Buenas tardes ;3

Perdón, no tengo justificación para mis tardanzas :P

Como dije en otro lado, la inspiración se me fue para otro proyecto. Pero bueno, aquí estoy con un nuevo capítulo, donde veremos que sucede con Diana y el Inugami rojo.


Y ahora contesto sus comentarios:

Kaori-Mikaren: Me alegra ver que no odien a Irasue, ella sólo intervino para que su hijo no cometiera un error. Y si, después de todo, el instinto pesa mucho en los Inuyoukai, por eso expresé de esa manera el comportamiento de Sesshomaru. Ahora Diana estará vinculada con Akayoru, pero eso no significa algo fácil para el escarlata y aquí lo veremos XD

Tsuki-Ruyi: Querida, gracias por tus palabras siempre me hacen sonreír ;D Es correcto, las madres siempre saben y se dan cuenta, por eso relaté que Irasue supo lo que sucedió con Kagura y el dolor que su muerte le provocó a Sesshomaru. No quiso decir nada por el conflicto que en ese entonces acontecía con Naraku, pero más tarde comprendió que su hijo se estaba equivocando al mantener a la humana en contra de su voluntad. Respecto a Diana, tienes razón, ya presiente el interés de Akayoru en ella, por lo que eso le provocará cierto conflicto. Espero te guste este nuevo capítulo.

Sayumi: Estimada lectora, que bueno que te guste Kagura, para mi es lo más lógico jejeje. Y bueno, claro que el Lord irá en su búsqueda. Por otro lado, el escarlata ahora tendrá que sincerarse con Diana, porque a pesar de que le dio de su sangre, ella no lo aceptará tan fácil XDXDXD Me gusta el drama XD

Inugami: Hola mi querido inugami XD sí, yo entiendo que algunos no queden convencidos, están en su derecho. Que bueno que te agrada la domadora de los vientos ;D a mi también me cae bien. Si, las mamas siempre saben jajaja y bueno lo de Diana, era de esperarse, con tanto estrés tenía que enfermarse. Y no, no se donde venden sangre de inugami :P

Luna: Estimada, quizás fue inesperado, pero yo ya insinuaba que era una demonesa la compañera correcta para Sesshomaru XD Calma, aquí leeremos sobre Diana y Akayoru y no te preocupes, aunque tardo, nunca abandonaré ningún fanfic ;3

Gracias de nuevo por su tiempo y paciencia.


Atención: InuYasha y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por capricho y para satisfacer las perversiones de algunos(as), incluyéndome ;3


Capítulo 19: Sinceridad

Diana abrió los ojos lentamente.

Bostezó con flojera mientras se frotaba los párpados. Dio un rápido vistazo a su alrededor y se sentó en la orilla de la cama. Giró el cuello un poco y luego se desperezó completamente. Inhaló y exhaló un par de veces, comprobando así, que su malestar físico había desaparecido por completo.

Miró el reloj sobre el buró, eran las 10:00 pm de la noche de ese mismo lunes.

– ¿Qué ha sucedido? – se preguntó.

Entonces notó el sabor metálico en su lengua y de repente, comenzó a recordarlo todo.

–Me enfermé, creo que fue una gripe muy repentina… o algo así– meditó un poco. –Vino Akayoru y… – hizo una pausa para relamerse los labios.

Sintió un escalofrío en la nuca y de inmediato se levantó para correr al cuarto de baño. Mirándose al espejo, abrió la boca, para descubrir que aún se podían notar leves rastros rojos en sus encías y dientes. Se llevó las manos a la cabeza, levantándose los mechones de cabello mientras una ola de nervios le recorría todo el cuerpo.

– ¡Me dio de su sangre! – masculló.

Diana se quedó estupefacta por unos segundos, no quería aceptar lo que estaba sucediendo. Pero la evidencia estaba a la vista y era obvio que su mejoría física no se trataba de un milagro. Entonces la sensación de haber sido traicionada comenzó a crecer en ella: El demonio rojo había hecho algo sin su consentimiento.

Abrió la llave del agua y empezó a tomar sorbos, haciendo gárgaras para tratar de eliminar el fuerte sabor metalizado. Se miró de nuevo, frotándose la frente en un evidente gesto de furia. Ella confió en el Inugami y él la había hecho beber de su sangre. Necesitaba saber sus motivos, así que cuando sintió las cosquillas en su nuca, supo que Akayoru estaba a sus espaldas.

Se giró lentamente, encontrándose con el demonio canino recargado en el marco de la puerta. Conservaba su verdadero aspecto sobrenatural y mantenía los brazos cruzados en una postura semi relajada. No obstante, la observaba con un gesto serio.

–Al fin despertaste. –

La mujer sintió que el enojo crecía todavía más dentro de ella y sin mediar su reacción, tomó la barra de jabón que estaba en el lavabo y se la arrojó directo a la cara al mismo tiempo que le gritaba.

– ¡¿Porque lo hiciste?!–

Akayoru se quedó quieto y no hizo absolutamente nada para impedir el golpe, solamente cerró los ojos, evitando así un daño en ellos. La sensación de dolor fue mínima, pero aun así se quejó, quizás tratando de suavizar la tensión que empezaba a crecer.

–Ouch, eso dolió– dijo, sobándose la frente.

Entonces notó la furia en el rostro femenino. Ya presentía que Diana podría tener una reacción violenta por lo que había hecho, así que decidió hablar rápido y directo. No debía permitirle despotricar en contra de él sin antes saber la razón de sus acciones.

Su semblante se tornó aún más grave cuando le dijo la verdad.

–Antes que nada, debes saber que sufriste de convulsiones debido a una fiebre muy alta– empezó a caminar hacia ella. –Tu corazón se vio afectado por arritmias cardíacas, si no hacía algo de inmediato, podría haber sido peor. –

La joven se quedó en silencio y algo confundida.

Tenía memorias de los síntomas del resfriado, pero no sabía que estos habían escalado a tal magnitud. A decir verdad, no recordaba mucho, sólo el haber tomado unas aspirinas, pero éstas no fueron suficientes para calmar el dolor y la congestión nasal. Después la sensación de frío y entumecimiento por todo el cuerpo se incrementó y aunque estuvo cubierta con las sábanas, la fiebre la torturó hasta no saber más de sí misma.

Miró al Inugami directo a los ojos. Su intenso color gris no ocultaba la preocupación que sentía por ella. Él no estaba mintiendo.

–Diana, escucha antes de juzgarme– se acercó un poco más. –Tú no mencionaste nada ayer de que te sentías mal, te enfermaste súbitamente y si no es porque mi chofer se percató, probablemente estarías a punto de un colapso respiratorio en estos momentos. –

Ella refunfuñó irritada.

– ¡¿Pero era necesario que me dieras de tu sangre?, ¿No podías llevarme a un hospital?!–

El negó lentamente, deteniéndose frente a ella.

–No había tiempo, comenzaste a convulsionar cuando pretendía llevarte… y la clínica más cercana está al menos a 30 minutos de aquí. –

La mujer se cruzó de brazos y desvió la mirada. Le resultaba difícil de creer que algo así pudiera pasar tan precipitadamente. Pero teniendo en cuenta lo acontecido en los últimos días, era necesario valorar todos los eventos y discernir si realmente era justificable lo que había hecho Akayoru.

Por un lado, Sesshomaru la había secuestrado, provocándole bastante ansiedad y estrés. Él tenía planeado mantenerla cautiva, obviamente accediendo a sus deseos. Pero, sin sangre de demonio o un té de hierbas especiales, las consecuencias de convivir con un InuYoukai, serían inevitables y peligrosas para su salud.

Por otra parte, Akayoru también era un demonio de clase alta, los resultados serían los mismos. Pero la diferencia radicaba en que él no la estaba obligando a nada, por el contrario, se arriesgó a desafiar al Lord del Oeste para salvarla a ella. Y ahora le revelaba que la hizo beber de su sangre para aliviarla de un inesperado problema respiratorio, consecuencia de su extraña aventura.

Sin lugar a dudas, había merito en sus acciones.

Pero Diana sabía de sobra lo que significaba la sangre de Inugami en su interior. Quizás Akayoru no era como Sesshomaru, pero eso no quería decir que el vínculo creado ahora entre ambos no significase un problema para ella. Su experiencia previa le decía que esa sustancia sobrenatural podía ser usada como una cadena para someterla. Algo que no estaba dispuesta a tolerar.

–Está bien, entiendo lo que me dices– habló por fin, mirándolo con leve desconfianza. –Pero no estoy nada contenta con ello, conozco lo que puede hacer la sangre de tu especie y créeme, la parte mala de eso, es muy desagradable para mí. –

El pelirrojo asintió en un gesto de compresión, sabía a qué se refería con su comentario. No era difícil imaginar lo que el señor del Oeste le había hecho sufrir, aprovechándose del control que brindaba el vínculo sobrenatural.

De repente, sintió una gran rabia por dentro, sin embargo, no podía dejarse llevar por esa emoción. No era el momento adecuado y ya no tenía caso frustrarse por las acciones del Lord, después de todo, ya se había desquitado en cierta forma. Lo prioritario ahora, era hacerle ver a Diana que la vinculación sería completamente distinta con él.

–No voy a preguntar nada respecto a eso, pero si te voy a dejar en claro la verdad en éste momento. –

La joven lo observó atentamente, sus ojos grises reflejaban muchas intenciones y cierto nerviosismo que no se molestaba en disimular. Su lenguaje corporal indicaba seguridad a pesar de todo y verlo con las manos a la vista y sin garras, le daba el mensaje de que era franco en lo que decía.

–Te di mi sangre porque tenía miedo de que algo te sucediera, no me arrepiento de haberlo hecho y sí, mi interés en ti es tal y como sospechas, eres una hembra compatible con mi especie, por lo tanto, una potencial compañera. –

Hizo una pausa momentánea para tomar aire, sintiendo al mismo tiempo una ola de nervios recorriéndolo por estar sincerándose con una humana.

–Y no, no voy a obligarte a que entiendas nuestras costumbres, no sería capaz de eso, porque el linaje escarlata nunca les ha hecho daño a los humanos en ningún sentido y mi intención tampoco es acosarte o forzarte a nada… simplemente deseo pedirte una oportunidad para tratarte un poco más y así, ganarme tu confianza. –

Los ojos de la joven se abrieron en grande conforme lo escuchaba. Ya presentía que el Inugami tenía un interés en ella que iba más allá de lo sexual, pero escucharlo de forma tan directa, la dejó completamente descolocada. En simples palabras, el InuYoukai se le estaba declarando abiertamente.

Sin embargo, todo esto era muy precipitado.

–Yo… yo no sé qué decir… esto es demasiado… – se llevó una mano a la frente y exhaló con cansancio. –No sé qué responderte… por favor déjame sola. –

Ella lo evadió por un lado y salió del cuarto de baño rápidamente. Akayoru no hizo ningún movimiento para detenerla, simplemente se quedó inmóvil y con la sensación de haber recibido un golpe en el estómago.

La mujer se dirigió a la cama y se acostó nuevamente, envolviéndose con la frazada, escondiéndose a propósito sin decir nada más. Oyó sus pasos lentos y sintió su mirada sobre ella, pero él no pronunció palabra alguna. Lo escuchó suspirar por lo bajo y luego encaminarse a la salida de la habitación.

Afuera el ambiente era ligeramente frío. El chofer terminaba de barrer el patio, cuando vio a su jefe salir caminando en completo silencio. Se dirigió hacia el zaguán principal y con un ágil salto, evadió la altura de la barda, para después alejarse caminando por la calle.

Al youkai se le hizo extraño, volteó hacia la casa y pudo ver la luz de la recamara principal apagarse. No era difícil suponer que algo había sucedido entre su señor y la humana. Se alzó de hombros, lo mejor sería continuar con sus tareas sin hacer preguntas, dado que ese asunto no era de su incumbencia.

Diana se sentó en la orilla de la cama y apagó la lampara del buró adyacente. Se quedó meditando la situación por un momento.

–No puedo creer lo que hizo– murmuró desganada. –Sí, ya sé que fue por mi bien, pero eso no evita que me sienta traicionada– cruzó los brazos y resopló de nuevo. –En verdad agradezco tu ayuda Akayoru, pero no me agrada la idea de que tú sangre… –

Hizo una pausa, recordando lo mal que se sentía en la mañana. Se llevó una mano al pecho, donde su corazón latía normalmente.

–Bueno, creo que no tengo síntomas extraños… a decir verdad– se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro. –No siento nada raro… ni siquiera estoy cansada ahora– suspiró otra vez.

Sabía que la sangre de Inugami podía ser como una sustancia energizante o una medicina acelerada para las heridas, incluyendo enfermedades. Pero lo curioso era que, no percibía ninguna sensación hostigaste en su organismo. O tal vez se debía a que la sustancia carmesí estaba en reposo por ahora.

Regresó a la cama y se recostó, mirando fijamente hacia el techo.

–Tal vez pueda perdonarlo por lo de la sangre, pero sobre lo demás… –cerró los ojos. –No me siento lista para tener una relación sentimental con nadie por el momento… y menos con alguien que no es humano– un largo bostezo escapó de su boca. –Debo pensar bien las cosas, de una manera u otra tendré que confrontarlo mañana. –

Se reacomodó entre las sábanas para dormir. Por ahora no desea darle más vueltas al asunto.

:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:

Akayoru caminaba por la calle solitaria.

Su camuflaje humano se había desplegado y los pocos vehículos que pasaban por ahí no le prestaban demasiada atención. Así que prosiguió su marcha mientras buscaba su teléfono celular y llamaba a su hermano.

–¿Que sucede contigo?, te largas si avisar– contestó Kurenaichi al otro lado.

–Tengo un problema– respondió en un tono desganado.

–Diablos Akayoru, ¿No me digas que fuiste a buscarla? – interrogó preocupado. Al no escuchar respuesta, volvió a cuestionar. –¡¿Qué hiciste, idiota?, no me digas que no pudiste controlar tu instinto! –

– ¡Te he dicho que no me subestimes! – gruñó Akayoru. –¡Ya tengo todo el control sobre mi lado bestial!, ¡Simplemente vine a verla porque se enfermó! – resopló molesto, tratando de controlarse. –Una afección respiratoria le provocó una fiebre demasiado alta que la hizo convulsionar… tuve que darle a beber de mi sangre para curarla– hizo una pausa lenta para calmarse. –Cuando despertó, le expliqué por qué lo hice, pero… Diana no lo tomó nada bien. –

Kurenaichi guardó silencio por un breve instante y el Inugami menor casi pudo imaginarlo dándose una palmada en la frente. No obstante, su respuesta resultó muy alejada del regaño que esperaba.

–Vaya, pues ya te habías tardado en hacerlo, me imagino que eso aplacó a tu bestia interna– habló con bastante tranquilidad. –Si desde un principio que la reconociste como una hembra compatible, le hubieras dado de tu sangre, esto no estaría pasando. Sabes que eso es lo que debe hacerse cuando hay compatibilidad con humanos, aparte claro, de explicarle todo. –

Akayoru se frotó la frente con irritación.

–No podía hacer eso, Diana no confía en los youkais. –

–Hermanito, llevamos conviviendo con humanos desde hace siglos, sé que para ganarse su confianza hay que hacer méritos, pero tú debiste decirle la verdad a esa mujer– sermoneó Kurenaichi. –Desde el momento en que ella aceptó aparearse contigo, tú debiste hablarle sobre la sangre de Inugami y sus beneficios. –

El demonio rojo resopló de nuevo al mismo tiempo que rodaba los ojos.

–Escucha, no podía decirle nada, porque para Diana había pasado muy poco tiempo desde su experiencia con Sesshomaru, obviamente estaba resentida y no iba a confiar en mi– aclaró rápidamente. –Ahora, deja de regañarme y dime qué debería hacer, ella se enojó conmigo por hacerla beber. –

– ¿De verdad se enojó, a pesar de que le explicaste tus motivos? – interrogó su hermano.

–Bueno… más bien me pidió que la dejara sola, ya no quiso seguir escuchándome y menos cuando le dije que estoy interesado en cortejarla– suspiró con más desaliento. –No insistí y me salí de la casa. –

Escuchó como el Inugami mayor se reía levemente, al mismo tiempo que otros ruidos se apreciaban en lo que parecía ser la cocina.

–Bien, dejarla sola fue lo mejor que pudiste haber hecho, ahora escucha con atención Akayoru– bebió unos tragos de algo y luego prosiguió. –Lo que debes hacer es darle su espacio, ya no le menciones nada sobre la compatibilidad entre especies. Déjala que decida por sí misma, permítele asimilar todo lo que ha sucedido y haz que el vínculo de tu sangre pase desapercibido para ella, de esa manera no se sentirá presionada. –

–Pero… – quiso protestar.

–Déjame terminar– interrumpió Kurenaichi. –A las hembras humanas no les gusta que las presionen en ningún sentido, no fuerces algo que puede llegar a crecer poco a poco. Ya esperaste quinientos años, no te afectará un par de semanas más. Si la mujer no te ha rechazado abiertamente, tienes una oportunidad, simplemente espera a que ella te la otorgue. –

El demonio escarlata volvió a exhalar, aceptando las indicaciones.

–Está bien, haré lo que me dices– se detuvo a media acera. –Sólo espero que no te equivoques. –

–Tranquilo, no te garantizo el éxito, pero no pierdes nada con intentarlo– dijo su hermano en un tono divertido. –Y si por mala suerte no te acepta, pues… buscas a otra hembra y punto. –

– ¡Eres un imbécil! – siseó Akayoru.

Finalizó la llamada, encaminándose de regreso a la casa.

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La noche fue avanzando tranquilamente. Diana pudo dormir sin ningún sobresalto y conforme pasaron las horas, el vínculo de sangre se estableció por completo. Cerca de la madrugada, ella comenzó a soñar algo curioso e inesperado.

:*****:

Se encontraba caminando en el parque central. El día era soleado y fresco, sin embargo, no había nadie alrededor, ni en las bancas, ni en las calles aledañas. Realmente no le prestó mucha atención a eso y siguió avanzando hasta llegar a la fuente del lugar. Pero conforme se acercaba, pudo distinguir que había algo al otro lado.

La danza del agua no le permitía ver bien lo que era, pero sí pudo notar su intenso color escarlata. Sintió cosquillas en la nuca cuando distinguió que se trataba de un animal. Lentamente fue rodeando la fuente para darse cuenta que había un enorme perro rojizo sentado en el suelo y que la observaba tranquilamente.

Su apariencia era como la de un lobo carmesí, con llamativos dibujos en el pelaje de su espinazo que de inmediato le trajeron a la memoria las marcas de estirpe de Akayoru. La criatura movió alegremente la cola e inclinó su cabeza a un lado, a modo de saludo.

Diana se quedó inmóvil y por un instante no supo qué hacer. Observó con atención los ojos del canino, sus iris eran intensamente grises, rodeados de una tonalidad oscura. Su mirada podía ser atemorizante, pero a pesar de eso, no mostraba agresividad alguna y su cola seguía agitándose a ras del suelo, como si le emocionara verla.

–Hola… – dijo ella con algo de duda.

El perro abrió el hocico y comenzó a jadear con la lengua de fuera en una mueca relajada. No se movía de su lugar, pero claramente estaba demostrando interés en ella. Entonces la joven se sentó en la banca más próxima, sin perderlo de vista.

La criatura escarlata se levantó en ese momento y con pasos cortos se acercó a ella despacio. Su expresión era la de un perro curioso que tenía la intención de olfatear algo que llamaba su atención. No obstante, sus gestos y movimientos parecían bastante razonados, quizás demasiado inteligentes. Se detuvo a un metro de Diana, sentándose de nuevo sobre sus patas traseras.

Otra vez abrió el hocico para jadear con la lengua de fuera en una extraña "sonrisa" canina.

–Hola… Diana… –

Las palabras vibraron en la mente de la mujer, sorprendiéndola repentinamente. Pero cuando intentó razonar lo que estaba sucediendo, el sueño se disipó.

:*****:

Martes por la mañana.

Diana abrió los ojos pausadamente, notando la luz del sol filtrándose por algunos espacios entre las cortinas.

–¿Pero que fue eso? – bostezó con pereza. –Ahora un perro rojo me habla, genial– de pronto razonó lo que eso significaba. –Creo que… esa criatura es… su lado salvaje. –

Se rascó la frente y resopló inquieta. Sabía perfectamente que esa era una de las consecuencias del vínculo que ahora tenía con Akayoru debido a su sangre sobrenatural. Seguramente el canino rojo volvería a manifestarse en otro sueño más adelante, tal y como sucedió con la bestia blanca de Sesshomaru.

–Bien, será mejor dejar las cosas en claro de una vez– dijo, mientras se levantaba. –No me puedo quedar aquí, no debo seguir "desaparecida" por más tiempo, o perderé mi trabajo. –

Se encaminó a la regadera para asearse. Rato después, terminaba de vestirse y peinarse. Dio una última mirada a su reflejo, comprobando que realmente se veía saludable. No había huellas de cansancio ni desvelo en su rostro, ya no se sentía agotada físicamente ni tenía rastros de gripe. Y tampoco notaba la presencia de la sangre de Inugami recorriéndola.

Salió de la habitación y se dirigió a la estancia.

Buscó su bolso y las otras cosas que había traído con ella. De pronto, el aroma de la comida llamó su atención. Giró el rostro cuando escuchó ruido en la cocina. Seguramente Akayoru estaba ahí, alistando todo para la conversación que les esperaba.

Bien, pues hablemos entonces– pensó.

El demonio escarlata la escuchó acercarse y tomar asiento en la barra que separaba la cocina del comedor. Volteó a mirarla con una sonrisa de bienvenida, mientras servía jugo en un par de vasos.

–Buenos días, Diana– saludó.

–Hola Akayoru, ¿Ahora te tocaba invitar el desayuno? –

El Inugami asintió, acercando los vasos y luego sirviendo los alimentos.

–Así es– la miró a los ojos. –Deseo que comamos tranquilamente, mientras tú haces todas las preguntas que desees… yo contestaré a todo y aceptaré tu decisión final. –

Diana parpadeó sorprendida. Akayoru realmente estaba dispuesto escucharla y a esclarecer todas las dudas que tuviera. Así mismo, quedaba implícito que aceptaría lo que ella decidiera respecto a toda esta situación.

Por un instante se sintió confundida, en verdad no deseaba quedar en malos términos con él. Pero debía tener muy presente el hecho de que, relacionarse con Inugamis, implicaba todo un caos para su normal estilo de vida. No obstante, el demonio frente a ella, era bastante amable y casi tan empático como podía ser un humano.

Pero no lo era.

Aceptar una relación con él, más allá de lo sexual, era algo que no podía plantearse. Desconocía todas las implicaciones que eso podría traer, lo que le provocaba bastante inquietud.

–En verdad no sé qué decir– por fin habló ella. –Pero está bien, intentaré comprender todo esto. –

El Inugami asintió, mientras tomaba asiento frente a ella.

–Te escucho– dijo, comenzando a cortar la carne en su plato.

Diana suspiró por lo bajo y también empezó a comer.

–Antes que nada, gracias por ayudarme– bebió un poco de jugo. –Jamás pensé que pudiera enfermarme de esa manera, pero en verdad agradezco lo que hiciste, sin embargo… –

El demonio la miró atentamente, pasando bocado despacio, no estaba del todo preparado para las reacciones negativas de la joven, pero haría todo lo posible por mantenerse ecuánime.

–No pienso tolerar que te aproveches de eso, no quiero que tu sangre me hostigue de ninguna manera– advirtió, haciendo hincapié en las últimas palabras. –Sé que es "benéfica", pero eso no quiere decir que me guste sentirme "drogada" o sumamente ansiosa. –

–Comprendo perfectamente– asintió Akayoru, sabía muy bien a lo que se refería. Ese maldito de Sesshomaru la había torturado lo suficiente como para que ella mostrase una renuencia justificada hacia la sangre de Inugami. –No notarás nada en tu organismo, únicamente te darás cuenta de ello en tu salud, no te enfermarás y si llegas a herirte de alguna manera, sanarás rápidamente– explicó con total seriedad.

La joven pasó saliva, estaba consciente de eso, pero quería saber un poco más.

–Eso suena bien, pero ¿Y si te pido que la retires de mi organismo? – preguntó de repente.

Él negó con lentitud.

–No puedo hacer eso por el momento– contestó, después de tomar un poco de jugo. –Principalmente por dos razones: La primera es que, sólo lo puedo hacer hasta dentro de un mes, no antes, porque podría afectar tu energía vital. Y la segunda… mi sangre es como una señal indicativa para que Sesshomaru ya no se acerque a ti de nuevo, al menos por el momento. –

La mujer hizo una mueca de sorpresa, pero más o menos ya intuía de qué se trataba.

–¿Te refieres a que es como la marca de mi hombro? –

–No exactamente, pero es una manera de interpretarlo– explicó él, mientras comía otro bocado. –La cicatriz hecha por una mordida en el hombro es simplemente para indicarle a otros youkais que "ésta hembra es mía", en cambio, el vínculo de sangre es una forma de relación que va un poco más allá. Es un "enlace" en el que yo puedo percibirte y tú a mí… – hizo una pausa y la miró a los ojos. –Y también es una manera de decirle a otros machos que, "eres mi concubina"–

Diana entornó los ojos y se cruzó de brazos en un gesto de indignación.

–Vaya, vaya, no eres tan diferente de Sesshomaru, ¿Tú también te sientes con derecho sobre mí? – reclamó.

Él Inugami volvió a negar.

–No, yo no tengo derecho sobre ti, aunque la sangre te enlace conmigo, recuerda que lo hice para curar tu enfermedad– aclaró de inmediato. –Mi intención desde un inicio, cuando me aceptaste, fue ofrecerte beber, para que la interacción con mi energía youkai no te afectara. Sin embargo, las circunstancias no permitieron que te lo explicara– exhaló despacio y bebió una vez más. –Y en todo caso, el vínculo es una manera de mantenerte protegida de Sesshomaru. –

– ¿Cómo sabes que él no se acercará de nuevo a mí?, no creo que, con sólo olfatear tu sangre, se detenga– refutó la mujer.

Akayoru sonrió levemente.

–Tendrá que hacerlo, es parte de nuestras costumbres– siguió cortando más carne. –Desconozco porque ya no estabas vinculada con él cuando nos reencontramos en la plaza comercial hace unos meses, pero debido a eso, yo pude acercarme a ti libremente. –

La mujer recordó que fue gracias a la ayuda de la demonesa y sus frutos venenosos, que pudo librarse de la conexión con el Lord.

–Él no puede reprocharme nada ni oponerse a que yo te corteje o comparta mi sangre contigo– continuó explicando Akayoru. –Lo creas o no, en nuestro mundo existen leyes que deben ser respetadas, incluso por un Lord cardinal– hizo una pausa para beber y luego prosiguió. –Cualquier demonesa es libre de elegir al macho que quiera y aunque tú seas humana, si tu decisión fue rechazarlo, Sesshomaru debía respetar eso. –

La joven se mantuvo en silencio por un momento, meditando lo que le decía.

–Entonces, después de todo lo que ha pasado, Sesshomaru ya no debería insistir en quererme a su lado, porque ahora soy de "tu propiedad"– alzó una ceja en gesto de reproche. –¿Pero, y si yo no quiero ser de tu propiedad tampoco? –

El demonio rojo mantuvo su expresión tranquila.

–Realmente no lo eres en éste momento, para eso sería necesario que te reclamara como mi… compañera– la miró fijamente. –Pero si tú no me aceptas, yo jamás podría obligarte a ello, ya te lo dije, no soy como el señor del Oeste. –

Diana rodó los ojos, aquí venía de nuevo el tema de la compañera, sabía que era inevitable confrontarlo. Pero debía reconocer que ahora se sentía más tranquila, la sinceridad del Inugami era algo que debía valorar. Sin embargo, también deseaba dejar las cosas en claro.

–Akayoru, entiendo que ustedes tengan esas costumbres, pero los humanos no estamos obligados a aceptarlas. Agradezco que respetes mi decisión, aunque no he tomado ninguna todavía– le sonrió levemente. –Quizás si me das tiempo y no me presionas, pueda pensarlo. Porque la verdad, no está en mis planes futuros tener una relación sentimental con alguien y si tu linaje ya lleva siglos tratando con humanos, seguramente ya sabes que somos demasiado complicados con nuestras emociones. –

Él asintió y de nuevo le sonrió.

–Como tú desees, Diana. Yo no tengo ninguna prisa y prácticamente desde que chocamos en la plaza, me hice a la idea de que quería acercarme a ti despacio y sin hacerte sentir incómoda. Como ya te lo había dicho, quiero ganarme tu confianza. –

–Tengo que ocuparme de mis asuntos personales y de momento no deseo distracciones, sé que lo entiendes, así que voy a pedirte que, por un mes, no nos veamos– dijo con calma, observando sus reacciones. –Necesito despejarme un poco y no pensar en Inugamis por el momento. –

El pelirrojo permaneció en silencio y luego entornó los ojos. Sabía que la mujer lo estaba poniendo a prueba y que esta era la oportunidad de la que hablaba su hermano. Ella no lo rechazaba, simplemente le pedía tiempo.

–Acepto tu petición, pero también quiero pedirte algo– indicó, al mismo tiempo que dejaba de comer. –Si piensas volver a tu departamento y trabajo, será necesario que alguien te vigile– declaró en un tono serio. –Si no deseas mi presencia cerca, otro youkai lo hará, pero no puedes andar sola, dado que Sesshomaru aún podría intentar localizarte. –

La joven se frotó las sienes y resopló molesta, pero entendía perfectamente la preocupación del demonio rojo. Después de todo, en estos momentos, el señor del Oeste debía estar más fúrico que las veces anteriores cuando escapó de él.

–Está bien, concuerdo contigo– habló con resignación. –Ya no tengo ganas de huir otra vez y, además, seguramente podrían despedirme de la compañía en esta ocasión. –

–Si tú lo deseas, puedo ayudarte– propuso Akayoru.

Ella negó con la cabeza.

–No, dejemos las cosas así– masticó un bocado y luego volvió a preguntar. – ¿Quién me vigilará? –

Akayoru hizo un gesto hacia la ventana, donde se podía ver parte del jardín lateral de la casa. El youkai chofer estaba regando las plantas en ese momento, dándole a entender a Diana que él sería el encargado.

–Es mi asistente y chofer, su nombre es Mishumaru y ya lleva trabajando un par de siglos para mí, así que él se encargará de llevarte y traerte a donde quieras– indicó, mientras retomaba su desayuno.

La mujer suspiró resignada una vez más. Esa era su realidad, los Inugamis eran todo un caos para la vida común y corriente de una simple humana.


Continuará...

Ya estoy trabajando en lo que sigue, espero no tardar, pero como se trata de lemon, necesito tiempo XDXDXD

Una cosa más, ya nos acercamos al final de esto, así que gracias por el apoyo ;)