Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi.

Una Cita, Una Cena, Una Noche sin Repeticiones

Adaptada por Rossy Castaneda

Capítulo Quince

Narrado por Terry..

Los antiguos socios se enfrentan finalmente en el juzgado..—El caso Miller, al rojo vivo esta semana

Eso era lo que decía el titular de la sección judicial del The New York Times esa mañana. —Para aquellos que no sabían nada sobre el caso, seguramente era una historia con la que pasar el rato, otro escándalo que devorar mientras desayunaban por la mañana.

Pero para mí era el final de un capítulo de seis años que ya se había prolongado demasiado. —Formaba parte de las razones por las que me fui hace seis años, parte de las razones para testificar dentro de unos días, y también de que abandonara la ciudad por última vez cuando todo acabara.

Miré por la ventana del restaurante del Waldorf Astoria, preguntándome por qué llovería con tanta intensidad a finales de invierno.

—¿Señor Grantchester? —Una mujer trajeada se detuvo al lado de la mesa.

—¿Sí?

—Soy Margaret Grace, la gerente..—Ha recibido varias llamadas de la señora Susana Marlowe... Indica que tiene que comunicarse con usted por un asunto de suma importancia. —Ahora mismo está esperando en linea...

Suspiré.

—¿Podría pasarme la llamada a mi habitación dentro de dos minutos, por favor?

—Por supuesto, señor.

Dejé el periódico sobre la mesa y me dirigí directamente a la suite que ocupaba. —El teléfono comenzó a sonar en el mismo momento en el que abrí la puerta.

—¿Sí?

—Soy yo... —susurró Susana.

—Lo sé. ¿Cómo has sabido dónde me estoy alojando?

—¿Lo preguntas en serio? —se burló—. Necesito que me hagas un favor...

—Adiós, Susana.

—No, espera —su voz sonaba frenética—. De verdad, Terry, lamento todo lo que te hice.

—¿No te he dicho que no me llames así?

—¿Recuerdas cuando me visitaste en la cárcel? ¿Antes de que comenzara el juicio...? —Hizo una pausa—. Sé lo difícil que te resultó ir a verme en ese momento, lo solo que debías de sentirte para ir a visitarme a mí, precisamente... Incluso me contaste que estabas pensando en cambiarte de nombre y marcharte de Nueva York. —En ese momento te rogué que me salvaras, ¿lo recuerdas?

—De verdad, Susana, no estoy de humor para esto en este momento.

—En ese momento eras tan compasivo y cariñoso...

—Ve al grano, Susana.

—Sé que en el juicio de esta semana, Michael...

—¿Te refieres a mi mejor amigo? ¿Al que te tirabas cada vez que podías?

—Sí, ese —suspiró.

—¿Qué pasa con él?

—No es el monstruo que tú crees que es.

—¿Estás llamándome para que te haga un favor?, te aclaro que es algo que no va a pasar o ¿para darme testimonio sobre su carácter? ...Me haces sentir confuso.

—Todavía lamenta lo que hizo, fue...

—¿A qué te refieres, Susana? —espeté—. No estoy para adivinanzas.

—¿De verdad quieres hacerle más daño? —preguntó con más suavidad—. Creo que ya nos has castigado suficiente. —Yo estoy en la cárcel, no es necesario que él sufra lo mismo.

—Nunca sufrirán lo suficiente.

En cuanto colgué, le envié un mensaje de texto a un viejo contacto en prisiones en el que le decía que Susana tenía contrabando en su celda.

Lo último en lo que quería pensar era en mi antiguo socio y ex mejor amigo. Lo único que debía ocupar mi mente era el juicio para poder olvidarme de toda aquello cuando acabara.

Me desplacé por los mensajes de texto, dándome cuenta de repente de que Candy me había respondido con un simple y escueto "bien" cuando le pregunté cómo le había ido en la audición.

A excepción del día que le di el masaje en los hombros, ella seguía manteniéndome a raya.

Abrí la aplicación de correo para enviarle un mensaje más largo, pero vi que ella me había enviado ya uno.

Asunto: Sí.

Acabo de recibir tu último ramo de narcisos y tu nota para que tengamos una cita esta noche... —Pero tengo unas cuantas condiciones.

Candy

Asunto: re: Sí.

Dímelas.

Terry.

Asunto: Cita.

Podré preguntarte lo que quiera y me responderás la verdad.

Candy.

Asunto: re: Cita.

Nunca te he mentido.

Terry.

Asunto: re: re: Cita.

Tienes que comportarte como un caballero. —No quiero que me vuelvas a tomar en otro cuarto de baño.

¿A qué hora me recoges?

Candy.

Asunto: re: re: re: Cita.

En realidad no pensaba hacer nada contigo esta noche, pero dado que se presenta esa posibilidad, te enviaré una lista con las posibles ubicaciones antes de la cita. —Te recogeré a las ocho.

Terry

Llamé a su puerta cuando a la hora pactada, como el caballero Ingles que era, ataviado con un traje oscuro que me había comprado unas horas antes.

No me respondió, pero la puerta se abrió antes de que volviera a llamar y ella salió con un vestido rojo tan ceñido a su cuerpo y tan abierto de las piernas que dejaba poco a la imaginación.

—¿Sabes que todavía es invierno? —pregunté pasándole el dedo por sus hombros—. Creo que vas a necesitar un abrigo.

Echó un vistazo por encima de mi hombro.

—¿Has venido en metro?

—Sí.

—¿Vamos a ir en metro a donde sea?

—El auto nos recogerá más tarde. —Sonreí al ver la expresión de confusión que se extendía por su cara.

La estudié mientras recogía un abrigo y cerraba la puerta.

—Entonces, ¿sabes usar el metro? —se burló, mirándome.

—Claro que sí —aseguré, tomándola de la mano—. No siempre fui rico mientras vivía aquí.

Caía una ligera nevada mientras recorríamos la distancia que nos separaba de la estación de metro, y ella se apoyó en mí, apretando su cuerpo contra el mío. —Las luces navideñas todavía colgaban entre los rascacielos, iluminando la noche, y una débil emoción parecía crepitar en el aire.

No había mucha gente esa noche en la calle, y cuando nos subimos a un tren casi vacío, Candy comentó ese hecho.

—Es la primera vez que veo tan poca gente en el metro —se rio—. Por lo general tengo que defender mi espacio a codazos.

—Mmm... —Le impedí sentarse; prefería que compartiera una barra del metro. ¿Qué tal te ha ido hoy en la audición?

Jamás habías respondido con un simple "bien", cuando del ballet se trataba.

—Cuando te envié ese mensaje estaba llorando. —Me sentía abrumada.

Arqueé una ceja.

—Me han dado el papel doble de Odette y Odile en El lago de los cisnes, ¡como profesional!...—Todavía no me lo puedo creer... Se están haciendo realidad todos mis sueños.. Parecía a punto de estallar en lágrimas

—Quizá estás destinada a interpretar ese papel... —Le sequé una lágrima solitaria.

—Quizá. —Se me acercó más—. Me alegro de tener libres los próximos días. —Creo que así podré relajarme y ponerme al día de lo que ocurre. —Ya sabes, disfrutar de algo parecido a una vida alejada del ballet.

—Puedes pasar más tiempo conmigo si quieres descansar. —Saber lo que ocurre en el mundo está sobrevalorado, y la mayoría de las noticias son falsas.

—¿De verdad?

—Sí —respondí, mirándola a los ojos—. No te creas ni la mitad de lo que lees en los periódicos.

Sonrió.

—¿Te has enterado del macrojuicio que hay esta semana?

—Estoy seguro de que siendo Nueva York, hay más de uno.

—No... —Negó con la cabeza—. No como este.

Vacilé.

—¿Qué es lo que hace que este sea tan especial?

—En realidad es más interesante que especial... Se trata de dos abogados que fueron socios en el pasado, dos tipos que llegaron muy alto, ¿sabes? —Uno de ellos incluso ganó ante el gobierno en su primer caso.

—Seguramente fue un golpe de suerte.

—No creo. —Me miró a los ojos—. He leído las transcripciones. —Sabía perfectamente lo que estaba haciendo, y el veredicto afectó de verdad a la política pública a partir de ese momento.

No hice ningún comentario.

—La cuestión es que jamás le dieron a su trabajo el reconocimiento que merecía, y solo se conocieron los detalles del caso por el boca a boca de las personas. —Hizo una pausa—De todas maneras, por lo que he leído, años más tarde fue acusado de una larga lista de delitos federales que eran falsos.

—Candy...

—Parece que todo el mundo se creyó esa historia, los periódicos, los demás medios de comunicación, y que la verdad no salió a la luz hasta meses después, cuando su nombre ya estaba empañado.

La miré, pidiéndole que se detuviera, pero ella continuó.

—Los cargos siguen pendientes ahora contra su antiguo socio de bufete, que es de lo que trata el juicio de esta semana. —Pero el otro, el abogado que tenía aquella trayectoria impecable, desapareció.

—Si era tan impecable, estoy seguro de que eso no es posible.

—¿No?

—No —afirmé.

—Es posible...—. Pero creo que el hombre del que te estoy hablando es capaz de cualquier cosa..Buscó respuestas en mis ojos

—¿Quiénes son los protagonistas en ese caso?

—El acusado es Michael Miller, y el testigo clave, Terrence Graham, quien antes de ser abogado tenia una carrera como actor y proviene de una familia de nobles Ingleses.

—Lo buscaré en Google esta noche. —Suspiré. No quería continuar esa conversación.

Por los altavoces resonó una voz, anunciando nuestra parada, así que volví a tomarla de la mano...—Me has hecho aceptar unas condiciones —dije, mirándola después de bajarnos—, ¿puedes aceptar tú también las mías?

—Depende...

—Hazme las preguntas profundas después de la cena.

—¿Vamos a cenar ahora?

—No. —Subimos los escalones—. No me atrevería a hacer tal cosa. —No quiero que me acuses de tratarte igual que a mis otros ligues.

—¿Eso significa que no vamos a acostarnos al final?

—Significa que no te voy a dejar después.

Se sonrojó y la besé en la frente mientras recorríamos las calles llenas de luces intermitentes y anuncios de neón...—No dijo nada más, pero seguía sonrojándose cada vez que la miraba.

—Es aquí —dije deteniéndome delante de nuestro primer destino.

—¿Broadway? —preguntó mirando al cartel.

—Me has dicho que todavía no has tenido la oportunidad de disfrutar de un espectáculo —expliqué—. Acostumbraba a venir mucho cuando vivía aquí...

—¿Mucho?

—Al menos una vez a la semana. —Le abrí la puerta—. Esta representación en particular la vi dos veces cuando estaba en cartel. —Pasé los dedos por el título, "Otelo", antes de entregar las entradas a la chica que hacía las veces de acomodadora.

La joven sonrió al reconocerme y nos guió a un palco privado, donde nos dejo una copa de vino para cada uno, cortesía de Karen, a quien le anuncié que iría al teatro esa noche, cuando nos pusimos al corriente..Karen se enojó conmigo y me hizo un rollo innecesario.

—Nunca hubiera imaginado que te gustaban los dramas —me dijo Candy, tomando un sorbo de vino—. Jamás comentaste nada al respecto.

—De hecho, me gustaba más el teatro que las leyes.

—¿De verdad? ..—Qué te hizo cambiar de opinión?

—Circunstancias de la vida.

Abrió la boca para agregar algo, pero las luces se atenuaron y se inclinó hacia mí con un susurro.

—Me hubiera gustado verte actuando...

Sentí que me ponía la mano en el muslo.

—Sin embargo, no en un drama. —Creo que preferiría...

—¿Vas a seguir hablando durante toda la representación, Candy? —la interrumpí, ignorando la reveladora expresión de intenso anhelo y necesidad que inundó su rostro.

—¿No voy a poder hacer comentarios? —parecía ofendida—. ¿Tampoco podré hacerlos después de la cena? Porque si es así, ¿para qué me has traído aquí? ¿Para qué has querido...?

—Ya he visto esta obra antes...—Le puse un dedo sobre los labios cuando Robert Hathaway apareció en el escenario—, y aunque lo único que quiero es que tú también la disfrutes, si quieres que te entretenga de otra manera, solo tienes que decírmelo.

—¿Qué?

—¿Este palco está incluido en la lista de lugares adecuados?...—. Si hacemos algo aquí, ¿seguirías considerándome un caballero?

La vi abrir mucho los ojos, y apartó rápidamente la mano de mi regazo.

—Solo estaba bromeando, Terry...

—Lo sé. —La besé en el cuello.

—Voy a dejar de hacer preguntas —aseguró—, y me concentraré en la obra de teatro.

En el momento en el que volvió la cara hacia el escenario, —cerré mis ojos y suspiré para concentrarme hacer uso de todo mi autocontrol..— le había dado mi palabra que me comportaría como un caballero...pero ella no estaba ayudando con ese provocativo vestido, donde dejaba su pierna y mas allá al descubierto.

"Me moví para arrodillarme delante de ella.

—¿Terry?..—Siseó con fuerza mientras le separaba los muslos—. ¿Qué haces?

—Asegurarme de que disfrutas del espectáculo.

No le di la oportunidad de protestar. —Di un rápido tirón a sus bragas y hundí la cabeza entre sus piernas para deslizar la lengua por su sexo, disfrutando de un sabor que había echado de menos durante los últimos meses. —Le apresé su sexo entre los labios y succioné, cerrando los ojos cuando sentí que se hinchaba en mi boca.

—Terry... —gimió mientras apretaba las piernas alrededor de mi cuello, aferrándose a mi cabello como si quisiera rogarme que fuera más despacio.

No pude. —la echaba de menos, Candy era deliciosa...—Hundí la lengua todo lo que pude en su interior, reclamando cada rincón, marcándolo porque era mío.

Comenzó a elevar las caderas del asiento, y le ordené que se estuviera quieta mientras hundía los dedos en su interior.

—No puedo... —jadeó al tiempo que se arqueaba de nuevo—. No puedo...

Le succioné con más fuerza al tiempo que la penetraba repetidamente con los dedos hasta que ella no pudo evitar gritar mi nombre.

Se agarró de mis hombros mientras se estremecía, clavándome las uñas con más fuerza que nunca al alcanzar el orgasmo.

Le sostuve los muslos durante el tiempo que los temblores continuaron recorriendo su cuerpo de arriba abajo.

Recogí las bragas rasgadas del suelo para limpiarla con ellas antes de guardármelas en el bolsillo.

De pronto estalló un fuerte aplauso que resonó en las paredes del teatro cuando terminó la primera escena, sentí un fuerte codazo, —trayéndome a la realidad"

Candy me miraba expectante..—Sentí un poco vergüenza al darme cuenta que había estado fantaseando todo ese rato, y que posiblemente estuve gimiendo entre mis fantasías., cosa que no fue difícil de corroborar, ya que unos segundos después, se acerco a nosotros un empleado del teatro.

—¿Ha ocurrido algo, señor?..— He escuchado una perturbación.

—¿Una perturbación? —Miré a Candy y luego a él—. No, aquí no ha sido.

—¿Seguro? —preguntó preocupado—. ¿Y usted, señorita? ¿Se encuentra bien?

—Sí —asintió Candy—. Estoy más que bien.

El hombre se alejó y en solo unos segundos, Candy se trasformó de nuevo en la mujer que recordaba de unos meses antes, la que era incapaz de estar callada..

—Esto es perfecto, Terry —me susurró, apoyándose en mí—. Gracias... —Y luego no volvió a hablar hasta que terminó la función, dos horas más tarde.

—El actor principal estuvo increíble —comentó cuando cayó el telón—. Me hizo sentir todas sus emociones en esa última escena...y la chica...uf! Ni hablar.

—A mí también...

Ayudé a Candy a ponerse el abrigo—. ¿Tienes que estar a alguna hora en casa?...— ¿Un toque de queda?.

—Tengo veinticinco años.

—Soy consciente de ello. —Puse los ojos en blanco—. Lo descubrí de una forma peculiar, gracias. —Estaba preguntándote si puedes quedarte conmigo un par de horas más o por el contrario tienes que levantarte temprano.

—Tengo ensayo por la tarde...

—Perfecto. —Salimos del teatro y le hice una señal al conductor que se había estacionado al otro lado de la calle—. Quiero llevarte a otro sitio, ¿puedo?

—Me encantaría que...

La ayudé a entrar en el vehículo y me deslicé detrás de ella; Candy se subió a mi regazo para apretar sus labios contra los míos, susurrando "gracias" una vez más.

La abracé mientras el conductor atravesaba la ciudad haciendo un breve recorrido por lugares de mi pasado, aunque agradecí que no pasara por delante de donde había estado mi bufete.

Le enseñé mis restaurantes favoritos, dónde me gustaba relajarme, y algunos lugares a los que me gustaría llevarla antes de marcharme.

—Ya estamos en el Waldorf Astoria, señor Grantchester. —El conductor nos miró por el espejo retrovisor—. ¿Será la última parada de la noche?

—Sí —repuse, notando que Candy me miraba con los ojos entrecerrados.

—Pensaba que...

—Relájate. —La besé en la frente—. Es donde me he alojado desde que llegué.

—Ah...

La tomé de la mano, y atravesamos el vestíbulo para subir en el ascensor hasta la habitación.

Cuando las puertas se abrieron, vi que habían seguido mis órdenes al pie de la letra: había una solitaria mesa, unas luces tenues colgaban el enrejado y a través de la nieve se podía leer un "Lo siento" de neón en el edificio de enfrente.

—Es precioso, Terry... —dijo mirando a su alrededor—. ¿Cuándo has cambiado de opinión sobre la cena?

—No lo he hecho. —Arrastré la silla y destapé un plato de fresas cubiertas con chocolate y vainilla—. Es el postre.

—¿Se te ha ocurrido a ti solo?

—Sí. —Me senté a su lado y le pasé el brazo por los hombros.

—¿Sabes? .. Cuando se tiene una cita, las dos personas suelen sentarse uno enfrente del otro.

—¿Es que no te has enterado todavía que no pienso tratarte como a otro ligue?

—No... —Me cubrió la boca con la suya en cuestión de segundos, y yo hundí los dedos en su cabello.

Tiré de ella hacia delante y le mordisqueé los labios antes de mirarla a los ojos.

Me indicó sin palabras que quería que fuera más allá, frotándome la entrepierna con los dedos.

—Deja de tocarme, Candy —advertí—. Si no te detienes, no voy a ser capaz de seguir comportándome como un caballero. —Me levanté y me acerqué a la puerta, dándome espacio—. Quiero demostrarte que podemos tener una cita sin que acabe tomándote como un salvaje.

Ella me siguió con una sonrisa.

—Pero ya has fracasado en eso, ¿verdad? ..me dijo eredando los dedos en mi cabello antes de desabrocharme la camisa.

Introduje la rodilla entre sus piernas para deslizar la mano entre sus mulos, suspirando al sentir lo mojada que estaba.

—Candy, puedo esperar...

Gemi cuando metió la mano en mi bolsillo y sacó un preservativo

—Yo no.

Me liberó mi miembro de los pantalones antes de ponerme el preservativo sin dejar de besarme.

Le rodeé la cintura con los brazos para levantarla, y la senté en la barandilla de la terraza.

—No sabes lo mucho que he echado de menos tu boca. —Le mordisqueé los labios.

—¿Es lo único que has echado de menos? —preguntó, rodeándome el cuello con los brazos.

—Si fuera así, no estaríamos aquí. —Me deslicé lentamente en su interior, llenándola centímetro a centímetro sin dejar de mirarla a los ojos, recordando lo bien que me sentía cuando estaba con ella.

No dije nada más, la tomé por los costados y la moví de arriba abajo.

Gemí al sentir que me ceñía con sus músculos internos, más fuerte con cada enviste.

Nuestros labios se encontraron y ninguno de los dos apartó la boca mientras nos mecíamos debajo de una ligera nevada.

Me clavó las uñas en la espalda cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo, atrapándome el labio inferior entre los dientes para no gritar.

No te vengas todavía, Candy... —ordené mientras mi entrepierna palpitaba dentro de ella..—Espera...

Movió la cabeza hacia los lados, intentando reprimir el orgasmo sin dejar de mirarme a los ojos...

—Te he echado de menos —susurré—. Te he echado muchísimo de menos...

Candy cayó sobre mi pecho cuando juntos alcanzamos el éxtasis, y me mordió al tiempo que aflojaba las piernas a mi alrededor.

Después, todavía entrelazados, nos miramos el uno al otro con la respiración entrecortada igual que habíamos hecho una vez, muchos meses antes.

La besé en los labios, repitiendo lo mucho que la había echado de menos, y ella sonrió con ternura mientras me pedía con suavidad que me retirara.

—¿Quieres quedarte a pasar la noche conmigo? —pregunté mientras recogía mi chaqueta para cubrirla con ella—. Me puedes contar más sobre ese caso que tanto te intriga.

—¿El de Graham contra Miller? —preguntó—. ¿Quieres decir que no has oído nada al respecto?

—No, pero si te quedas a pasar la noche, podemos buscar datos en Google los dos juntos.

—No creo. —Su voz se había vuelto indiferente de repente—. Tengo que marcharme. Se ajustó el vestido y se acercó a la mesa para coger su bolso.

—¿Ha pasado algo?

No respondió. —Sacó el celular del bolso para mirar la hora y suspiró.

—Candy, ¿qué haces?

—Obligarme a mí misma a ver que sigues siendo el mismo y que nunca vas a cambiar, tu idea de la verdad es, y siempre será, sesgada. —Eso es todo.

—¿Disculpa? Le pregunté intrigado.

—Gracias por una noche maravillosa... —Me gustaría que supieras que siempre la recordaré con cariño.

—Estoy empezando a preguntarme si no serás bipolar...le espeté.

—¿Por qué no me has dicho esta noche que tu nombre real es Terruce Grahan Grantchester Baker, hijo de un Duque Ingles y una famosa Ex-actriz de Broadway, un ex- actor de Broadway y el abogado que te dije que era mi modelo a seguir?..Movió la cabeza y respiró hondo—. Te lo he puesto en bandeja, añadió en tono dolorido..

Prácticamente te he rogado que me lo dijeras, pero te has abierto en todo menos en eso.

Vacilé...—Las palabras de Karen resonaron en mi mente:

"Eres un idiota Terry, si de verdad la amas, debes decirle quien eres realmente, porque te aseguro que si ella lo descubre por su cuenta, la perderás...—no se construye una relación a base de mentiras"

—Iba a contártelo todo esta noche, en la cama.

—Claro que sí... —ironizó—. ¿Hay alguna razón para que no me lo dijeras aunque incluso llegué a confesar en la entrevista que una vez fuiste mi abogado favorito?

—¿Una vez?

Asintió.

—Sí. ..—Una vez. —Todos los artículos que leí sobre Terrence Graham hacían hincapié en su total y absoluta honestidad y profesionalismo. —Imagino que eso cambió cuando te convertiste en Terruce Grantchester.

—Candy, no... —Di un paso adelante y ella uno atrás—. De verdad, iba a pedirte que asistieras al juicio.

—¿Puedes llamar al auto para que me lleve a casa o voy en taxi?

—Basta. —Basta ya.

—Iré en taxi. —Se encogió de hombros—. Te deseo toda la suerte del mundo cuando testifiques. —Y espero que a la siguiente mujer que conozcas la trates muy bien desde el principio, para que no tenga que dejarte después de enamorarse de ti.

—Dame una oportunidad, Candy...

—No tenemos nada más que hablar. —Abrió la puerta—. Por favor, no me sigas, Terruce. Dices que no puedes confiar en mí y yo no puedo confiar en ti, así que no quiero tener que ver nada más contigo. Respeta mis deseos, por favor.

Abrí la boca para responder, pero ella habló antes.

—Adiós, Terruce ... Terrence... —susurró—. Sea cual sea tu nombre.

—Candy...

Cuando la puerta se cerró, supe que no tenía sentido ir detrás de ella en ese momento.

Se había marchado.

Continuará...