Éste fic está dedicado a mi queridísima Parabatai, Chia :3
Las características especificadas son las siguientes:
Pairing: Mimato, hijo. Yamakari (en el resumen entenderán)
Características: Pese a que Yamato se negaba, Hikari quería ser madre (Sí, lo que se habló en el grupo Yamakari). El embarazo es complicado porque Hikari es demasiado pequeña y el bebé grande. Yamato tiene que elegir entre uno y otro. Hikari no le va a perdonar que no eliga al bebé, así que el bebé es quien deciden salvar. Yamato, dada su experiencia con su padre y viviendo solo, va bien con el hijo, pero las noches y el trabajo empiezan a poderle. hikari empieza a aparecer por las noches y el bebé va a mejor, pero Yamato se da cuenta de que su hijo necesita una madre. No quiere que crezca sin conocer ese placer como él. Va buscando candidatas y para ello, pide ayuda a Mimi. Lo que no sabe es que la candidata la tiene delante hasta que la ve interactuar con su hijo.
Género: Romance/Hurt/confort
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Capítulo 16:
«No puedes tenerlo todo»
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─¿Sabes lo que dicen cuando parece que estás absorto de todo, harto de la realidad y vives como si no pertenecieses a éste mundo…? ─Él la miró con curiosidad, como siempre que ella abría la boca para hacerle explotar la mente con cada ocurrencia suya, con cada sorpresiva reflexión, sintiéndola un poco más perfecta. Ella lo miró con su sonrisa característica, como cuando tiene la respuesta perfecta para la ocasión perfecta sin saber que, para él, ella era la respuesta a su ocasión perfecta─. Etéreo.
Yamato abrió los ojos un momento, despertando de sus recuerdos pasados, despertando a la realidad que había pausado un momento para sentarse en su sala con una lata de cerveza, intentando que ésta lo ayudase a digerir lo último vivido. Tenía el teléfono en su otra mano, sosteniéndolo como si fuese la mano de Mimi, impidiéndole marcharse del todo sin darse cuenta que ella ya se había ido hace tiempo.
Tomó el consejo de su jefa, se tomó el día. Recogió sus cosas de la oficina, paró en la primera tienda y compró unas cervezas para ir a su casa, descalzarse, sentarse en su sofá y beberse el capricho que acabó de comprar. Él no era de los que bebía en horarios diurnos como lo eran esas, porque las tres de la tarde seguían siendo parte de día y, por ende, él estaba muy lejos de tener una cerveza en su mano y encontrarse sentado en el sofá de su sala.
Mimi había llamado para pedirle tiempo, una extraña manera de llamar a un rompimiento, quizá para que no suene tan drástico como su nombre propio. Un tiempo es la esperanza de los ilusos y el consuelo de los mentirosos. Mimi no encajaba en ninguna de las dos descripciones y aun así, le pidió tiempo. ¿Qué hacía entonces él sentado allí? Se daba un tiempo para sí mismo, como si también estuviese cansado de sí mismo y necesitase despejarse un momento de su realidad.
Se sentía horrible pero extrañamente, era algo que se veía venir. Después de todo, no esperaba un desenlace distinto cuando Hotaru descubrió a su padre y a su tía besándose frente a ella, una escena tan propia de una película adolescente, claro que él era el adolescente que debía andar a hurtadillas de sus padres, en éste caso su hija, para poder verse con su novia, si podía llamar a Mimi de esa forma.
Pero siendo sincero consigo mismo, ¿qué se supone que tenía con Mimi? Porque ninguno había puesto títulos a sus encuentros clandestinos más allá de ser un buen momento. ¿En qué momento dejaron de ser los mejores amigos para convertirse en los protagonistas de un drama adolescente? Esa pregunta seguía sin respuesta y muy probablemente, Mimi se lo habrá cuestionado en más de una ocasión.
El problema inicial se había resuelto, ya no tendría dilemas con su hija y las cosas volverían a ser, casi como antes. Exactamente, casi. Porque y aunque Hotaru no quiera admitirlo, Mimi fue la madre que la vida le había arrebatado, pero con otro nombre. Incluso para él, Mimi había sido su compañera por más tiempo del permitido y quizá ese fue el problema inicial, el tiempo. Maldito tiempo.
Dio otro sorbo a su cerveza cuando oyó la llave de la puerta introducirse en el cerrajero. Yamato miró con curiosidad la entrada, diciéndose que los únicos que poseían una llave de repuesto eran Mimi y Taichi y no creía que la primera le haya terminado por teléfono para aparecerse por sorpresa en su casa con la idea de que todo fue un malentendido. No, Yamato no era tan suertudo.
Su duda se disipó cuando la imagen de Taichi ingresó por su puerta junto a su hija, Hotaru, ambos claramente sorprendidos de verlo en su casa con una cerveza en su mano que, tarde, Yamato intentó ocultar.
─¿Hotaru? ¿Taichi, qué pasó?
─¿Qué haces aquí? ─Preguntó Taichi y al darse cuenta de su pregunta, sonrió divertido─. De seguro te preguntas lo mismo. Es una historia graciosa, la verdad.
Yamato enarcó una ceja en clara señal de querer oírla y Taichi no tuvo de otra más que encogerse de hombros y suspirar. Hotaru notó el cansancio en su tío y supo que ya debía dejar de causarle tantos problemas, por ello tomó la mano de su tío, haciendo que éste la mirase. Ella sonrió y acarició su mano con cariño.
─Gracias por traerme, Tío Taichi. No es necesario que te quedes, no quisiera que te retrases en el trabajo.
─Igual quisiera explicarle a tu padre todo lo sucedido. ─Yamato estaba cada vez más interesado en la historia que se traían su cuñado y su hija entre manos, pero la niña sólo negó con la cabeza a su tío, dándole a entender que no era necesario, ella podía hacerse cargo a partir de ese punto. Taichi correspondió a su sonrisa como solía hacerlo, dirigiendo su atención a su cuñado─. Bien, ya que estás aquí sería bueno que hablen un poco. No tienes que preocuparte por nada, que sólo cumplo mi papel como su tío favorito.
Yamato se lo agradeció y tras un beso en la frente de Hotaru, Taichi se marchó de la casa Ishida con la tranquilidad de que había hecho lo correcto en hablar con su sobrina sobre el estado de su padre y Mimi, ahora sólo esperaba que la niña pudiese resolver las cosas con éste como era de esperarse en ella. Después de todo, Hotaru era muy madura para su edad, seguía siendo una niña, sí, pero sabía reconocer sus errores y aprender de ellos.
Taichi se marchó y padre e hija quedaron frente a frente en una sala que parecía ser más grande de lo que recordaban y más silenciosa de lo que hubiesen querido. Yamato dejó salir un suspiro de su interior, invitando a su hija a que tomase asiento junto a él en el sofá con una pequeña sonrisa, indicándole que era libre de decirle todo lo que deseara.
─Papá, lo lamento ─Fue lo primero que dijo Hotaru antes de sentarse. Yamato la hizo tomar asiento junto a él y retomando el aire, Hotaru volvió a repetir lo mismo, añadiendo─, fue muy egoísta al decir todo lo que les dije a ti y a Mi-chan. Es sólo que temía que dejes de querer a mamá, no quería perderla a ella porque ya no la veía y creo que se enojó porque tú y Mi-chan comenzaron a ser novios y…
─Hey, respira, pequeña ─Respondió su padre ante el ataque de palabras que salían a borbotones de su hija. La niña se sonrojó, aspiró profundamente y dejó salir el aire, serenándose. Él le acomodó un mechón castaño tras la oreja con cariño, recibiendo una sonrisa avergonzada por parte de su hija─. Me hace feliz que me digas eso, principalmente, que sepas reconocer cuando crees haber hecho mal. Tú mejor que nadie sabes que nunca dejaré de amar a tu madre. Hikari fue, es y será siempre el amor de mi vida, eso no cambia el hecho de que ya no la veamos.
─Lo sé ─Respondió ella más tranquila─. Soy consciente de eso, por ese motivo, si quieres seguir siendo novio de Mi-chan, tienes todo mi apoyo.
Yamato sonrió con mayor soltura, atrayendo a su hija hacia él, besando así la coronilla de su cabeza. Cerró los ojos y pensó en la última llamada de Mimi, meditando en sus palabras y en las que deberían de salir de él para explicarle la nueva situación que tenían.
No sin antes preguntar.
─¿Por qué Taichi te trajo? ¿Has salido antes de clases? Porque no me llamó nadie a avisarme nada.
─También lamento eso ─Dijo ella con pena, jugando con sus manos─. No me sentía bien ésta mañana, así que la maestra me llevó a la dirección para poder llamarte. No quería hablarte, aún estaba molesta así que llamé al Tío Taichi. Hablé con él largo y tendido y me hizo dar cuenta de que no estaba mal que tú quieras a otra mujer, además de Mamá y mucho menos si esa mujer era Mi-chan, porque en verdad, no hay otra persona a la que me gustaría ver todos los días por casa más que ella.
Yamato sonrió a su hija y la atrajo hacia él para abrazarla, cerrando los ojos cuando ésta rodeó su cuello con sus pequeños brazos, pero debía explicarle los últimos sucesos vividos con Mimi. Se separó un poco de ella para mirarla y decir.
─Escucha, linda… Me alegra escucharte decir eso, pero el asunto es que, Mimi y yo, ya no estamos juntos.
─¿Qué? ¿Por qué? ─Preguntó ella, verdaderamente preocupada─. ¿Es por mí? Porque si es así, puedo hablar con ella y decirle que cambié de parecer…
─No es sólo eso, Hotaru. Ella está muy feliz con sus padres en Kyoto y planea mudarse allá indefinidamente para ayudarlos. ─El rostro de Hotaru se volvía cada vez más triste, dándose cuenta del error que sus acciones ocasionaron─. No pienses que es tu culpa. Es una decisión que Mimi tomó y yo lo respeto.
─¡¿Cómo puedes decir eso?! ─Hotaru saltó del sofá, poniéndose de pie frente a él, mirándolo como si acabase de decir algo totalmente fuera de lugar─. Pero tú la quieres y ella a ti…
Yamato asintió con cansancio. ─A veces, eso no es suficiente, Hotaru.
─Pero…
─Ella me dijo que, si queremos ir de visita, le encantaría enseñarnos los alrededores, así que no te preocupes que la seguirás viendo.
─Entonces, ¿volverán a ser amigos? ─Preguntó ella y él sólo pudo asentir─. ¿Y si Mimi encuentra a alguien más? ¿Estarás bien con eso?
─¿Por qué lo preguntas?
─Sólo responde.
─Claro, estaré bien si ella es feliz. ¿No crees que ella querrá lo mismo para mí? ─Hotaru lo pensó un momento y terminó asintiendo.
─¿Y tú? ¿Qué haces tan temprano por casa?
Yamato recordó la cerveza que aún tenía en su diestra y se sonrojó con vergüenza, no quería decirle a su hija que su jefa le dio pena el estado lamentable en el que se encontraba, así que sólo optó por decir que tenían el resto del día libre, ella estuvo gustosa de oírlo, porque eso significaba que su padre estaría más tiempo a su lado y la idea de preparar la cena juntos y ver películas antes de dormir resultaba reconfortante para la niña. Yamato también creía que la mejor forma de sobrellevar su ruptura con Mimi era volver a centrar toda su atención en su hija y velar por ella como siempre lo hizo, mucho antes de que todo el asunto de las citas iniciase.
Mimi suspiro profundamente, no se había dado cuenta que llevaba guardando aquel aliento por tanto tiempo dentro suyo, quizá desde que colgó la llamada con Yamato hace más de hora y media. Seguía latente la conversación con Ishida y eso la ponía peor a cada segundo. Sus cavilaciones fueron interrumpidas al sentir la calidez del tacto de su padre sobre su mano. Ella levantó su vista hacia él y encontró una sonrisa por su parte. Ella lo imitó.
─Tranquila, las visitas al médico no suelen ser tan agonizantes ─Dijo su padre y ella negó enseguida. Él echó a reír─. Cuando veas a mi médico, seguro cambias de parecer con el acompañarme a mi consulta.
─Papá, no estoy así porque vine a acompañarte ─Respondió Mimi con pena─. Sabes que quiero hacerlo, sólo tengo cosas atoradas en la cabeza.
─Eso es claro, Mi ─Contestó su padre y ella recostó su cabeza sobre el hombro de Keisuke─. Pero hablo en serio, tu madre está encantada con el médico que me asiste. Comienzo a ponerme celoso, sabes cómo adoro a tu madre.
─Si mamá le echó el ojo, estoy segura que debe de estar… ─Sus palabras no encontraron final pues la puerta del consultorio al cual estaban aguardando, se abrió y Mimi enmudeció totalmente al ver al tan mencionado médico del que su padre celaba─. Increíble.
El hombre de treinta y un años, cabello corto y oscuro, lentes de marco fino y tez pálida, poseía casi el mismo semblante de sorpresa al verla a ella allí delante de él.
─Mimi-san ─Articuló finalmente el médico.
─Te lo dije, ¿no? ─Interrumpió Keisuke entonces─. Tu madre quedó encantada al verlo.
Mimi rio por lo bajo, apreciando cómo las mejillas de Joe Kido se enrojecían por la situación y las palabras de su paciente no ayudaban demasiado. Ella se puso de pie y ayudó a su padre a ingresar al consultorio del médico que resultaba ser un amigo de infancia, cuidando que las ruedas de su silla no se trabaran con el marco de la puerta.
La cita médica continuó tomando a Keisuke Tachikawa como principal protagonista de la misma, Joe lo examinó, examinó sus ecografías y lo ayudó a levantarse de la silla para así asistirlo en la camilla.
Mimi lo observaba en silencio, apreciando todo desde el asiento en donde se encontraba, estudiaba el movimiento de su cuerpo, el semblante serio y la forma en la que su ceño se fruncía al analizar los estudios de su padre. Joe Kido, el niño que se apenaba por casi todo, el que tomaba toda la responsabilidad por ser el mayor del grupo, el que intentaba no sucumbir al pánico con facilidad, parecía ya no albergar el cuerpo del hombre treintañero que tenía delante. No era para menos, ya no eran niños, él era un profesional de la medicina y para sorpresa de ambos, atendía a su padre.
Keisuke regresó a su silla de ruedas con ayuda del médico y de su hija y seguidamente, el primero se sentó en su escritorio, juntó los estudios de su paciente y se lo entregó a Mimi con una pequeña sonrisa que, pensó ella, usaba para su "papel de doctor". Era el tipo de mueca de gentileza que se otorga casi por obligación. Odiaba esa sonrisa.
─Bien, la forma en la que veo su estado actual, Tachikawa-san, ha descansado como se lo recomendé y eso se nota en su estado físico. Aún hay mucho por seguir cuidando pero en términos generales, el avance está y se nota. ¿Cómo se sintió tras levantarse de la silla? ─Tomó una pluma y un papel, su letra, al igual que muchos médicos tenía la característica caótica de una caligrafía acelerada.
─El dolor en la cintura que solía atormentarme cuando intentaba ponerme de pie, ha disminuido un poco. Aún lo siento pero ya no me impide levantarme como antes ─Joe iba asintiendo a medida que lo oía, escribía todo lo que decía─. Por las noches, el subir o bajar de la cama ya no representa tanto problema, aún le pido ayuda a Satoe, pero ahora con Mimi aquí, creo que podré estar mejor.
Mimi sonrió a su padre y acarició su mano.
─Entiendo. ─Cambió de hoja y continuó escribiendo allí─. Los medicamentos y sus dosis seguirán igual, pero le recetaré que siga una pequeña serie de ejercicios livianos que harás en la cama. No son complicados y Mimi-san podrá ayudarte ─Dijo el médico sin mirar a ninguno─. Bien, lo espero dentro de un mes. Satoe-san tiene mi número, así que cualquier consulta o inquietud, pueden comunicarse conmigo. Estoy disponible casi las veinticuatro horas al día.
Mimi tomó los papeles que le dio el médico y los dobló dentro de su cartera, se puso de pie y fue imitada por Joe, él los acompañó a la salida pero antes de que se retiren por completo, tocó el hombro de Mimi.
─Koushiro me ha dicho que estarías por Kyoto un tiempo ─Dijo y ella sonrió.
─Así que hablan de mí entre ustedes. Qué poca discreción, doctor. ─Mimi sonrió para sí misma al ver cómo el rostro del médico se encendía y sus palabras parecían trabarse antes de pronunciarlas. Ella rio divertida─. Hazte de tiempo, tienen que organizarme una fiesta de bienvenida a Kyoto, Joe-sempai. ─Le guiñó el ojo y se alejó entonces con su padre, sintiendo cómo la mirada del médico seguía sobre ella.
─¿No crees que Kyoto es un pañuelo, Mi? ─Preguntó su padre─. Cuando supe que mi médico era amigo tuyo, me alegré mucho. Los recuerdo tan unidos.
─Las sorpresas de la vida, ¿no? ─Su padre asintió.
Mimi y Keisuke llegaron a casa en taxi, Satoe los esperaba con jugo de naranja y una saludable ensalada para Keisuke, algo que comenzaba a odiar el hombre. Mimi besó la frente de su padre al ver su rostro de disgusto por no poder cenar cosas deliciosas como antes. Lucía como un niño.
Mimi se sentó en el sofá de doble cuerpo de sus padres junto a su madre, degustando su jugo mientras veían la televisión. Entonces, su teléfono comenzó a sonar, avisando la llegada de una llamada. La castaña tomó el móvil rosa y vio el nombre de Yamato en la pantalla. Se mordió su labio inferior en respuesta.
Sintió la mano de su madre sobre su rodilla, llamando su atención. Encontró la sonrisa tierna.
─Quizá necesite algo ─Fue lo único que dijo Satoe y lo único que necesitaba Mimi para levantarse e ir al balcón de la sala para contestar.
─¿Yama? ─Habló ella con cierta duda en su voz. Nunca se sintió tan ansiosa al contestar una llamada.
En lugar de escuchar la voz de Yamato tras la línea, el tono aniñado de Hotaru inundó la llamada. Mimi formuló una sonrisa triste entonces.
─Mi-chan… Tomé prestado el teléfono de papá, ya sabes, él no quería que te llame ─Dijo ella, se oía ansiosa. Eran dos─. Me dijo que ya no serías su novia.
─Cariño, nosotros no…
─Si es por mi culpa, perdón. Lamento todo lo que te dije, Mi-chan. No creo que mamá esté molesta contigo por querer a mi papá. Eres la más indicada para estar a su lado. Yo fui muy egoísta. Y… ─Las lágrimas comenzaron a impedir que Hotaru hablara con normalidad, la escuchó hipando tras la línea. Los ojos de Mimi se cerraron también dejando escapar finas lágrimas que comenzaron a cerrar su garganta.
─Ho-chan… No estoy molesta contigo ─Dijo Mimi en un hilo de voz intentando calmarla─. Sabes que te amo y amo a tu padre, pero nos precipitamos. No fue lo mejor para nadie.
─Pero yo quiero que estén juntos. ─La insistencia en Hotaru le dolía más que su negación inicial y todas las palabras que le dijo el día antes de su partida.
Mimi apartó el teléfono de ella y trató de contener los sollozos. No podía dejar su llanto incrementara el de Hotaru, debía calmarse, serenarse y así poder hablar con ella con tranquilidad. Pero dolía. Dolía tanto.
─Ho-chan, lo mejor para todos es que yo me quede aquí. Mis padres me necesitan, así como Yama te necesita.
─¡Él también te necesita a ti, Mi-chan! ─La niña rompió a llorar y entonces, escuchó la voz de Yamato a la lejanía─. Por favor… No nos dejes…
─¿Hotaru? ¿Con quién hablas? ─Preguntó Yamato.
Mimi se secó las lágrimas como pudo y trató de componerse. Escuchó que Hotaru seguía llorando y luego cómo Yamato tomó el móvil.
─Mimi, disculpa la llamada. ─Dijo él con pena. Hotaru seguía llorando, quizá por su pecho mientras él la abrazaba.
La imagen le resultó tan lejana, quería estar allí, abrazar a ambos. Se contuvo, intentó ahogar todas sus emociones y así responder.
─Descuida, Yamato. ─Nunca le había dicho por su nombre, no había apodos de cariño ni palabras tiernas─. Dile a Hotaru que esto no es su culpa. Es mi decisión.
─Lo sé, lo lamento.
─Yamato ─Dijo y lo escuchó tras la línea─, será mejor que cuelgue. Por favor, no me llames. Al menos por ahora.
No esperó a que él respondiera, sencillamente terminó la llamada y deseó tirar su teléfono contra el piso, deseó tirar tantas cosas contra el piso, se sentía frustrada e impotente. Se abrazó a sí misma, y dejó salir todo el llanto que tenía guardado para sí misma.
Sintió las manos de su madre en su espalda, se volteó a mirarla y no lo pensó dos veces, se abrazó a ella y dejó que su hombro fuese el refugio de sus lágrimas. Finalmente podía tener el abrazo de su madre para ese momento pero estaba lejos de los brazos que quería sentir rodearla y los labios de su pequeña, besando su frente.
No, no puedes tenerlo todo en ésta vida.
Notas de la autora:
Desde hace meses que estoy escribiendo éste capítulo y nunca podía terminarlo por cuestiones de tiempo, el trabajo, la facultad, pero con ésta cuarentena que estamos cumpliendo todxs, me di un poco de tiempo a releer y volver a escribir mis retos pendientes. No creo que todos los pueda sacar de la pausa indefinida, pero al menos con ésta (que está más próxima a terminar), quería darle la oportunidad de seguir.
Desde casa, espero que todxs estén bien. Un beso y a cuidarnos entre todxs!
PD.: Gracias a mi Bau hermosa por escribirme por tw a pedir por la continuación de mis fics jajaja de a poco, estaré sacando algunos del descanso. Un beso, hermosa!
