Capítulo 10: Dos misiones importantes.

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Gyo sabía muy bien que las cosas no serían fáciles cuando se propuso buscar a su maestro, una de las primeras cosas que había dicho que haría, claro, el asunto de los Akatsuki lo dejaría en manos del Hokage, por eso mismo estaba en el despacho de este, acompañado de Itachi Uchiha, Kakashi Hatake, Maito Gay, Asuma Sarutobi y Obito Uchiha.

-Bien, si los reuní es porque tengo una misión importante para ustedes -dijo el anciano sentado frente a ellos, tras su cómodo escritorio. Kakashi, Maito y Asuma irán como mis enviados a Iwagakure no sato. Le entregaran este pergamino a Onoki y esperaran ahí hasta su respuesta -les dijo poniendo sus codos sobre el escritorio, si la respuesta es afirmativa van a volver con uno de sus aprendices.

-¿Uno de sus aprendices, lord Hokage? -preguntó Asuma extrañado.

-Así es -dijo mirándolos con intensidades-, así que cuento con ustedes para que puedan volver bien de esta misión.

-Sí -dijeron los tres, mientras que Gay tomaba el pergamino y los tres desaparecían de la oficina.

-Para ustedes tengo otra misión -dijo mirando a Obito, Itachi y Gyo, quienes le pusieron la atención requerida-. Su misión es traer de regreso a los Sannin de Konoha.

-¿Los Sannin?

-Primero buscaran a Tsunade -dijo respondiendo a la pregunta de Obito-, será una misión larga, pero confío en ustedes tres.

-Sí, señor.

-Luego buscaran a Orochimaru y finalmente a Jiraiya, pero tienen que volver los tres. Sé que ustedes tres cuentan con las herramientas para traerlos.

Gyo no dijo nada, habían hablado sobre eso, de a quien de los tres intervendrían antes, pero encontraron que lo mejor era partir por Tsunade, de quien tenían algunas referencias de su posible ubicación, mientras que en el trascurso de su búsqueda recopilarían información de la ubicación de los otros dos.

-Tienen un día para preparar todo para su partida.

Los tres Uchiha asintieron con la cabeza antes de desaparecer del lugar también.

-¿Entonces te vas a ir? -preguntó Naruto con sus ojitos brillantes de lágrimas.

-Oh, bebé -dijo Mikoto a una pequeña distancia. Habían llegado a la casa de Itachi hace unos minutos para hablar sobre que el pequeño rubio quedaría a cargo de sus abuelos en lo que su padre iba a completar su misión.

-Lo haré, pero no será por mucho tiempo -dijo Gyo poniéndose a su altura para sostenerlo del rostro-. Mientras voy con Itachi y Obito, te quedaras con Sasuke aquí en casa.

Naruto no quería que su papá se fuera, llevaban poco tiempo formando ese vínculo y no quería que lo dejara, pero se lo cayó, como siempre hacía con todo. Algo que ahora si notaba Gyo.

-Naruto, mírame a los ojos -le pidió al ver que este desviaba la mirada, hasta que esos pequeños pedacitos de cielo le miraron fijamente-. No te estoy abandonando, Naruto.

-Lo sé.

-Lo sé, pero quiero que sepas que te amo, Naruto -dijo abrazándolo-. Todo lo que haré de ahora en adelante, desde que te vi por primera vez y como será en el futuro, será por hacerte feliz, por ver que no te falte nada.

-No necesito nada -dijo negando con la cabeza.

-No ahora, pero no quiero que te falte nada en ningún momento, que tu vida no corra riesgo de ninguna forma, que nunca llegues a derramar una lagrima sea por mi culpa o por alguien más -le dijo esperando que de verdad el niño entendiera-, pero para eso tengo que hacer algunas cosas y por eso iré a esta misión, será importante para todos, así que ya no estés triste.

-Está bien -dijo sonriendo. No es como si de verdad entendiera lo trascendental de la decisión de su padre, pero podía entender de que lo quería mucho y eso era lo único importante para él.

-¿Ya están listos? -preguntó Obito desde la entrada, divertido vio como los más pequeños de la familia estaban con lagrimas en los ojos-, oh, vamos, niños -dijo acercándose a ellos-. Sé que me echarán mucho de menos, pero prometo que volveré pronto.

-No te echamos de menos a ti -dijo el pequeño Sasuke bufando- yo echaré de menos a Itachi y Naruto a su papá.

-¿Entonces no importa si me pasa algo malo en la misión? -preguntó haciéndose el lastimado.

-No -dijo el pequeño sacándole la lengua.

-Deja de molestarlos -dijo Itachi a su lado, con su bolso en la espalda-. Es hora de partir.

-Bien, hemos llegado -dijo mirando las puertas de la aldea a la que venían en su misión.

Tres días habían demorado en llegar, algo muy poco tomando en cuenta de que el camino, como siempre, se recorría a pie.

-Bienvenidos -dijo uno de los ninja encargado de las puertas de la aldea oculta entre las rocas.

-Gracias por su bienvenida -dijo asuma entregando su credencial al ninja frente a ellos, podía sentir muy bien como habían muchos otros ninja rodeándolos. Eran precavidos.

-Ninjas de la hoja -dijo reconociendo a los tres, a Kakashi sobre todos. El ninja era conocido.

-Venimos por un comunicado de nuestro líder para el suyo -dijo entregando el pergamino que lo acreditaba, no es como si les fueran a dejar entrar a la aldea, así como así y llegar hasta su líder sin asegurarse de que no había peligro en ello.

-Entendido -dijo revisando el pergamino, comprobando su autenticidad-. Los guiaré con nuestro Tsuchikage -les dijo caminando frente a ellos.

El lugar era grande, lleno de rocas, obviamente. Los aldeanos los miraban pasar, y los niños pasaban corriendo a su alrededor, no era muy diferente a su propia aldea, por los menos desde el punto de vista de los aldeanos, todos tratando de llevar una vida normal, dentro de lo que cabe viviendo entre ninjas y la viva amenaza constante de guerras que se pueden desatar en algún momento.

Cuando por fin llegaron al centro de la ciudad pudieron ver un edificio alto, rodeado de ninjas. La torre del Kage.

-Espérenme un momento -dijo su guía, para luego entrar en una oficina, de la que salió en menos de un minuto, dejándolos pasar. Dentro de esta estaba el Tsuchikage atento a los tres visitantes.

-Sean bienvenidos -dijo el pequeño anciano que los miraba de manera dura, se notaba el poder que emanaba aun sin siquiera moverse de su lugar.

-Lord Tsuchikage -saludo Asuma-. Nuestro Hokage le envía este pergamino, de manera personal.

El anciano asintió y recibió el pergamino, lo abrió y a medida que leía sus ojos se iban achicando. No es como si pudiera decir que sí de buenas a primeras. Claro, el Hokage tenía una buena idea, un enlace matrimonial entre ambas aldeas nunca es malo. Evitaba muchas peleas, establecer comercio entre ambas aldeas y mucho más, pero dejar ir a Deidara, su pequeño aprendiz, no era una idea que le fascinara de buenas a primera. Además, decía en el comunicado que la persona con quien quería comprometer era un Uchiha.

¡Un Uchiha!

No había que ser un genio para saber que ese sería un prometedor futuro para el pequeño rubio.

También decía en el comunicado que estaría bajo la tutela de uno de los mejores tutores de Konoha y que su "matrimonio" no se llevaría a cabo hasta cumplir con los dieciséis años. Que antes de eso sería entrenado como un ninja si era su decisión.

Apreciaba al niño, sabía que no había tenido una vida fácil. Pero sabía que tenía el potencial para ser un buen ninja, algo que realmente no sabía si era el deseo real del niño.

Suspiró.

-¿Saben a lo que vienen? -preguntó con seriedad mirando a los tres enviados de la hoja.

-Sólo que su respuesta es afirmativa, tendríamos que regresar con alguien.

-Así es -dijo soltando el aire. Estaba dividido entre dejar ir a Deidara o no, pero el chico no era feliz en la aldea, lo sabía, quizás esta era una buena oportunidad para el futuro del niño-. Bukaro -llamó subiendo un poco la voz y un ninja apareció frente a él haciendo una reverencia- ve por Deidara, por favor.

-Enseguida -dijo desapareciendo.

-Deben saber que se llevaran a uno de mis aprendices.

-Ya veo -dijo Kakashi, claro, no espero que el ninja que fue por el tal Deidara, llegara con un lindo niño de poco más de diez años, cabellos rubios y ojos azules. Era muy parecido al pequeño Naruto, pero tenía los ojos de un chico travieso.

-Deidara -le llamó y el niño alegre corrió hasta el anciano-, tengo que hablar contigo.

Deidara caminaba mirando todo a su alrededor, nunca había salido de las paredes de la aldea, pero todo lo que veía le parecía maravilloso.

Sus escoltas aun no entendían las intenciones de su líder por ese pequeño niño, claro, habían notado las pequeñas bocas en las palmas de su mano y como este jugaba con arcilla la cual mordisqueaban esas manos y luego las modelaba.

Ahora estaba camino a la aldea escondida entre las hojas.

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Continuará...