Hanabi

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—… todo está calculado, me hubiera gustado poder estar a tu lado, pero desgraciadamente tendré que verte desde una pequeña distancia…

Una cuchilla cortó las tiras plásticas que le habían atado las manos, pero aquello no significó ningún alivio.

—Párate ahí —ordenó.

Hanabi dudó, pero la pistola no dejaba de apuntarle, subió los pies a la plataforma donde no había nada. Su cuerpo temblaba violentamente y de sus labios escapaban palabras incompletas que querían ser súplicas. Observó las sogas que cayeron pesadamente al suelo y los sollozos resonaron unos momentos, volviéndose algo así como un muro alrededor de ellos. Sintió las sogas al rededor de sus pies y sus manos... la cintilla pegarse a su frente y obligarla a mantener el rostro al frente.

El olor de la pólvora era penetrante.

Las ataduras estaban perfectamente anudadas. Una extraña calma la embargó al encontrarse con los ojos azules, suaves y alegres. Quizá el peso de aquella inminencia era el mejor calmante, los sollozos entorpecían su percepción… la confundían más de lo que aquella situación lo había hecho ya, pero ni siquiera esa tranquilidad había podido revelar la cruda realidad. Se encontraba en un estado de sopor que no le permitía a su cerebro procesar los sucesos.

Deidara sonreía complacido. Se permitió mirar el cielo, aquel enorme lienzo que estaba a punto de embellecer con su grandiosa idea. Sonrió un poco más ante la satisfacción de que nadie podría recrear aquel espectáculo ni en la memoria, pues los detalles serían olvidados rápidamente, como debía suceder en el arte.

—... por favor —suplicó una última vez, cerrando los ojos con fuerza.

—No, Hanabi… abre los ojos, ábrelos bien, porque solo durará un momento. Esto es un tributo a ti. Esto es por ti, es gracias a ti.

Abrió los ojos al sentir la mano sobre su rostro, temblando enfrentó el azul que se gravaba en su memoria.

Miró al muchacho a través de sus lágrimas, sintiendo como el mentón le temblaba visiblemente. A pesar de las distorsiones, pudo apreciar aquella sonrisa sincera y llena de emoción que no comprendía, ni comprendería nunca, mientras el muchacho se alejaba unos cuantos pasos, con el detonador firme en la mano.


El mundo está un poco más caótico de lo normal en estos días, deseo de todo corazón buena salud a ustedes y todas las personas que les rodean. Por favor tomen las precauciones necesarias para sobrevivir esta pandemia :)

Miércoles, 18 de marzo de 2020