Capítulo XVI
Los dos jóvenes se fueron serenando después de ese intercambio de amor, que a ambos les hacía falta y entonces el rubio dijo:
–Limpiémonos y vayamos por las niñas.
Harry se levantó y los limpió a ambos con magia.
–Voy a verlas o traerlas... si me las dejan.
–Sí, mira que esos magos a se apropiaron de nuestras hijas. –bromeó Draco. –Ve.
–Sí, tú descansa.
–Es que me dejaste agotado.
Respondió muy coqueto Draco. Harry se coloreó, pero le guiñó un ojo a su prometido.
Harry volvió a acomodar las almohadas detrás de Draco y con ternura constató que su rubio ya dormía... Besó la frente de este y salió sigiloso del cuarto. Claro que uno de los elfos o varios se quedaban al pendiente de Draco. El rubio le relató que desde que supieron como los yōmas eran inmunes a la magia y se podían colar en las casas con otra apariencia si era necesario; Lucius consideró que los elfos siempre debían estar pendientes de los amos y de ellos mismo para evitar el peligro. Por eso mismo a Harry, esa precaución le pareció muy buena.
El moreno entró a la sala y vio que sus niñas ya estaban despiertas. Fue a verlas y notó que estaban muy tranquilas, sospechó que apenas las habían dejado en el moisés.
–¿Ya comieron preciosas? –Las bebés se removieron al escuchar su voz.
Remus se rió feliz.
–Estas nenas ya reconocen a sus papis.
Harry asistió muy orgulloso y movió el moisés.
–Lo hacen de verdad que lo hacen. Son muy inteligentes.
El grupo aceptó lo dicho por el moreno menor y es que siendo todos magos, con pareja masculina estaban viviendo un sueño al tener bebés que consentir y que eran parte de su familia.
Harry decidió que se quedarían –él y las niñas– otro rato con los mayores y con eso dejarían descansar a Draco.
...
Pasaron los días y el joven de complexión gruesa; se dijo que de verdad lo había intentado. Buscó una forma de contactar a su primo; incluso visitó a los vecinos de quien sospechaba sabían o eran parte del mundo mágico; sin embargo su búsqueda no dio resultado.
Dudle salió de su habitación, ya era algo tarde y su madre no había servido la cena; claro que su preocupación se debía en mayor parte a que, aquello era señal de que su padre no había llegado.
Dudle bajó y vio a su madre en la sala, ésta parecía estar viendo la televisión, no obstante se notaba la nula atención que le ponía.
—¿Papá no ha llamado?
Petunia salió de su ensimismamiento y aclarándose la garganta, negó.
—No, pero muy probablemente no lo vio necesario. Ya sabes cómo es, sobre preocuparse demasiado.
El joven se sentó en el sillón individual y optó por no contradecir a su madre. Ya habían tenido demasiadas veces esa discusión sobre su padre y la incredulidad de éste por el peligro que suponían esa serie de asesinatos.
Como para avalar lo que Petunia dijo; se escuchó el ruido de la cerradura al ser abierta con llaves.
—Lo ves, ya llegó. –afirmó la mujer.
Ella se levantó de inmediato para ir a recibir a Vernon. Dudle se tardó un poco, pero se unió a la bienvenida.
—¡Buenas noches familia!
Ninguno de los dos notó nada extraño en la felicidad plasmada en esa frase, ni en la enorme sonrisa que la acompañó.
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A Hysteria* no le agradaba mucho viajar a ese mundo y no por los prejuicios –estos existían en ambos lados–, si no porque debía esconder su arma y su verdadero rostro, este con una pócima especial que no era ni remotamente agradable de tomar, más servía para que su cabello y ojos tomaran un color más humano. Sin embargo cada vez eran más Claymore, que como ella, debían actuar en ambos mundos: el mágico y el muggle. Y no deseaba ser pesimista, pero los muggles estaban cayendo más rápido que los magos y simplemente porque sus autoridades aún no daban a conocer la existencia de los yōma.
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Draco vio a su prometido y como este se quedó un momento en silencio y con la mirada clavada en un punto, sosteniendo el zapatito de su hija menor sin colocárselo.
–¿Qué sucede Harry?
El moreno se sobresaltó un poco antes de responder.
–Es solo que estoy tan feliz de tenerlos a ustedes y que nuestra familia se hizo grande, que pensé en lo solo que me sentía, allá con los que fueron realmente mis parientes de sangre.
–Oh... de verdad que trato de no pensar mucho en esos muggles o solo concentrarme en que sin quererlo, te dieron protección con su lazo de sangre; pues si no fuera por eso, los iría a cruciar.
Harry se acercó a su pareja – quien ya se podía mover más– y le besó en la mejilla.
–Gracias por ofenderte por mí.
–No tienes que agradecer, es lo más lógico.
–¿Me tomarías por un tonto si te dijera que quiero saber si están bien?
Draco bufó y terminó por vestir a Teresa, siguiendo con Clare que esperaba por el zapato que traía su padre.
–No. Así te conocí y esa parte de ti me exaspera, pero es lo que te hace ser tú.
Harry abrazó por detrás a su rubio y besó el cuello de este.
–Te quiero mucho.
–... Y yo a ti. Si quieres ir a constatar por ti mismo si están vivos... ve.
–Sabes, creo que si lo haré.
Draco no agregó que el moreno debía convencer a uno de los leones para que fueran con él o... tal vez a otro mitad muggle que se contendría más que ese par y no causaría muchos problemas.
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Los días que habían transcurrido desde la victoria sobre Voldemort, si bien no fueron pocos, para varios de los magos y brujas que vivían con el temor de ser la próxima comida de algún yōma, les parecieron muy menos.
En la Madriguera, Hermione terminaba de acomodar los últimos pergaminos en los que trabajó, la pasada noche.
Igualmente incluyó algunos libros que deseaba mostrarle a Theodoro.
Ronald entró en la sala y vio que su novia ya casi estaba lista para irse.
Ella lo volteó a ver y como en la última vez, le preguntó:
—¿De verdad no quieres acompañarme?
—No; tú estarás ocupada y no creo que Harry tenga tiempo para mí.
Hermione resopló al escuchar aquello.
—Harry no dejó de ser tu amigo, sólo por ser un hombre de familia; seguro que sigue necesitando un confidente de su edad.
El pelirrojo se quedó un instante callado, para luego agregar:
—Lo cierto es que aún me siento un poco avergonzado de mi comportamiento en Grimmauld Place.
La bruja se acercó a su novio y agarró una mano de este.
—No creo que te guarde rencor, él no es así.
—Si. Bueno podría ir la próxima vez. Es que tengo que prepararme psicológicamente para estar con los Sly.
—¡Oh por Merlín, Ron!
Hermione sonrió; a pesar de lo que dijo su novio ya no ere poseía animadversión hacia los Sly, como aseguraba.
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Lucius, dejó los pergaminos sobre su escritorio y se quedó pensando un minuto. Después de todo si bien eran todos conocidos y muy cercanos era mejor haberles enviado la invitación, por lo menos para no perder la ilusión de formalidad para esa boda.
A esos pensamientos se le unió uno que le recordó Severus un par de días antes: ¿Y los parientes muggles de Harry, vivían o no? Y en caso de que si lo estuvieran, ¿serían informados?
Lucius dejó su despacho y buscó a su pareja, que muy probablemente estaba con los chicos. En esos casos, con algo referente al pasado del moreno, el patriarca optaba por consultar sus dudas con Remus.
Llegó hasta el jardín donde escuchó voces y es que con Draco teniendo ya casi toda su movilidad, éste deseaba salir a todas horas. Por supuesto tanto su pareja, como sus hijas se le unían en sus salidas y Remus —a menos que no tuviera que ir fuera de la mansión— también estaba con ellos. Lucius debía reconocer que a veces se sentía un poquito celoso de que su pareja no tuviera toda su atención en él; sin embargo, olvidaba esto al ver como su familia convivía felizmente.
Y sobre todo ver a sus nietas, que lo creyera o no, crecían muy rápido o así lo sentía el rubio mayor; no obstante; Teresa y Clare ya podían sostener un poco sus cabezas y miraban todo con atención, deseando agarrar las cosas con sus pequeñas manos.
Al llegar al exterior, advirtió que la que creyó era la cabellera de su yerno, correspondía a otro pelinegro.
—¿Sirius?
El mencionado sostenía a la tranquila Teresa, quien mordisqueaba un muñeco de felpa. El animago saludó:
—Buenas tardes, recibimos la invitación y quisimos venir a saludar y saber si necesitaban ayuda. –comentó Sirius.
Lucius miró alrededor y comentó:
—¿Te envió Severus? Aunque sería raro que no viniera él también.
Draco fue el que respondió a lo que su padre dijo:
—Severus también vino; pero Harry le pidió que lo acompañara al mundo muggle, para ver a sus parientes.
—Y mira que yo estaba pensando en ellos... Bueno, pero es raro que lo haya elegido a él. —opinó Lucius.— digo estando Remus y Sirius.
El licántropo apretó un muñeco que hizo ruidos para que Clare —en brazos de Draco— riera, más respondió.
—Les aterra que yo sea licántropo... Bueno y no sé ni cómo se enteraron y Sirius no los estima mucho...
—Los cruciaría si pudiera. —gruñó el animago.
—Oh entonces queda claro porque fue Severus.
Concluyó Lucius y se unió a la reunión.
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Al pocionista no le importaba un rábano esa familia, sin embargo muy a su pesar compartían sangre con Lily, Harry y —por más que los Malfoy pusieran caras de sufrimiento cuando se los recordaban — con las nenas Potter Malfoy. Además como negarse a acompañar a Harry después de que éste no supiera como pedírselo hasta que Draco lo guió. Y ni contar con ese par de leones que no se ofrecieron ni por asomo, los muy descarados se quedaron jugando con las bebés.
En fin, que no le quedó de otra que ir con Potter a ver cómo estaban esos muggles poco amables y esa era una palabra tenue para describirlos; sin embargo Potter era así, poco rencoroso. En fin nadie era perfecto.
—¿Podemos aparecernos ahí cerca? –se escuchó la pregunta de Harry.
—Podemos, usted ya es mayor de edad y dudo que el Departamento de uso indebido de la magia, nos moleste.
—Bien. Sólo echaremos un vistazo.
—Pues sabremos rápidamente si están bien. Los muggles no son muy discretos cuando sucede algo malo.
—... –Harry pensó un poco antes de comprender– Oh se refiere a que la policía acordona el lugar de un crimen. Muy cierto, más espero que no sea éste el caso. A pesar de todo no les deseo mal.
—Sí, estoy seguro de eso.
Los dos magos de cabello oscuro, aparecieron cerca del número 4 de Privet Drive y ahí, caminaron discretamente.
Era un poco más de medio día y entre semana, lo que le causó extrañeza a Harry, pues su tío Vernon se encontraba en la casa.
Cuando vieron salir al hombre con la ropa algo desarreglada, Severus bufó.
–Ese muggle cada vez está más obeso.
–... Sí, pero se ve algo raro.
–... ¿Por qué?
–Es que él trabaja siempre y mi tía nunca se permite que ande desarreglado, ella es muy pulcra para vestirlo a él y a mi primo.
–Ahora que lo menciona; es extraño que esa casa se vea tan sucia... digo no soporto a Petunia, pero tiene razón; ella tiene una obsesión con la limpieza. Creo que deberíamos lanzar algun hechizos para ver si no hay algo mágico en esta situación.
–Estoy de acuerdo.
Severus sacó su varita y le mencionó a Harry:
–Ponga atención.
El moreno no se tomó a mal esa recomendación, sabía que el pocionista le estaba mostrando para que él aprendiera y lo usará para cuidar de Draco y sus hijas.
...
Muchísimas gracias por leer.
...
Hysteria: Una de las Claymore que portó el numero uno.
