El japonés pensaba que sería un chico animado como Vitya o Chris, pero quién estaba frente a él era serio, aunque no parecía ser alguien malhumorado. Otabek era de estatura promedio, más bajo que él, de cabello negro y ojos oscuros.
Al mirar al menor junto a él pudo ver su sonrojo y un nerviosismo nada propio de él, jugaba con sus manos para mantenerlas en movimiento en un intento fallido de calmarse a sí mismo, sonreía más de lo habitual, pero no era la falsa que utilizaba habitualmente ni la cariñosa que le daba a las personas cercanas, esta sonrisa parecía de esas bobas que tienen los enamorados. Yuuri estaba seguro de que si el chico frente a ellos no se había dado cuenta de que Víctor estaba enamorado de él, debía ser demasiado ingenuo.
—Bien —dijo anotando en una pequeña libreta el pedido— ¿y usted, señor…?
Yuuri se sonrojó también ya que el chico lo observó fijamente cuando le preguntó, su mirada era demasiado intensa— y-yo quiero un café expreso, por favor.
Volvió a anotar el pedido para luego dirigirse a Víctor— vuelvo enseguida —despeino el cabello plateado al pasar su mano por sobre la cabeza de Víctor, como si este fuera un niño pequeño, lo cual hizo que el menor ahora pareciera un tomate de lo rojo que se encontraba. Otabek se retiró dejándolos solos.
Yuuri miró a Víctor y sonrió al verlo con un rostro impresionado— parece que son más cercanos de lo que me contaste —le comentó ahora que el moreno no podía oírlos.
—E-él nunca… él nunca había hecho eso —miró al japonés con los ojos muy abiertos de la impresión— nunca antes se había acercado —puso sus manos sobre la zona de su cabeza que el otro había tocado, comenzando a sonreír como tonto nuevamente— el me tocó.
—Eso no suena bien, Vitya —Yuuri solo sonreía, al parecer alguien estaba marcando territorio, lo que no sabía era si el joven lo había hecho a propósito o de manera inconsciente, lo único que tenía por seguro era la razón por la cual lo miraba fijo y era que al parecer no le gustaba verlo con él.
Intercambiaron un par de palabras más hasta que Otabek llegó con lo pedido. Frente a Víctor puso un trozo de tartaleta de frambuesa junto a una taza de chocolate caliente y para Yuuri su café. Ambos dijeron gracias y el chico se retiró, aunque no sin antes observar por última vez a los clientes, en especial al japonés.
La verdad era que Otabek estaba un poco preocupado, siempre veía a Víctor solo o con ese chico rubio que era su amigo, no recordaba su nombre ya que lo había visto en menos ocasiones, pero esta vez venía con alguien mayor y a juzgar por su comportamiento no parecía ser su padre ¿Qué hacía un adulto con un adolescente? Tal vez algún pariente o amigo de la familia, fuera como fuese, mientras estuvieran ahí los observaría para asegurarse de que todo estuviera en orden, Víctor era demasiado despistado y no le agradaría saber que le había sucedido algo, ya que en cierto modo, le tenía mucho aprecio.
Yuuri y Víctor siguieron conversando con normalidad, riendo de vez en cuando. En un momento el japonés se dio cuenta de la mirada del moreno y le pegó un codazo disimulado a Víctor mientras con los ojos intentaba decirle que mirara hacia donde se encontraba la caja, Víctor hizo caso y se encontró directo con la mirada de Otabek, estaba fija en él, logrando que volviera a enrojecer mientras intentaba seguir con la conversación, pero sin poder formar una frase coherente.
Terminaron de comer y beber lo que habían pedido así que se dirigieron a la caja a pagar, la chica de la caja recibió el pago de Yuuri mientras Víctor permanecía a unos pasos de distancia con la cabeza en las nubes. Sintió como alguien tocaba su hombro y volteo para encontrarse con Otabek— B-Beka ¿Qué sucede?
El chico le hizo una seña para que se movieran un poco y así poder conversar— es raro que vengas con alguien más que no sea tu amigo —intentaba sacarle información, aunque no sabía realmente como preguntar qué tipo de relación había entre él y el japonés.
—Oh, es que hoy vine con Yuuri, él es mi amigo también —sonrió.
—Ya veo… solo ten cuidado ¿Quieres? —no entendía las palabras de Otabek, pero aún así asintió. Esta no era la primera vez que intercambiaban más palabras que un simple pedido, en ocasiones anteriores cuando había ido solo, el moreno se había acercado para preguntarle cómo estaba y porque estaba solo. Tampoco eran conversaciones extensas puesto que Otabek era un chico de pocas palabras, pero esos pequeños detalles hacían que Víctor se sintiera feliz.
El platinado sabía que era poco probable que sus sentimientos fueran correspondidos, pero aún así, el hecho de que él se preocupara por su persona le bastaba para andar contento— gracias por preocuparte, mi padre lo conoce así que todo está bien —eso último tranquilizó a Beka.
Se despidieron los menores mientras el adulto ya estaba cerca de la puerta esperando al platinado. Víctor se atrevió a estirar su mano para despedirse del kazajo y así tener algo de contacto físico, aunque fuera de esa manera, salió feliz de la cafetería diciéndole a Yuuri que jamás se lavaría esa mano de nuevo y el japonés rio. Yuuri sabía lo que se sentía eso, si bien su primer amor no fue correspondido, el chico siempre fue amable con él, así que más de alguna vez sintió su toque al estrechar sus manos o cuando lo consolaba por estar triste.
Yuri se quedó solo en casa, usualmente los fines de semana intentaba pasar tiempo con Víctor a menos que este ya tuviera planes con Chris. Ahora tenía tiempo libre así que aprovecharía de descansar un rato, dormiría antes de ponerse a cocinar el almuerzo, ya que Vitya le había dicho que volvería para esa hora.
Se tiró en la cama y se puso a pensar, reflexiono sobre el azabache que cada vez se estaba haciendo más cercano a su familia. Al parecer a su hijo le agradaba y se llevaban bien, además de que el japonés se preocupaba en demasía por Víctor, siempre estaba al pendiente de él y eso le alivianaba un poco las cosas ya que podía trabajar tranquilo sabiendo que después de la escuela su hijo no estaba solo, sino que tenía a alguien que lo acompañaba y cuidaba. Definitivamente necesitaba darle una madre a Víctor.
Sabía que Yuuri no estaría ahí para siempre, el azabache también formaría su propia familia y tendría su propia vida, aunque de alguna manera ese pensamiento lo hacía sentirse un poco vacío, puesto que el chico le agradaba. Aún así debería pensar en una chica que pudiera entender a Víctor, lo cual era difícil ya que era un adolescente y eso solía espantar a las personas, pensando que era complicado lidiar con ellos. Recordó a Mila y en como cuidaba de Víctor cuando era pequeño, como la atención de aquella mujer se centraba en su pequeño hijo, lo cual nunca le dio un indicio de que fuera a desaparecer de un día para otro, eso solo lo hacía sentirse inseguro frente a las relaciones ¿Qué tal si ocurrirá de nuevo? Necesitaba una mamá para Víctor, pero una que estuviera seguro no se iría de su lado, una que de verdad pensara en el chico antes que en ella misma— imposible —murmuró, la gente no priorizaría a alguien que no es de su sangre.
Prefirió dejar la idea de lado e intentar dormir un poco, el trabajo había aumentado y las horas de sueño disminuían al tener que llegar a casa y estar al pendiente de la vida de su hijo, en cierto modo era un fastidio, pero era su padre y como tal tenía esa responsabilidad, porque lo amaba y quería ser parte de su vida, no quería ser de esos padres que no sabían nada de sus hijos porque solo se dedicaban a trabajar. Si estuvieran en Rusia, su abuelo podría acompañar a Víctor, eso le recordaba que debía comenzar a planear el viaje a Rusia para las vacaciones.
Todos los veranos cuando Víctor salía de vacaciones de la escuela, Yuri pedía las propias en su trabajo para ir a Rusia y visitar a Nikolai. Ambos lo extrañaban demasiado, además que el hombre estaba cada vez más viejo y cansado, Yuri sentía que en cualquier momento podía perderlo, por lo que siempre le ofrecía venir a vivir con él, pero el anciano se negaba rotundamente. Nikolai siempre decía que no quería interrumpir en su vida de pareja y a pesar que Yuri le decía que no estaba con nadie, el mayor le decía que en algún momento estaría con alguien y querría su privacidad, que incluso ya se estaba mentalizando para tener que cuidar a Vitya porque tal vez lo mandaría a Rusia para poder hacer "cosas" con su pareja.
Yuri se quedó dormido con el pensamiento de que tal vez podrían invitar a Yuuri a ir con ellos, tal vez eso al menor le agradaría y se pondría feliz. Aunque fue uno de esos pensamientos que la gente suele tener antes de que su cerebro se apague por completo, por lo que en realidad tal vez no lo recordaría al despertar.
Durmió tranquilo hasta que sintió el aroma a comida inundar sus fosas nasales al igual que en la mañana— podría acostumbrarme a esto —murmuró medio dormido.
—Entonces pídele matrimonio —dijo una voz burlona junto a él. Abrió los ojos de golpe encontrándose con Víctor agachado junto a la cama mirándolo con una sonrisa en el rostro. Yuri le dio un leve golpe en la cabeza a su hijo para luego levantarse— ¡Ouch! No te opusiste así que lo estas pensando.
—Parece que alguien quiere un castigo —le dijo serio y Víctor salió corriendo de la habitación. Se podía escuchar como fingía llorar y le decía a Yuuri que su mal padre lo maltrataba y que por favor se lo llevara a vivir con él, porqué sufría maltrato infantil.
Yuri pudo escuchar la risa del azabache y él también rio mientras se acercaba a la cocina notando como Yuuri acariciaba la cabeza de su hijo, consolándolo falsamente ya que se reía de las caras del platinado.
—Lo siento, me tomé la libertad de hacer el almuerzo ya que Víctor dijo que estabas durmiendo… puedo irme después de cocinar y…
— ¿Eres idiota? ¿Cómo vas a irte después de hacer la comida? No eres el empleado de la casa o algo, eres parte de la familia a estas alturas —se sentó en una silla, no entendía porque el japonés siempre creía que molestaba cuando eran ellos los que le estaban causando problemas a él. Yuuri era soltero y sin hijos, no debería tener este tipo de preocupaciones, pero aún así se inmiscuía en la vida de ellos.
— ¿De la familia? —murmuró la pregunta como si intentara entender las palabras que habían salido de la boca del rubio.
—Siiii, Yuuri siempre se preocupa por nosotros, puedes quedarte cuando quieras ¿Verdad, papá? —el rubio no dijo nada, no iba a admitir que el azabache le agradaba en demasía y que si fuera por él lo mantendría siempre cerca.
—Muchas gracias —Yuuri hizo una pequeña reverencia y por alguna razón Yuri sintió su rostro arder, el japonés era algo ¿Lindo? Tal vez, no lo sabía ya que nunca se había dedicado a admirar a un hombre. Fuera lo que fuese que lo hizo sonrojar se sentía extraño, por lo que se levantó diciendo "de nada" y prefirió ir a la sala a esperar a que la comida estuviera lista.
࿂Continuará࿂
