Era pasado el mediodía. Cuando Ross llegó temprano por la mañana estaba ansioso, nervioso, había algo en su interior que revoloteaba y estaba seguro que no sería capaz de ocultar su dicha cuando viera a Demelza otra vez. En cualquier momento entraría a la oficina. El había buscado una escusa para esperarla sentado en su escritorio, distraído pretendía revisar los libros de la mina mientras los trabajadores llegaban uno a uno y lo saludaban antes de descender a la mina. Ross les daba los buenos días alegremente pero procuraba no entretenerlos demasiado, no quería que alguno de los mineros estuviera merodeando en la oficina cuando ella llegara. Al principio su tardanza no le llamó la atención. Después de todo ella se habría ido a dormir muy tarde, o muy temprano esa mañana. El mismo no había dormido nada esa noche, o quizás si que lo había hecho y todo lo que eran para el recuerdos en realidad eran el eco de un sueño que su imaginación había creado en todos esos meses desde que la había conocido. Pero no, los recuerdos eran muy vivídos. No eran solo imágenes de la Señorita en sus brazos, sus manos en su cuerpo, era el recuerdo de su voz mientras se amaban, el contacto de su piel con la suya fundidos en un abrazo, el aroma de sus cabellos cuando ella apoyó la cabeza en su pecho. Seguramente se habría quedado dormida. No hubo ni un día que Demelza faltara a la mina, no sin avisar.
Ross comenzó a preocuparse a media mañana. Esa ausencia no era normal. Necesitando estar al aire libre, en realidad quería observar el camino que venía de Nampara para verla cuando llegara, había buscado otra excusa y estaba ayudando a retirar el mineral desde la superficie, pero aún no había noticias de Demelza. ¿Le habría ocurrido algo? No, el la había visto entrar en Nampara hacía unas horas. ¿Acaso se sentiría mal? Si así fuera se lo habría hecho saber. ¿Se habría molestado con el? Pues si fuera así tenía todos los motivos para hacerlo. Lo que había ocurrido entre ellos durante la noche no había sido nada decoroso, pensandolo bien podría ir a la horca por ello, pero había sido la Señorita quien había ido a verlo a su casa la noche anterior, ella la que había llevado la cena, ella quien lo había besado, ella quién había pedido subir al piso de arriba, así que ¿porqué se podría haber enojado? Después de esperar una hora más su preocupación pudo más y pidió a una de las pedreras que trabajaba cargando agua que fuera a Nampara a preguntar por la Señorita Demelza. La mujer no tardó demasiado en volver con la respuesta. La Señorita Demelza no estaba en casa, temprano en la mañana se había ido a Trenwith.
¿Cómo lo pudo haber olvidado? Todo este tiempo desde que ella había vuelto de Londres él había estado preocupado por George, en el porqué ella se había comprometido con ese hombre, cuando el verdadero amor, su real amor de toda la vida era otro. Lo había olvidado. Pero horas más tarde allí estaba ella junto a él.
Al caer la tarde Demelza llegó a Wheal Leisure acompañada por Francis.
"Tengo que pasar por Wheal Leisure." Demelza dijo a su acompañante cuando se acercaban a sus tierras.
"Estoy seguro de que pueden prescindir de ti por unos días, lo entenderán."
"Si, pero aún así debo avisarles."
Debo avisarle, pensó Demelza. Ross debe estar esperando por mí, le dije que iría a primera hora de la mañana…
Pero esa mañana trajo acontecimientos inesperados. Minutos después de que Demelza llegara a Nampara alguien llamó a la puerta principal. Ella no se había acostado aún, había entrado por la puerta trasera que daba a la cocina y allí se distrajo preparándose una taza de té, mirando por la pequeña ventana que daba a sus campos, desde donde tantas veces había espiado al muchacho trabajar cuando lo tomó como empleado. Ahora también lo veía, no allí en la distancia entre la hierba, sino en su mente, en el recuerdo de la noche que habían pasado juntos. Mientras esperaba que hirviera el agua que puso al fuego su mente vagó hacia lo que sucedió en aquella pequeña cabaña, recordó sus manos, sus caricias, el cosquilleo que quedaba en su piel tras ser tocado por sus labios… en eso pensaba cuando el ruido proveniente de la puerta la interrumpió. Mientras se dirigía a la entrada una parte de ella pensó que podría ser el muchacho, como si ella pudiera convocar su presencia con sólo su pensamiento, su corazón latió rápido en su pecho por un instante imaginándose que al abrir la puerta él estaría allí, que ella podría abrir sus brazos y abrazarlo y estrechar su cuerpo junto al suyo una vez más. Pero no era Ross quién llamó a su puerta.
"Demelza…"
La voz de Francis era tan débil como el gris y frío cielo que los cubría, como la quietud del alba antes del nacimiento del nuevo día. El final de esa noche que hubiera deseado fuera eterna al fin estaba allí, reflejada en el angustiante rostro de ese hombre al que ella había amado, amaba aún…
"¿Francis? ¿Qué ocurre?"
"Tu tío…" Fue todo lo que dijo él y un segundo después abrió sus brazos y fue su cuerpo el que se estrechó al suyo. Un abrazo de dolor y tristeza y tal vez desesperación. Demelza no se dio cuenta de las lágrimas que habían escapado de sus ojos, sólo cuando se separó de Francis y este tomó su rostro entre sus manos e intentó limpiar sus mejillas con sus pulgares.
"Lo siento." Susurró contra su frente antes de posar sus labios en ella. Su tío Charles se había ido. A pesar de todas las diferencias que habían tenido últimamente no por eso ella había dejado de quererlo casi tanto como a su propio padre. Su presencia sería extrañada por todo el condado, su guía y consejo. Le tomó un momento recuperarse. Cuando se dio cuenta estaba de nuevo dentro de la casa, Francis la había llevado hacia adentro y la observaba de cerca.
Por como la miraba le pareció que le preguntaría que hacía despierta a esa hora, a saber porque obviamente estaba levantada y completamente vestida y por la rapidez con la que había atendido la puerta. Francis desvió rápidamente la mirada y ella le ofreció una taza de té al escuchar el borboteo del agua proveniente de la cocina. Francis se sentó a la mesa mientras ella le servía y respondió a su pregunta de qué había sucedido con gran aflicción.
"Estaba bien ayer en la cena. Bromeó y comió como una bestia como es habitual en él. Se quejó del Rey e insultó y elogió a los franceses en una misma misma oración. Preguntó por Geoffrey Charles, le dijo a Elizabeth que el mismo se encargaría de educar a mi hijo como es debido, como si yo no fuera capaz de hacerlo… Nada fuera de lo común. Y después cada uno se retiró a su habitación. A medianoche escuché los gritos de Elizabeth, intentamos ir por Choake pero para cuando llegó ya no había nada que hacer. Un infarto, eso fue lo que dijo…"
Demelza se había sentado a su lado a escuchar su relato. Una nueva lágrima recorría su mejilla, la limpió con sus propios dedos.
"¿Cómo… cómo está Elizabeth?"
Francis miró su taza de té. "No ha parado de llorar en toda la noche, no sé cómo le quedan fuerzas para gritar aún. Despertó al niño que también se puso a llorar con la misma fuerza. Es un pandemonio… Yo… yo tenía que salir de allí, ya no podía soportarlo. Pensé en ti, en que tú deberías saberlo…"
"¿La dejaste sola?"
"No sé qué hacer cuando ella se pone así. No sé como calmarla, tú no eres así…"
"Me consolaste hace un momento, ¿no pudiste hacer lo mismo con Elizabeth?"
"No, ella, ella no es como tú. No llego a comprenderla, ni ella a mi…"
"Acaba de perder a su padre, Francis. No hay mucho que comprender." Le reprochó Demelza. Sabía muy bien cómo se debería sentir Elizabeth, por más escándalo que pudiera hacer, la muerte de un padre era motivo de llanto, tristeza y sufrimiento. Charles había sido el mundo entero para Elizabeth, él le había dado todo. La había complacido en todos sus caprichos, le había dado todos los gustos…
"Pensé que quizás podrías venir a Trenwith conmigo, tal vez me puedas ayudar en estos próximos días. Yo no tengo idea por donde comenzar con los arreglos, el funeral, las notificaciones. Ni hablar de toda la hacienda y los negocios, acuerdos y compromisos que tenía tu tío…"
Demelza aceptó ir a Trenwith, no tanto por las razones que Francis le había dicho, sino porque quería ver a su prima y que no estuviera sola en ese momento tan doloroso.
Le costó a Demelza más de media mañana que Elizabeth se calmara y tuvo que volver a llamar a Choake para que le diera unas gotas para los nervios. Unos minutos pudo pasar junto al cuerpo de su tío, acostado en su cama en la habitación principal de Trenwith y cubierto hasta los hombros por una sábana blanca, parecía estar dormido y que en cualquier momento se despertaría y con su particular voz le diría "¡Sobrina!" y comenzaría a darle consejos no solicitados y a contarle historias sobre su padre. Al menos ya estaban juntos, Charles y Thomas. "Espero que estés con tu hermano, tío. Haremos lo mejor posible aquí en tu ausencia." Luego alguien puso a Geoffrey Charles en sus brazos, al parecer la nodriza tampoco había dormido en toda la noche. Demelza nunca había cargado a un niño, menos aún, nunca había tenido la intención de simpatizar con el hijo de Francis y Elizabeth, pero luego de un rato de revolverse en su regazo el niño abrió bien grande los ojos y la miró y Demelza admitió que no estaba tan mal y podía tolerarlo.
"Te ves muy natural con un bebé en brazos. Apuesto a que George Warleggan planea tener una gran familia…" Demelza no se había percatado de que había alguien que la observaba.
"Espero poder opinar yo al respecto." Francis sonrió como respuesta.
"Alguna vez, ¿alguna vez piensas en la familia que tú y yo habríamos formado juntos?"
En verdad hacía mucho tiempo en que Demelza había dejado de soñar en aquella vida que alguna vez había planeado junto a Francis y no recordaba que hubiera incluido niños. Pero así, como salido de la nada otra imagen apareció en su mente. Ella en Nampara, niños riendo corriendo detrás de Garrick, ella con una gran panza acercándose a la puerta para llamar a su familia a la mesa y un hombre que se acercaba hacia ella desde los campos, y los niños revoloteando, saltando y gritando a su alrededor. No veía la cara de los niños, ni podía contar cuantos eran, pero al hombre lo veía claramente. Era el muchacho. Ross, que volvía a almorzar con su familia luego de trabajar las tierras…
"Yo a veces lo hago." La interrumpió Francis.
Demelza bajó la vista hacia Geoffrey Charles, no se parecía mucho a él. Tenía la nariz de Elizabeth y la frente del tío Charles… "No deberías hacerlo, tú ya tienes una familia. No tiene sentido recordar lo que nunca existió." Le dijo. "Iré a ver a Elizabeth."
Cuando su prima despertó insistió en que Demelza se quedará con ellos hasta que pasara el funeral. Para cuando llegó la tarde ya estaba casi todo organizado pero Elizabeth seguía insistiendo en que se quedara en Trenwith. "No traje nada de ropa…"
"Yo puedo prestarte, querida."
"Ni mi vestido de duelo… Quizás podría ir a Nampara y volver mañana."
"Porque no vas, buscas lo que necesitas y regresas esta noche. Francis puede acompañarte. No les tomará más de una hora. Creo que debes estar aquí, la familia debe estar unida, es lo que mi padre hubiera querido."
Demelza pensó que lo que Charles hubiera querido era que entre ellos dos fueran capaces de manejar la hacienda y por supuesto organizar su funeral, pero no lo dijo y consintió a la triste Elizabeth en su pedido. Si salían pronto, aún no era tan tarde y podrían pasar por la mina, podría hablar con Ross y contarle lo que había sucedido.
"Sólo me tomará un momento." Demelza descendió del caballo y caminó de prisa hacia la oficina de Wheal Leisure. Ross los había visto recorrer el camino por sobre los acantilados que conducían a la mina. Por entre las tablas los había visto conversar, la había visto desmontar y dirigirse hacia donde él estaba y lo mismo había hecho el Señor Francis Chynoweth un momento después.
"Ross…" el muchacho estaba de espaldas a la puerta cuando entró. Ross procuró distraerse acomodando los cascos que estaban amontonados en el rincón más alejado de la puerta, quitando las velas a medio usar que habían quedado pegadas a ellos. No se giró a verla cuando la escuchó decir su nombre.
"Siento no haber venido esta mañana, algo ocurrió…"
"Ya lo creo que algo ocurrió." Dijo el secamente. "Siempre hay algo contigo ¿no es así?"
"No, Ross, escúchame, no tengo mucho tiempo…"
"Pues siento mucho hacerte perder el tiempo, si tienes algo más importante que hacer pues vete de una vez, no sé ni para qué te molestas en venir…"
Justo cuando Ross se dio vuelta para mirarla por primera vez desde que había llegado, Francis entró también a la oficina de la mina. Ross llegó a ver la conmoción dibujada en el rostro de Demelza, sorpresa y angustia. Sus ojos estaban vidriosos y sus labios entreabiertos temblaban ligeramente. Ella no entendía que es lo acababa de ocurrir, porque él la trataba de esa manera, porque no le daba la oportunidad de contarle lo que había sucedido, y porque ella que había deseado nada más que él la abrazara desde que se habían separado esa mañana no tenía la oportunidad de que él la consolara.
"Demelza," – habló Francis a su espalda – "debemos irnos, de seguro el Señor Poldark puede encargarse de la mina por unos días." Dijo irónicamente, pero ella estaba demasiado shockeada como para captar el tono de voz de su primo político. Ella miró al muchacho una vez más, quién en ese momento miraba con odio a Francis y antes de que cayeran otra vez las lágrimas que ese día estaban tan al borde de sus ojos, dio media vuelta y salió a toda prisa.
Francis se quedó un momento desafiante mirándolo a Ross, ya una vez le había advertido que se alejara de ella, obviamente no le había hecho caso, obviamente Demelza no se daba cuenta la clase de canalla era ese hombre. Luego se fue también. Ross los observó montar en los caballos e irse en dirección a Nampara. Henshawe que venía hacia Wheal Leisure, se los cruzó por el camino. Ross pretendió seguir acomodando los cascos, aunque en realidad los estaba tirando con violencia en un rincón, enfurecido.
"Buenas tardes, Ross. Acabo de cruzarme con la Señorita Demelza, una pena lo de su tío, es una gran pérdida para la región. Lo mejor que podemos hacer por ella es mantener el fuerte mientras ella está de duelo."
"¿Cómo dices? ¿Qué duelo?" preguntó Ross en voz baja.
"Su tío, Charles Carne, falleció anoche."
NA: Gracias por leer!
