Harry no podía parar de reír, cada vez que trataba de mantener la compostura una nueva ola de carcajadas brotaba de su interior.
Frente a él un Draco muy serio no parecía para nada divertido con la situación.
―Ya paro―le prometió―. De verdad, ya paro.
―No le veo la gracia.
A Harry le sobrevino otra carcajada que le dobló por la mitad.
Draco se dio la vuelta y se fue, no muy lejos, cierto. Porque poco sitio tenían para estar uno lejos del otro.
―No tienes de qué avergonzarte―le siguió Harry. Cayéndole encima, Draco se lo quito empujándolo.
―Eres estúpido.―Draco se tiró en la cama dándole la espalda.
―Venga, Draco, no te pongas así.―Le volvió a seguir sentándose en la cama también―No todo el mundo puede hacerlo.
―Yo puedo, solo es que no me sale bien.
Harry contuvo la risa, pero no podía quitarse la imagen de Draco tratando de silbar. La cara del rubio inflando los carrillos soltando el aire, era ridícula y tierna a partes iguales. Pero su entrecejo fruncido al darse cuenta de que no era capaz de emitir el mismo sonido que Harry, valía oro.
Una y otra vez su rostro se ponía cada vez más rojo.
Ahora había un rubio enfadado y un Harry tratando de contenerse.
―Venga, probemos otra vez.
―No.
―Draco...
―No, déjame.
Harry se lanzó contra él en la cama, la familiaridad con la que invadía su espacio personal ya era muy agradable.
Trató de agarrarle la barbilla, pero Draco le esquivaba ocultándola contra la almohada.
Harry se inclinó tratando de acceder a su rostro, y Draco asfixiado contra la almohada salió a tomar aire. Harry aprovechó el momento para agarrarle, subido ya completamente sobre él.
―Pon los labios así―le decía mientras ilustraba la posición con sus propios labios, y apretando los de Draco para que tomara la forma correcta.
Emitió un ligero silbido que movió el flequillo del rubio.
Con los dedos al rededor de sus labios, sintió como Draco trató, una vez más, de imitarlo. El aire salió, sin embargo el sonido no era aquel agudo cantarín.
Una vez más, otra, con los labios fruncidos. Harry emitía una pequeña melodía.
Draco le miraba sin resistirse, aceptando sus dedos sobre sus labios y accediendo a los deseos de Harry porque aprendiera algo que estaba claro sería imposible.
Harry pasó su yema suavemente por su labio inferior, acariciándole. Y Draco los abrió, solo era un dedo, pero Harry no fue capaz de retirarlo.
Ambos se miraron, conscientes de la postura en la que estaban, de los dedos de Harry sobre la boca de Draco, de los la labios de este recibiendo su caricia.
Harry quería besarlo, quería que aquella caricia sobre su dedo fuera sobre sus labios, sobre su piel. Pero estaba congelado, solo pendiente de los ojos grises que le miraban con atención.
Él no era capaz de volver a hacer algo tan estúpido como besarle, no después de que aquel primer beso se perdiera en la fiebre y la enfermedad.
Se retiró de su rostro, imponiendo la distancia segura entre sus deseos y volver a hacer el ridículo.
A punto se salir de la cama, de salir del contacto entre ambos, fue arrojado contra la cama.
―No sabré silbar, pero esto sí se hacerlo―dijo Draco sobre él. El beso que le dio fue mucho más de lo que Harry era capaz de procesar; así que no lo hizo, solo se dejó llevar al ritmo que Draco imponía.
Sin ningún tipo de problema le había cambiado la postura, teniendo a Harry sobre el colchón en una más que comprometedora posición con las piernas abiertas, y a Draco presionando su cuerpo sobre él sin dejar de besarle.
Draco era un desastre silbando pero, sí, tenía un gran talento para besar.
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Cada cual tiene un talento natural, y Draco tiene pinta de que nació perfecto para besar y dejar k.o.
Besitos, besitos, todas queríamos besitos.
¿Draco es el único que no sabe silbar por aquí?
Besos y silbidos para todas.
Shimi.
