Notas de la autora:

Hola a todos, antes que nada quiero comentarles que el retraso en la actualización se debe a mis cambios de horarios tanto en el trabajo como en la universidad, y que este mes me ha sido difícil encontrar el tiempo para trabajar en el fanfiction, afortunadamente por fin encontré el espacio y aquí les dejo la primer parte del último capítulo de "Sincronía".

La segunda será publicada en este mismo espacio, solo modificaré el contenido actual para agregar lo que falta, lo cual será en la primera semana de Marzo si no hay obstáculos, el motivo de dividir el final en dos partes es que siempre quise que la historia contará solamente con Diecisiete capítulos, y de agregar uno más pues ya no cumpliría con ese objetivo que me plantee.

Me despido dejándoles muchos saludos, y recuerden que sus comentarios siempre son bienvenidos, nos leemos en la última actualización.


Capítulo 17 primera parte

Las noticias sobre la derrota de los androides se esparcieron rápidamente por todo el planeta, tanto que hasta los seres que se encontraban confinados en las regiones más apartadas como Diecisiete pudieron enterarse de lo sucedido. Apenas la información llego a sus oídos, él sonrió, había dudado que Azul utilizaría el arma que le proveyó por la desconfianza que le tenía, pero se sintió aliviado al saber que la científica había podido hacer a un lado su resentimiento al menos por el bien común.

La intención que tenía en mente de devolverle a la mujer la paz que le habían arrebatado se había cumplido, ya estaban a mano y su deuda había sido saldada. Saber que Bulma viviría tranquila en ese mundo era un remedio medianamente eficaz para la nostalgia que llevaba a cuestas, pues había momentos en que los recuerdos eran una carga demasiado pesada de sobrellevar, añoraba a Azul constantemente y trataba de no hacerlo, de buscar en aquel mundo que su contraparte se había encargado de devastar, una nueva razón para vivir, algo que lo hiciera remediar poco a poco sus pecados y faltas del pasado, estaba decidido a emprender una vida diferente a la que hasta hace unos años había llevado.

Ahora tenía la certeza que jamás volvería a ser él mismo de antes, su lucha por el amor de Azul le había transformado en alguien mejor, y para honrar ese sentimiento se mantendría por ese camino hasta el final de sus días. Como parte de su auto infligido destierro habitó una casa en una pequeña localidad abandonada para evitar encontrarse con alguien, quizá en unos años cuando la memoria de la gente se borrara un poco, él podría llevar una vida más normal, mientras tanto en los meses subsecuentes a la derrota de los androides, se impuso la tarea de salir de vez en cuando de su aislamiento y recorrer las ciudades aledañas escondiendo su rostro en la capucha de una sudadera que Bulma le regalo en el pasado y que se había convertido en una de sus más preciadas posesiones.

Usualmente aprovechaba la tarde para sus paseos, y así como antes disfrutaba admirar la devastación ahora apreciaba el renacer de las ciudades, los avances en los trabajos de reconstrucción de las mismas, y extrañamente, encontraba agradable la expresión de las personas mientras trabajaban, pues mostraba la esperanza y el anhelo de un futuro mejor. Así como en otras ocasiones, sus pasos lo guiaron hasta una calle donde había un pequeño establecimiento informal en el cual solían ser aficionados a los noticieros, y en el que el dueño no mostraba ningún problema porque los transeúntes se quedaran a mirar a ratos el televisor.

Diecisiete se detuvo a un metro del aparato y fijó sus ojos zafiros en el, le gustaba estar enterado de lo que sucedía, pero especialmente y aunque no lo admitiría abiertamente, siempre esperaba ver en la pantalla a alguien en especial. Al cabo de media hora se disponía a marcharse, cuando el dueño cambio de canal, y entonces la imagen que anhelaba se filtró con claridad en sus pupilas y la voz de Bulma resonó clara en sus oídos. No era la primera entrevista que veía sobre ella, la mujer se había convertido en todo un icono mundial tras haber contribuido en la destrucción de los androides, y al parecer la gente no se cansaba de escucharla a pesar de que siempre solían hacerle las mismas preguntas. Aun sabiendo que no diría nada nuevo, su atención se centró por completo en la pantalla, en aquellas expresiones y gestos que él conocía bien por estar grabados en su memoria.

— Me halaga toda esta atención, pero también me hace sentir abrumada —admitió ella al entrevistador cuando este la cuestionó sobre cómo se sentía ser la mujer más celebre del planeta— No deben olvidar que hubo otras dos personas que contribuyeron a la paz que hoy disfrutamos, y que esto no fue obra mía por completo.

— Hasta ahora no ha revelado las identidades de sus demás colaboradores, así que mientras lo hace todo nuestro agradecimiento lo volcaremos en usted —dijo con una sonrisa el conductor.

— Vaya forma de chantajearme —bromeó la científica, para luego adquirir una expresión de total seriedad— Créanme que en verdad quisiera decirles los nombres de quienes me ayudaron, ellos también se merecen un reconocimiento por sus acciones, mas prometí guardar el secreto a uno de ellos y no pienso romper mi palabra.

— ¿Y qué hay del otro? —cuestionó su interlocutor de inmediato.

— A él no le hice ningún tipo de promesa —aceptó Bulma, mientras en sus ojos aparecía un brillo que Diecisiete no supo interpretar.

— Entonces, lo justo sería que nos dijera quién es, así él recibiría el reconocimiento que merece por su noble labor.

Ella sonrió levemente dejando entrever que había planeado el cauce de la conversación desde un inicio para llevarlo a ese punto, pero claro el entrevistador era incapaz de advertirlo, se necesitaba conocer a la mujer a fondo para saber ese tipo de cosas.

— Su nombre era Lapis —soltó ella tras una pausa dramática, y antes de que el conductor pudiera exclamar algo añadió— Era un buen tipo, que ya no existe en este mundo.

Tanto la audiencia del foro televisivo como los presentes en el establecimiento donde se encontraba el androide se mostraron decepcionados al escuchar aquella confesión.

— ¿Por qué espero tanto para decirlo entonces? —preguntó el entrevistador.

— No estaba lista para hablar de él hasta hoy —respondió ella sinceramente— Y ya que les he contado esto, no me queda más que decir sobre ese tema.

En vano el conductor insistió en obtener más información, Bulma se negó a hablar más del asunto y mejor aprovechó su tiempo al aire para anunciar que no concedería más entrevistas, pues dedicaría su tiempo a otras labores con las cuales planeaba seguir contribuyendo al futuro que les esperaba, también pidió a quienes la escuchaban que ese agradecimiento que hasta ahora le habían mostrado lo transformaran en acciones para construir un mundo mejor.

Apenas la entrevista concluyó, la gente del establecimiento comenzó a discutir sobre ella, la emoción era tal que nadie percibió al joven de sudadera negra que se había marchado. En aquel sitio que se había convertido en su hogar, Diecisiete paso las siguientes horas tratando de encontrar el posible significado de las palabras de Bulma, no era la primera ocasión en que ella hablaba de sus dos misteriosos colaboradores, pero siempre creyó que cuando lo hacía se refería a Trunks y Gohan, no a él, por eso escucharla había encendido una esperanza que creía haber desaparecido tiempo atrás.

"Quizá solo dijo eso porque me ha perdonado", pensó para sí mismo para recuperar su autocontrol y no salir a buscarla en ese instante. Se repitió aquella frase por días mientras luchaba por bloquear la imperiosa necesidad de salir de dudas, pero mientras más le daba vueltas a la situación, más deseaba descubrir si detrás de su suposición existía algo o si solamente se estaba engañando otra vez. Tras llegar a la conclusión de que fuera cual fuera la verdad, no podría volver a estar tranquilo sin saberlo, Diecisiete abandonó su refugio para dirigirse a la Corporación a buscar a la mujer de cabello celeste.

Desde su balcón la científica observaba a los reporteros que cubrían casi por completo la reja metálica de la entrada a la edificación en la que se encontraba, había creído que tras su última declaración por fin la dejarían tranquila, pero al parecer se había equivocado. Cuando terminó de fumar su cigarrillo se dirigió al interior de su habitación pensando que ojalá pronto se cansaran de insistir, ella había sido muy clara, ya no tenía más que decir, al menos no a ellos. Con eso en mente se sentó en el pequeño sofá y tomó un libro con la finalidad de que un poco de lectura le ayudara a olvidar la gente que se aglutinaba a las afueras de su ya reconstruido hogar.

Quien sabe cuánto tiempo había pasado leyendo cuando al levantar su mirada para descansarla un poco, distinguió en el ventanal frente a ella una silueta que conocía muy bien. Sintiendo como su pulso se aceleraba miró por varios minutos hacia el mismo punto, pero el dueño de aquella figura no se movió, la mujer volvió a retomar su lectura a la espera de que aquel hiciera su entrada en cualquier momento.

— ¿Vas a entrar o piensas quedarte escondido tras la ventana todo el día? —preguntó Bulma en voz alta después de casi una hora de suspenso.

Casi de inmediato Diecisiete apareció frente a sus ojos, y ella no pudo evitar que un ligero estremecimiento la recorriera de pies a cabeza al verlo de nuevo tan cerca.

— Supongo que te enteraste de lo que dije en mi última entrevista y por eso estás aquí —soltó ella al ver que el androide no decía nada— ¿O estoy equivocada?.

— Tus suposiciones siempre son correctas —respondió tratando de mantener la compostura y no perderse en los ojos celestes de la mujer— Me sorprendió escuchar que me mencionaras como uno de los salvadores del mundo.

— Solo dije la verdad, sin tu ayuda habríamos vivido quien sabe cuánto tiempo más bajo esa amenaza.

Tras aquella frase el silencio ocupó de nuevo la habitación, era extraño para ambos estar ahí sintiendo la inquietud de decirse tantas cosas y a la vez lidiar con la incertidumbre de la reacción que eso podría ocasionar en el otro.

— En realidad, solo vine porque quería aclarar algunas cosas —exclamó el androide al cabo de unos minutos. Ella con un gesto le indicó que prosiguiera— ¿Pudiste perdonarme?.

— Si —admitió sin titubear.

— ¿Y eso... podría cambiar algo entre nosotros? —cuestionó él fijando sus ojos zafiros en los de la mujer.

Bulma mantuvo el contacto visual mientras trataba de dilucidar la mejor forma de responderle, más encontrar las palabras adecuadas no era sencillo.

— Cuando recobré la memoria me sentí engañada e indignada —dijo ella por fin— Pensé que solo te divertías conmigo, estaba segura que todo lo que me contaste en ese momento era mentira. Solo comencé a ver las cosas de forma diferente tras la derrota de los androides, después de lograr la paz que tanto anhelaba pude tener la mente fría para analizar el tiempo que pasamos juntos.

— ¿Y cuál fue tu conclusión al respecto? —preguntó ansioso.

— Que el amor que sentías es real —al ver la emoción que sus palabras causaban en Diecisiete se apresuró a continuar— Pero también, que en verdad no me amas a mí, sino a Azul y ella ya no existe.

— Algo de eso es cierto —aceptó el ojiazul— Mi principal intención al robar la máquina del tiempo fue la de encontrarla de nuevo para tener una oportunidad. Luego me di cuenta que a pesar de que son la misma persona no lo eran...

— ¿Tanto te decepcionamos? —interrumpió sintiéndose ofendida por su comentario sobre ella y la Bulma del pasado.

— Tú no, pero ella un poco, me refiero a la primer Bulma que conocí —admitió honestamente— Era muy diferente a ustedes, y aunque al inicio eso me hizo dudar, terminé encontrando en ella facetas nuevas que me hicieron amarla.

La científica no pudo evitar sentirse ligeramente celosa por la mención de su versión del pasado, más la curiosidad que sentía sobre ella era mayor.

— Me contaste todo sobre su relación y el tiempo que pasaron juntos, lo único que no me dijiste fue porque la dejaste si la amabas tanto y ella a ti. Eso es algo a lo que le he estado dando vueltas, y simplemente no lo entiendo. Por fin habías encontrado lo que querías en esa época, ¿por qué buscarme a mí? —soltó casi sin pensar. Él la miro desconcertado ante aquella inesperada cuestión.

— No lo hice para reemplazarla —aclaró adivinando los pensamientos que seguramente pasaban por la mente de la mujer.

— ¿Entonces por qué?.

Por la mente del androide pasaron mil razones que darle, podía inventarse cualquier cosa, pero ¿cuál sería el punto?, había omitido esa parte de la historia por una razón, pero a esas alturas no tenía motivos para ocultarle la verdad.

— No tienes que contarme si no quieres —dijo al verlo tensarse, como si de pronto se sintiera incómodo.

Él respiró pesadamente, necesitaba un momento para recobrarse. No se había dado cuenta de lo que lo seguía afectando aquella razón hasta ahora.

— Azul amaba a su hijo más que a nada, apartarla de él fue lo que la destruyó. No iba a dejar que eso sucediera otra vez —respondió al cabo de unos minutos, mientras la científica lo miraba sin comprender— Bulma deseaba ser madre y yo no puedo procrear, por eso tuve que dejarla —confesó cabizbajo al tiempo que apartaba sus ojos zafiros de los de ella.

La revelación la tomó por sorpresa, había imaginado mil razones para ese rompimiento menos esa, y ahora que la pieza faltante en el rompecabezas entre ellos se revelaba, lo entendía todo, él se había sacrificado por amor, y una certeza que ya tenía se le incrustó aún más en el alma. Así que la mujer pestañeó varias veces, para evitar que las lágrimas escaparan de sus ojos.

— ¿Todavía la amas? —preguntó lo más calmada que pudo. Él asintió.

Sin volverse a mirarlo, se levantó y se dirigió al buró junto a la cama, tomó su cajetilla y extrajo un cigarro que encendió con la rapidez que la práctica le brindaba, y aspiró una y otra vez esperando que el humo sirviera para desvanecer el nudo que se había formado en su garganta.

— Y también a ti —dijo él de pronto, haciéndola sonreír ante tal afirmación.

— Y todavía sigues amando a la verdadera Azul, es más, estoy segura que amarías cualquier versión de ella que se cruzara en tu camino, que descaro. No sé si sentirme halagada u ofendida por eso —soltó y el androide no supo descifrar si por el tono empleado lo decía con sarcasmo o si solo estaba jugando con él.

— Sería imposible no amarlas, en el fondo todas contienen la misma esencia —aseguró con firmeza— Pero no habrá más versiones...

— Cierto, no tienes combustible para seguir viajando —le interrumpió y esta vez su voz denotaba claramente su molestia.

Diecisiete la observó encender el segundo cigarrillo más aprisa que el primero si es que eso era posible. La conocía lo suficiente para saber que la había lastimado sin querer con su sinceridad, y se preparó para arreglar el malentendido.

— Aunque lo tuviera no lo haría —dijo mientras le quitaba el cigarro y lo lanzaba al suelo para llamar su atención— Eres una mujer brillante y deduzco por lo que te he contado que llegarás a la misma conclusión que yo. Solo existen pocos momentos en el tiempo donde lo nuestro puede ser posible sin que eso cambie o afecte tu vida, y por eso es que no pienso volver a interferir en ninguna línea de tiempo. Al buscarte solo quería una última oportunidad para estar a tu lado —afirmó mientras ella lo miraba atónita— Pero parece que estoy destinado a arruinar las cosas. Sin importar lo que haga no puedo tenerte.

Bulma lo miró, Diecisiete se veía agotado, algo irónico para un ser de energía ilimitada, pero así era. Se le notaba en la expresión lo difícil que le resultaba renunciar a ella, por un momento la científica quiso decirle que no tenía que hacerlo, que había aprendido a amarlo en esos meses juntos y que con su anuncio público sobre su participación en la destrucción de los androides lo único que pretendía era volver a verlo, que necesitaba tenerlo de frente para confirmar que sus sentimientos por él eran reales y no producto del agradecimiento por la ayuda que les brindó.

— Al menos esta vez, me quedaré tranquilo sabiendo que ya no hay odio de por medio —aseguró Diecisiete con una ligera sonrisa que denotaba su resignación.

Los labios de la mujer se separaron levemente para confesarle sus sentimientos, más en el último segundo su cerebro reparó en aquella última frase.

— ¿Ella también termino odiándote? —pregunto refiriéndose a la Bulma del pasado.

— No fue difícil lograrlo —le respondió y de inmediato vio la duda brillar en sus ojos celestes— Solo le dije la verdad sobre quien era y lo que había hecho en el futuro. Eso basto para hacer que se olvidara de mí.

La científica meditó un instante en su respuesta, luego de unos minutos sonrió, tomó nuevamente el paquete de cigarros, el encendedor, y volvió a ocupar el sofá en donde estaba.

— ¿Y estás seguro que lo hizo? —dijo mientras fingía observar con atención el cigarro que acababa de extraer y jugaba un poco con el antes de encenderlo.

— Inició una relación con Vegeta unos meses después —respondió sintiendo una opresión desagradable en el estómago, al recordar aquel momento en que los vio besarse.

— Entre nosotros siempre existió cierta atracción —admitió ella haciendo que la sensación de malestar del androide aumentara— Él también cometió atrocidades, era un asesino a sangre fría, y eso no me hizo odiarlo.

Por toda respuesta Diecisiete se alzó ligeramente de hombros como para restarle importancia a lo que acababa de decir, aunque en el fondo le dolía saber que ella había sido capaz de hacer esa excepción con el guerrero, mientras que con él no. Bulma lo miró atentamente por unos segundos, luego suspiró, necesitaba ser más clara en lo que trataba de darle a entender.

— Si ella en verdad llegó a odiarte o si te olvido fue por otra razón, no por tu pasado. Créeme me conozco mejor que nadie.

— No tiene caso pensar en eso, ya paso. Ella está con él y a estas alturas Trunks debe haber nacido —dijo Diecisiete sin ganas de seguirse torturando más de lo necesario— Tiene todo lo que necesita para ser feliz.

Para sorpresa del androide, la científica rio un poco al escucharlo. Había partes de su pasado que evidentemente ignoraba.

— ¿Por qué estás tan seguro de eso? —preguntó curiosa.

— Azul llegó a contarme cosas sobre esa época de su vida, lo feliz que fue tras tener a su hijo y también me hablo sobre su relación con Vegeta —respondió sin comprender la enigmática sonrisa que se dibujaba en ese momento en el rostro de Bulma.

— Por lo visto no te contó todo —dijo ella experimentando una amarga sensación al recordar su vida al lado del guerrero. Diecisiete la miró extrañado y confundido, por lo que la mujer decidió confesarle aquello que Azul deliberadamente omitió decirle— Solo mencionó las cosas buenas, pero nunca te dijo lo mucho que sufrió al amar a alguien incapaz de corresponderle.

Diecisiete abrió los ojos con sorpresa y sus puños se apretaron con fuerza ante semejante revelación.

— No tiene caso que te alteres —observó notando su actitud— Eso fue hace mucho tiempo.

— Pero todavía te afecta —señaló él, pues la conocía lo suficiente como para advertir los ligeros cambios en su voz y su mirada.

— Quizá... no es fácil admitir por primera vez ante alguien como me sentí en ese entonces —respondió más calmada.

— Puedes contarme lo que quieras —ofreció y ella sonrió al instante, conmovida por su sinceridad.

Antes de responderle, Bulma apagó el cigarro que aún sostenía y que no había tocado. Había pasado mucho desde la última vez que dejo salir sus verdaderos sentimientos respecto a Vegeta. Con Trunks siempre habló del guerrero de la forma más neutral posible, tratando de describirlo como era en realidad, pero sin hacer demasiado énfasis en sus defectos. Al igual que Azul hizo con Diecisiete, ella solo le contó a Trunks los aspectos más rescatables del tiempo que compartieron, nunca quiso decirle algunas cosas para no lastimarlo, ante él guardaría esos secretos siempre, pero quizá ya era tiempo de desahogarse con alguien más.

— En ese entonces no acepté que para Vegeta los sentimientos eran algo innecesario, solo di por hecho que quizá con el tiempo cambiaría y por eso me mantuve a su lado, claro que esa fue una hipótesis que ya no tuve la oportunidad de comprobar. Y ahora, a lo largo de estos años he llegado a la conclusión de que Vegeta lo único que tenía de príncipe era el título —admitió con una sonrisa triste, al tiempo que recordaba sus sueños románticos de juventud y los comparaba con los inicios de su relación— Solía ser frío y distante conmigo, y ni que decir de su relación con Trunks. Muchas ocasiones mostró que nosotros no le importábamos en lo más mínimo, y que la única razón por la que seguía en la tierra era para derrotar a Goku, seguramente se habría marchado al espacio después de su muerte de no ser porque ustedes aparecieron y él estaba entusiasmado con la idea de encontrar un nuevo rival —un suspiro escapo de ella mientras aquel fatídico día volvía a su mente— Sufrí mucho cuando Vegeta murió, y a pesar de saber que no me amaba lo extrañé por años. Probablemente así habría seguido de no ser porque... alguien más apareció.

Ella se volvió a mirar al androide, quien se encontraba tan sorprendido al conocer cómo se sentía la científica realmente respecto al padre de su hijo, que no notó aquella pausa ni tampoco la forma en que Bulma fijaba sus ojos celestes en él, o al menos eso creyó hasta que lo escuchó decir.

— Gohan siempre estuvo enamorado de ti —afirmó con algo de brusquedad, asumiendo que la mujer hablaba de él y reprochándose al mismo tiempo haber sido tan estúpido para olvidar que ellos ya tenían una relación. Al ver la mirada de la mujer, suavizó su tono de voz antes de seguir— Me di cuenta de eso cuando viajé al pasado.

Bulma sintió una ligera opresión en el estómago al escucharlo mencionar aquel nombre, más no se atrevió a decirle que después de la derrota de los androides había terminado su romance con él, y que a pesar de la insistencia del joven se mantuvo firme en su decisión. Nunca tuvo dudas de la veracidad de los sentimientos que Gohan tenía por ella, pero aún así le dolió escuchar la afirmación de Diecisiete, jamás quiso herirlo, pero tras desaparecer las razones que los unieron en primer lugar, consideró lo mejor era dejarlo libre para que pudiese tener la vida que siempre soñó acompañado por alguien de su edad.

— Me alegro que al menos tú serás feliz con él —le dijo sacándola al instante de sus pensamientos, y a pesar de la sinceridad en su voz, sus ojos denotaban un dejo de tristeza.

— No me resulta muy creíble, lo veo en tu mirada —señaló para mostrarle que lo conocía tan bien como él a ella.

— Lo digo en serio.

— ¿Entonces, estás así por la otra Bulma? —preguntó comprendiendo de golpe lo que ocurría, él asintió— No te conté la verdad para preocuparte, solo quería desahogarme. Además, es muy probable que su historia sea diferente a la mía, ya que sus circunstancias cambiaron cuando destruiste al Doctor Maki Gero.

— Ojalá así sea, y ella también pueda ser feliz.

La forma en que pronunció aquellas palabras la conmovió profundamente, y una imagen improbable pero hermosa se generó en su imaginación haciéndola sonreír de una forma en que jamás lo había hecho. Diecisiete miró con detenimiento aquella expresión hasta ahora desconocida, y la atribuyó a la lástima que probablemente le inspiraba a la mujer por haberlas perdido a ambas.

— Ya tengo que irme —soltó de pronto, sintiendo que por fin todo había quedado claro entre ellos y nada quedaba ya por decir.

Ella se sobresaltó un poco al escucharlo, pero asintió levemente. Diecisiete se giró hacia el ventanal y camino unos pasos.

— ¿El que lograra perdonarte es suficiente para ti? —preguntó, él se detuvo al instante.

— Lo es —afirmó con la mayor convicción mirando a la mujer a los ojos— Y en verdad espero que ya nada vuelva a perturbar tu paz.

— Estaré bien —le aseguró con una sonrisa— Pero en caso que algo sucediera sería bueno poder tener un aliado con tu nivel de poder.

— Puedes contar con eso.

— Pero no sabría dónde buscarte —dijo sin pensar.

— Vivo en una cabaña a las orillas de la capital de Norte —respondió vagamente pues una voz interior le decía que ella jamás usaría esa información— Cuídate Bulma —fueron sus palabras antes de abandonar del todo la habitación.

— Cuídate Diecisiete.

Respondió ella mientras él desaparecía de su vista.


Capítulo 17 segunda parte

El ambiente relajado de la habitación contrastaba profundamente con las emociones que sus ocupantes experimentaban. Sencillamente ese momento era extraño por decir lo menos, ninguno de los dos hubiera imaginado que a pesar del tiempo que había transcurrido y de la historia que compartieron, ambos estarían sentados a la mesa bebiendo café y conversando como si fueran dos viejos amigos con nada más que recuerdos en común.

— ¿Vas a decirme por fin, porque viniste? —preguntó la de cabello celeste incapaz de dominar la curiosidad que sentía por más tiempo.

— Solo quería asegurarme que todo estuviera bien aquí —respondió su interlocutor con la misma expresión impasible de siempre.

— Ya, ¿Y por eso primero te paseaste por el jardín de la Corporación durante dos noches como una sombra? —le cuestionó con una sonrisa que lo hizo incomodarse— Hubiera sido más fácil que me lo preguntaras directamente, en vez de pegarme semejante susto.

— No sabía que habías instalado cámaras —admitió apenado por haberse dejado atrapar por ella durante su última ronda de vigilancia.

— Nunca está de más aumentar la seguridad —dijo la mujer mientras le servía una segunda taza de café— Además, me pareció que había algo familiar en la persona que husmeaba por mi jardín —agregó sin quitar la sonrisa de sus labios, mientras miraba la vestimenta del androide.

— No estaba espiándote —le aclaró bebiendo un trago del amargo líquido— Solo comprobaba que te encontrabas bien.

— Insisto en que pudiste preguntármelo directamente.

— Supuse que no querrías hablar conmigo por eso no lo hice —soltó esperando ver su reacción. Ella no respondió, pero su lenguaje corporal mostró cierta incomodidad ante su afirmación.

Antes de presentarse en la Corporación, él ya sabía que estaba cometiendo una imprudencia, pero aun así no se detuvo, necesitaba ver con sus propios ojos que ella se encontraba bien, solo haría eso y después se marcharía. O al menos eso se prometió la primera noche que puso un pie ahí, quizá si Bulma no lo hubiera atrapado en esta segunda ocasión, el androide habría seguido haciendo más visitas. En el fondo se alegraba de haber sido descubierto, así se veía obligado a detenerse, lo que nunca se imaginó ni por un segundo es que después de mirarlo extrañada, ella terminaría invitándolo a compartir la cena que su presencia interrumpió.

Entraron a la cocina como habían hecho tantas otras veces en el pasado, sin sobresaltos, ni incomodidad aparente, se sentaron y ella le ofreció café, él asintió y espero hasta que su taza estuvo llena, cuidándose bien de que al tomarla no rozara los dedos de la mujer, pues el menor toque con su piel le traía memorias de sus momentos juntos, y si algo necesitaba en ese instante era mantener la mente fría. Luego como si de cualquier reunión social se tratara Bulma comenzó a preguntarle sobre su vida en el tiempo que llevaban sin verse, y el comenzó a responder, pero finalmente llegaron al punto en que no podían seguir pretendiendo que esa era cualquier visita y que ellos solo eran dos conocidos.

Tras su última frase la incomodidad inicial de ella parecía ir en aumento, y fue entonces que comprendió que lo mejor era marcharse antes de que algo sucediera, y ese momento hasta ahora agradable que estaban compartiendo terminara por acabar realmente mal.

Ajena a los pensamientos de su acompañante, la científica lo miró de reojo mientras ponía un poco de azúcar en su café. Los ojos zafiros de Diecisiete estaban puestos en la dirección contraria a ella, pero aun así sabía que ambos se observaban el uno al otro discretamente. Mientras revolvía el contenido de su taza, sintió como todos sus músculos aún seguían tensos, esa sensación no la había abandonado desde el momento en que la alerta de seguridad se encendió y la pantalla le mostró al intruso en pantalla.

Apenas lo reconoció, el aire se escapó por completo de sus pulmones, estaba segura que jamás volverían a encontrarse después de su última conversación. Y ahora él estaba ahí, sentado a su mesa bebiendo café y comiendo tarta como si nada hubiera pasado, como si todo el tiempo que estuvieron separados no hubiese existido. Y ella no hacía más que preguntarse si eso era real, o si solo estaba soñando despierta como tantas otras veces.

El androide bebió de su taza hasta dejarla vacía y la colocó en la mesa, el ligero sonido de esta al chocar con la madera la hizo volver a la realidad, Diecisiete estaba ahí frente a ella impasible como siempre. Cuando él la miró al tiempo que se levantaba de la mesa, Bulma supo que esa era la última oportunidad que tenía para sacarse de encima todo lo que llevaba a cuestas.

— Gracias por el café —dijo a manera de despedida.

— ¿Te vas tan pronto? —preguntó mientras su cerebro se forzaba a encontrar alguna excusa para detenerlo.

— No quiero causarte problemas con... él —respondió sin ganas de mencionar su nombre, como si temiera que al hacerlo aquel fuera a irrumpir en cualquier instante por la puerta de la cocina y arruinar el momento que compartía con Bulma.

— No vendrá —aseguró y el extraño tono en su voz no pasó desapercibido por el androide— Anda siéntate, todavía tenemos cosas que hablar.

Diecisiete le obedeció y ocupo de nuevo el asiento junto a ella. Sin mirarlo, Bulma tomó su tenedor y lo dirigió hacia el postre frente a sí, más no hizo intento de tocarlo, se notaba en su expresión que estaba nerviosa y la duda asomaba claramente en sus ojos celestes. Él la conocía lo suficiente como para comprender que Bulma quería decirle algo, solo que no encontraba la forma de hacerlo, por un momento levantó su mano pensando en colocarla sobre la de ella para instarla a hablar, pero se detuvo pensando que el contacto entre ambos era algo que no estaba seguro de poder permitirse después de la historia que compartieron, así que optó por inclinarse ligeramente hacia la mujer para hacer que sus miradas se cruzaran, ella suspiro con fuerza cuando su reflejo se dibujó en los zafiros de Diecisiete. Y fue ahí, justo en ese instante, donde encontró el impulso que le hacía falta para continuar lo que había quedado inconcluso cuando el androide se marchó aquella vez.

— ¿De verdad solo viniste para saber si me encontraba bien? —él asintió convencido y a la vez algo extrañado por la pregunta, dolida por la respuesta Bulma miró hacia otro lado tras ver su gesto. Su mente racional le aconsejaba dejar las cosas así para no reabrir viejas heridas, más algo dentro de ella tenía claro que estas no habían cerrado ni lo harían nunca mientras no enfrentara la realidad. Después de unos segundos que parecieron eternos tomó una decisión y continúo hablando— Que tonta, pensé que de alguna forma te habías enterado de lo que sucedió y por eso me habías buscado.

El tono de tristeza en la voz de Bulma no pasó desapercibido por el androide, y la única razón que le cruzo por la mente para escucharla así, es que algo le hubiera sucedido al ser que ella más amaba en el mundo.

— ¿Le ocurrió algo malo a Trunks? —preguntó y su tono de voz dejo entrever verdadera preocupación.

— Él está bien —dijo visiblemente sorprendida por la mención del androide sobre su hijo.

— ¿Entonces qué fue lo que paso?.

De pronto esa simple pregunta no resultó tan fácil de responder para la científica, y más de una vez sus labios se abrieron para ofrecer una explicación que en realidad no sabía cómo iniciar, era tanto lo que tenía que decirle que la información se agolpaba en desorden en su cerebro y mientras más trataba de armar una cronología detallada de los hechos, más se revolvía con ellos.

— Al parecer a las creaciones del Doctor Maki Gero les da por robarse mi máquina del tiempo, hace meses apareció un androide llamado Cell —respondió por fin para no aumentar la inquietud que su prolongado silencio estaba creando en su interlocutor.

Tras escucharla Diecisiete frunció el ceño, recordaba ese nombre, así llamaba el anciano al último invento en el que trabajaba cuando lo asesinaron.

— Conque esa cosa sobrevivió —exclamó expresando en voz alta sus pensamientos.

— ¿Sabías de su existencia y no me lo dijiste? —dijo ella indignada.

— No pensé que fuera importante, solo era un embrión por ese entonces —respondió su interlocutor alzándose de hombros— Además, creí que lo había destruido cuando hicimos explotar el laboratorio.

— Pues no fue así —señaló algo molesta— Creció y se apareció por aquí buscándote.

— ¿A mí? —pregunto mientras ella lo observaba fijamente, para ver si la expresión de desconcierto en sus ojos era real.

— No solo a ti, también a Dieciocho.

— Supongo que pensó que seríamos sus aliados —soltó sin la más mínima idea de porque Cell querría encontrarlos.

— Nada de eso, según lo que dijo necesitaba absorberlos para perfeccionar su cuerpo y alcanzar su máximo poder —le contó mientras escudriñaba atentamente la reacción del rostro de Diecisiete al escucharla.

— Maldito anciano miserable —murmuró entre dientes el ojiazul— Ahora entiendo sus alusiones sarcásticas cuando decía que el destino que nos auguraba era sencillamente perfecto.

— Su presencia causo muchos problemas —siguió diciendo Bulma tras convencerse que su información anterior era completamente nueva para el androide— Cell tenía la capacidad de absorber la energía vital de cualquier ser vivo, y al hacerlo su poder aumentaba, eso hizo que la batalla fuera más difícil de lo esperado.

— ¿Alguien murió? —preguntó con voz grave al ver la expresión de la mujer tornarse sombría.

Ella cerró los ojos al recordar lo sucedido, el desenlace de aquella pelea había sido fatídico. Al verla tan afectada Diecisiete quiso ofrecerle algo de consuelo, sin pensar en lo que hacía acercó su mano y la poso suavemente sobre la de Bulma, la mantuvo ahí hasta que la mujer alzo la vista, casi de inmediato él adivinó la respuesta.

— Lo lamento.

— No tienes por qué, ya ni siquiera estábamos juntos cuando todo sucedió.

— Pueden usar las esferas y revivirlo —sugirió al ver que la expresión de tristeza no desaparecía de su hermoso rostro a pesar de lo que le dijo antes.

— No se puede traer a la vida a alguien por segunda vez, y aunque eso fuera posible de todos modos no tenemos esferas. Picolo también falleció en la batalla junto con Krilin y Yamcha.

— Encontraremos la forma de conseguirlo —ofreció esperando animarla, ella esbozó una ligera sonrisa.

— Te lo agradezco, pero no es necesario, es mejor dejar las cosas así y dejar descansar a los muertos —admitió con una calma que extraño a su interlocutor, quien quedo aún más sorprendido al escucharla decir— Ya bastante nos ayudaste con Goku.

Por toda respuesta Diecisiete separó su mano de la de Bulma, luego alzó los hombros ligeramente, como si aquello no hubiese sido la gran cosa.

— Él me contó sobre la conversación que tuvieron aquel día que se enfrentaron —dijo Bulma al tiempo que sostenía su taza de café con ambas manos y fijaba su vista en el oscuro líquido— Que le confesaste quien eras y lo que habías hecho en tu época, así como la verdadera razón del porque viniste aquí...

Ella hizo una pausa esperando que él dijera algo sobre ese punto, al ver que se mantenía en silencio alzó la vista y sus miradas se cruzaron. Quizá solo era la emoción del momento, pero por un segundo Diecisiete percibió un brillo especial en los ojos celestes de Bulma que le provoco que su pulso se acelerara, sin embargo, se obligó a serenarse ya no podía hacerse más ilusiones, para luego verlas desvanecerse cruelmente ante sí.

— También que le diste la medicina para curar su enfermedad, y que gracias a eso él pudo derrotar a Cell —prosiguió la mujer para romper el incómodo silencio que se había generado entre ellos.

— ¿Qué ironía no crees?, terminé salvando al hombre que debía destruir —se apresuró a decir él en medio de una sonrisa forzada.

— Ironía o no, salvaste su vida y no tenías porque si ni siquiera lo conocías —la forma en que Diecisiete la miró tras pronunciar aquella frase, le dio el coraje suficiente como para atreverse a preguntar lo que tanto tiempo llevaba deseando saber— ¿O es que acaso eso lo hiciste por mí?...

El androide se levantó de su asiento y se giró en dirección contraria a donde se encontraba la mujer. No le gustaba el rumbo que estaba tomando esa conversación que para nada estaba en sus planes, ¿En qué estaba pensando cuando aceptó el combustible que la otra Bulma le dio como un agradecimiento tardío por el control?, ¿Por qué carajos había dejado que su voluntad lo abandonara y había viajado a esa época otra vez?.

— ¿No vas a responderme? —insistió ella.

— Matarlo o dejarlo morir, hubiera significado que seguía bajo las órdenes del Doctor Maki Gero, y preferiría cualquier cosa antes que obedecer a ese anciano despreciable.

— ¿Esa es la verdadera razón? —cuestionó la mujer viendo como la expresión de frialdad que Diecisiete se esforzaba por mantener se modificaba levemente al escucharla— Sigues siendo el mismo mentiroso —aseguró decepcionada tras verlo hacer un gesto rápido de asentimiento.

Diecisiete apretó ligeramente los puños al escucharla, sus emociones estaban al borde del descontrol, al regresar a esa época solo quería asegurarse que la mujer fuera feliz, jamás pretendió remover el pasado, pero al parecer ya era demasiado tarde para evitarlo.

— ¿En serio quieres saber toda la verdad? —preguntó de forma retórica— Pues te la diré, a excepción del asesinato de Maki Gero, cada cosa que hice y cada decisión que tomé en esta época fue por ti. Y no me mires como si no lo supieras, si Goku habló contigo es claro que conoces toda la verdad sobre Azul, ¿o hay algo más que quieras que te cuente sobre ella? —exclamó casi desafiante.

— No me interesa saber nada más, ya superé eso —respondió al tiempo que se levantaba hasta quedar a centímetros de distancia del androide— ¿Qué, ahora te sorprende escucharlo?, pues si, tuve que sobreponerme al hecho de que me hayas buscado solo para consolarte por su perdida, y luego te hayas largado cuando te diste cuenta que aun llamándome igual que a ella jamás podría ocupar su lugar —soltó alzando la voz, mientras él la miraba fijamente— ¿O vas a negar que esa fue la razón por la que te marchaste?

— El motivo fue otro —respondió cortante, mientras maldecía internamente el momento en que cedió al impulso de volver a usar la máquina del tiempo.

— Pues dímelo —pidió tratando de serenarse al saber que existía otra razón— Porque al principio cuando te conté de Cell yo creí...

— Que sabía de su existencia y escapé de él ¿no es cierto? —dijo completando lo que ella no se atrevía a decir.

— Si, pero me di cuenta que no estabas enterado de nada, y si no te fuiste por eso, entonces fue por algo más y necesito saberlo. Ya no quiero seguirme preguntando porque tomaste esa decisión —él no le respondió nada solo dejo de mirarla— Puedo soportar lo que sea, solo dime la maldita verdad de una vez —dijo rindiéndose, esperando escuchar la confirmación de lo que ella suponía.

Diecisiete miró al techo como si quisiera atravesarlo, era un completo imbécil al seguirse poniendo en esas situaciones, simplemente parecía no entender de sus errores empeñándose en destrozarse el alma él mismo, y ahora estaba ahí, teniendo que lidiar con las situaciones que dejo sin resolver, enfrentando una vez más emociones que quería dejar atrás. Huir definitivamente no era una opción, había dejado de hacerlo hacía mucho, lo mejor era enfrentar lo que quedaba de sus fantasmas y dejar que ella supiera la verdad.

Sintiéndose tan vulnerable como en el momento en que comprendió que tenía que dejarla seguir su destino, comenzó a hablar, y todo aquello que le había ocultado salió a la luz, la inquietud que le provocaron los comentarios de Panchy, la conversación que escuchó accidentalmente en la cocina, el verla ilusionada con la prueba de embarazo, así como su acercamiento con el Doctor Briefs y los estudios que este le había realizado.

— Tú querías algo que no podía darte —concluyó, y a pesar de la firmeza en su tono de voz, sus ojos zafiros reflejaban el dolor que sus palabras le causaban.

Bulma contempló al androide estupefacta, de todas las razones que había pensado esa opción jamás le cruzó por la mente, pero ahora que la sabía estaba profundamente conmovida. Cuando él se marchó lo primero que pensó fue que solo la había usado y lo odio por eso, después de la batalla con Cell se convenció de que la partida de Diecisiete no había sido coincidencia, él sabía de su enemigo y del riesgo que corría al enfrentarlo, y quiso evitar el peligro abandonando lo más pronto esa época para evitar encontrarse con Cell, pero cuando ella le expresó sus pensamientos a Goku y él se negó a reconocer a Diecisiete como un cobarde, ella explotó contra su amigo, y fue entonces cuando este le contó lo que sabía sobre el pasado del androide y de la medicina que le dio para salvar su vida, a partir de ese instante algo en ella cambió.

Fue ahí cuando deseo jamás haberse enterado de la verdad, porque la herida que creía cerrada se abrió y paso muchas noches en vela analizando a detalle cada momento que pasaron juntos, torturándose al saber que de cada beso y caricia que recibió solo la mitad fue suya, la otra pertenecía a una sombra, muchas veces rio ante la ironía de que ella misma era su rival, para finalmente llenarse de tristeza al concluir que la partida del androide solo se debía a que había sido incapaz de llenar el vacío dejado por Azul, porque que él jamás la amaría tanto como a ella.

Más en ese instante, una sensación de alivio inundaba su pecho al comprender que había estado equivocada, él no la había usado, Diecisiete conocía su deseo de convertirse en madre y podía haber sido egoísta quedándose e impidiendo que Trunks naciera, en lugar de eso se había marchado para que ella realizara su sueño y esa acción solo podía tener una explicación, Diecisiete no hizo eso por Azul, sino por ella, porque en verdad la amaba.

— Gracias —murmuró sin encontrar otra palabra acorde a las emociones que la embargaban. Porque a pesar del dolor que padeció cuando él se marchó, sabía que este había valido la pena por tener a su adorado hijo.

Diecisiete no tuvo tiempo de responder, antes que pudiera articular palabra alguna Bulma lo abrazo. El ojiazul tardo unos segundos en corresponder a aquel gesto, quizá se hubiese mantenido inmóvil de no ser porque al percibir la humedad en su camisa provocada por las lágrimas de la mujer no pudo seguir indiferente ante la necesidad de consolarla. Ella ocultó más su rostro en el pecho del androide cuando sus brazos la rodearon, sin saberlo, los recuerdos de sus momentos juntos comenzaron a aparecer en las mentes de ambos, y las mismas emociones que experimentaron en aquel entonces se apoderaron de ellos en ese momento.

— Si me hubieras dicho toda la verdad desde un principio, quizá las cosas serían diferentes —dijo ella al cabo de un rato.

— No lo creo —admitió sintiéndose vencido— De haberte confesado quien era y todo lo que hice te habrías alejado de inmediato.

— Es cierto —reconoció ella— Al enterarme de las razones por las que me buscaste, te hubiera mandando al demonio sin pensarlo —él esbozo una sonrisa triste— Lo siento no debí decir eso.

— No tienes que disculparte, ya lo sé. Y créeme no vine para interferir con tu vida otra vez, solo quería saber que todo estaba bien —dijo Diecisiete y Bulma se estremeció al escucharlo, su voz sonaba a despedida nuevamente.

— ¿Eso quiere decir que no te quedaras en esta época? —preguntó la mujer apartándose un poco para mirarlo a los ojos. La expresión en el rostro del androide le dejo ver que él solo esperaba a dar por terminada su conversación para irse.

— No tienes que marcharte todavía, puedes quedarte en la Corporación unos días más si deseas —ofreció y de inmediato Diecisiete se negó, era claro que él también tenía heridas que no habían cicatrizado— ¿Hay alguna razón en especial por la que tienes que marcharte ya? —le cuestionó esperando que eso bastara para que él reconsiderara su decisión y optara por quedarse un poco más.

— En realidad si —respondió el androide visiblemente emocionado, al pensar en el último viaje que planeaba realizar, en el cual iría a una época nueva donde pudiera apartarse para siempre de Azul y todo lo que se relacionaba con ella.

La esperanza de Bulma se desplomó al escucharlo, solo había un significado que podía atribuir a esa frase y a la expresión que en esos instantes Diecisiete tenía en el rostro.

— ¿Volviste a buscarla, no es cierto? —preguntó al tiempo que se apartaba por completo del androide.

Aquel cuestionamiento lo tomó por sorpresa, pero aun así decidió decirle la verdad, aunque eso significara que volviera a odiarlo.

— Quise tener una última oportunidad —admitió él, al tiempo que notaba el dolor en los ojos de Bulma al confirmar que había buscado a Azul nuevamente— Aunque no resultó como esperaba, supongo que algunas cosas simplemente están destinadas a no ser —exclamó resignado.

— ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó ella sintiendo una punzada desagradable en el pecho.

— Que estoy cansado de interferir entre líneas de tiempo esperando que las cosas sean diferentes entre nosotros.

Bulma sintió un nudo en el estómago al escucharlo, a pesar de su aparente frialdad podía darse cuenta que él estaba sufriendo.

— No te des por vencido, quizá aún puedes encontrar lo que estás buscando —lo alentó ella sabiendo que hablaba más por sí misma que por las futuras versiones de Azul que pudiera encontrar —por respuesta él sonrió ligeramente para luego hacer un gesto de negación— Si es por el combustible yo puedo darte el que necesites.

— Tengo suficiente para hacer un último viaje, pero aprecio el ofrecimiento —dijo con la voz más neutral que pudo, pues en el fondo le dolía comprobar que al igual que la otra Bulma, ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por deshacerse de él.

La científica no reparó en la expresión de decepción en el rostro del androide, su mente se había quedado detenida al escucharlo hablar de ese último viaje.

— Sin combustible te quedarás atascado en la época que elijas, ya no podrás ir a ningún otro tiempo… no nos volveremos a ver —soltó sin poder evitar que la angustia se apoderara de ella al pensar en esa posibilidad.

El pulso de Diecisiete se alteró al verla tan afectada, ¿acaso ella estaba dejando entrever que no quería que se marchara?, o solo estaba interpretando mal las cosas. Bulma lo miró a los ojos esperando que él comprendiera lo que no se atrevía a decirle, desde el momento en que supo la verdad sobre su partida, algo en ella se encendió, una esperanza surgió con fuerza y una certeza que no había tenido en mucho tiempo se revelo ante sí, no podía dejarlo irse, no cuando todavía lo amaba.

— Estoy confundido —admitió él al tiempo que su racionalidad y sus emociones discutían acaloradamente por ver quien tenía la suposición correcta— Lo que acabas de decir...

— Lo que sin mucha elocuencia traté de decir es que quiero que te quedes Diecisiete —exclamó ella con toda la seguridad que poseía.

— ¿Por qué? —preguntó el androide antes de que su imaginación comenzara a jugarle malas pasadas.

— Porque creo que todavía sientes algo por mí, así como yo siento algo por ti —confeso sintiendo como sus mejillas se encendían al reconocer sus emociones ante él— Y no quiero perder la oportunidad de descubrir si esto puede llevarnos a algún lado —Bulma se quedó en silencio esperando una respuesta, pero él parecía estar en shock, por lo que continuo hablando— No voy a mentirte, no sé si en un futuro podremos tener una relación, o si lo que sentimos se esfumara con el tiempo, porque en realidad no puedo prometerte nada, solo sé que si te marchas ahora pasare el resto de mi vida preguntándome sobre lo que hubiera sido y no quiero eso.

Diecisiete trató de ordenar sus sentimientos, Bulma estaba ofreciéndole la posibilidad de intentarlo de nuevo, algo que él jamás había considerado que podría suceder, por eso no se lo había ofrecido, pero en ese instante ella acababa de decidir que quería descubrir adonde los llevaba el destino, si es que él decidía quedarse.

— ¿Estás segura de lo que estás diciendo? —preguntó aún incrédulo. Ella asintió con una leve sonrisa.

— Veamos que sucede —dijo la científica sin saber que al igual que ella, Diecisiete experimentaba verdadera emoción ante la oportunidad que acababan de darse.

Ambos se miraron fijamente, el miedo a que aquel momento fuera a desvanecerse se había diluido, no estaban soñando, ellos eran tan reales como el sentimiento mutuo que aún compartían.

— Si todo sale mal siempre tengo la opción de usar la máquina del tiempo —bromeó el androide aproximándose nuevamente a ella.

— Esperemos tener mejor suerte esta vez — respondió Bulma antes de rodearlo con sus brazos.

Sus labios se unieron en un beso de esperanza y de amor, que culminó con un abrazo. Al experimentar la cercanía del otro y escuchar el latido de su corazón unidos, Bulma y Diecisiete supieron en ese instante que no iban a separarse jamás.

Epílogo

En otra época, en una cabaña a las orillas de la capital del Norte, una mujer de cabello largo y celeste recorría el interior de la edificación. Gruesas capas de polvo acumuladas por los años cubrían el mobiliario de la misma y ella sonrió complacida al advertirlo, pues consideraba que el abandono de esa casa esa era la prueba de que Diecisiete había logrado por fin lo que tanto deseo.

A pesar de la sensación de nostalgia que sentía al recordarlo, le gustaba ir de vez en cuando a aquel lugar a comprobar que él no había regresado, y entonces solo por un instante se ponía a imaginar la vida que estaría disfrutando al lado de su versión más joven, claro que esas hermosas imágenes que venían a su mente nunca podría comprobarlas, pero algo dentro de su alma le decía que eran reales.

Bulma cerró los ojos, aún recordaba su última conversación con él, así como la expresión de desconcierto en su rostro cuando ella fue a visitarlo a esa casa unos años atrás, para ofrecerle el combustible que había creado para la máquina del tiempo y que ya no tenía la necesidad de usar. Diecisiete dudo bastante antes de aceptarlo, pero la científica insistió diciendo que era su forma de agradecerle su ayuda para derrotar a los androides, aunque su verdadera motivación para darle aquel regalo era otra.

Después de su última conversación tuvo más que claro que ella lo amaba, y que deseaba ayudarle a encontrar la felicidad de nuevo, y algo dentro de sí le gritaba que Diecisiete podría tener todavía una oportunidad con aquella versión suya del pasado a la que renunció por amor, porque la científica se conocía mejor que nadie y podría jurar que si aquella Bulma supiera toda la verdad, no dejaría perder una oportunidad como esa y tomaría la decisión de iniciar una relación con un hombre que verdaderamente la amaba para formar junto a él la familia que siempre deseo tener.

Esa había sido su esperanza cuando le entrego el combustible, y al parecer se había cumplido. Una lágrima rodó por su mejilla al pensar que ella pudo disfrutar esa vida y ese amor, si le hubiera dicho a Diecisiete que lo amaba, pero habría sido egoísta de su parte tomar esa oportunidad sabiendo que en otro tiempo existía alguien más joven y con más tiempo por delante para hacerlo feliz, por eso en lugar de decírselo, lo alentó a hacer un nuevo viaje, a comprobar que Bulma se encontraba bien para así poder cerrar su historia con ella.

Él se había mostrado renuente, pero la científica no se rindió, hizo hincapié una vez más en su propia historia esperando que eso bastara para despertar en Diecisiete la suficiente preocupación para atreverse a hacer aquel viaje, y al final lo logró. "Regresaré mañana mismo", le aseguró el androide mirándola a los ojos, ella simplemente asintió con una sonrisa en los labios para ocultar lo que verdaderamente pasaba por su mente.

Al día siguiente la científica había regresado a la casa, esperando por horas a Diecisiete sin encontrarlo, repitió la misma rutina durante un mes completo obteniendo siempre el mismo resultado. Después de eso sus visitas se espaciaron cada vez más, hasta volverse esporádicas como la de ese día, tras asegurarse que nada había cambiado la mujer abandono la edificación, sabía ella y Diecisiete no volverían a verse en esa vida, pero también que en otro espacio y tiempo, ellos compartían la suya y eso le bastaba para ser feliz.


Notas de la autora:

Hola a todos, por fin concluí esta historia y debo decir que me siento muy satisfecha con el resultado a pesar de lo difícil que me fue escribir el final, pues tenía mil cosas que quería plasmar y no quedaba conforme, lo reescribí al menos siete veces y solo hasta ahora quedé convencida.

No sé si a todos les agrade o si estén de acuerdo, pero por el desarrollo de la trama y la evolución de los personajes a mí me pareció que este desenlace era el más adecuado, claro que ya me harán saber sus opiniones al respecto, espero.

También quiero decir que cuando escribí Azul y Sincronía, sabía que no eran historias que interesarían a todo el mundo y que solo pocas personas podrían apreciarlas o encontrarlas atractivas por ser tan diferentes a lo que se suele leer por aquí. Y que aunque esta historia la cree yo, me gusta pensar que no es solo mía sino que también es de quienes la siguieron durante todo este tiempo, por eso quiero agradecerles de todo corazón a aquellos que le dieron una oportunidad y se dieron el tiempo de leerla, dejar un review o contactarme por mensaje para dejarme saber su opinión, pues no tienen idea de lo importante que es para un escritor conocer lo que los lectores piensan, y si el trabajo que hace es bueno, o si merece la pena el esfuerzo de seguir escribiendo.

Así que aprovechando el espacio quiero invitarlos a que cuando una historia en verdad les guste muestren su apoyo al escritor cada vez que puedan, esa es la forma más bonita a mi parecer de decirle a alguien que el tiempo y esfuerzo que invierte vale la pena.

Por último, quiero despedirme, me tomaré un respiro largo después de concluir esta historia, debo confesar que parte de esto se debe a mis actividades actuales y parte también a la falta de inspiración, así que estoy abierta a que si a alguien le interesa darme ideas o sugerencias para futuros fanfictions me las haga llegar. Mientras tanto les mando un saludo con mucho cariño y les deseo que estos momentos difíciles que estamos atravesando a nivel mundial se pase pronto y que no les afecten.

Hasta luego queridos lectores.