Disclaimer: No soy Jotaká ni Warner. Inherentemente Harry Potter no me pertenece.

Este relato participa en la tabla Alergias de Primavera organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash.

Palabra: Misión.

Personaje: Percy Weasley.

Palabras: 533.


ALERGIAS DE PRIMAVERA.

...

QUINCE.


Percy mira las letras, el tablero, sus letras, el tablero.

Audrey, por su parte, se mira las uñas. Con la varita se toca la uña y esta se pinta en azul. Uhm... no. La vuelve tocar y el esmalte se decolora a un gris metálico. Con brillo muggle quedará asombroso.

Percy deja de torturarse con sus letras y observa a su novia. Es insultante que esté tan tranquila. Tan indiferente al juego.

—Es de mala educación ignorar a las personas.

Audrey lo mira sobresaltada, como si hubiese olvidado que él está ahí. Que están jugando.

—No te ignoro, cariño. De hecho, sé perfectamente que llevas siete minutos asesinando con la vista al tablero.

El tono de Audrey es odiosamente inglés y no hay nadie más inglés que Percy. Pero su novia, en ese momento, le parece insoportablemente condescendiente, displicente, formal. Insoportablemente británica.

Naturalmente, Percy no responde. Hace un gesto ofendido y vuelve a concentrarse en sus letras. Audrey se esfuerza en retener la risa.

No le miente a su novio, está concentrada en el juego. Y es perfectamente capaz de concentrarse y pintarse la uñas, sobre todo cuando Percy decide gastarse los quince minutos de su turno, que es en cada jugada.

Finalmente, a los catorce minutos y treinta y seis segundos, él coloca sus fichas.

«Misión». Audrey se muerde los labios hacia dentro.

—Serían ocho puntos más un punto por el doble valor de la letra o —le dice, como si el tablero no estuviese hechizado para sumar los puntos automáticamente en el papel que flota entre ellos—. Serían ciento dieciséis puntos sumando los ciento veinticinco puntos que ya había acumulado. Ya es tu turno —añade en un tono que hace parecer que es ella la que se tarda una eternidad en elegir sus palabras.

A Audrey a veces se le hace divertida la necesidad de mostrarse superior de su novio. Las veces en las que esa necesidad lo hace comportarse de una forma ridícula es divertido, las veces en las que esa misma necesidad lo hace un pedante de mierda es intratable.

Percy resopla, zapatea, se acomoda las gafas y el pelo, mira a Audrey y a sus letras. Se traga los «juega», mastica los «¿no vas a jugar?», retiene un poco la satisfacción de verla elegir su jugada para decirle «¿es que no piensas jugar?». Y menos mal. Menos mal porque Audrey saca sus siete letras.

—H.O.W.A.R.T.S —deletrea Audrey. Lo cierto, es que ella también siente cierta predilección por regordearse en sus aciertos, para más inri, explica su rotundo éxito—. Trece puntos, palabra de doble valor, así que serían veintiséis, más el bonus de cincuenta serían setenta y seis puntos. Uhm... —Audrey finge pensárselo, solo para alimentar el enrojecimiento en la cara de su novio—. Ciento noventa y seis puntos, en total.

Audrey no es como Percy, no se regodea a gritos de sus aciertos. No tiene una necesidad en los huesos de demostrar que es mejor, más grande, más brillante. Su orgullo es silencioso, pero letal.

Cuando no hay más palabras y se restan las fichas que les quedan, Audrey gana con una ventaja de treinta y seis puntos.

Bendito sea el Scrabble.


¡Hola, hola!

Fun fact: este es el drabble que me ha llevado más documentación. En mi vida he jugado al Scrabble, pero no hay nada que media hora en Google no pueda. x'D

Besitos,

Carly.