Hospital Provincial de Forks — Miércoles 2 de Septiembre de 2009 — 10:00 AM
— No es necesario que vengas, no quiero impedir que vayas al trabajo —dijo Bella por enésima vez.
Edward suspiró y contó hasta diez antes de contestar.
— ¿Tú quieres que te acompañe?—preguntó mirando sus ojos marrones.
Bella apenas lo pensó.
— Sí, pero no…
— Calla, es suficiente con el sí —la cortó Edward—. Mi trabajo puede esperar, hoy no tengo consultas, además, los días que tengamos que venir cambiaré los pacientes a la tarde.
— No tienes por qué hacerlo… —Bella bajó la mirada.
— ¿Otra vez?—preguntó Edward no sabiendo si reír o llorar— Bella… no seas tan terca, admite que quiero estar contigo en lo que sea.
— Está bien… —susurró ella sonrojándose y bajando la mirada.
Edward pasó un brazo por sus hombros y la atrajo hacia él para besarla, Bella se dejó hacer. Los besos que recibía de Edward eran tan diferentes a los de Mike… Edward siempre le daba su espacio, dejaba que ella llevase el ritmo, no imponía nada, era ella siempre la que tenía que tomar la iniciativa para profundizar el beso. Además, estaban las mariposas de su estómago que se revolucionaban en cuanto Edward la tocaba o estaba demasiado cerca…
Todo le parecía demasiado perfecto para ser verdad… temía despertarse un día y que todo fuese un sueño, que ella continuase en casa de Mike y Edward no le confesara que estaba enamorado de ella. La voz de una mujer la sacó de sus pensamientos.
— Hola Edward, ¿qué haces tú por aquí? —le preguntó una mujer morena con los ojos color miel.
— Ya ves… —dijo Edward señalando a Bella, ella se ruborizó.
La mujer abrió mucho los ojos y se acercó a Bella.
— Se llama Bella, está embarazada de veintisiete semanas y son gemelos —explicó Edward con una sonrisa de orgullo.
— Que callado te lo tenías… ¿sabes que la plantilla de enfermeras tendrá un trauma por esto? —bromeó Carmen sonriendo— primero tu padre causa la revolución y no le hace caso a ninguna de ellas, y ahora… tú vas a tener dos hijos… creo que la planta de sicología se va a colapsar.
Bella frunció el ceño.
— ¡Oh! Cariño lo siento —dijo la mujer llevándose las manos a la boca— soy Carmen, la mujer de Eleazar un gran amigo de Carlisle… ¿tú eres la misma Bella de la que no deja de hablar Alice?
— Creo que sí —susurró avergonzada.
— Bienvenida cariño… —sonrió amablemente— vamos empezar, colocaros donde queráis.
Carmen se alejó y Bella miró a Edward inquisitivamente.
— ¿Qué ha querido decir con lo de las enfermeras? —preguntó en un murmullo para que nadie la oyese.
— Nada de lo que debas preocuparte —contestó Edward en el mismo tono de voz.
— Pero quiero saber —se quejó ella.
— Tonta Bella… de verdad, yo te quiero a ti y las enfermeras me dan igual… —besó su coronilla y la ayudó a sentarse en una de las colchonetas, él se puso de rodillas detrás de ella.
Bella frunció el ceño.
— Me gusta verte celosa —susurró Edward en su oído.
Bella cerró los ojos aturdida por el sonido de su voz.
— Bien chicos, como ya sabéis soy Carmen —comenzó a hablar la mujer morena— y seré vuestra instructora en las clases de preparación preparto. Como veo que todas tenéis pareja —dijo mirando a Edward mientras ocultaba una sonrisa— yo solo iré corriendo cualquier posible error que cometáis. Hoy solo haremos algunos ejercicios de respiración, nada complicado. Por favor chicas, cruzad las piernas y los papás desde atrás colocáis las manos en la barriguita de mamá.
Edward sonrió y colocó las manos sobre el vientre de Bella, ella colocó sus manos encima, y como era costumbre los bebés comenzaron a moverse.
— ¿Has escuchado? —susurró Edward en su oído— soy papá.
El corazón de Bella dio un vuelco y pensó que se le escaparían las lágrimas. Hasta ese momento no había pensado en lo que significaría que Edward estuviese a su lado y al de los bebés… sería su padre. Sabía que Edward la amaba, se lo había dicho y demostrado los últimos días. También sabía que amaba a los bebés… ¿Pero tanto como para ser su padre?
—… ahora inspiramos y contamos hasta tres, uno… dos… tres… y soltamos todo el aire lentamente —oyó la voz de Carmen— Podéis cerrar los ojos si así os resulta más fácil. Papá también tiene que respirar al mismo ritmo, es un trabajo de relajación que podéis utilizar cuando comiencen las primeras contracciones.
— Bella… ¿estás bien? —le preguntó Edward
Ella asintió.
— Te noto tensa —murmuró él de nuevo.
— Estoy bien…
— ¿Seguro? —insistió.
Bella resopló y puso los ojos en blanco, si no se lo decía ahora no se callaría… Edward era tan terco como ella.
— ¿Hablabas en serio? —le preguntó girando un poco su rostro.
— ¿Sobre qué? —Edward frunció el ceño.
Bella suspiró y se puso nerviosa. Miró sus manos entrelazadas con las de Edward sobre su vientre y se sonrojó.
— Cuando decías que eras "papá"… ¿lo decías en serio?—susurró.
Edward se quedó callado unos segundos, hasta que una sonrisa adornó su rostro.
— ¿Tú quieres que lo sea? —le preguntó de vuelta.
— Yo he preguntado primero —se quejó ella.
Edward río bajito.
— Me encantaría serlo… pero solo si tú quieres que lo sea —dijo Edward susurrando contra su cuello.
Bella sintió que el corazón podría explotarle en el pecho.
— Muy bien… ahora papá tiene que masajear lentamente y en forma de círculos la barriguita de mamá —continuó Carmen— esto os ayudará a relajar los músculos después de cada contracción.
— Bella no me has contestado —susurró Edward mientras sentía los movimientos de los bebés bajo sus manos— me encantaría que estos bebés fuesen unos Cullen.
Bella no pudo soportarlo más y una lágrima descendió por su mejilla.
— Cariño —susurró Edward— ¿estás bien?
— Sí —dijo Bella asintiendo— Edward no…
Antes de que pudiese decir nada Edward puso una mano sobre sus labios.
— Sé que me vas a decir que no tengo porque hacerlo… pero quiero hacerlo ¿ok? —le dijo inclinándose un poco hacia delante sobre su hombro para poder ver sus ojos— así que no te pongas testaruda con "no es tu obligación" o "estaremos bien los tres solos". Me sentiré tremendamente orgulloso si tus hijos llevan mi apellido.
Bella asintió e intentó poner atención al resto de la clase, aunque eso resultó ser algo difícil, en su mente no dejaban de repetirse las palabras de Edward. No sabía lo que había hecho para merecerlo, pero estaba segura de que haría lo que hiciese falta por mantenerlo a su lado y enamorado de ella.
