DISCLAIMER: El universo de "Dragon Ball Z", así como sus personajes, son propiedad de su autor original Akira Toriyama, como también de Toei Animation y Fuji TV. Esta historia está hecha únicamente por diversión, con permiso tomo los personajes prestados.
CAPÍTULO XVII. SIEMPRE HAS SIDO TÚ
Su corazón latió con fuerza desmedida, por un momento imaginó que se trataba de una mala jugada de su mente ¡Pero por Kami-Sama! Era real, tan real que incluso todos los sonidos que la rodeaban pasaron a segundo plano, dejando solo en ese espacio reducido a ella y la imagen de un moribundo Vegeta.
Hizo caso omiso a las palabras del viejo Roshi que le mencionaba en aquel momento. Por puro impulso corrió lo más veloz que le permitieron sus piernas para llegar hasta donde reposaba el cuerpo vendado de pies a cabeza del hombre. Al ver el estado en el que se encontraba el príncipe, sintió como un nudo se le formó en la garganta como al mismo tiempo el oxígeno se le escapó por completo de sus pulmones. Instintivamente se cubrió su boca con sus manos frías y temblorosas, nunca imaginó ver a Vegeta en ese estado tan deplorable, aquel hombre que alguna vez irradiaba arrogancia y fuerza ahora luchaba por mantenerse vivo.
La conmoción que generó tal imagen en la princesa la destruyó por completo. Su mandíbula se tenso como su menudo cuerpo tembló al mismo tiempo. Lágrimas surcaban sus pálidas mejillas y con el corazón a punto de detenerse, se arrodilló junto al príncipe pasando su delicada mano sobre la frente del moreno, queriendo que con esa sutil y cálida caricia poderle transmitir que ahí estaba junto a él, y del mismo modo convencerse a ella misma que su príncipe estaba vivo.
—Es un hombre muy fuerte.— Susurró a sus espaldas el viejo Roshi, captando la atención de Bulma.— Para las condiciones en las que lo encontré, me sorprende que aún siga con vida…
—Disculpe...—Le interrumpió la princesa en un hilo de voz mientras se limpiaba sus lágrimas del rostro con el dorso de sus manos.— ¿Dónde fue que lo encontró? ¿Desde cuándo? ¿Qué tan…?
—Tranquila muchachita.—Sonrió apacible el anciano apoyando su peso contra el bastón de madera que portaba de un lado a otro.—Te prometo que responderé todos tus cuestionamientos, pero antes quiero algo a cambio.
Bulma arqueó sus cejas confundida. Miró de soslayo la imagen del príncipe que parecía que le costaba respirar y al regresar su atención hacia el anciano frunció sin disimulo aparente su entrecejo. Era evidente que aquellas palabras las mal interpretó al momento, por lo que "Muten Roshi" rió por debajo negando con su cabeza al comprender el repentino mutismo en la joven.
—No es lo que estás pensando niña.—Rió con su voz avejentada, avanzando hasta llegar al otro extremo de la cama para verla frente a frente, teniendo como barrera entre ellos el cuerpo del príncipe.— No estoy diciendo que no sea susceptible a los encantos femeninos, pero eres demasiado pequeña para mí.— El comentario no le causó gracia a Bulma, provocando que la princesa lo mirara con un toque de repudio. A lo que él decidió dejar de lado los chistes para dar paso a lo importante.— Quita esa cara, no es nada malo, confía en lo que te diré…
—No confío en nadie.—Exclamó ella sujetando con fuerza la mano del príncipe que colgaba a un lado de la cama, como para darse valor a ella misma.
—Haces muy bien, en estos tiempos de guerra no es bueno confiar en nadie.—Le dijo con genuina sinceridad.— Y es la misma razón que lo que te pediré viene de la mano de la desconfianza.—Ella arrugó de nuevo su entrecejo al no comprender lo que decía, por lo que aclaró; — Tengo entendido por mis hombres que los capturaron que ustedes son saiyajin ¿No es así? —Al ver el silencio en ella, sonrió ladino.— Bueno, esta guerra nos está dejando devastados. Mi pueblo fue el primero en sufrir la ira de los Tsufurujín, perdimos tantos guerreros, habitantes y nuestras tierras quedaron inhabitables al grado que nos vimos obligados a refugiarnos en este lugar.
Bulma desvió su mirada incómoda, aunque el hombre mostraba un rostro apacible, se podía ver el dolor en sus ojos al hablar de la pérdida de sus habitantes, logrando con ello conmocionarla. Se sentía tan culpable, la ira de Broly se debía absolutamente a ella y había sucedido lo que tanto había temido; inocentes pagando por ella.
—Sí te entrego a este pobre moribundo, ¿Que me da de garantía que no revelarán nuestro escondite?— Continuó el hombre mirando con un toque de recelo a la muchacha, quien esta no tardó en mirarlo fijamente. — Ahora que veo las cosas desde esa perspectiva, estoy arriesgando a mi pueblo exponiéndolos ante la merced de unos completos desconocidos.
—Nosotros no les haremos nada.
—Eso dicen todos, niña.—Susurró el anciano acariciando con su mano su barbilla canosa dándole un aspecto sabio.—Unas simples palabras no me garantizan nada.
—Entiendo el temor que siente al exponer su pueblo. No lo juzgo, sé que cualquiera puede ser tachado de algún traidor, pero le aseguro que nosotros no somos sus enemigos. Al contrario, deseamos ayudarlos.
—¿Ustedes? —Susurró escéptico.— ¿Y en que podrían ayudarnos? Ustedes son saiyajin, no puedo confiar en gente que es conocida por su sanguinaria forma de actuar.
—Créame, el verdadero enemigo no son los saiyajin. El ejército de Paragus como el mismo son de quienes deben cuidarse ¡Ellos son los traidores!
—Mi pueblo no tiene partidario en esta guerra. Somos neutrales, no apoyamos a ninguno de los dos bandos aunque compartimos territorio con los saiyajin. Cuando nos invadieron los Tsufurujín dejaron devastados a mi gente. Sí eso pasó con ellos ¿Qué nos hace confiar en una raza como los saiyajin que se rumorea que son incluso peor a ellos?
—Los Tsufurujín están ganando esta batalla.— Reconoció con pesadumbre la princesa, logrando transmitir esa emoción en el anciano.— El ejército Saiyajin por el momento está por debajo de sus fuerzas. De quien debe protegerse es de las tropas de Paragus, ellos son los verdaderos enemigos en todo esto. Yo...yo también desconfiaba de los Saiyajin...—Susurró por debajo mirando al cuerpo inconsciente del príncipe.—Pero puedo asegurarle que en esta guerra, ellos son nuestra esperanza para poder ser libres de las garras de los Densetsu... Usted no sabe de lo capaz que pueden ser Paragus como su hijo en destruir todo por su sed de poder. Si dejamos que los Tsufurujín ganen la guerra, será nuestro fin...
—¿Entonces cómo pretende ayudarnos si usted misma está confirmando que los Saiyajin no pueden contra los Tsufurujín?
—Porqué gracias a usted, encontramos al único ser capaz que puede derrotarlos.— La mirada llena de orgullo y luz volvió a posarse hacia la imagen de Vegeta, siendo esta vez el anciano quien no comprendía las palabras de la mujer.— Le aseguro que usted no corre peligro con nosotros. Y en agradecimiento por haber salvado a este hombre, cuenta su pueblo con la protección del ejército Saiyajin.
—¿De qué hablas niña? ¿Y ese hombre que está entre la vida y la muerte cómo podría derrotar al ejército contrario? ¿Es una broma?
—Este hombre que usted ve aquí, es Vegeta Ouji, el…
—¡Kami-Sama! —Exclamó perturbado el anciano dejando caer de golpe su bastón como al mismo tiempo retrocediendo nerviosamente.—No puede ser posible…¿Es el príncipe Vegeta?
—El es nuestra única esperanza para derrotar a las tropas enemigas…
—Pero niña ¡Ve el estado en que se encuentra!
—¡Lo sé! —Replicó desesperada.—Esto se lo hizo Broly, el hijo de Paragus. Usted sabe de antemano la bestialidad con la que el príncipe de Tsufuru actúa y que hasta el momento ninguno ha sobrevivido a un enfrentamiento con él. Sin embargo Vegeta sigue vivo, usted mismo lo dijo ¡Es demasiado fuerte para seguir con vida después de la brutalidad con la que fue enfrentado!
El anciano parpadeo confundido al escuchar las palabras de la princesa. Miró nuevamente a la imagen del moreno ¿Con que todo esté tiempo estuvo cuidando al príncipe Vegeta? Ni el mismo se podía creer algo como eso. Podría tomar de loca a la muchacha, pero si había algo de cierto en todas sus palabras fue el hecho que ese hombre pudo sobrevivir al ataque tan brutal que recibió. Sin duda alguna era un ser demasiado fuerte.
Depositó de nuevo su atención en la muchacha y le sorprendió la peculiaridad con la que ella observaba al príncipe. En sus ojos agua marinos se podía ver reflejado el dolor y angustia por ver al príncipe en ese estado. Le regalaba leves caricias con sus frágiles dedos pasando por su nariz y frente, tocándolo con dulzura y suavidad, procurando que con sus caricias no fueran a lastimarlo. Muten Roshi no perdió reparó en esos detalles, por lo que en ese momento le causaba más curiosidad ella ¿Quien era? ¿Cuál era la relación que mantenía con el príncipe saiyajin? Porque si había algo ese cierto es que aquella muchachita era de suma importancia en el hombre y no necesito ver cómo ella lo trataba para comprobar sus sospechas, pues mucho antes de su aparición el ya había oído de ella.
—Bul...Bulma…
La aludida brinco sobre su lugar al escuchar las súplicas de su nombre en los labios del príncipe. Sus ojos brillaron esperanzados sujetando con más fuerza la mano del moreno. Su corazón dio un gran vuelco en su pecho, poder escuchar la voz de Vegeta de nuevo causaba en ella un impacto que le hizo vibrar cada fibra de su cuerpo.
—Desde que lo encontré, entre sus delirios es lo único que menciona. — La voz del anciano trajo de nuevo a la realidad a la princesa.— Todo lo que ha hecho en este tiempo es implorar tu nombre...— Sintió cómo su cuerpo se tenso al escucharlo decir aquello, su estómago se comprimió y su corazón dio un enorme vuelco. Sus ojos brillaban como nunca, no se veía conmoción en ellos claro; si no alguien que con esa simple afirmación que acabo de escuchar produjera en ella un efecto enérgico.—Misma razón por la cual al saber cómo te llamas supuse que a quién buscabas era a él.
—Debemos hacer algo.—Musitó aún consternada la princesa, mirando de nuevo al anciano frente a ella.— No puede seguir mucho tiempo en estas condiciones ¡Puede morir!
—Por el momento lo peor ya pasó.—Se acercó más al cuerpo del príncipe, examinándolo con detenimiento. El hombre jadeaba entre sueños, se veía como su pecho subía y bajaba al mismo tiempo que respiraba con dificultad. Su rostro se empapó de su propio sudor y su entrecejo se fruncía en una mueca de dolor. Sus labios se veían secos y blancos, así como un par de ojeras oscuras resaltaban bajo sus ojos.— Cuando lo encontramos creí que moriría al poco tiempo. Sigue luchando por aferrarse a la vida, pero si lo dejamos como está no durará mucho el príncipe.
—¿Qué podemos hacer? —En su voz se veía reflejado la desesperación del momento, cada segundo que pasaba ahí sin poder hacer algo por Vegeta sentía que moriría.—¿Algún remedio del que usted sepa?
—He hecho todo lo que está al alcance de mi mano. Me preocupa principalmente la herida del pecho, se puede ver que por la profundidad por la cual fue provocada deduzco que se pudo haber tratado de algún metal filoso. Afortunadamente no afectó algún órgano, pero si no cicatriza de buena manera se puede llegar a infectar la herida y esto provocará peores resultados.
—Tiene que haber una manera...—Habló más para ella comenzando a caminar en un leve vaivén. Su mente comenzó a trabajar a mil por hora, no podía dejar a Vegeta en ese estado, debía actuar desde ya o jamás se lo perdonaría. Sus ojos súbitamente se abrieron, se iluminaron de tal manera que la energía que reflejaba en ellos pudo transmitirla al anciano Roshi, a decir verdad le causaba curiosidad aquella peculiar mujer, ni siquiera sabía quién era pero debía reconocer que emanaba un aura bastante llena de vida. —Debemos cubrir la herida con alguna solución salina...—Susurró tomando su propio mentón con su mano derecha, mientras que la otra libre la traía sujetando su cintura, al mismo tiempo que fruncía sus delgadas cejas regalándole un aire calculador.— También necesitamos plantas de sauco, hay que realizar una infusión para así evitar que la fiebre se esté elevando…
—Creo tener algo de lo que mencionas.—Su expresión era grave, pero en sus ojos se podían vislumbrar cierta admiración hacia la mujer por cómo estaba actuando en aquel momento. — Conseguiré lo necesario y calcularé las porciones necesarias. Mientras tanto dejaré la situación en tus manos.
Se limitaron a intercambiar un par de miradas, uno expresando confidencialidad en ella, mientras que la princesa emanaba en cada poro eterna gratitud a ese desconocido por todo lo que estaba haciendo por el príncipe saiyajin.
Muten Roshi salió del pequeño cuarto dejando solos a ambos príncipes, a lo que Bulma inmediatamente se inclinó para estar lo más próximo al príncipe, necesitaba poder sentirlo, quería socorrerlo de alguna manera y que pudiera escucharla, que estaba de vuelta, junto a él. Junto a la cama del príncipe se encontraba un bote con agua y algunas compresas, a lo que Bulma remojó una de ellas para después colocarla en su frente, haciendo todo con el más mínimo cuidado de no lastimarlo. Suavemente le puso la mano en su mejilla y sintió como su apenas visible barba oscura le rascaba sus delgados dedos. Sumergido en su delirio, Vegeta giró su rostro hacia la suavidad de la mano de ella, cómo si por puro instinto buscará su calor, dejando escapar un suspiro mudo de su boca y pecho.
Si veía todo el desarrollo que se había dado entre ellos dos de forma retrospectiva, cualquiera indudablemente la tacharía de estar loca por querer a un hombre como él, aquel quien en un principio la juzgo sin siquiera conocerla y aún encima de ello, ocultó una verdad demasiado importante para ella como engañarla sobre su verdadero origen. Tenía bastantes motivos para irse y dejarlo varado en la nada, sin embargo al mirar su cuerpo desvalido Bulma supo que ningún otro hombre significaría para ella lo mismo que Vegeta, aquel príncipe que a pesar de todo, él había estado dispuesto a dar su vida por ella para salvarla y dejarla ser libre.
—Vegeta...—Su voz sonó en un pequeño susurro, tan sutil y dulce cómo si con esa acción quisiera que fuese un bálsamo para él. Se acomodó sentándose junto a su cuerpo, y con su mano libre la apoyó sobre una de las manos del moreno que descansaba sobre su propio pecho. Sin querer lastimarlo, lentamente se fue inclinando para apoyar su frente contra la de él y a su vez sus narices se rozaron. Fijó su vista en los labios del moreno, que lucían pálidos y cuarteados producto de las fiebres, deseó tanto en ese momento tener algún ungüento en sus manos para untárselo y curarlo, pero el único bálsamo que disponía en aquel instante eran sus propios labios. Necesitaba besarlo, transmitirle calidez a través de la suavidad de sus labios, quería ser lo suficiente para él, poderle hacer sentir que ella estaba de vuelta…—He regresado…—Sonrió contra la boca de él, no sin aún pegar sus labios.—Ahora yo te salvaré, mi príncipe, tienes que vivir…—Cerró sus ojos y aspiró toda la esencia del hombre. Se había vuelto adicta a él en todas las formas posibles, a su cuerpo, su aroma, sus gestos, movimientos, sonrisas, enojos, lo quería y necesitaba de una manera u otra, era un sentimiento bastante avasallador para la joven princesa que incluso le quemaba el pecho de tan solo pensarlo.—Tienes…tienes que vivir, sé que es lo que ahora quiero y es permanecer junto a ti.
En un movimiento un poco lento y torpe, junto sus labios a los de él provocando que con esa simple y sutil caricia le recorriera una descarga eléctrica de pies a cabeza. A pesar del estado del príncipe, al verlo su fuerza y fe creció en ella, Vegeta estaba vivo y eso no se comparaba con cualquier otro tipo de felicidad en ese momento, para ella tenerlo a su lado era el mejor motor; lucharía por todos, por su familia, por sus amigos, por su pueblo, por él. La mano que reposaba sobre la del saiyajin sintió un pequeño cosquilleo obligándola a separar sus labios a los de él. Bajó su vista agua marina hacia aquel peculiar movimiento y su corazón casi se salió de su pecho al presenciar aquello; la mano de Vegeta envolvió levemente la suya, y aunque él siguiera en estado inconsciente con ese pequeño movimiento le dio a entender a Bulma que ahí estaba, atento a su presencia.
Los ojos de ella brillaron y se llenaron de lágrimas, estaba conmocionada y feliz, estaba segura que Vegeta se salvaría. Una hermosa y enorme sonrisa se escapó de sus labios, del mismo modo apretó más la mano del saiyajin, haciéndole sentir que ella lo estaba escuchando a través de sus caricias.
—Te prometo que pronto todo esto acabará, Vegeta.—Sonrió esperanzada, acariciando más las mejillas de él.—Tengo la fe que todo esto pronto terminará, pronto seremos libres…
...
Despertó con un dolor insoportable en la nuca de su cabeza. Sentía que todo a su alrededor le daba vueltas y sus ojos que poco a poco se iba acostumbrando a la plena luz del día fueron los primeros en recibir los estragos de la luz molestando en él.
Se levantó lentamente hasta recargar su espalda contra la pared sólida y rasposa que yacía detrás de él. Miró a su alrededor y nada de ahí se le hacía familiar. Era un lugar bastante vegetativo, en el centro habitaba leña que con anterioridad ya había sido consumida por las llamas del fuego. Pocos campamentos se veían alrededor, no se comparaban con el número de los batallones con los que salía en expedición y lo que más le causó curiosidad fue ver a las personas que realizaban sus actividades pasando al frente de él como si no existiera.
Necesitaba explicaciones, por más que intentara recordar a su mente no le llegaba alguna explicación del porque se encontraba en aquel lugar y rodeado de todas esas personas.
Intentó ponerse de pie pero el dolor en su nuca lo hizo des balancear obligándolo a quedar nuevamente sentado. Se llevó una de sus manos hacia el dolor punzante y para su mayor asombro se encontró con algunas manchas de sangre en sus dedos. Sin duda alguna aquello lo hizo enfurecer más de la medida ¡Alguien lo había atacado!
Antes de tan siquiera volver a incorporarse, sintió un pequeño roce en su antebrazo derecho que lo hizo retroceder inmediatamente y poner una pose de defensa con sus puños hacia quien osaba de tocarlo. Imaginó cualquier rostro menos el que se presentó frente a él ¿Estaba muerto? Tal vez, ahora podía tener más coherencia al no saber cuál era su paradero exacto y pudo llegar a tal conclusión por la imagen que se mostraba en su compañía; eran los ojos más dulces y misericordiosos jamás había visto en toda su vida. Parpadeó lentamente, bajó la guardia en el momento que su mirada se cruzó con aquella que poseía de un color bastante hermoso, esos ojos lila que iban más allá de la dulzura que expresaba a través de ellos.
La mujer frente a él se limitó a alejar ávidamente su mano de su cercanía y retrocedió un paso aún estando arrodillada frente al saiyajin, sin embargo al mirarlo fijamente dejó escapar una sonrisa de sus labios ¿Era un especia de ángel o algo por el estilo? No, definitivamente no estaba muerto, lo más seguro es que si fuera algo así el terminaría en el infierno. Pero no pudo evitar que al verla sonreír su cuerpo se congeló por completo, una reacción bastante extraña, se sintió tan incomodo consigo mismo, ni siquiera Bulma que era hasta el momento la única mujer que lograba generar un impacto en él provocaba lo mismo que aquella extraña la cual regalaba la sonrisa más hermosa de todas y un escalofrío recorría toda su espina dorsal al ver esa reacción.
— ¿Te encuentras bien? —Su voz era tan suave, bastante dulce para su gusto pero resultaba ser encantador a su agudo oído, la encontraba bastante melodiosa y gentil. — Creo que sí se pasaron un poco contigo.
Raditz nuevamente parpadeó confundido, aún no lograba comprender donde estaba ni con quien, claro aquella muchachita frente a él no le daba mala espina, al contrario, irradiaba ternura cada que hablaba o lo miraba, pero aún así no lograba comprender la razón por la cual se encontraba varado en ese sitio.
—¡Vaya! Hasta que despertaste.
Esa voz cantarina inmediatamente la reconoció, no podía tratarse de alguien más que el tonto de su hermano, con solo oírlo podía reconocerlo incluso teniendo los ojos cerrados. Goku por su parte llegó acompañado junto con un sujeto bastante bajo y calvo, que desde lejos venían entablando una conversación como si se conocieran de toda la vida.
Raditz frunció más su entrecejo molesto ¿Qué significaba todo esto? Ahora que recordaba, la última vez que estuvo consiente fue cuando estaba entrenando a Bulma y de pronto los capturaron. Esta vez sí se logró poner de pie, teniendo ahora a su alrededor a su hermano, junto con el hombre calvo y la mujer de ojos hermosos.
—Por lo que veo, sí te golpearon fuerte.—Añadió con su típico humor despreocupado, contagiando con su risa al calvo junto a él, pero inmediatamente el extraño borro su risa al encontrarse con el gesto mal humorado de Raditz.—Ya es medio día, para ser sinceros pensé que tu inconsciencia duraría solo un par de horas ¡No toda la noche!
—¡Cierra la boca Kakarotto! —Bramó iracundo haciendo retroceder al calvo, mientras que Goku solo se llevó sus manos a su nuca en su típico gesto nervioso. En cuanto a la mujer, todo el momento permaneció en silencio.— ¿Dónde estamos? ¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde está Bulma?
—¡Tranquilo! —Le interrumpió su hermano colocando ambas palmas frente él.— Estamos con refugiados de Kamenin, un pueblo que se encuentra a orillas de Vegetaseí. Él es Krillin, mano derecha del líder de la aldea…—El calvo avanzó estirando su brazo con la intención de ser saludado, pero jamás llego tal gesto por parte del malhumorado saiyajin.—Y ella es Tanmen, no es Kamenin pero su pueblo fue uno de los atacados por las tropas Tsufurujín, así como ella y mucho más se han unido a los refugiados de Kamenin. ¡Oh! Les presento a mi hermano mayor, Raditz.
El aludido estuvo a punto de protestar de nuevo, pero al escuchar el nombre y origen de aquella mujer de mirada intrigante le despertó su interés, al menos ahora sabía cómo se llamaba aquella mujer de mirada de ángel. Intentó disimuladamente buscarla con la mirada y para su sorpresa la encontró mirándolo con mucho más detenimiento, se veía bastante interesada en lo que él fuera a decir a continuación, y al ver la forma tan dulce y curiosa en como lo observaba se sintió bastante intimidado ¡Inaudito! Era de reírse, las mejillas del moreno tomaron un adorable color carmín que aunque no fue percibida tal reacción ante los dos hombres presentes, para la mujer fue suficiente para dejar una impresión en ella.
—Raditz, hay algo que debes saber.— El nombrado se sorprendió al escuchar su nombre. Arrugó su entrecejo fastidiado ¡¿Qué le pasaba?! Estaba actuando como un adolescente, no le gustaba sentirse así de…vulnerable frente a una extraña, como ella. —Encontramos al príncipe Vegeta.
— ¿Cómo? — La sorpresa fue evidente en su rostro, dejó de lado toda muestra de enojo e incomodes a dar paso a una de emoción y dicha, genuina dicha. —¿Dónde está Kakarotto? ¿Cómo se encuentra?
—¿Cómo estás tan seguro que su príncipe no está muerto? —Musitó la joven, quien después de permanecer muchos minutos en silencio se atrevió a hablar. Goku esperó una reacción ofendida por parte de su hermano, no obstante le sorprendió la forma en cómo Raditz se limito a lanzarle una mirada a aquella chica cargada de asombro.
—Los saiyajin somos guerreros fuertes.—Explico el moreno utilizando un tono neutral jamás antes visto en él en una pregunta como ella. Incluso parecía estar entusiasmado de responder aquella interrogante, y más aún la joven quien le devolvió una sonrisa maravillada de escuchar algo cómo ello.— El príncipe Vegeta es lo suficientemente fuerte para dejarse vencer de alguien como la escoria de Broly.
—Aún así está muy débil.—Intervino de nuevo Goku.— Lo encontraron en un muy mal estado. Fue un milagro que sobreviviera a toda la brutalidad de la cual fue sometido…
—¿Dónde lo tienen en este momento? ¡Debemos llevarlo de vuelta al castillo! Ahí lo atenderán como debe ser.
—No es recomendable moverlo en ese estado, por lo mientras.— Ahora fue el turno de Krillin, quien debatió entre intervenir a la conversación ya que le causaba algo de miedo aquel gran sujeto de melena larga.— Su estado es delicado, ha perdido mucha sangre por lo que tiene que recuperarse. Además si lo exponen, puede correr peligro de infectarse la herida de su pecho.
—¡Los cuidados de aquí no serán suficientes! —Bramó enérgico el saiyajin, esta vez depositando su entera atención en su hermano.— Sí se muere aquí ¡No te lo perdonaré!
—¡Tranquilízate Raditz! Te aseguro que el príncipe Vegeta está mucho mejor aquí que en Vegetaseí. Solo razona hermano ¿No crees que es peligroso llevarlo en ese estado hacia allá? Sus enemigos están al acecho esperando cualquier indicio que les diga si él está vivo o no. Si se enteran de su regreso lo más seguro es que no dudarán esta vez en matarlo de una vez por todas.—Suspiró cansado.—Además en este momento Bulma y el líder de Kamenin se están encargando de cuidarlo y sanarl…¡Oye!
Goku no terminó de explicarle a su hermano cuando lo vio salir ávidamente hacia la dirección opuesta de donde él estaba. Lo siguió con la mirada y vio el paso determinado del saiyajin en dirección de cierta persona que se encontraba saliendo de la tienda de donde se encontraba el príncipe Vegeta. Raditz no lo dudo ni un segundo más, en cuanto su mirada se cruzó con aquella figura que reconocía de memoria no dudo en ir tras ella.
Bulma quien llevaba en sus manos el balde de agua con compresas, iba en busca de más agua limpia para hacer el cambio por unas limpias. Se veía bastante cansada, no durmió durante toda la noche por estar velando al príncipe, pues toda la noche estuvo sufriendo de sus incontables fiebres, además de que a cada hora debía estar haciendo los lavados salinos en la herida. Tan sumergida iba en sus pensamientos que no sintió cuando una mano la jaló con fuerza de su antebrazo obligándola a des tambalear y por ende tirar los objetos al suelo.
—¿Raditz? —Susurró asombrada, sin embargo ese sentimiento pasó en cuestión de segundos a uno molesta, provocando con ello cortar con el contacto del hombre.—¡Oh demonios! ¿Pero a ti que te sucede? ¡Por poco me matas de un susto!
—¿Dónde está el príncipe Vegeta? —Saltó exasperado, haciendo que ella retrocediera un par de pasos por su comportamiento impulsivo.— No pienso dejar que se muera en un lugar como este.
—¿Un lugar como este? Pues para tu información, gracias a esta gente pudimos encontrar a Vegeta. Si no fuera por ellos, tal vez para este punto él estaría muerto ¡Deberías estar agradecido que coincidimos con ellos!
—Sabes a lo que me refiero.—Continuó utilizando el mismo tono.— Este lugar no tiene las condiciones adecuadas para mantener al príncipe en buen estado. En el castillo será mejor atendido…
—Entiendo tu punto. Lamentablemente esta comunidad cuenta con pocos recursos debido al desbasto de la guerra. Pero no es conveniente mover a Vegeta, no como está y tú puedes corroborarlo con tus propios ojos.
Bulma no lo dejó continuar más con sus oposiciones, se limitó a guiarlo a donde el príncipe, para el mismo comprobara que la situación era más difícil de lo sé que veía.
Raditz siguió a la peli azul en pleno mutismo. Observaba con total atención todo a su lugar, y mayor aún cuando se adentraron a aquella tienda que parecía tener pinta de un puesto de curandero. El lugar olía a muchas hiervas por donde quiera, la luz solar casi no penetraba con fuerza el sitio y sumándole el hecho que por el techo colgaban cientos de atrapa sueños y demás colgantes le daba un aspecto mucho más peculiar.
La vio meterse por una pequeña puerta, a lo que él tuvo que inclinarse para poder pasar por ella y no chocar; y al ver la imagen frente a él lo dejó sin palabra alguna.
—Lo ves.—Susurró por debajo ella, utilizando ese tono para no incomodar al príncipe.—Como lo comprobarás, es demasiado riesgoso exponerlo en esas condiciones.
El saiyajin no sabía que palabras decir en aquel momento, solo pudo sentir ira e impotencia. Apretó las palmas de su mano formando un puño ¡El maldijo de Broly pagaría por esa humillación!
—Ese hijo de perra…—Musitó el soldado, temblando de impotencia mientras sus orbes oscuros no daban reparo ante la imagen del príncipe.—¡Pagará muy caro!
—Estamos haciendo todo lo posible para evitar que la herida de su pecho se infecte. Fue tan profunda que está imposibilitando dejar que cicatrice rápidamente. El viejo Roshi calcula que lleva en este estado al menos un mes…
—Es el tiempo que llevaba desaparecido…
—Me dijo que pronto estaría por germinar una semilla muy poderosa…—Susurró pensativa.— No recuerdo su nombre, pero una de las razones por las cuales se esconden es por el valioso poder de sanación que contiene. Él me aseguró que una vez que Vegeta la ingiera, renacerá con mayor fuerza.
—No deberías creerte todas las fantasías, mujer.
—Créeme que para este punto, me aferro a cualquier posibilidad que haga despertar a Vegeta…
La mirada de ella se perdió por completo en la figura del príncipe, quien por el momento descansaba sin pasar fiebre alguna. Era inevitable no darte cuenta lo mal que lo estaba pasando ella y no precisamente por el cansancio si no que era transparente el dolor que sentía al ver a Vegeta en ese estado, ella sufría con él, ella sentía su dolor y la desesperación por querer hacer algo por él era evidente en sus ojos tristes.
Raditz apreció cada rasgo en ella, la forma tan devota en como miraba a su príncipe y al ver el dolor reflejado en sus ojos oceánicos pudo comprobar que en realidad, tanto ella como el príncipe habían creado un lazo único. La mirada de ella en ese momento era la misma que tenía el príncipe cuando abandonaron las tierras del Oeste, lo de ellos era real.
—Entonces todo era cierto…—Musitó más para sí mismo el hombre. Bulma parpadeó confundida hacia su dirección, pues pudo escuchar en su voz un toque melancólico, algo nada común en ese saiyajin.— Todos los rumores entre el príncipe y tú siempre fueron ciertos.
Las mejillas de ella se iluminaron de carmín al escuchar al soldado, estaba consciente de todo lo que se habló de ella y Vegeta, pero asumir algo como ello frente a sus conocidos le resultaba un tanto incómodo. No sabía exactamente como denominar aquel vínculo que se formó entre el príncipe y ella, pero de lo que sí estaba segura es que lo que sentía por Vegeta era tan avasallador, tanto que se le escapaba de las manos las emociones que vibraban por él.
—Sé que se ha hablado mucho de nosotros.—Los ojos de ella se depositaron contra los del soldado, encontrando en su mirada un rastro de decepción y tristeza en ellos. Su cuerpo menudo de ella se estremeció, no le gustó ver aquella faceta en el duro soldado, sentía que él tenía algo que decirle y no estaba segura de lo que se podría avecinar.— Y a pesar de todos los rumores que nos rodean, puedo decirte con seguridad que…
—Lo sé.—Le interrumpió desviando su rostro incomodo por la conversación a donde se estaba desviando.—Me queda bastante que lo que sientes por el príncipe es real.
Ella lo miró consternada ¿De verdad estaba creyéndole por primera vez? Sus ojos se iluminaron y una hermosa sonrisa decoró su rostro. Raditz decidió que lo mejor que podía hacer era salirse de ese lugar, estaba resultando ser asfixiante, odiaba cuando ella sonreía de esa manera tan…tan ella.
Decidido, giró sobre sus talones dispuesto a irse pero las suaves manos de ella impidieron su ávida huída. Siguió el sendero de las manos de ella donde reposaban en sus brazos, pasando por su menuda figura que lucía bastante cansada y de detuvo ante ese rostro; a pesar del cansancio de la mujer se veía bastante extasiada ¡Incluso podía jurar que llena de energía! Arqueó sus cejas confundido ¿Qué había hecho él, para que lo mirara de esa forma? Basta…odiaba cuando hacía eso.
—No sabes lo feliz que me hace escucharte decir eso.—La sinceridad en sus palabras era palpable, creando en el moreno una tensión por verla tan conmocionada con ello.— A pesar de todo, siempre te he considerado un amigo muy allegado para mí.—Rió por debajo.— Yo sé que aunque trates de ser duro conmigo no me odias. Yo te aprecio y mucho. Gracias por creer en mí.
—Estás equivocada.—Su voz sonó más ronca de lo que le hubiera gustado, era una careta que estaba utilizando para no reflejar sus verdaderas emociones con esa mujer insoportable.— Yo sí te odio.
—¿Sí? ¿Por qué me odias, granuja? —Sonrió ella negando con su cabeza divertida ¿Qué tenía esto de divertido? ¿Se estaba burlando de él? —Dame un verdadero motivo para creer tu odio hacia mí.
—Por ser tan tú. —Soltó molesto, obligando esta vez a ella a dejar su expresión divertida en su rostro a dar paso a una confundida.— Siempre tienes esa forma de sonreír que me incomoda. Solo tú sabes que decir, que hacer o como actuar para dejar una impresión en los demás. Te odio porque tienes carácter y jamás te das por vencida. Odio que siempre encuentras lo mejor en las personas aunque sean un demonio y eso me incluye…odio lo inteligente que eres y lo perseverante que eres para alcanzar tu libertad. Odio que tú has sido la primer mujer que ha generado un impacto en mí al punto en que me haces sentir extraño…y vulnerable.
El pecho de Bulma se oprimió al escuchar aquella confesión por parte de su ex escolta. Se podía ver nervioso y sonrojado, como al mismo tiempo molesto consigo mismo por haberle expresado sus sentimientos reprimidos a ella.
Para él, aquella princesa de cabellos como el mar había dejado una impresión que jamás imaginó llegar a experimentar alguna vez, y jamás lo esperó sentir con ella. Podía entender al príncipe Vegeta, cualquiera caería ante los encantos de ella, y no solo se refería a sus bondades físicas si no a su esencia; Bulma era una mujer peculiar, con agallas y valentía, con una inteligencia que no dejaba cada día de sorprenderlo y su tenacidad por salvar a los que amaba, sin duda alguna le costaba aceptar que él también había quedado prendado a ella.
La princesa desvió su mirada al sentir la oscura del soldado en ella. Esto jamás lo esperó escuchar de sus labios, ¡Era Raditz! Jamás dio una señal de interés por ella y hora estaban lado a lado, el exponiendo sus sentimientos a ella. No pudo evitar sentirse halagada y al mismo tiempo conmocionada, a pesar de la rudeza del soldado ahora en esos momentos parecía ser un niño ansioso e incomodo esperando por una respuesta.
Sentía sus mejillas arder ¿Qué le podía decir ante algo como aquello? Levantó su mirada oceánica hacia la del hombre y por primera vez en mucho tiempo se dio cuenta que el la miraba con asombro, sus ojos brillaban. Se sintió mal en ese momento no corresponderle a sus sentimientos, ella lo consideraba su amigo, incluso se atrevía a decir que el mejor de todos ya que con él fue quien convivió más tiempo.
—Yo…—Susurró incomoda, abrazándose a sí misma mientras mordía su labio inferior intentando encontrar palabras para ese instante.— Raditz…yo…
—No tienes nada que decir.—Le cortó seguro. Ella creyó que el enfurecería al no corresponderle sus sentimientos al notar la graves de sus voz, por lo que alarmada retrocedió un par de pasos como defensa. Broly no reaccionó bien cuando lo rechazó, ¿Pasaría lo mismo con su ex escolta? — Yo sé que no hay respuesta de tu parte. Desde un inicio siempre me quedó claro lo que sucedía entre tú y el príncipe Vegeta. Jamás intentaría ofender a la mujer del príncipe, mi deber es cuidarte como él me lo encomendó y porque…jamás dejaré que algo te suceda mientras yo esté a tu lado.
—Raditz…—Susurró pesadamente.—Vaya, nunca imaginé que tú…sintieras algo así por mí.—Confesó.— Yo…lo siento…—Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras que sus manos se las llevó a su boca intentando poder formular una palabra coherente, pero no podía, se sentía bastante extrañada. El moreno por su parte se limitó a permanecer en silencio, no le agradaba verla llorar y peor aun que él fuera el motivo.— No quiero que me odies…¿Estás molesto?
—¿Por qué debería estar molesto?
—Por no corresponder a tus sentimientos…
—Siempre supe que así sería.—Reconoció seguro de sus palabras, aunque dejando escapar un suspiro pesado por lo que representaban.— Desde la vez que curaste al príncipe cuando fue atacado en el bosque, al ver la preocupación en ti me dejo la incertidumbre en la atención que le dabas a alguien que solías aborrecer en un inicio. Pero mis sospechas quedaron más claras desde Capsule. Siempre puse una barrera para que no te dieras cuenta de lo cuan vulnerable puedo ser en tu compañía, pero tu atención siempre estuvo depositada en el príncipe por lo cual jamás ibas a darte cuenta de ello al menos que yo dijera alguna palabra, como en este momento…
—Raditz…
—Te repito que no tienes que decir nada.—Volvió a interrumpir.—No te veas obligada a responder por compromiso. Yo respeto lo que sea que esté ocurriendo entre tú y el príncipe. Simplemente que…mis palabras traicionaron a mi mente, si guardé silencio todo este tiempo fue por lo mismo, no pretendo incomodarte o alejarte…que cambies tu concepto así mí, ya…ya sabes…
—Yo jamás cambiaría mi concepto hacia ti por tus sentimientos.—Le sonrió.—Eres importante para mí, y mayor aún después de escuchar tu sinceridad por mí.
El soldado estuvo a punto de responderle, pero solo sintió como unos delgados brazos lo rodearon de su cintura. Parpadeó confundido por el rápido movimiento de la princesa ¿Cómo había llegado tan pronto con él? Sus mejillas se tiñeron de bermellón al verla prendada a él, sabía que el afecto que profesaba ella a él era absolutamente amistoso, pero aun así le resultaba incomodo y tentador tenerla en su cercanía.
—Gracias.—Sonrió ella abrazándolo con más fuerza hundiendo más su rostro contra el pecho del moreno.
—¿De…de qué? — A pesar que ella estaba aferrada a su cuerpo, el seguía permaneciendo con los brazos al aire como si con ello evitara quemarse con su presencia. Quería quitarla, pero no podía negar que sentir la cercanía de ella era demasiado agradable.
—Por demostrarme que la libertad es la máxima expresión de amor.
El soldado deshizo el contacto ella más incomodo de lo que estaba, esas palabras lo dejaron con el rostro colorado y podía jurar sentir los latidos de su corazón que golpeaban con fuerza contra su pecho.
La princesa por su parte, se separó de su cercanía al mismo tiempo que limpiaba las pocas lágrimas que se quedaron en sus mejillas. Ahora su atención se depositó de nuevo en el príncipe que yacía inconsciente sobre la cama, y sus ojos brillaron con fuerza, encontrando dolorosamente Raditz que ese brillo peculiar solo el príncipe podía evocar tal efecto en ella.
—¿Sabes? —Continuó ella.— Siempre le pregunté porque me quería a su lado, que me diera una razón por la cual se aferraba a dejarme junto a él…—Sonrió melancólica.—Claro, Vegeta jamás me respondió o al menos no como yo quería…
—El príncipe estaría dispuesto a dar su vida por la tuya, aquí está el resultado de ello. No le importó ir a enfrentar a Broly aunque tuviera todas las probabilidades de perder, él solo quería dejarte ser libre de ese mal nacido.
—Lo sé.—Le sonrió volviéndolo a mirar.— Mi error fue no ver que Vegeta no es un hombre de palabras, si no de hechos. Siempre le pedí una contundente razón y al final si me la dio…—Suspiró.— Hizo el acto de amor más hermoso de todos…me dejo ir, ser libre. —Raditz parpadeó confundido, provocando en ella una sonrisa por ese gesto dulce de parte del grandulón.— He vivido encerrada tantos años, creyendo que el amor es aferrarse a alguien o algo, cuando es todo lo opuesto…antes prefieres ver feliz esa persona aunque no sea contigo…gracias por ello, Raditz.
El nombrado miró hacia el príncipe incomodo. Bulma por su parte se limitó a darle una sonrisa para imitarlo hacia donde se centraba su atención.
—¿Qué harás cuando todo termine?—La princesa frunció sus delgadas cejas sin comprender el interrogante de él.— ¿Te quedarás o irás tras tu libertad?
Ella solo sonrió ladina, era una pregunta que llevaba rondando su mente desde hace mucho tiempo. Su concepto que tenía por libertad sin duda alguna había cambiado. Se fijo en la imagen del príncipe, sumergido en su sueño y ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor.
—Creo que ya encontré mi libertad.
Raditz alzó su mirada hacia ella, encontrándola más hermosa de lo que era, mientras la mujer observaba con total amor y devoción al príncipe. Sí, definitivamente ella había encontrado su libertad, y él la ayudaría a que los malditos de su padre y Broly no le arrebataran aquella felicidad que estaba luchando por conseguir.
...
El dolor no se hizo esperar en su cuerpo, era tan punzante que quemaba, sin duda alguna no volvería a ser el mismo de antes.
Cómo pudo se puso de pie, aún sentía las heridas vivas, pues a pesar de tener mes y medio en esas condiciones para él era como sentir todo tan reciente.
Al dar el primer paso cerró sus ojos con fuerza víctima del dolor. La ira e impotencia lo invadió ¡Nada volvería a ser igual! Con esa nueva condición en él sería difícil volver al campo del batalla, se sentía tan inservible, solo sería una carga más. Maldijo al que le provocó su discapacidad, aquel ser demoniaco que estaba arrasando con todo a su paso y que solo esperaba a que un milagro pudiera detenerlo, pero ya era tarde, demasiado tarde.
Ajustó su prótesis a su pierna, apenas llevaba una semana tratándose de acostumbrar a ella pero estaba siendo más difícil de lo que se había imaginado. Al recargar el peso de su cuerpo contra su pierna mutilada sentía como su carne se abría y un escozor llegaba súbitamente a él. Tal vez era demasiado pronto para andar, pero estar tan asilado de todo lo que le sucedía era lo que más le angustiaba, al menos Raditz llegaba cada día para informarle lo que sucedía afuera de esas cuatro paredes, pero llevaba ya un mes desde que Raditz dejó de verlo, por lo que la situación le preocupo a sobre maneara; o si bien seguía en búsqueda del cuerpo del príncipe Vegeta o lo que tanto temía, muerto en batalla.
Gotas de sudor surcaban desde su frente, solo llevaba algunos pasos ya fuera de su alcoba al mismo tiempo que se iba sosteniendo de la pared para no resbalar. La humillación estaba presente en él, se supone que era la mano derecha del rey, sí el rey faltaba o alguno de sus hijo él tenía el deber de defender al reino que le había jurado lealtad, y sin embargo ahí estaba en aquel estado tan patético y deplorable.
Necesitaba saber información de todo, en cómo iba el ejercito saiyajin contra los de Tsufuru, sobre los pasos que daba Paragus, la situación actual de su pueblo y sobre todo saber qué medidas se estaban tomando para recuperar al príncipe Tarble, sí es que aún seguía.
—¡Señor Nappa!— Detuvo su andar al escuchar aquella voz que lo llamaba con suma insistencia. Afortunadamente su alcoba se encontraba en la planta baja, al menos no tendría su sufrir de utilizar escaleras. —¡Aún es muy pronto para que ande usted solo!
El nombrado giró para encontrarse con la muchacha que llegaba a su lado apresuradamente. La mujer que lucía preocupada por su estado lo ayudó en apoyarse en sus muletas que se iban resbalando. Su mirada de depositó en su prótesis mal puesta de madera, la conmoción y tristeza no se hizo esperar para aparecer en su rostro, nunca imaginó a verlo en ese estado, en realidad el panorama que se presentaba ante ellos jamás lo imaginó vivir.
—No podía soportar más encerrado en esas malditas cuatro paredes.—Escupió molesto el viejo guerrero reanudando su paso, solo que ahora en compañía de la mujer.—Tengo que saber lo que está sucediendo allá afuera, desde la desaparición de Raditz no he tenido la forma de estar al tanto…—Su voz se volvía más agitada debido al esfuerzo que realizaba.—Estoy harto que nadie me esté diciendo la verdad.
—Le juro que toda la información que le traigo es la que llego a escuchar por los pasillos.—Interrumpió alarmada la mujer.— No puedo acceder más información de la que se me permite…
—Lo sé Lunch, has sido de mucha ayuda en este mes, jamás te reclamaría algo por el estilo.—Descansó su espalda contra la pared, había avanzado varios metros en comparación con otras veces en sus intentos por salir, sin embargo esta vez soportó más el dolor.—Lo que sí es un hecho es que no te están informando toda la verdad.
—¿Cómo está seguro usted de eso, señor?
—Créeme, todos estos años conviviendo con esta gente me han enseñado en quien confiar y en quién no.—Suspiró pesadamente.—¿Venias a informarme algo? Ya que este pasillo solo conduce a las habitaciones…
—Sí, en realidad es algo que considero relevante.—Volteo hacia sus espaldas con la intención de no ser escuchada, últimamente las cosas en el castillo estaban demasiado delicadas al punto en que debías cuidar lo que salía de tu boca.— El general Parsley convocó una junta con todos los hombres más importantes del rey en el salón de reuniones, de hecho se está llevando a cabo en este momento, llevan encerrados desde la media mañana.
La noticia le tomó por sorpresa al viejo soldado, sabía que detrás de aquella junta había algo mal, era una corazonada que llevaba atormentándolo desde la muerte de los soberanos. Pero lo que más le inquietó fue que el no fuera acudido para aquella junta, el debía estar presente, después de todo era la mano derecha del rey y al no contar con la presencia de ambos príncipes cualquier toma de decisión pasaba a su mando.
Frunció sus cejas molesto, no le estaba gustando el proceder de Parsley hasta el momento, además sumándole el hecho que se estaba saltando su rango de poder dentro del trono real. Al principio no objetó alguna decisión, debido a su estado convaleciente lo mejor era que los guerreros más fuertes, tal caso era Parsley, lideraran por el momento, pero lo que si era un hecho es que desde su aislamiento nunca acudieron para saber de su estado y peor aun dejando de lado su opinión. Por lo poco que escuchaba de las voces de Raditz y ahora Lunch, sabía que algo estaban ocultando, había alguna razón por el semejante hermetismo que se vivía en el castillo, sin duda alguna era un mal presentimiento.
—Señor Nappa...— Notó que la muchacha lucía más nerviosa de lo normal, mordía su labio inferior en un tic nervioso y sus ojos azul se abrieron tan grande para ver otra vez a su alrededor si no había alguien más escuchando. —Hay algo que escuché…y…—Suspiró nerviosamente. Sentir la mirada insistente del viejo soldado sobre ella no le estaba ayudando mucho a abrirse, pero lo en que realidad le daba miedo era decir aquello que le veía perturbando desde la mañana.— Esto es muy serio…
—¡Vamos niña! Habla de una vez.
—Bueno…—Musitó dudosa.— Vi a Turles y a la señorita Celery hoy platicando por la mañana.—Nappa abrió los ojos sorprendido, ¿Qué hacía un soldado como Turles teniendo contacto con la hija del general? — Sin embargo…su trato era muy peculiar.
—¿Peculiar?
—Hasta donde tenía entendido, la señorita Celery era la candidata para ser la futura esposa del príncipe Vegeta ¿No? Bueno, ahora con lo de Bulma las cosas cambiaron pero…
—Niña por favor habla claro.—Soltó exasperado.— ¿Qué tiene que ver ellos en todo esto?
—Lo siento…—Susurró apenada. Sus mejillas se tiñeron de bermellón, para ella no era fácil decir lo que había visto, a decir verdad ella era una persona demasiada reservada por lo que pasar situaciones como aquella le resultaba embarazoso.—Vi a Turles y Celery besándose tras los muros del ala derecha del castillo.—El rostro que puso el viejo soldado fue todo un poema para la muchacha; mutaba entre el asombro e incredulidad, incluso lo vio parpadear pesadamente cómo si con esa simple acción lo ayudara a comprender la gravedad de la situación.— Ellos jamás se dieron cuenta de mi presencia, en realidad mi intención no era vigilarlos pero hubo un comentario por parte de la señorita Celery que me obligó a quedarme a escuchar el resto.
—Pero…¿Estás segura? —La vio a la muchacha asentir rápidamente con su cabeza ante su incredulidad. Si había alguna persona de la cual su veracidad era creíble sin duda era Lunch. Al ver la seguridad de sus palabras en sus ojos comprendió el tormento que cargaba la joven, ¡Por Kami-sama! Esto era real…—No…no puede ser…¿Qué fue lo que oíste?
—Al principio creí haber confundido a la señorita ¡Pero le aseguro que era ella! Y bueno, escuché que la señorita Celery le mencionaba a Turles que por fin habían ganado…
—¿Ganado?
—Sí…que…que su padre tomaría el lugar que siempre le perteneció. Mencionó algo sobre la familia real, que por fin habían pagado la humillación que les hicieron pasar, sobre todo el príncipe Vegeta.
Nappa no podía creer todo eso, a pesar que tenía sus sospechas de Parsley jamás imaginó que llevara la situación hasta ese punto. Miró a Lunch quien ella lucía nerviosa por haber dicho aquello, era entendible pues era un tema demasiado delicado como para que se viera expuesta.
¡Siempre lo supo! Ese miserable se traía algo en manos, todo este tiempo estuvo manteniendo un perfil bajo por lo que jamás levantaría sospechas para alcanzar sus ambiciones. Rabia y coraje emergieron dentro del pecho del viejo soldado ¡No dejaría esto impune! En nombre de su rey, de los príncipes y pueblo haría lo imposible para que se hiciera verdadera justicia.
—¿Qué hará, señor? —Nappa volvió a mirar a la joven al llamarlo. Se veía en su rostro la impotencia, sus venas frontales palpitaban y su rostro estaba demasiado rojo de la ira.
—Lo que debí haber hecho desde hace mucho tiempo.
...
Las puertas del gran salón se abrieron de par en par de un solo golpe. Los presentes miraron hacia el torbellino que perpetuó la instancia y muecas de asombro fueron las primeras en relucir en sus rostros.
Su mirada colérica se concentró en una persona en particular, quien este a su vez se puso de pie de un solo golpe ante semejante interrupción. Era un duelo, ninguno de los dos cedían, por lo que la tensión del momento comenzaba a traspasar paredes.
La ira era palpable en el rostro del viejo soldado, sus ojos negros eran un par de dagas que intentaban clavarse en el pecho de su adversario. Miró a cada uno de los presentes y notó la confusión en sus rostros al verlo de pie junto a ellos. Una sonrisa ladina decoró su rostro, seguro el malnacido les había hecho creer que él jamás se repondría de su carencia física, pero final mente ahí estaba dispuesto a dar la cara como un verdadero hombre.
—Lamento llegar tarde a la junta.—Lanzó con notable ironía el viejo soldado, logrando enfurecer más a su oponente.—Pero me temo que no me llegó a tiempo el aviso de dicha reunión.
—Sí mal no recuerdo, estás incapacito para participar.— Ahora fue el turno de Parsley quien lo miró de pies a cabeza con notable repudio en su rostro.—¿No se supone que deberías estar guardando cama? —Sonrió burlón al ver enojo en el calvo.—No estás en condiciones, además esta junta ya terminó. Señores, —Miró a su alrededor para llamar la atención de los presentes.— Eso es todo por hoy, realicen lo acordado.
Los presentes se retiraron de la sala dejando solos a Parsley y Nappa. Ambos hombres se miraban con total recelo. A decir verdad ninguno era santo de su devoción respectivamente y curiosamente en ese preciso momento su antipatía se transpiraba por cada poro de su piel.
Parsley jamás lo espero verlo de pie tan pronto, sin duda alguna no le agradaba verlo de nuevo y lleno de energía.
—¿Te sorprende verme repuesto? —Sonrió arrogante Nappa, agarrando impulso para avanzar con sus muletas de madera.— Cómo dicen, yerba mala nunca muere.
—En realidad me das lástima.—Ahora fue su turno de tomar un aire arrogante, borrando la confianza en el viejo soldado.—Es una pena lo que te sucedió, no quisiera estar en tu lugar. Me imagino la impotencia que se siente al verle convaleciente para reanudar a tu cargo por tu condición…¡Tienes todo mi apoyo, colega!
—El no tener una pierna no me hace menos. —Soltó con desprecio.— Puedo muy bien asumir mis cargos. Ahora dime ¿Por qué estás tomándote atribuciones que no te corresponden? Que no se te olvide que cualquier decisión antes debe ser avalada por mí en ausencia de la familia real. No se te olvide tu lugar que te corresponde.
La estruendosa risa de Parsley al escuchar sus palabras resonaron en toda la instancia. Nappa suspiró pesadamente, su mirada se intensificó en el, era evidente que el general estaba gozando de su posición al dejar atrás la típica careta para esconder sus verdaderas ambiciones.
—Lamento decirte esto, Nappa.—Sonrió con mayor soberbia comenzando a caminar en círculos alrededor del calvo.—No estás en condiciones para tomar decisiones. Estamos en medio de una guerra de la cual lo que menos queremos son estorbos.—Al ver el notable enojo en el guerrero, decidió seguir agregando;— El rey ha muerto como el príncipe Vegeta, mientras que el príncipe Tarble se encuentra desaparecido. El siguiente en mando eres tú pero debido a tu incapacidad es imposible que puedas participar en todo esto.
—Déjate de sermones, Parsley. Tú muy bien sabes que lo que menos te conviene en este momento es que yo esté al mando. Ahora tu dime una cosa ¿Te sientes victorioso teniendo fuera de tu camino a la familia Ouji? ¿Eso es lo que querías, no? —El rostro soberbio del general mutó a uno estupefacto y ofendido, lo que causó regocijo en Nappa al comprobar con sus propios ojos lo que tanto veía sospechando.— Hablemos claramente. Sé que tú has estado detrás de todo esto ¿Tuviste que vender a la familia real contra el enemigo para deshacerte de ellos? Ni siquiera tú eres lo capaz para lograr aquello por tu propia mano, maldito cobarde.
—¿Acaso la fiebre te está golpeando la cabeza? O no entiendo otra explicación para todas las estupideces que acabas de decir.
—Oh vamos.— Sonrió autosuficiente retándolo.— ¿Crees que no sé que tú mismo estás interfiriendo con el rescate del príncipe Tarble? Se supone que tú estás a mando del ejército más grande de Vegetaseí y curiosamente ninguno de tus hombres ha abandonado el castillo ¿Qué escondes?
—¿Se puede saber de donde estás sacando tanta estupidez? ¿Tú que vas a saber si llevas encerrado dos meses sin poner un pie en batalla? Haznos el favor de dejarnos a los competentes en realizar el trabajo mientras que tú vuelvas a encerrarte en tus delirios. No tengo tiempo para escuchar estupideces.
Parsley estaba dispuesto a abandonar el gran salón, pero Nappa nuevamente le interrumpió su paso colocándose frente a la puerta impidiendo su huída. Hastiado el general lo miró sin repudio aparente, provocando de nuevo una sonrisa ególatra en el guerrero.
—No creas que permitiré que todo esto caiga en tus manos.—Escupió Nappa con notable ira en su voz.—Podrás seguir engañando a todo los que quieras pero no a mí. Sé muy bien que tus intenciones no son para el bien de la familia real, ¡Tu quieres quedarte con algo que no te corresponde en lo más mínimo! —Gritó enervado.— No eres más que un cobarde que vendió su pueblo a las manos enemigo ¡Te juro que pagarás todo esto!
—¿Oh sí? —La en la mirada llena de odio por parte del general era tan palpable al punto en que Nappa se sintió amenazada, pero jamás intimidado.— ¿Y se puede saber que puede hacer un cojo como tú, contra mí? —Rió.— Te equivocas, viejo colega. No voy a permitir que nadie interfiera en mis planes y menos una persona como tú.
—¡Yo aquí mando! —Bramó el guerrero.— Y ahora tú…
—¡No! —Le interrumpió de golpe. Para Nappa fueron segundos decisivos pues cuando menos lo sintió, las manos del general se encontraban alrededor de su cuello sujetándolo con presión, obligándolo a soltar sus muletas y por ende pegándolo con brutalidad a la puerta.— Todo poder que ejercías quedó en otro plano.—Sonrió victorioso.—Precisamente fue esta junta, ahora yo soy el más fuerte por lo que todo lo que tenga que ver con Vegetaseí me pertenece ¡Yo tengo el poder ahora!
Nappa no daba consentimiento a lo que escuchaba ¡Inaudito! La ira lo golpeó al ver como ese maldito estaba obteniendo todo de la manera más vil y sucia. Forcejeó contra él sujetando las manos del general de su cuello para quitárselas de encima, y aunque utilizaba toda la fuerza a su alcance le era imposible tener un combate cuerpo a cuerpo justo debido a la debilidad por la que actualmente pasara por su estado físico.
—¡Tú no me vas a estropear mis planes!
Parsley arrojó con fuerza el cuerpo del viejo guerrero al suelo y su vez salió a paso apresurado del salón dejándolo completamente solo. Nappa por su parte intentaba poder recuperar el ritmo de su respiración agitada, sentía cómo la yugular de su cuello palpitaba con fuerza así como su pecho subía y bajaba súbitamente.
Lo que más le causó estragos fue su pierna, pues al impactar contra el suelo su peso cayó de golpe contra su prótesis, causando en él un gran grito por el dolor de sus aun recientes puntadas. Cómo pudo se arrastró para tomar su prótesis que ahora se encontraba rota a la mitad por el impacto, así como su pierna se comenzaba a salir gotas de sangre, seguramente sus puntos se habían abierto, pensó.
Antes de tan siquiera reaccionar, cuando menos se dio cuenta Parsley regresó al salón pero acompañado de cinco soldados. Al alzar su mirada se encontró con el rostro lleno de soberbia por parte del general, su mirada era burlona y autosuficientes.
—¡Ahí estás! —Alzó su voz el general señalándolo, quien a su vez los soldados apuntaron a Nappa con el filo de sus espadas.—¡Llévenselo a los calabozos! El es el verdadero traidor.
Nappa jadeó al sentir como los soldados se lo llevaban en contra de su voluntad. Lo último que pudo hacer fue forcejear y maldecir en voz alta a Parsley por semejante injusticia.
El general por su parte se limitó a observar desde su posición como se llevaban al quien era la mano derecha de su antiguo rey, regocijándose con aquella postal. Sin duda alguna era un problema menos para realizar sus planes.
...
Cayó de espaldas sobre el firme terreno, sintiendo como cuerpo impactaba de tal forma que pronto le dejaría marcas por los fuertes golpes. Una espada afilada rosaba la punta de su nariz, mientras que su pecho subía y bajaba precipitosamente por la adrenalina del momento.
Molesta, frunció sus delgadas cejas azules, alzando sus brazos como símbolo de que había perdido, pues para su mala suerte su oponente había logrado arrojar su propia espada muy lejos de su alcance y ahora se veía acorralada en aquella situación.
—¡Nunca bajes la guardia! —Le llamó la atención el moreno, quien su vez retiraba su arma de ella envainándola sobre su cinturón.—Piensas mucho para moverte ¡Esa es tu debilidad, te lo he dicho miles de veces! Solo provocarás lástima en tu oponente.
—No seas tan duro con ella, Raditz.—Intervino Goku quien observaba minuciosamente el enfrentamiento sentado bajo la sombra de un árbol, al mismo tiempo que comía un jugoso mango.—Además, para el tiempo que lleva aprendiendo está haciendo su mejor esfuerzo.
—Qué tú seas compasivo con ella, no quiere decir que el enemigo sea igual que tú, cabeza dura.—Espetó molesto, limpiando el sudor de su frente.—Me sorprende que salgas ileso las veces que ha tenido algún enfrentamiento.
—Bueno ya ¿No? —Pronunció exhausta la princesa, quién al mismo tiempo se incorporaba del suelo limpiándose el sudor de su frente.—He estado un poco distraída, solo eso.
—¿Un poco? —Continuó Raditz, con la intención de irse a buscar algo para comer.—Yo diría a sobre medida.
Bulma se limitó a lanzarle una mirada furibunda al moreno, tal vez en otro momento le hubiera contestado pero se sentía tan cansada como para abrir un debate. Tomó la espada con la que entrenaba para después entregársela a su dueño, su buen amigo Goku que engullía sin preocupación alguna aquellos mangos jugosos.
Tras darle la última mordida al fruto, el joven se puso de pie limpiándose la boca con el dorso de su mano, tomando su espada para ser su turno de entrenar con la princesa. Era una rutina que ya habían adoptado desde hace un mes atrás, el mes que llevaban desde que encontraron a Vegeta; tanto Raditz como Goku se turnaban para darle clases a la peli azul, el primero en iniciar siempre era Raditz por lo que cada uno le prestaba su espada el momento que ella necesitaba usarla.
Sin embargo esta vez fue diferente, el melenudo le estiró su espada para que ella la tomara y a diferencia de otras veces, la peli azul solo hizo un gesto con la mano en negación por aceptarla. Ambos hermanos se miraron mutuamente al ver la negación en la princesa, por lo regular ella siempre era la que les insistía pero esta vez se veía bastante desanimada, cansa, tan fuera de ella.
—Hoy no, Goku.—El aludido parpadeó confundido, mientras que Raditz volvió a envainar su espada en si cinturón, mirando con suma extrañes a la princesa.—Por hoy es suficiente.
—¿Ocurre algo, Bulma? —La princesa le sonrió dulcemente al escuchar la preocupación en la voz de su amigo, se limitó a volver a responderle con un desanimado movimiento en cabeza.—¿Segura? ¿Te sientes bien?
—Sí, nada malo. Solo que Raditz tiene razón, estoy muy des concentrada.—Suspiró.—Prefiero ir a darme un baño, los veo más tarde chicos.
—Recuerda no alejarte mucho de la zona.—Le advirtió el menor de los saiyajin.
Nuevamente la princesa le regaló otra más de sus sonrisas, para después tomar sus cosas y desaparecer entre los árboles de la selva.
Sin duda alguna algo tenía la peli azul, ese día estaba menos habladora de lo normal y además en su rostro relucía una melancolía que le apagaba su habitual chispa enérgica. Goku volteó a mirar a su hermano y lo encontró mirando pendiente el rumbo por la cual había desaparecido la peli azul, aunque quisiera hacerse el rudo él sabía que su hermano le tenía un afecto a la princesa, por lo que una sonrisa apareció en el rostro del menor ¿Cuándo dejaría su hermano de ser un cabeza dura?
—Últimamente ha estado extraña.—Habló Goku, atrayendo la atención del soldado.—Se ve débil.
—La culpa la tiene ella.—Murmuró molesto.— Se quiere hacer cargo del príncipe ella sola ¡No deja que le ayudemos! Este último mes no ha dormido bien y de la alimentación ni se diga, sola buscará enfermarse.
—El otro día la vi llorando.— Recordó el moreno, causando inquietud en su hermano.—Era muy temprano, la escuché llorando fuera de tienda del príncipe Vegeta.—Suspiró pesadamente.— Quiere hacerse fuerte ante nosotros, pero cuando nadie la ve es cuando se rompe. Todo lo que ha tenido que pasar no es fácil, me imagino que en este momento la presión de saber sobre su familia y la recuperación del príncipe la está absorbiendo poco a poco.
—Creí que cuando encontráramos al príncipe todo sería más fácil, pero no le veo fin a esto…
—Al menos sus heridas han mejorado en este mes. Me sorprende el poder re generativo de aquella semilla.—Susurró pensativo.— Tal vez por ello es muy codiciada.
—El verdadero problema es que el príncipe no despierta.—Molesto, comenzó a caminar en círculos, exasperado que no veía solución en ello.—Debemos trasladarlo al castillo. Lo peor ya pasó, sus heridas mejoraron bastante por lo que no corre peligro de desangrarse. En el castillo será mejor atendido y por ende su recuperación será más rápido de lo que está siendo aquí.
—Aunque sus heridas hallan sanado bastantemente no nos garantiza que sacarlo de aquí llegará sano y salvo a Vegetaseí. Debemos esperar a que el príncipe despierte, y entonces…
—¿Es que no lo entienden? —Bramó enervado, sorprendiendo a su hermano.— ¡El príncipe está en estado de coma! El mismo viejo Roshi nos lo dijo, aquí su problema ya no son las heridas, si no que su cuerpo vuelva a despertar de ese maldito sueño eterno.
—No hay que perder la fe. —Arrugó su entrecejo no muy convencido de sus palabras.— Puede que en estos días despierte y…
—¿Y luego? ¿Y luego que, Kakarotto? Lleva dos meses en coma desde que se enfrentó a Broly, no da señales de reacción aparente….¡Demonios! —Escupió colérico.—No quería aceptarlo, pero el viejo tiene razón, ese estado de coma puede durar desde semanas, meses, hasta años ¿Cuanto más esperaremos en medio de la nada? Y si despierta mañana, aún así no estará en condiciones de enfrentar a Paragus y sus hombres. Yo no quiero pasar más tiempo aquí sin hacer nada, lo que debimos haber hecho desde un principio es haber llevado al príncipe Vegeta al castillo para que tuviera un mejor cuidado y nosotros salir a cobrar venganza.
Goku guardó silencio al escuchar a su hermano, el tampoco quería reconocerlo pero tenía tanta razón en sus palabras, esperar a que despertara el príncipe sin duda alguna era algo incierto.
Al principio, cuando encontraron al príncipe la felicidad y fe se habían adueñado de ellos, en especial de la peli azul. La situación parecía que iba en maravilla, pues Muten Roshi le había proporcionado una semilla para la pronta regeneración en las heridas del príncipe y efectivamente, de una manera extraña o milagrosa en solo un par de semanas la profundidad de estás se habían regenerado así como la infección que quería hacerse también desapareció. Según el viejo Roshi, esas semillas eran milagrosas, eran conocidas bajo el nombre de "semillas del ermitaño" se daban cada cierto tiempo y precisamente por el poder re generativo muscular que poseía eran muy codiciadas, una de las razones por la cual su pueblo fue destruido por las tropas de Paragus.
Todo marchaba bien, pero al pasar los días se dieron cuenta que aunque las heridas hayan sanado, el príncipe no podía despertar de aquel sueño. Bulma era la que mayormente se encargaba de él, de alimentarlo, asearlo, cambiar sus vendajes y untarle el bálsamo creado con aquellas semillas milagrosas. Se podía ver el amor y devoción con el que cuidaba al príncipe, y aun así con todos esos detalles el no despertaba de su profundo sueño.
Debido a los tantos casos que alguna vez había tratado, el viejo Roshi les comentó que esto no era más que un estado de coma, uno que podía durar semanas o años. Ninguno de los tres quería aceptarlo, en especial Bulma, pero conforme avanzaban los días y su avance no progresaba la fe se iba perdiendo poco a poco.
Esa era una de las razones por las cuales últimamente la princesa se encontraba más ausente de lo normal. Por un lado estaba esta situación delicada de Vegeta, por otro la amenaza de Broly en encontrarla y finalmente estaba su familia, aquel pensamiento recurrente que le quitaba el sueño.
¿Estarían bien? ¿Qué había pasado desde que le informaron que las fuerzas de Tsufuru se dirigía a Capsule? Pensaba en su hermana, en Cordet, su madre…¡Por Kami-sama! A su mente solo le llegaban recuerdos de ese hermoso mes que estuvo con ellas y sus ojos se llenaban de lágrimas. Su pecho se oprimía, necesitaba tener información de ellas, al menos saber que había sucedido con su pueblo natal.
Los días pasaban y ahora la ansiedad era pan de cada día de ella. Sumergió su cuerpo por completo al agua estando hundida varios segundos, para después salir al exterior a recuperar una bocanada de aire.
No sabía cuando tiempo llevaba flotando en esa pequeña laguna donde habitualmente se aseaba. ¿Dos, tres horas? Había perdido la noción del tiempo, se encontraba sola flotando en aquel lugar, pensando en todo lo que la rodeaba, intentando poder encontrar algo bueno a todo esto ¿Pero a quien quería engañar? Cada día que pasaba sentía que la resilencia que la caracterizaba se iba disipando en ella.
Observó sus dedos arrugados por estar tanto tiempo en el agua, el ambiente se sentía fresco debido a la entrada puesta de sol, por lo que optó por salir de las aguas antes de que se oscureciera por completo.
Con movimientos torpes volvió a vestirse observando fijamente la puesta de sol. Sonrió melancólica al recordar aquellos días cuando se escapaba al bosque junto con su yegua a observar las majestuosas atardeceres del oeste…oeste, ahora tenía todo sentido, siempre sintió una conexión con aquel lugar porque era donde siempre perteneció. Tomó entre sus manos el collar de oro blanco que ahora no se lo quitaba para nada, observó su nombre labrado en letras azules, acariciando cada una de ellas con las yemas de sus dedos…¿Cómo hubiera sido su vida si jamás la hubieran arrancado de su legítima familia? Claro, sin duda alguna nada comparada al martirio que soportó diecinueve años.
Entonces la verdad le cayó de golpe, sí Broly y Paragus jamás existieran, que ella hubiera crecido con su familia, en un escenario como ese ¿Alguna vez hubiera conocido al príncipe Vegeta? Su cuerpo se cimbró ante ese pensamiento, tal vez sus caminos jamás se hubieran cruzado ¿O sí? Dejó escapar una gran bocanada de aliento de su pecho, pues con todas esas interrogantes lo único que le veía a la mente una pregunta que veía rodando su cabeza desde la última vez que estuvo con un Vegeta consciente ¿En realidad anhelaba tanto estar en Capsule? Claro, el lugar era demasiado hermoso y más que nada deseaba poder estar con su familia, pero por otro lado estaba Vegeta y entonces la idea de estar junto con él en cualquier parte del mundo le provocaba una sensación cálida en su cuerpo.
Terminó de vestirse dispuesta a regresar al campamento, pues aunque estuvieran en una zona bastante oculta, no dejaba de ser peligroso. Apenas dio un par de pasos cuando escuchó un ruido en medio del follaje selvático. Sus instintos de alerta se disiparon súbitamente, no podía bajar la guardia, y para variar se encontraba sin alguna arma con la cual poder defenderse.
Aceleró su paso volteando a su alrededor de no ser interceptada y en el momento menos esperado una gran sombra negra saltó a ella haciéndola caer de espaldas contra el suelo. Todo fue tan rápido que poco tiempo tuvo para reaccionar ante semejante impacto. Adolorida, alzó su mirada hacia aquella imagen oscura que la interceptó y lo que vio sus enormes ojos azules la dejó anonadada.
—Tor…¿Tormenta?
El pura sangre de Vegeta relinchaba frente a ella, se veía bastante nervioso y perdido. Bulma por su parte se incorporó lentamente bajo la mirada del caballo, sabía que era un temperamento salvaje por lo que un movimiento el falso podría alertarlo.
No había duda en que era Tormenta, aquel potro era único, emanaba una belleza y fuerza que jamás había visto en algún otro espécimen de su raza. Cualquier otro hubiera temblado pavoroso al tener la presencia de aquel animal, pero en ella era distinto, una sonrisa se había depositado en su rostro, tener a Tormenta con ella era como estar con una parte de Vegeta.
Lentamente avanzó hacia el nervioso potro anteponiendo una mano con la intención de tranquilizarlo. Tormenta por su parte comenzaba a menearse más agitadamente, por lo que su trote empezaba a ser más fuerte.
—Tranquilo.—Le habló con su voz más dulce, avanzando lentamente a él.—Todo está bien, no estás solo…yo te llevaré con Vegeta.
Con pasos lentos se fue acercando a él, a pesar de haber tenido una mala experiencia con el potro en el pasado la confianza que ella le depositaba a él era genuina, y el momento más maravillo pasó cuando al estar cerca de él colocó su mano frente él, pidiéndole permiso con su mirada compasivo para poder tocarlo y sin necesidad de que ella hiciera un movimiento el potro se acercó a ella, dejándose tocar por la princesa. Bulma sonrió conmocionada, acariciaba al potro con ternura, cualquiera mataría por poder tocarlo como ella lo hacía, solo Vegeta tenía el privilegio de poder domarlo y ahora estaba ella frente a él acariciando su pelaje con movimientos suaves y sutiles, recargando su frente contra la de Tormenta, volviendo ese momento tan cómplice para ellos dos.
—¿Dónde estuviste todo este tiempo? —Le susurró mientras acariciaba con suavidad su pelaje.— Me imagino que te sentiste perdido sin Vegeta, por Dios…—El potro comenzó a calmarse al sentir su tacto, poco a poco ella lo iba domando con sus caricias, provocando una sensación cálida en ella.—Te entiendo, tu seguramente estuviste buscando s Vegeta todo este tiempo.—Suspiró.—Pero no tienes más que preocuparte, yo te llevaré con él.
Lo tomó de las riendas para llevarlo a la aldea, pero una idea se cruzó en su mente que la hizo retroceder su andar.
—¿Me dejarías montarte?
Esperó en silencio como si el potro la escuchara, sabía que era mucho pedir pero algo en ella tenía la necesidad de tener esa conexión con él. Tormenta, como si hubiera entendido su mensaje, avanzó solo un par de pasos colocándose junto a ella y aventurándose las posibles consecuencias que podría tener su osadía, se subió al lomo del pura sangre teniendo una respuesta positiva de él ¡La había dejado montarlo!
Maravillada abrazó a Tormenta en un gesto tierno, nunca imaginó que él se dejaría conducir por ella y una risa se escapó de sus labios, era tan igual a su dueño.
—Vamos, tenemos que ir con tu dueño.
Agradecía usar en esos momentos la ropa masculina que le había proporcionado Goku, era mucho más fácil poder montarlo. Sin esperar más tomó las riendas del potro con dirección a la aldea.
Llegó en menos tiempo del que se hacía, una sonrisa decoraba su rostro al sentir aquella conexión con el potro, podrían tacharla de loca pero para ella era muy significativo. También se sentía tan entusiasmada, añoraba aquellos días cuando montaba a su yegua que volver a realizar aquella acción le dejaba una gran satisfacción.
Al llegar a la aldea todas las miradas se depositaron en ella, la mayoría era de asombro al ver el pura sangre en el que iba montada. La belleza de Tormenta era majestuosa, su negro azabache era brillante y generaba una imponencia que cuando pasaba los habitantes se hacían a un lado por la arrogancia que expresaba aquel caballo. Tormenta podría ser todo lo soberbio que quisiera con el resto, pero con ella era distinto, con ella se volvía dócil, tal vez en un inicio le inquietaba la presencia de la peli azul pero al mismo tiempo buscaba su calor, sin duda alguna había generado una conexión con ella.
Raditz al verla llegar en el pura sangre no podía creer lo que estaba presenciando ¡Ella montada en el potro del príncipe! A su lado se encontraba Goku y Krillin, que presenciaban maravillados la belleza del caballo.
—Chicos, ¿Me podrían proporcionar alimento para Tormenta? —Dicho eso, la princesa descendió del caballo, entregándole las cuerdas Krillin quien se ofrecía en atender al potro, pero este al sentir la cercanía del joven inmediatamente se alertó provocando que los presentes retrocedieran espantados menos ella.—Tranquilo.—Le susurró dulcemente, acariciándolo.—Estás bien con Krillin, seguramente tienes mucha hambre, él te atenderá como debe ser. Te prometo que verás a Vegeta.
—No puedo creerlo…—Musitó asombrado Raditz.— ¿De verdad es Tormenta? ¡El jamás ha dejado que alguien lo toque, que no sea el príncipe!
—Por supuesto que es él, nadie es igual a Tormenta.—Exclamó ofendida.— Lo encontré perdido cerca de la laguna, seguro el pobre lleva estos dos meses buscando a Vegeta…
—Pero…¿Cómo es que te dejó montarle? —Inquirió incrédulo.—La primera vez que te acercaste te lastimó ¿No te da miedo?
—Esa vez solo estaba nervioso.—Le defendió.—Todos merecemos una segunda oportunidad, y ahora me deja estar junto a él.
—Vaya que es precioso el potro del príncipe Vegeta.—Agregó Goku maravillado observando al ejemplar.—Algunas veces lo llegué a ver de lejos, pero de cerca es más increíble.
—Lo es.—Sonrió orgullosa, como si ella fuera dueña del potro.—¿Qué novedad ha pasado en estas tres horas que me ausenté?
—¿Bulma? —La aludida giro hacia sus espaldas al escuchar al viejo Roshi, quien este salió inmediatamente a su encuentro luego de escuchar todo el escándalo que provocó con la llegada del pura sangre. Al verlo pudo notar un brillo peculiar en sus ojos ¿Lucía emocionado? Una corriente eléctrica recorrió toda su espina dorsal al ver el rostro del hombre, pues con forme más se acercaba a ella podía ver una renovada fe en él, provocando un cosquilleo en ella.— Muchacha, tienes que entrar a la tienda.—Insistió más eufórico el viejo llegando hasta ella.—¡El príncipe ha despertado! Está pidiendo ve…¡Niña!
Ni siquiera pudo terminar de formular sus palabras cuando vio como la peli azul salió corriendo después de pronunciar aquello. Se encogió de brazos sin saber que más decir, solo le lanzó una mirada cómplice a Goku quien del mismo modo observaba con una gran sonrisa esperanzada hacia donde había escapado su amiga con esa buena noticia.
Raditz por su parte en su rostro apareció una sonrisa ladina al ver la reacción de Bulma al enterarse de la recuperación del príncipe; si cuando ellos se enteraron del estado del príncipe reaccionaron eufóricos ¿Cómo reaccionaría ella? Sin duda esa hermosa loca mujer saltaría hasta el cielo con semejante noticia. Optó por mejor ayudar a Krillin en controlar a Tormenta que se veía necio de seguir indicaciones, igual a su dueño, pensó. Antes de poder dar un paso, su mirada se cruzó con la pura y cristalina de Tanmen, aquella muchachita que lo observaba desde el otro extremo con su peculiar rubor en sus mejillas. Sintió como su cuerpo se incomodó al cruzar mirada con la de ella ¿Por qué esa mujer lograba inquietarlo, incluso más de lo que hacía Bulma? Decidió mejor dejar de lado cualquier pensamiento optando por ir a calmar al pura sangre, aunque con un sonroja miento en sus mejillas.
Su cuerpo se movió por pura inercia al escuchar las palabras del viejo Roshi, al punto que ni siquiera escuchó lo que le tenía que decir. Corrió tan rápido como pudo que cada paso que daba se le estaba haciendo más eterno.
Al llegar a la tienda donde residía el príncipe, se detuvo de golpe frente a ella dudando esta vez en tan siquiera avanzar. Su cuerpo comenzó a temblar ¿Estaba emocionada? ¿Nerviosa? Su respiración se volvió agitada al punto en que el ambiente resultaba ser sofocador ¿Porqué de pronto se sentía tanto calor?
Los latidos de su corazón se aceleraron y ahora retumbaban en su cabeza con total fuerza. Sentiría que se desmayaría ahí mismo y pensar en ello le resultó patético ¿Por qué estaba temblando? Decidió inhalar todo el oxigeno posible llenando sus pulmones de ello y se armó de valor para entrar aquel lugar.
Recorrió aquel camino en el interior que se sabía de memoria hasta llegar a la pequeña puerta final. Apretó sus palmas en dos puños cerrados, había escuchado que él había despertado ¿Pero estaría consciente? ¿Habría tenido algún daño cerebral? De pronto todos los peores panoramas cayeron de golpe a ella y una tensión en su estomago se hizo presente al punto en que quería volver su estomago.
—¡Basta Bulma! —Le susurró a la nada.—Deja de comportarte como una niña, pase lo que pase, lo importante es que Vegeta reaccionó…
Suspiró con mayor ruido, necesitaba entrar de una buena vez por todas, o moriría de un infarto ahí mismo.
Enérgica, entró de golpe al pequeño cuarto donde residía el príncipe y su cuerpo se vio inmovilizado al tener contacto con esos ojos azabaches que la miraron con total asombro.
Se congeló por completo en su sitio. Su respiración, habla, caminar, todo se había paralizado por completo. Quiso decir o hacer algo, pero su cuerpo no respondía a su mente. Lo único que percibió fue como su mandíbula se tensó mientras que su rostro de un momento a otro se sintió húmedo ¿Húmedo? Nunca se dio cuenta en qué momento había empezado a llorar, pero ahí estaba, sus sentimientos a flor de piel.
El saiyajin frente a ella no era nada ajeno a todo lo que ella estaba sintiendo en aquel momento. De por sí sentía que todo a su alrededor daba vueltas, desde el momento en que despertó un sonido agudo venía taladrando su cabeza pero al ver a la vulnerable peli azul frente a él, cualquier dolor y carencia pasó a segundo plano. A pesar del dolor físico, el único dolor que sentía en aquel momento eran los latidos de su corazón ¡Podría jurar que se saldría de su pecho! Del mismo modo su respiración se encontraba al igual o peor aun agitada que la de ella, sus manos sudaban y el nerviosismo se apoderaba de él, del gran Vegeta.
Al hacer contacto con los oceánicos ojos de la mujer, los del príncipe brillaron con fuerza; ahí estaba ella, tan hermosa como siempre, fuerte, valiente, tan perfecta para él.
A su alrededor nada existía más que ellos dos, ni siquiera sabían cuanto tiempo transcurrió mirándose en silencio, pero ahí estaba el uno bajo la expectativa del otro, estando al pendiente del primer movimiento.
Bulma fue la que ya no pudo esperar más, comenzó avanzando pasos torpes que pronto se volvieron en agitados trotes. Llego hasta la cama del príncipe, lo cual no perdió tiempo de sentarse junto él, agradecía en que ese momento el también se encontraba sentado, al menos podía verlo cara a cara sin necesidad de moverse.
Para Vegeta se le escapó el oxígeno de sus pulmones al tenerla a solo treinta centímetros lejos de él. Tragó en seco al tenerla tan próxima, su cuerpo también se encontraba congelado como el de ella, quiso decir algo pero las palabras por alguna extraña razón no salían de su boca. Quería decirle que todo este tiempo él la estuvo escuchando, que sintió sus cuidados, caricias, quería decirle por primera vez lo que ella significaba estar ahí, junto a él.
—Vegeta…—Susurró ella apenas audible, con su voz rota.—Yo…yo…
No quiso por el momento escuchar alguna palabra, un mes tuvo para escucharla, ahora solo quería sentirla, tenerla tan cerca y robarle el aliento. Antes de que ella terminara de formular su frase, Vegeta en un rápido movimiento con su brazo izquierdo envolvió la cintura de ella atrayéndola de golpe a su cuerpo, a pesar que se sentía demasiado débil y adolorido, verla junto a él le nació en su cuerpo una energía por tenerla con su cuerpo, lo que estaría por hacer era algo que llevaba necesitando desde que la escuchó en sus sueños.
Alzó sus ojos con desesperación al rostro de ella y vio sus hermosos labios en forma de corazón, su piel suave y cremosa, cada lunar, rasgo de ella era realmente precioso. Ella le puso una mano en el pecho ante tal movimiento, sobre su corazón desbocado, preocupándose por no lastimarlo y como si el leyera su mente apretó más su agarre, juntándola más hacia él con la intención no dejarla ir.
Cubrió su boca con la suya, temeroso de que esto fuera otra más de sus alucinaciones, pero al sentir su tacto contra el de ella su cuerpo se estremeció al sentirla tan real. Ella al sentir sus labios prendados a los de ella, lo tomó del rostro con la intención de acercarlo más a su rostro ¡Oh Kami-Sama! ¡Se sentía tan llena de vida!
Este beso estaba cargado más de sentimentalismo que apasionalidad como en otras ocasiones. Las lágrimas saladas de la princesa cayeron a los labios del saiyajin, sin embargo este no hizo alguna objeción al percibir el sabor salado en su paladar, estaba tan concentrado en escuchar los latidos de su desembocado corazón como sentir la dulzura de ella, su cuerpo estaba tan débil que en cualquier momento caería débil por la avalancha de emociones. Ninguno quería cortar con ese beso, un beso que había sido dulce, emotivo y lleno de emociones. Ambos creían que si abrían los ojos, todo esto sería solo un sueño más.
Lentamente se separaron, notando él como los labios de ella lucían inflamados y rojos por su reciente contacto. Se miraron en medio del silencio, gravando en sus memorias ese momento que tanto esperaron y que ahora era real.
Las suaves manos de Bulma acariciaron el rostro del príncipe, provocando que él cerrara sus ojos antes esas caricias. Poco a poco iba enfrentándose a su realidad, el aspecto del príncipe era muy débil, sus labios deshidratados se veían cuarteados, y en rostro un par de ojeras reposaban debajo de sus orbes azabaches. Sin duda alguna el aspecto del príncipe era realmente débil, pero para ella en ese momento encontrarse con su mirada tan negra cómo la noche eso le era suficiente para darse fuerza. Nadie se comparaba al misticismo que el hombre emanaba a través de ella, solo Vegeta te podía hacer vibrar con sus orbes oscuros.
—No sabes cuánto esperé este momento.— La débil voz de la princesa llegó hasta los oído del saiyajin, provocando que el despertara del transe en que se encontraba al sentir sus caricias. Cuando sus ojos se cruzaron a los de él su cuerpo se cimbró fibra por fibra, regalándole incluso un calor inminente en él.
—Bulma…—La llamó aún con su voz demasiado débil, y aunque pareció ser un leve susurró fue alcanzado oído por ella.—¿Porqué estas aquí? —Hizo una mueca de dolor tras decir aquello, al parecer los estragos de su cuerpo mallugado comenzaban a hacerse presente. La princesa por su parte alarmada intentó socorrerlo, pero él la detuvo de nuevo sosteniéndola del rostro para que lo mirara directamente a los ojos.
—No podía dejarte solo, vine a rescatarte.—Soltó sin algún tapujo o rodeo. El pudo ver la determinación en su rostro, en su mirada y en ese momento descubrió que hasta ese momento, nadie le había dicho algo tan real y sincero como lo estaba siendo ella. Sus orbes azabaches brillaron con fuerza al escuchar aquellas palabras salir de la boca de ella, y de alguna manera extraña su corazón vibro tan alto.—Todos decían que estabas muerto, pero yo jamás les creí…algo en mí me decía que seguías con vida…te busqué todo este tiempo y…estás aquí, a mi lado.
En medio de la confusión y el dolor, el había sido consciente de que la peli azul lo cuidaba y estuvo al pendiente de sus necesidades con una intuición asombrosa. Cuando las fiebres lo golpeaban, ella lo acudía con mantas frescas y su vez lo estrechaba a su cuerpo entre sus brazos con la intención de calmar su cuerpo tembloroso. Podía estar su cuerpo inconsciente pero no su memoria, ella siempre estaba ahí cuando le necesitaba. Su peor miedo había ocurrido; depender de alguien. Cada día no había avances, su cuerpo seguía igual de débil, el podía sentir que la muerte le rondaba esperando pacientemente por él, pero cuando Bulma aparecía la muerte se alejaba de su presencia.
—No puedes estar mucho tiempo…—Prosiguió utilizando el mismo tono de voz. De pronto sintió como su cuerpo comenzaba a sudar y a su cabeza llegaba aquel dolor inminente.—Debes regresar con tu familia…corres peligro.
—He dicho que no voy a dejarte…no quiero perderte de nuevo.
El príncipe se cimbró al escucharla. Sabía que esa mujer no la haría cambiar de opinión, pero al ver sus ojos azules llenos de esperanza pudo comprenderla, porque realmente el estaba igual a ella, no quería perderla de nuevo.
El haber estado en el umbral de la muerte sin duda alguna las cosas había cambiado desde su perspectiva. Cuando abrió los ojos por primera vez esperó ver a Bulma pero quien primeramente lo recibió fue un anciano desconocido. Tras explicarle los hechos de cómo lo encontraron y cómo Bulma dio con él, su ansiedad por tenerla junto a él se volvió más fuerte. Durante una hora se quedó reflexionando todo lo que ocurrió aquella vez, las imágenes llegaban una a una a su mente, todas en retrospectiva y al final siempre aparecía ella.
Hasta ese entonces no había comprendido la verdadera fortaleza de Bulma. Nunca imaginó volver a encontrarla en ese lugar y en esas estancias, pero ahí estaba tan decidida como siempre, dispuesta a ayudar a los que amaba, dispuesto a arriesgarse por él.
Tenerla junto a él era un alivio, al menos Broly aún no daba con ella. Acarició con suavidad el rostro de ella, como si con sus manos fuera a maltratar su rostro de porcelana, quería decirle aquello que temió no hacerle saber después de su casi muerte. Los brazos largos y esbeltos de la princesa lo ayudaron –obligaron- a recostarse en la almohada, aún se veía muy débil como para seguir permaneciendo en esa posición.
—Bulma…
Ella lo miró e intentó tranquilizarlo, de un momento a otro se veía bastante ansioso, su pecho subía y bajaba tan rápido como si no pudiera respirar, y en su frente se podía ver que el pobre hombre sudaba. Se aproximo más a él para examinarlo, sus suaves manos tocaron el rostro del hombre provocando que él emanara un suspiro ante su tacto y al mismo tiempo el príncipe se llevó sus fuertes manos cubriendo las de ella, como si con esa acción impidiera dejarla ir.
—Tranquilo.—Murmuró ella notablemente preocupada.—Estás empezando a arder en fiebre. Iré por las compresas e infusiones pa…
—No. —Le volvió a interrumpir con su ronca voz. Efectivamente, al príncipe le costaba combatir el dolor físico y ahora se venía una de sus interminables fiebres. Su rostro ya ardía en fiebre y un escalofrío incontrolable se apoderó de su cuerpo. Apretó más su agarre, desesperado por tenerla a su lado.— Quédate a mi lado…
—No me iré Vegeta.—La desesperación invadía el rostro de ella, quería atenderlo lo más pronto posible antes de que la fiebre incrementará peor como en otras ocasiones, pero el saiyajin le estaba imposibilitando la tarea. A pesar de estar demasiado débil, le sorprendió la fuerza que aún mantenía para no dejarla escapar. Le sonrió enternecida al ver era reacción en él, parecía un niño lleno de miedo por quedarse solo. Sin embargo sus palabras no lograron controlar la impaciencia del príncipe, provocando que el ejerciera más fuerza en su agarre, sin lastimarla.— Debo ir por esas cosas para controlar la fiebre. Prometo que no me separaré de ti…
—No me refiero a eso.— Poco a poco su voz ronca se escuchaba más agitada y aunque el dolor de la cabeza estaba haciéndose más insoportable, los ojos del moreno eran los que la seguían mirando con total determinación. Ella se fijó en esos orbes azabaches, y descubrió que el necesitaba confesarle algo.—Sé…sé que te prometí la felicidad y eso implica tenerte lejos…
—Vegeta por favor…
—Quédate.—Susurró al tiempo que una mueca de dolor apareció en su rostro, haciendo que ella se inclinara más a él. Su petición más que una orden sonaba a un ruego, rogaba por no perderla de nuevo. —Quédate cuando todo termine…
Comprendió a lo que se refería con tanta insistencia el príncipe, aquellas últimas palabras pronunciadas por él, las mismas que siempre debatían cuando tenían sus enfrentamientos de sentimientos y él jamás se atrevía a explicar las razones por la cual la necesitaba a su lado. Recordó todas esas peleas cuando él le dejaba una daga en su pecho, sonrió dulcemente hacia el hombre, y tras esa mágica conexión que crecía en ambos sin necesidad de ocupar palabras más que sus miradas, ahora fue el turno de ella en hacer aquel cuestionamiento que necesitaba ser escuchado por el príncipe, aunque para ella ya tenía la respuesta desde el momento en que la dejo ser libre.
—¿Por qué me quieres a tu lado, Vegeta?
El sonrió al escucharla, la princesa había entendido lo que entre su dolor quería comunicarle. Comenzaba todo a darle vueltas, aún no estaba acostumbrado y aunque el zumbido en su cabeza se volvía cada segundo más insoportable, aún mantenía fuerzas para seguir hablando.
Despegó su mano derecha de las de ella para acariciar la húmeda mejilla de ella con ternura nada habitual en él, pero que solo demostraba con la princesa. Sus ojos brillaron de una forma tan peculiar y hermosa, Bulma no supo identificar si era producto de la fiebre pero las emociones que transmitía el hombre a través de ella, la envolvía en una mágica donde su mundo se reducía solo entre ellos dos.
—Dime,—Solo dulzura se podía escuchar de los labios de ella. Bulma sabía la respuesta, sabía lo que generaba en él. No quería insistirle, estaba cansado y estaba de más hacerle un cuestionamiento de esa manera al hombre que había puesto su vida en peligro por ella, pero en medio del silencio descubrió en la mirada de Vegeta que él quería responder aquel cuestionamiento que en pasado siempre le evadía.— ¿Qué es lo que quieres de mí?
—Todo.— Habló penas era un susurro entrecortado, sonriéndole ladinamente tal como él sabía hacerlo.—Lo quiero todo de ti…todo el tiempo siempre has sido tú.
—¿Cómo? —Parpadeó confundida.
—La última vez que…que nos vimos, me hiciste una pregunta ¿No lo recuerdas? — Ella tardó en comprender sus palabras vacilantes, al llegar a su memoria sobre aquel cuestionamiento su cuerpo se congelo y ahora lágrimas solo escurrían de sus ojos llena de felicidad.—Tú eres lo que más anhelo.
Ella se quedó sin palabras ante eso. Sabía que lo que ella sentía por el príncipe era correspondido de alguna forma u otra, pero el simple hecho de escucharlo de su boca aunque fuera en un estado delirante, sin duda alguna era lo mejor que pudo escuchar en tanto tiempo.
Bulma le sonrió conmocionada, y para él pareció ver el rostro de un ángel divino frente a él. Se acercó a él lo suficiente para no lastimarlo, e inclinó su cabeza para besarlo. Los labios del príncipe estaban demasiados calientes, pero a ella no le importo aquella sensación sofocante, solo quería sentirlo, expresarle en cuerpo, alma lo mucho que lo amaba y extrañaba.
—Te amo…—Susurró contra su boca, acariciando su nariz contra la de él.— Te amo tanto Vegeta.
El la observó y se limitó a traerla nuevamente a su boca, respondiéndole de la única forma que él sabía hacer al demostrar lo importante que era ella para él.
El también la amaba.
N/A: ¡Hola! ¿Cómo están todos? Quería subir este capítulo desde ayer, sin embargo debido a mi súbitamente carga de trabajos y proyectos escolares me resultó imposible seguir avanzando, no obstante aquí está el capítulo 17 de esta historia :)
Bueno, nuestro amado príncipe por fin despertó de su sueño, ahora solo queda esperar a ver como actuará y además cómo se desenvolverá después de la forma en cómo lo dejó Broly :o al menos lo pero ya pasó jaja x)
¿Alguno se llegó a oler los sentimientos de Raditz hacia Bulma? Si se dieron cuenta, la forma en cómo el siempre la trataba y estaba al pendiente de ella (a su manera, claro) quise dejar señales de lo que él sentía por ella, sabía que el de antemano que siempre estaría en la friendzone xd pero no por ello iba a estar tranquilo hasta no dejarle claro sus sentimientos. La diferencia de él es que no es un loco obsesivo como Broly, al menos Raditz si sabe perder.
¡Uh el traidor! Leí algunos comentarios donde sus intuiciones fueron ciertas, por fin se descubrió quién estaba detrás de todo esto...bueno, algo así jajaja ahora el problema es Nappa ¿Que creen que le pase? ¿Creen que lo mate? :o
Llegó Tormenta! No me había olvidado de él ;) después del enfrentamiento contra Broly, seguro el pobre salió corriendo y bueno, el destino se encargo de encontrarlo con Bulma. Siempre desee que ella pudiera montarlo, domarlo como lo hizo con Vegeta jajajaja xd y ahí está ese encuentro, ahh! :)
Y el momento final! ¿Les soy sincera? Me costó escribirlo jajaja quería hacer un momento hermoso entre ellos ¿Se lo merecen, no? Pero tampoco quería rayar en lo rosa sentimental, por ello permití que Vegeta expusiera sus sentimientos en un estado de delirio (Sí, estaba delirando en fiebre) al estar tan débil y vulnerable las palabras lo traicionaron, aunque no por ello significa que mintió no no! simplemente su fiebre le ayudó a hablar lo que no podría en un estado lúcido xd o bueno sí, pero no hablaría tanto jajaja
En un comentario me preguntaron cuantos capítulos quedan, yo estimaba llegar máximo al capítulo 20 (así que pues quedarían solo tres) pero cuando escribo siempre me hace faltan más capítulos xd De acuerdo a los hechos que tengo ya escritos en mi cuaderno, tal vez unos cuatro y cinco con el epílogo. De cualquier manera ya empecé a escribir el capítulo 18, por lo que de acuerdo a como me extienda en ese podré darles una estimación jajaja
Ya quiero terminar este fic, aún tengo pendiente otro pero antes de seguir ese prefiero terminar con Braveheart. Estos días en cuarentena aprovecharé el tiempo para avanzar con el fic, tengo al mismo tiempo una gran carga de trabajo pero al menos mi tiempo libre es mayor al que tenía cuando iba a la Uni. Así que las actualizaciones en este fic las verán más activas en este mes jajaja :)
Aquí van mis agradecimientos especiales:
Anónimo: ¡Hola! no sé como te llames jejeje pero gracias por tus palabras. Si Vegeta no podría estar muerto jajaa muy bien al seguir tus prendimientos ;) Y de Broly, bueno en el siguiente capítulo viene que es lo que quiere de la mamá de Bulma :o ¡Gracias por leerme!
soeandrea: Gracias! A mí también me da alegría ver que te genera felicidad este fic :') lo aprecio demasiado!
Mel: Gracias por pasar a leerme! A mi también me da mucho gusto saber que te gusta mi fic, es hermoso :') Y si! en realidad era una referencia a Mulan cuando sale a la batalla jajaja creo que se nota mucho mi adicción por disney xd gracias por tu comentario :)
Anya0087: ¡Hola! Gracias por pasar a dejar tu rw, me emocionó mucho leerlo :) Sii Bulma tiene ese conexión maravillosa con nuestro príncipe, todos hermosos uwu. Ohh bebé Trunks...ya veremos que se viene después, sorpresa ;)
AnneBrief7: Ayy! No sabemos como adoro tus rw! Me encanta que eres detallista, me emociona leerte jaja :') Sí me emocionó escribir ese lazo de hermanas, merecían su momento :) Oh y gracias por lo del nombre de la reina jaja! a mi también me encantó desde que lo escuché en ese capítulo de dbs, ojalá Bulma y Vegeta tuvieran otra hija para llamarla así jajaja xd Si con Paragus aplica en de "cria cuervos y te sacaran los ojos" pero se lo merece el maldito. Y pues si le atinaste jajaja en realidad desde mucho antes vi que le atinaste ;) ahora veamos que hará ese traidor :o Muchas gracias por tus palabras! :)
Beth: Hola! Sii ese Vegeta aún no puede morir, tiene mucho para dar :) y respecto a Bulma lemantablemente está pasando exactamente lo mismo que sucedió con la reina. Ya pronto se sabrá que fue lo que ocurrió con la madre de Vegeta. Jajajaja ese Broly es un demente xdd y todavía le faltan mas cosas darks :c Gracias por tus palabras, adoro leerlas!
Cloe: Holii! Si pobre Vegeta se las vio duro :( y bueno ahí estan las consecuencias con la fiebre por sus infecciones, pero si algo tiene es que no se da por vencido y saldrá adelante :) ¿Verdad que está cool el nombre de Echalotte? Yo también opino que Bulma debió haber escuchado a Vegeta antes jajaja y sii Goku y Milk no podían esperar. Gracias por tus palabras! Y también gracias a AnneBrief7 por recomendarlo, me hacen feliz :')
Anónimo: Holaa! este es para el último anónimo que me escribió jeje. Claro, Vegeta aun no puede desaparecer del mapa jaja y si he! Bulma creció rodeada de carencia emocional pero al salirse de ahí encontró más amor del que ella creyó imaginar, lo merece :') Gracias por tus lindas palabras, me motivan un buen :)
Solo me queda decirles que se cuiden mucho, esta situación del COVID-19 es delicada por lo que sigan las indicaciones que les han marcado, no salgan de sus casas al menos que sea necesario y lávense sus manitas. Es una situación dura, no es fácil lo que estamos viviendo, paralizar prácticamente tu vida es algo que a todos nos tiene preocupados, pero solo nos queda contribuir a que esto no se siga propagando más de lo que ya está. Entre todos podemos ayudarnos y tomar las precauciones necesarias.
Les deseo lo mejor a ustedes y sus familiares, les mando todas mis buenas vibras a donde quiera que me leen. Estaré aprovechando este confinamiento para avanzar en los fics y publicar ideas que traigo en mente para pasar un poco más amena esta cuarentena.
Cuídense mucho, nos seguimos leyendo :)
03/Abril/2020
