DISCLAIMER: El universo de "Dragon Ball Z", así como sus personajes, son propiedad de su autor original Akira Toriyama, como también de Toei Animation y Fuji TV. Esta historia está hecha únicamente por diversión, con permiso tomo los personajes prestados.
CAPÍTULO XVI. UNIENDO FUERZAS
Odiaba que el miedo fuera el pan de cada día en su vida, no recordaba un solo momento donde se sintiera tranquila, que la paz por fin gobernara en su existencia.
Se llevó sus manos hacia su vientre, la sensación de que se formara un nudo dentro de ella era inminente, incluso era parecido como si le arrebataran el aire. Su pecho dolía y su cuerpo temblaba al punto en que sus piernas no resistirían más, le esperaba el peor de los infiernos.
Suspiró con pesadumbre, estaba cansada de tanto, de no tener la fuerza suficiente para detener al infernal de Paragus y Broly. Jamás imaginó a que llegara a desarrollar sentimientos negativos por aquellos seres que alguna vez los llegó a amar a pesar de la forma en cómo la trataban. Inmediatamente sus delgadas cejas se fruncieron al recordar cada momento que vivió con ellos, en esa forma de vida que no era vida. Ahora todo tenía sentido, ella solo era parte del plan de Paragus en sus siniestros plan de venganza y poder.
Apretó sus palmas en un puño, golpeando la madera del barco donde se sujetaba y lastimándose con ello al realizar tal acción. Su cuerpo tembló de la vil impotencia ¿Qué es lo que podía hacer ella para terminar con todo esto? Sabía que era demasiado débil, como varias veces se lo había mencionado Vegeta…
Vegeta…sí ni el pudo derrotar a Broly ¿Entonces quien más lo haría? Terminar con ese monstruo era imposible, no había ser en este mundo que pudiera derrotarlo. Su cuerpo cada vez se cimbraba más al pensar en todo ello, en que cómo el Tsufurujín arrasaría con todo sin tener clemencia alguna. Una nueva ansiedad se apoderó de ella, quería gritar, llorar, estaba tan cansada vivir día a día con la preocupación de ser capturada por alguno de ellos. Y también estaba la nueva faceta en su vida; ya no quería que siguieran sufriendo los seres que amaba.
Una lágrima amarga surcó sus frías mejillas, el viento fresco de la tarde noche golpeaba contra su rostro por lo que la sensación de frialdad se apoderaba de su cuerpo; aunque en realidad su cuerpo no respondía desde lo que había escuchado de Dende, sobre la supuesta muerte de Vegeta.
—Kami-Sama…—Susurró a la nada. En sus ojos se podía ver una mezcla de tristeza y coraje, mientras que su pálido rostro que brillaba bajo los luceros del cielo se encontraba empapado de sus lágrimas.— ¿Por qué nos odias? ¿Por qué no puedo vivir mi vida libre y en paz? ¿Por qué me has abandonado?
—Dios no abandona a nadie, ni en la peor batalla.
La joven parpadeó confundida y al girar se encontró con el capitán Nail, que del mismo modo observaba a un punto sin particularidad alguna al cielo. El hombre caminó hasta llegar con ella y recargarse sobre el barandal del barco a su lado.
Bulma permaneció en silencio tras escuchar el comentario del hombre, por lo que regresó a su posición inicial imitando al hombre en mirar hacia el infinito cielo estrellado. El silencio prevaleció entre ellos varios minutos, y aunque eran dos completos desconocidos nunca resultó incomodo ese momento, al contrario para la peli azul le resultó un tanto confortante no encontrarse sola en esos momentos de desesperación.
—¿Puedo hacerle una pregunta? —El capitán Nail miró hacia ella, esperando su aprobación y ella no tardó en afirmarle en un breve movimiento de cabeza.— Si usted tuviera la oportunidad de pedirle un deseo a Dios, el que sea…—Bulma esperó paciente a que el hombre siguiera con esa extraña interrogante. Sus llamativos ojos azules no perdieron detalle de cada movimiento del hombre; sacaba de una parte de su chaqueta una pipa y con algún cerillo que sacó en alguna parte de su cuerpo la encendió degustando de su sabor. Tal vez el hombre podía tener una apariencia bastante ruda, pero era curioso que para ella no le causara tal intimidación, incluso le proyectaba una imagen segura.—¿Qué le pediría?
La princesa se quedó sin habla ante lo último. Era una buena pregunta, una que nunca antes alguien o incluso ella misma se había cuestionado.
Miró confusa hacia el océano frente a ella, aquel camino que iba directo hacia su tormento. Ahora estaba más confundida que antes, porque si antes deseaba con fuerza su más anhelado sueño, con todos los sucesos que había experimentado la situación ya era distinta. No estaba segura que era lo que deseaba, porque ahora en su vida se veía involucrada más personas, y con ello, nuevos anhelos.
—No lo sé…—Musitó confundida.—Por ejemplo, en este momento desearía tener el dominio propio en mi vida…la fuerza y el coraje suficiente para afrontar aquello que incluso parece imposible…—Sonrió forzada, con una mueca de incredulidad.—Pero Kami-Sama jamás intercedería a mi favor con algo como ello.
—Por supuesto que no.—Cortó el hombre pensativo mirando al frente, sin dejar de fumar su pipa y exhalando con ello bocanada de humo.—No podría darle Kami-Sama algo que ya lo tiene.—Bulma nuevamente giró hacia él, arqueando sus cejas sin comprender su punto.—Nosotros tenemos el libre albedrio de elegir nuestro camino, nuestras acciones. El coraje depende de uno y la determinación con la que lo lleva. Mientras que la fuerza, bueno, todo está en el poder creerlo que uno la posee.
—Lo dice usted porque es un hombre que puede defenderse con facilidad.—Contradijo molesta.—¿Pero y una como puede sobrevivir en un mundo de salvajes? Siempre somos sometidas de una forma u otra. Incluso nuestra palabra no tiene el poder suficiente para intervenir en una guerra. Y no se diga la fuerza…para una no es fácil poder no salir lastimada de todo ello.
—No pensé que usted tuviera una mentalidad así.—Sostuvo el hombre ganándose otra mirada colérica de ella.—No me mal interprete, pero por lo que me comentó el duque Dende, en sus palabras me relató que usted es una mujer que ha florecido incluso en la adversidad. Yo una vez la ayudé a huir de Tsufuru y créame, le juro que pensé que no sobreviviría al viaje, y aquí está después de tanto tiempo regresando al mismo lugar.—Suspiró cansado, mirando esta vez a ella.— Puedo ver en usted que tiene la fuerza y el carácter suficiente para no dejarse vencer. El único problema es que no ha tenido una buena orientación.
—Bueno…—Musitó confundida, procesando cada palabra del hombre que la tomó por sorpresa.— ¿Entonces qué es lo que usted le pediría a Dios?
—Sabiduría.— El hombre sonrió ladino al ver el rostro de ella más extrañado de lo que se encontraba, por lo que siguió su mirada de nuevo al frente hacia el océano sin fin.— La sabiduría suficiente para tomar las mejores decisiones, saber distinguir entre lo bueno y malo. Saber que las acciones que tomo serán lo mejor no solo para mí, sino para todo lo que involucra ¿Usted cree que toma las decisiones correctas? ¿Cómo por ejemplo en este momento?
Bulma se cimbró al escuchar esas palabras en el capitán Nail. Fue como si un balde de agua fría se vertiera sobre su espalda, tanto que incluso la tensión se encontraba en ella a flor de piel, transmitiéndosela al hombre junto a ella. Parpadeó confundida, incluso su mandíbula se había tensado…
Por Kami-Sama, ¿En verdad estaba tomando la mejor decisión? Tembló cada parte de su cuerpo al notar la indecisión de sus actos; las palabras del capitán habían cavado tan fondo en ella que incluso le aterro el simple hecho que todo lo que estaba cometiendo tal vez eran malas decisiones.
—Tarde o temprano todo cae por su propio peso.—Prosiguió el hombre, aún con la entera atención de la perturbada mujer por sus cuestionamientos.—Y solo el más sabio ganará esta guerra.
Tras pronunciar aquello, el hombre giró sobre sus talones para regresar a sus actividades, dejando una vez más congelada a la peli azul sobre si sitio por cada palabra de él. Bulma quería decir algo, preguntar o simplemente poder expresar que era aquello que la dejaba sin habla pero las palabras jamás llegaron a ella. Solo un escalofrío acompañaba su atormentada alma, ahora con miedo de que sus decisiones fueran incluso peores de lo que ella creía que ayudarían.
Su respiración se volvió más densa ¡Demasiado tarde! Ella ya iba camino a Tsufuru y no había alguna otra alternativa…si tan solo hubiera pensado fríamente, tal vez el capitán Nail tenía tanta verdad en su boca sin siquiera conocerla del todo, ella aún no era lo suficientemente sabia. Su estómago se contrajo, cada paso que ella daba no se encontraba segura de ahora en adelante…
—Por cierto señorita.—Se escuchó de nuevo la fuerte voz del capitán haciendo que ella girara para encararlo frente a frente. El hombre desde su distancia, exhaló un poco más del humo de su pipa dispuesta a seguir hablando.—Olvidé informarle que este barco no la podrá llevar a Tsufuru como nos lo había mencionado al principio. Los Namekuseí hemos cortado toda relación que tenga que ver con los Tsufurujín debido a la guerra. Nuestro apoyo pasó ser exclusivamente del ejercito saiyajin; por lo que desembarcaremos en Sadala, por lo que usted podrá transbordar a un barco que la pueda llevar lo más cercano a Tsufuru, le recomiendo que tenga cuidado. ¿Hay algún problema con ello?
La princesa aún con su rostro sorprendido, se pudo apreciar en ella como sus enormes zafiros brillaron con fuerza al escuchar las palabras del capitán…¿Qué significaba esto? ¿Una prueba para restaurar la fe que día a día iba perdiendo? De pronto, una imagen golpeó de lleno a su memoria ¡Claro! De hecho sí había alguien que la podía llegar a ayudar ¿Cómo se había olvidado de él?
Con una sonrisa iluminada en su rostro de porcelana, ella negó hacia el capitán dando con esa respuesta en concreto que para nada estaba desconforme con lo escuchado, al contrario ese era la mejor noticia que le pudo haber informado.
Una renovada energía creció en ella, estaba a punto de hacer una tontería y arruinar todo lo que había avanzado por sus impulsos y la ceguera del miedo que quería dominar en ella. Frunció sus delgadas cejas molesta consigo misma ¿Por qué estaba actuando tan tontamente? No, definitivamente el miedo la estaba dominando y era lo que menos quería, era una lucha que llevaba desde el día que abandonó Tsufuru y logró avanzar mucho como para retroceder tanto…
Su siguiente destino no sería Tsufuru, todavía aun quedaba una esperanza más, una de la cual estaba segura que la ayudaría a restaurar su fe en lo perdido, en todo lo que corría peligro y no evitó pensar en él, ella sabía que aún había esperanza para el príncipe saiyajin.
Todo aquel que cruzaba mirada con el altivo príncipe inmediatamente retrocedía su andar, presentándose ante él tan temerosos y sumisos debido a su abismal presencia. Se limitaban a bajar la cabeza e inclinarse a su lado, temían que con alguna mínima falta de respeto hacia el hombre esa fuera la excusa perfecta para dar por terminadas sus vidas.
Sin duda alguna él había cambiado en muchos sentidos, físicamente lucía más fuerte de lo que ya era. Poseía de un aura mucho más oscura de lo normal, de hecho en sus ojos radiaba un toque de sadismo y frialdad que cualquiera que lo mirara quedaba paralizado por la sensación escalofriante que emanaba en sus orbes tan negros como la noche.
Se podía apreciar que había más movimiento del usual en el castillo, pues desde la muerte del rey de Vegeta era una noticia que se había esparcido como pólvora en cada rincón de las tierras Sur, por lo que con dicho evento era más que obvio que el contraataque de los Saiyajin hacia ellos estaba pronto por venir. Las grandes murallas se encontraban resguardadas de la guardia real de Tsufuru, algo que le molestó a demasía al príncipe al apreciar aquellos detalles ¿Porqué seguían comportándose como unos débiles, cuando era más que obvio que él derrotaría a cualquiera que atravesara esas puertas?
Notablemente molesto, Broly llegó hasta la sala de reuniones donde se encontraba su padre reunido con los comandantes de las fuerzas de su ejército. Característico de él, no se hizo esperar a ser presentado por los soldados que residían vigilando la entrada del gran salón. Solo con una simple mirada bastó para que el par de hombres temblorosos le hicieran una corta y torpe reverencia para alejarse inmediatamente lo más pronto posible de su presencia. Sonrió petulante y orgulloso, le causaba regocijo ver como temblaban con su presencia, lo hacía sentirse imponente, con el poder absoluto en todo su dominio.
De un solo empujón abrió las puertas de par en par sorprendiendo a los presentes quienes voltearon inmediatamente a él por tal interrupción violenta. Dio un rápido rastreo por toda la habitación de tapices crema para detenerse sobre la imagen de su padre. El viejo lo miró con desmedido asombro por el notorio cambio físico en el aumento de su masa muscular, pero inmediatamente su rostro viró a uno molesto, tenía demasiados motivos para estar disconforme con su hijo.
El resto de los presentes, en un vano intento de ocultar el miedo que sentían por el hijo del rey lo saludaron con una breve reverencia por absoluto respeto más que nada, ellos sabían que su presencia en ese momento estaba de sobra por lo que decidieron salir lo más pronto posible de la habitación para dejar a solas padre e hijo. Muchos rumores se esparcieron sobre el futuro heredero en cómo había derrotado al rey de Vegetaseí, por lo que huyeron tan pronto de aquel lugar donde compartían el mismo oxígeno con el muchacho, no querían que el hombre viera debilidad en ellos y en un arranque de ira los matara con la misma brutalidad con la que mató a Vegeta III.
—Hasta que te dignaste en regresar, Broly.—Escupió el rey sin algún ápice de beatitud en sus palabras. El príncipe pudo sentir la tensión que se formó en el ambiente al encontrarse a solas con su progenitor, el viejo se encontraba molesto y sabía la razón de ello.—Tú y yo tenemos que hablar.
—Para eso estoy aquí.—La fuerte voz del príncipe vibró en cada parte de esa habitación, más sin embargo jamás intimidó al rey. Se acercó un par de pasos más hacia donde se encontraba su padre, frente a aquel escritorio donde residían varios mapas y rutas marcadas en ellos; todas ellas marcando puntos específicos donde su ejército iba tomando posesión y al mismo tiempo vigilando los pasos del enemigo contrario.—Supongo que a estas alturas ya estás enterado de todo ¿No?
—Lo sé todo Broly, ¡Y ahora por tus estupideces mis planes se asolaron por completo! —Gritó colérico, golpeando con sus puños cerrados contra el escritorio y provocando con ello una gran confusión en su hijo al ver esa reacción en él.— ¡Eres un estúpido! ¡La cosas no debían suceder de esa manera! Me sorprende que todo el tiempo que invertí en ti para que fueras un buen estratega en batallas todo se fuera la mierda.
—¿Me estás diciendo que haberle ganado la guerra a los saiyajin, fue una estupidez? —Bramó iracundo.— Déjame decirte una cosa.—Le señaló con su dedo índice en un aire arrogante, preparándose para lanzar el veneno más mortífero de su boca.—¡Yo he traído la victoria a mi reino! Lo que tú no has podido hacer en todo este tiempo. Ahora dime ¿Quién es el estúpido aquí?
—¡Insolente! —Escupió ofendido.—¡Es mi reino! —Alzó su voz como a el mismo, en su rostro las venas frontales palpitaban con fuerza producto de la ira retenida en ese momento.—¡Aún no eres el rey! ¡Yo tomo las decisiones! Yo digo cuando avanzamos y cuando no. ¡Mi venganza con el rey Vegeta tú la estropeaste!
—Está muerto y eso es lo que importa.—Soltó con desdén.
—No Broly ¡Yo iba a matarlo! ¡Antes quería que el viera como me coronaba con su reino! Además, tu acto repentino nos ha generado un gran problema en las demás tierras.
—¿Qué hay de problema con los otro pueblos? —Replicó con notable resentimiento en su mirada, tanto que incluso su rostro había tomado un tono más cruel en sus gruesas facciones.
—No te ha importado destruir todo a tu paso ¿No te das cuenta? ¡Eso nos afecta en gran parte! ¿Para qué demonios quiero dominios en lugares que ahora están completamente derrumbados? ¡Debías sacar antes todo lo que pudieras! —Suspiró cansado, masajeando sus sienes debido al dolor que experimentaba su cabeza por su furia reprimida.— Destruiste la ciudad de Dees sin piedad alguna ¿De casualidad no te tomaste el maldito tiempo de investigar, en que era aquella misteriosa posesión que sus aldeanos guardaban con tanto recelo? ¡Por supuesto que no, imbécil!
—Sabes que yo no hago excepciones. A mí no me importa lo que había en aquel patético pueblo, yo solo iba con una sola cosa en mente.
—Claro que sé que no tienes la visión de grandeza ¡Solo piensas con la fuerza bruta! Para tu información, en aquella ciudad escondían de una milagrosa semilla que crece cada década. Solo en ese lugar tiene la fertilidad para poder desarrollarse, pues poseía de una cura que incluso hasta la herida más mortal sanaba con solo un poco de ella. Por esa razón ese lugar lo dejaba intacto ¡Pero tus estupideces lo llevan a arruinar todos mis planes! Lo único que hiciste bien fue matar al príncipe Vegeta. De ahí en fuera me queda bastante claro que aún te falta mucho por aprender.
La tensión aumentaba cada vez más en aquella habitación. Padre e hijo se desafiaban con la mirada, y aunque con todo lo dicho Paragus esperaba que repercutiera en algo en su hijo, sin duda alguna estaba demasiado equivocado. El rostro de Broly expresaba una oscuridad que congelaba la sangre a cualquiera, sus ojos negros irradiaban odio, coraje, furia hacia su progenitor, algo que Paragus reparó de inmediato en ello.
Era una pelea visual, un duelo de titanes pero solo había uno que tenía el domino por completo. Los segundos pasaban y cada vez más aquella habitación circulaba en ella una fuerte vibra pesada. Paragus por su parte frunció sin disimulo sus gruesas cejas, no le estaba gustando el nuevo comportamiento de su hijo, claro siempre había demostrado ser un joven temerario pero en esos momentos donde se enfrentaban entre el mutismo del silencio se podía ver que en su rostro expresaba un odio hacia él, y comenzar a imaginarse que Broly pudiera revelarse contra él ese simple pensamiento le causó un estremecimiento hasta el tuétano del hueso al rey de Tsufuru.
—No estoy de acuerdo en cómo estás llevando todo esto.—Cortó de nuevo el tenso silencio Paragus, con su aún voz iracunda.—Desobedeciste mis órdenes, además jamás te autoricé que hicieras un trato con el saiyajin ¡No pienso aliarme a ese miserable! Y mucho menos dejarle el poder de Vegetaseí ¡Ese lugar me corresponde!
—Sí lo que te molesta es el trato que hice con el saiyajin no tienes por qué darle relevante importancia. Al final el también terminará muerto como su rey.
—Todo lo llevábamos controlado, con el traidor que teníamos en Vegetaseí era más que suficiente. Pero ahora sigues sumando más personas innecesarias a la ecuación. ¡Sí mis planes no funcionan, tú tendrás que pagar las consecuencias!
Broly soltó una bocanada de aire exagerada de su boca. Su pecho subía y bajaba en un ritmo acelerado. Era evidente la molestia que sentía por su padre en ese momento, odiaba que el hombre le ordenara que hacer, pronto llegaría el final de su reinado y él sería el único al quien obedecerían sin oposición alguna.
—Por ahora solo importa movernos.—Continuó el príncipe con su toque de frialdad en su voz, sin sentimiento aparente.— No dudarán en venir por el príncipe Tarble, la carnada.
—Por supuesto que lo tengo contemplado. Me informaron que ya empezaron a movilizarse para recuperarlo. Sí por mí fuera, mataría también a esa escoria en este instante.
—Morirá.—Resopló con tanto sadismo, que incluso también sorprendió al rey por la carencia de sensibilidad en sus oscas palabras.— Pero aún no puede, no con lo que tengo planeado. Estoy metiendo presión en todos lados, con el único objetivo en que ella venga a mí sin que yo la busque. No solo con el príncipe Tarble, ahora Capsule es el siguiente punto.
—¿Qué has dicho? —El rostro sorprendido del rey fue todo un poema para Broly. Su notable furia desapareció repentinamente para que diera paso a un rostro con notable incredibilidad en él. Parpadeó confundido al escuchar las palabras de su hijo y al ver que Broly entendió su silencio, el muchacho se limitó a extender lentamente una sonrisa mordaz en su rostro, sintiendo por primera vez miedo de su vástago.—¿De qué estás hablando…?
—Que lo sé todo.—Sonrió con mayor aversión en su rostro, dando paso a que sus caninos se asomaran generando en él un toque mucho más oscuro.—Sé que Bulma no es tu hija, es la princesa perdida del oeste ¿No? —Paragus arrugó con demasía sus gruesas cejas ¿Cómo demonios es que su hijo sabía de ese secreto? El se había encargado que aquella verdad no saliera más allá de él mismo. En cambio Broly parecía disfrutar ver cómo colocaba a su padre contra la espada y la pared. A eso se refería, tomar el control de las cosas.— Así como también sé que tú mataste a la reina de Vegetaseí. Tú siempre la deseaste…—El príncipe comenzó a rodear a su padre, tal como un león hachando a su presa. Podía oler el nerviosismo del rey, poco a poco lo iba desarmando exponiendo sus más oscuros secretos y Broly, con una mirada tan fría y perdida disfrutaba de su cacería.—La hermosa reina Echalotte de Vegetaseí…—Susurró cerca del oído de su progenitor, estremeciéndolo con cada palabra que pronunciaba.—Aquella mujer que prefirió a Vegeta III antes que a ti…
La mirada de Paragus expresaba mucho más que asombro; era una mezcla de miedo y nervios. Jamás se había sentido tan expuesto como en ese momento, no concebía la idea de que su hijo diera con toda esa información que solo él y nadie más que él sabía de ello. Le pesaba admitirlo, pero tembló al ver la frigidez en los ojos de su hijo en como gozaba exponerlo. Miró por una brevedad de segundos a su estirpe ¿Quién era? ¿Qué había sucedido en él? Era demasiado notorio su cambio desde que volvió de las tierras del Este, emanaba un aura mucho más despiadada y le daba miedo, porque ese Broly frente a él gritaba con sus ojos que no se detendría hasta obtener sus deseos, así tuviera que eliminar a quien fuera que se opusiera a sus planes.
—¿Quién fue…?
—No importa realmente saber cómo me enteré de todo.—Le interrumpió abruptamente el príncipe, quedando finalmente frente al rey con una brecha entre ellos lo suficientemente pequeña intimidándolo con esa peligrosa cercanía.—Solo quiero que te quede claro una cosa.—Sonrió con mayor soberbia.—Yo no seré lo suficientemente imbécil como tú, querido padre. Lograré lo que jamás pudiste, de hecho lo estoy haciendo y uno de ellos fue matar a los bastardos de Ouji.—Paragus abrió con demasía su único ojo bueno, en su pupila se podía ver indicios de temor, sabía que nada estaba bien en ese momento y con su hijo. Broly por su parte fijó su azarosa mirada en él, la locura estaba instalada en él, cada poro expresaba que su juicio y razón se había perdido por completo.—Y Bulma será solo mía, será la reina de todo esto y ni el bastardo de Vegeta podrá oponerse a ello, yo mismo me encargué de mandarlo al infierno para que se revuelque desde su tumba al ver que ella siempre ha sido mía.
Paragus negó lentamente con su cabeza confundido al escuchar cada palabra de su vástago. No podía ser posible todo lo que estaba oyendo de él ¿Estaba hablando seriamente sobre Bulma? Imaginó por un momento que era una broma de mal gusto por parte del príncipe, pero al ver que conforme avanzaban los segundos y el muchacho seguía con su misma expresión de seguridad y locura en sus palabras el viejo rey tembló de impotencia ¡Imposible! ¡Esto era una reverenda estupidez!
—No sé de donde estás sacando tanta mierda.—Bramó impetuoso el mayor de ellos.—Seguro es una mofa de tu parte ¡Basta con ello!
—Tú sabes que yo no bromeo.—La gruesa voz de Broly se mantuvo cargada recelo e inquina. Paragus lo miró detenidamente y al ver la seriedad en su rostro, supo que de verdad estaba siendo lo más honesto en sus deseos.—¿Sabes donde estuvo mantenida tu adorada hija todo este tiempo? Efectivamente, con los saiyajin. Por eso di tan rápido con su paradero, incluso la estúpida sin saberlo nos ayudó a derrotarlos con facilidad.—Sonrió ladino.—Pero yo soy más inteligente que tú, y no permití que otro saiyajin se quedara con mi mujer. Bulma es mía y de nadie más.
—Entonces era cierto…—Musitó con repulsión el monarca, mirando detenidamente a su hijo con escepticismo en su mirada.—Cuando ella te acusó ante mí que intentaste tomarla…siempre fue cierto…
—Ella es mía, me pertenece.
Paragus se encontraba perturbado para esos momentos. La simple idea de que su hijo tuviera una obsesión por la peli azul le resultaba inverisímil. El siempre creyó que Bulma huyó de Tsufuru por un acto de rebeldía, por mostrarse ante él que podía desafiar sus límites, pero al recordar en la forma en cómo ella le suplico aquella noche que la protegiera de su hijo ahora todo recobraba sentido con mayor fuerza.
La mirada del monarca expresaba todo, era una mezcla de aversión y disensión hacia su heredero. Lo decía todo, era una clara prueba de desaprobación por sus actos e incluso en ella le decía a su hijo que definitivamente estaba en un grave error por su enferma necesidad de Bulma, simplemente lo desaprobaba por completo.
—¡No seas un imbécil! —Vociferó asqueado e iracundo el hombre, barriendo con su mirada a su hijo, emanando todo la desaprobación en ella.— Existiendo millones de hembras, te fijaste en la estúpida de tu hermana…
—¡Ella no es mi hermana! —Gritó enervado, haciendo retroceder a su progenitor por ese salto agresivo hacia él.—Y aunque lo fuera, no me importaría tomarla como mi mujer.
—¡No lo permitiré! —Resopló con total disgusto.—¡Preferiría antes la destrucción de mi reino a que su soberana sea la zorra de Bulma! ¿Oíste? ¡Antes muerto que mi descendencia caiga en una Brief!
Fueron las palabras perfectas para cavar su tumba. No supo en qué momento ni cómo, pero su cuerpo se encontraba totalmente derrumbado contra el escritorio donde residían sus mapas.
El dolor de su espalda al encajarse las piezas del tablero no tardaron en hacerse presente, pero aquella sensación no se comparaba como la que sentía sobre su cuello. Ardía tanto que incluso podía sentir la palpitación de su yugular, todo a su alrededor giraba como un carrusel y al fondo solo escuchaba un agudo zumbido. Poco a poco le costaba más respirar, su cuerpo temblaba y aunque intentaba alejar el motivo de su estrangulamiento aferrando sus manos sobre las de él, sentía que al final pronto iba a morir.
Su mirada aterrada se depositó en la imagen frente a él; Broly sujetaba su cuello con sus fuertes manos, apretándolo sin controlar su abismal fuerza que ahora poseía. El príncipe lucía tan mordaz en aquel momento que incluso Paragus no dudó en que en cualquier momento lo mataría aunque se tratara de su propio padre.
Expresaba una mirada llena tan fuera de él, la locura gobernaba al joven heredero y con ello en sus ojos negros la intensidad por la sed de sangre se veía más presente. Broly no sufría con ello, al contrario, estaba gozando hacer sufrir a su padre, llevarlo hasta el límite de las suplicas por su miserable vida.
De la nada el hijo de Paragus comenzó a reír demente, sometía más fuerza en el agarre del cuello de su padre y con una mortífera mirada sonrió ladino dejando asomar sus caninos como una bestia a punto de atacar.
Paragus tembló ante esa imagen, peleó con la poca fuerza que quedaba en él, arañó como pudo las manos de su hijo pero cualquier esfuerzo era imposible para salir victorioso de esa batalla. Nunca había visto tan desquiciado a Broly como en ese momento. Lanzó entre forcejeos un alarido, con la única intención de hacer reaccionar al heredero de Tsufuru pero muy por el contrario solo provocó que el joven desquitara más su furia precipitándose más hacia él. La cara de horror que expresaba Paragus era algo que ni su peor enemigo jamás había experimentado, solo su más grande orgullo tuvo ese privilegio, su adorado hijo.
Le bastó un solo movimiento para que lo arrojara al suelo dejándolo libre de su asfixia. Sonrió maquiavélico el muchacho al ver lo fácil que era manejar a su padre, verlo ahí tumbado sobre el suelo mientras masajeaba su adolorido cuello e intentando recuperar la respiración.
Lo último que pudo escuchar Paragus fueron las fuertes pisadas de su hijo alejarse de su cercanía. Cómo pudo se incorporó del suelo sentándose con cierta dificultad, y al alzar su mirada se encontró con la de su hijo que lo miraba con total desdén desde la puerta de la habitación. Paragus lo sabía, se había perdido el respeto por parte de su hijo.
—Quiero que te quede claro esto.—Rugió con premura el muchacho.—Bulma regresará conmigo, y si tu intervienes en mis planes te juro que no dudaré en deshacerme de ti.—Sonrió.—Y sabes que yo no bromeo.
No esperó una respuesta más de su padre, se limitó a irse del lugar dejando al viejo monarca desconcertado con todo lo que había escuchado.
Paragus se sentía mareado, tal vez era síntoma por la asfixia provocada por su hijo, pero también estaba el hecho en cómo lo había encarado Broly.
Terror era lo único que manifestaba su pálido rostro, el verdadero enemigo no era Vegeta, todo el tiempo él lo estuvo criando.
El clima se mostraba bastante inestable. Se podía ver sobre los cielos que se avecinaba una tormenta y era extraño ya que por lo regular en esas tierras áridas era muy extraño presenciar un clima como tal. Su corazón estaba al límite, de nuevo estaba de regreso a esos lugares donde alguna vez imploró escapar y ahora estaba de vuelta, con una renovada energía dispuesta a luchar por lo que quería.
El viento mecía sus traviesos mechones azulados que se habían escapado de su recogido. Se abrazó a sí misma al sentir la frialdad del lugar. Se sintió tan extraña, era curioso pero incluso el ambiente se mostraba tan carente de esa calidez que emanaba en cada rincón de él, era como si le faltara algo o tal vez ella se sentía de esa forma al recordar la ausencia de alguien.
Frunció sus delgadas cejas molesta reprendiéndose mental mente ¡No era posible! Ella tenía una corazonada de que Vegeta no estaba muerto ¡No señor! Era curioso, pero sentía que algún lazo extraño los unía, podía sentir aún la energía del hombre o al menos ella lo interpretaba de esa forma.
Suspiró pesadamente, debía ser lo suficientemente fuerte para tomar las decisiones más sabias posibles. Sonrió con dulzura al recordar al capitán Nail, sus palabras la hicieron recapacitar de hacer una locura y aunque aún no estaba segura de que su nueva toma de decisión era la correcta al menos tenía la certeza en que no echaría por la borda tan rápido el sacrificio que habían hecho todos sus seres queridos por recuperarla de las garras de Paragus y Broly.
Su rostro se oscureció en tristeza al recordar a Tights y su madre. No lo pudo evitar pero una opresión se hizo en su pecho, sabía que con su huída estarían más alarmadas y no era por menos decir ya que con la situación en cómo había estallado la guerra era evidente que ella se estaba exponiendo. No había día en que le rezaba a Kami-Sama con la esperanza de que escuchara sus plegarias para que protegieran a su familia y su natal pueblo de la avaricia y poder de Paragus, temía que su hogar fuera de nuevo devastado y con ello perder para siempre a su familia.
Pero todo debía marchar de acuerdo al plan, aún había la posibilidad de detener la maldad de Broly y su padre, y esa respuesta estaba a unos pasos de ella.
Bajó la capucha de su capa exhibiendo parte de su cabeza azulada. Había sido precavida durante todo su camino, sabía que para ese momento y en ese lugar ella era un punto blanco de ataque, además estaba al tanto de lo que sucedía pues el capitán Nail aprovecho esos cinco días de viaje en barco informándole como estaba la situación en Vegetaseí.
Su corazón latió con tanta fuerza, se sentía nerviosa y al mismo tiempo entusiasmada, pues habían pasado ¿Meses? Ya ni recordaba el tiempo, pero estaba segura que era demasiado desde que los había dejado de ver.
Tras contar hasta tres mentalmente, se animó por fin a tocar la puerta de madera con premura. Esperó paciente a que salieran a su llamado, pero al prolongarse los segundos no veía respuesta alguna. Inmediatamente un panorama de situaciones espantosas atormentaron la mente de la princesa ¿Y sí los habían tomado el ejercito de Broly? ¿Seguirían viviendo ahí?
Volvió insistente a tocar la puerta, cada vez sentía más los nervios de punta ¡Solo le rogaba a Dios que no les haya pasado nada! Y cuando estuvo decida a tocar por tercera vez, escuchó detrás de la puerta unas voces.
Su corazón se agitó, incluso sus manos comenzaron a sudar ¡Estaba tan nerviosa! Torpemente se acomodó un par de cabellos de su flequillo detrás de su oreja y al ver como la puerta de la humilde casa se abría con lentitud su corazón se paralizó por completo.
—¿Bulma…?
—Oh…—Sus enormes zafiros brillaron con fuerza, sentía que iba a llorar ¿Y cómo no hacerlo? Sí estaba frente al hombre que le debía mucho, incluso que siguiera viva.—¡Goku!
El hombre de familia parpadeó un par de veces confundido ante la imagen que tenía frente a él. Fue todo tan rápido que no le permitió procesar la información, cuando menos lo esperó un rayo turquesa fue hacia él y en pocos segundos ya tenía a la mujer aferrada a él abrazándolo como si su vida dependiera de ello.
Bulma comenzó a llorar enredando sus delgados brazos al cuerpo del saiyajin, sentía una mezcla de emoción y al mismo tiempo melancolía por verlo de nuevo. Sentía que le debía tanto, desde que la había salvado de las garras de esos piratas, en cómo la protegió del mercader que amenazó con cortarle el brazo o incluso se había ofrecido en su lugar para que ella no terminara presa. Goku era su única esperanza en ese momento, su salvación pero también estaba ese amigo que la había salvado de tantas y verlo de nuevo, tan sano y salvo sin duda alguna fue una bendición para ella.
Lentamente la princesa se desprendió de contacto físico. Lo miró aún con sus ojos llorosos y rojos, encontrándose con ese rostro tan gentil y bondadoso del chico. El saiyajin sonrió dulcemente, se podía ver la genuina felicidad al verla del mismo modo sana y salva, y ahora en sin dudarlo la jaló hacia su cuerpo dándole un vehemente abrazo.
—¡Creí que jamás volvería a verte, Bulma! —Exclamó jubiloso el muchacho.—¡Vaya! ¿Cuánto ha pasado desde que nos vimos la última vez? Bueno no importa, pero…¿Cómo es que estás aquí? —Su rostro alegre viró a uno lleno de preocupación, contagiando ese sentimiento a la peli azul.—Tú más que nadie corre peligro por aquí.—Se asomó más para el exterior de su casa como si inspeccionara en que nadie los estuviera viendo, y tras corroborar en que todo estuviera bien, tomó de la muñeca a la peli azul invitándola a entrar a su morada.—Entremos, no debemos arriesgarnos.
—¿Qué pasa? —Susurró confundida siguiendo al hombre.
—Ya te explicaré…¡Milk! —Gritó hacia el interior de la casa cerrando la puerta detrás de él.—¡Tienes que venir a ver quién nos visitó!
—Espero no incomodarlos con mi presencia a estas horas.—Musitó con un leve rubor en las mejillas la princesa, mirando a su alrededor los detalles de la acogedora casa, todo seguía igual a como lo recordaba.—Necesito hablar contigo, Goku.
—No te preocupes.—Sonrió amistoso invitándola con un movimiento de mano a que lo siguiera.—Ven, seguro no has comido nada…
Bulma sonrió melancólica, el hombre seguía siendo el mismo tal y como recordaba. Antes de dar un paso más escuchó a sus espaldas una exclamación aguda, pero tardó más en girar sobre su propio eje que al sentir como una menuda figura se lanzaba contra ella estrechándola en un abrigador abrazo.
Sus orbes azules brillaron con más fuerza ¡Cómo extrañaba a esa adorable pelinegra! Bulma no tardó en corresponderle ese armonioso abrazo a la mujer de Goku, incluso pudo escuchar como la madre de familia suspiraba con algunas lágrimas debido a la conmoción del momento. El corazón de Bulma se contrajo de ternura y felicidad, recordó sus propias palabras al decir que Kami-Sama la había olvidado en medio de esta guerra pero estaba tan equivocada, el se había encargado de alumbrar su camino con seres tan maravillosos como lo eran Goku y su familia.
—¡No lo puedo creer! —Chilló emocionada la peli negra abrazando con más fuerza a la princesa.— Pensé que nunca más te volvería a ver…—Se alejó de la peli azul sosteniéndola de los hombros, mirándola de pies a cabeza con sus ojos llorosos donde reflejaban tanta ternura hacia ella.— ¡Pero qué hermosa te ves, Bulma!
—Oh Milk, de verdad anhelé volver a verlos una vez más…—La sonrisa de la morena drásticamente se borró de su rostro dando a uno nuevo lleno de preocupación. Soltó a Bulma tal como si su piel quemara apartándose un par de pasos de ella. Bulma miró extrañada a la morena, para después mirar a su esposo quien pareció entender la repentina acción de su mujer, por lo que ahora la pareja inclinó su cabeza ante ella como un símbolo de respeto.—¿Qué pasa? ¿Por qué están actuando raro?
—Goku...—Milk se apartó junto con su marido, reflejando en su mirada pánico alguno.— ¿Cómo es que está aquí? Corre peligro…¡Debemos hacer algo!
—Lo sé Milk.—Respondió con una seriedad impresionando a la peli azul, pues jamás había visto una faceta como ella en el rostro del amigable saiyajin.—Debo comunicarme con Raditz y…
—¿Me pueden decir que está pasando?— La pareja nuevamente miró hacia la princesa quien lucía confundida por esa extraña actitud de ellos. Milk se mantuvo sobre su sitio en silencio, sin embargo Goku avanzó a ella marcando una línea de absoluto respeto.—¿Por qué están actuando tan raro? Oh…—Musitó preocupada.—¿Llegué en mal momento?
—No es eso princesa Bulma.— La peli azul parpadeó confundida ante las palabras de Goku ¿Le había dicho princesa? Ella no les había comentado nada sobre su verdadero origen, se presentó como una simple chica que solo deseaba llegar a las tierras del oeste.— Jamás será negada nuestra casa a usted, pero tiene que saber que su estancia en Vegetaseí corre peligro.
—¿Qué? ¿Princesa? Goku…¿Porqué me estás diciendo todo esto?
—Sabemos quién es en realidad, su majestad.—Ahora fue Milk la que cortó el mutismo, obteniendo la entera atención de la peli azul. —No la juzgamos ni nada por el estilo, pero la verdad salió a la luz y ahora su cabeza tiene precio ¡No puede seguir en Vegetaseí!
—¿Verdad? —Musitó consternada sintiendo como sus piernas temblaban en cada paso que daba. No sabía si era su imaginación pero tenía la sensación en que su sangre se le había congelado, pues su rostro tomó una palidez que no pasó por alto a la pareja.— No estoy entendiendo nada…yo...¿Porque dicen eso de mí?
La pareja volvió a guardar silencio, alterando con ello más los nervios de Bulma. ¿Por qué estaban tan raros con ella? Espero a que alguno le explicara la razón de todas esas palabras, pero ninguno se atrevía a dar una explicación. Los nervios pasaron a segundo plano, la principal sensación que ahora sentía la princesa del Oeste era malestar reflejándolo en sus ojos azules.
—¿Me van a decir que es eso que callan?
Goku notó la claridad de los sentimientos a flor de piel de la joven su mirada cristalina. Era una mezcla de ansiedad, enfado y miedo. Miró de lleno por última vez a su mujer, indicándole con complicidad en su mirada en que él se encargaría de llevar la situación. Milk por su parte agradeció ese gesto de su marido, pues el llanto de su hijo no se hizo esperar a lo que la madre acudió a él, dejando solos al saiyajin y a la princesa del Oeste.
Sin embargo para Bulma todo esto le estaba sacando más de quicio. No entendía tal hermetismo, podía tener una vaga idea de la cual estaban actuando tan extraños con ella, pero aún así eso no le daba la certeza alguna de poder tener un panorama más claro.
Nuevamente el saiyajin le indicó a que lo siguiera, conduciéndola hasta la cocina para que pudieran dialogar con más comodidad.
—¿Y bien? —Insistió la peli azul, reflejando en sus enormes luceros la duda en ellos.— ¿Hablarás?
—Usted corre peligro.—Habló el saiyajin con un respeto en sus palabras estremeciéndola por su formalidad al dirigirse a ella.— No puede permanecer más tiempo aquí en Vegetaseí, ¿Por qué regresó? ¿La obligaron? —La princesa parpadeó confundida, a lo que el moreno prosiguió inmediatamente al ver la duda en ella, pareciendo que había adivinado que era lo que ella quería saber.— Raditz nos mantuvo al tanto. Desde aquella vez que usted se ofreció a tomar mi lugar en el calabozo. De verdad créame que intenté abogar por usted. Incluso solicité una audiencia por el príncipe para defender la injusticia que habían hecho con usted, pero dicha audiencia jamás se me permitió.—Suspiró pesadamente.—Luego supe que Raditz a usted la estaba custodiando, por lo que Milk y yo siempre estábamos al pendiente de usted a través de lo poco que Raditz nos comentaba, ya sabe usted de antemano que mi hermano no es mucho de palabras pero lo poco que nos decía sabíamos que al menos no le habían impuesto una condena peor.
—A percepción de Raditz, no me espero menos.—Susurró con ironía al recordar los malos tratos que tuvo en el castillo.
—El príncipe Vegeta fue demasiado accesible con usted.—Bulma ávidamente lo miró, se pudo ver reflejado un destello de vida en sus ojos al escuchar el nombre del príncipe algo que Goku notó de inmediato esa reacción en ella.—Tiene una fama por ser alguien tan inflexible. ¿O la lastimó alguna vez? ¿Mi hermano exageró al decir que el príncipe jamás la trató como debía ser?
Bulma miró detenidamente al saiyajin frente a ella analizando su reacción. Era curioso, pero pudo notar un dejo de oscuridad en su mirada al interrogarle sobre sí Vegeta le había hecho algo en contra de su voluntad. Parpadeó confundida, era extraño ver el rostro de Goku con un tinte serio, por lo regular siempre mostraba una sonrisa y una energía tan amigable, pero ver esa faceta en él la estremeció. Tal vez sus planes si funcionarían como lo había pensado.
—Uh, bueno…no.—Susurró confundida la peli azul al no saber que responder con su interrogante.
—¿De verdad princesa? —Insistió.—¿Jamás la obligó a hacer algo? ¿Propasarse?
La mejillas de la peli azul se encendieron tal cual carmín. Entendía el punto al que se refería Goku, prácticamente le estaba diciendo que si fue su concubina o algo similar.
La vergüenza golpeó de lleno a su rostro, ¡Esto era embarazoso! Jamás le diría a su amigo que sí había pasado algo con el príncipe pero que aquello ocurrió solo porque ella estuvo de acuerdo todo el tiempo. Su cuerpo se encendió al recordar esos momento con Vegeta ¡Eso era avasallador para ella!
—No…¿Porqué él quisiera propasarse conmigo? —Musitó avergonzada la joven.
Ahora fue el turno en que el saiyajin se le tiñera las mejillas de bermellón. Lo miró a rascarse su nuca, dándole a entender con ese gesto que se encontraba nervioso con lo que estaría por decir.
—Las habladurías vuelan muy rápido.—Susurró no muy convencido el saiyajin.—Se dice que usted…usted era la querida del príncipe Vegeta.
—¿Qué? —El rostro de ella se encendió más, al mismo tiempo que aquella palabra pareció que había gritado pues tomó por sorpresa al hombre.
—Después de la muerte del príncipe y del rey Vegeta, Broly se encargó de esparcir rumores donde la involucraban con el príncipe Vegeta. Y no solo ello, desde antes se escuchaba que el príncipe había perdido la cabeza por una mujer extranjera…todos piensan que esta guerra se está dando por una mujer ¡Por eso usted corre peligro!
Bulma cada vez estaba más confundida. No entendía cada palabra del saiyajin, sumándole que había hablado lo último muy rápido por su nerviosismo. Para ella esto estaba más revuelto que antes, y lo que le había llamado mucha la atención era ¿Cómo es que Broly se encargó de esparcir un rumor como ese de ella? Sus enormes ojos azules se desorbitaron al ir uniendo lentamente las piezas del rompecabezas ¿Cómo es que él, se había enterado que había pasado algo entre ella y el saiyajin?
Mordió su mejilla interior dudativa, aún había muchas incongruencias de las cuales el saiyajin no empezaba por esclarecer. Miró fijamente al hombre frente a ella; sin duda alguna era mucho más joven que ella y a pesar de ello estaba ahí depositando la poca fe que le quedaba en alguien que tal vez podría ayudarla a derrotar a su familia usurpadora.
—Necesito que me digas todo Goku.—Exhaló una bocanada de aire cansada, le urgían respuestas, moverse lo más pronto posible.— Todo lo que está pasando, lo que hizo Broly…en cómo sabes que yo…yo…
—¿Qué usted es hija de Paragus? —Bulma abrió desmesuradamente sus ojos al escucharlo. Miedo era la palabra exacta para describir lo que se reflejaba en ellos. El cuerpo de ella se cimbró y el no pasó por alto aquella reacción en la mujer. No obstante, para la princesa que había tomado una posición en defensa por cualquier reacción del saiyajin lo único que obtuvo de él fue un gesto dulce y a pasible. Parpadeó incrédula, Goku le regaló la sonrisa más sincera y misericordiosa que jamás haya visto en el. La princesa aún a la defensiva miró con detenimiento al muchacho clavando sus enormes ojos azules en el ónix de él, intentando encontrar algún gesto que le dijera que pronto acataría, pero con forme los segundos avanzaban el saiyajin solo la miraba con clemencia.—No tiene porqué preocuparse, no diré nada. Sí antes no lo hice, mucho menos ahora.
—Goku…—Musitó perpleja.—Por Kami-Sama, yo….
—Si le soy honesto, yo siempre sospeché que usted huía de algo, podía ver el tormento en sus ojos desde aquel día que la rescaté de aquellos bandidos. Sin embargo jamás sentí que usted fuera un peligro.—Sonrió de nuevo.— Entiendo que haya mentido para ocultar su procedencia, pues con tan solo haberme dicho que usted provenía de Tsufuru ya era un peligro por lo que pude percibir su miedo.
—Lo siento.—Susurró apenas audiblemente la princesa, en sus ojos se apreciaba la conmoción. Podía oír los latidos desenfrenados de su corazón y con pena desvió su mirada.— Tal vez todo este tiempo actué egoísta, por mi afán de querer huir de ese…infierno, ha sido razón suficiente para que ustedes hayan obtenido la furia de Broly…si tan solo…
—No tiene porque darme disculpas. Usted llegó a este lugar sin saber exactamente donde era. El destino la trajo por coincidencia al pueblo enemigo. Yo creo que usted solo ha sido una más de los que han sido víctimas de toda esta guerra, y aún así ha sabido salir adelante sola.
Bulma le sonrió conmocionada, jamás esperó escuchar esas palabras provenir del saiyajin. Le inspiró una renovada confianza, porque podía ver en el hombre una mirada de orgullo hacia ella, expresándole que no temiera, la ayudaría en esta lucha hasta el final.
—¿Cómo supieron de mi identidad? —Habló de nuevo la princesa, con un poco de más seguridad en su voz.
—Después de la muerte del rey Vegeta y desaparición del príncipe. —El semblante alegre del joven se oscureció. Cerró sus puños conteniendo la rabia que sentía al ver la caía de su soberano, conmocionando con aquella reacción a la peli azul.—El príncipe de Tsufuru y su ejército nos tomaron por sorpresa. Atacaron de la manera más baja y ruin.—Suspiró pesadamente.—Aún me extraña cómo es que lograron penetrar a nuestras tierras sin ser antes prevenidos. Después de la muerte del rey, el príncipe Broly no se detuvo en terminar con todo a su paso. Han sido días difíciles, he obligado a Milk permanecer oculta junto con Gohan…jamás imaginé que el ejercito saiyajin fuera derrotado de esa forma.
—Pero…no tiene congruencia.—Musitó confundida.—¿No se supone que ustedes estaban llevando la delantera en esta guerra? Además, para que Broly pudiera atacar directamente al rey, antes tuvo que tener algún acceso para tomarlo desprevenido y…
—Es evidente que hay traidores.—Le interrumpió fríamente el saiyajin causando un escalofrío en ella al ver la frialdad y determinación con lo que mencionó.—Raditz ya me había comentado que había alguien detrás de todo esto. Por mucho que Broly posea de una fuerza abismal, no es suficiente para que haya podido atacar con demasiada facilidad, hay algo detrás de todo esto que estuvo calculado por años.
—Y ahora tiene a Tarble.— Se llevó sus manos a su rostro. Impotencia era lo que describía a ella y tan solo pensar que la verdadera causa de la furia de Broly era ella, se le revolvía el estomago. Inocentes estaban sufriendo las consecuencias, y todo por ella.—No entiendo cómo es que todo se salió de control…no puede estar pasando esto…
—Después de haber matado al rey no tardó en mandar inspeccionar cada lugar de Vegetaseí…en tu búsqueda.—La princesa alzó ávidamente su rostro hacia él, entendiendo hacia donde quería ir el saiyajin.— El llegó diciendo que él había atacado ya que los saiyajin se habían atrevido a tomar como rehén a su hermana. Después de ello no tardó en gritar a los cuatro vientos que el príncipe Vegeta había deshonrado a la princesa Tsufuru y que no tardaría en cobrar venganza…—Goku cerró por un par de segundos sus ojos, a pesar de la seriedad que estaba empleando para hablar Bulma notó como sus mejillas se tiñeron de bermellón. Se podía notar que le causaba incomodes abordar el tema que ella le incluía y no lo juzgaba, pues se sentía ella incluso peor.—Broly te mencionó, que no descansaría hasta encontrarte así tuviera que arrancarle los ojos a cada saiyajin de Vegetaseí. Poco después de la desaparición del príncipe Vegeta, Raditz me confirmó que en realidad eras hija de Paragus, que de igual modo el tampoco sabía de ello hasta que la muerte del rey Vegeta se empezó a divulgar todo. ¡Por eso le digo que corre peligro! —Su rostro alarmado sorprendió a ella, contagiando el mismo sentimiento a la peli azul.—Usted corre peligro aquí, cualquier otro saiyajin que la reconozca no dudará en entregarla ¡Debe irse!
—No puedo irme ahora…—Susurró nerviosa.—¡Necesito tu ayuda!
—La ayudaré a irse de aquí. Raditz me había dicho que usted se había quedado en Capsule. Iré a buscar un…
—¡No! —Le interrumpió poniéndose de pie de golpe.— No me iré. Precisamente me fui de Capsule en busca de ayuda ¡Hay que frenar a Broly! El no descansará hasta obtener lo que quiere y no solo es a mí. Quiere poder y en su sed de ambición no se detendrá en destrozar todo a su paso, ¡Pero antes necesito ayuda! Yo no puedo hacer esto sola…solo ustedes los saiyajin tienen la fuerza suficiente para detenerlo…Goku…
—Princesa…
—No Goku, tú no me trates así.—El moreno quedó en silencio sobre su lugar apreciando a la mujer, quien en su rostro se vio un dejo de tristeza.— Soy Bulma…Bulma Brief. Hija del rey West Brief, princesa de Capsule de las tierras del Oeste, no dé Tsufuru.—Ahora fue el turno del moreno en mirarla con asombro. Parpadeó confundido ante sus palabras, y antes de que el comentara algo, ella prosiguió. — Paragus me robó de mi hogar, me arrebató de mi familia solo para sus fines ambiciosos. El jamás me vio como una hija, no hubo día en que no dudara en hacerme sentir fuera de su círculo, y todo me quedó bastante claro aún cuando sabiendo que Broly tiene una seria obsesión por mí, jamás hizo algo para ayudarme.
—¿Usted no es…?
—No.—Sonrió con fuerza, sintiéndose por primera vez orgullosa de sus orígenes.—No soy una Densetsu, soy Brief, Bulma Brief. —Con su renovada fuerza, lo miró con detenimiento, extendiendo aún más la sonrisa en su rostro.—Y también soy tu amiga, Bulma, no quiero que me trates por un titulo de la cual no me siento acreedora. Solo soy Bulma.
Goku se limitó a permanecer el silencio analizando cada palabra escuchada por parte de la peli azul. Mientras tanto Bulma esperó paciente y la verdad cayó de golpe a ella. Ella era una Brief, princesa de Capsule ¡No una Densetsu! ¿Entonces porque seguir escondiéndose? La determinación que reflejaba en su rostro era única, ella sabía que encontraría la forma para detener a esa bestia, en nombre del su padre caído, alzaría con fuerza su apellido de nuevo.
—Trátame como siempre.—Le continuó.—Nada ha cambiado en mí….Goku…—Se acercó hasta el tomándolo de las manos, clavando sus ojos en los de él.—Necesito tu apoyo, hay que detener a Broly cuanto antes…
—¿Pero yo que podría hacer? —Susurró confundido.— Sí había alguien que podía detenerlo y ese era el príncipe Vegeta…sin embargo Broly lo mató ¿Cómo podemos equipararnos con una fuerza como esa, aún sabiendo que derrotó al príncipe?
—¡Vegeta no está muerto!
El grito de la peli azul desconcertó al muchacho, pues el dolor y angustia con lo que lo expresó fue demasiado claro para dejar una impresión en el saiyajin.
Bulma sintió un nudo formarse en su garganta, se estaba auto engañando, no quería creer todo lo que le decían de Vegeta ¡Se rehusaba! Algo en ella sabía que él seguía con vida, era como una conexión donde le indicaba que su príncipe seguía luchando en esta guerra llamada vida.
—Han pasado semanas desde la desaparición del príncipe Vegeta.—La peli azul giró sobre su eje para encontrarse con Milk quien sostenía entre sus brazos a su hijo, meciéndolo entre ellos.—Broly fue el que se encargó de decir la noticia por voz propia que él había matado al príncipe Vegeta.
—Raditz no ha descansado en salir en busca del cuerpo del príncipe.—Ahora depositó su atención en Goku, quien lentamente se puso de pie de su silla para posicionarse junto con su esposa e hijo.— Parece que la tierra se lo tragó. Y sí el príncipe llegó a sobrevivir al enfrentamiento que tuvo con Broly, dudo que sobreviva.
—¡No! ¡Me rehúso! —Sus bellos ojos agua marinos se empaparon de lágrimas. Negaba con su cabeza al escuchar a la pareja quien la miraba en total silencio y pésame. Torpemente regresó a la silla donde anteriormente se encontraba. No sabía si era producto de su imaginación o parecía que todo le daba vueltas, incluso su estomago se había tensando con mayor fuerza. Sus manos temblaron, no quería creer que eso fuera cierto cuando todo apuntaba que era la cruda realidad, no quería pensar en que jamás volvería ver a su orgulloso príncipe saiyajin.—Yo sé que está vivo…—Su voz se escuchó rota. Las lágrimas se esparramaron por sus tersas mejillas rojas, conmocionando a los presentes el dolor con el que su rostro hablaba.—Algo en mí me dice que él no ha perdido esta batalla…el sigue luchando por su vida…yo lo sé…
Goku miró de soslayo a su esposa, en ella siempre encontraba la inspiración para decir las palabras adecuadas en cualquier momento, pero sorpresivamente esta ocasión del mismo modo el mutismo había gobernado en ella. Cerró de nuevo sus puños con impotencia, quería salir a luchar, a dar frente a la bestia de Broly y su ejército, pero por otro lado estaba su familia. Estaba consciente en que no podía desampararlos, corrían peligro si los dejaba solos y no se perdonaría si algo les sucedía.
De la nada escucharon un par de golpes contra la puerta. Los tres giraron con sorpresa hacia donde provenía tal ruido y el pánico fue el protagonista en escena.
El saiyajin condujo a las mujeres hasta la recámara de visitas donde alguna vez pasó la noche Bulma, pues era el lugar más escondido de la casa, mientras que las mujeres presas del pánico se abrazaron la una a la otra protegiendo con sus cuerpos al más pequeño del hogar Son.
Bulma sentía las fuertes palpitaciones de su corazón rebotar contra su pecho, su cuerpo temblaba sin tener dominio propio en el. Abrazó con mayor fuerza a Milk, quien la mujer sostenía con fuerza entre sus brazos a su hijo. La princesa bajó su mirada hacia ellos y se sintió en aquel momento tan culpable, el miedo que reflejaba la morena era tan palpable que incluso la conmocionó. Fue entonces que su estomago se contrajo, pensando que tal vez alguien la pudo haber seguido y ahora sufrirían las consecuencias aquella familia de la cual la estimaba con demasía.
Le dolió como nunca ver el temor en sus amigos, pensar que ella era la causante de todo este desastre le carcomía el alma. Jamás imaginó que sentiría odio hacia alguien, un sentimiento tan venenoso, hostil y frío, odiaba a Broly, lo odiaba por ser la razón de sus temores, lo odiaba porque el simple hecho de existir y sabía que toda esta agonía no terminaría hasta que ese hombre estuviera muerto. Pero su mayor aberración era por Paragus, por ese ser desalmado sucio y ruin que incluso hasta estos momentos no se cansaba de perjudicar su vida por su avaricia.
Esto debía parar, porque así como los Son existían más familias que del mismo modo sufrieron de los estragos de los Tsufurujín. Estaba harta de vivir en el miedo, la incertidumbre, sabía que ella tenía la solución para detener a esa bestia infernal pero aún había una esperanza, aún existía un poco de luz antes de cometer su propio suicidio.
—¿Raditz?
Ambas mujeres se voltearon a ver después de escuchar a Goku pronunciar aquel nombre conocido. La tranquilidad volvió de nuevo a ellas dejando salir todo el aire de sus pulmones en una gran bocanada, no obstante esa sensación para la joven madre solo duró un instante pues al comprender quien era aquel invitado sabía que el panorama para su amiga peli azul seguía siendo peligroso.
Milk estuvo por advertirle a Bulma en que permaneciera en esa habitación hasta que ella le indicara cuando era prudente salir, pero tardó más en pensar aquello que ver como la peli azul saliera inmediatamente al encuentro de su cuñado.
Bulma ya no pudo ver el rostro alarmado de la morena quien intentó vanamente detenerla. Cuando menos se dio cuenta sus pasos ya la habían llevado hasta donde se encontraban los hermanos y con ello, su repentina aparición dejó atónito a los presentes.
—¡¿Tú?! — Raditz tambaleó sobre su sitio al ver a la peli azul, quien la mujer lo miraba con una determinación en sus resplandecientes ojos azules desconcertándolo un poco.—Cómo es que…¿Cómo?
—¡No digas nada Raditz! —Se adelantó Goku interponiéndose entre su hermano y la princesa, mientras que el soldado seguía sin quitarle la mirada a ella en un estado de incredulidad.— Tienes que escucharnos…
—¡Muévete Kakarotto! — Gritó molesto queriendo ir hacia ella, pero el saiyajin menor anteponía con su cuerpo una barrera entre ellos.— ¿Qué haces aquí? ¡No debiste volver!
—¡Contrólate Raditz! —Le siguió Milk, quien llegaba con su hijo en brazos mientras que el pequeño lloraba producto de los gritos de los adultos.— Todo tiene una explicación.
—¿Explicación? —Gruñó irónico.— Aquí no hay más que decir, esa mujer.—Le señaló acusador.— Hemos hecho de todo por ella, ¿Qué haces aquí? Todo lo que hizo el príncipe Vegeta fue en vano, ¡Esta lucha es por ti!
—He venido por su ayuda.—Respondió ella con seguridad, aunque en su interior le había calado las palabras de su antigua escolta.— ¡Broly no se detendrá! Tú sabes por cuenta propia lo que es capaz de hacer ese hombre. No podemos seguir esperando a que dé el golpe final ¡Solo ustedes pueden derrotarlo!
—¿Y pretendes que confié en tus palabras? —Vociferó el soldado con su demandante voz.— ¡Nos mentiste! Y ahora mi pueblo y mis soberanos han caído en tu nombre ¡Toda esta guerra es por ti!
—¿Mentir? ¡Cómo querías que les confiara algo tan peligroso para mí! No hubo día en que no me tuvieran en la mira y cuestionaran cada palabra que decía, en especial tú. Y a pesar de todo ello ¡Jamás hice algo en contra de ustedes! —Gritó enervada.— Mi única culpa fue haber querido escapar de ese infierno y haber dado en este lugar que ni siquiera sabía que existía ¡Pero oh claro! ¿Se preguntaron alguna vez como llegué hasta acá? ¡Yo solo quería irme muy lejos, donde no me lastimaran! Y el maldito destino me arrojó a este lugar. Estoy cansada de todo esto…—Su voz se rompió, bajó la mirada expectante de los presentes.—Ya me cansé de esconderme, de huir y vivir con miedo. ¿Hasta cuándo terminaran los días en que vea perder a los que amo? Tú más que nadie sabes que no soy hija de Paragus, solo fui otra más de sus presas para abastecer sus ambiciones. Tú viste como la reina de Capsule lloró al reconocerme…¿Cuándo será el día en que el miedo se esfume de mi vida? Ya me cansé, ya no quiero ver como a las personas que amo las alejan de mí, ya no más.
Raditz frunció sus cejas, se podía ver malestar en su mirada y aunque mostrara en su rostro molestia que era percibida a los presentes en su interior sabía que ella era otra víctima más de Paragus y su engendro, tal como le había comentado Nappa. Desvió su mirada hacia otro punto, no le gustaba verla a los ojos, eran tan claros y puros que le resultaban incómodos, pues él estaba acostumbrado a la frialdad y mentiras en su vida que chocar con esa mirada llena de verdad le era incomodo.
Sintió un suave roce contra su brazo a lo que inmediatamente giró en busca de esa pequeña caricia encontrándose con ella cara a cara. Abrió desmesuradamente sus ojos, nunca se percató en qué momento Kakarotto había dejado de ser una barrera entre ellos, solo ya tenía frente a él aquella mujer de la cual su príncipe luchaba en silencio por ella.
—Lo siento si jamás te dije la verdad.—El soldado miró hacia donde reposaban los finos dedos de ella sobre su brazo, provocando que con ese sutil gesto en el interior de él una descarga eléctrica lo recorriera de pies a cabeza.—A pesar de todo, depositaste tu confianza en mí cuando estabas en busca del traidor y con todo y nuestras peleas, siempre te he considerado mi amigo…Vegeta, Nappa y Tarble siempre supieron toda la verdad, si callé todo este tiempo era por el peligro que corría y aún así…de nada sirvió.
—El príncipe Vegeta te dejó en ese lugar para protegerte.—Se deshizo de su toque como si le quemara la piel, aunque en realidad solo lo desconcertaba.—Incluso dejó un escuadrón para resguardar Capsule mientras que él regresaba a pelear contra Broly…
—Debe regresar.—Intervino Goku.—Corre peligro ¿Podrías ayudarnos?
—No.—Su hermano lo miró con molestia, a lo que agregó.—No es prudente. El ejército de Broly acaba de llegar a las tierras del Oeste. No sé como ese malnacido se está enterando de todos nuestros movimientos pero por el momento el escuadrón saiyajin hará frente, sumándole a las fuerzas de los de Karin.
—¿Qué estás diciendo? —Musitó aterrada Bulma.— Cómo qué…
—Nos informaron como se están moviendo sus tropas. Hace dos días llegaron a las tierras del Oeste, van en dirección a Capsule.
Un grito ahogado se escapó de los labios de ella, se pudo escuchar el dolor desgarrador con el que dejó salir las lágrimas de sus azulados ojos. Atacarían de nuevo a su familia, su hogar, su gente.
Ansiosa, pasó de largó a su ex escolta para salir de la casa. Esto había sido demasiado, era evidente que Broly estaba rastreando sus movimientos y con ello estaba metiendo presión, todo lo estaba ganando él.
Antes de tan siquiera tomar el picaporte de la puerta sintió como la mano fuerte y grande de Raditz sostuvo con celeridad de su muñeca impidiendo dejarla huir. La princesa miró alertada al hombre, quien el mismo la observaba con desaprobación evidente en sus ojos oscuros.
—¿Qué estás pensando hacer? —Gritó energúmeno el soldado.—¡Si pones un pie afuera, todo lo que ha hecho el príncipe Vegeta por protegerte no habrá valido la pena!
—¡Suéltame Raditz! —Zanjó entre forcejeos.— ¡No puedo permitir que haga daño a mi familia!
—¿Y qué pensar hacer, eh? ¿Ir corriendo a él y decirle que por favor ya no haga más destrozos? —Replicó irónico.—¡No seas tonta mujer! Utiliza tu cabeza que tanto alardeas, no lograrás nada más que echar por la borda todo lo que el príncipe hizo por ti.
—¡Estoy harta de ver perder a los que amo! —Sus ojos llorosos incomodaron a Raditz, obligándolo a mirar a otra parte.—Primero mi padre, luego mi familia y ahora Vegeta ¡Ya basta!
La habitación se llenó del más tenso silencio. Raditz se cruzó de brazos mirando hacia una dirección contraria a donde se ubicaba la princesa, se podía ver molestia e incomodes en su rostro, incluso sus brazos lucían tensos bajo la vista que regalaba el hombre.
Por otro lado la pareja permaneció en silencio sin saber que decir o hacer. La forma en cómo la peli azul se rompía ante sus ojos los dejaban sin habla; era tan desgarrador y deprimente que incluso Milk se abrazó a su marido conmovida por el dolor que emanaba la joven princesa del Oeste.
Bulma sentía su cuerpo entero temblar de vil impotencia, quería encontrar una solución pero el panorama presentado era peor al que esperaba. Su estomago se revolvió, necesitaba vomitar, gritar, golpear lo que estuviera a su alcance para así poder sacar la rabia que sentía, y aún así con todo ello no lograría ni una cuarta parte poder expresar su furia interna.
Cerró con fuerza sus puños hasta el punto que sus manos se volvieron rojas, alzó su mirada atormentada con la esperanza de encontrar algo de apoyo pero para su asombro se encontró con rostros sin fe aparente. ¿Cómo le haría? Necesitaba apoyo, ella sola no podría con Broly y las únicas personas que realmente la podían ayudar en ese momento sus rostros expresaban todo lo opuesto.
—Debemos detenerlo.—Habló decidida la princesa, atrayendo la atención de los tres en la sala; cada uno sorprendiéndose por el coraje y valor que comenzó a brillar a través de sus orbes azules.— Sí quieren que esta batalla tenga honor, debemos atacar cuanto antes y yo no podré hacerlo sola ¡Necesito de su ayuda!
—¿Crees que no estamos haciendo todo lo que podemos? —Alegó ofendido Raditz avanzando hasta ella.— ¡Hemos perdido cientos de saiyajines que han luchado con honor! No sabes de lo que hablas.
—Sé muy bien de lo que hablo, Raditz.—Interrumpió enervada la princesa.—Me consta lo que el ejercito saiyajin está haciendo para detener a los Tsufurujín, pero para detener a Broly se necesita mucho más que eso.
—¿De qué hablas, Bulma? —Intervino por primera vez Goku, separándose un par de pasos de su esposa.
—Para terminar con Broly necesitamos mucho más que un ejército. Tengo un plan y para ello he venido hasta aquí….—Suspiró cansada.— Necesito ayuda para lograr esto. Broly a quien quiere es a mí ¿No es así? Pues lo obtendrá, yo iré a él, pero lo que él no sabe es que detrás de ello habrá un plan de ataque, uno que ni el mismo se dará por aludido…
—Eso es lo más estúpido que he odio.—Bramó el hermano de Goku.— Planeas ser la carnada, ese es el punto ¿No? Tú no podrás con ello, eres demasiado débil como para afrontarlo…
—¡Es por eso que necesito su apoyo! —Saltó embravecida, cansada de que nadie entendiera su punto.— No puedo seguir viviendo encerrada, escondiéndome en cada maldito lugar para que el no me encuentre mientras miles de inocentes mueren por su obsesión. ¡Aún hay que rescatar a Tarble! Broly está jugando con todos, su único objetivo es empujarme a su encuentro sin que el menee un dedo más…y lo obtendrá, pero lo que él no tiene en cuenta es que yo tengo una cuartada. El piensa que los saiyajin me odian desde que se encargó de desprestigiarme, el sabe que solo cuento con el único apoyo de Capsule y por ello ha ido a reprimirlos…por ello lo tomaremos por sorpresa.
—¿Qué es lo que debemos hacer? —Susurró confundido Goku, cruzándose de brazos frente a su pecho pensativo.
—¡Yo no pienso apoyarte! —Nuevamente interrumpió Raditz, ganándose una mirada enfurecida de la peli azul. —No tienes una idea de cómo funciona esto, lo único que ocasionarás será nuestra muerte.
—Raditz, piénsalo…¿De verdad has visto que los saiyajin estén avanzado? —Prosiguió Goku en un tono sereno, en comparación de los demás que lucían exaltados.— Tú mismo me lo dijiste, desde la desaparición del príncipe Vegeta con Parsley al frente no se ha logrado grandes avances. Cada día que pasa estamos perdiendo, unos a otros se matan pero nadie ha dado con Broly…yo…—Musitó inseguro.— Yo tampoco quiero seguir viviendo con el miedo de que a mi familia le pueda pasar algo. Ya me cansé de tener que escondernos ¡ Quiero pelear! En nombre de cada saiyajin muerto, en nombre del rey…y del príncipe Vegeta.
—Sé que lo que les propongo es arriesgado.—Agregó un poco más calmada Bulma, aunque en sus ojos expresaban un brillo debido al salto de fe que le regaló su amigo Goku.—Pero si queremos parar con todo esto, la única manera de dar con Broly es a través mío. Sé cómo llegar a él, cómo podemos perpetuar Tsufuru sin dar aviso de nuestra presencia. Debemos tomarlo por sorpresa y rescatar a Tarble. Pero yo solo no podré hacer esto…—Raditz la miró fijamente a sus ojos, siempre le llamó la curiosidad que aquella mujer hablaba incluso con la mirada pues expresaba todas las emociones a través de ella, y en ese preciso instante incluso él mismo se sintió contagiado por la fuerza que ella trasmitía en esa renovada fe de lucha.— Son mi única esperanza…
Raditz se alejó lo suficiente dándole la espalda a los presentes, mientras que Goku quien seguía permaneciendo cercano a su esposa, avanzó hasta Bulma expresándole en su mirada una confianza que incluso le arrebató una sonrisa a la princesa. Ella podía ver a través del moreno la determinación, donde que al principio se veía la indecisión ahora daba paso a convicción.
—Cuenta conmigo.—Espetó el muchacho ganándose una amplia sonrisa de la princesa, notando como sus orbes brillaron con fuerza al escucharlo, la esperanza volvía a ella. —Pelearé hasta el final, para proteger no solo a mi pueblo si no a mi familia.
—Goku…—Susurró angustiada Milk, ganándose la mirada de su marido y Bulma.—¿Estás hablando en serio? —Tembló sobre su sitio al ver la seguridad en su esposo, y de alguna extraña manera le pareció ver un brillo jovial por ir a esa tan planeada batalla.—No…no puedes…¡No quiero perderte!
—Debo ir.—El saiyajin en una postura tan seria se acercó a ella para tomarla de los hombros. En Milk se podían ver lágrimas en sus ojos negros, miedo y desesperación. Ella no pudo contenerse más y se arrojó a la calidez de su pecho, rezándole a todos los Dioses en que esto fuera una sola broma de su esposo.— No me quedaré de brazos cruzados esperando el momento en que a ustedes los maten. Antes daré lo mejor de mí, prometo que vengaré cada muerte y velaré su bienestar. Tú y Gohan son lo que más me importa y no permitiré que los lastimen.
—¿Cómo estás tan seguro que funcionará?
—No lo sé, solo sé que confío en Bulma.—Sonrió volteando hacia la peli azul que observaba la escena amarga en silencio.—Tiene un plan poderoso, peligroso pero que puede ser incluso más efectivo de lo que están haciendo las tropas saiyajin.
—No quiero perderte…
La morena se aferró más al cuerpo de su marido, obteniendo con ello un abrazo que la envolvió por completo bajo esa pared de acero del saiyajin.
Bulma escuchaba los sollozos de ella e inmediatamente un sentimiento de culpa la invadió por completo. Ver a Milk en ese estado la dejó helada, luego pensó en el hijo de la pareja, sintiéndose tan egoísta por haber llegado con los Son implorando su ayuda. En su necesidad por querer detener a Broly dejó de lado muchos aspectos, y entre ellos se encontraban la morena y su hijo.
—Sí esto no funciona…te juro que…maldita sea.
La princesa dirigió ávidamente su atención hacia la ronca voz que pronunció aquello. Arqueó confundida sus cejas al no entender las palabras de su ex escolta, pero solo le bastó cruzar mirada con la de él y poder descubrir en ella de lo que él quería comunicarle. No pudo evitarlo, el destello de esperanza en sus ojos brillaron con total fuerza, una renovada energía creía en ella y las ganas de ir en busca del malnacido de Broly ahora se sentía mucho más segura.
—Entonces…—Musitó atónita.— ¿Me apoyarás?
Raditz mantuvo su mirada sobre la de ella bajo un silencio que logró incomodar a la princesa. Se podía ver como el soldado debatía entre hacer caso a su instinto o a su razón. La situación que estaban enfrentando era demasiada delicada, estaba cansado de ver perder a su raza en manos de seres como Broly o su padre.
Frunció molesto sus gruesas cejas, el estaba consciente que no durarían más y bajo el cargo del incompetente de Parsley las cosas se mostraban mucho más turbias. Profundizó con mayor intensidad su mirada hacia la de ella, chocando contra ese par de orbes tan grandes y deslumbrantes, eran demasiado azules, los ojos más claros que alguna vez el pudo haber visto, y de cierta forma, lo más puros y nobles pues podía notar que la esperanza depositada de ella en él era totalmente genuina.
Cerró por un par de segundos sus ojos, dejando escapar una bocanada de aire pesadamente. Tal vez si la escuchaba…su idea incluso le resultaba mucho más efectiva que los mismos planes de Parsley, aunque no dejaba de ser peligrosa.
Con determinación la volvió a mirar, esta vez quedándose congelado sobre su lugar sintiendo como una descarga eléctrica le recorrió su cuerpo, pues siempre había encontrado en Bulma una especia de magnetismo que le daba un singular poder del que ella misma desconocía. Al mismo tiempo le golpeó una pregunta que siempre le había impacientado ¿Por qué el príncipe Vegeta estaba haciendo todo esto por ella? Y del mismo modo el solo se respondió; porque ella era especial, por esa mujer valía incluso la pena morir.
—Quiero cobrar venganza, por mi pueblo, mi rey, por nuestro orgullo saiyajin.—Respondió el hombre, alzando su barbilla con superioridad.— Sí tú eres la única forma de llegar con esa bestia, aunque me sea desagradable, aceptaré ir contigo.
La sonrisa en el rostro de ella fue la respuesta a todo. Brincó emocionada hacia el soldado para abrazarlo de su fuerte pecho, provocando que él se desequilibrara de su posición y no fue tanto por el peso de ella, si no por la repentina reacción de la mujer que lo puso en alerta.
Con las mejillas en tonos bermellón, Raditz la alejó de él como si con tan solo rozarla quemara, mientras que Bulma aún con la felicidad invadida en su cuerpo retrocedió un par de pasos para verlo con ese peculiar brillo en sus ojos, dejando por un par de segundos deslumbrado al soldado al presenciar semejante belleza emanar de ellos.
—¡Debemos movernos ya! —Inquirió Bulma, mirando tanto a Raditz como a Goku.—No podemos perder más tiempo.
—Antes llevaré a Milk y a Gohan a la casa de mi suegro.—Añadió Goku bajo la atenta mirada preocupada de su esposa.—No puedo dejarlos solos. No tardaré, la casa del señor Ox Satán se encuentra a veinte minutos de aquí.
—Partiremos mañana.—Nuevamente la ronca voz de Raditz atrajo la atención de los presentes, en especial de la peli azul que lo miró con demasiada confusión.— No puedo ir contigo por el momento.
—¿Cómo? —Musitó ininteligible la princesa.
—Vine por un poco de provisiones. Pero debo irme, no descansaré hasta encontrar el cuerpo del príncipe Vegeta ya sea vivo o muerto. —Suspiró pesadamente, encontrándose con el asombro en la mirada de ella, el estaba consciente del impacto que tendría aquello en la peli azul, y al ver como el rostro de ella se iluminó con esas palabras todo le quedó más claro.—Todos lo han dado por muerto, pero no descansaré hasta encontrar su cuerpo y que tenga una digna sepultura. Por ello vine aquí, mi rumbo quedaba la casa de Kakarotto y necesitaba algunas provisiones.
—Vegeta está vivo.
Los tres miraron escépticos a la joven peli azul. La convicción con la que pronunció esas tres palabras lograron impactas a los presentes en la sala.
Ella por su parte, sintió como su corazón latía con fuerza, sus manos incluso temblaban ¡Se resistía a la idea de no saber más del príncipe saiyajin! Ella tenía una corazonada, había algo en su interior que le decía que el estaba más vivo que nunca, y al escuchar que Raditz estaba en búsqueda de él una vehemente necesidad por ir en su busca emergió de su pecho.
—Yo sé que él sigue con vida…—Susurró detenidamente.— Él es demasiado fuerte como para perder la vida en manos de Broly…yo sé que él sigue luchando…—Dirigió sus ojos azules a los oscuros de Raditz, que seguía estoico sobre su lugar al escuchar la determinación en las palabras de ella.—Iré contigo, buscaremos a Vegeta.
—Es peligroso.—Se adelantó el soldado, mostrando una leve preocupación en su rostro, algo no muy habitual en él y mucho menos en motivo a ella.— Y no pienso irte cuidando, solo atrasarás más mi camino…
—¿Más peligroso que enfrentar a Broly? —Saltó ella enérgica.—¡Iré contigo! No puedo quedarme cruzada de brazos, ¡Vegeta puede estar agonizando! Necesitamos encontrarlo lo más pronto posible…
—En ese caso, yo también pienso ir.—Intervino Goku, con ese toque emocionado en su voz, tal como si fuera enfrentarse a la aventura más grande su vida. Bulma lo miró emocionada, mientras que Raditz solo le regaló una mirada desaprobatoria.— Debemos apoyarnos, hermano. Y del mismo modo protegeré a Bulma, tengo un compromiso con ella.
—No lo sé…
—Encontraremos a Vegeta.— Soltó de nuevo segura ella.— No descansaré hasta encontrarlo . Iremos contigo quieras o no.
Restregó su rostro entre sus manos. Se sentía tan cansada y tensa, había perdido el apetito y el sueño. Su rostro lucía tan demacrado que cualquiera que la viera nadie la reconocería a cómo ella era antes.
La tristeza se podía ver reflejada en sus rostros como la preocupación. Cada día que pasaba la ansiedad crecía en ella ¿Por qué Bulma habría tomado una decisión como esa? Lo primero que le vino a la mente es que ella fue en busca del príncipe Vegeta al enterarse de su muerte, pero inmediatamente descartó esa hipótesis, pues no le encontraba sentido en que se expusiera de esa manera y menos a un lugar donde estaba marcada como la principal traidora y razón del estallido de esa guerra.
La siguiente idea aún le aterraba más que la primera ¿Su hermana era capaz de ir hasta Tsufuru para enfrentarse a Paragus y su hijo? De tan solo suponerlo su cuerpo temblaba, incluso su estomago se revolvía de la impotencia al sentir esa ansiedad por la forma en cómo se encontraba en riesgo la peli azul.
Había pasado ya una semana desde que Bulma dejó Capsule, el miedo que sentía Tights por su hermana menor era su pan de cada día. Hacía todo lo posible para buscarla, tanto así que mandó parte de su guardia a rastrear las rutas de los barcos que zarparon aquel día, y con toda esa información no le era suficiente para dar con el paradero de la peli azul.
Sumándole al temor que sentía de haber perdido de nuevo a su hermana, su madre fue la que reaccionó peor ante esa situación. Al principió intentó ocultarle la verdad pero la reina no era tonta, ella preguntaba por su hija y al descubrir que se había ido de su lado la mujer cayó en una depresión al punto en que perdió el apetito por completo.
Panchy Brief en una sola semana se deterioró por completo, no quería salir de su habitación, no quería hablar con nadie y mucho menos con Tights. Lo peor de todo es que su estado de salud era delicado y ahora con la desaparición de su hija, tanto su estado de ánimo como su cuerpo se veían bastante mal.
Tights quería gritar, quería de alguna forma desquitar la tensión que cargaba día a día. Por una parte estaba Bulma, por otra el estado de salud de su madre y encima sumándole a la ecuación su reino que estaba en peligro por la guerra. Ella desde niña había cargando con el peso de todo, intentaba ser fuerte, ser el reflejo de aquellos que necesitaban un sostén, pero esta vez estaba siendo diferente. Estaba cansada, cansada de llorar, de vivir en agonía, de cargar con todo ella sola. Y quería venganza, matar a ese ser miserable que se encargaba en cada momento de arrebatarle lo que más amaba, Paragus debía pagar por todas sus atrocidades.
Las campanas del pueblo comenzaron a replicar con insistencia. En un primer momento ella no lo percibió ya que se encontraba sumergida en sus pensamientos, pero las fuertes pisadas del corredor la hicieron salir de su trance emocional.
La puerta de la biblioteca se abrió de golpe de par en par, dejándose mostrar a su esposo que lucía perturbado. Los ojos índigo de ella se alzaron rápidamente hasta encontrarse con los marrones de él, y al ver el miedo reflejados en ellos, ella se paralizó por completo. El sonido de las campanas llegó a sus oídos, penetrando de una forma irritable al punto en que sentía punzadas en su cabeza.
Su corazón latió con fuerza desmedida, se acerco tan pronto como pudo a su marido que lucían tan aterrado como ella. Su piel se erizó por completo al tocar las manos frías de él, trasudaban y temblaban, a lo que ella se contagió de aquel sentimiento.
—Están aquí…—Susurró el príncipe Upa, sosteniendo con mayor fuerza las manos de su mujer entre las suyas, cómo si pretendiera de esa manera darse valor a cada uno.— Llegó el ejercito Tsufurujín…
—N-no…¡No podemos! —Gritó aterrada.— Avisa al general Tenshinhan que prepare la artillería…tenemos que…
—Debemos llevarnos a tu madre…—Musitó intranquilo su marido.—Vienen por ella.
—¿Qué…?
Pronto se hizo escuchar cómo eran atacadas las murallas del castillo, cientos de soldados desfilaban hacia la entrada principal para hacer frente y los gritos dieron paso para infundir temor.
Tights corrió hacia la ventana que daba hacia el exterior de los jardines. Veía que sus hombres estaban lidiando con las fuerzas Tsufurujín. Deseo poder decir algo, gritar aunque sea pero un nudo se formó en su garganta, su estomago se tensó de tal forma que las nauseas la invadían y ahora sus piernas se volvieron pesadas…estaba aterrada y su cuerpo se encargaba de expresar su temor bajo el temblor de él.
Las grandes puertas del castillo se derribaron para dejarse mostrar a las tropas de Paragus, y con ello los ojos desorbitados de Tights gritaron lo que su boca no podía hacer.
Miedo, solo podía sentir eso.
Llevaban dos días caminando en las profundidades del la parte boscosa de Kamenin. Era un lugar algo retirado de Vegetaseí, la distancia entre ambos lugares te hacías mínimo un día a pie o seis horas a caballo, pero debido a las condiciones en cómo se encontraban los saiyajin y la princesa su recorrido se veía mucho más lento.
Tanto Goku como Bulma se guiaban de Raditz. El soldado les había indicado de todos los lugares posibles que pudo haber dado el cuerpo del príncipe, guiándose de acuerdo por donde desembocaba el rio pues por lo entendido, lo último que supieron de Vegeta es que enfrentó a Broly cerca del rio que iniciaba por la montaña Paoz.
Por lo que Kamenin era el siguiente lugar del mapa, lo que no contaron es que esa una zona selvática por lo que era más difícil de encontrar algún indicio de vida civil que los pudiera auxiliar con la búsqueda del príncipe.
La noche había caído en aquel lugar, a pesar de que el clima era bastante húmedo y bochornoso, se podía rescatar que el cielo estrellado en esa parte del planeta lucia más bella que nunca, o al menos así lo veía Bulma. La princesa se dejó caer de golpe al suelo, recargando su espalda contra el árbol más próximo para reposar un poco, pues estaba siendo más cansado de lo que imaginó y su cuerpo estaba cobrando factura de ello.
Fijó su mirada aguamarina al fuego frente a ella, el calor se sentía más infernal debido a la fogata, pero era necesaria ya que debían alimentarse lo más pronto posible pues llevaban ya día y medio sin probar bocado alguno. Goku se había encargado de salir a zar algo, dejando a ella a cuidado de Raditz.
Cerró sus ojos cansada, no había noche en que al realizar tal acción deseaba con fuerza en que al momento de abrirlos despertara en su hogar, junto con su familia, rodeada de la tranquilidad de Capsule. Deseaba que al abrir los ojos todo esto fuera una pesadilla, que en realidad jamás existiera ni Paragus, ni Broly, deseaba tanto poder despertar y no tener miedo de vivir más a escondidas de ellos…y también estaba Vegeta, deseaba con todas sus fuerzas despertar a su lado, rodeada de su cálido cuerpo, oliendo exquisita aroma que el desprendía, poder tocar su rebelde cabello azabache y mirar a esos ojos tan negros que le erizaban hasta la médula ósea…quería estar con él, solo con él.
Dolorosamente abrió sus ojos, encontrándose frente a ella una fogata que danzaba bajo la noche calurosa de aquel lugar. A su alrededor podía divisar extenso follaje verde, troncos con la cuales mantenían vivía la fogata…y ella sola, bajo la inmensidad de la noche. Sintió cómo sus ojos se empañaron de lágrimas, tenía miedo, miedo de que sus planes no funcionaran como ella creía, de exponer a sus amigos, a su familia, de no volver a ver a Vegeta. Deseo cómo nunca la muerte de esos dos miserables, su odio por ellos iba en ascenso, eran unos seres tan repugnantes que el simple hecho de recordar que alguna vez intentó obtener algo de afecto de ellos, se le revolvía el estómago de puro asco.
—Al parecer el imbécil de Kakarotto se le complica cazar algo decente, o tal vez a él ya lo cazaron.— Escuchó decir a Raditz quien entraba entre la oscuridad de la selva con más troncos para avivar la leña.— Está tardando mucho.
—Dudo que encuentre algo, ya es tarde.—Musitó ella, se veía cansada pues en su voz se escuchaba pasividad, algo no común en ella.—Lo mejor será por la mañana buscar algo.
—Por mi o por Kakarotto no hay problema, podemos durar más días sin comer. En cambio tú mírate, no resistes un solo día, eres una debilucha.
—Es por eso que quiero pedirte un favor.—Interrumpió ella sorprendiendo al moreno, pues él esperaba una reacción enojada de ella por su comentario, pero por muy al contrario de ello, solo obtuvo una mirada pasiva. —Quiero dejar de ser débil, de depender de que me salven ¿Me entiendes? Quiero saber cómo enfrentar a quien sea…a saber defenderme de Broly.
—¿Y qué tengo que ver yo en eso? —Susurró escéptico, cruzándose de brazos.—No es mi culpa que seas indefensa.
—Quiero que dejen de pensar eso de mí —Se puso de pie avanzando hasta él, sorprendiéndolo nuevamente por esa actitud firme, la hacía ver mucho más poderosa, más fuerte, más hermosa. —Quiero que me entrenes, al menos saber manejar una espada, saber cómo dar en puntos débiles…de acuerdo a mi plan que tengo con Broly, para que se pueda llevar a cabo debo antes saber defenderme ¿Me ayudarías?
Se alisó un par de veces los pliegues que se formaban sobre sus piernas, se podía ver un poco apenada pues no era común ni bien visto que una mujer usara de ropa masculina, como lo eran un par de simples pantalones y camisola.
Deseaba poder tener un espejo próximo a ella, le causaba mucha curiosidad cómo lucía usando ese atuendo, y aunque iba en contra de los protocolos con los que creció, encontró que esa vestimenta era mucho más cómoda que los pesados vestidos con corsé que usaba a diario. Ajustó por última vez el pedazo de tela sobre la camisola dándole alusión a un cinturón, pues la ropa de su amigo Goku era evidentemente grande comparada con su menudo cuerpo, pero mucho más flexible que las armaduras de Raditz.
Salió de las sombras para encontrarse con el impacientado saiyajin que llevaba vientre minutos dando vueltas alrededor de la fogata. El estuvo a punto de gritarle, pero al tenerla frente a él todo los improperios por su tardanza se esfumaron por completo. La menuda princesa portaba de unos pantalones holgados de color café, con una camisola blanca que lucía remangada y un trozo de tela roja sujetaba las prendas alrededor de su ceñida cintura para que estuvieran más ajustadas a su cuerpo.
Definitivamente no era nada femenino lo que ella usaba, pero curiosamente encontró que aquella mujer seguía luciendo hermosa aún sí usara solo un costal de papas.
Apenada por la forma en cómo él la veía, decidió cortar con ese contacto visual, imaginó que él se estaría burlando interiormente pues no era propio de una dama usar algo como ello, pero la verdad es que los pensamientos del soldado distaban mucho de ello.
—¿Podemos empezar ya? —Inquirió nerviosa y molesta, comenzaba a arrepentirse de haber tomado prestado la muda de Goku.
—Sí…—Susurró confundido, a lo que el parpadeo rápidamente para tomar una espada y entregársela a ella, quien gustosa la aceptó.—Solo que hay un inconveniente.—Ella dejó de mirar maravillada la espada para verlo a él con una mueca de asombro y curiosidad.—Tu cabello es muy largo, te será incomodo manejarte con él. Debes amarrarlo como el mío o cortarlo.
La peli azul inmediatamente se llevó su mano libre a su cabello ¿Cortarlo? Era cierto que era demasiado largo, le llegada a la cintura y por obvias razones difícilmente podría manejarse con ello estorbado en su cara en cada movimiento.
Una opción era amarrarlo, era fácil hacer ello…pero pensó bien el sentido profundo que abarcaba hacer algo tan simple como cortarlo. Su hermoso, azulado y largo cabello era muy representativo para ella, muchos años se había encargado de cuidarlo, no se trataba de algo superficial o banal, simplemente era parte de su esencia, de su persona, era la representación de lo que ella fue en un paso…
Entonces la idea de cortarlo no le pareció mal, pues aunque para cualquiera pudiera parecer que lo hizo por comodidad, lo que en realidad representaba era un nuevo cambio en su vida. Quería empezar todo de nuevo, dejar esa Bulma llena de temor que vivió encerrada en Tsufuru por muchos años. Bulma Densetsu había quedado atrás, ahora Bulma Brief gritaba querer tener justicia, tener libertad, ser independiente.
Tomó la espada con fuerza entre sus manos, se arrodilló lo suficiente para tener soporte en su acción, mientras que con la otra mano libre sujetó en forma de coleta el largo de su cabello. Estaba dispuesta a dejar todo ese pasado doloroso atrás, en todos los ámbitos, y si quería cambiar debía deshacerse de todo aquello que le recordara Tsufuru, y una representación era su cabello. Cerró sus ojos armándose de valor, y en un rápido pero certero movimiento, con el filo de la espada cortó los largos mechones dejándolos esparcir sobre el suelo.
Su corazón latía con fuerza desmedida, incluso podía sentir sus manos sudar y temblar, pues al ver sus largos mechones azules sobre sus piernas sintió un estremecimiento en todo su cuerpo, y extrañamente se sintió tan bien hacer eso…se sintió libre.
Sonrió nerviosa y excitada, era una sensación difícil de explicar pero ahí estaba ella, más decidida que nunca a dejar el miedo atrás. Se puso de pie bajo la asombrada mirada del saiyajin, el hombre no esperaba que ella hiciera algo como ello. La miró con su nuevo corto de cabello que lucía corto, llegándole apenas a los hombros. Y maldita sea, seguía luciendo igual o más hermosa la bruja azul, sumándole que incluso juro ver a una enérgica princesa frente a él, no, mejor que eso…una digna guerrera.
—Estoy lista.—Sonrió orgullosa, alzando la espada frente él.— Demuéstrame todo lo que sabes.
Jadeó cansada, dejándose caer de bruces al suelo cayendo de boca arriba. Su pecho subía y bajaba aceleradamente, sus piernas temblaban así como sus brazos los sentía tensos, pero la satisfacción que reflejaba su rostro lo decía todo.
El saiyajin por su parte se sentó junto a la fogata mirándola, esa mujer siempre lograba impresionarlo, era impredecible, llevaron dos horas entrenando, claro enseñándole movimientos básicos y para mayor de su sorpresas ella aprendía muy rápido, sin duda alguna su inteligencia radicaba en muchos sentidos.
Decidió dejarla descansar un poco, la mujer lucía cansada parte por la falta de alimentación, pero además su cuerpo menudo resistía poco, por lo que primero debía tener condición para soportar más la tensión de los enfrentamientos.
El estuvo a punto de burlarse de ella al verla reposar sobre el follaje, solo con el único afán de molestarla cómo era de costumbre, pero unos extraños ruidos del interior de la selva hicieron que borrara su sonrisa ladina para dar paso a un rostro serio y calculador.
—Te dije que te impresionaría.—Alardeó orgullosa la princesa, siguiendo en la misma posición boca arriba.—No soy tan débil como creías, bueno como todos cre…
—¡Shh! Silencio…—Susurró cautivo poniéndose de pie, tomando su espada entre manos con una posición de ataque.
—¡Oye! ¿Por qué me callas? —Gritó ofendida la peli azul enderezándose para mirarlo con sus delgadas cejas fruncidas.—Todos los saiyajin son igual de groce…
—¡Silencio! —Le cortó nuevamente, mirándola con total reprensión.— Estamos rodeados…
—¿Qué…?
Antes de que ella pudiera completar su interrogante, saltaron a ellos un grupo de hombres armados acorralándolos por sorpresa. Bulma como pudo gateo hasta llegar con Raditz, quien el saiyajin ya había hecho un barrera con su cuerpo para protegerla, pero era evidente que ellos dos contra al menos veinte hombres no lograrían mucho.
Lo último que vieron antes de tan siquiera poder defenderse, fue como aquellos hombres los tomaron como rehenes, encapuchándolos de las cabezas para que no vieran a donde fueran trasladados.
Ninguno de los trucos de defensa que le enseñó Raditz a Bulma le fue efectivo en aquel momento.
Sintió como su cuerpo se azotó con fuerza a una superficie dura. Por más que gritara o se remolinara logró zafarse de sus captores. Intentó esta vez arrastrarse por el suelo al sentir la superficie rígida, pero una fuerza opuesta a ella la arrastró de nuevo hacia donde se encontraba, obligándola a gemir de dolor.
De golpe le arrebataron la capucha con la que su cabeza iba cubierta, dejando que el fuego frente a ella golpeara su vista debido a las sombras que permaneció cautiva al menos media hora. Miró llena de pavor a su al redor, con la esperanza de encontrarse con Raditz, y efectivamente le se hallaba junto a ella, pero la diferencia es que el hombre cuando le fue arrebatado la capucha, lucía inconsciente.
Abrió desmesuradamente sus ojos, ¿Lo habían matado? Sus ojos se llenaron de lágrimas y estuvo a punto de gritar, no obstante una imagen frente a ella la dejó paralizada.
—Bulma.—Le saludó Goku, quien también lucía amarrado de sus extremidades cómo ellos, mirándola con una sonrisa tranquila que la desconcertó ¿Cómo podía estar así cuando su hermano estaba muerto? —No te preocupes, el está bien. Lo golpearon porque se resistía mucho, pero despertará dentro de poco.
—Goku…¿Qué hacemos aquí? ¡¿Por qué nos trajeron?!
—No sé.—Musitó confuso.—Cuando me captaron escuché que ellos mencionaban que debían protegerse…y también cuando lo noté ya estaba en este lugar, aunque no sé…no parecen malas personas…
—¡Solo a ti se te ocurre pensar de esa forma! —Bramó molesta la peli azul.
—¡Ustedes dos! —Tanto Bulma como Goku miraron hacia el hombre que se acercaba ellos. Era bastante bajito y calvo. No era viejo, de hecho era joven, se veía como de unos veinte años o menos, pero a pesar de ello poseía de mucho carácter en su forma de hablar.—No tienen derecho de hablar, no hasta el que viejo Muten Roshi de su veredicto final.
—¡No tienen ustedes el derecho de hacernos esto! —Gritó la princesa, ocasionando que el joven retrocediera sorprendido un par de pasos por la furia de la mujer.—¿Por qué nos han traído a este lugar? ¡¿Qué quieren de nosotros?!
—Ustedes son saiyajines…—Bulma pudo percibir desprecio en las palabras del joven y al mismo tiempo temor, incomodándola un poco por la forma agresiva con la que la retaba con la mirada.—No dejaremos que usen nuestros territorios para la guerra, somos una comunidad pacífica ¡No queremos que los Tsufurujín lleguen a nosotros! Ustedes lo saiyajin solo los atraen, así que tendremos que deshacernos de ustedes si es necesario…
—¡Nosotros no queremos hacerles nada! —Nuevamente alegó ella, pero más que molesta, se pudo ver algo temerosa.— No estamos de parte de los Tsufurujín, ¡Ni siquiera sabíamos que ustedes existían!
—¡Mentira! —Vociferó el chico.—No les creeremos más, nos hemos estado escondiendo de todos ustedes, perdimos nuestro pueblo por su maldita guerra y ahora vivimos escondidos en medio de la nada ¡No creeremos de nuevo en ustedes!
—¡Pero no! Escucha…
—¿Qué pasa aquí?
Todos guardaron silencio al escuchar la avejentada voz. El joven que segundos antes se veía agresivo con la princesa inmediatamente tomó una actitud de sumo respeto ante el hombre que salía de su tienda. Era anciano, bastante a decir verdad. Portaba de un bastón de madera, de con flexión delgada y posición encorvada.
El viejo llegó hasta ellos, mirando sus rehenes con detenimiento, pero mayormente en la princesa.
—¡Muten Roshi! —Habló el joven, colocándose a su lado.—Los encontramos a las orillas del rio. Son saiyajines. Por lo tanto, se convierten en sospechosos.
—Vamos Krillin, no seas tan alarmista.—Continuo el viejo acercándose a Raditz que lucia inocente.— ¿De verdad tuvieron que noquearlo?
—¡No dejaba de protestar! Además es bastante fuerte y grande…
—¿Quiénes son ustedes? —Inquirió el anciano mirando a Bulma y a Goku.—Vaya, lucen muy cansados y débiles.
—Más bien ¿Quiénes son ustedes? —Rugió Bulma con braveza. El viejo sonrió al ver la valentía con la que lo estaba desafiando, mientras que el joven abrió desorbiados sus ojos ante semejante falta de respeto a al hombre.
—Oh, mi nombre es Muten Roshi, líder de los pocos sobrevivientes de Kamenin. El es mi mano derecha, Krillin Acares. Lamento que mi gente haya sido algo salvaje, pero estamos en una situación en que todos son enemigos automáticos nuestros.
—Me imagino.—Susurró con ironía la mujer.
—Mi nombre es Son Goku.—Intervino el joven saiyajin, atrayendo la atención de todos.—El es mi hermano Raditz, y ella es Bulma, Bulma Brief. Nosotros no estamos aquí para invadirlos, estamos buscando a alguien que lleva perdido por muchos días…
—Espera…—Espetó el viejo, mirando esta vez a la princesa.—Con que te llamas Bulma Brief.—Sonrió pensativo.—Que linda señorita es usted…¡Krillin! —El chico se irguió sobre su lugar, esperando la orden de su jefe.— Desátalos, no hay problema con ellos.
—Pero Muten Roshi…
—¿Señorita Bulma?— La aludida lo miró confundida, mientras que al mismo tiempo el joven de nombre "Krillin" le quitaba las sogas de sus extremidades.—¿Podría acompañarme? Tengo algo que podría interesarle.
—¿A mí? —Musitó extrañada, y al mismo tiempo preocupada pues no le daba mucha confianza todo ese escenario que se presentaba frente a ella.
—Sígame, por favor.
No perdió más tiempo para ir detrás del hombre, no sin antes escuchar la recomendación de su amigo que cualquier movimiento del viejo que la hiciera sentir el peligro, que no dudara en gritar.
Corrió para alcanzarlo hasta su tienda, sentía sus piernas tensas debido al entrenamiento que tuvo antes con Raditz por lo que sus movimientos eran torpes, pero aun así eso no le imposibilitaba ir con aquel hombre, pues su curiosidad era más grande que su dolor físico.
Al adentrarse a la tienda, encontró que estaba algo desordenada. Había muchos mapas por donde quiera, como al mismo tiempo instrumental de herbolaria predominaba por donde quiera. A juzgar del mugar y por las cosas que poseía, aquel anciano era un curandero. Depositó su atención hacia un mortero donde había una extraña mezcla verde con aroma a legumbres. Se veía fresca, y junto a ellas varios vendajes cubiertos con sangre residían sobre la pequeña mesa donde preparaba sus soluciones.
—¿Qué hacen por estos lares? —Indagó el hombre, recogiendo del suelo algunas hierbas aromáticas que había olvidado colocarlas en su sitio.
—Estamos buscando a alguien…—Declaró ella, siguiendo deleitándose con cada rincón del lugar.—Pero dudo que se encuentre por estos rumbos.
—¿Estás segura? —Bulma regresó rápidamente su mirada hacia la del viejo. Su corazón comenzó a latir con fuerza, pues la luz que expresaba aquel señor en su rostro decía mucho y a la vez nada. No…no podía ser posible…—Será mejor que le eches un vistazo al fondo, tal vez yo tengo a esa persona que tanto buscan.
Ella parpadeó confundida ¿A caso era posible ello? Se movió tan rápido que incluso el dolor de sus piernas pasó a segundo plano. Las palpitaciones de su acelerado corazón las sentía traspasar su pecho.
Bastó solo cinco pasos para llegar al fondo de esa tienda, sus manos temblaban, solo debía deslizar aquella cortina que la separaba de aquello que creía suponer.
Y cuando lo hizo, su cuerpo se paralizó por completo.
Era él, era su Vegeta…y estaba vivo.
N/A: Nuevo capítulo, después de varios años jajaja ok no xD
Lo importante, Vegeta esta vivo ¡SII! :)
Lo malo, Broly ya está haciendo sus maniacadas ¡Ah! :(
Faltan más cosas, aun me falta exponer todo lo oscuro que puede ser Broly, por lo que se vienen capítulos donde se vera el lado más oscuro de él. Así que pues, su maldad no tiene límites, al menos en mi mente xd
Igual este capítulo me costó, ya quiero llegar a la parte de la acción pero antes debo plantear las bases y los procesos psicológicos de los personajes. Por lo que los que quieran ver sangre y destrucción no coman ansias, se vendrá en el momento justo y bien detallado jsjsjsjs
Y ya se que me contradigo mucho xd esta novela en mi cabeza es corta pero al escribirla me sale mas cosas, no puedo decir a ciencia cierta cuantos capítulos quedan pero si se que son pocos, el desenlace está próximo :O
Ok ya, seré más breve en mis notas de autor.
Quiero agradecer a Any-Chan, soeandrea, Cloe, Beth, Hazel, Adriana y a los cuatro anónimos que me dejaron review ¡Gracias! gracias por dejarme sus palabras lindas, les juro que me motivan mucho y al leer la satisfacción que les provoca esta historia, a mi me hace enormemente feliz. Es gratificante saber que algo que haces con amor, rinda frutos. gracias todos de verdad.
Nos seguimos leyendo, gracias por su apoyo!
PD: Perdonen mis faltas de ortografía jiji
