Los pájaros hicieron acto de presencia una vez que consideraron hora de despertar. A la princesa no le quedó más remedio que abrir los ojos. Una vez recordó dónde estaba y qué hacía allí, se estiró. No se sentía hambrienta, pero desayunó igual. Aparte de que necesitaba energías por parte de los alimentos, debía alimentar a su bebé.

"O a esas células", pensó. Al mirar para abajo, sintió una ligera pena. Le encantaría comenzar a ver cómo su vientre crecía, pero sabía que había que esperar.

Una vez que recogió todas sus pertenencias, se montó en su caballo. Estuvieron andando, pensando que todavía era temprano para echarse a correr.

Nada más divisar el castillo, tragó saliva. Temía lo peor. Pero el miedo se hizo presente cuando vio cómo la gente iba entrando en el castillo.

"Oh, no... Se lo va a decir a todo el reino".

Pero... ¿Diría que ella estaba embarazada y su escolta es el padre del bebé?

Puede. Pero prefirió no darle más vueltas.

-¿Princesa? -Una voz se oyó a sus espaldas. Zelda se dio la vuelta.

-Sí, soy yo -respondió. El hombre que la llamó por ella era alto, rubio y de ojos azules. Iba en un caballo. Le recuerda tanto a Link...

-Es una sorpresa verla por aquí. ¿No tenía que estar en el castillo para oficiar la Gran Revelación? -esas palabras crearon desconcierto en la muchacha.

-¿Gran Revelación?

-Sí. Los soldados del rey de Gorlue nos avisaron de que vos nos queríais decir algo importante -explicó el hombre.

-¡¿Qué?! ¡Yo no os quiero decir nada! ¡La idea fue del rey! -la furia de la princesa se hizo presente. Para evitar que le cayera algo por decirlo, espoleó al caballo y se marchó corriendo. La joven lo dejó ir, confusa. Apretó los puños.

"¡Maldito Gorham! ¡Me la has jugado!"

Una vez que pudo penetrar en el portón del castillo, evadió a las personas que le iban a hacer preguntas. Tuvo que hacer un esfuerzo para que no entraran en el edificio. Suspiró.

Subió pasillos, alternó torres, e hizo muchos recorridos.

Pero no encontró a Link.

-Mmm... -Link sintió cómo los rayos de sol impactaban en su cara, cegándolo por un instante. Al despejarse, comprobó si la puerta seguía cerrada.

Pues sí.

Se dirigió a la ventana. Desde allí, pudo ver cómo varios habitantes del reino entraban por el portón.

Y la realidad lo azotó.

Iban a contarles su secreto.

¿Y Zelda? ¿Estará bien?

La intentó llamar, pero el hambre lo hizo fracasar. Pensó en ella, en sus suaves cabellos, en sus verdes ojos, en su delicada nariz, en su boca... Esa boca que tanto anhelaba.

Esas dulces y bellas palabras con las que se deleitaba.

El calor que le produjo estar dentro de ella.

Su amor, puro e inocente.

Y acabó siendo interrumpido por un golpe en la puerta. Fue cogido por la camiseta. Se topó con unos ojos azules como el hielo.

-Hoy es el día. Vamos -acto seguido, tiró de él. Link se dejó arrastrar, confuso.

Zelda seguía buscando. Iba registrando por todas las habitaciones. Aunque le sorprendía el excelente trabajo que habían hecho los constructores, no se dejó llevar por eso. Tenía mayores preocupaciones.

Una vez que se dio por rendida, sabiendo que no estaba en ninguna parte, se dispuso a salir. Pero entonces le vio. Yacía inconsciente en el suelo.

-¡Link! -lo llamó. Corrió hacia él, pero una sombra la interrumpió.

-Hola, pequeña cerda -saludó en su oído.

-¡Gorham! ¡¿Qué le has hecho?! -le espetó. Este se limitó a darle otra bofetada.

-¡¡Ni se te ocurra volver a dirigirte a mí así!! Y ahora que preguntas... He de desvelarle al reino vuestros pequeños secretos.

-¡No! -dijo Zelda.

-¡¡Sí!! ¡Nos casaremos y gobernaremos el reino! ¡Eliminaremos a ese vástago que tienes y crearemos otro! -planificó por ella, quien apretó los puños.

-No, por favor... -suplicó, al borde de las lágrimas. El rey esbozó una sonrisa malvada.

-Venga, vamos a anunciarlo -la intentó coger, pero ésta se zafó de su agarre.

-No. No pienso ir contigo. Y dame a Link -reclamó, tendiéndole la mano. Ensanchando la sonrisa, él se la dio y la atrajo contra él, besándola con intensidad. La joven trató de liberarse, pero fue inútil.

Una vez se separaron, la cogió por el cuello. Su otra mano la puso sobre su vientre.

-Pienso matar a ese bastardo. Admite que no estás enamorada del idiota ese y no morirás.

-¿Piensas que puedes matarme sabiendo que soy la persona que te puede dar las tierras?

Fue interrumpida por una especie de magia extraña. Corría por sus venas y la quemaba por dentro. Empezó a llorar.

-¡¡¡¡Ayuda!!!! -chilló, desesperada. De repente, sintió cómo si una burbuja le protegiera el vientre. Al cerrar los ojos, pudo notar cómo la Diosa protegía a su bebé.

-Admite que no estás enamorada de él -pidió.

-¡No!

Él apretó el hechizo. Sintió cómo Hylia flaqueaba.

-¡Admítelo! -repitió él. Cada vez se notaba más frágil.

-No... no lo estoy -dijo finalmente. El rey sonrió, y arrastró a Link hacia allí. Lo despertó.

-¡Zelda! -Fue lo primero que hizo. El dolor la petrificó de nuevo.

-Ahora díselo. Dile que no estás enamorada de él -la siguió torturando. Ella gritó.

-No... Ella no está enamorada de mí -mintió él. La princesa lo miró, sorprendida. Él le guiñó un ojo discretamente.

-Ugh... Habría preferido que lo dijera ella, pero... Me da igual. Ya que no te importa, lo podré torturar.

Héroe y princesa se miraron, muy sorprendidos. El rey soltó a Zelda y arrastró a Link al exterior.

-Ya te vendré a buscar. Espera aquí -se despidió Gorham.

Una vez se vio sola, la muchacha cayó de rodillas al suelo. Sollozando, se tocó el vientre.

"El bebé está bien", le aseguró Hylia, con voz débil.

-¿Y tú? ¿Estás bien? -le preguntó la hyliana.

"No hace falta preocuparse por mí. Link corre peligro", le recordó. Justo en ese momento, la puerta se abrió. Gorham la levantó.

-Vámonos -tiró de ella, sin darle tiempo a nada.

Una vez salieron al exterior, la gente aplaudió. Gorham saludó dignamente, y Zelda pidió ayuda con la mirada. Pero nadie le hizo caso. Se sentaron en dos tronos que habían allí.

-Buenos días, reino de Hyrule. Supongo que ya me conoceréis. Soy yo, Gorham, rey de Gorlue. Os he reunido para comunicaros novedades -saludó. Todo el mundo enmudeció.

-La noticia -prosiguió -es que la princesa Zelda y yo hemos llegado a un acuerdo. Nos casaremos.

El silencio sepulcral que se había asentado pasó a un estallido de aplausos y griterío. La gente lo apoyaba. Eso contribuyó a que la princesa sintiera cómo sus ojos se empañaban. Una vez pararon, Gorham tomó la palabra. Pero de forma más severa y con un semblante más enfurecido.

-Debemos ser los futuros reyes. Unificaremos los dos reinos y gobernaremos. Pero... para ello, hay que eliminar a cualquier rastro de infidelidad -dio una orden a cuatro guardias. Estos trajeron una tabla en la que estaba Link colgado.

-No... -musitó Zelda.

-Supongo que sabréis quién es él. Sí, es el héroe del reino. El que derrotó al Cataclismo. El que tapaba las carencias de aquella princesa inútil que creía que el amor podía salvar al reino. Trajo cien años de sufrimiento...

-¡No! -la repentina reacción de Zelda sobresaltó a todos los presentes -Eso es mentira. La princesa no es una inútil. Si no hubiera sido por ella, quien estuvo todos esos años conteniendo a Ganon, el reino se habría destruido. El héroe estuvo sometido a un letargo que le curase las heridas de hace cien años.

Con esta interrupción, el rey le pegó otra bofetada que dejó a todos de piedra. Acto seguido, Gorham sacó el látigo, y le asestó un golpe en la espalda desnuda de Link. El héroe lanzó un chillido de dolor.

-¡Cállate, idiota! ¡Tú no sabes nada! A partir de ahora, hablo yo. Tú sólo cállate y escucha -le escupió él -Lamento que hayáis tenido que presenciar esto, pero es que aún es algo rebelde. En fin... Lo que os quería decir era que este héroe ha cometido un pecado muy gordo. Uno... que no podrá llegar... a la altura... de los vuestros -el rey intercaló momentos en los que hablaba y momentos en los que daba latigazos en la espalda del joven. Éste sólo podía emitir gritos de dolor y encogerse.

No podía aguantarse. Sentía el impulso de lanzarse hacia él y cortarle el cuello. Pero se tuvo que quedar allí, temblando.

-Bueno... No sólo él es un cerdo. La princesa también. Me encantaría torturarla, pero la verdad es que no lo aceptaríais. ¿Podréis creer las atrocidades cometidas por ambos, sobre todo de él, aprovechando la cercanía que poseían?

Cada vez los latigazos dolían más. Cegado por la ira, Gorham golpeaba con cada vez más fuerza a Link. A su lado, Zelda podía sentir la debilidad del joven y el dolor que poseía. Las lágrimas la invadieron.

-No... por favor -la princesa musitaba sin parar. El rey abandonó la tortura para poner las manos sobre los hombros de la joven.

-Pero nos gustaría saber que pasó. Princesa... ¿nos lo puede decir?

-¡No! -se le escapó a ella.

-Muy bien. Como tú quieras -se fue hasta Link u le siguió golpeando. Al sentir a Link inconsciente, corrió hacia allí y detuvo al rey. Éste le lanzó un latigazo al brazo izquierdo.

-¡¡Detente!! -chilló ella. Sintió cómo una corriente cálida de luz la atravesaba. Cuando levantó la mano, vio cómo la Trifuerza brillaba más que nunca. Seguido de un estallido de luz y la cara de terror del rey.

Cuando volvió a ver a su alrededor, Zelda vio cómo todo el mundo la miraba con los ojos como platos. Consiguió romper las cadenas que ataban a Link y recogió su inconsciente cuerpo.

-Por favor, no me consideréis una guarra, ni una cerda. Sólo defiendo a los que me importan. Y este rey me hizo sufrir muchísimo. Todo lo que dijo es falso. Él si que hizo verdaderas atrocidades conmigo. Si me disculpáis... es hora de marchar -y con eso bajó de allí, llevándose a Link en brazos a Kakariko y dejando a un Gorham muerto, al igual que los guardias que lo escoltaban.

¡Hola!

¡Por fin! ¡Por fin se murió el condenado rey de las narices!

Bueno, yo no quiero decir mucho. Yo os dejo. Nos vemos en el próximo capítulo.

Muchos ,

Mary G.