Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, hago esta historia con el único fin de entretener.
Arco II
Capítulo 17: Memorias y pérdida
Con la fuga de Orochimaru, la aldea se había mantenido en un estado de alerta y más tras descubrir los horribles experimentos hechos en seres humanos. El Tercero estaba más que consternado, había enviado varios ANBU en su búsqueda así como al sanin Jiraiya, pero el tiempo pasaba y era como si Orochimaru se hubiera esfumado. Ya era demasiado para todos apenas estar recuperándose del ataque del Kyuubi y la pérdida del Cuarto Hokage, siendo apenas un mes de esa tragedia.
—Date prisa Obito —Rin esperaba que el Uchiha terminara lo que fuese que estaba haciendo para así salir juntos de la casa de este.
—¿Kakashi no vendrá? —Preguntó, saliendo a la sala finalmente. Nohara se fijó en él, vestía una de la camisas típicas de su clan en color azul oscuro y aunque iba de civil, mantenía su banda ninja amarrada en la frente ya que con la tela de esta cubría la ausencia de su ojo izquierdo, así lo había hecho desde su regreso.
—Me parece que está en una misión, ya sabes que ser parte de ANBU no le deja mucho tiempo libre —respondió antes de que ambos salieran al exterior—. Ya podremos contarle después, al menos el Tercero nos dio permiso de ir.
Ambos empezaron a caminar en dirección al hospital de la aldea, platicando sobre cualquier cosa hasta llegar a su destino. Fueron directamente a la zona de maternidad, específicamente a las vitrinas que daban hacia los bebés. Aunque la mayoría eran recién nacidos, había uno que permanecería allí mucho más tiempo por órdenes de Hiruzen.
—Allí está, es Naruto —señaló la chica al bebé de cabellos rubios que dormía en una de las cunas, el pequeño ya tenía un mes—. Me recuerda a Minato-sensei…—comentó con algo de pesar.
—Ojalá él y Kushina-san estuvieran aquí, así él no tendría que permanecer aquí más tiempo —murmuró el Uchiha, viendo al bebé con algo de tristeza, él sabía lo duro que sería para él crecer sin sus padres.
—¿Obito? —El mencionado giró su rostro de inmediato, encontrándose a una mujer que cargaba con un bebé y a su lado permanecía un niño de cinco años.
—Mikoto-san, Itachi, hola —saludó un poco sorprendido de verla, más no debería, sabía que ella y la Uzumaki eran amigas.
—No imaginé verte por aquí —comentó con algo de sorpresa—. Debí suponerlo, ¿cierto? Es el hijo de su maestro después de todo…
Mikoto les pidió el favor de cuidar de Itachi y Sasuke mientras ella entraba al área de los bebés. Ella iba algunas veces para ayudar con los cuidados del hijo de su amiga ya que el personal era algo limitado en esa zona. Mientras tanto, los dos adolescentes se quedaron en una banca cuidando de los niños y viendo la labor de la Uchiha.
—¿Cómo te va en la academia, Itachi? —Preguntó Obito por hacer algo de conversación. El niño le miró apenas pues había estado muy concentrado en su hermanito que dormía.
—Me va bien, no tengo ninguna queja —respondió casi monótono. El Uchiha mayor sonrió ligeramente, a diferencia de él, Itachi era un prodigio, con cinco años era muy talentoso e inteligente, seguro sería un gran ninja—. Obito-san, Rin-san, hay algo que quería preguntar…
Itachi era curioso, de eso no tenía duda y que les preguntara sobre sus experiencias en la guerra no le sorprendió tanto. Mientras respondían cada una de las preguntas, veían a algunas mujeres embarazadas o con bebés ir y venir. Esa fue una de las veces en las que convivió con Itachi amenamente, aun cuando él era casi diez años mayor, podían mantener una conversación como si el menor fuera de su edad. También, él y Rin comprendieron que no eran los únicos preocupados por el pequeño Uzumaki y eso de algún modo les hizo sentir alivio.
Para Obito no era extraño el perderse entre sus memorias, a veces le ayudaba a pensar si en algún momento de su vida había cometido un error o había dejado pasar algo que podía controlar. Contemplar la aldea desde el monte de los Hokage, en sí desde la cabeza del Cuarto, le ayudaba mucho, así como sentir la brisa de la tarde. Había muchas cosas en su cabeza ahora: los jinchuurikis, Tsuki no me, Itachi y Shisui. Tal vez tendría que hablar con la Quinta sobre la supervivencia del segundo, seguramente él deseaba regresar a su aldea, tenía amigos que extrañaba como Hana Inuzuka.
—Sabía que te encontraría aquí —dijo Kakashi antes de sentarse a un lado suyo.
—¿No deberías estar entrenando a Naruto? —Preguntó sin girarse a verlo, la vista le agradaba mucho como para apartar la mirada.
—Está despidiendo a la gente del Templo del Fuego con Yamato y los demás —respondió, encogiéndose un poco de hombros— o al menos eso me dijo Tsunade-sama cuando regresé...
—No salimos de un problema cuando ya estamos pasando otro —suspiró un poco al pensar en los problemas causados por la reciente invasión de aquellos dementes que fingían provenir de la Lluvia y el chico con chakra del Kyuubi—¿Cuándo podrá acabar todo esto? Aunque no haya una guerra no dejan de aparecer problemas y más problemas. A veces quisiera poder modificar esta realidad, quisiera poder acabar con el karma y crear un mundo sólo de ganadores, un mundo sólo de amor, un mundo sólo de paz…
¿Dónde había escuchado esas palabras? No podía recordarlo, pero habían emergido en su mente últimamente. Entre cerró su ojo, perdiéndose en el horizonte, si tan solo hubiera un modo de lograr aquello, sentía como si ese fuera el mayor deseo de su vida, pero ¿realmente lo era? ¿Ese deseo era suyo? De nuevo estaba ese dolor de cabeza.
—Eso suena como una utopía y actualmente algo casi imposible —Kakashi apoyó su mano en el hombro del Uchiha, trayéndole de vuelta de sus pensamientos—, pero no dudo que cuando te conviertas en Hokage podrás acercarte a ese ideal…
—¿Cuándo me convierta en Hokage? —Repitió, sonriendo ligeramente—A veces me pregunto si ese sueño se cumplirá…
—Es raro escucharte dudar de esa manera —enarcó una ceja, extrañado—. Yo aun pienso que serás un gran Hokage…
—No lo sé, hay muchas cosas que debí haber hecho. Tal vez debí cuidar más de Naruto cuando era niño o acercarme más a Sasuke para impedir que se marchara, he cometido muchos errores.
—Obito eres un héroe, una leyenda viviente prácticamente, muchas personas confían en ti, ayudas a todos los que puedes y si no pudiste acercarte a Naruto es porque el Tercero nos lo prohibió, él no debía saber de sus padres y seguro tú no habrías tardado en contarle.
El Uchiha frunció un poco el ceño, pero acabó por sonreír ligeramente, soltando una floja risa. Suspiró, prefería no seguir hablando de eso por el momento. Sí, aun quería ser Hokage con el mismo entusiasmo que cuando era un niño, pero incluso ahora se sentía más lejos de su sueño que antes.
—Kakashi…
—¿Sí?
—Hay algo que quiero contarte.
—Te escucho —el peliplata se fijó en su amigo que parecía dudar de lo que quería hablar.
—Hace tiempo, quise volver al lugar donde estuve, a esa cueva donde ese anciano me salvó —comenzó a relatar, captando totalmente la atención del otro—, pero no pude encontrarlo y con el paso del tiempo fue como si hubiera olvidado cosas muy importantes. Siento que hay memorias en mi cabeza suprimidas y que si no las recuerdo pronto, no podré evitar alguna catástrofe…
—Obito…—murmuró con sorpresa ante la seriedad de sus palabras.
—Recordé que cuando sucedió el ataque del Kyuubi me sentí igual y también cuando ocurrió lo de mi clan —bajó la mirada antes de suspirar—. Fue por entonces que comenzaron las pesadillas, ¿recuerdas que se las conté?
—Sí, lo recuerdo, veías a Rin morir, por mi culpa —respondió con algo de pesar al recordar esas palabras—¿Han vuelto?
—Sí, pero ahora son diferentes. A veces me veo a mi mismo siendo parte de la masacre de mi clan, el problema es que, yo ayudaba a Itachi —se vio sus manos, enguantadas, recordando de forma vivida la sensación que le producían aquellos sueños—¿Eso tiene algún significado?
—Tal vez implica que alguien lo ayudó ese día, no había modo de que él hubiera podido contra la policía militar —trató de buscar una respuesta lógica—, no significa que fueras tú, era un indicio.
—Tal vez…—no podía afirmarlo aunque sabía que era cierto, Itachi se lo había dicho—Últimamente no dejo de recordar conversaciones, momentos del pasado y a veces se mezclan con mis sueños, no sé que es real y que es producto de mi imaginación.
—¿Has hablado de esto con Rin? Ella se preocuparía mucho si te ve así.
—No, ella ahora tiene sus propios problemas, ese lazo mental-emocional que generó con los jinchuurikis cautivos —dejó escapar un suspiro—, quizás sea bueno contarle a Naruto sobre lo que tienen en común.
—No dudes que Naruto armará un alboroto cuando lo sepa —intentó bromear—¿Qué más pasa en tu sueños?
—Recuerdo conversaciones con Fugaku-san, conversaciones que habría deseado olvidar, que quise ignorar y que de haberlas tomado más en cuenta me hubieran ayudado a impedir lo que sucedió.
—Obito se pensaron muchas posibilidades y por cómo estaban ya los Uchiha, era difícil hacerlos cambiar de parecer…—trató de consolarle. Una suave brisa resopló, meneando los cabellos de ambos jounin que seguían observando la aldea.
—No dejo de pensar en el momento en que a los Uchiha se les empezó a discriminar, siento que debí molestarme al igual que todos, que debí ponerme de su lado, que debía querer entrar a la policía militar —cerró su ojo, recordando el poco tiempo que compartió realmente con los miembros de su difunto clan—, pero entiendo que nunca me sentí como parte de ellos y que ellos no me aceptaban, por eso fue fácil para mí estar del lado de Konoha. Deseaba más proteger a Rin, proteger la paz, temía que ellos la rompieran, pero no quería que murieran…
Kakashi abrió su ojo con gran sorpresa. Hacía tantos años que no veía al Uchiha llorar, lo hacía en silencio y con la mirada perdida en algún punto del horizonte.
—Shisui hizo todo lo posible por mediar. Él era menor que yo, pero era más listo, uno de los tantos prodigios que albergaba mi clan. Él decidió tomar esa responsabilidad mientras yo me apartaba de ese conflicto al estar en Akatsuki, quizás si lo hubiera ayudado no le habría pasado lo que le sucedió…
Aunque Hatake sabía de la supervivencia del Uchiha menor, no mencionaban el asunto a voces por temor a que algún subordinado de Danzo pudiera estar allí, de saber que Shisui vivía, se formaría un problema que ni Tsunade podría manejar. Tomarían la excusa de que guardaba secretos y seguro trataría de asesinar al menor, además que era una excusa excelente para tratar de arrebatarle el kamui.
—También, el más extraño, es uno donde siento que lucho con Minato-sensei el día del incidente del Kyuubi y pierdo mi brazo artificial en ese momento —rompió el silencio, mirando su mano cubierta por el guante negro—, quisiera comprender que significa todo esto, siento que debo desenterrar algo de mi mente…
—¿No has pensado en hablar con Aoba sobre esto? Quizás pueda ayudarte —sugirió mientras meditaba—, igual no había modo de que pudieras ser tú quien estaba luchando contra Minato-sensei esa vez porque tú, Rin y yo fuimos apartados junto a todos los jóvenes esa vez.
—No creo que sea buena idea —negó pensando en Shisui y el secreto que Itachi le había confiado, así como la existencia de los Zetsu y Madara.
¡Madara! ¡Claro! Ese maldito anciano debió plantar algo en su cerebro cuando se marchó, pero no podía pedir ayuda porque no podía hablar de él, ¿por qué? ¿Un código de honor? Bueno, él desconocía la presencia del sello en su corazón, implantado cuando el ancestro Uchiha le salvó y aquello le impedía mencionar algo al respecto.
—Quisiera poder hacer más por ti, por ahora sólo puedo escuchar…
—Me basta con eso. Gracias, por algo eres mi mejor amigo —admitió, desviando la mirada algo avergonzado. El ninja copia le miró con sorpresa antes de sonreír bajo su máscara.
—Me alegra saber eso, tú también eres mi mejor amigo.
—¿En serio? Creí que era Gai —bromeó sarcástico.
—¿Celoso?
—¡Cierra la boca, Bakakashi!
…
Las semanas pasaban y los ninjas de la Hoja cumplían con más y más misiones. El entrenamiento de Naruto continuaba bajo la supervisión de Kakashi y Yamato, siendo apoyado y visitado por Obito, Rin, Sakura y Sai de vez en cuando. Fue entonces cuando llegó la devastadora noticia: Asuma Sarutobi había muerto.
Varios ninjas habían sido enviados a una misión de búsqueda y captura cuando el templo del fuego informó del ataque de miembros de Tsuki no me y el asesinato de Chiriku. El escuadrón de búsqueda conformado por Asuma, Shikamaru, Izumo y Kotetsu se había topado con el dúo inmortal y ante el desconocimiento sobre sus habilidades, la desventaja en combate fue tal como para perder al hombre que fue maestro del equipo 10.
Y ahora, en su entierro, todos lamentaban su perdida, pero ninguno como sus estudiantes, su sobrino y sobretodo, Kurenai. Ella estaba devastada, se sentía desmoronarse, se suponía que iban a estar juntos y a ser una familia, pero ahora sentía que el mundo se le derrumbaba al perder al hombre que amaba.
—Kurenai, ¿quieres que te acompañe a casa? —Preguntó Rin cuando el entierro finalizó. Sujetó con suavidad la mano de su amiga, quería brindarle todo su apoyo, ella conocía muy bien esa situación además que le preocupaba dejarla sola.
—Sí, por favor —asintió. A diferencia de muchas personas durante el duelo, la azabache de ojos rojizos no deseaba estar sola y la presencia de su amiga le daba algo de calma.
—Obito, voy a quedarme con Kurenai, ¿sí? —pidió la castaña, necesitaba cuidar de su amiga y más al pensar en su estado.
—Claro, no te preocupes. Estaré con Kakashi y los demás —asintió, levantando una de sus manos para acariciar la mejilla de Rin, entendía que Kurenai la necesitaba mucho en esos momentos.
Así, las dos kunoichi partieron juntas y el cementerio fue desalojándose por grupos pequeños.
—¿Embarazada? —Repitieron Yamato y Gai con total sorpresa.
—Entonces en estos momentos es lo mejor que Rin-san esté con ella entonces —suspiró el usuario del mokuton—¿Asuma-san lo sabía?
—Sí, él lo sabía —respondió Kakashi con pesar— y estaba muy dispuesto a cuidar de ella y su futuro hijo, de verdad que es una tragedia que esto haya pasado.
—No queda duda que los miembros de Tsuki no me son unos verdaderos monstruos —comentó Gai en un gruñido—¿Cómo era que se llamaban?
—Hidan y Kakuzu, fue lo que informó Shikamaru cuando regresaron —dijo Hatake antes de fijarse en el Uchiha que se llevaba una mano a la cabeza con aparente dolor—¿Obito, que sucede?
—Nada, no te preocupes, creo que sólo estoy muy cansado, esto ha sido muy duro y repentino, ¿está bien si me quedo contigo hoy?
—Claro, no te preocupes.
Desde la última vez que habían hablado, Kakashi notó que su mejor amigo lucía más cansado.
…
Habían pasado al menos un par de días en los que Nohara se había quedado con Kurenai, cuidándola y escuchándola llorar por largo rato. Era lo mínimo que podía hacer, ella también le había reconfortado cuando pensó que Obito había muerto tantos años atrás.
—Tengo que ir al hospital, pero regresaré luego, ¿quieres que traiga algo? —Preguntó mientras le cubría con una manta, la azabache no parecía muy interesada en levantarse de la cama.
—No, descuida, ya has hecho mucho por mi Rin —respondió, sintiendo una suave caricia en sus cabellos.
—Todo estará bien…
—Quisiera que Asuma regresara, del mismo modo que Obito regresó…
Aquellas palabras le rompieron el corazón a la castaña. Si tan solo no hubieran visto el cuerpo de Sarutobi sin vida, creería que en esa posibilidad. Dejó salir un suspiro silencioso, mirando a su amiga con tristeza antes de salir de su departamento, yendo en dirección al hospital de la aldea.
Quería hablar con Obito o Kakashi, pero ambos se encontraban fuera de la aldea en esos momentos. El Uchiha había regresado a la Lluvia mientras que Hatake había partido con el trío Ino-Shika-Cho en búsqueda de los dos miembros de Tsuki no me –mensaje que le dejó el mismo Kakashi con uno de sus perros ninjas-.
No dejaba de sentirse ansiosa, pensaba que el azabache le estaba ocultando cosas y le preocupaba mucho que aquella misión resultara mal. Tenía miedo del camino que estaban recorriendo todos ahora. Con tres jinchuurikis desaparecidos y sin mencionar que el biju del Kazekage había sido robado, ¿Qué le garantizaba seguridad a ella como tal?
…
—Primero dejas que la jinchuuriki del Sanbi vaya y venga con esa organización inútil y ahora envías directamente al mocoso con el Kyuubi contra Tsuki no me, ¿en qué demonios piensas? —Las recriminaciones de Danzo le estaban colmando la paciencia a la Hokage.
—Rin es una ninja fuerte, capaz de defenderse muy bien, incluso ha logrado algo que ningún jinchuuriki de Konoha ha hecho y es controlar los poderes del biju en mayor escala —recriminó la mujer con evidente enojo— y no hace falta mencionar que Obito Uchiha es el más indicado para ser su guardián. Lo mismo va para Naruto, no pretendo mantenerlos cautivos solo por miedo.
—¿No te has puesto a pensar que si ese Uchiha se vuelve en contra de Konoha es capaz de manipular a ambos bijus? No olvidemos el incidente del Kyuubi hace dieciséis años —insistió el anciano con notable malhumor—¿Qué pasará si esos de Akatsuki tratan de quedarse con…?
—¡Basta, Danzo! —Gritó furiosa—No te permito que hables así de ninguno de los ninjas de mi aldea. Obito no es ningún traidor y Akatsuki no hace más que buscar la paz entre naciones, ha hecho un esplendido trabajo con países pequeños, el país del fuego y del viento.
—Y no han sido capaces de hacer algo contra Tsuki no me, quienes van en contra de sus propósitos ¿no?
—Los miembros de Tsuki no me son unos completos monstruos, con algo de suerte se podrá acabar con uno de sus miembros en la misión a la cual envié a Naruto, confío en los miembros de esos equipos para esta misión —la rubia le dirigió una mirada hostil antes de concentrarse en sus documentos—, no me importa lo que digas, no cambiaré de parecer en cuanto a ellos dos ni en cuanto a Obito.
—Te arrepentirás algún día de ser tan confiada Tsunade-hime.
Cuando el anciano se retiró, la Senju dejó salir un gruñido de hastío, como le fastidiaba lidiar con él o con los consejeros. Respiró profundo, debía calmarse. Había tomado las decisiones correctas, no tenía que preocuparse ni mucho menos hacerle caso a Danzo, de hecho, debía seguir manteniéndolo bajo vigilancia de sus ANBU.
—Obito ya le informó a Yahiko sobre Rin, con eso Akatsuki tendrá más cuidado en cuanto a las misiones que le impongan —pensaba mientras miraba por su ventanal, sintiendo como su cerdita se subía a sus piernas para recostarse. Pasó una mano por su cabecita, acariciándole con suavidad—; ahora solo queda esperar que la misión de Kakashi resulte bien…
Continuará…
