Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece

CAPÍTULO 17

Sasuke Uchiha aferraba la cintura de su esposa, mientras observaba con cautela, sin perder la sonrisa de satisfacción y orgullo, a los que se encontraban a su alrededor. Toda la familia se había presentado sorpresivamente esa noche, al enterarse, por un muy comunicativo Kendal, sobre el embarazo de Sakura. Una vez se bajó Eva de su limusina, Sakura la había abordado, y le había reclamado por la forma en cómo le expuso a Sasuke, la noticia sobre su nueva condición.

―¿De qué te quejas? ―dijo la mujer, mostrándose indignada―. Querías saber qué pensaría Sasuke si sabía de tu embarazo. Bueno, la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. ¿Qué mejor que ir directo al grano? Además, ¿qué culpa tengo yo de que él sea tan perspicaz?

―¿Perspicaz? ¡Eva! Hasta un idiota habría captado la idea, por la forma en que la dijiste.

―¡Ay, bueno, ya! Los dos siguen vivos y felices. ¡Fin de la historia! Eres una desagradecida, pero no importa, eres mi amiga y te perdono. ―La mujer le brindó una gran sonrisa, y caminó hacia donde se encontraba la familia, dejando a Skura con la boca abierta, en claro asombro por el descaro demostrado. El único faltante en la reunión era el tío Alex.

Él ya había llamado a felicitarla, y no se privó de decirle que se encontraba sorprendido, de que «el bueno para nada» fuese capaz de algo así, y rogaba porque se tratara de una niña, para que no saliera igual al padre. Sakura había reído a carcajadas, mientras Sasuke refunfuñaba al escuchar las palabras del anciano, que se oían por el altavoz del celular de su esposa; sin embargo, él ya había olvidado esa conversación, y toda su atención se centraba en Naruto, que lo miraba fijamente, desafiante; al tiempo que Kendal, a pesar de tener a Emma abrazada, miraba a Sakura pícaramente.

―Emma, controla a tu novio, si no quieres que te deje viuda antes de tiempo ―amenazo Sasuke sin apartar la vista de su primo. La rubia soltó una risita cuando Sakura golpeó a su esposo en el pecho. Kendal aprovechaba cada vez que Sasuke lo miraba, para lanzarle besos y guiñarle el ojo a la castaña, sin la más mínima vergüenza.

Sabía que Emma no se pondría celosa porque ya lo conocía, y entendía que lo hacía por molestar a su primo; incluso a ella le parecía graciosa la situación. Luego que todos abandonaran la mansión ―al negarse Sasuke a que pasaran la noche bajo el mismo techo―, Sakura se encerró en la habitación de Naomi para poder tener un tiempo a solas, en el cual poder llamar a su madre, y contarle con tranquilidad las buenas nuevas. Naomi revoloteaba a su alrededor, y Ron se encontraba en el pasillo durmiendo.

―¡Oh, Sakura! ―Amelia emitió un quejido y a Sakura se le contrajo el corazón.

―Mamá, estoy bien. De hecho estoy feliz, muy feliz.

―Un hijo no debería concebirse en una situación como la tuya, Sakura. No cuando tu mente está reacia a aceptar lo que tu corazón siente. Sakura suspiró profundamente y posó una mano sobre su vientre, mientras sus ojos se humedecían.

―Ya no estoy tan segura de eso, mamá.

―¿A qué te refieres?

―No te puedo decir que amo a Sasuke, pero las cosas han cambiado mucho, y aunque debería odiarlo y alejarme de él lo más posible, como te dije la otra vez, siento que sin él me muero.

―¿Qué pasó entre ustedes dos, Sakura? ―inquirió la mujer, a sabiendas de que posiblemente no recibiría una respuesta―. En mi cabeza se forman tantas imágenes de posibles situaciones, y todas me aterrorizan.

―Eso ya no tiene importancia, mami. Sasuke no es lo que pensaba, o sí lo es, solo que no de una mala manera. ―Sacudió la cabeza, y acarició a Naomi que se encontraba dormida junto a su asiento―. Sasuke es el hombre que cualquier mujer podría desear, y yo lo hago. No me puedo imaginar lejos de él. Eso duele mucho.

―Eso, Sakura, se llama amor. Hija, tienes que sacar de ti todo lo malo que sucedió, para que puedas dar cabida a las nuevas y hermosas experiencias.

―¿Y cómo se supone que haga eso?

―Habla con él, dile lo que sientes, suelta todo lo que tengas en tu alma, lo bueno y lo malo, todo. Verás cómo la conversación fluye, y tanto tú como él, sentirán que un gran peso se les quita de encima. Sakura negó con la cabeza, aunque sabía que su madre no la estaba viendo.

―No puedo hacerlo. Sasuke tiene… lagunas, espacios de tiempo perdidos, y si le hago saber lo que sucedió es capaz de hacerse daño, mamá. Amelia jadeó al otro lado de la línea.

―¿Tan grave fue? La puerta de la habitación se abrió, y Sasuke apareció por ella.

―Te estaba buscando ―dijo, entrando y mirando con recelo a la gata dormida.

―Estoy hablando con mi mamá ―anunció Sakura sin apartar su celular, para que ella pudiera escuchar que ya no estaba sola. Sasuke le preguntó de forma silenciosa si ya le había contado y ella asintió, por lo que él le pidió el teléfono.

―No, Sasuke, no es necesario.

―Dame el teléfono, solo quiero hablar con ella.

―Yo también lo deseo, hija ―concordó Amelia. Sakura entregó el celular a regañadientes, sin apartar la mirada de su esposo.

―Hola, Amelia ―saludó con una sonrisa en sus labios―. Sakura me dice que ya te comunicó de la feliz noticia… Lo estoy. Sakura es mi mayor tesoro, y ahora me ha dado uno más… No te imaginas cuánto, Amelia. Ella es mi mundo… Muchas gracias, así será. Mi misión es hacerla muy feliz… Saluda a Jason de mi parte, por favor… Adiós. Cortó la llamada, se acercó a ella para tomarla en brazos, y comenzó a salir de la habitación.

―Puedo caminar ―dijo la chica, contradiciéndose al rodearle el cuello con los brazos, y apoyar la cabeza en su hombro. Sasuke sonrió y la besó en la frente.

―¿Le avisaste a Sussana? Sakura negó con la cabeza.

―Me pondré en contacto con ella en estos días. Debe estar dormida. Al llegar a la habitación, Sakura fue colocada en la cama con suavidad. Tenía pendiente llamar de nuevo a su madre cuanto antes, porque sabía que estaba preocupada, y necesitaba escuchar de sus labios que se encontraba feliz de ser abuela. Recordó entonces su encuentro con Cassandra para el día siguiente, e intuyendo que Sasuke se quedaría ahí otro día más, tendría que encontrar la manera de verse con ella, aunque al menos intentaría sacarlo de la casa.

―Mañana puedes despertarme antes de irte al trabajo ―propuso lo más natural que pudo, tratando de indagar cuáles eran sus intenciones―. Quiero desayunar a una hora adecuada, conforme a las recomendaciones de la doctora.

―No te preocupes, nena ―dijo Sasuke quitándose la camisa―. Mañana no iré a Londres. Sakura frunció el ceño. Tenía que hacer su mejor esfuerzo para sacarlo de la casa.

―No es necesario que te quedes. Estaré bien. Tengo a un ejército tras de mí. Sasuke, que ya se encontraba en bóxer, se acercó a la cama y la besó en los labios.

―Un día más un día menos, no importa. Mañana es viernes, así que puedo reincorporarme desde el lunes.

―¡Pero no tiene sentido que te quedes! En serio. Al menos puedes ir en la mañana y regresar por la tarde, ¡pero no tienes por qué pasar la mañana en casa, supervisando que se obedezcan tus órdenes! Sasuke la miró con el ceño fruncido.

―¿Por qué tanta insistencia en que desaparezca mañana por la mañana? «¡Mierda, me descubrió!». Sabía que su esposo era un hombre de negocios, lo que lo llevaba a ser muy perspicaz. Si seguía insistiendo, solo conseguiría que prolongara su vigilancia, inclusive durante toda la siguiente semana. Haciendo un puchero de esos que desarmaban a Naruto, se bajó de la cama, caminó a su encuentro y lo abrazó por la cintura, acercando su rostro al pecho de él e inhalando su aroma.

Había hecho lo mismo con Naruto hacía unas horas, pero no sintió lo mismo. En los brazos de su amigo se sentía protegida y amada de manera fraternal; pero en los de Sasuke, percibía los mismos sentimientos de una forma diferente: masculina, excitante, ardiente, y muchos más adjetivos que sería pecado el solo pensarlos con un hermano, y eso era su amigo para ella. Sasuke la abrazó de vuelta y el calor la inundó.

Ese hombre era su vida, y ella era una tonta por no querer aceptarlo. Decidió en ese momento que lo dejaría hacer, y que sería el lunes que se encontraría con la señora. Llevaba meses con miles de preguntas en su cabeza, unos días más no harían la diferencia. Le enviaría un mensaje con alguien para que no la esperara, y así podía planear mejor cómo saldría de la propiedad sin que Sasuke se enterara, o poder ingresarla sin las mismas repercusiones.

―Lo siento ―dijo por fin, con su mejilla apoyada en los firmes músculos―. Es solo que no deseo ser un estorbo en tu vida. Sasuke se separó un poco de ella, tomándole el rostro tiernamente con las manos.

―Eres muchas cosas en mi vida, Sakura, pero ninguna de ellas negativa ―aseguró con vehemencia―. Nunca serás un estorbo para mí, eso no debes dudarlo. Sakura le sonrió, y haciendo algo que tres meses antes no se imaginó, se empinó y lo besó en los labios. No fue un beso como los que le daba cuando se iba para el trabajo, esos que la gente comúnmente llamaba «picos».

Este beso fue sincero, duradero, y sobre todo apasionado. Les tomó solo segundos deshacerse de la ropa que impedía que sus cuerpos se juntaran, dejando la piel como único obstáculo para volverse un mismo ser. Minutos después, Sakura ya no recordaba quién era Cassandra ni lo que hablaría con ella. Su existencia estaba concentrada en ese momento, en el hombre que se encontraba sobre ella, arremetiendo con las caderas entre sus piernas, y que la besaba de forma tal, que la hacía sentir siendo tomada por dos partes al mismo tiempo, por el mismo hombre.
A la mañana siguiente Emma llegó a buscarla.

Sakura le explicó lo sucedido, y enviaron a un joven de la plantación a transmitir un recado, el cual regresó tiempo después con una respuesta: la anciana iría a la casa de Emma el lunes en la mañana, y allí se podrían ver. Solo quedaba que planearan la forma de que todo saliera sin contratiempos, ocasionados por su protector marido. Sasuke pasó los tres días siguientes como la sombra de una malhumorada Sakura. El viernes en la tarde, Liam se había presentado en la mansión para visitar a su maestra, y llevarle unas frutas que él mismo había recogido de los cultivos. Sakura se encontraba sentada con el chico en la terraza del segundo piso, en el mismo sofá, y con una gran sonrisa plasmada en el rostro.

―¿Quién es él? ―preguntó Sasuke con el ceño fruncido a Lissa, que se encontraba en la puerta que daba a las habitaciones.

―Es un jovencito del colegio, uno que fue alumno de la señora ―respondió la chica con timidez―.
Creo que su nombre es Liam. El gruñido que Sasuke emitió, hizo que la pobre soltara un gritico y retrocediera. Le temía a ese hombre hermoso, tanto por su belleza como por su temperamento. No podía entender cómo la joven señora, era capaz de enfrentarlo y retarlo sin temor alguno. Sasuke caminó a paso firme hacia donde se hallaba su esposa, acompañada de la pequeña amenaza. Cuando ella se percató de su presencia, Sakura le brindó una sonrisa.

―Sasuke, ven. Al llegar, Sasuke tomó a Sakura en brazos, se sentó en su lugar y la acomodó en su regazo.

―Entonces tú eres Liam. Mi esposa me ha hablado de ti. Sakura se giró para quedar de frente al chico. Podía sentir su rostro caliente. El muchacho miró al hombre y levantó una poblada ceja.

―Yo sabía que la maestra bonita estaba casada, señor, pero nunca la he oído hablar de usted. Sakura deseó salir corriendo. Pudo sentir cómo Sasuke se tensó bajo ella, y escuchó el peligroso y casi silencioso gruñido que salió de su garganta. El niño tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro, y ella solo pudo morder su labio, atormentada. «Este chico va a provocar una tragedia». Antes de que Sasuke se lanzara sobre el coqueto e inconsciente niño, Sakura decidió actuar.

―De todas formas Liam ya se iba, solo vino a traerme unas frutas. ¿Cierto, Liam? El chico abrió la boca, pero ella viendo las tenaces intenciones de negar sus afirmaciones, intervino. Se levantó de las piernas de Sasuke, y lo apresuró.

―Vamos Liam. No quiero que se te haga tarde. Anda, ve. El niño se levantó, y antes de que ella pudiera hacer algo la abrazó por el cuello, la soltó, y se echó a correr hacia las escaleras exteriores.

―¡Vendré a verla de nuevo la otra semana! ―Y desapareció de la vista. Sakura se giró y miró a Sasuke. Ni siquiera se había despedido de él, pero a su esposo parecía no importarle, porque miraba la canasta de frutas como si se tratase de su peor enemigo. Ella se sentó con cautela a su lado, y se mordió el labio nuevamente.

―Simpático el chico, ¿cierto? Él giró la cabeza y la miró con el ceño fruncido.

―El mocoso te trae una canasta de frutas. Yo puedo darte árboles frutales enteros, y hectáreas de todo tipo de cultivos. Sakura lo miró con la boca abierta. Era la manifestación de celos más absurda y ridícula que había visto en su vida, incluso en él. Y eso era mucho decir. Sin tener nada qué responder, se levantó y lo dejó ahí, mortificándose solo con sus celos injustificados. No tenía porqué aguantar niñerías. Todo el fin de semana fue una molestia para Sakura.

Admitía que le gustaba estar con Sasuke, pero se encontraba muy molesta por lo sucedido con Liam. Si bien no era la primera vez que Sasuke hacía algún tipo de espectáculo de macho alfa, la rabia le duró a la chica todo el fin de semana.

―Esas son las hormonas, mi niña ―le dijo Nani en una conversación el domingo―. Y todavía le falta saber cómo estará con respecto al señor.

―En estos momentos siento que lo odio ―respondió Sakura.

―Pero puede que más adelante no quiera separarse de él. A muchas mujeres les entra una… necesidad, por así decirlo, de sus maridos; y no me refiero a su presencia, sino a su cuerpo. Se vuelven fogosas, y a unos les gusta y a otros no. Sakura la miró espantada.

Una cosa era que ella hiciera el amor con Sasuke cuando él lo iniciaba, y otra muy distinta que fuera ella quien se lanzara sobre él cada vez que lo viera. Ya había escuchado de ese problema del embarazo en uno de los programas que Sussana veía en Discovery H&H, así como que en otros casos se presentaba lo contrario; sin embargo, ella ya había comenzado a sentir esos deseos,
porque a pesar de la rabia que sentía el viernes en la noche, no fue capaz de resistirse a los avances de Sasuke.

―Él estaría encantado ―susurró más para sí misma que para la mujer, haciendo que esta soltara una risita. El domingo en la mañana Sakura llamó a Sussana para comunicarle la noticia, y tal como esperaba, la chica realizó comentarios subidos de tono.

―¡Wow! Ese hombre tiene una puntería increíble. Aunque imagino que todo está en el arma y las municiones. Y ya me puedo imaginar el largo del cañón. Sabes que dicen que el largo del pie es el mismo largo de la po…

―¡Sussana, cállate! ―gritó Sakura, y al ver que Sasuke levantaba la cabeza divertido, bajó la voz. Se encontraban los dos en el estudio, así que ella se había ubicado lo más alejada posible

―. ¿Te das cuenta de que estás morboseando a mi marido?

―No lo estoy morboseando, solo comento sobre tus posesiones. Legalmente es tuyo, amiga. Te pertenece. Y yo nada más hago alusión a lo bien que se desempeña tu semental pura sangre. ―Nunca puedo hablar contigo con seriedad.

―¡Eres una amargada! Pero en fin. Me alegro mucho de verdad, Sakura, nunca imaginé que fuera a ser tía tan joven.

―Yo tampoco lo imaginé, pero así son las cosas ―dijo Sakura, sonriendo al colocarse una mano en el vientre―. Estoy muy feliz.

―Bueno, ya sabes que dentro de unos meses tendrás que montarlo tú a él. Deberías amarrarle una corbata al cuello, no sea que se te encabrite y se desboque.

―No puedo seguir escuchando esto. Hablamos después.

―¡Me lo agradecerás cuando te sientas una amazona! ―Fue lo último que escuchó antes de colgar. Su amiga era un caso perdido.

―Sussana me cae bien ―comentó Sasuke, sin levantar la mirada de la pantalla de su computadora.

―No imagino porqué ―murmuró Sakura, rodando los ojos.

El lunes cuando Sasuke se fue al trabajo, Sakura ya había acordado con Emma todo el plan. La idea era que su amiga pasaría por ella para llevarla a su casa, al tiempo que un chico iría a buscar a la anciana. Lissa y Katy tenían la orden de no separarse de ella, y estaba segura de que si se alejaba de la propiedad, la enfermera también se agregaría. Tenía que hacer que ellas se quedaran fuera de la casa, mientras se entrevistaba con Cassandra, quien ingresaría a la propiedad, no por la entrada principal, sino por las puertas que conectaban con las carreteras aledañas, por donde entraban y salían los cargamentos.

―Voy a ir a casa de Emma, me invitó a almorzar y quiero pasar tiempo con ella, lejos de tanto lujo ―informó Sakura a Katy, asombrándose de lo fácil que le era mentir luego de haber conocido a Sasuke.

―No le preguntaré si ya el señor lo sabe porque imagino que no, pero sí le pediré que tenga cuidado, y no vaya a caminar mucho por el campo. El terreno no es plano y puede tropezar. Yo me quedaré aquí. Sé que no le gusta estar rodeada de gente, y con Lissa y la enfermera bastará, además del joven que haga de chofer.

―Muchas gracias, Katy, y no te preocupes, me bajaré en la casa de Emma y me subiré ahí mismo. La mujer asintió, y Sakura se reunió con Emma en la parte trasera de la mansión, con el joven que haría de chofer, Lissa y la enfermera. Esta última era una mujer alta como Eva, pero de gesto serio y contextura fuerte. Sakura estaba segura que Becca, como se llamaba, podría alzarla en brazos si algo le llegara a ocurrir. Tenía alrededor de treinta y cinco años, y la belleza física no era su fuerte, pero cuando la conoció, una amable sonrisa se dibujó en sus labios, y Sakura supo que la seriedad de su semblante era sinónimo de responsabilidad, mas no de amargura.

―Maneje despacio ―ordenó Becca al chico con uniforme, una vez que se subieron al carro de golf―. A la señora no le conviene tanto movimiento. El trayecto fue tranquilo, y pareció durar una eternidad por la velocidad, hasta que por fin llegaron a un bonito caserío. Era un gran espacio de terreno a un costado de las plantaciones, con casas repartidas por doquier, todas muy parecidas y con aspecto de campo, coloridas y muy bonitas a los ojos de Sakura. Había unas cincuenta casas en ese lugar, y Emma le explicó que cerca de ahí se encontraban otras tantas más.

―No puedo ver los límites de la propiedad ―comentó Sakura, intentando mirar a lo lejos―, o no logro identificarlos.

―Desde aquí no los puedes ver, están muy lejos. La propiedad es grandísima, la mayor de la región. Sakura asintió, y se dedicó a saludar a los campesinos, que se acercaron a ella para brindarle sus respetos y felicitaciones, por lo que ellos llamaban «el heredero». Al entrar en la casa de Emma, Sakura se sintió mucho más cómoda que en la mansión. Una sala pequeña y acogedora la recibió, con muebles de aspecto rústico, que muchos pagarían por tenerlos al ser la última moda, mas en esa casa parecían estar en el lugar preciso. A un costado se encontraba un pequeño comedor, y enseguida, una cocina con un gran fogón que parecía ser de leña.

―Es humilde, pero trato de mantenerla lo mejor posible. Me gusta ―dijo Emma con una nota de orgullo en su voz.

―Es muy bonita, Emma. Me siento transportada en el tiempo y eso me agrada. ¿Sabes? A veces me gustaría que Sasuke no tuviera tanto dinero. Que fuera alguien como tú o como yo. Muchas cosas serían más fáciles. Emma la guio hacia su recámara, y dejó cómodas a las dos mujeres en la sala, ya que el joven que hacía de chofer prefirió quedarse afuera. Las dos se sentaron en la cama, que se encontraba en el centro de una habitación delicada y femenina, sin llegar a empalagar; con colores rosa y beige, que se combinaban con las cortinas y las colchas de líneas ondulantes.

―No debes ver el dinero como algo malo, Sakura. El que tu esposo sea millonario no implica que no puedas hacer muchas cosas que hacías antes ―comentó Emma, y luego de pensarlo por unos segundos, continuó―: creo que el problema radica en él. Es demasiado posesivo.

―Y el dinero lo ayuda en su empresa de control hacia mí. Después de varios minutos ―durante los cuales conversaron sobre trivialidades; y luego de recibir una llamada de Sasuke, en la que le pedía explicaciones del porqué había ido a las plantaciones, y que Sakura tuvo que tranquilizarlo y prometerle que no haría nada estúpido, solo almorzar con su amiga―, llegó por fin Cassandra. Las tres se encerraron en la habitación de Emma. La anciana en un sillón, y las dos mujeres sentadas en la orilla de la cama.

―Primero quiero aclararte, niña, que no tengo todas las respuestas. Mi poder no da para tanto, pero sí puedo orientarte en tu camino ―dijo la mujer―. Dime qué quieres saber, cuál es tu mayor inquietud. Sakura miró a Emma de reojo. Ella era su amiga, y estaba decidida a contarle todo lo que fuese necesario.

Necesitaba a alguien neutral, y Eva, aunque sabía que le tenía mucho aprecio, no podía dejar de lado el amor que sentía por Sasuke. Por lo que luego de que la rubia le preguntara si deseaba privacidad, ella le pidió que se quedara. Comenzó entonces a pensar en todo lo que había pasado en su vida, desde que llegó a Inglaterra. La obsesión de Sasuke por ella, los sueños extraños, el nombre que una y otra vez se repetía en su mente, y al que Sasuke parecía responder; y había una pregunta que reunía todos esos hechos. Si la respuesta era afirmativa, quería decir que podía tener un punto, por muy descabellado que sonara.

En realidad, ni siquiera entendía qué hacía ahí, sentada ante una mujer que no conocía, y que podría catalogarse de vidente, o cualquier otro nombre que se le daba a las personas, que poseían conocimientos que les eran negados a los demás; solo necesitaba respuestas y sentía que podía confiar en ella. Después de un par de minutos pensando, cuál sería la pregunta clave en todo el enredo y misterio que era su vida, habló:

―Cassandra, ¿usted cree que… cree que la reencarnación existe? Quiero decir. ¿Es posible? ¿Se puede dar? La mujer tomó un sorbo del té que le ofreció Emma, y asintió con la cabeza.

―Muchas personas no creen en ello, o quieren creer que no lo hacen, pero es tan cierto como que ahora mismo nos estamos viendo tú y yo. Nuestra alma pasa de un cuerpo a otro cuando así se cree conveniente, cuando tenemos asuntos pendientes por resolver, y la vida no nos alcanza para concretarlos, ya sea por terceras personas, o por cualquier otro motivo.

Sakura la miraba atentamente. Si lo que la mujer decía era cierto, ella podría tener razón al pensar que quizás Christopher y ella, se habían conocido en una vida pasada, por muy loco que eso sonara. ―Ya lo has pensado, ¿no es así? ―intuyó la anciana. Saakura asintió, y decidió contarle todo con respecto a los sueños que había tenido, y la prueba que hizo con Sasuke mientras dormía.

―Me pidió perdón y me llamó «su amada» ―explicó―. En ese momento sentí que de alguna forma me hablaba a mí, pero no a Elizabeth, sino a otra persona, como si yo fuese otra mujer en otro tiempo. No lo sé, es difícil de explicar incluso a mí misma.

―¿Sabes qué significa el nombre Kopján? ―preguntó Cassandra.

―No, y esperaba que usted me lo dijera. La mujer soltó una pequeña risa, y tomó otro sorbo de su bebida.

―Las personas piensan que porque puedo ver ciertas cosas, tengo las respuestas a todo, y no es así. No sé nada de historia, y ese nombre parece muy antiguo; lo que sí te puedo decir, es que quien te puede dar esa respuesta es alguien que tú conoces, y a quien aprecias mucho. Sakura miró a la mujer, confundida.

―Tienes una amiga lejos de aquí ―continuó Cassandra―. Ustedes tienen una relación muy fuerte, y es precisamente ella quien te puede dar información de ese nombre.

―¿Sussana? ¿Pero qué puede saber ella sobre eso?

―Ella no sabe nada, pero se encuentra en el lugar correcto. ¿En qué país está?

―En Hungría, en un pueblo cerca de Budapest. ―Habla con ella y dile que investigue el origen de ese nombre, mientras tú y yo tratamos de averiguar cuál era el tuyo.

―Un momento, necesito procesar todo esto. ―Sakura miró a Emma, que se había mantenido en silencio. Su rostro poseía una expresión de seriedad, que le indicaba a Sakura que al menos no la tomaría por desquiciada. Esta mujer le estaba confirmando que había tenido un pasado con Sasuke. Un pasado antes de esta vida, y que al parecer, quedaron asuntos pendientes que resolver, y a eso quizás se podía deber la obsesión de su esposo hacia ella.

―Entiendo que todo esto puede ser muy confuso para ti, niña, pero debes aceptar que tuviste una vida antes de esta. En alguna parte del mundo, en algún año remoto lo conociste, y el daño que te causó fue tan grande, que tu corazón se cerró a su amor. Sakura levantó la cabeza como impulsada por un resorte. La mujer acababa de dar una posible explicación, a su renuencia a amar a Sasuke, y si descubrían la fuente de ese hecho, ella podría intentar romper esa barrera. Porque realmente quería acabar con ella.

Al darse cuenta de dicha posibilidad, las lágrimas se escurrieron de sus ojos sin avisar, y comenzaron a bañar su rostro. Ella deseaba amar a Sasuke, lo hacía con toda su alma; y pensar que no podía, por un absurdo hecho de una vida pasada, la atormentaba horriblemente. Emma se acercó a ella y la abrazó. No entendía bien lo que sucedía, por lo que esperaría a que Sakura estuviese lista para contarle, si alguna vez lo hacía. Lo único que importaba era su amiga, y ella estaba ahí para apoyarla.

―Yo deseo amarlo, lo juro ―sollozó Sakura. Su cabeza apoyada en el pecho de su amiga―. Lo miro y siento que no puedo vivir sin él, que es mi mundo, solo que algo me impide amarlo, y estoy desesperada por acabar con eso.

―Lo que te impide hacerlo es que tu alma cubrió tu corazón con una coraza, así como un caparazón cubre el frágil cuerpo de una tortuga, o una concha a un caracol. Algo sucedió en aquella vida que te hizo mucho daño.

Quizás no fue su culpa, quizás fue impulsado u obligado, pero el daño que sufrió tu corazón fue muy grande, y en esta vida esa barrera sigue. Tú lo amas, ya lo haces, solo que no puedes admitirlo ni demostrarlo por esto que te digo. Además, niña, otros dolores se han sumado a la lista en esta vida, y ellos solo avivaron el miedo al amor. Sakura sabía a qué se refería. El impedirle salir del país, el chantaje, el matrimonio, y el peor de todos, el abuso en la noche de bodas; y si bien ella ya lo había perdonado, sentía que algo faltaba, y necesitaba saber qué era.

―Dígame qué puedo hacer ―pidió aún entre lágrimas―. Haré cualquier cosa, lo que sea con tal de poder tener una vida feliz con Sasuke.

―Lo que pasó en la otra vida ya no se puede remediar, solo el destino encontrará, si no es que ya encontró, la forma de hacerlo. No puedes reclamarle a él por lo que hizo antes de que naciera, pero sí puedes hablarle de lo que sucedió desde que lo conociste.

―Él lo sabe ―afirmó, y luego lo pensó mejor―. Su problema es que tiene lagunas. Espacios que recuerda en algunas ocasiones, y en otras, su mente forma una película que lo hace creer cosas que no son. Si usted le pregunta, le dirá que yo estoy perdidamente enamorada de él, incluso que se lo he dicho, y que me casé por ese amor tan grande. Pero si le dice que yo me quiero ir, que lo odio y que me escaparé, él le dirá que no lo haré porque sé que mi familia está en sus manos, y que si lo hago él la destruirá. Emma la miró con espanto, y Sakura bajó la cabeza, avergonzada.

―Debes estar pensando lo peor de mí, Emma. Debes creer que soy una interesada o una cobarde… o las dos cosas. La rubia la abrazó de nuevo, y lloró junto con ella.

―Jamás pensaría eso de ti, Sakura. Si yo estuviera en tu situación, habría hecho lo mismo por Marcus. Nunca permitiría que algo malo le sucediera.

―Y tampoco eres una cobarde, niña ―intervino Cassandra, acariciándole la mano que tenía apoyada en su rodilla―. Muchos pensarían que eres una mujer sufrida, una débil que no tiene el coraje suficiente, para enfrentarse a un hombre e imponérsele, y no es así.

»Una persona, por lo que la gente llama instinto de supervivencia, busca siempre su bienestar antes que el de los demás. Eso no es ser valiente, eso es simplemente hacer algo para lo que estamos hechos: cuidar de nosotros mismos. Pero hacer a un lado ese instinto primario, para entregarse a un destino incierto por el amor hacia una familia, hacia los demás; eso, niña, eso sí es valentía.

Nunca permitas que nadie te recrimine por lo que hiciste, porque nunca debemos avergonzarnos por el amor que le tenemos a nuestra familia. Y solo aquél que conoce el verdadero amor, es capaz de sacrificar hasta su propia vida, por aquellos que son receptores de ese sentimiento. Sakura las miró a las dos. En ninguna había desprecio, sino comprensión y cariño, lo que la reconfortó.

No estaba arrepentida por lo que hizo. Nunca lo estaría. Incluso, sabía que haría lo mismo una y otra vez, y pasaría por las mismas circunstancias mil veces, con tal de que ellos estuvieran a salvo, porque jamás podría ser feliz, sabiendo que uno de sus seres queridos no lo era. Decidida entonces a cambiar su situación, a abrir su corazón y entregárselo a ese hombre, que había cambiado su vida por completo con tan solo una mirada, preguntó a la mujer qué debía hacer.

―Hay algo de lo que aún no han hablado ―dijo Cassandra―. Muchas veces le has reclamado por esto que nos acabas de contar, y él te ha respondido en medio de sus lagunas, como tú las llamas; sin embargo, hay algo que tú te niegas a decirle, algo horrible que sucedió, y no has tocado ese tema. ¿Sabes a qué me refiero? Sakura asintió y miró a Emma por un segundo. Había llegado el momento de que se enterara.

―Sasuke abusó de mí en la noche de bodas. Emma jadeó y se tapó la boca con las manos. Las lágrimas corrían por su rostro, al tiempo que su cuerpo temblaba. Sakura notó que era ella la que necesitaba consuelo. Alargó la mano y le frotó el brazo, brindándole una suave sonrisa.

―Estoy bien, Emma. Ya pasó.

―Pe…Pero tu hijo… Él…

―Así es, él fue concebido esa noche. Los sollozos de la chica se volvieron más intensos, por lo que Sakura tuvo que abrazarla. Podía imaginar lo que Emma estaba sintiendo. Si algo así le pasara a Sussana o a alguna de ellas, mataría al desgraciado.

―Estoy bien, Emma, en serio. Las cosas han cambiado y eso ha quedado en el olvido. ―

No para tu alma, niña ―interrumpió la anciana―. Tienes que hablar con él de ese hecho. No recriminándole, porque eso no servirá de nada, sino hablarlo. Debes decirle lo que sentiste en ese momento, y cómo te sientes ahora, para que él haga lo mismo.

―No puedo hacerlo ―dijo Sakura con convicción

―. Él no lo recuerda. En su mente piensa que solo fue brusco conmigo, que no fue delicado. Estuve a punto de matarlo a la mañana siguiente, y él lo iba a permitir, porque pensaba que me había hecho más daño del necesario con su impaciencia, y merecía morir. ¿Se imagina lo que sucedería si le digo la verdad?, ¿si lo hago entrar en razón? ¡Se haría daño él mismo!, y eso es algo que no puedo permitir.

―Entonces procura que no lo haga. Sakura, si en realidad quieres que tu mente acepte por fin lo que tu corazón siente, debes acabar con esa barrera que tu esposo creó en esta vida, porque con la anterior nada se puede hacer. Una vez que él acepte el daño que te hizo y te pida perdón, podrás pronunciar esas palabras que luchan por salir de tus labios. Tu alma necesita una reparación, una reivindicación por el sufrimiento que ha padecido. En el momento en que tanto tu alma como la de él se abran, se sinceren y se perdonen, serán libres de amar por fin.

Ya no habrá impedimento alguno, se volverán una sola, y nada ni nadie podrá separarlas nunca más, así sus cuerpos se encuentren a miles de millas de distancia. Sakura se puso de pie y caminó por la habitación, hasta quedar del otro lado de la cama, dándole la espalda a las dos mujeres. Era el mismo consejo que su madre le brindó cuando la llamó la última vez, y era el mismo que su padre le había dado siempre

«―Los problemas se enfrentan, princesa, no se ocultan ni se evaden, porque si no te perseguirán por siempre». Si bien tenía miedo de lo que Sasuke pudiera hacer, de la forma en cómo pudiera reaccionar, también quería amarlo libremente. Sentía que su alma se lo pedía a gritos, y ella lo deseaba en realidad.

―¿Qué harás, Sakura? ―preguntó Emma, sorbiéndose la nariz. Sakura cerró los ojos por un momento, y luego se giró para mirarlas a las dos.

―Quiero amarlo, quiero pertenecerle por completo y que él me pertenezca a mí… Lo haré, no tengo otra opción.