Era medio día cuando llegaron a los linderos del Santuario, en donde ya había una escolta esperándolos, encabezada por el caballero del Unicornio, y los comandantes de las tropas. Dicro no había pensado que regresaría al Santuario tan pronto, esperaba tener un poco más de tiempo para poder hacer fuerza emocional, pero las circunstancias demandaban lo contrario. Aún recordaba la expresión taciturna del Pastor del Tíaso, sus bellas facciones indias removidas por preocupación e ira cuando, a detalle, le relataron a ella, a sus compañeros, los líderes de los erotas, y a sus dioses, lo que había acontecido.
Comenzaron a caminar cuesta arriba con dirección a los 12 Templos Zodiacales. En esta ocasión llevaba los pies cubiertos por las upedimatas* de su ágape, en señal de decoro y respeto, además de soportar la caminata enorme que eso significaba. Conforme iba pasando, se daban cuenta que la gente la miraba. En algunas ocasiones había visto a un par murmurando algo que no alcanzaba a escuchar, pero podía percibir sus emociones: había preocupación, pero ante todo había curiosidad y morbo.
—Nunca puedes evitar hacer revuelo donde vas, ¿cierto? —le hablo una voz cósmica a la mente, la voz de la persona que subía a su lado.
—Sabes que a mí no me gusta llamar la atención, pero no siempre puedo evitarlo.
—Les das curiosidad, ya sabes, por tu pasado con Deathmask. —Sonrió el otro con sus labios encantadores y soberbios, Dicro odiaba cuando sonreía así, o por lo menos, cuando lo hacia divirtiéndose a su costa.
—Sí claro, y tu aspecto no tiene nada que ver —reviró el comentario.
Efectivamente mucha de la curiosidad la atraía él, más alto que ella, de piel clara, rubio hasta rozar lo platinado, con un grácil echo que caía junto a su cuello a la izquierda, una pequeña trenza pequeña a la derecha, y otra trenza, indómita y gruesa, que caía por toda su espalda. Llevaba el abdomen semi descubierto por su túnica blanca azulina, que llegaba poco más debajo de las rodillas. La espalda era bastante gruesa, y le daba todavía más porte las hombreras, con cuello alto azul rey, que iban con el conjunto. Aunque sabía que lo que más llamaba de su aspecto eran los penetrantes ojos zafiro, que sobresalían como joyas por entre los flequillos que se escapaban de la trenza y caían en su rostro.
Cuando llegaron a los 12 Templos la comitiva pidió permiso a cada Caballero Dorado, y cada uno dio su permiso y los dejaron pasar. En Géminis, esta vez, también se encontraba Kanon, y acompañó a Saga para dar el permiso. Él y la muchacha intercambiaron miradas, y Kanon le dio un muy ligero saludo moviendo la cabeza cuando siguieron su camino de subida. Saga observó el gesto pero no dijo más, no lo necesitaba, Kanon ya le había contado de dónde la había conocido antes.
Al salir de Géminis un nudo se hizo en el estómago, los nervios le daban vueltas, como un mal bocado revuelto en las entrañas. Sabía cuál era el siguiente templo, y cada paso trataba de quitarse el sudor de las manos de modo sutil. Pero cuando entraron no estaba Deathmask esperándolos, si no Aioria de Leo, quien les concedió el paso tanto por Cáncer como por Leo.
Dicro miró a todos lados, y no vio a Deathmask, tampoco a Servino. Por muy sutil que tratara de ser, no pudo evitar mirar a todos lados buscando al can por ahí, o al menos, escucharlo. También, admitía, se le hacía extraño que Deathmask no hubiera estado presente. Aioria los acompañó desde Cáncer hasta Leo, y una vez llegaron al pórtico de salida de Leo, les dejó avanzar solos. Dicro dio una última mirada atrás, y logro percibir cuando Marín de Águila se acercaba al Santo, luego de esperar decorosamente a que cumpliera su deber. Aioria no alcanzó a verla, pero Marín sí se dio cuenta que los miraba. De modo alegre, la chica de vinoso cabello le guiñó un ojo, cómplice. La reacción de Marín quedó como un misterio bajo la máscara, pero logró percibir en sus emociones que había entendido que la felicitaba por estar junto al León dorado de Athena.
Siguieron subiendo la escalinata sin mayor inconveniente, hasta que llegaron al Templo del Patriarca, donde los estaba esperando este junto con la diosa. Cuando los anunciaron, tomó una bocanada de Aire, como solía hacer para mantenerse calma en los asuntos importantes, hasta que las enormes puertas de olivo se abrieron, y vio que, a unos pasos del trono del Patriarca, se encontraba el caballero de Cáncer, de pie, esperándolos, mirándolos directamente.
El golpe que sintió en el estómago fue tremendo, al punto de sentir náuseas y requerir todo su autocontrol para mantenerse firme y caminar al interior del recinto. Tanto había sido su impacto que no notó al patriarca, al otro lado del trono, y a la diosa con sus bellos cabellos lila castaños en el trono.
—Bienvenidos sean, emisarios de la orden de Eros y Dionisio, al Santuario de la Virgen Tritógena —proclamó Shion
Dicro y su acompañante se arrodillaron, el lino suave de sus túnicas blancas se movió, diáfano, como si tuviera vida propia, hasta reposar en el piso alfombrado.
—Damos gracias por la bienvenida, y rogamos perdón por la premura de la situación —señaló el hombre junto a Dicro—. Yo soy Daka*, Erota de Theía Himeros*, y ella es mi compañera: Dicro, de Theía Tréla. Traemos noticias urgentes y, debemos decir, muy preocupantes.
—Les escuchamos ¿que es lo que está pasando? —inquirió el Patriarca Shion con moderada autoridad.
—Las últimas 36 horas han habido inconvenientes anormales en nuestras duplas de trabajo. No sé si sea de su conocimiento que las tropas de Erotas y el pueblo báquico trabajan juntos para equilibrar las emociones humanas.
—Estamos enterados, de hecho es por ese motivo que solicitamos a Deathmask de Cáncer estar presente también, cuya convivencia con sus órdenes le ha dado oportunidad de orientarnos más al respecto.
El hombre volteó a ver a Deathmask por un momento eterno, con su mirada decidida, pero calma. Como esas miradas que Saga solía dirigirle cuando joven, cuando trataba de adivinar mentira o verdad en sus palabras. El canceriano mantuvo el porte sin amilanarse, y luego, el otro sonrió:
—Bueno verte de nuevo en una pieza, Deathmask.
—¡He! he roto mi propio récord, veamos cuánto tiempo puedo mantenerme así —le respondió con una sonrisa torva.
—Regresando al tema, en las últimas 36 horas varios bacantes entraron en backheia de modo abrupto al percibir rastros impuros.
Deathmask respingó ante la noticia y no esperó a que Shion, ni nadie más, hablara:
—¿Cuántos casos?
—24 en todo el planeta, lo más preocupante es que uno de ellos ocurrió a unos kilómetros, en el monte Himeto —respondió Dicro.
—¿Los rastros impuros fueron naturales o sobrenaturales?
—Naturales, todos ellos, y lo peor es que ninguno de los bacantes capturó a su presa —siguió ella—. Ni siquiera lograron identificarlas.
—Eso... eso no es posible. ¿Había bacantes no humanos entre las duplas?
—Sí, ménades y sátiros.
El joven italiano miro a la nada un momento, recordando en un segundo el sueño perturbador más reciente que había tenido. Aquello no podía ser coincidencia.
—¿Deathmask? —lo llamó Shion con una mirada un poco reprobatoria ante su tardanza en explicarse.
Luego de disculparse lacónicamente, procedió a explicar al Patriarca y la diosa el proceso de backheia por rastros impuros. Dicro reconoció algunas de las frases que ella misma le había dicho en algún momento en el pasado, y se sorprendió que pudiera explicarlo tan claro y que recordara con tanta precisión sus palabras.
—Ya veo por qué la urgencia —comentó Saori—. Los rastros eran frescos
—Debían serlo para provocar la reacción —explicó Daka—. Un bacante no entra en backheia tan rápido ni tan fuertemente con rastros viejos ni sobrenaturales. Eso significa que, quien lo haya hecho, detectó a la dupla correspondiente, armó el camino y esperó la reacción más fuerte posible. Estamos de acuerdo en que fueron escenarios peligrosos, y que, de haberlo querido, podrían haber emboscado a las duplas, poniéndolas en riesgo mortal. La invisibilidad de quien lo hizo tampoco fue perfecta, Los bacantes y Erotas lograron percibir que algo les vigilaba, pero nunca lograron saber qué era, qué quería ni dónde estaba
—Tal vez fue por eso que no se arriesgaron a atacarlos —comentó la joven diosa—. Atacarlos hubiera delatado su posición, con habilidad hubieran logrado atrapar al culpable. Me parece que esto es una maniobra de estudio, están analizando las debilidades de las órdenes, y también creo que las propias, están buscando pasar lo más desapercibidos posibles.
—Eso es una empresa de tontos, para un Erota o Bacante nada es 100% invisible, eso es imposible dada nuestra sensibilidad física y psíquica —respondió Daka con escepticismo.
—Aun así, al atacar a duplas incrementa la posibilidad de tener éxito en herirles, aún si no son 100% invisibles —mantuvo la diosa su argumento.
—Eso es cierto —concilio Dicro con sus palabras —, por eso los pastores del Tiaso recomendaron a los dioses de las órdenes incrementar el número de integrantes en los grupos de trabajo. En este momento se ha ordenado que trabajen tres duplas en conjunto, para garantizar que no sean blancos fáciles para futuras trampas, pero la medida no va a servir por mucho tiempo. Nuestros dioses nos han enviado a notificarle para ayudarla a establecer el rumbo de acción más adecuado, no desean tomar cartas en acción sin su apoyo.
—Muchas gracias por haber venido, les pido por favor, denme un momento para hablar con mis acompañantes —agradeció Saori con voz dulce.
—Llévenlos a la antesala para los visitantes —ordenó Shion a uno de los soldados cercanos al lugar—. En cuanto terminemos los mandaremos buscar.
Ambos erotas dieron las gracias, hicieron una reverencia y se levantaron, siguiendo al soldado. Deathmask esperaba que ella volteara a mirarle aunque fuera sólo un segundo, por curiosidad al menos, pero no lo hizo.
—Antes de que empecemos —pidió la diosa—. Hay cosas que no entendí y necesito hacerlo. ¿A qué te referías, Deathmask, cuando preguntaste si el rastro era natural o sobrenatural?
—Básicamente a lo mismo, pero con la diferencia de que ocurre con entes sobrenaturales. Los Bacantes tienen el sexto sentido muy abierto, por eso se mueven en la dimensión astral, igual que los erotas. E igual que ellos, o que los médiums, como yo, pueden percibir, ver, incluso pelear contra entes sobrenaturales, tanto si son humanos como inhumanos. Y si los perciben como un peligro, y tienen la oportunidad de quitarlos del camino, lo hacen: poltergeist, demonios, espíritus humanos perversos o en pena, monstruos del bajo astral, brujas negras. De no ser por el control que ellos realizan también en ese sentido, el mundo ya se hubiera convertido en una más de las esferas del infierno.
—Bien, y a qué se referían con "los pastores" del Tiaso, pensé que el Tiaso tenía sólo un dirigente.
—En este caso no, princesa Athena —explicó Shion—. El Tiaso de Dionisio es dirigido por dos personas, una pareja, de hecho, a quienes les llaman "pastores", quienes siempre toman en conjunto las decisiones sobre el Tiaso con la venia de los 4 dioses.
Saori lo miró un poco extrañada ante la idea, pero con cierta curiosidad de imaginarlo, y ya con las dudas aclaradas pasaron a discutir lo ocurrido. Por supuesto, debían suponer que el ejército del terror estaba detrás de todo, estudiando cómo poder vencer a los Erotas y a los Bacantes. Tenía aún la ventaja de la sorpresa de su lado, pero no podían seguir confiados a ese beneficio. Las investigaciones, aunque reveladoras en muchos detalles, no permitían saber cómo poder ingresar al Sheol y espiar adecuadamente a las Fobias. Y si era cierto que habían conseguido volverse casi invisibles a los sentidos, espiarlos pronto no iba a ser una opción, se estaban quedando cortos en información, y esto no podía seguir así.
—Yo pienso que ya viene siendo hora de tomar al toro por los cuernos —comentó Deathmask—. Creo que debemos capturar a un grupo de Fobias y sacarles cuanta información podamos. Hasta donde sabemos, las Fobias han seguido como si nada, ejerciendo su influencia en las emociones humanas, igual que los Erotas y los Bacantes, quienes han estado teniendo que fingir demencia ante ellos.
—Eso es un movimiento arriesgado y que nos expondría directamente ante el enemigo. Perderíamos el factor sorpresa —reviró Shion
—El factor sorpresa de nada nos va a servir ante enemigos que no podamos percibir. No sabemos si este nivel de invisibilidad lo están logrando con una técnica, un hechizo o por alguna influencia divina, y no sabemos si es temporal o permanente. Tampoco sabemos por qué, si les interesa vengarse de la derrota que sufrieron sus dioses a manos de Athena, están buscando la cabeza de Eros, pero van tras los bacantes de Dionisio. —El canceriano se acercó, decidido, al trono, y los miró a ambos con determinación. —Necesitamos poner luz sobre el campo antes de que lo que se mueve en estas sombras crezca demasiado.
—Si capturamos a un grupo de Fobias, por muy pequeño que sea, va a ser notado. Más si el enemigo está reforzando justamente sus defensas. Además estas sugiriendo sacarles información a la fuerza, eso conlleva también un desagradable tiempo. —Shion se puso más firme, tanto en porte como en resolución: la sola idea de recurrir a la tortura le daba asco.
Ambos voltearon a ver a la diosa, esperando su opinión al respecto.
—Creo que ambos tienen razón en muchas cosas, en la medida de lo posible, no quisiera usar métodos ignominiosos para poder cambiar la balanza a nuestro lado, pero también es urgente hacer algo que nos ayude a superar esto.
—Athena, ¿usted estaría dispuesta a aceptar un plan como el que propongo, si se pudiera mantener nuestra presencia en el conflicto en secreto, sin captura ni tortura de por medio?
—Sí, lo haría.
El Patriarca y el Cangrejo Dorado se miraron en silencio, y junto con la diosa, dedicaron un rato, que no midieron, a sopesar opciones, hasta que, luego caminar en círculos, el italiano de cabello azulino sonrió profunda, torva y placenteramente:
—Creo que ya sé qué podemos hacer.
Un par de horas después.
—Están demorando demasiado.
—¿Tan ansiosa estas de irte? —le preguntó Daka desde un asiento, mientras tomaba una taza de té. Junto a él había una bella tetera, en una mesita finamente decorada, que les habían llevado poco después, junto con algunos bizcochos
—No estoy ansiosa.
—No has tocado las galletas —le señaló divertido—. Deja de estar mirando por la ventana y siéntate.
El tono de voz de Daka, aunque era amigable, le era suficientemente conocido para entender que aquello, más que una sugerencia, rayaba en ser una orden, así que la mujer de cabello vinoso se alejó de la ventana y se sentó, junto a él, quien ya estaba sirviéndole una taza de té.
—Que estén tardando significa que están ideando algo y desean concretarlo para que llevemos el plan a oídos del señor Eros y Dionisio de una vez.
—Ojalá sea algo lo suficientemente tenaz para que salgamos de esto pronto.
—Dicro, sabes que no puedo sentir tus emociones, pero no hay que ser un genio para saber que no estás bien. Y tú y yo sabemos por qué motivo es.
—Tendría que haberme quedado callada —le dijo con molestia.
—Lo intentaste, y no funciono —reviró él mientras daba un sorbo a su taza de té—. No creo que con él vaya a funcionar tampoco. Tendrás que decírselo algún día.
—No, no es necesario.
—¿Y si lo fuera?
—No va a serlo —y trató de poner punto final tomando una probada muy prolongada del té, pero el de ojos zafiro no soltó prenda.
—Te desea. —Y Dicro se atragantó un poco con el té. —Y mucho.
—¿Qué eso no es una violación al voto de neutralidad? —dijo ella con voz venenosa mientras trataba de recuperar la compostura.
—De la mía, no. Ya que tú no puedes percibir sus emociones, dado el voto, no creo que esté de más que lo sepas.
—No te pedí que me dijeras
—No pides muchas cosas, me preocupas.
—Tenemos cosas más importantes de qué preocuparnos ahora.
—Por eso lo digo, lo que se viene encima de nosotros es una gran responsabilidad, y tal vez no vas a tener elección, y tendrás que afrontar esto por un bien mayor. Sería mejor que lo hicieras ahora, antes de que haya más cosas qué considerar en el horizonte.
Ella dejó la taza de vuelta en la mesita y se levantó, dándole la espalda, mientras que se abrazaba, como buscando contenerse a sí misma.
—No quiero —lo dijo como un murmullo, apenas audible, y temeroso.
—Por lo menos piénsalo. Yo no te digo esto para lastimarte. Es todo lo opuesto.
La mujer de piel color latte sintió hervirle las venas. Deseaba poderle gritar a la cara que desde el día que fue a buscarla no había dejado de pensarlo, que cada día la idea se le pasaba 30 veces por la cabeza, y en todas y cada una de las veces llegaba a la misma deducción. Y decidía callar. Pero sabía que no le creería, que lo pensaría una excusa más. Para su buena suerte, mientras juntaba la entereza suficiente para responderle a Daka del modo menos hipócrita posible, alguien tocó a la puerta. Se trataba de una doncella, que pedía que regresaran con ella a la cámara del Patriarca.
Una vez ahí, el Patriarca procedió a explicar el plan trazado: interceptarían a un grupo de Fobias adecuado para un interrogatorio relámpago. Cuando preguntaron a qué se refería, Deathmask explicó el plan más a detalle: necesitaban información, así que interceptarían a un grupo de Fobias, los capturarían en el Yomotsu, y en vez de sacarles la información del modo tradicional, recurrirían a técnicas de manipulación e intromisión mental y nerviosa para obtener la información en minutos. Después borrarían las mentes de las Fobias escogidas y les permitirían regresar al Sheol como si nada hubiera pasado.
—Necesitamos ayuda para escoger un grupo de Fobias, debe ser uno que tenga a una persona de rango adecuado, para poder asegurar contar con información más profunda que la que puede disponer un elemento común de las tropas —comentó Deathmask—. Obviamente debemos descartar el escuadrón de Jarod, por mucho que les pese a ambos.
Daka y Dicro hicieron una mueca de molestia ante el sólo nombre.
—¿De quién estás hablando, Deathmask? —preguntó Saori.
—Jarod es el mejor guerrero de todo el ejército de Fobias, un verdadero dolor de cabeza para los Erotas y el pueblo báquico.
—También es el heredero tácito del supremo inquisidor del ejército del terror: Ásvaldur —agrego Dicro—. Nos hemos enfrentado en más de una ocasión, peleando por ver quién clava primero en la diana la flecha. Adoraría más que cualquier cosa poder clavarle una flecha entre los ojos, pero Jarod siempre está bien acompañado. Su ausencia, aun en minutos, sería notada, y siendo el sucesor de Ásvaldur, podríamos deducir fácilmente que está implicado en esto, así que no es una opción.
—Existen Fobias de rango menor a Jarod pero con suficiente capacidad para darnos las respuestas —sugirió el rubio de ojos zafiro—. Podemos pedirle a Zephir, el nuevo líder de los bacantes humanos, que ubiquen al grupo que necesiten. En ese instante podría mandar el mensaje a través de su elemental y ustedes transportarse a su ubicación, para hacer la emboscada
—Me parece acertado, igualmente mandar a un Bacante a ubicar al grupo serviría para asegurarnos que no haya nada invisible cuidando a los elegidos —concretó Shion —. Por último, ustedes los Erotas conocen mejor que nosotros las técnicas de las Fobias. Aunque en nuestro grupo vayan Caballeros Dorados, que se encarguen de todo un grupo de Fobias ellos solos, podría ser demasiado llamativo. Requeriríamos de un equipo de asalto adecuado que nos ayude a mantener a las Fobias quietas mientras se les extrae la información. Y a sugerencia de Deathmask, pensamos que los Erotas de Tréla, dirigidos por la señorita Dicro, serían la mejor opción.
La mencionada dio un respingo al ser mencionada, su mirada cayó de inmediato en el malditamente sexy italiano de coraza dorada, que no dejaba de sonreírle con esa autosuficiencia que siempre había sentido. Y aunque la sola idea le ocasionó pánico, controló su ánimo lo más posible y respondió con un escueto "está bien".
Conversaron un poco más, puliendo detalles finales, y cuando al fin todo estuvo concretado, Daka habló:
—Mandaremos a Zephir a hacer la selección adecuada, le pediremos que nos informe a nosotros primero cuando los tenga ubicados, nosotros vendremos aquí a esperar al grupo interceptor para que, en cuanto Zephir de la señal, nos teletransportemos al sitio y llevemos a cabo el plan de acción.
—Así será entonces —señaló Athena con decisión, para luego despedirles con dulzura—. Les agradezco mucho que hayan venido y su paciencia. Díganle a Eros y a Dionisio que también les agradezco a ellos.
—Así será, princesa Athena —dijeron ambos con una reverencia, antes de ponerse de pie, despedirse de los tres formalmente y luego darles la espalda para marcharse.
El italiano miraba la espalda de ella como esperando que le salieran alas, hasta que la puerta se cerró detrás. Estaba algo decepcionado de que no hubiera podido hablar más allá de los asuntos oficiales, pero esperaba poder acercarse en la misión por venir. Si bien había sugerido la ayuda de los Erotas de Tréla porque eran, de todas las órdenes, los que tenían ágapes negras y mejores habilidades para los ataques sorpresivos, lo había hecho también agradeciendo la ganancia de poder estar cerca. La deseaba, quería estar cerca de ella, aunque aún no entendía a bien por qué, pero quería hacerlo.
Aunque las cosas no pudieran ser como antes.
Si el mundo se iba a ir de nuevo al infierno
Deseaba, por lo menos, estar con ella un poco más.
N/A:
* Upedimata es un tipo de sandalia de la antigua Grecia, usada por soldados, que cubría por encima del tobillo pero dejaba al descubierto los dedos, contaba con "clavos" en la suela, para dar tracción y soportar largas caminatas.
* Daka es un OC que desarrolló una muy querida amiga mía, su nick era Melenare y es fan de SS tanto como yo. Sin embargo, luego de que personas ingratas y tóxicas hicieron de las suyas, hace ya muchos años, borró todos o casi todos sus fics y dejó el fandom. Aún así me ha permitido usar a su personaje en el fic, su aspecto descrito es el que ella le diseñó, lo único que he hecho, igualmente con su permiso, es volverlo Erota. En su historia original el personaje tenía otro rango y era parte de otra orden.
* Himeros significa "Deseo" en griego. Theía Himeros significa "Deseo Divino"
