Hermione contempló el restaurante muggle al que tantas veces acudió con sus padres. Ahora estaba con la más leal lugarteniente de Voldemort. Cuántas vueltas daba la vida. Su compañera no parecía incómoda ni extrañada, mantenía su gesto de apatía habitual. Hasta que les sirvieron el vino: Bellatrix asió su copa con rapidez. La gryffindor pensó que protestaría porque comparado con lo que acostumbraba a beber, esa botella no valía nada. Pero no se quejó. Dio un par de tragos y la miró.
Retomando sus burlas previas, Bellatrix le preguntó por qué la había invitado si no apreciaba su sentido del humor. Hermione dudó bastante, ni ella misma lo sabía. Pensó en responder algo irónico, pero parecía estar de buen humor y no quería estropearlo.
-Sinceramente no lo sé... Quizá para reconciliarme con el pasado. O como venganza: sabía que tu orgullo te obligaría a aceptar para no mostrar cobardía y creí que te sentirías incómoda entre muggles.
La bruja respondió con una sonrisa torcida. Comentó que no solo aceptó por orgullo, también estaba harta de pasar tanto tiempo en el castillo, odiaba estar encerrada. Aunque fuese a una zona muggle agradecía la excursión. La gryffindor no pudo evitar sentir un pinchazo de tristeza. "No pensabas que aceptó para conocerte mejor, ¿verdad?" se burló de sí misma. La slytherin siguió bebiendo mientras la contemplaba en silencio. Eso ponía altamente nerviosa a la castaña. Decidió comentar que había fracasado en su venganza porque no la veía incómoda. No obtuvo respuesta de inmediato. Al rato, Bellatrix, con la mirada perdida, murmuró:
-No es fácil incomodarme. Tuve un novio que disfrutaba llevándome a antros decadentes para hacerme sentir incómoda. Las dos primeras veces funcionó, yo era una cría que solo había estado en fiestas de la alta sociedad y no imaginaba que existiera otra cosa...
Hablaba en voz baja, para sí misma, mientras daba pequeños sorbos a la copa que descansaba entre sus finos dedos. Hermione tenía mucha curiosidad, ¿sería el mismo novio con el que la pillaron en el despacho de Dumbledore? Le daba miedo preguntar y romper el ambiente. O que Bellatrix se diera cuenta de que no estaba sola. Así que sin subir el tono, le preguntó qué pasó la tercera vez. La bruja no la miró ni salió de su ensoñación. No obstante, al rato prosiguió:
-La tercera vez me llevó a un garito de música punk en la periferia. Estaba muy orgulloso porque el ruido atronador y los muggles con crestas, cuero y tachuelas me repelían bastante. Pero a mí no me vence nadie, así que me adapté. Cuando me vio bailando encima de la barra con dos tíos que me ofrecieron pastillas de todos los colores, creí que les lanzaba un avada. Desde entonces elevó el nivel de los locales a los que me llevaba.
-Pero... ¿por qué salías con alguien que disfrutaba incomodándote?
-Nuestra relación era así -murmuró la morena-, nos gustaba hacernos rabiar. Era divertido, liberador... Yo no quería que nada me distrajera de mis obligaciones, pero él sabía ser encantador. Lo pasábamos bien, se preocupaba por mí. Me hizo creer que yo le importaba, que me aceptaba como soy.
Bellatrix sacudió la cabeza y se terminó la copa de un trago. El tono amargo de la última sentencia llevó a Hermione a deducir que al final el chico la traicionó. No se atrevió a preguntar más. Bastante suponía ya aquella confesión. Había sonado tan humana, tan real... Hasta le dio envidia: ella nunca había tenido una relación que sonara tan intensa y pasional. Lo de Ron era muy bonito y estable, pero sin emociones fuertes, más bien plano. Por desgracia ese fue el siguiente tema. Cuando la mortífaga volvió a la realidad, la miró por fin y le preguntó:
-¿Y tú qué? Tienes que tener algo más que este estúpido trabajo...
-Bueno, sí, tengo novio pero como trabaja de auror y yo estoy en Hogwarts no nos vemos mucho...
-¿Potter? Bueno, no está mal, es famoso y tiene dinero. Un poco débil, pero...
-¡No, no! Harry es como mi hermano. Es Ron.
-¿¡Con el idiota ese!? ¿¡Con un Weasley!? -exclamó la bruja con incredulidad- ¿Qué diablos ves en él?
Después de reprocharle y negar la primera parte, Hermione se dispuso a responder a lo último. Ron la quería y la había protegido desde el primer curso... Ya no vivían grandes emociones, pero eran una pareja estable y eso era lo importante, ¿no? Su acompañante no estaría de acuerdo. Se devanó los sesos para encontrar una respuesta mejor. Por suerte llegó la sonriente Crystal con sus pedidos y se lo ahorró. La slytherin le dio las gracias a la camarera y se centró en la comida. Hermione comprobó que no había mentido: a Bellatrix le encantaban las hamburguesas con patatas fritas. No perdió la elegancia ni se manchó en ningún momento, su técnica era perfecta. No así la de la gryffindor, que al terminar tenía más kétchup y mostaza en la cara que en el plato.
-Cuéntame qué haces trabajando con la momia de McGonagall -comentó la slytherin mientras disfrutaba de las patatas.
Hermione puso los ojos en blanco pero vio una oportunidad. Le confesó lo de su deuda con los duendes sin mencionar la oferta que le habían hecho. Ignoraba si Bellatrix lo sabía y no descubrió la respuesta en su expresión. Siguió contándole sus planes de futuro para trabajar en el Ministerio si algún día terminaba de pagar. La morena la escuchó distraída sin comentar nada. Cuando terminó con sus patatas, empezó a picotear las de Hermione. Se aseguraba de seleccionar las que la chica no había tocado. Aún así, compartir patatas fritas en un restaurante muggle con la infame mortífaga era lo más surrealista que le había sucedido. De vez en cuando pasaba algún hombre junto a su mesa y miraba a la morena embelesada. Ella les guiñaba el ojo con una sonrisa y ellos se alejaban visiblemente emocionados.
-¿Es necesario que ligues con todo el restaurante? -preguntó la chica mientras elegían los postres.
-¿Es necesario que tú pongas cara de haber lamido a un duende? -respondió Bellatrix- Podrías hacerlo también si quisieras; con mucho menos éxito que yo, obviamente. Pero si dejaras de llevar esos jerséis anchos, esos pantalones tan deformes y tu actitud airada, te iría mejor. No estás mal para ser una sangre sucia.
-Lo tomaré como un cumplido.
-Lo es. Hasta tú mereces más que un Weasley. De hecho, cualquier tipo de este sitio estaría mejor, elige a uno -murmuró contemplando el panorama-. El moreno de la barra no está mal... Aunque por cómo me miras igual prefieres otra cosa, ¿no? Crystal es mía, obviamente, pero la otra camarera también tiene su punto o...
-¿Pero tú no estás con Mirelle? -preguntó la castaña un poco molesta.
-¡Adoro a Elle! -exclamó la morena con repentina sinceridad quizá debida a su excesiva ingesta de vino.
-¿Por qué? ¿Qué ves en ella?
La joven lo preguntaba de verdad. Todo el mundo adoraba a la francesa porque era alegre y encantadora, pero no creía que esas fuesen cualidades que apreciase la mortífaga. Igual era solo su espectacular físico, pero sospechaba que había algo más. Mientras devoraba el postre, la morena se lo explicó:
-Es divertida, despreocupada y tiene algo que hace que te sientas bien cuando estás con ella. Además no me conoce y lo agradezco: para ella no soy la sierva de Voldemort ni ve mis crímenes cuando me mira. No es que me avergüence, pero es agotador tener que luchar por mostrar que hay algo más de mí. Con ella todo es mucho más agradable y sencillo.
-No creí que te gustaran las cosas sencillas -replicó Hermione.
-¿Por qué no? -inquirió la bruja frunciendo el ceño- Que me haya tocado una vida jodidamente complicada no quiere decir que disfrute de ello. Siempre he hecho lo que tenía que hacer. Pero ahora que puedo empezar de nuevo quiero que todo sea lo más fácil posible, sin complicaciones. No estoy para más, no quiero luchar más... sí en el sentido literal, claro, el duelo me encantará siempre. Pero esforzarme por más causas no, esas ambiciones murieron con mi maestro y pretendo que siga así. Ahora quiero vivir la vida de gran dama de sangre pura que merezco.
La gryffindor simplemente asintió. La sinceridad era apabullante y del todo comprensible. Esa mujer quería que la dejaran en paz y no le recordaran su pasado cada dos minutos; no por arrepentimiento sino porque necesitaba pasar página. Y Mirelle era ideal para eso. Estaba sumida en esas cavilaciones cuando, con la vista fija en el plato, Bellatrix susurró que le habían gustado. Creyó que se refería a la cena, pero la slytherin le aclaró que los bombones de animales. Hermione sonrió y se alegró. Era su forma de darle las gracias, la única de la que era capaz. En ese momento la bruja oscura consideró que igual estaba mal que la invitara la chica siendo que ella era millonaria. La gryffindor le preguntó con sorna si tenía dinero muggle. Bellatrix le dedicó una mueca despectiva y aseguró que no, pero tenía dos métodos de pago:
-El primero es que me dejes tu varita y...
-No vas a usar imperio -la cortó Hermione.
Bellatrix chasqueó la lengua con fastidio.
-Bueno, entonces la otra forma es que le enseñe a Crystal las...
-¡No vas a hacer eso! -la cortó Hermione escandalizada- ¡¿No ves que es como prostituirte por comida?!
-En primer lugar no, no lo es. Ella disfruta de las vistas y yo ceno gratis, me parece un gran trato. Y además, ¿consideras que eres mejor que una prostituta? ¿Que tu trabajo es mejor que el suyo?
-¡CÓMO TE ATREVES A...! -bramó la castaña.
La duelista no se achantó.
-Todos nos prostituimos de alguna forma al trabajar. Algunas chicas usan su cuerpo, sí, pero como muchos otros. Los deportistas lo usan tanto que se vuelven frágiles y se lesionan a la mínima: cada año mueren jugadores de quidditch por caerse de la escoba o se hacen lesiones irreversibles. Los aurores se juegan el cuerpo y todo lo demás, muchos mueren en acto de servicio (yo me cargué a varios). Los periodistas o trabajadores del Ministerio traicionan sus ideas y creencias por un sueldo. ¿Y los pobres camareros o dependientes? Si me inventara que Crystal ha sido desagradable, la despedirían sin pruebas. Deben fingir una amabilidad extrema para conservar un trabajo que probablemente odien. Como tú: estás sacrificando tu vida en un trabajo que no querías porque necesitas dinero. ¡Estás cenando con la asesina de varios de tus amigos, por el amor de Circe! Si eso no es prostituirse… Y lo mío ya es un libro aparte... No valemos más que cualquier chica del Callejon Knockturn.
Lo soltó todo sin especial emoción mientras se terminaba la segunda botella de vino. Muy sobria no estaba, era evidente. Pero había resultado igual de hiriente. Hermione replicó que no era lo mismo y su compañera se encogió de hombros, perdía rápido el interés. La gryffindor se disculpó alegando que necesitaba ir al lavabo. Bellatrix asintió con la mirada del beodo al que todo le parece bien. La joven se encerró en el baño y se miró al espejo.
-¿Qué estás haciendo, Hermione, qué estás haciendo?
Era todo tan absurdo... Bellatrix tenía razón: era una traidora. Estaba cenando con ella y estaba disfrutando de verdad. Sentía un cosquilleo cada vez que le revelaba alguna de sus historias y se emocionaba también cuando veía cómo la escuchaba con atención. Le empezaba a encontrar el punto hasta a su sentido del humor macabro. Y se sentía profundamente identificada con el feminismo de su discurso y su crudeza al analizar la realidad. Pero seguía sin ser correcto.
-Puedes perdonarle lo que te hizo a ti -le susurró a su reflejo-, pero lo que les hizo a los demás...
Le estaba empezando a caer bien y eso no podía ser. ¿O sí? Igual debía centrarse en olvidar el pasado y en la importancia de las segundas oportunidades... No lo sabía. Ojalá tuviera a alguien con quien hablarlo, ojalá tuviera a su madre. Recordó el consejo que solía darle de que los grandes problemas mejor en trocitos pequeños. Solo era una cena para limar asperezas y no matarse en el trabajo: eso estaba bien, era un acto responsable. Con no volver a quedar y limitarse al trato profesional, problema solucionado. Ya casi habían terminado, solo tenían que pagar, buscar una esquina sin muggles y aparecerse en Hogwarts. Ya casi estaba. Contempló a la Hermione del espejo, asintió y volvió a su mesa.
Para su no-sorpresa, Bellatrix charlaba alegremente con Crystal. La camarera tenía su mano en el brazo de la bruja y a ella no parecía importarle en absoluto. En cuanto la sabelotodo se acercó, la rubia sonrió y se alejó. Hermione estaba buscando su cartera cuando la mortífaga murmuró que ya se había encargado de la cuenta. La joven la miró con dureza. ¿Había sido capaz de...?
-Tranquila, no le he enseñado mis encantos. He pagado con tu dinero –comentó devolviéndole la cartera.
-¿¡ME HAS COGIDO LA CARTERA DEL BOLSO!?
-¡Por supuesto que no! Soy bruja, he usado accio. Ah y no sé cuánta propina dejáis los muggles, así que le he dado la mitad.
-¿¡Le has dado una propina del cincuenta por ciento!?
-Sí, se lo merece, es muy trabajadora. Está estudiando medicina y trabaja aquí para poder pagarse la carrera -aseguró la morena sonriendo de oreja a oreja-. Además me ha dicho que soy un cielo, muy generosa y encantadora. Y me ha dado un papel con muchos números, ¿qué significa?
La slytherin le enseñó una nota con el nombre de Crystal y su número de teléfono. Sin dudar, Hermione le respondió que no era nada, su número de la suerte. La bruja oscura la miró desconcertada:
-¿Quién tiene un número de la suerte de nueve cifras? ¿Y por qué me lo da? Me ha parecido de mala educación preguntarle.
-Costumbres muggles, ya sabes, son gente rara. Es una tontería, trae, tíralo -le recomendó la chica haciendo ademán de atrapar el papel.
-¡No, no! ¡Me lo ha dado a mí! -exclamó la bruja protegiéndolo- Me lo quedo.
Dobló el papel y lo guardó en el sujetador. Hermione puso los ojos en blanco y murmuró: "Vámonos". Se despidieron de la camarera que las exhortó a volver pronto y salieron del restaurante. Hermione oteó a ambos lados de la calle en busca de un lugar libre de muggles.
-En ese callejón podremos aparecernos.
-¡Aún es pronto! -exclamó la duelista- Vamos a dar un paseo.
-Son casi las... doce -murmuró Hermione sorprendida de lo rápido que había pasado el tiempo-. McGonagall se preocupará si tardamos.
-¡Pero hace muy buena noche! ¿Qué prisa tenemos? Podemos...
-No -sentenció Hermione-. Te dije que a cenar y hemos cenado, así que volvemos ya.
Pareció que la morena iba a volver a replicar, pero al final se rindió. "De acuerdo volvamos", suspiró colocándose bien la americana, "Sí que te pega estar con un Weasley. Vives la vida al límite... al límite de morir de aburrimiento". Pese a que el tono no fue hiriente, a Hermione le dolió. Por eso Bellatrix prefería a Mirelle, por eso prefirió al novio que la llevaba a locales decadentes. La hacían sentir viva. Ella era solo una sabelotodo insufrible que reverenciaba las normas. Lo único que la animó fue que Bellatrix había acatado su orden. Nunca creyó que eso sucedería. Así que se lo replanteó. La duelista deseaba disfrutar unos minutos más de su libertad y solo iba a ser una vez, ¿podía arriesgarse a prolongarlo unos minutos más?
