SERÁS MI MUERTE

Por Niteryde

Traducido por Inuhanya

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18.- Atardecer

Bulma no durmió esa noche. Sintiéndose casi de mal humor al dormir en su propia habitación, dio vueltas toda la noche, intentando una variedad de posiciones para ponerse cómoda. Cuando vio vistazos de la luz del sol entrando por su balcón, se dio por vencida finalmente. Irritada, se quitó las cobijas de encima tirándolas al piso, como si sus cobijas tuvieran la culpa por su inhabilidad para dormir. Levantándose para ir a tomar una ducha, juró que no pensaría en Vegeta en todo el día.

Terminó pensando en el Saiyajin todo el tiempo en que se bañó. Normalmente se sacudía los insultos verbales como moscas y estaba lista para disparar los propios, las palabras de Vegeta la habían herido más profundo de lo que le importaría admitir. Estaba poniéndole mucho esfuerzo, para ser simplemente su amiga (y más), y era desalentador que se lo tirara en su cara.

Lo único real a lo que Bulma tuvo que aferrarse fue a su gentil caricia y la forma en que se quedaba en la cama con ella hasta que se durmiera. Si realmente pensaba en ella como sólo una mujerzuela usada para sexo, entonces ciertamente no la trataba como una. Sabiendo que era un hombre que hablaba más con sus acciones que con sus palabras, Bulma se llevó a creer que los sentimientos del Saiyajin por ella iban más profundo que sólo por lujuria. Además, ahora estaba hasta las rodillas con Vegeta, y decidió que no había vuelta atrás. Solo tenía que apretarse el cinturón y dejar que sus palabras le resbalaran, eso era todo.

De los dos seres testarudos y orgullosos, Bulma sabía que ella era la que tendría que ser quien iniciara algo si iban a continuar a partir de su horrible pelea.

Y ella tenía la perfecta rama de oliva en mente para extendérsela.

Mientras tanto, Vegeta estaba volando de regreso a la Corporación Cápsula, su aura azul destellaba rodeándolo. Después de su conversación con el Dr. Briefs, se había ido y explorado el planeta buscando un buen lugar para entrenar. Había terminado en una montaña que le ofrecía la soledad que necesitaba. Sin distracciones, justo como quería. Y aun, no había durado media hora antes de que se encontrara sentado de piernas cruzadas al lado de una montaña, mirando la vista, perdido en sus pensamientos.

Sin él, qué le pasaría a este planeta? Había hecho poca diferencia en el futuro del que venía ese adolescente; y aun, la mujer parecía pensar que él haría una enorme diferencia en esta línea temporal. Si él era capaz de tener tal impacto, entonces seguramente, estaba dejando este planeta a su perdición. No sería eso lo mejor? Kakarotto sería derrotado, y él finalmente sería el Saiyajin más fuerte en el universo mientras este planeta ardía. Se desharía de una vez por todas de su rival y se desharía de este planeta que odiaba, sin tener que levantar un dedo.

Y luego…?

Bueno, entonces realmente estaría solo.

Muy de repente, su cuerpo anheló la caricia de Bulma. Esa mujer siempre lo hacía sentir tan… inconexo. Siempre enorgulleciéndose de su fortaleza mental, su cuerpo trabajaba a su propio acorde cuando se refería a la heredera, sin importar lo mucho que intentara en hacer lo contrario. El día anterior había sido un primer ejemplo. Era como si su mano supiera que era esta mujer a quien tocaba de noche, y se hubiera rehusado a su orden de disparar su ki letal en espera de tocar su lisa y suave piel otra vez.

Fue sacado de sus pensamientos cuando el sol comenzó a ponerse. Nunca habiendo visto nada como esto, Vegeta observaba el cambio de colores en el cielo con maravillada curiosidad. Sentado a miles de pies del suelo, la vista que tenía era asombrosa. No duró suficiente para su gusto antes de quedar en la oscuridad, el frío lo bañó junto con una vacía sensación que no pudo quitarse.

El sentimiento no había abandonado al Saiyajin cuando finalmente voló hacia el complejo familiar. Su aura azul desaparecida, Vegeta cayó fácilmente justo detrás del Dr. Briefs en el jardín.

"Está lista?" demandó el príncipe en un enojado gruñido, asustando al anciano. El Dr. Briefs se giró, sus ojos abiertos con sorpresa ante el recién llegado quien no había estado ahí un segundo atrás.

"Ah, Vegeta. No me hagas eso, estoy envejeciendo, sabes," le dijo el Dr. Briefs, reajustando sus lentes. Vegeta cruzó sus brazos y le frunció al viejo científico quien se giró para encarar la nave espacial que estaba donde había estado ayer su cámara de gravedad. Había empleados entrando y saliendo de la nave, cargando provisiones. Uno de ellos miró a Vegeta con curiosidad, antes de escurrirse aterrorizado cuando Vegeta le gruñó amenazador. El Dr. Briefs levantó un tablero y entrecerró sus ojos.

"Bueno, solo tengo que revisar los motores y asegurar que los indicadores estén correctos. Entonces haré una última revisión de todos los sistemas."

Vegeta gruñó en aprobación. "Cuánto tiempo más?"

"Unas pocas horas, a lo sumo."

"Hn… regresaré más tarde para llevarme la nave."

"Quieres que te busque cuando esté terminada?"

"No hay necesidad," dijo Vegeta despedidamente, girándose. Con un salto, estuvo en la ventana de su habitación, sorprendiendo a varios de los empleados. Uno de ellos dejó caer la máquina de café que estaba tratando de entrar a la nave (Vegeta le había dicho no al capuchino, pero cómo podría alguien resistirse al café?). El Dr. Briefs suspiró.

"Grandioso," murmuró el científico, escribiendo algo en su block de notas. "Otra cosa por revisar antes de que Vegeta se vaya…" levantando la mirada, indicó que todos continuaran moviéndose. "El muchacho simplemente está probando nuestros nuevos zapatos levitadores. Continuemos."

Eso instantáneamente los puso a todos bajo control.

Mientras tanto, Vegeta entró por la ventana a su habitación y la cerró tras él. Cerró la cortina para bloquear la luz, debatiendo qué debía hacer para matar el tiempo. Lo que en verdad quería hacer era dormir, pero no podía hacerlo aquí. Su agudo sentido del olfato aun podía captar el aroma de Bulma. Frotando sus ojos, rodeó la cama para buscar su libreta y los libros que Bulma le había llevado. Tal vez podía matar el tiempo leyendo en algún lugar tranquilo. Agachándose, movió su mano y frunció ante el objeto que no había estado ahí ayer.

Curioso, levantó la pequeña cápsula y la giró en su mano. Mirando instantáneamente hacia la puerta, frunció sus ojos sospechosamente usando sus sentidos para tratar de captar a alguien cerca. La madre de Bulma estaba en la cocina, junto con unos humanos mientras reparaban el daño que había causado. Bulma estaba abajo en su oficina. Yamcha no estaba cerca del complejo. Mirando la cápsula, Vegeta la cliqueó y la tiró al piso.

Sus ojos se abrieron en shock ante lo que vio.

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Bulma tenía puestas sus gafas de protección en su laboratorio, dándole los últimos toques al circuito para su simulador de realidad virtual. Estaba casi listo, y no podía esperar. Conteniendo su emoción por el momento, la genio heredera mordió su lengua. La inflamación en su mano derecha había bajado considerablemente gracias a una buena dosis de hielo, y ahora estaba más estable que la de un neurocirujano.

Ya casi… ya casi…

Su nuevo celular vibró de repente en su bolsillo, y su mano se resbaló.

"MALDICIÓN!" chilló en frustración. Quitándose molesta sus gafas, se giró de su proyecto alcanzando por su teléfono. Su rabia levemente templada cuando vio que era su padre llamando. Trató de controlar su temperamento cuando respondió.

"Qué pasa, papá?" demandó ella.

"Bulma, querida, vendrías atrás y le darías un vistazo a esas cuchillas de turbina en el modelo J51 que diseñaste? Necesito tus buenos ojos y tus manos estables."

"Qué?" preguntó Bulma, su rabia disipándose en confusión. "No estabas trabajando en preparar el nuevo trato para la expansión de nuestro nuevo laboratorio?"

"Oh, bueno, lo puse en suspensión por ahora. Vegeta en verdad quiere que yo… erm… sabes qué? No importa, querida," dijo el Dr. Briefs tontamente, recordando de repente que Vegeta había querido mantener a Bulma fuera de esto. "Me ocuparé de eso."

"Espera, qué? Qué tiene que ver Vegeta con esto?" demandó Bulma, su corazón saltó ante lo que su intuición ya estaba diciéndole. Cuchillas de turbina… motor… nave espacial? Él no podía irse. Seguramente, en verdad no la había tomado en serio…

"Oh nada," dijo el Dr. Briefs, riendo nervioso. "Bueno, tengo que irme."

"PAPÁ!" gritó Bulma, haciendo que su padre se estremeciera y retirara el teléfono de su oído. "Dime en este momento lo que está pasando!"

"Oh querida," suspiró el Dr. Briefs. "Bueno… está bien…"

Cinco minutos después, Bulma estaba deseando haber diseñado un detector Saiyajin mientras buscaba sin descanso a Vegeta por el complejo. No podía creer que en verdad fuera a irse! Por sentado, le había dicho que se fuera, pero no quería decir que dejara el planeta! Estaba pateándose por eso; honestamente, a dónde más se supone que iría Vegeta? El hombre era demasiado orgulloso como para rogarle quedarse, y sabía que él preferiría atravesarse una estaca por ambos oídos que ir a quedarse con Chi-Chi y Gokú. Quién más estaba ahí para él, si no ella? Ellos tenían un arreglo silencioso, y ella lo había dejado enfurecerla al punto donde sintió la necesidad de abandonar La Tierra.

Revisó por todos lados. Su habitación, la de ella, los laboratorios abajo, cada ala en el complejo antes de darse cuenta que era infructuoso. Si Vegeta aún estaba ahí en el complejo, sin duda podría mantenerse aislado sin importar lo mucho que tratara de buscarlo. Había estado mirando constantemente hacia el jardín para asegurarse que la nave espacial aún estuviera ahí. Su padre aún estaba allá afuera, aunque casi había terminado.

Su único plan de batalla ahora era anclarse en la nave espacial y esperar por él.

Pero primero, iba a traer una cerveza.

Entrando en la cocina, Bulma le disparó una mirada a los trabajadores arreglando el daño causado por la pelea de Vegeta y Yamcha. Su madre estaba observando animadamente; lejos de estar enojada por el daño, Bunny estaba complacida de que ahora tuviera una excusa válida para remodelar su cocina.

"Oh, Bulma, cariño," dijo Bunny felizmente ante la vista de su hija. "Aún tenemos algunas sobras de anoche si tienes hambre."

"No, gracias," dijo Bulma con un suspiro, dirigiéndose hacia el refrigerador.

"Bueno, cuando veas a Vegeta, le dices que puede entrar y llevar algo de comer antes de su viaje! Odiaría que ese apuesto muchacho se matara de hambre en el espacio," rió Bunny.

"Lo haría, si supiera dónde está ese idiota," murmuró Bulma, sacando una cerveza fría. Se giró para salir y acampar afuera de la nave espacial, y tal vez captar algunos rayos de sol antes del atardecer que sería pronto, cuando su madre le dio una curiosa mirada.

"Por qué, cariño, él está en la biblioteca."

Bulma se paralizó, antes de mirar a su madre en shock. "Qué?"

"Bueno, él quería saber dónde podía encontrar más libros. Le dije ir a la biblioteca y le dije cómo llegar allá. No te lo dijo?" preguntó Bunny, antes de girarse hacia los hombres apuestos y fuertes trabajando en su cocina.

Bulma parpadeó incrédula. La biblioteca, de hecho, era uno de los pocos lugares que no había creído digno de revisar, y su madre era la última persona que esperaba supiera de su paradero. Casi contra su voluntad, rió con disimulo. Vegeta probablemente pensó de la misma forma… era un idiota, pero un idiota inteligente.

Tomando un profundo respiro seguido de un agradable sorbo de su cerveza, Bulma se aventuró arriba para encontrarlo con la esperanza de cambiar su decisión. Sabía que había hecho su trabajo, pero tenía que intentarlo. Si no por ella, entonces al menos por el bien del planeta.

Aunque impulsado por la innovación tecnológica, su padre aun creía en el poder de un buen libro. Como resultado, los Briefs tenían una biblioteca que rivalizaba la mejor en Ciudad del Oeste, y ellos constantemente la reaprovisionaban con los libros y revistas tecnológicas y científicas más nuevos. Algunas veces en ciertos fines de semana, les permitían acceso a jóvenes estudiantes, así que había mesas largas y sillas donde los niños podían sentarse y leer.

Pasando las mesas, de pie en la enorme ventana que conducía a su jardín desde tres pisos arriba, estaba el hombre que había estado buscando. Vegeta estaba perfectamente derecho, su postura orgullosa, sus brazos cruzados sobre su pecho con su espalda hacia ella. No se movió una pulgada cuando entró. Bulma pasó su lengua sobre sus dientes, antes de sonreír un poco cuando vio que estaba usando su nueva armadura.

"Hm… sabía que te gustaría," dijo Bulma, su tono un poco presumido. Vegeta frunció, ya sabiendo a qué estaba refiriéndose. No respondió, pero Bulma no necesitaba de sus palabras; él era un hombre de acción después de todo. Ella le dio una completa mirada antes de observar la mesa que tenía cerca. Ahí estaba su libreta junto con unos pocos libros. Paraíso Perdido. Corazón de Oscuridad. Un libro de tiburones. Levantó una ceja, antes de mirar su libreta. En la parte superior, había dibujado un diseño simple y dignificado que no reconoció. Lo miró curiosa, preguntándose qué símbolo era.

"El escudo de la familia real de los Saiyajin."

Bulma miró a Vegeta, quien aún no se había movido de su lugar. Parpadeó sorprendida de que pareciera saber cada movimiento que hacía sin la necesidad de ver, antes de mirar de nuevo el diseño. Pasó ligeramente un dedo sobre él.

"Vaya… aún lo recuerdas después de todo este tiempo?"

Vegeta exhaló en silencio, cerrando sus ojos. En su mente, aun podía escuchar el enfurecido grito de un desconsolado niño de siete años rompiendo y destrozando su armadura Saiyajin después de darse cuenta que Freezer había matado a su padre. Pero hubo una parte que había guardado, un pedazo con el emblema gravado en ella. Probablemente esa pieza no existía para entonces, estaría muy lejos hecha polvo espacial.

Vegeta echó hacia atrás su cabeza, abrió sus ojos y miró al cielo. El sol estaba poniéndose. Si esperaba un poco más, podría ver las constelaciones de La Tierra una última vez.

"Cada línea."

Bulma suspiró tranquilamente. Acomodándose en la mesa junto a los libros que había escogido, miró su espalda por lo que pareció una eternidad. El cielo estaba cambiando de colores con el inminente atardecer, bañándolo en un brillo rosa suave y naranja que contrastaba perfectamente con su nueva armadura y uniforme, un azul más claro que el anterior. Él era completa perfección, y ya lo extrañaba.

"Te vas."

Vegeta bajó su mirada hacia el jardín ante sus suaves palabras. La única persona trabajando todavía en la nave espacial era el Dr. Briefs, a quien no podía ver pero podía sentir que estaba dentro de la nave. Estaba casi lista. Miró la nave, sus ojos llenos con indecisión, frustración, y vergüenza al mismo tiempo.

"Sí."

"Supongo que no haría mucha diferencia si te pido que no te vayas, huh?"

"Tú fuiste quien me dijo que me fuera," señaló secamente.

"Bueno, qué esperabas?" demandó Bulma, y no necesitó mirarla para saber que sus ojos azules estaban ardiendo con su rabia. "Fuiste un idiota. Casi matas a Yamcha, OTRA VEZ, luego me llamaste una mujerzuela. Después de todo lo que he hecho por ti, cómo crees que eso me hizo sentir?"

Vegeta se encogió indiferente, y Bulma miró al techo, pidiéndole en silencio a Kami que le diera paciencia. Puso ambas manos en su cara y contó hasta cinco, para no agarrar un libro y lanzárselo a la cabeza. Oh, era tentador. Finalmente, exhaló y lo miró.

"Mira, Vegeta. El punto es que sin importar lo que dije, en verdad no quiero que te levantes y dejes el maldito planeta! Entonces te quedarás? Por favor?"

"Tenías razón antes cuando dijiste que no haría una diferencia si lo pedías."

"Pero por qué-"

"Sí, mujer. Por qué. Por qué me quedaría?" gruñó Vegeta, girando un poco su cabeza para reconocerla. "Cuál es el punto?"

"Qué quieres decir con cuál es el punto?" preguntó Bulma exasperada. "Ya has olvidado los androides?"

"Tienes tu propio guardaespaldas personal que arriesgaría su vida por ti," respondió Vegeta sarcástico, su tono sonó peligrosamente cercano a estar celoso. "Estoy seguro que hará maravillas protegiendo tu planeta."

"Quién? Yamcha?" preguntó Bulma incrédula, antes de estallar en carcajadas. Echó hacia atrás su cabeza y soltó una deliciosa carcajada que hizo acelerar el corazón de Vegeta. Se giró lo suficiente para no encararla directamente, pero sí poder mirarla. Los ojos de Bulma encontraron los suyos y solo rió más, haciéndolo gruñir enojado. "Oh dios mío! En verdad lo dices EN SERIO!"

"Por supuesto que sí!" le espetó Vegeta. "Ese tonto me ha desafiado una y otra vez, sabiendo muy bien que podría partirlo como una rama en cualquier momento. Juro, mujer, si lo veo aquí otra vez, yo-"

"Lo sé, lo sé," dijo Bulma, sus ojos con un brillo divertido mientras lo miraba. El ojo de Vegeta tembló cuando vio su mirada. Se giró para mirar la ventana con una mirada que podría haber roto el vidrio. "Mira, siento lo de ayer. Yamcha, es un idiota pero es un buen hombre. En verdad lo es."

"Oh, bueno. Supongo que debería hacerme amigo de él ahora para que podamos disfrutar juntos de los cupcakes de tu madre," dijo Vegeta inexpresivo.

"Oh, no seas así," dijo Bulma girando sus ojos mientras saltaba de la mesa. "Él solo quería protegerme, es todo. Vio mi mano y se asustó. Eso es todo, Vegeta."

"No me importa," respondió él tersamente. "Estoy cansado de él, y estoy cansado de este planeta."

"Cansado de La Tierra, o cansado de mí?"

Vegeta permaneció en silencio ante eso. Bulma suspiró, cruzando sus brazos mientras se detenía a unos pies tras él. Podía ver el más leve reflejo de ella en el vidrio, y de repente se obligó a desviar la mirada. Aún estaba usando su bata blanca, y a Vegeta le recordó una foto de una niña sin dientes.

"Pensé que querías el reto que te daban los androides."

Vegeta se encogió, desviando con esfuerzo sus ojos de su reflejo. "Hay otros planetas, cada uno con sus propios retos. Estoy seguro de que encontraré otro digno adversario en otro lugar."

"Un digno adversario?" se burló Bulma. "No hay nadie más digno que Gokú, y lo sabes. Pero supongo que tienes tanto miedo de perder que no te molestarías, huh?"

Vegeta bajó sus brazos, sus hombros cuadrados para una pelea mientras apretaba fuertemente su mentón.

"Sabes qué no entiendo, Vegeta? No entiendo cómo has estado reventándote el trasero todo este tiempo, justo para huir de esta pelea con los androides. Pero me parece que todo lo que sabes hacer es huir."

Aunque estaba completamente vestido en la armadura que había hecho para él, Bulma vio la tensión en todo el cuerpo de Vegeta ante sus palabras como un choque de electricidad. En el fondo, sabía que no debía presionar al volátil Saiyajin—podía ver la tensión en sus manos de lo apretados que estaban sus puños. Pero ahora estaba molesta, y si él en verdad iba a irse sin la intención de regresar, entonces no iba a detenerlo más.

"Creo que estás huyendo de todo. De los androides, de Gokú, y de mí. Pensé que eras más fuerte que eso pero me parece que no eres nada sino un cobar-"

Vegeta estuvo en su cara más rápido de lo que podría parpadear, y Bulma sintió como si alguien extrajera el oxígeno de la habitación. A pulgadas de él, un goteo de temor cosquilleó su piel. Tragó fuertemente, sus instintos queriendo retroceder pero su cuerpo rehusándose mientras mantenía contacto visual con él.

"No soy un cobarde," dijo él en un tono engañosamente calmado, sus oscuros ojos traicionando su apenas contenida rabia asesina.

"Ha, lo siento, pero ruego discrepar," respondió ella, esperando que no pudiera escuchar lo rápido que estaba latiendo su corazón.

"Podría destruirlos a todos en este maldito universo si lo sintiera. Si me voy, simplemente es porque no me importa. Así como no me importó matar a ese débil ayer. No vale el esfuerzo."

"Yamcha no es Gokú, amigo," espetó Bulma, un filo en su voz. El ojo de Vegeta comenzó a temblar a un ritmo que debió haberla hecho retroceder, pero valientemente lo miró a los ojos. "Pero oye, llámalo como quieras. Yo aún lo llamo por lo que es—ser un cobarde."

"No sabes a quién le estás hablando, mujer?" siseó Vegeta entre dientes. "Soy el predador más peligroso en el universo. Un asesino cuyo instinto asesino no secunda a nadie. He destajado y asesinado sin titubear y sin arrepentimiento. Te sugiero recordar eso cuando me hables."

"Oh? Bueno entonces, Sr. Malactitud. Cuál es tu cuenta?" desafió Bulma.

Vegeta esbozó una oscura sonrisa, e hizo que el corazón de Bulma se sintiera como si fuera a detenerse. Muy de repente, vio la razón de su interés en tiburones. Él era uno. Y ella era uno de esos humanos idiotas que trataban de luchar con tiburones, arriesgando su vida a cada segundo solo por la emoción y la adrenalina de nadar junto a él.

"Billones."

"Desde que fuiste devuelto a la vida," clarificó Bulma, levantando una ceja con burlona curiosidad.

La sonrisa de Vegeta titubeó. En realidad tuvo que pensar en eso por unos segundos antes de recordar. "Cuando me fui para encontrar a Kakarotto, me deshice de los restos de la armada de Freezer."

"Así que ningún inocente?" Él frunció, sus cejas juntas casi rígidas, dándole toda la respuesta que necesitaba. "Ves, sé exactamente quién eres, Vegeta," le dijo Bulma, tratando de calmar su corazón. No sabía si era de miedo o del delicioso calor que podía sentir emanando de él.

"Sí?" gruñó él, acercándose inconscientemente para olerla mejor.

"Sí," dijo Bulma, su respiración exhalándose temblorosa. "Eso es por qué quiero que te quedes. Vegeta, seriamente, La Tierra te necesita."

"Bah. Los terrícolas no son dignos de salvar," siseó él.

"Ni yo?"

Vegeta titubeó un segundo muy largo, dándole sin querer su respuesta, sus rasgos se tornaron la definición misma de frustración mientras un músculo cerca de su mentón se tensaba. Bulma esbozó una sonrisa burlona y conocedora, un brillo en sus brillantes ojos azules como si finalmente lo hubiese descifrado y pudiera leer cada rincón oscuro de su mente. El príncipe la miró furiosamente, no seguro de qué hacer: romper su cuello y dejarla morir, o tomarla ahí mismo contra un librero hasta que estuviera ronca de gritar su nombre.

"Sabes que no puedes resistirte a esta batalla," dijo Bulma, acercándose a él levemente. Era adicto a su aroma, pero la atracción, como siempre, no era unilateral. Hoy él olía al aire fresco de las montañas y era positivamente tentador. "Eres un Saiyajin, así que corta esa mierda. Sabes que quieres estar ahí."

El ojo de Vegeta tembló. Era verdad. Ella tenía razón en ese punto, y su lengua usualmente filosa no pudo responder. Retrocedió un paso, mucho para su decepción. Siseando por su nariz, Vegeta miró enojado hacia un costado.

"No entenderías, mujer."

"Hazme entender."

"No puedo concentrarme aquí!" Admitió Vegeta finalmente en un frustrado gruñido, su rostro enrojecido con vergüenza. "Hay muchas distracciones, todo el tiempo, todos los días. Nunca antes he tenido problemas para concentrarme y eso está volviéndome LOCO!"

Inhaló un respiro y contuvo su temperamento, antes de caer en un amargo silencio. No necesitó decir más para que Bulma se diera cuenta de que ella era su más grande distracción. Lo estudió por un momento como lo haría con un circuito complicado; si sólo fuera fácil de descifrar.

Finalmente, se acercó a él, cerrando la distancia que creó.

"Lo siento entonces," dijo ella, su tono genuino. Vegeta frunció y la miró, frunciendo sus ojos sospechosamente. "Lo más importante para ti es concentrarte en tu entrenamiento. Demonios, eso es por qué actualicé tu armadura. La cual se ve muy bien en ti, si puedo decirlo," dijo ella, su tono presumido.

"Hn." El labio superior de Vegeta tembló antes de desviar la mirada de nuevo, su mentón firme. "Es decente."

Bulma miró al techo. Suspiró profundamente. Oh, este hombre. Este hombre trabajaba como si nunca lo hubiese conocido.

"Muy bien, chico rudo," se burló ella, mirándolo. Su tono era despreocupado pero el azul de sus ojos era agridulce. "Si quieres irte, entonces vete. Es claro que necesitas el espacio."

"Como si necesitara tu permiso," espetó Vegeta con disgusto.

"Sí, sí, lo sé, lo sé." Bulma alcanzó por una de sus enguantadas manos. Él se tensó, pero no hizo movimiento para detenerla cuando le dio un apretón solidario. "Sólo promete que regresarás, de acuerdo?"

Vegeta movió su peso incómodamente bajo la mirada de esos suplicantes ojos azules.

"Yo no hago promesas. Las promesas son para romperse."

"Por favor, Vegeta?"

Maldita. Maldita directo a las profundidades del infierno.

Vegeta cerró sus ojos y traqueó su cuello, antes de suspirar derrotado.

"… Regresaré, mujer, pero sólo para derrotar a los androides y a Kakarotto. No por ti."

"Por supuesto que no," dijo Bulma con una sonrisa conocedora.

"Como sea," murmuró él, liberando su mano. Bulma no pudo evitar sentirse como si hubiese ganado un campeonato, y no pudo evitar la sonrisa en su rostro así lo intentara. Él le dio un gruñido en respuesta y se dirigió a recoger sus libros, levantándolos con una mano. Sin esperar por ella, salió de la biblioteca, Bulma lo siguió.

"Vegeta, espera, olvidaste tu libre-"

"No importa. Todas las páginas están usadas," dijo él, interrumpiéndola. Bulma miró atrás brevemente antes de seguirlo.

Caminaron en silencio, antes de que Bulma irrumpiera.

"Oye, Vegeta?"

"Hn."

"No eres un cobarde."

Vegeta no interrumpió su marcha mientras llegaban a la escalera, aunque giró un poco su cabeza cuando respondió.

"No eres una mujerzuela."

Bajaron las escaleras, Bulma sonriendo todo el camino.

Esto, hasta que su hosca voz añadió: "Eres la mujer más malcriada, molesta, insufrible y exasperante que he encontrado en todo el universo, y constantemente intento no asesinarte a sangre fría… pero no eres una mujerzuela."

"Qué encantador," respondió Bulma sarcástica.

Él esbozó una sonrisa que no pudo ver.

Finalmente, cuando llegaron al segundo nivel, Bulma alcanzó a Vegeta y agarró su brazo. Pudo sentir sus poderosos músculos flexionarse bajo su contacto mientras dejaba de caminar para dejar salir una frustrada exhalación.

"Oye, te alcanzaré en la cápsula espacial, de acuerdo? Quiero revisar las cosas antes de que te vayas. No te ATREVAS a irte antes de hacerlo!"

Vegeta gruñó molesto, "Mujer, tu padre ya-"

"Oh, sólo tomará unos pocos minutos! Cielos, hombres, todos son tan impacientes," dijo Bulma con un suspiro, girando sus ojos y alejándose en dirección de su habitación. Vegeta parpadeó sorprendido, antes de fruncirle sobre su hombro. Con un gruñido, se giró hacia las escaleras y continuó su descenso.

Sólo un poco más, y sería libre.

Sólo un poco más…

Cinco minutos después, Bulma estaba de regreso en la cocina. Sacó una botella de cerveza fresca y fría para apaciguar al temperamental Saiyajin mientras le dirigía una rápida mirada a la nave espacial cuando su padre entró en la cocina.

"Bulma, querida. Vegeta dijo que vas a revisar la cápsula espacial?"

"Sí. Algo más necesita otro vistazo?" preguntó Bulma cerrando la puerta del refrigerador.

"No, no lo creo," respondió el Dr. Briefs, mirando a su hija cuidadosamente. Se veía como si todo estuviera bien, y eso lo puso más tranquilo. "Tal vez puedas explicarle cómo funcionan las cosas, en caso de que el muchacho lo olvide."

"Vegeta no olvida muchas cosas, papá, pero veré qué puedo hacer," dijo Bulma, dándole a su padre una pequeña y reafirmante sonrisa antes de salir.

Vegeta estaba apoyando su hombro contra el costado de la nave espacial, un pie cruzado sobre el otro, sus brazos cruzados sobre su pecho mientras observaba lo último del atardecer, perdido en sus propios pensamientos. Giró su cabeza a un lado cuando sintió a Bulma acercarse, antes de girarse hacia ella.

"Vamos, probemos esto," le dijo Bulma con una sonrisa tranquila mientras subía la rampa hacia la nave espacial. Vegeta la observó subir en silencio, antes de fruncir y seguirla. Ella le alcanzó la botella de cerveza cuando llegó a la cima. "Toma, puedes entretenerte con esto mientras reviso todo. No es que no confíe en mi papá ni nada, pero me hará sentir mejor."

Vegeta frunció y aceptó la botella con un gruñido. Bulma le dio una alegre mirada de satisfacción y luego se volvió hacia su trabajo mientras él se recostaba contra la pared. Levantando la botella hacia su boca, Vegeta retiró la tapa con sus dientes, la escupió, y luego tomó un sorbo. Todo el tiempo, mantuvo sus oscuros ojos fijos en Bulma mientras se movía. No estaba mostrando señales de estrés por el hecho de que fuese a irse. Había esperado lágrimas, o algún otro tipo de respuesta emocional, pero ahora se daba cuenta de lo equivocado que había estado. De nuevo, logró sorprenderlo.

El príncipe levantó una ceja cuando de repente Bulma se dio la vuelta para encararlo, buscando en el bolsillo de su bata.

"Oh, antes de que lo olvide. Quería que tuvieras esto," dijo ella, sacando la semilla extra que Gokú le había dado. Vegeta la miró fieramente, su miraba hablaba volúmenes. Bulma lo miró instantáneamente, colocando una mano en su cadera. "Mira, no seas un idiota orgulloso por esto. Cuando hagas tu transformación Súper Saiyajin, quien sabe cómo estarás. Podría dejarte totalmente agotado. Así que mejor conserva esto, porque ayúdame, Vegeta, si tengo que ir al espacio a buscarte porque te lastimaste y no llevaste esto contigo, patearé tu trasero! Entendido?"

Ella le lanzó la semilla. El levantó la mano y la atrapó fácilmente. Vegeta la miró, sus ojos fruncidos. Lo único que pasó por su mente fue que ella dijo cuando.

Cuando hiciera su transformación. No si.

El puño de Vegeta se apretó alrededor de la semilla. Mirándola, la observó con una acalorada mirada mientras ajustaba algunas cosas en el panel de control. Inconsciente de su penetrante escrutinio, Bulma retiró su bata en un esfuerzo por estar más cómoda. Casualmente la hizo a un lado, dejándola vestida en un simple top negro con sus shorts de jean.

Cuando se inclinó sobre el panel de control e inocentemente le ofreció una seductora vista desde atrás, cada urgencia masculina en su cuerpo gritó de deseo por la femenina tentación que lucía en frente de él. Inhaló un profundo respiro, sus ojos recorrían su figura. Luchando consigo mismo por unos segundos, decidió que ya no había nada más que perder. Pronto, estaría solo con su entrenamiento y sus pensamientos para hacerle compañía.

Pero en este momento no estaba solo, verdad?

Cerrando sus ojos, Vegeta se bebió el resto de su cerveza de un trago. Tirando la botella en el jardín y haciendo a un lado la semilla, golpeó el botón para levantar la rampa y cerrar la puerta.

Entonces la aseguró.

"Muy bien, Vegeta, ven aquí para que pueda explicarte esto," dijo Bulma, concentrada mientras examinaba todos los diferentes controles. No se dio cuenta de que Vegeta ya estaba dirigiéndose silenciosamente hacia ella antes de que se lo pidiera, quitándose sus guantes y haciéndolos a un lado. "Ahora, quiero que te asegures que esta luz aquí, esta naranja, es la luz que mide constantemente las reservas de combustible, así que asegúrate de que permanezca encendida."

"Permanecerá encendida," dijo Vegeta en un tono bajo, llegando lentamente tras ella. Subió las mangas de su uniforme azul hasta sus codos, dándole un vistazo muy lento desde atrás.

"Bien, y esta…" la voz de Bulma se desvaneció, sus ojos abiertos con genuina sorpresa cuando sus fuertes manos se posaron en sus caderas. Un escalofrío bajó por su espina hasta sus pies cuando sintió el frío de su armadura presionado contra su espalda.

"Cuál, mujer?" gruñó Vegeta en su oído.

Bulma tragó, e hizo un valiente intento para hablar. "Um… sí… esta, aquí…"

Vegeta gruñó, hundiendo su nariz justo detrás del oído de Bulma y haciéndola estremecer de nuevo. Cerró sus ojos e inhaló profundamente, aspirando su aroma. Bien podría haber estado inhalando una dosis de una droga por lo intoxicado que lo hizo sentir.

"Qué horrible instructor eres. Ahora me perderé en el espacio por ti," susurró él con una sonrisa.

Bulma iba a responder pero sus palabras se perdieron cuando Vegeta la giró y descendió su boca sobre la suya. Colocando ambas manos a cada lado de su rostro, la haló en un profundo y hambriento beso. Pudo captar el más ligero sabor del alcohol, pero eso sólo lo hizo más tentador. Se derrumbó contra su armadura mientras él deslizaba una mano por la espalda de su top. Dos dedos se iluminaron con su ki, Vegeta bajó sus dedos por la curva de su espina, disolviendo con disciplina su ropa en contacto y cuidando de no derretir su piel junto con ella.

"Vegeta," exhaló Bulma contra sus labios, su crudo deseo en la pronunciación de su nombre dejó a Vegeta momentáneamente sin aliento. Ella tomó ventaja de su titubeo y lo besó ansiosa, tomando el control antes de succionar su labio inferior. Vegeta gruñó y tomó el control en un latido, tomando un puñado de su cabello suelto y echando hacia atrás su cabeza, rompiendo su beso. Gruñó cuando Bulma jadeó y se arqueó contra él. Antes de Bulma saberlo, los restos de su top desaparecieron y su fría armadura quedó contra su piel desnuda. Vegeta devoró con su cálida boca su expuesto cuello, mientras su ruda y callosa mano exploraba codiciosa su suave piel. Gimoteó de placer ante su asalto a sus sentidos, sus manos subieron por su armadura deseando piel.

Como si leyera su mente, Vegeta se separó de ella y retiró su armadura, haciéndola a un lado antes de que Bulma pudiera terminar un jadeo. Antes de saberlo, se había quitado la parte superior de su uniforme, y ahora estaba colgando en su cintura, exponiendo su torso delicioso y perfectamente esculpido. Le permitió un segundo para devorar su cuerpo con sus ojos, antes de sonreír y halarla contra él.

Piel cálida contra piel cálida, sus suaves curvas se amoldaron contra sus duros músculos como si hubiesen sido diseñados específicamente para el otro. Era la perfección personificada mientras continuaban su apasionado beso, ninguno dispuesto a ser dominado por el otro. Bulma alcanzó y provocó su dura excitación con una ligera y casi juguetona caricia sobre el spandex de su uniforme, sonriendo cuando lo sintió responder contra su mano. Ella lo apretó y el resultante gruñido en su beso fue casi fiero. De repente, la agarró y la levantó del piso.

Bulma se arqueó siseando ante el frío piso contra su espalda, pero Vegeta estuvo justo encima de ella, su calor abrumador y su fuerza la atraparon. El príncipe la miró, sus oscuros y hambrientos ojos bebían de sus enrojecidos rasgos. Casi no quiso irse cuando Bulma hizo contacto visual con él, sus ojos azules ardían por él.

"Vegeta, por favor," suplicó Bulma, sus suaves manos subían por sus fuertes brazos. Lo deseaba mucho, especialmente cuando pudo sentirlo palpitando contra su muslo a través de la muy delgada capa de su spandex.

"Que mujer tan impaciente," se burló Vegeta con esa enloquecedora sonrisa suya. "No dicen los humanos que la paciencia es una virtud?"

"Um, tú no eres virtuoso," dijo Bulma antes de poder detenerse. Sus ojos se abrieron ante sus propias palabras, pero el arrepentimiento no tuvo tiempo de manifestarse antes de que Vegeta riera ante el comentario, como si lo halagara. Su sonrisa forzada se tornó en una sonrisa rara y genuina que calmó su corazón.

"Cierto."

Vegeta estuvo sobre ella antes de poder reaccionar, su boca y su lengua atacaron cada pulgada suya antes de concentrarse en sus senos, su mano derecha se movió hacia sus shorts. Un golpe de su ki y los shorts y ropa interior habían desaparecido, dejándola desnuda para él. La exploró hábilmente con sus dedos y gimió en aprobación contra su piel cuando sintió lo caliente que estaba. Sólo por él. Sólo para él.

Como debería ser, pensó él arrogante.

Bulma se estremeció y sacudió bajo su contacto mientras Vegeta succionaba, besaba, mordía y acariciaba sus senos, sus suministros con sus dedos lentos y deliberados. Cuando estuvo seguro de que posiblemente no podría soportar más, se detuvo y se separó.

Bulma fue dejada en el piso temblando con necesidad, respirando fuertemente mientras parpadeaba ante la cruel pérdida de su calor. Mirándolo, vio que se había levantado y rápidamente estaba descartando sus botas y sus pantalones. Cuando se giró para mirarla en toda su desnuda gloria, el aliento de Bulma se ahogó en anticipación. Sus rasgos eran tan cálidos como su excitación mientras se arrodillaba ante ella, como si ella fuera la de la realeza.

Estuvo dentro de ella con un rápido movimiento, y ambos gruñeron de placer ante la increíble sensación. Vegeta se acercó a ella, su cálida piel rozaba contra la suya mientras Bulma se aferraba fuertemente a sus hombros, sus uñas clavándose en su piel. Sus cálidos jadeos se mezclaban juntos y se volvieron un vórtice de ardiente pasión mientras él establecía su ritmo. Ella envolvió sus brazos alrededor suyo, lo haló hacia ella y Vegeta se rindió como nunca se había rendido a ninguna mujer en su vida. La dejó tocarlo y besarlo donde quería, dándole todo lo que necesitaba.

Bulma envolvió sus piernas en su cintura mientras sus sudorosos cuerpos se movían juntos en perfecta armonía, ningún sentido de tiempo y lugar mientras disfrutaba cada pulgada de su príncipe. Tomó un puñado de su sudoroso cabello y Vegeta respondió con un gruñido y un paso más rápido y más fuerte. Bajó su mano entre sus cuerpos y le dio una tentadora fricción que la hizo retorcerse en éxtasis.

Él bajó sus labios rudamente contra los suyos, sofocando un grito que habría estremecido el vecindario mientras la llevaba al borde. Bulma tenía una mano en su hombro y lo agarró tan duro que sus uñas rompieron su carne. El dolor mezclado con su fuerte agarre en su cabello hizo que Vegeta liberara un fuerte gruñido contra su boca mientras se venía con ella.

Vegeta permaneció sobre ella, ambos jadeando juntos. Su frente estaba presionada contra el costado de su cuello, y era vagamente consciente de los dedos de Bulma masajeando gentilmente su cuero cabelludo a través de su cabello. Finalmente después de un tiempo, Vegeta se rodó de ella y sobre su lado derecho. La llevó con él, su brazo izquierdo asegurado posesivamente alrededor de su cintura. Instintivamente, Bulma se haló contra él, buscando su calor.

Permanecieron juntos en un cómodo silencio mientras sus respiraciones finalmente se normalizaban. Bulma aventuró una mirada hacia su rostro, pero él tenía sus ojos cerrados, sus rasgos firmes en ese duro y familiar frunce. Bajando la mirada, pasó gentilmente un dedo por una cicatriz en su pecho.

"Cuánto tiempo crees que te irás?"

Vegeta inhaló un profundo respiro. Se maldijo por esta situación; más por el lugar que por el acto mismo. Cuánto tiempo estará el olor a sexo en esta maldita nave espacial? Había sellado su tortura por semanas, incluso tal vez meses con su agudo sentido del olfato.

Al menos lo valió.

"Tanto como me tome volverme un Súper Saiyajin."

Bulma mordió su labio inferior, antes de acercarse a su rostro. Su labio tembló bajo su escrutinio pero no se movió. Estudió sus fuertes rasgos por un momento, y quiso decirle lo mucho que lo amaba y lo mucho que iba a extrañarlo. No se había dado cuenta hasta este momento, ahora que iba a irse, de lo profundos que eran sus sentimientos por el Saiyajin. Eran casi aterradores en su intensidad.

Justo mientras estaba reuniendo el coraje para compartir su corazón con él, Vegeta finalmente decidió que había tenido suficiente y se separó de ella. Bulma suspiró, el frío la cubrió mientras desaparecía el momento. Vegeta se levantó y fue a vestirse en silencio, sus ojos nunca miraron en su dirección. Bulma también se puso de pie, buscando su propia ropa. Agachándose, levantó lo que solía ser su camiseta negra. Parpadeó con sorpresa.

"Rasgaste mi ropa," dijo ella incrédula.

"Estaban en el camino," respondió Vegeta bruscamente, su espalda hacia ella mientras se ponía su uniforme. "Además," añadió con una sonrisa, "No pareció importarte."

El rostro de Bulma se tornó rojo mientras miraba la espalda del Saiyajin. Estaba absolutamente en lo cierto y no tuvo respuesta. Al final, aún tenía su bata. Acercándose, agarró su bata y se la puso, agradecida de que fuera lo larga suficiente para cubrir lo esencial. Vegeta la observó por su visión periférica mientras bajaba la armadura por su cabeza.

El silencio que se estableció entre ellos mientras terminaba de vestirse y ella terminaba de recoger sus rasgadas prendas no fue incómodo, pero tampoco exactamente confortable. Ambos se dirigieron miradas sutiles, evitándose a propósito mientras continuaban en silencio. Finalmente, Bulma se quebró y habló primero.

"Quieres que termine de explicarte lo que estaba diciendo antes?"

"Eso no será necesario," dijo Vegeta, dirigiéndose hacia la puerta. La abrió y bajó la rampa, agradecido por el frío aire de la noche. El piso principal de la nave espacial estaba en desesperada necesidad de airearse para deshacerse del aroma a sexo que aún permanecía en el aire, para no perder completamente la razón mientras estuviera en el espacio. Recostó su espalda en el marco y cruzó sus brazos, sus ojos hacia el oscuro cielo. "He estado usando naves espaciales desde que era un niño. Esta no es nada especial."

"Lo imaginé, pero quería asegurarme," dijo Bulma, cerrando su bata con una mano mientras se le acercaba, los restos de su ropa en su otra mano. "Bueno, al menos tienes unos buenos libros para pasar el tiempo cuando no estés entrenando."

Vegeta se encogió indiferente mientras Bulma finalmente se alejaba unos pies. Bajó su mirada de las estrellas para fruncirle.

"Ahora qué?" preguntó él, su tono ausente de su usual filo.

Bulma abrió su boca para decir algo, y luego cambió de opinión en el último segundo. Suspiró profundamente mientras lo miraba.

"Sólo cuídate, de acuerdo? No te excedas."

Vegeta giró sus ojos y desvió la mirada, apretando sus brazos sobre su pecho. Bulma sacudió su cabeza y se acercó. Él se tensó mientras se acercaba, esperando… bueno, no estaba muy seguro de qué estaba esperando mientras la miraba cauteloso por el rabillo de su ojo. Alcanzó y tocó uno de sus brazos, e instintivamente se tensó.

"Y por favor, no me extrañes mucho," se burló ella. "Aun estaré aquí cuando regreses."

Vegeta parpadeó, antes de burlarse por ser tan ridícula. Bulma rió y bajó la rampa, entrando para tomar una ducha y dirigirse a la cama. Ella no era de despedidas emocionales, y estaba segura de que muy pronto sentiría su ausencia. Por ahora, así eran las cosas y las aceptaba, consolada por el conocimiento de que al menos lo vería otra vez.

El príncipe liberó un lento respiro mientras la observaba regresar adentro, solo una palabra llegó a su mente:

Finalmente.

Había terminado. No pudo evitar sino sentirse aliviado.

Vegeta permaneció inmóvil por casi una hora después de que Bulma se fuera para intentar airear la nave espacial tanto como fuera posible. Veinte minutos después de eso y Vegeta estaba mirando una de las ventanas en la nave, observando mientras La Tierra se hacía más y más pequeña.

Frunció ante la bola de lodo de planeta, sabiendo que este viaje iba a ser bueno para él. Era exactamente lo que necesitaba: aislamiento para recuperar su disciplina y su foco. La basura emocional solo abrumaba a los guerreros élite, y eso era lo que Bulma estaba haciéndole. Con el tiempo y la distancia, la cabeza fría prevalecería y sería capaz de dejar atrás y para bien a la maldita mujer. Le había dicho que se quedaría tanto como le tomara hacer su transformación pero era una mentira para que no comenzara a molestar y a chillarle. La verdad era que se quedaría en el espacio tanto como pudiera con sus recursos para, muy francamente, controlarse otra vez. Regresaría a La Tierra, sí, pero ciertamente no para ver a Bulma. Tenía un destino que cambiar con los androides y un orgullo por restaurar contra Kakarotto. Se había rendido a sus necesidades primarias y había hecho un último contacto, pero ahora había terminado con ella para bien. Lo que sea esta cosa que hubiese entre ellos, ahora había terminado.

Se alejó dela ventana y fue a tomar un muy merecido descanso, inconsciente de cómo su última rendición ante Bulma cambiaría su vida para siempre.

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Continuará…