Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K Rowling.

Hola queridos lectores: Hoy hay doble actualización este es el 1 de 2. Yoe mil ochocientas cincuenta y cuatro gracias por betear el fic, estaría perdida en el espacio sin tus consejos. Saludos especiales a cuqui. luna. 3 y BIT9 por comentar en el capi anterior, ¡Besos!

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Smoothie de cereza

En medio de mis turbulentos sueños sentí una mano acariciar mi cabello, me removí en la cama incomodo queriendo taparme la cabeza con las cobijas; pero entonces escuché la voz de mi madre decir mi nombre varias veces, abrí los ojos con dificultad, y vi su rostro preocupado frente a mí.

—¿Qué pasa? —pregunté todavía un poco amodorrado.

—Dora me llamo hace un momento, parece que el pequeño Teddy tiene fiebre —respondió ella.

—¿Lo llevaron al hospital? –respondí sentándome en la cama.

—A la clínica, le recetaron algunos antibióticos, pero parece que no surtieron efecto y está muy intranquila.

—Entonces deberían llevarlo al hospital.

—Querido, tú sabes que Remus no puede pagar una consulta en pediatría.

—Pettigrew tendría que subirle el sueldo, ese miserable… —comencé molesto, pero mi madre me interrumpió.

—Harry, no pienses en eso, de momento tengo que ir a revisar a mi ahijado.

—¿Hasta Londres! —exclamé alarmado.

—Sí, tu padre me llevara.

—Pero…

—Probablemente tenga que quedarme a vigilarlo el fin de semana y preferiría que no estuvieras solo —comentó ella pensativa—, en la mañana puedo hablar con Molly para que estés con Ron un tiempo.

—¡No! Es decir… —Me apresuré a responder porque eso había sonado demasiado sospechoso, hasta para mí— No estaré solo; voy a ir a trabajar de todas formas.

—¿En sábado? —Se extrañó, al parecer mientras menos quería que se preocupara por mí, ella más lo hacía— Además, es día festivo.

—Sí, tengo un acuerdo con el gerente; además ya estoy grande mamá, sé cuidarme solo.

Mi mamá me sonrió con ternura, depositó un beso en mi frente y se levantó.

—Está bien, hijo, cuídate mucho, ¿de acuerdo?

—Claro, ma.

En cuanto mi madre cerró la puerta busqué mi celular bajo la almohada, eran las cinco de la mañana, volví a acostarme, gruñí contra las cobijas e intenté volverme a dormir, luego de dar una y mil vueltas sobre el colchón, conseguí hacerlo.

Desperté y al ver nuevamente la hora, me di cuenta de que ya era muy tarde, por lo que me apresuré a alistarme. Mientras me cambiaba de ropa, noté dos prendas que no me pertenecían dentro del armario, eran la bufanda y el gorro que Draco me prestó esa noche en la que lo acompañé a su casa. Deslicé mis dedos por la suave tela, pude constatar que aún conservaban el aroma a menta tan característico del rubio; "tal vez debería lavar primero las prendas antes de devolverlas", pensé. Con esa idea en la cabeza dejé la ropa en el mueble.

De camino a la cafetería pude apreciar el ambiente festivo del pueblo: las calles estaban adornadas con telarañas, calabazas y esqueletos; algunos niños ya corrían disfrazados tomados de la mano de sus madres. Sonreí cuando vi pasar a un grupo de tres pequeños con varitas mágicas, sombreros y capas.

Al entrar en el local lo primero que vi fue a un ángel que me sonrió presuntuoso en cuanto me vio. Levante las cejas sorprendido por la apariencia del rubio, vestía pantalón de vestir y camisa blanca, en la espalda llevaba alas emplumadas de color blanco, que se sujetaban con unos arneses en el pecho, que parecían sacados de una sex shop. Estaba usando otra vez el delineador azul metálico resaltando sus encantadores ojos, se veía endemoniadamente sexy.

—Se te cae la baba —dijo Malfoy notablemente complacido por la reacción causada en mí.

—Te ves muy bien —comenté aturdido.

—Naturalmente, Potter, ve a la sala de descanso por tu disfraz —ordenó el rubio.

Asentí con la cabeza e hice lo que me dijo. En la sala me encontré a Luna con una brocha en la mano, maquillando a la novia de Cedric, cuyo nombre había olvidado, ella también vestía de blanco y llevaba alas.

—Hola, Luna, no esperaba verte hoy —dije yéndome a sentar en la mesa baja de vidrio, no me preocupo de que se fuera a romper, la mesa era bastante resistente.

—¡Harry! Hace mucho que no te veía, solamente vine a maquillarlos y me iré, más tarde tengo una fiesta con mis amigos del colegio —contestó ella sin dejar su labor.

—Cedric también se irá de fiesta, odio tener que trabajar, pero ni modo, salí sorteada —se quejó la chica de rasgos asiáticos.

Todos los empleados hacían un sorteo para ver quién trabajaría los días festivos, yo no participé en eso porque ya me había comprometido antes a venir.

—Cho, no hables, te pondré labial —instruyó Luna —Harry, apresúrate a ponerte las alas para maquillarte, solo faltas tú.

—Voy.

A diferencia de Draco y Cho, mis alas eran negras al igual que mi vestuario, el tema era ángeles y demonios, Heaven and Hell, ¿entienden? Se suponía que era gracioso, creo. Suspiré e intenté colocarme los arneses con dificultad.

—Dile a Ron que te ayude cuando salga del baño si no puedes solo, Harry, también le tuve que ayudar —dijo Cho quien ya estaba lista.

Y justo después de decir esas palabras, mi demonio personal hizo acto de presencia. La entrada de Ron habría sido dramática, de no ser porque sus alas se atoraron con la puerta y le costó trabajo salir. Vagamente me pregunté si sería cómodo trabajar con las dichosas alas, pero lo que más me inquietaba en ese momento, era lo incomodo que iba a ser estar con el pelirrojo en la misma habitación.