de venganza dando así el nacimiento del ángel de la muerte. Un ángel capaz de contener la luz y la oscuridad; uno que no pertenece a ningún lugar; más imparte su justicia en un mundo aterrorizado por el Señor oscuro en busca de lo que perdió cuando el hombre mitad bestia finalmente murió.

Sesshōmaru, había consolado al Kit. Le juró que siempre velaría por él y por su hermano humano. Y aunque no mencionó a Kagome, su madre, él joven Kit sabía que siempre la protegería. Por que el demonio era uno con mucho honor. Además como bestia sabía que ahora ella le pertenecía a Sesshōmaru lo supiera Kagome o no, ella tenia ya un compromiso con él y era el deber de servirle después de Inuyasha.

Un par de días después, la amante de Sesshōmaru llegó herida en los brazos de su hermano. El clan del sur había caído. Rin intentó salvar la vida del heredero del Oeste, pero la hembra Inu que odiaba a los humanos no lo permitió. El heredero fue abortado y ella tragó el trozo de desperdicios de su cuerpo, pues no permitiría que nadie pusiera sus manos en él. Cuando el señor del Oeste supo lo que había hecho la hembra, en venganza, asesinó a su hermano su único familiar con vida y se lo tragó. En castigo por sus actos bestiales y caníbales hacia su propia sangre.

Dos días después Kagome fue liberada al fin, había llorado lo suficiente para que la cordura le llegará y no atacará a otro demonio. El zorro hizo que saliera de la celda con la promesa de que tendría el cuerpo de Inuyasha en unos días, pues Sesshōmaru había enviado una comitiva en busca de él o de la espada como dijo a su madre la primera Dama. Sesshōmaru no permitiría que la espada quedará en manos enemigas y ahora que estaba muerto el Hanyō quería saber si sería capaz de sostener el arma.

Kagome fue preparada para regresar esa misma noche a su posición como miembro de la manada. Pero antes debía afrontar la realidad de sus actos vengativos y dar cuentas al consejo militar y al señor del Oeste, Sesshōmaru y aceptar el castigo con dignidad y honor, haya sido inocente o no.

Cuando entró al salón, la Dama que nunca mostraba sus verdaderas emociones sintió un leve pinchazo de simpatía por la humana. Cuanto amor profesaba la humana por el Mestizo. Un gran amor que rivalizaba con el de Izayoi por el gran Inu no Taishō.

De pie frente a sus superiores, Kagome habló bajo el consejo del zorro:

—Sé que debería sentirme culpable por mis acciones, que debería pedir perdón por mis impulsos. —Se detuvo un momento para mirar a cada miembro a los ojos y añadió—: Pero no lo haré. Porque ningún aliado debería ser abandonado sin tener la certeza de que haya muerto. Ningún hermano de armas e ideales, debería expresarse de forma despreciativa por aquel que hubiera estado dispuesto a dar su vida por cualquiera de los que estamos aquí presentes —Kagome bajó la mirada al piso y tomó aire de nuevo. Luego, enfrentó la feroz mirada de los generales y se atrevió a buscar la fría mirada de la Dama—. Ningún soldado debería burlarse en el rostro de la viuda de su superior por su condición de nacimiento, dándole un valor menor a cualquiera de nosotros. De ustedes. ¿Por qué debería dejar vivir aquellos que piensan que los demás son menos? ¿No es esa la causa de esta guerra y lucha constante entre hombres y Bestias? Están siendo exterminados y no pueden darse cuenta. —Finalmente sus ojos azules se cruzaron con los ojos dorados de Sesshōmaru y no la apartó—. Un Hanyō que pudo elegir manejar y levantar su arma a favor de aquellos que le han brindado más de lo que su raza demoniaca ha hecho. Yo soy humana, Kikio la mujer que él amó hace más de sesenta años, era humana. Su propia amada madre era una humana; Inuyasha se labró un lugar en los corazones humanos de una humilde aldea. Se ganó su respeto y fue su protector. Sin embargo, eligió a su hermano Sesshōmaru, servirle y honrarlo. ¿Por qué debería disculparme por asesinar a un demonio que por su falta de honor deshonra al Oeste? Deshonra y pisotea todo en lo que Inuyasha creía. La ofensa no era para un Hanyō, era para todo por lo que Inuyasha creía y ese no era más que Lord Sesshōmaru.

Ella pudo ver los ojos del demonio pasar de un color dorado a rojo y luego a negro. Asustada de que su discurso no hubiera funcionado, reverenció a la corte y se sometió ante Sesshōmaru con humildad mostrándole su cuello.

El zorro caminó hacia ella, la tomó de los hombros y la levantó. Su cuerpo temblaba preguntándose ¿por qué debería disculparse? Más todo cambio cuando todos los presentes en la sala, votaron por la inocencia de la humana.

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Inuyasha se sentía como una bestia enjaulada, Miroku y su familia se encargaban de que nada le faltara, pero no había nada como la libertad. Inuyasha no hizo oídos sordos de las palabras del monje y por eso había estado pensando muy seriamente en el futuro. Y ahora que estaba a punto de llevar a cabo el plan de Miroku, no pudo dejar de preguntarse en cómo terminaría todo. Inuyasha recordó a una Kagome más joven e inocente, no era tonto ella estaba envejeciendo y pronto la diferencia sería tan evidente que para ella sería muy difícil afrontar la realidad, él la amaba por supuesto, pero sería igual que con su madre cuando la perdiera, igual a cuando ella se fue. Estaría solo. Pero qué importaba los demonios no ganarían esta guerra y si ella moriría en unos años él moriría en el campo de batalla. Sin ella no valía la pena sobrevivir al exterminio.

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—Dijiste que envió por él.

Kagome, agitaba la taza de té que su maestro le había ofrecido, en los últimos días el zorro había resultado ser un buen paño de lágrimas. La dejaba despotricar contra el mundo para luego echarse a llorar. Ya había llorado lo suficiente ese día, por lo que el demonio le ofreció un té para relajarla.

—Lo hizo.

El zorro, observó a la mujer por encima de su taza de té. Ella le gustaba, de manera paternal. Extraño porque nunca había tratado con un humano. Era la primera incluso de Rin, la niña simplemente no le gustaba.

—¿Cuánto más tardaran?

El zorro frunció los labios y entrecerró los ojos, la mujer estaba más ansiosa que de costumbre.

—¿Qué te preocupa?

—Su amante —respondió sin pensarlo mucho—. No me gusta como mira a Shippō. Esa… hembra es… aterradora. Rin dijo que… ya sabes lo que hizo con su propio hijo. ¿Qué madre puede tragarse a su propio hijo? Sé que en la naturaleza en el reino animal puede pasar, pero ella no es un demonio de bajo nivel.

—Las hembras de su clan fueron famosas por ser extremadamente territoriales. Aunque no debes de temer, ella no es la hembra Alfa de Sesshōmaru y por lo tanto no puede hacer nada en contra de tus cachorros. Preocúpate si logra convertirse en su pareja apareada o si da a luz a su hijo.

—¿Qué es lo que quieres decir?

—Sin un heredero directo de mi Señor, Inuyasha era el siguiente en la línea de sucesión.

—Pero Inuyasha está muerto.

—Sí. Y ha dejado a dos hijos adoptivos. Uno se descarta por ser humano, pero el Kit… es un demonio zorro. Que, si no es un Inu, si tiene la aceptación y reconocimiento de Sesshōmaru. Al entrenarlo personalmente ha hecho que su clan lo acepte como un candidato después de él. Lo ha convertido en un príncipe. Para la hembra el Kit es una amenaza, hasta que ella de a luz el hijo de Sesshōmaru, el Kit puede arrebatarle el trono del Oeste.

—Sesshōmaru no va a aparearla.

—Sí muere, ella tomara el lugar de la Dama por ser la madre del heredero. Su deber será el de gobernar y defender el trono hasta que su hijo pueda tomar el poder. Como la Dama ha hecho con el mismo Sesshōmaru.

—No comprendo su preocupación. Ella está aquí para traer a la vida el hijo de Sesshōmaru.

—Mi Señor está molesto con ella, por lo que hizo.

—Tal vez enloqueció al darse cuenta de que perdería la oportunidad de ser la madre del heredero del Oeste; además se nota que no es muy civilizada. Sin embargo, ella ha sido elegida por él, y no lo veo echándola del castillo.

—Su sangre pura es una de las más agresivas entre los clanes. Pero aún así no debió hacerlo. Es imperdonable.

—Bueno, entonces debería comenzar a trabajar en conseguir el perdón de Sesshōmaru y dejar de ver a los niños en el castillo como si fueran un bocadillo de consolación. ¡Estúpida!

—Yo creo que mira a tus niños como una amenaza.

—Ella dejará de hacerlo cuando tenga a su propio cachorro ¿Verdad?

—Claro. Sí a ella no se le hubiera ocurrido antes asesinar a su hermana para tomar su lugar como amante de Sesshōmaru.

—¿Qué?

—Si suponemos que en este momento puede pensar que tal vez el Kit querrá asesinar al niño para quedarse con el trono de Sesshōmaru cuando crezca.

—El león cree que todos son de su condición ¿no? —el demonio asintió—. Él nunca haría eso. ¡Shippō no tiene un corazón de piedra!

El zorro sonrió las palabras de la mujer lo divertían. Era tan vulgar, pero a la vez no. Extraña.

—Lo primero que la madre enseña a su hijo es a luchar, porque si sus padres mueren… él niño será asesinado por otros que desearán lo que tiene. Nunca te has preguntado ¿por qué Sesshōmaru no mantuvo a Inuyasha a su lado hasta que él creció y demostró su verdadero valor?

—¿Qué quieres decir?

—Sesshōmaru tenía todo el derecho de matar a su medio hermano por ser un posible sucesor y una amenaza para su descendencia. Pero comprendía que no tenía hijos así que lo mantuvo lo suficientemente lejos para no involucrarse con él, pero lo suficientemente cerca para cuidar de él.

—¡No me jodas! Sesshōmaru nunca cuidó de Inuyasha.

—¿No lo hizo?

—¡Ja…! Dime Zorro ¿qué entiendes por cuidar?

—La Dama pudo ordenar la muerte de Izayoi e Inuyasha, pero Sesshōmaru se negó. Dijo que la mujer moriría en pocos años y que él no mataría a un niño como si fuera un cobarde. Un niño marginado por el hombre, rechazado por los demonios; solo en un bosque… ¿A qué te suena eso humana? Ni siquiera tu Kit hubiera sobrevivido por mucho más tiempo si no se hubiera unido a tu manada o ¿sí?

—Sesshōmaru cuido de él…

Kagome no podía creerlo.

—Sesshōmaru solo le mostró el camino. Si el niño era débil, él se encargó de que lo supiera y que nunca lo olvidara.

—Hiriendo su orgullo, lo hacía más fuerte —Kagome recordó cada enfrentamiento entre Inuyasha y Sesshōmaru… todo era tan claro ahora—. Yo… ¿puedo preguntarte algo más?

—Dime…

—Comprendo ahora lo que puede ocurrir o no con mis hijos. Una vez que el cuerpo de… Inuyasha esté aquí… ¿Qué posibilidades tengo de sobrevivir con mis hijos fuera del Oeste?

—Ella ira tras ellos Kagome y los asesinará; incluso a ti. Y Sesshōmaru no permitirá que la vida de Inuyasha se repita en el Kit. Se lo prometió a Inuyasha, le dijo que los protegería. Y el honor de mi Señor es inquebrantable. Así que, si tanto temes por el futuro de tu Kit, tienes que demostrar tu valía a la amante de mi señor. O le sirves, aunque eso signifique cambiar tu lealtad o la quitas fuera de tu camino y le das a mi señor lo que necesita.

—Ninguna de esas dos opciones puedo tomar. Ella me matará, odia a los humanos de una manera enferma. Y él… ¿Qué me estás sugiriendo que le dé a él? ¡No sé qué necesita, no lo comprendo! Llámame estúpida pero no puedo leerlo. Durante mucho tiempo se jactó de odiar a Inuyasha, y ¿qué me dices tú? Que lo único que hizo fue ¿qué? Protegerlo. ¿Qué querría él de mí que fuera lo suficientemente valioso como para protegerme a mi y mis hijos fuera de una promesa a Inuyasha?

—Lo que Inu no Taishō tenía, lo que Inuyasha encontró en ti. Amor por la vida.

—¿Qué?

—Dale algo que proteger, que no sea solo por honor o porque es lo que se espera de él, un Señor. Sesshōmaru es poderoso incluso más que su propio padre, pero le falta lo que a Inuyasha le sobrara y eso era corazón en cada pelea, una razón por la cual mantenerse con vida.

—Inu no Taishō sobrevivió al dragón por Inuyasha… ¿Quieres que le dé a su heredero, un Hanyō? Me asesinará de tan solo insinuarlo. Él ha matado por menos y créeme no tengo intención de burlarme de su inteligencia.

—Para tiempos difíciles, medidas desesperadas. No podrás acercarte a él mientras ella esté con vida. Pero si… ella no está y con el enemigo ganando terreno, el consejo nervioso y presionando para que asegure la supervivencia de su propia sangre. No creas que para ellos perder a Inuyasha fue un alivio total. Cada uno de los que formamos parte del consejo fuimos elegidos por el padre de Sesshōmaru, fuimos sus más fieles servidores y continuamos siéndolo. Izayoi no fue la caída del general, fue su propia arrogancia al negarle la protección del Oeste.

—¿Qué ganas tú con todo esto?

—Si te lo digo ¿lo harás?

—No. No mejor no me digas. No quiero saberlo, porque si estás traicionando a Sesshōmaru…

—Me has escuchado ya demasiado tiempo como para no llamarte mi cómplice.

—¡Oh por Dios!

—Quiero la libertad de la Dama.

Kagome cerró los ojos, ¿a qué se refería?

—¿La libertad? —preguntó con asombro. No podía creerlo.

—La amo y me corresponde; pero no puede ser hasta que Sesshōmaru se aparee y convierta a su mujer en la Dama del Oeste. Ella tiene que abdicar al trono. Y no lo hará hasta que se encuentre la sucesora indicada.

—Y ¿Qué tengo que ver yo?

—Tu lealtad es algo que no se encuentra todos los días, una vez que la ganas no la pierdes, al menos eso fue lo que Inuyasha me dijo un día.

—¿Te has olvidado de que soy humana? —Se señaló así misma y sonrió nerviosamente.

El demonio levantó un hombro sin darle importancia, como diciendo: «No tiene importancia».

—Una que puede proteger a Sesshōmaru y a tus descendientes de los poderes sagrados. Si te aparea, Sesshōmaru se verá obligado a sellar también su alma con la tuya, no permitirá que mueras en cincuenta años y que lo arrastres con él —Kagome recordó que Sesshōmaru ya le había ofrecido la inmortalidad no aparearla convirtiéndola en su única pareja de vida—; tu alma sagrada será un escudo protector para él ante algún ataque sagrado. Nadie podrá tocarlo y tus hijos nacerán con tus habilidades o por lo menos inmunes al Reiki.

—Yo creo que solo va a darme la inmortalidad, porque alguien de su condición no puede aparearse lo dijo la Dama, es un error hacerlo y doble error con una humana.

—No lo es si el beneficio es el poder sagrado de la Miko de Shikon. Entiende esto: Los demonios odiamos a los humanos lo suficiente como para no darles la inmortalidad, solo aquellos que se han enamorado de verdad y solo unos cuantos, porque créeme sellar tu alma te hace presa fácil para cualquier demonio, solo tendrían que matar al humano para que la muerte los arrastre. Pero cuando es una Miko es totalmente diferente y esto lo hacen los demonios débiles. Obtienen más de lo que creen las Mikos, porque obtienen su poder sagrado.

—Hacerlo por amor debilita a los fuertes, pero si eres un demonio débil... ganas poder.

—Así es. Entonces, siendo tú la destructora del Shikon los demonios débiles te temen lo suficiente para intentar sellar tu alma y los fuertes nos abstenemos porque estabas bajo la protección de Inuyasha y ahora de Sesshōmaru.

—¿Nos abstenemos?

—Eres la Joya misma Kagome. ¡Tanto poder! ¡Tan hermosa! —El zorro sonrió ante la cara de horror de la joven—. Hasta yo me vi tentado, pero la Dama me mataría de solo intentarlo.

—Ella… La Dama… ¿Sabe?

—No. Pero si aceptas el reto, me encargaré de que lo vea así y te de su aceptación como su nuera.

—¿Y si mejor me voy de aquí?

—¿Adónde irías? Sesshōmaru no te perdonará alejarlo de su único posible heredero y te hará pagarlo. Te lo arrebatará. En dos días partiremos al suroeste, hay un pequeño ejercito de humanos formándose ahí, dicen que algunos sagrados del norte han comenzado a moverse para unirse a ellos. Si Sesshōmaru decide partir con nosotros significa que preñara a su amante en estos días.

El zorro le ofreció un pequeño bolso, Kagome lo tomó para inspeccionarlo y encontró unas extrañas semillas.

—Impiden la concepción. Debes hacer que ella lo beba o puedes sentarte a esperar a que Sesshōmaru parta y le ocurra algo en batalla; y si eso no pasa… cuando regrese y mire a su hembra preñada te regalará a su mejor soldado como un hermoso trofeo al que deberá cuidar con su vida. Delegará su compromiso con Inuyasha a otro que pueda hacerlo. O dejará que la hembra los mate.

—No puedo hacerlo es tan bajo…

—Entonces cuando partamos huye con tus cachorros uno humano y otro demonio, arriésgalos a que los maten. Total, puedes enfrentar a un ejercito de demonios y purificarlos en un instante sí. Pero ¿podrás matar a los humanos tan rápido como lo hace tu reiki con los demonios? Ten en cuenta que Izayoi era una princesa; en cambio tú, fuera de estas paredes para los humanos o demonios no eres nadie más que la Puta de un medio demonio.

—Sesshōmaru sabrá que lo hice yo y por qué lo hice. Me considerara despreciable.

—Sí. Y es posible que ya te considera despreciable así que… ¿qué más puedes perder?

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Sesshōmaru se encontraba en el salón de armas cuando Kagome entró. Sus manos temblaban y su estómago estaba revuelto; se recordó que ahora él estaba seguramente despechado y ella tendría que… rogar.

«Piensa en Shippō Kagome, piensa que lo haces por él» pensaba ella.

—Mi Señor.

Ella le llamó en voz baja mientras se acercaba a él. Sesshōmaru no se había molestado en girarse para reconocer su presencia. La odiaba, porque podía andar por su casa como si no lo hubiera rechazado, como si nada hubiera pasado entre ambos. Y en cambio él, tenía que esforzarse por no saltarle a la yugular y matarla por pensar en él como algo menos que un Hanyō. Un Hanyō, los celos lo carcomían día y noche, primero su padre lo hizo a un lado, luego ella una simple humana. No, no simple. Ella era más que eso, ella era su hembra alfa, lo sabía porque su bestia lloraba por salir a la luz y doblegarla. Desde el momento en que la conoció, una chiquilla descarada y mal educada con ropa que la exponía a ser follada con dureza por cualquier depravado… Lo incitó a querer matarla, lo retó y no le tuvo miedo. ¿Cómo se atrevía ella a tanto?

—Quisiera tu permiso para ir a la próxima batalla. Yo quiero vengar a mi esposo y servir al Oeste como él hizo antes.

—Sal de aquí sacerdotisa.

Le pidió el demonio más como una suplica que como una orden, porque quería matarla tanto como sujetarla entre sus brazos y besarla hasta el amanecer.

Los pensamientos de Kagome eran muy diferentes, ella no esperaba ser despachada tan pronto, su mente parecía lenta porque guardo silencio mucho tiempo antes de refutar:

—Lo siento. Por lo de tu hijo. Por eso debes saber cómo me siento y te suplico me concedas este deseo.

—Eres lo único que les queda a tus cachorros. Sirve de otra manera Miko. Protege el castillo de ataques sagrados y si realmente quieres darme tu lealtad protege a mi hembra.

«Sí. Intenta eso» pedía el demonio, tal vez su hembra terminaría con lo que él no podía, ¿Cuándo se había convertido en un cobarde? ¿Cuándo había ganado tanta debilidad?

No, ella no podía hacer eso. Estaba claro, la amante de Sesshōmaru la quería muerta a ella y a sus niños.

—Ella quiere matar a mis hijos, puedo verlo en sus ojos y cada vez que me sonríe cuando la miro hacerlo. Puedes negármelo si quieres, pero eres tú el que capta las mentiras con el aroma. El que tiene super desarrollados los sentidos. Pero yo soy mujer y como mujer te digo lo que he visto.

—Entonces ¿por qué apartarte de ellos ahora que corren peligro?

— Sé lo que pasará si tú mueres en batalla y ella lleva un hijo tuyo en su vientre. No quiero que mueras, Sesshōmaru. Y si te sirvo bien, al Oeste quiero decir, no permitirás que les suceda nada malo.

—Voy a preñarla esta noche, así que harías bien en quedarte y no apartarte de mi madre hasta que el niño haya nacido. Tal vez para entonces, madre decida llevarte a ti y a tus hijos con ella al castillo de los cielos.

—Sesshōmaru… Eso no la detendrá. ¡Mató a su hermana por tomar su lugar!

Sesshōmaru la miró ferozmente de pies a cabeza. La odiaba, pero la deseaba también. Entonces tuvo una idea… y agregó como si la idea fuera una muy mala, pero aun así quería que la llevará a cabo. Era la oportunidad perfecta para deshacerse de ella o adorarla con locura y ninguno de los dos resultados seria culpa suya, sería entonces que el destino ya estaba escrito y todo dependería de ella y sus decisiones:

—Entonces actúa como una perra alfa y mátala; búscame y ofréceme un trato. Pero si no lo haces, ya sabes cuales serán tus posibilidades de supervivencia y la de tus hijos. No esperes a que te haga las cosas fáciles, no después de tu rechazo. —Maldita boca la suya por mencionar su rechazo, quería dejarle en claro que no era un tonto al que podía manipular a su antojo—. Ahora deberás ganarte mi favor y aun matándola deberás ofrecerme más que tu alma, así que piénsalo bien sacerdotisa porque puedes ofenderme con tu proposición y yo podría matarte.

Kagome salió de prisa del salón, el zorro ya la esperaba con una daga envenenada. Sorprendida de haber obtenido el resultado deseado, el zorro, sabía exactamente como manipular las conversaciones para conseguir lo que deseaba.

—No temas, yo estaré cerca. Ahora tienes su aprobación.

Kagome se dirigió a la habitación de Sesshōmaru; la hembra acudiría a él esa noche para que la preñara. Mas lo que encontró fue la muerte a manos de la sacerdotisa que lanzó la daga en el momento que la hembra deslizó la puerta. Y las fuertes manos del zorro que aparecieron de la nada manteniéndola presa para que no escapara. La daga contaminada con veneno y con el reiki de Kagome pronto la inmovilizó y después la purificó. El zorro miró a la Miko y luego de asentir salió rumbo al castillo de los cielos. Donde la Dama esperaba a su amante para amarlo, como habían hecho desde hace muchas lunas.

Cuando Sesshōmaru entró a su habitación ella todavía se encontraba de pie mirando hacia donde había estado la hembra. Él se acercó a Kagome todavía incrédulo, había dudado de ella y su capacidad de matar a alguien que no la atacara directamente, tal vez ella estaba cambiando. Estúpidamente creyó que optaría por huir del castillo con los cachorros lejos de las intrigas y traiciones de la nobleza. Olió al zorro, ese que lo había entrenado al lado de su padre. El zorro que cuidó sus espaldas cuando el general murió y tuvo que enfrentarse a todo aquel que planeó derrotarlo para quedarse con su legado; el zorro también protegió a su madre más de lo que debería y de lo que es propio para un… general y una Dama, viuda. Sabe que podría confiarle la vida de su madre, aunque eso significara sacrificar la suya por el bien de ella por eso no lo mataría ni acusaría de traición por ayudar a matar a su hembra elegida. Él hizo bien en huir, por lo menos está noche en que podría sufrir de su furia. Iba a castigarlo por manipular la mente de Kagome, aunque eso le permita ahora satisfacer sus propios deseos.

De pie frente a ella no estaba dispuesto a darle tregua, ni pisar al ritmo de la humana. Ella tendría que hacerlo al de él. No permitiría su desobediencia, él no sería como Inuyasha. Ella por si sola decidido proceder como una de su especie, entonces tendría que actuar como tal. Él ya la había dado la oportunidad de ser ella misma, una humana entre demonios, como la esposa de Inuyasha; como el dueño de su alma unida a él; sin que nadie supiera. Ella en las sombras, todo hubiera sido perfecto porque cuando Inuyasha muriera él la hubiera tomado como su amante; brindándole su protección sin temer a que alguien quisiera asesinarla por el Kit, él estaría demasiado grande para haber formado lazos estrechos con sus hijos, sus herederos; no habría dudas ni temores de una traición de su parte. Pero Inuyasha murió y ella se precipitó manipulada por el Zorro. ¿Es que ella no confiaba en él? ¿Por qué creyó que no la protegería de esa hembra ambiciosa y traicionera?

—Una hembra alfa hace lo que debe hacer para mantener a sus cachorros con vida. Ella solo protegía su posición. Has actuado según las costumbres demoniacas. Dime Kagome ¿Qué vas a ofrecerme a cambio de mi protección?

Ella no se había dado cuenta de que lloraba. Levantó la vista hacía los ojos dorados del Demonio, sus rodillas temblaban y sus manos sudaban. Las limpió en su Kimono. La ansiedad la estaba destruyendo. Así que decidió ser honesta.

—Estoy asustada, tengo miedo Sesshōmaru. No estoy segura de nada, me siento tan perdida. Sin él…

Sesshōmaru no quería escuchar su nombre y no hacia falta que le recordará que todo eso era por la falta de Inuyasha en su vida y no porque deseara realmente meterse en su cama; es más reconocía que ella ni siquiera deseaba la posición de la Dama del Oeste. Sin embargo, para protegerla tendría que dársela. Porque entonces otros podrían ofrecer a sus hijas para el puesto y no quería verse obligado algún día en aceptar. Ella seria desterrada o bien asesinada si así lo pedía la hembra. Y no. No podría hacerlo porque sus almas estarían unidas y hacerlo saber a los demonios significaría su propia caída, sus enemigos querrían asesinarla. Tampoco estaba dispuesto a ofrecerla a otro demonio, nadie tocaría lo que es suyo.

—¿Qué es lo que deseas?

—Tu protección.

—¿Por qué?

—Solo tu me la puedes dar. Eres honorable y el demonio más fuerte de Japón.

Satisfecho por su reconocimiento él le preguntó:

—¿Qué me darás a cambio Kagome?

—Mi alma —respondió sin dudar y muy segura de ello.

—Pero no es lo único que deseo.

Ella le miró con la boca abierta y con miedo en los ojos muy abiertos.

—Tú me la pediste antes. No tengo nada más que ofrecerte… —Kagome le recordó, él seguro la odiaba por despreciarlo y por haber matado a su amante, ella no era tan fuerte como ella, ni hermosa, no tenía tierras ni ejércitos no había nada que pudiera ofrecerle… A menos que el zorro tuviera razón así que ofreció—: Mis poderes sagrados siempre te han servido y continuará así hasta el día de mi muerte. Eres mi Señor Daimyo y moriré a tu lado o viviré para protegerte o los tuyos.

Sesshōmaru acunó su rostro y limpió sus lágrimas sus garras rasparon su piel.

—Dime Kagome ¿Por qué te besaría en ese prado si lo único que busco es el poder sagrado de tu alma?

—¿Querías seducirme para que accediera a dartela? Como esa princesa humana. Sara, ella te amaba y hubiera hecho por ti cualquier cosa ¿no es así? Te juro que no hace falta que hagas eso yo te daré mi alma por tu protección. No hay trucos, ni engaños, soy totalmente honesta. Puedes saberlo.

—¿Te dijo el zorro que al matar a mi hembra tomabas su posición y ahora tendrías que darme un heredero?, propósito por el que ella estaba aquí en primer lugar.

—Sí… Lo haré. Pero entiendo que puede ser algo repugnante para ti. Y por eso mira yo… no puedo tener hijos ahora solo dame un tiempo para que el efecto de… de… mi magia, se terminé y puedas preñarme y así la cosa no se repetirá nunca más te lo aseguro. Solo quiero que lo sepas porque no quiero que te sientas engañado, ni forzarte a repetirlo y…

—¿De qué hablas?

—De esto —Kagome le mostró su brazo izquierdo, tomó la mano del demonio y paso sus dedos en el borde del implante anticonceptivo; Kagome había llevado una vida sexual activa en el futuro y ella no había querido pasar por un embarazo no deseado a causa de un olvido por lo que utilizó el implante. Al volver a la era feudal sin aviso se olvidó de él; y al casarse con Inuyasha, tampoco quería hijos tan pronto por eso no lo retiró, deseaba disfrutar del sexo con su medio demonio. Nunca se lo dijo a Inuyasha, no podía imaginarse pasar por una larga platica incomoda y que él por su ego masculino se enojará con ella; además de que sabía que él quería un hijo, ahora se arrepentía de no habérselo dado. Con Sesshōmaru era diferente no podía callar nada, ni intentar engañarlo. Sesshōmaru no entendería. —Sirve para no tener hijos en los primeros años del matrimonio, para que ambos disfrutáramos de… nuestra intimidad, acostumbrarnos a esa nueva vida en pareja. No quería llenarme de hijos como Sango y que Inuyasha me viera todo el tiempo preñada. Las mujeres humanas perdemos mucho de nuestra figura y yo… no quería no gustarle.

—Lo engañaste —acusó con la mirada fija en sus ojos azules. Había desprecio en su tono de voz.

—Sí. —No tenía opción más que aceptar su culpa—. Le hice creer que tal vez no podíamos, pero yo sabía que sí solo que no… estaba lista. Solo tenía que retirarlo y… en un tiempo todo volverá a la normalidad. Bueno él nunca insinuó necesitarlos, realmente.

Sesshōmaru reconoció que no le importaba que hubiera engañado al Hanyo, al contrario se burló de su hermano en secreto. «Imbécil, ahora la preñaré».

—¿Cuánto tiempo?

—Si lo retiro ahora, tres meses o hasta un año.

—Hnn.

—Podemos intentarlo en tres meses y si no funciona podemos hacerlo en siete meses.

Él quiso echarse a reír por la estupidez de la hembra, no esperaría a satisfacer sus deseos solo por disimular que no la deseaba. La deseaba y mucho a la mierda lo que los otros sugirieran o pensaran si no les gustaba los mataría ella ya hizo mucho dándole la oportunidad comportándose como una Yōkai. Además era la esposa de Inuyasha tenía el derecho de pedir la protección de cualquier demonio de la manada y para su suerte, él era el único macho disponible y su Daimyo.

—Lo retirarás y no volverás a utilizar nada de eso, mujer. Ni siquiera las semillas del zorro —Sesshōmaru buscó entre la ropa de Kagome y sacó el bolso que le había obsequiado para la hembra—. Si lo haces será una falta hacia tu señor y te haré pagarlo con la muerte. ¿Entiendes?

—Sí. Lo prometo.

Aunque para ella la promesa fue vana, el implante no sería inventado hasta dentro de mucho tiempo.

Sesshōmaru la tomó por los hombros, él tenía que ser claro con ella. No más juegos ni evasiones. Acercó su rostro al de la Miko y dijo en voz queda y sugerente:

—Quiero todo de ti. Tu cuerpo, tu alma e incluso tu mente, mi semilla dentro de ti, tú a mi lado gobernando el Oeste, a mi lado en la batalla bañada en la sangre de mi enemigo, a ti cada noche desnuda cabalgando hacía las estrellas, te quiero gritando mi nombre, suplicándome entrar en tu cuerpo y llenarlo de placer, te quiero suplicándome tomar tu alma y alojar mi Yōki dentro de tu corazón. Quiero tu bondad, quiero tu maldad, quiero tu luz y tu oscuridad quiero tu vida. Lo quiero todo. Me pertenecerás y nunca volverás a ser libre. ¿Entiendes ahora lo que deseo realmente de ti?

Sin esperar respuesta él la besó, la mujer temblaba, de ¿emoción por sus palabras? Estaba aterrorizada y se preguntaba ¿qué había hecho? una y otra vez. Ella ya sabía que él tendía a obsesionarse, primero la espada ahora ella. ¿Qué demonios?

Sus labios eran cálidos, exigentes más no duros. Él mordió su labio inferior y ella gimió de dolor. No quería eso, se sentía prisionera entre sus brazos y se asfixiaba con sus besos. Quería gritar y empujarlo lejos de su cuerpo. Pero si lo hacía… la mataría. ¿Por qué no lo hacía? ¿Por qué no se rendía y buscaba su muerte para estar con Inuyasha? Por sus cachorros.

Sesshōmaru se alejó de sus labios percibiendo su estado de ánimo.

—Lo siento, yo… Lo hare mejor y…

—Hoy no, Kagome. Hoy quiero que vayas a tu habitación y llores por el mestizo todo lo que tu quieras, pero mañana no volverás a derramar tus lagrimas por él. Mañana serás mía y su nombre estará prohibido para tus labios en mi presencia. ¿Comprendes?

No, ella no comprendía, el demonio iba rápido con su obsesión. ¿Qué podía hacer? Era demasiado tarde para salir corriendo ella mató a su hembra. No había vuelta atrás, Sesshōmaru no aceptaría un segundo rechazo, los asesinaría a ella y a los cachorros. Por que tal humillación no la perdonaría, sabe que el zorro estuvo involucrado y ambos serian castigados por traición. ¿Por qué querría un demonio que Sesshōmaru cayera por una humana? Porque fue así como su padre fue derrotado.

—Sí.

—Ahora vete o entenderé que quieres y necesitas la compañía de un macho.

Kagome, corrió.

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A la mañana siguiente la madre de Sesshōmaru estaba frente a la Miko que meditaba bajo la supervisión del zorro.

—Abre los ojos sacerdotisa o te matare en este instante.

Kagome obedeció.

—Creí que amabas al Hanyō.

—Y así es.

—Mataste a la amante de mi hijo, reclamaste su posición, pero no te entregaste a él. ¿A qué, juegas? ¿Qué no sabes que puedes querer ocupar un lugar demasiado grande para ti?

—Yo… me disculpo si la ofendí. No era mi intención reclamar una posición más que la de su amante para proteger a mis hijos. Ella iba a matarlos. Usted lo sabe mejor.

—Ya no importa. Él te meterá a su cama esta noche lo desees o no, lo hará. Solo te diré una cosa humana, si fallas y no quedas preñada antes de la siguiente luna nueva yo misma te mataré. Así que alístate haremos la ceremonia de apareamiento esta tarde.

—¡No! Yo no quiero aparearme con él.

—Lo harás, o ese niño perderá todo como lo hizo Inuyasha cuando su padre murió.

—Pero Sesshōmaru no lo querrá y yo tampoco. Usted lo dijo es una debilidad en su posición.

—Lo siento humana pero ya estas hasta el fondo de esto así que no puedes desistir ahora y lo que piense Sesshōmaru en este momento le importa poco al consejo. Todos hemos decidido que será lo mejor; Sesshōmaru debe afianzar aliados humanos porque es lo único que nos queda a parte de los lobos del norte y la única manera de hacerlo es que él tenga a una esposa humana que les asegure que en nuestras tierras hay cabida para los humanos que respeten nuestras vidas y costumbres.

—Kagome guardó silencio, solo les pido un poco de tiempo. Porque no podre tener hijos antes de un año.

—No.

—Me entregaré a él si es lo que quiere, pero no me casaré sin antes enterrar a mi esposo. ¿Usted lo haría? —La Dama gruñó en respuesta—. Por favor. Tengo sobre mí un hechizo no podre tener hijos hasta dentro de un año, ya lo sabe Sesshōmaru, no quiero engañarla.

—Para cuando regrese mi hijo, él cadáver del Hanyō ya estará bajo tierra aquí en el Oeste entonces te aparearas con él. Hoy solo pactaran el compromiso convirtiéndote en su amante.

Kagome asintió y agradeció a la Dama su consideración.

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—Kagome.

Ella estaba cepillándose el cabello, alistándose para el Demonio.

—¿Sí Shippō?

—¿Es cierto que serás la esposa de Sesshōmaru?

—Sí.

—Creí que amabas a Inuyasha.

—Lo hago, pero él ya no está aquí. Y nadie, escúchame Shippō, nadie te hará daño ni intentará hacerlo. Él nos protegerá y yo me encargaré de eso.

El Kit hubiera querido decirle que no era necesario que se entregará al demonio, que confiaba en Sesshōmaru y que nunca los dejaría desamparados. Sin embargo, Kagome no lo entendería, demasiado asustada para enfrentarse por primera vez sola ante el mundo. Uno al que no pertenecía.

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La noche había llegado demasiado rápido, para su gusto. No había visto al demonio desde la noche anterior por lo que no sabía si él ya estaba arrepentido. Pero al parecer el consejo seguramente manipulado por el zorro también estaba convencido de que ella era la mejor opción. No correrían el riesgo de ser traicionados por la familia de una nueva hembra prometida. No había tiempo para buscar a otra. Y Kagome era poderosa y un buen activo para el Oeste. Su discurso de fidelidad y rectitud los había convencido. Ella no sabía a qué jugaba el zorro o por qué, pero Sesshōmaru lo mantenía cerca y al parecer lo perdonaba también.

La Dama entró en la habitación de Kagome y le hizo la señal para que la siguiera, pero la detuvo antes de salir y le quitó el Kimono, dejándola desnuda. Tras mirarla por un momento, ella colocó su estola en la mujer cubriendo su desnudez antes de salir y caminar por los pasillos del castillo hasta los baños personales de Sesshōmaru. La Dama la dejó en la puerta y se retiró silenciosamente.

Kagome entró y vio al demonio dentro de las aguas sentado y observándola tranquilamente. Nerviosa pero decidida, soltó la estola de la Dama y cayó al piso exponiendo así su desnudez. Kagome se había depilado las piernas, debajo de los brazos y su sexo. Así que no le sorprendió ver la ceja izquierda del demonio levantarse tras ver su feminidad desnuda a sus ojos. Caminó lentamente hacía las aguas termales, sus ojos azules brillaban con temor, al no saber qué esperar del encuentro. Inuyasha era salvaje y aunque la heria en su estado más salvaje era un medio demonio, ¿podrá un demonio verdadero no matarla? Esperaba poder sobrevivir, no solo físicamente también mentalmente porque no era lo mismo el sexo salvaje con alguien a quien amabas a alguien a quien le temías y que no sentías nada salvo un deseo por tu alma porque eso lo haría más fuerte. ¿Sería suficiente, para no sentirse sucia y una mujer violada? ¿Por qué las mujeres deberían ser solo una moneda de cambio para fines políticos o para en su caso salvar a sus niños? Ninguna mujer debería hacer eso jamás.

Ella llegó hasta el demonio y se sentó en su regazo como una amazona. Sintió su masculinidad, y no pudo evitar temblar como una niña sin experiencia, asustada preguntándose si sería gentil o solo se preocuparía por su propio placer. Él era la perfección asesina, no sentía empatía por los demás mucho menos por una simple humana.

Sesshōmaru quitó un mechón de cabello del rostro de la mujer y lo colocó detrás de su oreja. Él había visto a Inuyasha poseerla en un prado cuando ella volvió, la había herido, maltratado su cuerpo que ahora era suyo, un templo al que adoraría sin cansancio. Ella le temía podía olerlo, podía sentirlo en sus temblores. Pero ahora estaba allí para él y le demostraría que él Hanyō solo era una bestia egoísta que buscaba su propio placer a su costa. Siempre fue así. Tonta, tonta Miko. Le demostraría que entre sus brazos sería feliz y así siempre estaría dispuesta para él, deseosa de sus caricias y sus manos.

Sesshōmaru, inspeccionó a su hembra notando un vendaje en su brazo izquierdo, poco a poco lo retiró para descubrir la herida que señalaba el lugar donde había yacido el objeto de su magia que evitaba el embarazo. Lo levantó hasta la altura de su rostro y lamió la herida. Ella tembló. El sabor de la sangre de la Miko era delicioso y su lengua podía percibir rasgos de reiki, que le causaba un hormigueo en la lengua. Cuando ella mantuvo su mano cerca de sus labios manteniendo la posición, él bajó sus manos una a cada lado de las caderas de Kagome, la levantó ligeramente y luego la apoyó de nuevo en su virilidad y dijo:

—Desnuda cabalgando hacia las estrellas…

Fue la primera orden del demonio para su amante.

Ella, solo podía pensar en que debía hacerlo, debía dejarse llevar. Cerrar los ojos y hacer lo que muchas otras veces hizo en la cama con distintos hombres, apagar su mente. Concentrarse en las sensaciones para sentirse viva, porque ¡Oh! Ella lloraba por su amor perdido otra vez. La diferencia entre el antes y después, es que ahora habían, dos seres que dependían de ella y que Inuyasha después de todo le había dado su final feliz, fue capaz de tocar la felicidad con las manos. Pero nada era eterno y lo sabía, y se daba cuenta de que Inuyasha había salvado su alma en más de un sentido, le había dado muchas razones para seguir. Lo comprendía ahora. Tenia a sus hijos, le dio una familia, la hizo feliz, y no la dejó sola para afrontar los problemas, bien o mal Sesshōmaru la ayudaría y la protegería en un tiempo de guerra. Y aunque ahora era más fuerte, ella no dejaba de ser una mujer, viuda, en un mundo de hombres.

Mírame Miko y no vuelvas a cerrar los ojos.

Ella obedeció, y él la tomó del cuello y cerró la distancia para besar sus labios. El beso demandante del demonio le corto la respiración a Kagome, ella comprendió los celos de Sesshōmaru y para que no la dañara, porque también se percató de que estaba siendo pasivo por ella, comenzó a moverse suavemente y corresponder el beso con ahínco. Sus dedos se enredaron en los cabellos plateados tan suaves, reconoció. Sesshōmaru la tomó.

Y el Yōki de Sesshōmaru selló el alma de la Miko y la oscuridad fue bienvenida en su corazón. Kagome le pertenecía a Sesshōmaru, y el demonio pertenecía a Kagome.

Solo faltaba la marca de apareamiento que la convertiría en su amante por la eternidad.

La recostó en el futón y comenzó a urgir más los besos en sus labios. Bajó lentamente por su cuello mientras que sus manos que acariciaban sus brazos se acercaron a sus redondeados pechos pasando sus garras por la piel sensible de sus pezones erectos, ocasionando un leve temblor en la mujer sonrojada y caliente. Luego acunó uno en su palma y lo amasó suavemente. La otra mano sujetó los cabellos de la mujer.

Kagome no esperó la gentileza del demonio de nuevo como en los baños, por lo que cuando él comenzó a intensificar las caricias Kagome elevó su reiki, fue la misma energía la que actuó por si sola en realidad, buscando a su pareja elegida por su alma. El Yōki de Sesshōmaru se elevó en respuesta, y juntas las energías comenzaron a danzar alrededor de la otra. Los besos de Sesshōmaru se hacían más intensos, desesperados, el demonio, la bestia ansiaba tomar a la hembra aparearla de una vez por todas, pero sabía que su estado vulnerable no lo permitiría ella quería esperar a enterrar a Inuyasha. Y esa noche ya le había dado su alma, por lo que él cumpliría su palabra.

Kagome se sentía nadar en lava ardiendo, cada fibra de su cuerpo se encendía con cada roce del Yōki de Sesshōmaru. El demonio bajó su mano hasta el centro de la mujer y mientras introducía su yōki en su corazón también introducía un dedo dentro de su feminidad. Kagome gritó de placer. Se retorció en los brazos de su amante, su reiki vibraba en la habitación buscando una salida. Hasta que Sesshōmaru comenzó a dejar entrar la energía dentro de su cuerpo, él absorbió la luz, poco a poco. El placer combinado con el dolor de la quemadura del reiki era tan deliciosamente placentero y quería que ella también disfrutara con él. Y la hizo olvidar sus penas, sus temores, hasta su nombre, solo existía una palabra que repetía una y otra vez y era Sesshōmaru. Su mente vagaba en el limbo de la droga que era el demonio. Y fue así hasta el amanecer, hasta que agotada sus ojos se cerraron para dormir profundamente.

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Ella durmió hasta mediodía, cuando despertó encontró a la dama sentada a su lado acariciando sus cabellos negros.

—No te incomodes, estoy reconociendo a mi hembra alfa.

—No diga eso, usted es la Dama, hablaré con él para que no me de su posición. Solo busco que mis hijos estén a salvo.

—¿De verdad? Porque ahora eres su pareja y cuando te aparee… tu deber es estar con él.

—De verdad. Soy humana no tiene porque hacerlo, puede buscar a una hembra de su especie.

—Eres ciega, y me encantas.

La Dama rio bajo la mirada molesta de Kagome

—No lo soy.

—Puedes fingir que no lo sabes, pero para eso estoy aquí. Para decírtelo. Mi hijo ha caído más bajo que su padre. No solo lo hizo con una humana, no solo se enamoró de ella. Él te dio la inmortalidad anoche y piensa convertirte en su única pareja. Lo has vuelto loco, aunque él mismo quiera sacarse los ojos y no verlo. ¡Todos lo sabemos! ¡Está loco por ti! Por eso mató a los soldados que los acompañaban. Todos sabíamos que algo había ocurrido. Te ha perdonado la vida muchas veces, y ninguna por una razón válida. Creímos que era por Inuyasha. Pero cuando te permitió matar a su hembra y no nos permitió interceder… Lo supimos. ´

—Nos atacaron.

—¿Tú los vistes?

—Sí.

—Eso te hizo creer. Él zorro fue por los cuerpos, ocultó su desastre ante sus súbditos. Menos el consejo.

—¿De parte de quien está el zorro?

—De Sesshōmaru por supuesto.

—Él me ayudo con ella.

—Y yo le di la daga con mi veneno.

—¿Por qué?

—Nadie podrá ahora purificar a Sesshōmaru. Es mi hijo, y siempre ayudaré a que sea la perfección asesina. Serás su alfa, la Dama del Oeste. Pero si lo traicionas, te mataré y a tus cachorros también. Aunque sería una lástima, el zorro es mi nieto preferido hasta que mi Sesshōmaru me dé uno de su propia sangre.

La dama tocó el vientre de Kagome.

—Hnn, con los gritos de anoche creía que anularía la magia tuya y te preñaría. ¡Vaya que eres fuerte!

Kagome decidió ignorarla y evitar sonrojarse ya no era una niña.

—¿Quiere que peine sus cabellos señora?

—No. Yo peinaré los tuyos. Ahora eres más mi hija. ¿Por qué no vas con él?

—¿A la batalla?

—Sí, yo misma acompañé a su padre en las suyas, hasta que nació Sesshōmaru. Cuidaré a mis nietos. Y para que estés más tranquila los llevaré a mi castillo. ¿Qué tal?

—Si es el deseo de Sesshōmaru… Lo haré.

—¡Oh! Niña, él te querrá bañada con la sangre de sus enemigos. Es parte del cortejo antes del apareamiento.

—¿Qué?

—Los votos del cortejo: «Quiero todo de ti. Tu cuerpo, tu alma e incluso tu mente, mi semilla dentro de ti, tú a mi lado gobernando mí casa, tú a mi lado en la batalla bañada en la sangre de mi enemigo, a ti cada noche desnuda cabalgando hacía las estrellas, te quiero gritando mi nombre, suplicándome entrar en tu cuerpo y llenarlo de placer, te quiero suplicándome tomar tu alma y alojar mi Yōki dentro de tu corazón. Quiero tu maldad, quiero tu oscuridad, quiero tu vida. Lo quiero todo. Me pertenecerás hasta el fin de los tiempos ¿Aceptas ahora lo que deseo de ti?» Tú mi niña, aceptaste. Cuando pase, la fase de cortejo, él te apareara. Claro ya no puedes decir que no, ya lo iniciaron. No importa el orden.

—Quieres decir qué en términos humanos, ¿anoche me casé con él?

—Sí.

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Kagome entró al gran salón en compañía de la Dama y sus hijos. Sus ropas ahora eran las de la esposa del Daimyo, con los colores de la casa de Sesshōmaru, dejando atrás los colores de Inuyasha. Rin estaba sentada al lado de su señor y tenía en la mirada la marca del odio infinito que sentía por Kagome, ella le había abierto su corazón y se había quedado con el hombre que amaba. Nunca la perdonaría. Por lo que se puso de pie y caminó hasta Kagome. La verdad era que Kagome se había olvidado de Rin y sus sentimientos. Al verla quiso que la tierra la tragará.

—Niña, saluda a tu nueva madre.

Dijo la Dama en un intento de recordarle a la humana su posición ante los ojos de su hijo.

—No. Yo partiré con mi amado Daisuke y olvidaré mi vida con el demonio que me salvó de las garras de la muerte.

Rin salió de la sala, dejando a una Kagome arrepentida y a un demonio enojado por el desprecio de Rin hacía su hembra. Kagome, caminó hacia su Señor lo reverenció y se sentó a su lado. Pronto los generales comenzaron a organizar su pronta partida.

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Más tarde Sesshōmaru encontró a Rin a las afueras del castillo partiendo al lado del humano. Kagome le había pedido que la buscará y se despidiera de ella. Ella lo pidió como un obsequió de bodas, le había dicho. Una práctica humana. Jaken iba con él.

—Rin.

—Señor Sesshōmaru.

—Toma esto. Mi ultimo obsequio por tu compañía.

Él le tendió una daga.

—No puedo aceptarla.

—Es para tu protección.

—Niña estúpida deberías aceptar la gran generosidad de mi señor —dijo el sapo verde con desdén.

Rin miró a Daisuke, él asintió.

—Gracias. No tengo ningún obsequio para usted.

—Ya me lo has dado y te guardaré en mi memoria hasta el fin de mis días. Como te lo prometí una vez.

Rin sollozó. Y el demonio se acercó a ella para limpiar sus lágrimas. Y luego besó su frente.

Rin se abrazó a la cintura de su señor por ultima vez.

—Se feliz Rin.

Pero ella sabía que no importará cuanto lo intentará ella nunca podría.

—Adiós, Señor Sesshōmaru.

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Kagome estaba preparando su equipaje, el consejo permitió que viajará con Sesshōmaru, no sabían porque ella no estaba preñada, pero creían que si ella se mantenía a su lado lo inevitable pasaría y pronto el Oeste tendría al heredero de Sesshōmaru. Asegurarían al príncipe Shippō y a su hermano humano en el castillo de la Dama del Oeste como ella lo había prometido, hasta el regreso de sus señores.

Sesshōmaru entró en busca de Kagome, sus manos estaban ansiosas por tocarla.

—¿Te has despedido ya de los niños?

—Sí. Voy a extrañarlos.

Era extraño escucharlo hablar más de lo que nunca hizo.

—Será solo por un par de semanas. Sí los encontramos antes… los aniquilaré y llevaré sus entrañas a tus pies, Miko.

—¡Dios mío! No harás eso. Es asqueroso.

El rio. Extraño, tan extraño. Pero no podía decir que el demonio no era hermoso.

—Pídeme el cielo o la tierra y será tuya.

—El cielo es de tu madre, y la tierra de los justos.

—Entonces se justa conmigo y compláceme.

Kagome se giro frente al demonio y comenzó a desatar las ropas de su nuevo esposo, descubrió su miembro y ella se arrodillo frente a él.

Cuando todo acabó, Sesshōmaru la dejó de pie, temblorosa y sudorosa. Él se acercó a un baúl y sacó una túnica similar a la de él, solo cambiaban las figuras, que adornaban sus vestiduras.

Está hecho de un material que resiste a los elementos de la naturaleza, excepto el fuego. Pero te aliviará en nuestro viaje. Cuando traigan a Inuyasha, podrás vestir la rata de fuego debajo de estos.

—No, la rata de fuego no.

Dijo, con tristeza.

—Lo harás, en su memoria o por conveniencia. Ella te protegerá.

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Habían salido un par de horas atrás, ahora viajaban en caballos porque no querían desperdiciar ni un gramo de su energía demoniaca, ya que no sabían qué encontrarían. Así que ahora ella viajaba con Sesshōmaru en su caballo a pesar de que tenía el propio. Fue su orden silenciosa cuando la subió a su corcel negro y luego él se montó detrás de ella. Al medio día se separaron del ejército. Le había dicho que emboscarían. Ellos serían el elemento sorpresa.

Tras alejarse de los otros Sesshōmaru disminuyó la velocidad del corcel a un paso lento. Kagome comenzó a sentirse nerviosa cuando las manos de Sesshōmaru dejaron las riendas del caballo para meter una mano debajo de su Kimono nuevo para acariciar uno de sus senos, primero fueron caricias suaves, luego pellizcó su pezón erecto con dureza. La otra mano viajó hasta su centro para acariciar su clítoris con movimientos circulares. El movimiento de la cabalgata hacía que sus nalgas rozaron el pronunciado miembro erecto del demonio. Era una deliciosa tortura. La nariz del demonio olisqueaba la piel de su cuello.

—Para ya eso.

Ella le ordeno en voz queda.

—Estas en celo, es tu culpa.

Había dicho él. Pero la verdad era que desde que se había quitado el implante sus hormonas estaban enloqueciéndola con estados de ánimo extraños.

—Nos retrasaremos —medio chilló, medio gimió. Él al fin había quitado la mano de su sexo jugoso.

Al atardecer, se instalaron en lo profundo del bosque. Kagome, tomó su arco y fue a cazar la cena, él ya la había educado en las formas Yōkai. Como debía actuar la hembra alfa y mientras Sesshōmaru patrulló los alrededores, ella cazó para él.

Cuando Sesshōmaru regresó ella ya tenía el cadáver de un leopardo esperándolo. Curiosamente Kagome descubrió que físicamente era más fuerte. Él se sentó frente a la presa ofrecida, arrancó una pierna y quitó la piel para luego mirarla y ordenarle que se sentará junto a él.

—Llevas parte de mi Yōki contigo. Él debe ser alimentado con la sangre y carne cruda.

Sesshōmaru le dio de comer en la boca y ella pensó por un momento que vomitaría. No fue así.

—¿Crees que enferme?

—No.

—¿Cómo es que ahora necesito comer esto?

—Estamos unidos, puedo sentir a mi bestia hambrienta.

Kagome lo pensó un momento… La bestia de Sesshōmaru estaba también dentro de ella.

—¿Cómo te afecta mi reiki?

—No lo he descubierto, Miko.

—Ya no soy una Miko.

—No una sagrada, pero sí una oscura.

—¿Qué? Quieres decir que ahora soy una Miko mala.

—Tu alma está contaminada por mi oscuridad, ¿qué esperabas?

—No lo sé, realmente no lo sé.

Después de comer, Kagome se sentía sucia y nerviosa bajo la mirada del Demonio.

—¿Hay algún rio cerca?

Sesshōmaru no respondió, solo se dedicó a ponerse en pie y caminar a alguna parte donde Kagome lo seguiría. Al llegar ella comenzó a quitarse la armadura que le habían colocado, se atoró con algunos nudos y fue Sesshōmaru quien la ayudó. Él estaba listo para zambullirse en el agua.

Kagome, entró quejándose por lo fría que estaba el agua, pero Sesshōmaru la ignoró y la empujó a un lugar más profundo del otro lado. La arrinconó entre las rocas de una pequeña cascada y su cuerpo grande y musculoso. La puso de espaldas y la penetró.

El agua caía en su espalda y rostro, a él no le importaba que casi se estuviera ahogando, no estaba siendo gentil, ni amoroso o mínimo un amante considerado. Ella trató de alejarlo, pero lo que obtuvo fue su reprensión con una nalgada y sus manos fueron colocadas arriba de su cabeza bien sujetadas por las garras del demonio. Él comenzó un ritmo frenético hasta que terminó. Su falta de consideración la hizo sentirse un objeto. No debería importarle ella se había vendido a ese costo, pero después de la sesión de esa mañana…

No vuelvas a privarme de mis placeres, Miko. Si no deseas sentirte como una prostituta actúa como mi hembra.

Ella jadeo.

No sé de qué hablas.

Si es mi deseo tocarte lo haré. ¿Entiendes?

Ella comprendió entonces. ¡Que estúpida había sido! Ella no creyó que se ofendiera.

Lo siento, no quería rechazarte. Estaba adolorida e incómoda.

Hnn. Solo tenías que decírmelo no soy un amante desconsiderado. Eres mi hembra alfa y mi deber es atender tus necesidades sobre las mías.

Sí. No volverá a ocurrir.

Caminaron tomados de la mano al campamento, estaba oscuro y ella no veía bien. Al llegar él colocó sus pieles en el piso y ayudó a Kagome a recostarse en ella. fue maravilloso para él, ver como ella abría sus ropas exponiendo su desnudes y abriéndose como una hermosa flor al mundo. En este caso a él. Sesshōmaru se desnudó mientras observaba los ojos nublados de la Miko. Se arrodilló y observó con fascinación el rostro de la hembra, sus mejillas sonrojadas, sus labios rosados y húmedos, sus ojos azules vidriosos; su cabello largo y negro esparcido en sus lados… parecía una hermosa Diosa de la lujuria y por primera vez el demonio hizo la posición del misionero.

Habían tardado en llegar hasta el enemigo seis días, hubieran hecho tres si Sesshōmaru no hubiera decidido mantenerla por las noches en vela poseyendo su cuerpo, y por el día dormida en su regazo —descansando y recuperando la energía perdida por las extenuantes sesiones de sexo—, mientras cabalgaban a paso lento a su destino. Sin prisa el demonio quería mantenerla así por siempre, ¿qué si había un reino en peligro? ¿Qué si los estaban intentado exterminar? La tenía a ella y por primera vez en toda su existencia se sentía completo. Era sin duda el demonio más poderoso, tenían que unir millares de militares contra él y su ejercito para derrotarlos. Tenían que hacer uso de sagrados para intentar frenarlo, porque nunca podrían destruirlo. ¡Ya no! Ahora que tenía al alcance la protección del reiki más poderoso que haya existido. Su dulce Kagome no sabía de lo que eran capaces de hacer juntos. Lo que ella era capaz de hacer por sí sola. Así que el mundo podía irse a la mierda siempre que estuviera con ella, vivo o muerto.

Eran un grupo numeroso de soldados experimentados, y uno más pequeño de sagrados. Los vieron luchar a lo lejos contra el ejército del Oeste, al parecer el enemigo esperaba a la sacerdotisa o al demonio al frente de la batalla. Nunca detrás.

—Miko, esos hombres y demonios que luchan contra el Oeste, son aquellos que atacaron a Inuyasha. Venga a tu esposo y derrama su sangre por mí, tu señor y tu Daimyo.

Le ordenó, ella estaba de pie a su lado, si él no hubiera mencionado a Inuyasha… Ella no hubiera recordado la razón de su presencia en las filas del ejército del Oeste en ese momento. ¿Qué le pasaba que en lo único que pensaba era en estar debajo del demonio gimiendo su nombre? ¿Qué le estaba haciendo él? Sentía que una parte importante de ella estaba perdiéndose, pero había estado los últimos días entre el clímax y la oscuridad arrebatadora del Yōki de Sesshōmaru que no podía recordar. Era como estar adormecida. Un lapso de lucidez vino a su mente y pensó que ella estaba siendo hipnotizada con las maneras eróticas de poseerla del demonio, envenenada con el afrodisiaco de sus jugos dentro de ella, y drogada con su presencia.

Y tras devolverle la mirada tristemente se sintió desolada, porque la realidad cayó en ella por primera vez después de enterarse de la muerte de Inuyasha, ella no tenía nada en ese tiempo, en realidad. Hijos que no eran suyos pero que en afán de sentirse amada los adoptó, su amante estaba muerto perdido en el Hades por la eternidad en un lugar donde no podría alcanzarlo jamás. Porque sabía con quién estaba y porque reunido en el otro mundo. Con el conocimiento del futuro, un futuro donde los demonios no existían y no estaba segura de cambiar el destino de ellos. Engañada porque el Demonio la había impulsado a volver sin decirle nada con la mentira de que había matado a Inuyasha sabiendo que era la única razón por la que intentaría una última vez volver y ¿para qué?...

Sesshōmaru tomó la mano de la Miko y la llevó hasta sus labios donde deposito un suave beso. Con la otra mano levantó su mentón para que lo mirara a los ojos y le dijo:

—Se mi pareja por la eternidad Kagome.

Ella podía escuchar los gritos desgarradores de dolor de los hombres en el campo de batalla, podía oler las cenizas de los demonios purificados. A simple vista había podido percibir que ambos bandos estaban pereciendo por igual. ¿Qué haría?

Ella vio en los ojos del demonio lo que tan neciamente había querido negar, lo que la Dama le había dicho y ella no creyó. Sesshōmaru caería con ella, los demonios no existirían más en el futuro porque el demonio más poderoso se había enamorado de una mujer. Se había enamorado de una humana que nunca podría corresponder sus sentimientos. Podría ser que a sus instintos sí, pero no a sus deseos oscuros de devastación. Ella no era tan estúpida como la creía, él algún día querría gobernar el mundo, los cielos y la tierra. Ella podía sentir el Yōki de Sesshōmaru inquieto por la sed de sangre del demonio, podía sentirlo coquetear con su reiki incitándolo a levantarse y unirse a él. ¿Qué le quería mostrar?

—Se mi hembra para la eternidad, acéptame como tu pareja y protector.

Kagome dio un paso atrás, sorprendida. ¿Él le estaba pidiendo aparearla en medio de una batalla?

—Sesshōmaru…

—Una vez, no hace mucho… En un prado como éste te vi tan hermosa vestida de novia para mi hermano, en las formas humanas tan banales y sin sentido. Juraste amor eterno, pero no sabes lo que es la eternidad; juraste amor en tiempos bueno y malos, pero a la menor confrontación el castillo de sueños e ideales que construyeron en sus mentes tontas se desvaneció en humo en el momento que cediste a sus tontos caprichos sobre tus propios deseos; le juraste aún después de la muerte, pero apenas supiste que has quedado sola buscaste la protección y compañía de otro. No Miko, no me digas que lo amas, cuando lo único que has hecho estos días es gritar mi nombre y pedirme que no me detenga y te de más de mis caricias. No te engañes creyendo que sería diferente si estuviera vivo si entre mis brazos te sientes segura más de lo que una vez te sentiste con él.

—¡No es cierto! Sabes que nada hubiera pasado entre nosotros si él estuviera aquí.

—Tu reiki, nunca hubiera reaccionado a mí sí no fuéramos el uno para el otro, tu alma me ha deseado desde que nos conocimos, Miko. Sobreviviste a mi veneno no por la espada de mi padre sino porque nunca se puede matar al que está destinado ser tu compañero. ¿No lo entiendes? Siempre que estuviste en peligro verdadero yo estuve ahí. ¿Cuántas veces te salvé? ¿Estás segura de que el Hanyō te hubiese amado si Kikio hubiera vivido? No Kagome, no lo hubiera hecho y lo sabes.

—¡Mientes!

—¿Lo hago? Ahora puedes comparar su amor débil, por todo lo que yo te puedo ofrecer.

—¡No! ¡Eres…! ¡Mentiroso, embustero me has engañado!

—Me has dado tu alma y te digo ahora que siempre estaré contigo. Cásate conmigo en las formas humanas para llamarte mi esposa y te honraré con el mundo a tus pies; aparéate conmigo y siempre serás amada de la única manera que es real. No habrá truco ni engaño seremos uno, compartiremos todo y seremos parte del todo. Sí el amor existe en los Yōkai, este es la mejor definición: El amor Yōkai va más allá. Permíteme mostrarte porque no existen más palabras para describirlo.

—No puedo…

—Vas a negarnos Kagome.

—Prometiste traerlo hasta mí. Prometiste que le diría adiós.

—¡Cásate ahora conmigo en las formas humanas!

—Ya lo has conseguido todo de mí, mi cuerpo, mi alma, has hecho que despierte cada mañana pensando en tus caricias y me duerma anhelándolas, mantienes tu semilla dentro de mi y pronto podre darte un heredero, he gritado tu nombre y me he mantenido desnuda cabalgándote para alcanzar las estrellas, te he suplicado que me tomes de mil maneras para nuestro placer, ya te entregué mi alma, mantengo tu yōki dentro de mi corazón. Te he mostrado que tan malvada puedo ser asesinando a tu hembra prometida. Ya he cumplido la mayor parte de los votos nupciales Yōkai, Sesshōmaru, ¿qué más quieres de mí? Si ya te he dicho que voy a aparearme contigo ¿Por qué quieres que renuncie a él de esa manera, que lo olvide y rompa con lo poco que me queda de él?

—Tu bondad para mi ejército, dales la victoria. Quiero que uses tu luz en contra de la humanidad que intenta aniquilar a mi raza. Quiero que me muestres la oscuridad que habita en tu corazón y que te empeñas en purificarla con tu reiki. No lo hagas, déjala existir Kagome porque nadie puede ser tan puro ni tan malvado. Y quiero que robarte lo ultimo de mi hermano porque anhelo tu corazón. Eso también lo quiero.

—¿Qué? No sé de qué oscuridad hablas.

—No te sientas culpable por lo que sientes por mí, ni por lo que deseas tomar. Cásate conmigo en tus formas humanas.

—¿Por qué quieres hacerlo? para ti es mentira cualquier juramento humano.

—Serás la única que sabrá el verdadero significado y alcance de aquellas palabras Kagome. Y así lo deseo porque lo quiero todo de ti. Borrare cada recuerdo del Hanyō de tu memoria. ¿Tu mente recuerdas? Es mía.

—No puedo, no puedo.

—Sí puedes Kagome. Yo puedo hacerlo tú también. Seremos uno solo y para serlo tenemos que estar en la misma sintonía. Yo, también he cumplido con los votos, no te ciegues a la realidad. Un apareamiento no es posible si el sentimiento, el alma, el cuerpo y la mente no corresponden al otro. He pensado en ti durante mucho tiempo, te he deseado y has poseído mi cuerpo a tu placer, también he gritado tu nombre, suplicado por tu toque, matado por ti, te he dado mi alma y yōki. Yo también estoy realizando los votos Kagome. Es por eso que quiero que te cases conmigo. Quiero que lo veas.

—¡Sesshōmaru!

—En palabras humanas yo definiría lo que siento por ti como amor. En palabras Yōkai ya sabes cuál es.

Las piernas de Kagome temblaban, su corazón latía tan rápido que podía escuchar cada bum en sus oídos. Y en su mente humana solo podía pensar en que era la declaración de amor, más tonta, cursi y… y… toxica y… E Inuyasha no volvería jamás. Si ella lo amaba o no a Inuyasha, Sesshōmaru tenía razón en dos cosas: nunca estaría segura de su amor. Porque solo cuando ella, Kikyo, desapareció de verdad entonces y solo entonces… él la amó. La segunda cuestión es que nunca se había sentido más amada y especial que entre los brazos de Sesshōmaru. ¿Él tenía razón? El deseo de su corazón era corresponderle.

Kagome se alejó del demonio y caminó directo a donde se desarrollaba la batalla. Iba a sacar una flecha cuando Sesshōmaru la detuvo.

—Yo cuidare tu espalda. Confía en mí.

La batalla había sido sangrienta porque Sesshōmaru no permitió que ella utilizara su reiki para purificar a sus enemigos. La había obligado a luchar con sus armas y cuerpo a cuerpo. Reafirmó así que tenía más fuerza y mayor agilidad gracias a su yōki. En algún momento la subida de la adrenalina la hizo perder la conciencia de sus actos. El odio por lo que le hicieron a Inuyasha se instaló en su corazón como el peor de los venenos. Porque todavía le debía respeto y honor a su primer esposo y Sesshōmaru le pidió que se vengará para que pudiera ser libre para pertenecerle solo a él. Ya no había nada que perder. Y quería intentarlo con toda la fuerza de su corazón. Porque bien saben los demonios de ambiciones humanos, y Kagome no era diferente. Ella quería ser la primera en el corazón de alguien, quería ser la única y él único ser que conocía lo suficientemente honorable para entregarse como ella, seria él. Así que lo tomó. Tomó la oportunidad de ser amada de verdad de una manera en la que nada debería tener comparación. Él era intenso tanto como frio y por eso sus palabras tenían ese peso de verdad que la hacia alucinar. Por primera vez en mucho tiempo, Kagome tenía esperanza.

Él protegió la espalda de la mujer que amaba, cuidó de ella para que no la dañaran, todavía era joven e inexperta. Su primera vez como un guerrero asesino en el campo de batalla no lo había decepcionado. Porque sabía que en el fondo ella era tan malvada fría ante sus enemigos como él. Solo tenia que creer en sí misma. Solo tenía que aceptarse y no intentar ser lo que otros esperaban de ella.

En un momento estaba solo defendiéndose y al siguiente ella estaba cortando las extremidades de sus enemigos, sus cuellos o estómagos. Cuando el ejército de Sesshōmaru vitoreó la victoria, Kagome estaba bañada en la sangre de sus combatientes, agitada y con sed de muerte y destrucción; como nunca lo había hecho. No sentía pena, ni dolor, mucho menos compasión por ellos. Kagome ahora era libre.

Sesshōmaru, se acercó a su hembra, la giró frente a él y la besó. La adrenalina del momento la hizo desear al demonio. Sesshōmaru la cargó y voló con ella a un lugar apartado, ella no paraba de besar su rostro. Desesperados por follarse solo se medio desnudaron. Y cuando apagaron sus deseos carnales Sesshōmaru lamió la sangre del cuerpo de Kagome y ella hizo lo mismo. Al verla hacerlo, causo una dicha inmensa en el demonio, ella estaba dispuesta a sus formas Yōkai sin pena alguna. Ella era perfecta para él.

Al anochecer, Kagome se sentó en las piernas del demonio. Ambos escuchaban al zorro hablar sobre como corrieron sus enemigos al verlo ejercer su magia más tonta, Sesshōmaru hacia círculos en su muslo con la punta de su garra distraídamente y Kagome se mantenía con una sonrisa amable hacia aquellos soldados que se detenían a hablar con ella de lo fuerte y bien que peleaba. Ella sabía que Sesshōmaru la había ayudado y que ellos solo estaban intentando reconocerla como la hembra alfa de la manada. El zorro la felicito sobre cómo había avanzado con el uso de las armas gracias a su señor. Ella sonreía y alagaba también su falso ego herido de zorro manipulador.

Pronto Sesshōmaru ordenó que llevaran a su presencia a un monje, el único al que le perdonaron la vida.

De pie uno frente al otro rodeados por su ejercito el monje tembloroso y tartamudo realizó la ceremonia. Kagome había sonreído de verdad, no llevaba un vestido hermoso, estaba sucia, descalza y con residuos todavía de sangre. El único indicio de que estaba siendo una novia era la mitad de la estola de Sesshōmaru que descansaba en sus hombros. Él había tomado la espada y cortado por la mitad, ella había quedado tan sorprendida por sus actos. El zorro le dijo que el Yōki que estaba en su corazón ahora mantendría esa parte de Sesshōmaru con vida, tanto como sí él mismo la portará. La cosa estaba viva, era parte de Sesshōmaru, soltó lágrimas de felicidad y porque estaba realmente conmovida. Abrazó la estola como si fuera el propio corazón del demonio lo que le hubiera dado y puso el rostro en el pelaje absorbiendo su aroma, él siempre estaría con ella.

Sesshōmaru estaba igual o peor de sucio. No le importó porque cuando miró su rostro estoico era el hombre o macho más hermoso que había visto antes. Pero fueron sus ojos lo que le transmitieron el enfermizo y loco amor que le tenía. Y ella se sintió adorada y especial. Ella se sintió amada. Y su corazón latió con fuerza dentro de su pecho. ¿Qué pasaría ahora? Ella solo sabía que comenzaba a ver al demonio como algo más que un protector y amante que calentaba su cuerpo en las noches frías y consolaba su corazón herido. Su Yōki latió fuerte en su pecho, y supo también que comenzaba a aceptar que más temprano que tarde se enamoraría de él perdidamente. Y tenía miedo porque si a él también lo perdía como a Inuyasha no podría sobrevivir está vez. El demonio la amaba a ella y solo a ella. No hubo un antes con él y alguien más al que su corazón recordara y ella reconoció al fin que era lo que siempre faltó con Inuyasha.

—Te prometo la inmortalidad y fidelidad. Respetarte y adorarte. Proveerte y servirte como mi esposa humana, la Dama mi casa, mi amante en mi cama, y mi como hembra alfa, la madre mis hijos y de mí clan. Serás la única antes y la única después. Hasta el fin de los tiempos.

—Te prometo, mi alma, mi poder, mi fidelidad; respetarte y adorarte. Proveerte y servirte como mi esposo Inu Yōkai, como Mi Señor Daiyokai, como mi amante en tu cama, como mi alfa, el padre de mis hijos y de mí clan. No fuiste el primero, pero a partir de ahora serás el único hasta el fin de los tiempos. Hoy te entrego mi corazón.

Ambos acortaron la distancia y se unieron en un beso, sin prisas, un beso tierno que expresaba amor y entrega.

Nota: Y… ¿Qué les pareció? Aprecio de corazón sus comentarios.

Gracias y hasta el siguiente capítulo titulado: Inuyasha.

Besos.