No era amigable en lo más mínimo. Parecía molesto y la serpiente blanca que reposaba en su cuello no hacía sino agudizar los escalofríos que ese hombre le producían pero en ese momento sentía que no tenía a nadie más a quién acudir. No era algo trivial decirlo, dejaba en claro la desesperación por la cual estaba atravesando. Porque ni siquiera se detuvo a cuestionarse cuando abrió la puerta de su auto, sentándose en el lugar de copiloto. Era ilógico que lo dijera, pero sentía los ojos rojos del reptil fijos en él como analizándolo mientras Iguro comenzaba a manejar.

-No pensé que fueras a llamarme tan rápido, al menos hubiera apostado que una semana- Tanjirou recién comenzó a cuestionarse cómo podía hablar a través de las vendas, recordando que por la noche le había visto sin ellas pero al estar tan disperso, no notó qué tipo de heridas tenía- me parece ridículo la poca voluntad que tienes, cuando los vi irse juntos pensé que te acostarías con Zenitsu o algo así- debió ser muy evidente su gesto ofendido que incluso sin mirarlo el hombre lo descubrió, con un brillo de burla en los ojos- no te creo que le estés siendo fiel a Muichirou-

-No quiero ni siquiera saber qué clase de persona hace comentarios de ese tipo- resopló, mordiéndose los labios, mirando por la ventanilla.

-La persona que te está llevando ante el Patrón para que puedas vivir tu estúpida historia de amor, deberías mostrarte más agradecido-

-No quiero ser descortés pero sinceramente no creo que lo estés haciendo sin un motivo oculto.Ahora no me importa mucho, sólo quiero ver a Mui-

-Me parece ridículo, ya te lo dije. Haces demasiado para un niño ¿No crees? Digo, sé que se porta como alguien mayor pero sigue siendo un chiquillo idiota, además su hermano y Sanemi te matarían antes de que le pusieras una mano encima ¿Para qué haces todo esto?-

-No es un chiquillo idiota, es una persona muy valiosa- volvió a voltear a la ventanilla, sintiendo las mejillas arderle. Iguro aprovechó el alto para voltear a verlo, carcajéandose ante eso.

-¿En serio? ¿Ya te lo tiraste? Cielos, niño- volvió a retomar la marcha y Tanjirou giró lo más posible la cabeza, queriendo escapar. De pronto haberse quedado en casa sonaba mejor que eso- Sanemi te va a matar si se entera-

-Estamos saliendo, supongo que era algo lógico que alguna vez pasara-

-Al menos pudiste esperar a que creciera un poco ¿No crees?- resopló, bajando un poco las vendas para acomodarse el cigarrillo en los labios- no es que yo sea la persona más adecuada para hablar al respecto, claro. Yo a veces tengo sexo con su hermano, sobre todo cuando alguno de los dos está borracho-

-Es muy diferente, yo sólo le llevo dos años- Tanjirou volvió a mirarlo con el ceño fruncido. El hombre cada vez le incomodaba más- tú te ves demasiado mayor para Yuichirou-

-¿Cuántos años te dijo que tenía?- dijo con petulancia , apenas de soslayo en el espejo retrovisor sintió esos ojos heterocromáticos, sádicos, burlones y el aire ganó peso en su estómago, doliendo- esto se está poniendo más divertido de lo que pensaba-

-Estás siendo cruel a propósito- aseveró, negando con la cabeza, rodando los ojos.

-O tú estás siendo ingenuo a propósito, quédate con la versión que quieras- encendió el radio, arrojando la colilla al cenicero del auto, encendiendo otro cigarrillo. Tanjirou se quedó en silencio, repasando en su mente cualquier indicio, cualquier mínima posibilidad. Se mordió la punta de la lengua, juntó sus fuerzas pero al final cedió, volteando a verlo, con un claro " por favor , dime" pintado en el rostro- cumple años el ocho de agosto, el mes que viene- exhaló el humo, sin apartar la mirada del camino, aburrido.

-Me dijo que cumplía en diciembre- murmuró, haciendo cuentas- aunque ahora creo recordar que Genya dijo algo de que faltaba poco para el cumpleaños de Yui, creo que no asimilé que son gemelos y cumplen el mismo día-

- Puedes esperar hasta agosto y comprobar por ti mismo cuántas velas ponen en su pastel o hacerme un favor para que yo te lo diga-

-No pareces alguien muy confiable-

-Y aún así aquí estás, en mi auto, dejando que te lleve un lugar que puede ni siquiera exista ¿No es cierto?- Tanjirou guardó silencio, acomodando su mentón en su mano- sólo quiero que le pidas a Sanemi que me llame en cuanto pueda, no eres el único que está preocupado- murmuró, suavizando apenas la mirada. Tanjirou lo miró de reojo por el retrovisor- compartimos el odio que le producimos a Sanemi por estar tocando a sus bebés,no es que me agrades. Sólo es eso- Tanjirou agachó la cabeza, encogiéndose de hombros. Aquello sólo lo hizo sentir peor- van a cumplir trece apenas- pero nunca tan mal como lo hizo escuchar esas palabras, un golpe de calor y de nieve en el estómago lo hizo voltear con la boca y los ojos completamente abiertos, incrédulo- ¿Nunca pensaste que se veía demasiado pequeño?-

-Pensé que…- tartamudeó, negó con la cabeza- esto cambia mucho las cosas- se cubrió la boca, nervioso- soy un enfermo-

-Todavía estás a tiempo de que te regrese a casa-

Tanjirou se mordió de nuevo los labios, sosteniéndose el estómago. La resaca le estaba golpeando en el peor momento. Iguro le extendió una botella de agua que guardaba en la guantera y el adolescente se pasó la mano por la frente.

-Ya no puedo borrar las cosas que hicimos, aunque quiera- suspiró, dándole un último trago a la botella- ahora tengo más ansias de verlo, necesito que me explique por qué me mintió con algo tan delicado- volvió a sujetarse el estómago, con gesto amargo.

-Todavía estamos algo lejos, si quieres puedes dormirte un rato- Iguro también suspiró, intentando no sentir nada de empatía por el muchacho que enseguida cerró los ojos.

No mentía, pasaron más de dos horas en el tráfico de la mañana, atravesando la carretera hasta llegar a una sección de la montaña con los árboles más crecidos, bordeándolos había un camino trazado que subía y se enredaba, aunque hubiera querido eran tantas vueltas que no pudo memorizarlo. Abrió los ojos con lentitud ante el canto de las aves, se desperezó sobre el asiento y a los pocos minutos vio una enorme casona asomarse. Iguro se acomodó las vendas y el traje después de estacionarse en la entrada, volteando a verlo de nuevo con ese gesto agresivo, acomodándole con brusquedad la ropa y el cabello, jalándolo del brazo hacia el interior. No tocó la puerta, sino que sacó su celular , marcando.

-Buenos días, Patrón- Tanjirou no pudo evitar la ceja levantada ante el cambio de actitud del hombre, tan parecida a la que tomaba con Mitsuri- Disculpe que llame tan temprano ¿Recuerda que le dije que el novio de Muichirou nos estaba causando molestias? Eh, sí- miró por encima de su hombro, volviendo la vista al frente con nerviosismo- lo lamento, sí- se irguió, sujetando con más fuerza al adolescente, jalándolo. La puerta se abrió y enseguida le recibieron un par de niñas de no más de quince años ( o menos, Tanjirou se sentía incapaz de adivinar edades tras el impacto recibido) sonrientes con sus trajes tradicionales. Iguro les hizo una reverencia antes de entrar, jalando al muchacho, siguiendo a las niñas. Tanjirou miraba con asombro la opulencia de ese jardín, a pesar de lo sobrio que también lucía. Iguro lo jaló del cuello, haciéndolo arrodillarse.

-Patrón- la voz del hombre salió suave, entusiasmada- es un verdadero placer verlo disfrutar de este día, sin embargo me siento muy avergonzado por haber venido sin previo aviso-

-Para mí siempre es un placer ver a mis hijos- Tanjirou se sintió intrigado por esa voz, melodiosa, pacífica, que no podía asociar a un capo de la mafia como suponía era. Intentó levantar la cara, pero Iguro le apretó más.

-No te atrevas a faltarle el respeto al Patrón, mantén tu maldita cabeza agachada- le siseó, ácido y Tanjirou volvió su vista al suelo, apenado.

-Vamos, Iguro, no seas tan duro. Él no conoce nuestras costumbres ¿No es cierto?- su risa era igual de cálida, una brisa de aroma dulce al volver a casa- levanta la cara, niño- Tanjirou tragó saliva, despegando la frente para encontrarse con la imponente figura de ese hombre. Y aún así su sonrisa era tan amable, noble como un príncipe- ¿Puedes acercarte, por favor?- Tanjirou se tropezó con sus pies por lo rápido que se levantó, quedando a una distancia prudente del hombre, haciéndole varias reverencias. Se inclinó cuando una de las niñas se acercó a su oreja para susurrarle algo- ya veo. Es un gusto conocer al novio de uno de mis hijos, mis gemelos son los niños más pequeños y debes perdonar que sean algo mimados por eso, espero que no te esté causando problemas-

-No, en lo absoluto, Mui es un niño muy bueno- tartamudeó, volviendo la vista al suelo, junto a Iguro quien en ningún momento levantó la vista- lamento haber entrado a su casa sin pedir permiso...Patrón-

-Tú puedes llamarme Señor Ubuyashiki- concedió, recargándose suavemente contra una de las niñas- no quiero ser descortés pero mi salud no es la más óptima así que no suelo recibir visitas muy largas ¿Podrías decirme a qué han venido?-

-Mui se fue sin decirme a dónde. Entiendo y respeto su oficio, sin embargo no puedo estar tranquilo, no me ha enviado ni un solo mensaje y estoy desesperado. Solo quiero saber si él está bien, a dónde se ha ido-

-Lamento mucho la angustia que estás viviendo, sin embargo debes comprender que no puedo comprometer la seguridad de mis niños al revelar información tan secreta a alguien que es un extraño para mí-

-Se lo ruego- levantó la vista, mirándolo fijamente aunque supo que era inútil, que el hombre era ciego y aún así mantuvo sus ojos en él- sólo quiero saber si está bien, no tengo nada más que mi palabra para ofrecerle pero le puedo jurar que no soy un soplón ni un mentiroso-

-Lo sé. Mui me ha hablado de ti- le sonrió, estirando la mano y Tanjirou no dudó en acercarse al intuir que quería tocarle. Su mano alcanzó su hombro y el hombre sonrió más ampliamente- me pidió permiso y consejo para invitarte a salir, es tan considerado conmigo- le palmeó el hombro un par de veces antes de volver a recargarse en la niña- por eso mismo es que debo insistir en que te mantengas al margen. Puedo asegurarte que Mui está bien, está con sus hermanos en un lugar neutral, está a salvo. Recibió un par de impactos pero por las fotos que me han enviado, parece que se está recuperando rápidamente, puedes mantenerte tranquilo-

- No quiero ser irrespetuoso, dado que usted ha sido tan amable conmigo pero es imposible que esté tranquilo sin saber dónde está él, Señor- volvió a levantar la cara, de nuevo angustiado, roto- no puedo esperar un par de meses para verlo, mi estabilidad emocional no me permitiría soportar tanto tiempo pensando que está herido, que está tan lejos-

-Me enternece lo visceral y dramático que es el amor joven- canturreó el hombre, sin burla, sincero- lo lamento, pero no puedo confiar esa información a alguien que no sea parte de la asociación, espero puedas comprenderlo-

La respuesta estaba tan clara entonces. Tan cerca de sus manos que podía quemarle si lo tomaba por el lado equivocado. Mantuvo el aliento, dobló una rodilla y apoyó su brazo en ella, con toda la solemnidad que pudo reunir en su cuerpo, sin darse el tiempo para dudar.

-Por favor, le ruego que me permita unirme a ustedes. Si ese es todo el pago que requiere, no tengo miedo en ofrecerle mi más profunda lealtad, Patrón- dijo esta vez con firmeza, con la cabeza inclinada. Iguro mantenía la vista en el suelo, pero tantos años a su servidumbre, podía intuir las reacciones del amable hombre delante de ellos. Y sabía que estaba sonriendo.