16 insinuación peligrosa

Ciel a la mañana siguiente caminaba pensativo por el jardín, aún mantenía en su mente el grato recuerdo de esa noche llena de placer, pero así mismo recordaba como aquella euforia fue opacada por las palabras de su demonio.

-¿Él no puede jugar con algo así? ¿O sí?- Se cuestionaba el joven con un pequeño suspiro mientras miraba las flores del jardín. -Ese idiota está jugando conmigo, y yo como idiota también siguiéndole el juego- Mascullaba para sí mismo con molestia, al dar media vuelta para emprender su camino de regreso a la mansión se tropezó con alguien.

-Mi querido y dulce amo ¿Qué te tiene de mal humor?- Le cuestionaba algo burlón el demonio pues ya suponía a que se debía esa cara larga de su bello amo.

-Tú... tu eres el causante de mi mal humor siempre.- Le respondía con evidente molestia, aunque ambos sabían que eso era mentira, el joven ignorándolo seguía su camino sin darle tiempo que le refutara.

-Ciel...- el demonio lo llamaba en medio de un sollozo, aquello hizo detener al joven que incrédulo no creía lo que escuchaba, tal vez estaba jugando. Sebastian no podía estar llorando. ¿O sí?

-¿Estás llorando?- Le replicaba con más molestia, por ver tan ridícula actitud mientras sentía temblar una ceja por el coraje.

-Claro... también puedo llorar ¿O no?- Le refutaba algo sarcástico el demonio secándose las lágrimas.

-Eres un ridículo- Replicaba el jovencito con más molestia que antes, su demonio si que le hacía perder la paciencia pensaba mientras caminaba y pretendía ignorarlo.

-No deberías hablarme así... Estoy en un delicado estado- Murmuraba el demonio con una tierna sonrisa y se acariciaba el vientre muy sutil.

-¡Cállate deja de decir eso...!- Le gritaba el joven ya hastiado de la tonta broma.

-¿Por qué? Si es cierto- De nuevo le replicaba el apuesto mayordomo.

-¡¡¡No puedes tener bebés... Solo quieres jugar conmigo!!!- Le gritaba el joven porque esta broma se estaba pasando y comenzaba a sentir que su querido Sebastian lo quería tomar por estúpido, que estuviera enamorado no era a equivalente de idiota, esto más que enojarlo lo resentía

-Claro que si puedo... ya te lo expliqué anoche.- Trataba de explicarle con mayor seriedad.

-No te creo...- Mascullaba entre dientes Ciel ahora si más resentido que enojado al ver la seriedad en su demonio.

-Te lo vuelvo a explicar... Anoche cuando estuvimos en el apogeo ese, mi copia se corrió dentro de mi y ... ¿Lo recuerdas?- Ciel de espalda y cruzado de brazos le escuchaba mientras su ceño se fruncia, tal vez estaba siendo más idiota solo al permitirse escuchar tal ridiculez.

-Eres un idiota si crees que te voy a creer este cuento ¿Te embarazaste a ti mismo?.- Se volteó a refutarle y le torcia la mirada con enojo. -Sabes lo retorcido y estúpido que suena eso- Murmuraba incrédulo pero al ver su seriedad ya comenzaba a dudar.

-Que dijeras que yo soy el embarazado suena más creíble- Dijo el jovencito dándole la espalda de nuevo y caminaba, el demonio caminó de prisa hacia el y lo abrazó por la espalda para detenerlo.

-Es complicado... pero este niño es tuyo también- Eso sí hizo enojar al joven quien se deshizo del agarre con tosquedad y de nuevo volteó a verlo.

-Me tienes cansado con tus tonterías... No voy a hablarte nunca más... Terminamos nuestra relación ahora mismo... es una orden- Eran las palabras del joven con mucho enojo pero a la vez parecía dolerle lo que decía, por la simple razón que el amaba con locura a su demonio idiota.

-¿Ya no somos amantes? Porque novios nunca lo fuimos formalmente...- Dijo el demonio con seriedad y algo resentido ahora.

-Tu tienes la culpa por decir tonterías... Yo no quiero acabar nuestra relación- Comenzaba a arrepentirse el conde con un puchero y le miraba de reojo.

-No son tonterías... Bueno no estoy embarazado ciertamente- Aclaraba el demonio con una sonrisa nerviosa.

-Lo sabia...- Le miraba amenazante su pequeño y apretaba los puños con molestia ya estaba empezando a creerle, en ese instante odiaba a su demonio y a su pésimo sentido del humor.

-Todavía no... pero algún día lo estaré cuando me hagas tuyo- Decía el mayor acercándose y lo abrazaba cariñoso, el otro con un puchero resentido no se negaba al abrazo pero tampoco lo correspondía.

-Eso nunca pasará...- Le aclaraba en medio de su resentimiento.

-¿Por qué no?- Cuestionaba el mayor con curiosidad aunque ya sospechaba el motivo.

-Porque no...- Fue la tajante respuesta que le daba el pequeño que de nuevo se ponía de mal humor.

-Ya sé... temes que tu pequeño miembro no me complazca plenamente... ¿Es eso?- Con aire burlón le hablaba el mayor esta insinuación lo hizo sonrojarse a la vez que se enojaba.

-No tienes que poner énfasis en pequeño... Cuando se pone erecto si crece...- Con seriedad le refutaba aunque sonara muy perverso pero no quería que el demonio se le burlara de esa forma, le hería en su orgullo y virilidad.

-Que pervertido eres... Así no hablan los niños de tu edad- Con fingida vergüenza hablaba el demonio para molestarlo pero le causaba gracia la manera en que su querido amo se defendía.

-Ahhh pero... ¿Para los niños de mi edad es normal que un demonio pedófilo se los viole cuando quiera?.- Divertido le cuestionaba el jovencito con esa sonrisa que enamoraba más al demonio.

-Yo no te violo... Tu lo deseas y siempre pides más. .. A mi si me violaron anoche...- Hablaba el demonio al principio algo coqueto lo ultimo lo dijo con fingida tristeza.

-Eres un idiota...- Con una risita el conde lo abrazaba, no había duda que estaba enamorado de un idiota que decía tonterías, tonterías que le hacían sonreír y a veces enojar pero más sonreír que enojar. El jovencito haló su corbata y lo besaba dulcemente en medio de ese jardín.

-¿Qué dices?- Cuestionaba el demonio al separarse segundos después de ese dulce beso.

-¿De qué?- Preguntó el joven pues no entendía a que se refería.

-De que me penetres- Con una cara emocionada le respondía como si fuera algo normal o simple.

-No lo haré...- Molesto de nuevo le hablaba el joven y lo miraba mal.

-¿No quieres formar una familia conmigo?- Era la pregunta que hacía con tristeza el otro al escuchar esa negativa respuesta.

-¿Vas a comenzar?- Dijo el joven deshaciendo el abrazo se le alejaba para no empezar de nuevo a discutir, que pesado podía ser Sebastian, era el perfecto amante, cariñoso "novio", fiel amigo pero sobre todo un idiota y loco demonio pero suponía que esa combinación lo tenían enamorado. Caminando hacia la mansión seguido de su demonio pensaba en la inusual propuesta no le desagradaba del todo solo que por vergüenza no admitía que le daba curiosidad, pensaba también en que tal vez haría el ridículo al intentar, mentalmente comparaba su miembro en crecimiento con el ya desarrollado miembro de Sebastian, era como comparar un gusano con una serpiente pensar en ello lo hizo sonrojar mucho.

-¿En que andas pensando querido? Hasta las orejas se te pusieron rojas- Se le burlaba el demonio unos pasos tras de el, trataba de no reírse, ese pequeño humano lo tenía loco, enamorado e idiota, nunca en su demoníaca existencia había sentido tanto apego a alguien, sus cambios, sus gestos hasta sus contradicciones lo enamoraban.

-Joven amo... ¿Tiene fiebre?- Cuestionaba Finny al toparlo por la entrada de la mansión y verlo tan sonrojado.

-Nada... no hagas caso- Le respondía con mala cara y trataba de no sonrojarse más, escuchaba a su demonio contener la risa tras él. El joven jardinero le miró como dudoso ante su respuesta.

-Ohhh es porque usted y el señor Sebastian se besaban hace rato en el jardín ¿no?- Dijo inocente el rubio como si fuera algo normal, más colorado se puso el conde al escuchar eso. ¿lo había visto besarse con el demonio? A Sebastian se le acabó la risita también.

-Ehhh pero no les dé pena... Los novios se besan...- Aclaraba Finny con inocencia y una enorme sonrisa dándoles ánimos mientras se les alejaba.

-Es tu culpa Sebastian...- Le reclamaba molesto Ciel cuando el joven se fue.

-¿Mi culpa? Si tu fuiste el que me besaste- Se defendía el demonio porque eso era cierto, el pequeño conde suspiró y entraba sin decir más.

-Ahora si terminamos...- Dijo con vergüenza una vez adentro y se encerraba en su despacho el demonio sacudía la cabeza resignado dejando que se le pasara la vergüenza hablaría con el después, tal vez preparándole un delicioso postre lo perdonaría aunque no sabía de qué porque no había hecho algo, suspirando enamorado se alejaba del despacho por actitudes así es que lo amaba y eso lo hacian de alguna forma feliz.

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