Al día siguiente de los hechos ocurridos en el castillo, las dudas comenzaron a crecer en torno a las palabras de ambos. Pero la única conclusión que sacaron fue la de consultar a la princesa sobre lo ocurrido.
La aludida se encontraba mirando el paisaje desde el balcón, con aire triste. Los últimos acontecimientos la habían dejado patidifusa, sin saber qué hacer. Suspirando a la vez que cerraba los ojos, se dejó llevar por el sonido de los pájaros.
Su mente vagó hasta lo más profundo de ella. Se vio a ella cien años atrás. Al principio, sintió la rabia inicial que poseyó en un principio, causándole culpabilidad. Todas las veces que le había gritado... Ahora le dolían.
Procuró quitarse eso de la cabeza. La expresión afligida cambió a una sonrisa cuando recordó aquella noche tan especial para los dos. Habían confesado sus sentimientos... y se habían besado. Los celos y la preocupación se habían instalado justo en el peor momento. Volvió a centrar su cabeza en su cumpleaños. El cumpleaños en el que perdió la virginidad... y del que salió el bebé que albergaba en su vientre.
Abrió los ojos. Quedó cegada durante un instante por el sol, pero una vez que su vista volvió a ser normal entró en la habitación. Cuando vio toda la correspondencia que le pertenecía, tuvo que hacer un esfuerzo para no tirarla a la basura.
"Preguntas. Demasiadas preguntas. ¿No me puede el pueblo dejar en paz?"
Pues la respuesta era no. Entendía que el reino quisiera saber lo que pasó, pero le resultó ser que también se entrometían en su vida privada. Y eso la enfadaba. Preguntaban por su virginidad, y también por sus intereses amorosos.
Tiró todas las cartas que le parecieron innecesarias de responder a la basura.
"Puede que la gente lo considere cobardía", pensó. Pero se corrigió a sí misma diciendo que no deben hacer eso.
Empezó a leer las que le quedaban. De alguna forma u otra, le servían para olvidarse de Link. Necesitaba no empeñarse en entrar en la habitación en la que él yacía y abrazarlo toda la noche. Como bien dijo Impa, necesitaba descansar.
Fue leyendo, respondiendo y apartando cartas, hasta llegar a una que le llamó la atención:
"¿Estás enamorada de tu escolta?"
En ese momento, se sintió desnuda ante la realidad. Se vio a sí misma buscando respuestas que no la delataran. Acabó escribiendo un rotundo NO.
Anduvo removiendo cartas y escribiendo hasta que encontró una de colores vivos.
"¿Cómo anda Gorham? Soy la reina de Gorlue"
La muchacha sintió terror. Buscó formas de explicarlo, pero no las pudo localizar. Además... ¿no estaba soltero?
Después de un rato, decidió armar la mentira más gorda. Le dolía hacer eso, pero si confesaba todo podría costarle la vida. Escribió una carta en la que expresaba lo ocurrido de una forma dramática: el rey le enseñaba magia y, haciendo un hechizo, se equivocó y acabó pagando las consecuencias. Terminado de palabras de dolor y compasión y la promesa de llevar el cuerpo al reino lo antes posible.
-¡Zelda! -sintió unos urgentes golpes en la puerta. Afligida, corrió y la abrió.
-Pay, ¿qué pasa? -habló la princesa.
-Es Link. Ya ha despertado -nada más oír la última palabra, cerró la puerta y salió corriendo a la casa de Impa.
Una vez llegó allí, llamó a la dueña de la casa, la cuál le indicó dónde estaba. Mientras caminaba, se recriminó a sí misma que debía cuidarse más, debido a que la vida del bebé está en riesgo. Recordó la información de aquel libro de la biblioteca, el cuál advertía que en el primer trimestre había más riesgo de aborto que en los demás.
Si no llega a ser por Hylia, la criatura habría muerto.
-¡Link! -salió de sus pensamientos cuando vio al rubio, quien le lanzó una débil sonrisa. Nada más estar a su lado, le cogió una mano.
-Zelda. Estás... bien -ella asintió.
-¿Cómo estás tú? ¿Te has recuperado?
El joven trató de encoger los hombros, pero emitió un quejido de dolor.
-Aún... Aún estoy débil. Los latigazos fueron sumamente dolorosos -las palabras de héroe de Hyrule le causaron tristeza y ganas de llorar a la princesa.
-Ha sido mi culpa. Nunca debía haber salido de la casa -se disculpó con voz rota.
-No. De verdad que no. Sólo fue culpa de él. El condenado... Si pudiera matarlo, lo haría -replicó, enfadado. Zelda sonrió.
-Me temo que no podrás -le reveló, emocionada -está muerto.
Las palabras causaron gran impacto en Link.
-¿Cómo...? -trataba de averiguarlo. La joven levantó la mano en la que poseía la Trifuerza, la cuál brilló -Tus poderes...
-Han vuelto -completó por él -Por favor, nunca me dejes. Quiero estar contigo. Desde el principio, siempre fuiste el culpable de que lo que guardo en mi interior salga. Si sigues conmigo, todo volverá a surgir. Me llenas, al igual que te lleno...
No pudo seguir con su discurso. El joven trató de estirar el brazo y coger la cara de la muchacha.
-Por favor, necesito ser prisionero de tus labios. Te he echado tanto de menos...
Sin pensarlo, Zelda devoró los labios de su amado con pasión. Los sintió como el oxígeno que necesitó. En lo más profundo de ella, sintió como si su bebé estuviera feliz.
-Te quiero. Oh, amor, cómo te he echado de menos.
-Link... -por los ojos de la princesa se asomaron lágrimas. Lágrimas de alguien que lleva sufriendo por su amor -Durante todo este tiempo no he podido evitar pensar en lo peor. Estaba tan afligida que no podía evitar en pensar en tí. Te has convertido, inconscientemente, en mi razón de pensar y hacer las cosas bien.
Durante los dos días siguientes, no dejó de llegar correspondencia a la habitación de Zelda. Cada hora que pasaba, se estresaba aún más al ver que las cartas no cesaban. Por su parte, iba dándole cada vez más tarea al repartidor.
Y por fin, al segundo de esos dos días Link pudo marchar de la casa de Impa. Iba caminando despacio junto a Zelda. Pero el trayecto no fue tranquilo.
-¡Princesa! ¡Eh, es la princesa de Hyrule!
Seguido de un cúmulo de gente que sólo conseguía agobiarla con preguntas a destiempo.
-¡Déjenme pasar! -se obligó a sí misma a gritar. Pero daba igual hacia a dónde fuera. La gente le impedía pasar. Se le ocurrió la idea menos violenta del mundo.
-Tápate los oídos -le dijo a Link. Éste le hizo caso. Viendo la cantidad de gente que había, que poco a poco iba en aumento, la obligó a carraspear, para luego tomar aire.
-¡¡¡Escúchenme!!! -dijo lo más alto que pudo.
Este tono surgió efecto de inmediato, porque la gente dejó de hablar.
-Sé que todos quieren saber lo que pasó. No soy estúpida. Habitantes de todo el reino me preguntan lo mismo. Bien, si es lo que queréis, os lo diré.
Sintió cómo la gente la miraba, ansiosa. Ella temía que se rieran de ella, puesto que esta clase de cosas son "chorradas" que para muchos no debe ser algo que se castigue con la muerte.
-Este hombre no es lo que parece. Para empezar, no está soltero. Tiene mujer, y probablemente, hijos. Seguido de esto, habéis podido comprobar el comportamiento violento que tuvo conmigo. Las cosas no funcionan así. Me forzó a perder la virginidad. Me violó. Y es algo que no pienso consentir en nadie. Y, para acabar, hizo daño a alguien a quien nunca quise que le pasara nada.
Se calló. Todo el mundo se quedó helado por la confesión. Aprovechando el momento, se hizo paso entre la gente y se metió en la posada.
Cuando llegaron a la habitación, la princesa sentó a Link sobre su cama. Dudando, lo miró a los ojos.
-Tú... tienes casa, ¿no? -preguntó. Él asintió -¿Podemos ir allí?
El héroe arqueó una ceja.
-¿Para qué?
-Por la marca que pusiste, la pude identificar en la piedra sheikah. Está en Hatelia, y nadie de allí fue al castillo. Con un poco de suerte, nadie sabrá lo que ocurrió y podremos estar tranquilos.
A Link le convenció la idea. Recogieron sus pertenencias y le entregaron las llaves al dueño. Mandó un mensaje a Pay, comunicándole lo que pasa, haciendo la promesa de que volverían a verlas. Teniendo todo listo, marcharon.
Una vez sus cuerpos pisaron la hierba de la aldea, sonrieron. Pasaron por el puente que llegaba a esa encantadora casita en la cual dejaron todo.
-Vaya, es muy bonita -opinó Zelda.
-Me alegro. Vamos a estar aquí por un tiempo y, además... -cogió a Zelda por la cintura -podemos estar juntos.
El significado de esas palabras consiguió sonrojar a la princesa. Sin esperar demasiado, se besaron en los labios. Poco a poco, la lengua del muchacho descendió por el cuello de la joven.
-Amor... tengo ganas -le susurró en el oído.
Zelda estaba a punto de rendirse a él y decirle que lo hiciera, pero en un instante recordó la criatura que ella tenía. Mirándolo a los ojos, decidió que era hora de decirle la verdad.
-Link, yo... Hay un problema -empezó, mirando hacia otro lado. Eso asustó al joven.
-¿Qué pasa? -le preguntó, temeroso de haber hecho algo malo.
-Pues... En realidad, ambos tenemos un problema. Link... estoy embarazada.
La princesa había soltado rápidamente las palabras para evitar un futuro arrepentimiento. Miró a su amado, quien la observaba impresionado. Ella estaba a punto de llorar, pero coincidió cuando él se abalanzó sobre ella y la besó con pasión.
-Un bebé... Zelda, es fantástico. Prometo ser un buen padre y cuidar de él -acto seguido, le dio un beso en el vientre -Os quiero. Habéis sido lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Yo igual -dijo simplemente. De repente, él la puso encima suyo.
-Zelda, desde que empezamos esto, nunca logré sentirme tan feliz de estar con alguien como lo lograste. Hemos pasado por el sufrimiento de separarnos, de creernos muertos. Pero seguimos aquí, vivos, felices, y con una criatura maravillosa creciendo en tí.
La muchacha no pudo evitar mostrar una amplia sonrisa. Se olía lo que pasaría a continuación. Así que abrió bien los oídos, procurando guardar las siguientes palabras que él pronunciaría.
-Zelda, princesa de Hyrule, amor de mi vida. Da igual lo que ocurra: tanto si volamos por los cielos, como si viajamos en el tiempo, o como si somos bañados por el Crepúsculo, siempre te querré. Y aunque no nos ocurra eso, quiero que estés conmigo hasta que la cruel muerte nos separe.
¿Te gustaría casarte conmigo?
Aquellas palabras le parecieron las más hermosas del mundo. Y, como estaba locamente enamorada de él, no se pensó dos veces la respuesta.
-¡Sí! ¡Sí, quiero! -gritó, besando los labios del joven. Éste no tardó en corresponder.
Se acomodaron en la cama. Abrazados, cerraron los ojos y se durmieron. Y las manos de ambos se posaron en el vientre de Zelda, donde una criatura se iba desarrollando.
¡Hola!
Ya queda menos para el final. Habrá parte final y epílogo. Pero aún quedan dos o tres capítulos más antes del desenlace.
Nos vemos en el próximo cap.
Muchos ,
Mary G.
