"Guíame por la dulce luz"

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Mientras Kotoko contemplaba la noche estrellada en estrellas incandescentes que tintineaban desde los miles de kilómetros que le llevaban de distancia; por supuesto, ella estaba embelesada en las maravillas que la naturaleza le brindaba de manera gratuita, siendo sus fieles compañeras en el recorrido que había llevado desde su nacimiento.

Las estrellas la abrazaban con calidez, careciendo de pálidos sobornos que la sociedad conjeturaba sobre su persona, creando rumores de ella que no eran ciertos.

Siempre burlándose de ella. No solamente Naoki, sino todo el mundo, menos su padre.

Siempre subestimando sus capacidades para con su persona y la directriz que ella quisiera emprender en su vida, y por si fuera poco, ella no terminaba lográndolo por falta de iniciativa a causa de un enamoramiento escaso de una vida sin anhelos preciosos por crecer independiente.

Las estrellas alumbraban sus retinas, como si por medio de ellas encontrara las respuestas a todas sus preguntas.

Las feroces galaxias guiaban su camino, al menos eso quería creer ella por ahora; por fortuna, sentía que el vacío que estaba averiado en su pecho, dejaba de crecer como solía hacerlo en el pasado.

Los sentidos se despertaban, empezando a reaccionar a los estímulos diversos por parte de las incandescencias del universo emplastado en una eterna noche. Una noche que se grabaría en su cerebro, por si acaso llegara a perderse en el camino.

Ahí se encontraba ella, aun cuando la noche amenazaba con ser fría, provocando en ella un ligero escalofrío, puesto a que no llevaba una chamarra consigo que la abrigara del clima; sin embargo, cada resonar del viento, cada segundo en que pasaba sentada en aquella banca, sola, sonreía.

Su clásica sonrisa no se borraba de su infantil rostro.

Y a veces ella juraba que el cielo le devolvía la misma sonrisa que ella misma les obsequiaba en amplia agradecimiento por siempre acompañarla en cada momento y en cada inspiración que ejercía al despertar cada mañana y al dormirse en las noches.

Las estrellas giraban en torno a las demandas impuestas por el sol, donde provenía el calor que su pecho producía cuando esa felicidad la sentía presente en su ser.

Y cuando decidió soltar esa pesada carga que acarreaba con el nombre de "Irie Naoki", su pecho se aligeró de todo el tormento que la aprisionaba e impedía que ella avanzara como las demás personas que no se detenían por las lamentaciones de otro.

Es por eso, que su sonrisa surgió de sus labios con benevolencia.

Ya no había más razones para mirar el pasado con resentimiento…


Habían pasado dos meses desde que se propuso olvidarse a Naoki, y que conoció a sus amigos Hanako y Keita en la cafetería "Akemi".

Desde entonces, Kotoko se inscribió a un gimnasio local cercano a la universidad; también, siguió en la misma licenciatura de literatura y comenzó a tomarse en serio las calificaciones por lo que sus notas subieron y se percató que ella en realidad no era la tonta que todos decían que era, sino que ella valía mucho más de lo que pensaba.

En cuanto a Naoki, él canceló su unión con Sahoko para tratar de ganarse su confianza nuevamente, pero eso solo fueron meras excusas para colmarle a ella la paciencia, por lo que ella se vio obligada a tomar otro tipo de medidas para su seguridad y salud mental; una de ellas, era cambiar su turno en la universidad, poniendo sus clases matutinas a las vespertinas.

Al principio funcionó, pero él rápidamente se puso al tanto y ella tuvo que regresar al horario anterior, asistiendo al horario matutino a sus clases.

Ella nunca creyó que llegaría el día en donde aborrecería ver a Naoki casi todos los días en la facultad de medicina, cuando ella forzosamente debía pasar por ahi para llegar a su edificio de facultad. Cuán enfadoso le resultaba verlo por las mañanas con su bata blanca y su típico ceño fruncido y aire de indiferencia rodeándole.

Nunca pensó que ella reaccionaria a él de esa manera.

Un día como cualquier otro de noviembre, Kotoko llegó a las ocho a la cafetería debido a que se quedó en la biblioteca a estudiar para sus últimos exámenes del período.

—Llegué— Anunció en la entrada, echando un bostezo.

—Bienvenida— La congratuló Keita, acompañado de una pequeña sonrisa.

A Kotoko solía darle gusto recibir los saludos de Keita, sobre todo, cuando él era el primero el que lo hacía.

Para esos extremos, ya era normal ser lo primero que sus ojos buscaban cuando arribaba a la cafetería en las tardes, o en este caso, por la noche.

—Cómo te fue en la escuela?— Interrogó él, trayéndole una taza de té caliente de sabor manzanilla con una cucharada de miel.

—Bien, gracias— Ella revolvió el contenido líquido de la taza con la cucharita, sumiendo su vista al círculo del líquido. —Y a ti?—

—Mucha tarea— Se quejó un poco. —Pero, todo perfecto— Aseguró complacido. —Kotoko, tienes hambre?— Preguntó tras un breve silencio en que Kotoko tomaba un gran sorbo del té.

Ella asintió.

—Mucha hambre!—

—Bien— Una sonrisa apareció en los labios de Keita, en reluciente ademán. —Te traeré algo de la cocina—

—Ah! Kotoko bienvenida— La saludó Hanako, con apariencia ocupada.

Kotoko al verla, asintió gustosa.

—Hanako—

—Hoy hemos tenido mucho trabajo—Hanako soltó un bostezo, descansando sus antebrazos en la barra. Hanako usaba un vestido retro de color azul celeste con un cinto amarillo de hule, y unas medias alargadas de color verde olvido, acompañados de unos botines negros.

—Ya casi es la hora de cierre— Comentó Kotoko, estirando sus piernas en el asiento.

—Por fortuna!— Cantó Hanako en alivio. —No han parado de llover clientes por dondequiera que vea—Abrió los ojos en amplia gama.

Kotoko echó una risita traviesa tapándose la boca con la mano para no verse tan obvia.

—Pero bueno— Suspiró Hanako en una mueca de cansancio. —Cómo van las clases? Por lo que me dijiste, ya estás en los exámenes finales—

—Sí— Kotoko sonrió motivada. —Si todo sale bien, mi promedio habrá aumentado considerablemente durante este período—

—Eso me da gusto— Le dio el visto bueno. —Significa que has aprendido a poner tus prioridades primero, en vez de priorizar al innombrable—

(Cuando decían "innombrable" se referían a Naoki)

—Kotoko— Keita salió de la cocina con un plato de comida justo para ella, lo cual, le dio gusto al sentirse tomada en cuenta por el estudiante enfermero. —Aquí tienes, una sopa de lentejas con verduras picadas, y un sándwich de jamón con queso gruyere—

Ella miró en maravilla la que sería su cena.

—Gracias Keita!— Agradeció Kotoko, sonriéndole.

Él asintió, desviando la mirada, puesto a que sus mejillas se ruborizaron levemente al recibir esas sonrisas repentinas que lo cachaban desprevenido.

—Sí, no fue nada— Musitó, tomando asiento a su lado. —Come todo lo que quieras—

—Hm— Para esos entonces, ella ya tenía llena la boca del sándwich.

—Me da gusto que estés mejor que antes— Opino Keita, aliviado. —Yo en lo personal, nunca creí que mi ayuda seria de gran beneficio para una persona, pero ahora lo veo como algo posible— Expresó agradecido. —Y todo lo has hecho sola, ni siquiera he intervenido desde entonces—

Kotoko lo miraba de reojo, escuchando con atención sus palabras, indicándole que podia continuar.

—Me impresiona enorme lo que una persona llena de voluntad puede lograr— Suspiró dejando que su cabeza volteara al techo, para después quedarse en la misma postura. —Digo, sabes que cuentas con mi apoyo incondicional, desde ese encuentro que tuvimos, hasta después de hoy—

Kotoko, conmovida, se pasó la comida y lo encaró, diciendo:

—Gracias, Keita— Sonrió segura. —Cuentas con mi apoyo igual—

—Me da gusto saberlo— Dijo él, observándola detenidamente.

—El gusto me da a mi— Replicó ella. —El saber lo que he podido hacer en dos meses—

—Te lo mereces— Admitió él en tono reconfortante. —Toda la felicidad te la mereces tu luego de haber pasado por momentos dolorosos a causa de un don nadie—

Al ver que Kotoko hizo una mueca de disgusto al escuchar ese comentario, él corrigió:—Pero, no debes de hacerme caso, mejor hazle caso a tu propia intuición que ha sido tu guía durante estos dos meses—

—Sí— Coreó ella, cambiando su disgustado semblante a uno relajado.

—Bueno— Se levantó de la silla. —Iré a limpiar las mesas del fondo— Avisó en desaire, como si no quisiera dejarla comiendo sola, pero como empleado ahí, debía de atender el lugar como era apropiado.

Kotoko, sin más remedio, dirigió su total atención a la comida que aún le faltaba terminar.

La vida para ella, iba por buen camino.