El peso del Patriarca.
Londres Inglaterra.
Terry estacionaba su auto en la residencia de su esposa Susana.
Había conseguido un nuevo rol protagónico en la obra de Hamlet.
Estaba muy feliz, Susana había sido esencial para que su carrera artística continuara creciendo.
Como era costumbre, llevaba en sus manos el ramo de flores para su mujer.
_ ¡Buenas tardes Terruce! _, saludó la señora Marlow.
_ Buenas tardes señora. _ respondió con una leve sonrisa.
_ Le pediré a Viki que suba a la habitación de Susana la base con agua fresca para las flores. _ Él agradecido continúo su camino hacia la habitación.
Al tocar la puerta y entrar en seguida, saludo a su esposa con un beso en los labios, seguidamente le besó el vientre.
_ ¿Cómo te sientes Sussy?
_ Mejor que ayer, _ respondió ella tomándole la mano.
Susana estaba en cinta y comenzaba con los malestares del embarazo.
_ Howard habló para decirme que obtuviste el papel de Hamlet.
¡Estoy orgullosa de ti! _. Terry se sentó junto a ella y le agradeció por todo lo que había hecho y seguía haciendo por él.
_ Si no hubiera sido por ti, no sé qué sería de mí.
Ahora seré padre y debo estar más al pendiente de ustedes. _ dijo mientras tocaba la pancita.
_ Estoy preocupado porque en tu estado no sé si podrás acompañarme.
Habrá una gira por América. _ dijo Terry sin dejar de observar a su esposa. No quería perderse la reacción que esa noticia provocaría en ella.
_ Estoy segura que me sentiré mejor para entonces.
Pero si no me es posible estar contigo. Desde aquí nuestro bebé y yo te estaremos esperando. _ dijo con una sonrisa.
Terry asintió. Susana poco a poco recuperaba la vista, aunque la imagen era borrosa le encantaba verlo.
Él era el hombre por quien ella destruyó sus sueños como actriz para salvarle la vida. Era un milagro que después de su grave accidente recuperaba la vista poco a poco y más aún había concebido.
New York, hospital Bellevue.
La limosina de los Ardlay hacia la parada frente a emergencias del hospital. La matriarca de la familia había llegado en busca de Albert.
Tomada del brazo de Archie, Elroy Ardlay se dirigía a la oficina del director Leonard.
_ ¡Señora Elroy!... es un honor tenerla por las instalaciones del hospital. _ dijo el hombre poniéndose de pie al tenerla frente a frente.
_ He venido porque aún no he obtenido respuesta de los documentos que le envié._ dijo la mujer con gesto desagradable.
_ ¡Por favor siéntese! El Dr. Albert ha aceptado ser el médico personal del señor William. _ Archie no sabía nada. Se sorprendió al escuchar el nombre del tío abuelo.
_ Quiero hablar con él y dejarle claro que no aceptare un no por respuesta. _ La dama se puso de pie esperando que el director le indicara el camino hacia el consultorio de Albert.
Mientras caminaban por los pasillos se encontraron con Candy, quien salía del consultorio de Albert.
Elroy sintió que la presión se le bajo al tener a la rubia frente a ella.
Candy enmudeció, no pudo decir una palabra.
Pero... ¿Qué hace la señora Elroy aquí? _ Se preguntó asustada.
Hacía años que había cortado comunicación con George y la familia de su tutor, el cual daba por hecho que ya no lo era por su mayoría de edad.
Archie al tenerla frente a él, sonrió feliz.
_ ¡Hola cindirela!... nuevamente nos volvemos a encontrar. _
Candy medio sonrió y siguió su camino sin responderle.
Hecho que no pasó desapercibido por Helen y el mismo Archie.
_ ¿Candice White trabaja aquí? _ preguntó Elroy llevándose la mano al pecho.
Helen al ver que la mujer palideció, la sostuvo del otro brazo.
_ Señora respire despacio, está usted fría. _ Al escuchar las voces en el pasillo, Albert salió del consultorio encontrándose con su tía a punto de desmayarse.
_ ¿Pero?...
_ Albert alcanzó a decir esas palabras cuando la anciana perdió el conocimiento.
_ Ayúdenme a llevarla adentro.
_ Tía por favor reacciona. _ dijo Archie nervioso. Albert les pidió que salieran todos del consultorio, conocía a su tía y sabía que era una actuación de la mujer.
_ No me iré. No la dejaré a solas con un médico que no conozco. _ Archie respondió alzando la voz. Recordó que Albert era el medico a quien Candy no quitaba su mirada el día que se encontraron en el elevador y, que hacía unos minutos, le miro salir de ese mismo consultorio.
_ Entonces déjame atenderla. _ dijo Albert bajando el tono de voz.
_ Joven Archibald, estoy seguro que la señora Elroy estará bien atendida con el Dr. de la familia. Así lo ha decidido ella.
_ ¿Pero Dr. Leonard? _. Respondió el chico accediendo finalmente.
Helen tomó el pulso de Elroy indicando que no había nada anormal.
_ No se preocupe, la señora está respirando y su pulso es normal.
Albert alzo una ceja, sabía que Elroy estaba fingiendo el desmayo.
Al quedar solo los tres, Albert le agradeció a la enfermera y le pidió que también se retirara.
_ Por favor señorita Brusette, déjeme a solas con la señora Elroy.
_ Pero Albert...
_ Por favor... déjeme a solas con el paciente. _ repitió.
Helen salió del consultorio molesta. Para Elroy fue una sorpresa que esa enfermera le hablara con tanta confianza a su sobrino.
_ Ya puedes dejar de fingir tía. _ dijo el rubio sentándose en el taburete cerca de la camilla.
La mujer se puso de pie sin esperar que Albert le ayudara.
_ ¿Qué demonios hace esa chiquilla aquí William?
_ Tía por favor baje la voz; o al menos que quiera que todos se enteren quien soy.
_ Pues es lo que más deseo, terminar con esta farsa.
_ ¿Farsa? ¡A que le llama farsa! ¿A que soy un médico?
No he descuidado los negocios, y si no pude hacer el viaje con George a Inglaterra es porque haré el viaje a Sao Paulo. _ Albert estaba furioso ante el cuestionamiento de su tía.
_ ¿Cómo te atreviste a traerla aquí, a trabajar contigo?...
Es una inmoral, ladrona. _ dijo la anciana colocándose su chal en los hombros. Albert enrojeció del coraje al escucharla.
_ No hablaré de esto con usted aquí. Viajaré mañana a Chicago y espero nos encontremos en el mismo lugar.
_ Tus palabras no me asustan, recuerda que eres el medico del abuelo William, así que tendrás que llegar más seguido a la mansión.
_ Precisamente de eso hablaremos y le recuerdo que sigo siendo el patriarca de la familia. _ abriendo la puerta, Albert le indico la salida.
La anciana hizo un gesto de reproche al ver la actitud de su sobrino.
Al salir del consultorio, Albert se encontraba con Helen, el Dr. Leonard y Candy. La rubia palideció nuevamente al tener a la mujer quien un día le echo de la mansión y renegó por su adopción.
_ Vamos Archie... el Dr. Albert llegará a terminar su diagnóstico mañana. _ volteándose observó a Candy cabizbaja.
_ ¿Y ella que hace aquí?_ preguntó con gesto altivo.
Albert también se preguntaba qué estaba haciendo Candy ahí.
_ Tía_, respondió Archie. _ ella es Candice White, la enfermera que nos acompañará a Chicago para tus cuidados.
¡Se lo he pedido al Dr. Leonard!
_ No... Eso no es posible. _ dijo Albert alzando la voz.
_ Usted no tiene ningún derecho opinar u oponerse a que cindirela, quiero decir Candice_ corrigió el chico_, nos acompañe.
_ La mirada de Archie desafío la mirada de Albert. El rubio estaba a punto de decirlo todo. Por su mujer era capaz de decir que es Él, el tío William. Helen los observaba asustada.
Pues que tiene la zorrita que los tiene hechizado a los dos _ pensó reprimiendo una maldición.
_ Tengo la autoridad y poder para decidir si los acompaña o no. _ dijo Albert.
El Dr. Leonard supo en ese instante que debía detener el confronta miento entre tío y sobrino.
_ Si me disculpa joven Archibald, le recomiendo llevar a señorita Brusette. Candice está todavía en entrenamiento en el área de pediatría y, la salud de una señora tan importante como madan Elroy no se la podemos confiar a una chica que todavía le falta mucho por aprender.
_ Por primera vez, Candy agradeció que le dieran ese calificativo, "aprendiz"
Albert miro a su tía, debía decir algo si no eso no terminaría bien.
La mujer comprendió la mirada desafiante de su sobrino y dijo:
_ No vendrá ella. _ señalando a Candy. _ Que venga la enfermera calificada.
_ Archie tuvo que tragarse sus palabras y aceptar lo que la anciana dijo. Agradecida Candy se disculpó y se alejaba cuando Archie le pidió que le diera unos segundos para hablar con ella.
La chica nerviosa asintió. Albert tomo del brazo a la señora Elroy y ofreció acompañarla hasta la limosina.
Helen estaba más que complacida. Si había algo que le había quedado claro era que, la matriarca y patrocinadora del hospital no soportaba a Candy y que Albert, definitivamente tenía relación con los Ardlays así como ella lo sospechaba.
Dando una fría mirada y una sonrisa burlona a Candy, se alejaba junto a Elroy y Albert.
_ ¿Que se le ofrece joven Cornwell? _ preguntó Candy un poco molesta, se sintió casi obligada por Archie cuando el propuso que ella iría con ellos a Chicago.
_ ¿Estas enojada? Discúlpame... debí preguntar primero si podías acompañarnos. _ Candy seguía sin responder. Realmente estaba molesta.
_ Por favor, no te enojes. Es solo que estoy acostumbrado a dar órdenes y se cumplen tal cual las ordeno.
_ Pero yo no soy una de sus empleadas. Trabajo para el hospital y, aunque su familia lo patrocine, no significa que puede tomar decisiones sin preguntar antes.
_ ¡Realmente estas enojada! ¿Dime cómo puedo compensar mi error? ¡Por favor dímelo!.. _ Archie casi le estaba rogando por su perdón.
_ Joven, no sé qué busca de mí. Pero le diré que estoy enamorada de otra persona.
Agradezco que me ayudara el día de la tormenta. Pero si lo que busca en mí, es algo más. Pierde su tiempo. _ Candy se alejó dejando a Archie solo.
_ Realmente me ha dejado con la palabra en la boca.
Pero entre más diga No. Más me encanta esa mujer. _ sonriendo se colocaba un mechón tras la oreja.
Llegada la noche, Candy estaba preocupada por Albert, desde que el rubio había salido con la matriarca de los Ardlay de las instalaciones del hospital no había regresado.
¿Pero porque no llega? _ pensó la rubia.
Tomo el celular y decidió llamarle nuevamente.
Al no tener respuesta, salió del apartamento a tomar aire fresco.
_ Este lugar lo siento tan vacío sin él._ dijo mientras su ponía una sábana por encima de los hombros.
Observando la fuente de agua fría y el cielo oscuro gris; marco nuevamente.
El celular de Albert volvió a sonar. Al ver que era ella sonrió.
La había visto llegar hasta la fuente, era tanta su preocupación por el que no se percató que estaba a una corta distancia de ella.
Kimo llevaba varios minutos observando a Albert, se le veía la preocupación. Pero al ver a Candy parecía que el sol brillaba entre la tormenta más oscura y lluviosa.
Candy comenzó a tararear la melodía que tanto le gustaba a Albert.
🎶Que será de ti. ta ta ta ta
Necesito saber dónde estás... Tarara tarara...🎶
Albert sonrió al escuchar cantar la letra inventada por ella.
_ ¡Candy... aquí estoy! _ con una tierna sonrisa, abrió sus brazos para recibirla. Ella felizmente corrió esta donde él sentándose en sus piernas.
_ Te he extrañado... ¿dónde estabas? _ preguntaba mientras lo besaba.
_ Caminando por la avenida. _ dijo.
_ Vamos pequeña... cántame de nuevo la melodía. _ dijo a su oído.
Candy sintió su piel erizarse a su suave y delicada voz.
Despertando el deseo de perderse nuevamente entre sus brazos y su piel.
Continuará.
¡Hola chicas!.. Aquí nuevamente con otro capítulo de Que será de ti.
Espero les guste. Por favor comenten.
Dios les bendiga.
Con cariño Sakura.
