Disclaimer: Todo de Gosho Aoyama, salvo algunos personajes de cosecha propia
Arual: sin comentarios de la tardanza...
Ushio: Wow, el tiempo pasa rápido. Sorry
Capítulo 16
Escuchan lo que parece ser una llave abriendo una cerradura y Ran de inmediato se coloca delante de Aoko para defenderla. Aún sabiendo que no es fiable su fuerza en un lugar con cientos de hombres crueles. La puerta deja entrar más luz, cegándolas un momento al haberse acostumbrado ya a estar en oscuras, y tardan en ver al Jefe de la Organización.
Las pesadillas de la infancia de Ran.
—Bienvenidas a mi hogar… a una de tantas. — Sonríe tan cordial que es difícil de creer que trabaja en el lado oscuro. — Lamento este mal trato… tuvo que ser demasiado rápido la transferencia.
—Lo dices como si hubiéramos querido venir voluntariamente en primer lugar. — Reprocha molesta Aoko, viéndolo desde el hombro de su amiga al seguir detrás de ella.
—Aun así, ustedes son demasiado valiosas para recibir este trato… se merecen lujos en su último día de vida. — Ahora su sonrisa es de soberbia. — Debieron de haber visto sus caras al darse cuenta de que han perdido… que ustedes son mías ahora y me harán poderoso. — Claramente se está refiriendo a Shinichi y Kaito, cosa que hace querer a las chicas darle una paliza en la cara y arruinar esa cara perfecta. Les da la espalda. — Enviaré a Anisette con ustedes… para que tengan una compañía fiable y que les dé seguridad en este lugar lleno de cuervos y cobras… así que agradezcan mi amabilidad.
—¡Espera! — Ran se aferra a los barrotes. — ¡Aún no nos dices por qué nos haces esto! — El Jefe nota los ojos serios y dignos de un guerrero en ese hermoso rostro. — Si vamos a morir, es lo mínimo que merecemos.
—No se preocupen, que Anisette les dirá todo.
Y sale de su calabozo privado, dejando la puerta abierta. Quizás para que deje entrar a esa persona de nombre Anisette.
—Ran-chan… — La susodicha voltea para ver a Aoko preocupada, al borde del llanto. — Mi padre… él ya perdió a mi mamá… si yo… él…
—Tranquila. — La toma de los hombros. — Todo estará bien.
—Si eres tan optimista, pues entonces apostemos.
Aquella nueva voz pero familiar paraliza a las prisioneras y miran una vez más hacía la puerta, sorprendiéndose de tal revelación.
Kazuha.
Vestida de negro.
Y con una sonrisa digna de villana.
—¿Kazuha… chan?
—Anisette por favor. — Parece disfrutar del asombro de sus amigas. — Ya no tengo que seguir jugando a ese tonto papel de niñata. — Agarra un mechón de su pelo ahora que anda suelto cuando viste el negro.
—Espera un minuto, se supone que tú…
—Silencio. — Interrumpe bruscamente, mirando a Aoko con enfado. — Ya oyeron a mi jefe, obtendrán todas sus respuestas… pero no aquí. — Enseña la llave que va a sacarlas de su celda. — La cosa es así: tengo a su familia vigilada. Un mal movimiento y ellos recibirán una bala en la cabeza. — Usa el pequeño objeto para golpear suavemente el mentón de Ran mientras le sonreía. — ¿Quedó claro Ran-chan? — Burlona.
A pesar del shock de ver la verdadera naturaleza de quien ha creído una amiga, no pierde la compostura. Quizás sea porque no estaban en posición de perder la cordura… o porque esos ojos verdes le están gritando algo a través de todo ese juego de villana con poder. Asiente.
Kazuha sonríe de conseguirla dócil pero mira a Aoko, esperando también su colaboración, cosa que la joven Nakamori acepta sin mucho ánimo. Abre la celda y les ordena que la sigan sin reprochar ni hablar durante el camino. También les advierte que no deben apartarse de ella si no quieren perderse y terminar rodeada de sus compañeros de trabajo que no son para nada civilizados y les gusta torturar a los prisioneros.
Lo primero que notaron al salir de su calabozo es que el suyo era uno VIP porque no han salido de las mazmorras. Hay más celdas rodeándolas. Algunos ocupados por personas que ya no tienen alma por la forma en que miran la nada misma. Lucen muy famélicos, torturados y para nada bien higiénicos. También hay otras puertas que de seguro dan a otras prisiones VIP, exclusivos para enemigos "especiales".
Lo que ellas no sabían es que dos estaban siendo usadas. Una por Vermouth. Y la otra por Akai y Shiho.
Subieron unas escaleras espirales. Eso más las paredes de ladrillos les hizo sentir como si hubieran viajado a un castillo medieval en otra época de tiempo. Estuvieron subiendo como cinco o diez minutos que hace pensar a Ran que no han estado en un sótano que se construyó para calabozo, sino que en realidad han estado varios metros bajo tierra.
Al llegar por fin a una puerta, encontraron al otro lado un pasillo rojo. No tenían mucho tiempo de contemplar los paisajes de los cuadros o de mirar por la ventana porque las cortinas están cerradas. Debe ser de noche si éstas y las luces están encendidas. Pero, ¿Será la misma noche que fueron secuestradas o ha pasado un día o dos? No tienen nada con qué saber cuánto tiempo han pasado cautivas.
—Por aquí. — Comenta Kazuha doblando a la izquierda en el primer desvió, descubriendo más pasillos.
La mayoría de la gente que encontraron eran criados que miraban curiosos a las jóvenes mientras se inclinaban respetuosamente ante Kazuha, llamándola "Anisette-sama". Uno de ellos las detuvo y le informó a Kazuha que el cuarto que solicitaron estaba listo para las nuevas "inquilinas". La chica de Osaka sólo da un asentimiento de cabeza en respuesta y ordena otra vez a Ran y Aoko que avancen. También aparecieron personas que de seguro trabajaban como mercenarios al no usar uniforme de empleado. Y por la forma en cómo las miraban, les hace comprender por fin de por qué Kazuha les insistía mantener el paso cerca de ella. Y lo notaron más al ver como retrocedían ante la mirada venenosa que ella les lanzaba, retándolos a jugar con su paciencia.
—Ya llegamos. — Kazuha se detiene frente a una puerta de madera, color caoba y con el grabado de cuervos revoloteando en un bosque, y la abre. — Su nuevo dormitorio.
Entraron con Kazuha detrás, pisándoles los talones como parte de su papel como carcelera. El cuarto parece de primera categoría con su enorme cama King para que duerman las dos juntas, muebles finos, las paredes tapizadas de paisaje natural, una chimenea ya encendida con un balde con leña para mantener el fuego y una televisión de pantalla plana enorme que estaba ya encendida en el canal de noticias.
—Vaya, Kudo ya mueve sus piezas. — Dice Kazuha sarcástica al ver la noticia.
La locutora estaba hablando de la desaparición de dos jóvenes: Nakamori Aoko y Mouri Ran. Explica que son las hijas del famoso Detective Mouri Kogoro y del Inspector Nakamori Ginzo, conocido por encargarse de los robos, especialmente de los de Kaito Kid. Que fueron vistas por última vez hace seis horas, que la policía está rastreándolas por toda la ciudad y que si la audiencia sabe algo de ellas, que por favor llamen de inmediato al Inspector Megure, a sus padres o a los Detectives Kudo Shinichi, Hakuba Saguru y Hattori Heiji, quienes colaboran con la investigación.
Ran suspira de alivio, llamando la atención de las otras dos mujeres. Especialmente por su sonrisa.
—¿Qué es tan divertido?
—Bueno, Kazuha-chan, si Shinichi es mencionado, eso significa que no ha salido herido en el atentado del robo… estoy aliviada que siga vivo.
—Por ahora. — Le recuerda con el fin de ser cruel. — Como siga así de desafiando al Jefe y a Gin, no tardara en acompañarte al Otro Mundo. — Dice mientras camina derecho a una puerta. — Aquí está el baño, es el único lugar que no tiene cámara de seguridad por respeto a su cuerpo pero no se molesten en usarlo como una oportunidad de escape. Todas las ventanas están resistente a golpes y selladas para que no las abran… y en caso que tu gran fuerza pueda romperlas, Ran-chan, hay guardias vigilando. — Dice al momento que abre las cortinas de la ventana cerca del baño, revelando a cuatro hombres oscuros y armados, mirando a las prisioneras con frialdad, prometiéndoles que no llegaran lejos. — Tienen en total diez… "guardaespaldas". Cuatro aquí, tres cuidando la ventana de su baño y otros tres se posaran en la puerta. — Sonríe divertida. — La seguridad ante todo.
Se deja caer en un sillón, suspirando de placer de por fin relajarse un poco luego de andar de allá para acá… y de estar secuestrando y disparando gente. Con un gesto de la mano las invita a tomar asiento también.
—La historia es larga y estamos todas cansadas como para procesar y hablar de pie. — Justifica sin dejar su sonrisa que deja claro como se está divirtiendo. Luego de dudar un rato, las chicas decidieron obedecerla, sentándose en los asientos frente a ella. — Están procesando muy bien mi lado oscuro a diferencia de sus novios idiotas.
—¿Y mejor que Hattori-kun? — Pregunta Aoko con la clara intención de dañarla verbalmente. — Él está sufriendo tu desaparición, te cree lastimada y asustada y tú…
—Soy consciente. — La interrumpe bruscamente y sin necesidad de alzar la voz. — Siempre fui consciente pero nunca quise aceptarlo… que los villanos jamás obtienen un final feliz. — Entrelaza las manos sobre las rodillas y mira el techo. — Tuve que esperar a que lo descubriera para aceptarlo de una vez… pero, no hay marcha atrás. Tomé una decisión… una estúpida decisión cuando tenía ocho años… y sacrificaré lo que sea necesario: el desprecio de mi padre, la muerte de mis amigas… el amor de Heiji.
Una lágrima empieza a caer pero ella lo elimina rápidamente y respira hondo, volviendo a mantener la compostura.
—La historia es larga… para que entiendan por qué están aquí, deberé empezar desde el principio.
—¿Qué principio? — Pregunta Ran, notando esta vez que Kazuha estaba… ahogada.
—El día que descubrí que mi madre es de la Organización.
Shinichi y Hattori entraron al cuarto de Kaito, encontrando a una mujer que le colocaba al chico un aparato extraño en la rodilla, cubriendo los vendajes. Esa mujer vestía de enfermera y tenía algo familiar a pesar que es la primera vez que la ven.
—Trata de levantarte. — Dice apenas termina.
Para la sorpresa de los dos detectives, Kaito se ha puesto perfectamente de pie para haber sido disparado hace horas, incluso caminaba normalmente. El mago lo celebra con su sonrisa de triunfo ya bastante conocida.
—¿Cómo es posible? — Pregunta Shinichi.
—Es una rodillera que consiguió mi suegra para que pueda patear el trasero de la Organización.
—¿Tu suegra? — Heiji ve a la enfermera y ahora entiende. Esa señora se parece a Nakamori Aoko.
—Mucho gusto. — Saluda para luego ver a Kaito. — ¿Te duele?
—Bastante, pero aguantaré.
Ahora entra Ginzo al dormitorio con una cara entre arrepentido y molesto. En sus manos sostenía los papeles que firmo para dar a Kaito de alta y ropa limpia del chico que Jii trajo (no podía quedarse porque, aparte de llamar a Chikage, tenía que buscar también pistas de Aoko y Ran). Una vez que se lo entrega, observa una vez más a su esposa devuelta de la muerte, como si aún esperase que desaparezca en cualquier momento y todo haya sido una señal de futura demencia.
Al darse cuenta de cómo la miraba, Minako le agarra la mano y le sonríe. Una sonrisa de arrepentimiento. Una sonrisa secreta que sólo su marido entendería.
—¿Por qué Minako?
—Te lo dije, ¿No? Que no era una mujer para toda la vida. — Le frota la palma de la mano con el pulgar. — Que por mucho te amase, no era adecuada para tu futuro.
—¿Y con eso te referías a tener una manía de fingir tu muerte?
Minako agacha la cabeza, culpable. Recuerda el día de su funeral, disfrazada contempló con arrepentimiento el dolor de Ginzo y de Aoko. El dolor de un hombre que ya no sabe qué hacer sin su esposa a su lado. El dolor de una niña que ya no sabe qué hacer sin su madre. No tendrá con quien dar paseos o distraerse cuando se padre falte mucho por el trabajo. No tendrá con quien ir de compras o aprender de su cuerpo cuando vaya creciendo. Nadie con quien hablar de chicos. O chicas.
—No tenía opción… ellos se acercaban… si no me iba, ellos nos habrían encontrado. Nos habrían asesinado y apoderado de Aoko. Le habrían hecho lo mismo que hicieron con Kazuha.
Al oír el nombre de Kazuha con tanta confianza despierta las alertas de Heiji y se acerca a la mujer. Mientras Kaito intenta descifrar cómo es posible que Aoko esté relacionada con Toyama.
—¡¿Cómo conoces a Kazuha?!
Minako desvía la vista un momento, quizás pensando en cómo empezar.
—Porque Kazuha y Aoko están relacionadas.
—¿Relacionadas? — Pregunta Kaito sin entender.
—Ellas son hijas de dos amigas que tienen algo en común: escaparon de la Organización.
Su revelación pone el cuarto en un silencio sepulcral. Se pone por fin de pie y camina hacía la ventana. Al fin ha amanecido. Su primer amanecer en Japón luego de tantos años fuera del país.
—Como de seguro ya debe saber Kudo Shinichi, la mayoría de los miembros de la Organización son familias… como la familia Miyano por ejemplo. Mi familia y la de Tora también lo eran de hace mucho tiempo.
Tora. Así se llama la mamá de Kazuha.
—Nosotras no queríamos esa vida y, siendo consciente de las consecuencias… que nunca tendríamos una vida tranquila, escapamos. Fue un plan de años, matando y escondiendo todo rastro que de una evidencia de nuestra intención. Ese día también fue el último que nos vimos. — Era mejor moverse solo, pensaron sus oyentes. —Yo seguí viajando por mucho tiempo, cambiando identidad constantemente… hasta que me case con mi primer marido. Tuvimos un hijo. Éramos felices… y luego me encontraron. Fue una suerte que fueran debiluchos y no Gin o Vermouth… conseguí matarlos… pero no salve a mi marido. Pesque a mi hijo, hice creer a todos que habíamos muerto también y me mantuve lejos de la civilización hasta que lo dejé con una pariente lejana de mi marido que era consciente de la situación y que tenía las instrucciones de dejarlo en un internado. Ha crecido mucho tiempo con la idea que sus padres murieron y le dejaron dinero para pagar su educación… luego de haberlo dejado, debí aprender la lección.
—Pero no lo hizo. — Apuesta Kaito mirando al inspector.
—Ginzo… ¿Por qué tenías que ser un encanto? — Le sonríe. — No importa lo que hacía, este hombre no conocía la derrota.
—Comprendo el sentimiento. — Dice Kaito pensando en lo obsesionado que está su suegro de atrapar a Kaito Kid.
—Se casó con el inspector. — Dijo Shinichi lo obvio.
—Y tuvimos a Aoko.
—Uno de los momentos más importantes de mi vida. — Dice el inspector. El pensar en su hija, ahora atrapada en manos del enemigo, lo entristece. — Y luego moriste… o te fuiste.
—Un día cualquiera pasó algo que no era normal: una llamada de Tora. Un mensaje final que me advertía escapar. Que la encontraron y no tardarían en hallarme. — Se cruza de brazos y vuelve a mirar la ventana. — Esa vez iba preparada… bastó una llamada para que transfirieran a Ginzo… y que yo terminara muerta en un accidente de obra.
Ahora mira a Heiji, cosa que lo pone ansioso y nervioso al mismo tiempo. Lo sabe. Sabe que ahora explicará qué relación hay de su pasado con Kazuha en la Organización.
—Pasaron años para que entendiera… que el día que Tora me escribió, fueron minutos antes que Gin entrara en su casa, a punto de matarla si su Jefe no hubiera visto a Kazuha. Estuve averiguando durante días y descubrí que la Organización había dejado viva a Tora pero la forzó a divorciarse, amenazándola con matar a su hija y marido, así la gente creería que vive lejos cuando en realidad es prisionera. — En eso entiende Heiji por qué gasta mucho su teléfono hablando con su madre. Quizás algunas veces no hablaba con ella, sino con algunos de esos rufianes, con la excusa que era su mamá. — Y Kazuha también tuvo que pagar… el Jefe, aprovechándose que era sólo una niña de ocho años, le hizo una promesa…
Haz todo lo que te pida. Sé mi asesina. Sé obediente y así pagaras la deuda de tu madre. Las dos serán libres.
Haré lo que sea necesario por mi Deseo.
Las palabras de Kazuha ahora tienen sentido. Todos estos años, mientras sonreía a la gente, en realidad mataba a la gente por su madre. Para liberarla. Aun cuando eso significaba perder a los que les importaba. Ella no va a parar. Independiente de lo que está bien o mal, su madre es primera.
Porque su Deseo es su Madre.
—La verdad es que cuando me enteré de todo, vine de vuelta a Japón para llevármela… de eso hace tres años. Cuando pude por fin acercarme a ella sin que la Organización se enterase, me presenté y le dije que se viniera conmigo tras encontrar a su madre. Íbamos a fingir su muerte en una misión, salvar a Tora y escapar para siempre del país. Ella aceptó, aun consciente que no podría volver nunca más… le dije que nunca podría ver a su papá o a ti. — Sonríe mirando a Heiji.
—¿Y qué te dijo? — Pregunta el moreno curioso.
No seas tonta. — El tono de Kazuha suena en su mente mientras repite sus palabras dichas hace tres años. — Heiji es el mejor detective de Japón, él va a encontrarme sin importar dónde esté… así que en vez de preocuparte por tonterías, mejor apuesta conmigo cuanto tiempo le va a costar Heiji encontrarme.
El celular de Kaito interrumpe el ambiente tenso luego de más secretos revelados. Frunce el ceño al comprobar que es Saguru ¿Por qué lo llama y no viene si están en el mismo lugar?
—¿Qué?
—Vaya Kuroba, con ese genio, no entiendo como Aoko-chan te aguanta. — Ignora su gruñido. — Pásame a Kudo por favor, que no tengo todo el día a diferencia de ti.
Maldiciendo por millonésima vez en su vida al inglés, le pasa a su igual el celular.
—Aquí Kudo.
—He venido a la comisaria y luego de vigilar a todos los responsables de buscar a Aoko y Mouri, tengo a dos posibles infiltrados. Te he enviado sus datos y número telefónico para que traten de rastrearlo.
—Gracias Hakuba, veré eso con los agentes del FBI.
—Mientras ellos ven eso… — Minako toma la palabra otra vez. — Vamos a otra parte… vamos a reunirnos con el informante de Akai Shuichi.
—¿Qué? — Preguntaron los adolescentes, pensando en Akai.
—Un infiltrado en la Organización… el hermano de Aoko.
—Y esa es mi historia. — Finaliza Kazuha para luego ponerse de pie.
Aoko mira el suelo, sorprendida de descubrir que su madre está viva y que tiene un hermano mayor. Eso la altera más que descubrir que el responsable de tantos problemas quiere su sangre, como en una secta, para crear algo que le da vida eterna.
En cambio Ran también se pone de pie, viendo a Kazuha con tal determinación que la pone incómoda. Fueron varios minutos de tensión hasta que al fin hace algo…
Abrazar a Kazuha.
Kazuha abre sus ojos, sorprendida de tal gesto amable luego de todo lo que ha hecho. Por eso no puede moverse, no se atreve.
—Kazuha-chan… — La tenía abrazada del cuello y su mentón se apoya en el hombro izquierdo de la chica. — lo siento tanto. Discúlpame.
—¿Por qué? — Ya más alerta de que todo sea un engaño para noquearla y escapar.
—¿Cómo puedo considerarme tu amiga si no me he dado cuenta de lo mucho que has sufrido? — Le está cayendo lágrimas y no le importa. — Perdóname Kazuha-chan.
Otra vez se sorprende. Se acuerda de lo que le dijo a Ran hace mucho tiempo y eso le ocasiona sonreír.
—Eres bastante sorprendente Ran-chan. — Dice al momento que la toma de los brazos para cortar el abrazo y apartarse. — Yo soy la única que debería disculparse… por favor, descansen bien.
Y sale del cuarto, recordándoles una vez más que no tramen nada raro.
—Acompáñame. — Le dice a una chica que pasaba por ahí.
—¿Por qué? — Desafiante.
—Porque yo lo digo y punto. — Disfruta que la mujer obedece sin muchas ganas.
Sabe que no le conviene.
—¿A dónde vamos?
—A ver a Vermouth.
Como Minako sabía el punto de encuentro, ella condujo la camioneta de Akai, acompañada de Hattori, Kuroba, Kudo, Ryan y Sato. El edificio de departamentos sorprende a Shinichi: es el escondite de Akemi, el mismo lugar donde ella lo noqueo antes de ir a su muerte.
Incluso fueron al mismo piso.
—Estamos aquí. — Anuncia Minako apenas abre la puerta.
—Hola madre. — Es lo primero que se escucha, antes de dejarse aparecer.
—Hola Rei, ¿tu hermana está bien?
Ryan se sorprende al verlo.
Bourbon.
El hombre que entró a la agencia secreta del FBI por Aoko y Ran.
CONTINUARÁ
