Personajes de Mizuki e Igarashi

Arianna se había ido escoltada por el personal de seguridad de su abuelo.

Agobiada, Candy se fue de la mansión Lagan bajo la mirada acosadora de Eleanor, ella iba buscando un poco de tranquilidad.

Citó a su mejor amiga en el apartamento Magnolia, que aún era de su propiedad. Ignorante de todo lo que estaba pasando, Patty atendió de inmediato el llamado de su casi hermana, hallándose en la puerta de la entrada, comentó:

─¡Vaya, hasta que al fin se me hizo conocer tu nidito de amor! ─expresó a penas su amiga le abrió para que entrara. Al observar la mirada triste de Candy comprendió de inmediato que su amiga estaba sufriendo. Apenada, preguntó─: Candy ¿Qué sucede?

Su amiga le contó todo lo ocurrido con el bebé, Patty compartió el dolor de Candy, ella era sin duda un gran apoyo para su amiga.

Después de un rato de intercambio de lágrimas y palabras de consuelo entre ellas, Patty preparó té. Decidieron tomarlo en la terraza exclusiva del lujoso apartamento, una vez allí, volvieron a retomar la conversación.

─En verdad espero que todo lo que estás pasando no afecte tu embarazo, pediré a Dios que cuide de tu bebé también.

─Sé que lo harás, te lo agradezco Patty, platicar contigo siempre me hace bien. Pero hay una cosa más que debo decirte, quizás no me corresponde, pero de no hacerlo me sentiré mal, solo te pido que trates de comprender y que seas fuerte.

Asombrada, Patricia frunció su frente, cautiva de la curiosidad asintió con un ligero movimiento de su cabeza, indicándole a su amiga que continuara.

─Sé que has pasado por mucho dolor en estos días, puede que no sea el mejor momento para enterarte, esta mañana Arianna me confesó que su bebé es hijo de Stear, también eres abuela de su bebé ─Patty se llevó una mano a su boca, abrió sus ojos todo lo que pudo, sorprendida por lo que su amiga le había confiado.

─¿Estás...estás segura de lo que me has dicho?

─Por supuesto, de no estarlo, no te lo habría dicho.

─¡Oh, Candy! Que maravillosa noticia, es hermoso saber que tengo un nieto. Candy somos abuelas del mismo bebé ¡Oh, qué maravilla! Por otro lado, es una pena todo lo que ha sufrido. Stear se pondrá feliz al saberlo... Saber que ese bebé también es nuestro, es como un bálsamo de consuelo por la muerte de mi amado esposo y padre de Stear. No, Dios no nos lo puede quitar ahora. Candy debemos encontrarlo, traerlo junto a sus padres y a nosotros, aunque Daniel Lagan lo haya registrado, el bebé es hijo de Stear, estoy segura de que jamás permitirá que lo alejen de su lado. Daniel nunca lo amará como la haría Stear...

─¡Patty! Por favor, conserva la calma. Neal sabe que no es el padre del bebé. Sin embargo, debo reconocer que él parece muy afectado, no le importó que su madre ofreciera una fuerte cantidad de dinero para pagar el rescate. Además, de eso lo veo decidido a acompañar a Arie y a Albert al lugar del rescate, no dudo que Stear también lo haría. Las lágrimas y evidente dolor de Daniel me hacen saber que no es un granuja después de todo.

En casa de los Cornwell, simultáneamente Arianna le revelaba la verdad a Stear.

─¿Y dices que ahora mi hijo está en grave peligro?

─Lo siento mucho Stear, he cometido muchos errores, pero no quiero seguir con esto, no te apartaré más de nuestro hijo.

La expresión de Stear se hizo más seria al quitarse los anteojos. Pensar en la situación en la que se encontraba su hijo y la posible tragedia que se podía desencadenar lo habían impactado. Guardó silencio por algunos minutos. Arianna lo veía confundida, no podía entender el comportamiento del joven.

─Pensé que al menos te daría gusto saber que eres el padre de mi hijo. Decidí decírtelo. Nos quedaremos junto a ti ¡¿Acaso te parece poco?! Hace apenas unos meses atrás rogabas, porque no me casara con otro hombre, ¿no es suficiente prueba de que nunca dejé de amarte? Si dejaste de amarme dímelo.

Volviéndose a ella Stear la tomó de sus manos, diciéndole─: Escúchame, yo no he dejado de amarte ni un solo momento, por supuesto me hace muy feliz saber que el bebé es mi hijo. Ahora que, lo sé, lo que más deseo es estar junto a él, recuperar el tiempo perdido, por el momento él es lo más importante, ya después hablaremos de nosotros, Arianna. Necesito saber todo lo referente al rescate, no me haré a un lado como un simple espectador, agradezco mucho que el señor Ardlay quiera pagar el rescate, no me importará trabajar mi vida entera para devolverle su dinero. Él también debe saber la verdad, quizás aún quiera ayudarnos, si a Neal le molesta mi presencia tendrá que soportarlo, porque no los dejaré solos.

Arianna se abrazó al espigado joven, supo que hizo bien al decirle la verdad.

Las horas iban pasando, Arie regresó a la mansión Lagan, iba dispuesta a decirles a todos la verdad.

En el apartamento Magnolia, Candy ya se encontraba sola, Patty se había ido hacía poco más de media hora.

En su soledad, Candy trató de relajar su mente, tomó un libro, escogiendo al azar uno de los muchos que habían en la pequeña, pero bien abastecida biblioteca personalizada del lujoso apartamento. Se sorprendió al mirar que el libro era una obra de Shakespeare.

─Qué romántico, jamás imaginé que mi querido Albert gustara de las obras de este poeta, escritor ─con voz suave, pero audible habló suave para sí misma, mientras hojeaba el tomo.

─Es que aún hay muchas cosas que no sabes, de verdad quisiera mostrarte todo de mí, que conozcas mis gustos, de igual manera compartir los tuyos.

Por un momento Candy se sobresaltó al sentir las manos que rodearon su cintura, pero al escuchar la dulce voz de su amado tras su espalda, su corazón se tranquilizó.

─Deseé tanto poder verte a solas que quizás por eso intuí que tratarías de escapar de todos y vendrías aquí buscando paz.

─Han sido días completamente difíciles, por momentos, siento que, me derrumbo. Por otro lado, el amor a mis hijas, a ti y, ahora a un pequeño ser que llevo dentro de mí, me da la fortaleza necesaria para continuar... ─Candy tomó las manos de Albert y las colocó sobre su vientre.

─¿Estás esperando un hijo mío? ¿Es eso lo que tratas de decirme?

─Perdóname por no decírtelo antes pero tenía mucho miedo, sé que muchos se pondrán furiosos al saberlo y no quiero perder a mis hijas. Odio recordar el momento en que acepté firmar el divorcio con esa cláusula. Arie ya decide por ella misma, pero mis hijas menores aún no pueden hacerlo, Eleanor y su familia las alejaran de mí, ahora con esta situación del bebé de Arie me siento peor.

─Me haces muy feliz al saber que seré padre otra vez, luego de catorce años, no puedo creerlo. Cargaré en mis brazos un bebé mío...nuestro. Debes mantener la calma, querida, pronto todo va a estar bien, el pequeño Daniel, pronto estará en brazos de sus padres.

─Albert, tienes que saber que Neal no es el padre del bebé, mi hija se portó irresponsable, caprichosa. Me siento sumamente avergonzada contigo y tu familia, pensar que te conocí justamente por reclamarle a Neal una paternidad que no le correspondía y todavía me ofendí cuando él me aseguró que no era así, ¡Qué vergüenza! Él lo sabía desde el principio, Arie se lo confirmó. Ahora no podré soportar mirarle a la cara, más aún porque se está portando como un verdadero caballero. Ahora que lo sabes no tienes responsabilidad de pagar el rescate y de asistir al lugar...

─No digas nada más, de todo lo que ha pasado tomaré lo positivo, de alguna manera debía conocerte. Pensaré que todo fue obra del destino para traerte a mi vida, el dinero es algo que no me importa gastar con tal de saber que tú y tus hijas estarán bien. No, no llores por favor pecosa, creí haberte dicho que eres mucho más bonita cuando ríes que cuando lloras...déjame hacerte el amor.

─Perdóname, pero no creo que este sea el momento correcto para... ─Llevando su dedo índice a la boca de su amada, la silenció, la cargó en sus brazos y la llevó hasta la bañera, la despojó de sus ropas. Ella comprendiendo lo que su amor deseaba se sumergió en la tibia agua, él perfumó el agua con fragancias relajantes y aceites corporales de la mejor calidad, lejos del morbo, talló con una suave esponja cada parte del hermoso cuerpo de su princesa, ella parecía tan frágil, tan pequeña entre sus manos, que de inmediato supo que no estaría dispuesto a renunciar a su amor nunca.

Le lavó su rubia cabellera masajeándola con sus suaves dedos, aquella sensación tan liviana que ella sintió en su cabeza era lo que necesitaba, le pareció casi mágico el amor de Albert.

Una vez terminado el baño, con delicadeza la secó de pies a cabeza, la envolvió en una fina toalla, para después con paciencia y dulzura cepillarle la abundante cabellera rizada. Le proveyó prendas de vestir que ella dejó en el armario, esa fue la manera en la que le hizo el amor a su mujer, y ella se dejó amar.

─En verdad necesito conocerte más, eres lindo, te lo agradezco Albert, gracias mi amor, gracias por todo lo que haces por mí.

─Pronto te demostraré que seré el mejor padre y un compañero, amigo, amante, quizás esposo, que te apoyará en todo, viviendo para ser y hacerte feliz.

Una vez más Candy buscó la seguridad en los brazos de su hombre, él con la mayor ternura posó un beso sobre su frente, así abrazados permanecieron en silencio, hasta que llegó el momento de dejar el apartamento y volver a la mansión Lagan. Tras ese pequeño encuentro ambos salieron con espíritu renovado y, con el valor para hacerle frente a toda adversidad.

En casa de la familia Lagan, se formó el revuelo, luego de que Arianna les dijera la verdad sobre la paternidad de su hijo.

─¡Sarah tú y Neal tendrán que hacerse a un lado en este asunto, no sería justo para él exponer su vida habiendo sido víctima del engaño de esta jovencita, las autoridades se harán cargo del asunto!

─No tía abuela, siento mucho tener que desobedecerla, pero hasta no devolverle su hijo a Arie, no me haré a un lado ni así tenga que enfrentarme a esos tipos.

─Estoy de acuerdo con mi hijo, lo apoyaré en todo, una vez concluido el rescate trataremos de olvidar todo, no querremos saber más nada acerca de los Grandchester.

─¡No tendrá que esperar tanto, señora Lagan! Yo mismo hablaré con esos rufianes. Les pediré que nos extiendan el tiempo para reunir el dinero, somos una familia influyente, poderosa, pertenecemos a la nobleza del Reino Unido, eso basta para obtener lo que necesitamos ─Los duques validaron en su totalidad las palabras de su hijo. Nunca tolerarían el menosprecio a su apellido y a su sangre noble.

─Esto no es un juego, la integridad física del bebé está en riesgo, después habrá tiempo para reproches, todo seguirá conforme a lo planeado ─Albert hacía su entrada en la discusión de manera contundente.

─Albert, hay algo que no sabes...

─Lo sé todo tía abuela, aún así he decidido pagar el rescate en el tiempo acordado.

─No sería correcto que tomaras nuestro dinero y lo gastaras así.

─Si quisiera hacerlo, lo haría, porque puedo, pero en ningún momento pensé tomar dinero de las cuentas familiares, haré uso únicamente de mi cuenta personal.

Asombrado por la seguridad con la que Albert se expresó, el duque arqueó sus cejas y como los demás guardó silencio.

─Sí estás seguro de querer gastar así parte de tu dinero es cosa tuya, al fin que la fortuna Ardlay te pertenece, pero no esperes a que me quede aquí a ser parte de este circo.

─Te entiendo. Respetaré tu decisión tía abuela.

"Maldita seas Candice White, antes lograste atrapar a un joven inglés perteneciente a la nobleza, ahora haces lo mismo con este caballero de origen escocés de ilustre linaje, que suerte tiene tu horrible cara llena de pecas, huérfana bastarda" ─Los ojos de Eleanor eran llamas reflejando el desprecio y la envidia ante ese pensamiento sobre la madre de sus nietas.

Momentos, después de terminar la discusión, Albert acompañó a su tía hasta el automóvil.

─Solo espero que seas cuidadoso, no soportaría si algo malo te pasara.

─Estaré bien, tía, no debes preocuparte tanto.

─He decidido volver a Chicago Thomas y Archibald vendrán a vivir conmigo en nuestra residencia de verano en Lakewood, partiré ahora mismo. ¿Puedes decirle a tu secretario personal que me acompañe en el viaje?

─Claro, Georges irá contigo, será el copiloto del avión. Mayrom aún está de vacaciones. Siento mucho hacer que te molestaras, pronto entenderás el por qué lo hago.

Esa noche la señora Elroy abordó el avión privado de su familia. En pocas horas se encontró instalada en la villa de Lakewood.

Mientras, en la mansión Lagan, un airado Neal se oponía a la decisión de Arianna de darle participación a Stear sobre el rescate del pequeño Daniel.

─De ninguna manera voy a permitir que ese muerto de hambre ponga un pie en esta casa, después que rescatemos a tu hijo podrás estar con él o hacer lo que quieras. Demonios Arianna, has visto todo lo que ha ocurrido por tu culpa y, aún pareces no entenderlo.

─No pedí tu permiso. Stear tiene derecho de luchar por la vida de su hijo, el señor Albert se está haciendo cargo de todo, así que lo que tú digas es casi irrelevante, agradezco tu preocupación por mi bebé, pero esto ya no es tu problema.

─Por favor, guarden la calma, ambos tienen razón en sus posturas, pero deben pensar en que es lo mejor para la seguridad del bebé, esos criminales reconocen a Neal como su padre, no creo que tengan interés en saber sí en verdad lo es o no o cómo sucedieron las cosas, Arie, está vez Neal tiene razón, Stear tendrá que mantenerse al margen mientras tanto ─La intervención de Albert hizo entrar en razón a la agitada joven.

Para Terry toda expresión de Albert era una osadía, un insulto a su hombría, no, él ya no podía soportar que ese hombre ajeno a su familia decidiera por él, sobretodo luego de saber sus sentimientos por Candy.

Entrada más la noche, los esposos Grandchester volvieron junto a sus nietas en casa de Candy. Neal se encerró nuevamente en el estudio. Arie subió a la habitación, al igual que Sarah, el ambiente tenso era casi abrumador.

Candy salió al jardín a tomar aire natural, Albert se sumó a esa actividad, haciendo una vez más que Terry reventara de celos.

Ambos enamorados caminaban por el inmenso jardín, platicando cosas referentes a la situación, mientras avanzaban eran seguidos por la mirada morbosa del noble inglés.

─Solo quisiera cerrar mis ojos y que al abrirlos ya todo esto haya terminado, pero sé que no es tan fácil, mi cuerpo tiembla no sé cuánto más tenga que soportar esto ─Apartándole el cabello de su cara Albert trató de consolarla.

─No desesperes más, pequeña, ya mañana el bebé de Arianna estará con ustedes, no habrá más temor ni nada que lamentar porque...

─¡Quítale las manos de encima a mi mujer maldito imbécil o te parto la cara ahora mismo! ─De un empujón Terry quitó la mano de Albert del rostro de Candy.

─Terry ¡¿Qué rayos haces?!

─¡Ven conmigo ahora mismo, no quiero que este tipejo siga interfiriendo en nuestros asuntos familiares!

─¡No iré contigo a ningún lado...!

─¡Qué vengas conmigo he dicho, con un demonio Candy, tú eres la madre de mis hijas y harás lo que yo te ordene!

─Terry, Suéltame, me lástimas!

─¡Suelta a mi mujer ahora mismo, marica! ─Albert le asestó un fuerte puñetazo en el rostro a Terry haciendo que este cayera sobre un zarzal, bamboleándose se levantó.

─¡¿Qué has dicho maldito infeliz?! ¡Repítelo si eres tan hombre! ─Terry también trató de devolver el puñetazo al rubio, pero no estuvo ni cerca, la agilidad con la que este se movía hacía entender que era un excelente peleador.

─¿Quieres que te lo repita? Pues bien, lo haré con mucho gusto, Candice es mi mujer, ella está esperando un hijo mío, espero que te haya quedado claro, no intentes acercarte a ella nunca más para hacerle daño porque yo mismo te parto tu cara.

─Basta, por favor, ya basta, que no ven que me lastiman con su comportamiento.

─¿Es cierto lo que dice este infeliz? Respóndeme maldita sea, Candy ¿Vas a darle un hijo a ese hombre?

─¡Terry! Yo... Sí, yo estoy esperando un hijo de Albert, lo amo, él es mi pareja, no renunciaré a él por ti o por nadie más.

─Entonces con eso estás aceptando renunciar a tus hijas para quedarte con este maldito, no esperes ninguna compasión de mi parte en el juicio que comenzaré contra ti. Mi madre siempre tuvo razón acerca de tu conducta, de tu mal comportamiento que influenció a nuestra hija, llevándola a cometer errores similares a los tuyos.

─No Terry, eso no es así, yo te juro que...

─No tienes que decirme nada más, no quiero escucharte, por respeto al dolor de mi hija no empiezo un proceso legal en tu contra ahora mismo, pero debes saber que estás perdida, me llevaré a mis hijas lejos de ti, no las mereces.

Herido, casi destrozado, Terry les dio la espalda, marchándose de la mansión Lagan.

─Perdóname por habérselo dicho. No pude soportar ver que agrediera a la mujer que amo. No quise correr el riesgo de que te lastimara a ti o a nuestro bebé, de ahora en adelante lucharemos juntos con la verdad por delante y, será como Dios quiera que sea, no temas pequeña.

Continuará...