Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Casualidad


XVIII

Obsesión


—… Bulma se quedará en el palacio mientras esté ausente.

¿Estás seguro? No creo que sea una buena idea —dijo Tarble a su hermano, que terminaba de arreglar su armadura y traje para partir a la guerra—. Lo único que conseguirás es alejarla. Si la dejas libre ahora será cosa de tiempo que vuelvan a estar juntos, pero si la mantienes a la fuerza no te lo perdonará.

No pierdas tu tiempo —dijo con calma, pero decidido. Se preocupó de arreglar sus guantes mientras hablaba para no mirar a Tarble—. Si la dejo ir no volveré a verla. No puedo, necesito tiempo y tampoco puedo dejar de ir a cumplir mi deber, ya estuve mucho tiempo posponiéndolo… A mi regreso lo solucionaré todo.

Entonces si es tan importante para ti, no vayas.

No puedo, es mi obligación.

Tu obligación es lo que tú quieras, donde tú quieras.

Seré rey —dijo intentando convencerse a él mismo más que a Tarble.

Algún día serás rey, ahora no lo eres. Es en este momento cuando puedes hacer lo que quieras. Al rey le quedan décadas para gobernar, sobrevivirá sin ti.

No lo entiendes —murmuró con voz ronca y se cruzó de brazos. Tarble sonrió ante ese comentario.

Por supuesto que no lo entiendo.

Vegeta arregló su capa y volvió a repasar los guantes antes de volver a hablar.

Te quedarás a cargo. Ya está todo arreglado. Los guardias personales que la acompañarán, sus obligaciones con ella y límites que respetar.

A medida que Vegeta continuaba mencionando los lugares que Bulma tendría permitido o no transitar, la prohibición de interacción con dispositivos electrónicos avanzados y otros muchos detalles que evidenciaban lo pensado que estaba todo, Tarble no pudo evitar reprocharlo con la mirada. Estaba mal, sabía que estaba muy mal.

—… solo su viejo computador será aceptado —concluyó el hombre, y frunció el ceño al notar esa mirada de desaprobación en su hermano. Jamás lo había mirado de esa manera.

¿Qué vas a hacer con Lee, Vegeta? ¿Vas a casarte con ella? Porque eso es lo que quiere el rey y hasta ahora no has rechazado la idea… Además de la pésima decisión de obligarla a quedarse, también te casaras con tu prometida.

Estás a cargo —insistió. Para él el tema estaba cerrado—. Si muero tu trabajo será sacarla enseguida de este planeta porque su vida correrá peligro. La dejarás donde se le plazca y le darás todo lo que necesite para construir su imperio.

Dáselo tú, lo apreciará más.

Necesito que me digas que puedo contar contigo —dijo molesto por la insistencia de Tarble. Su orgullo era tan grande que incluso ya sentía que estaba cediendo demasiado al permitirse esos sentimientos hacia Bulma.

Por supuesto que puedes contar conmigo, Vegeta.

Cuídala —dijo con voz ronca, a lo que Tarble respondió con un movimiento de cabeza.


(...)


«No sobrevivirá» —escuchó Tarble decir a un soldado cuando empezaron a llegar las naves y la información finalmente comenzó a fluir de manera más clara.

«Fue una trampa» —gimió otro pálido con su brazo derecho amputado. Las vendas con las que improvisaron la curación para detener la hemorragia chorreaban el líquido rojo a descaro. Sería muy difícil limpiar la posa de sangre que dejó en la nave personal.

«¡Esos hijos de puta los masacraron!» —gritó otro furioso, pero Tarble no le prestó atención. Corrió entre las naves con el equipo médico para recibir a su hermano.

La comunicación había sido desastrosa. La nave principal, la única capaz de cubrir tal distancia para proveer información hasta Vegetasei había sido dañada, lo que provocó la interferencia en la interacción, haciendo que solo se escucharan palabras sueltas y oraciones inconclusas. Luego se enteraría que por decisión de alto mando, detendrían todo intento de comunicación al no tener una línea segura, lo que podía significar la intercepción del mensaje por parte de algún enemigo que sin pensarlo intentaría atacar las naves.

Cuando Tarble vio al rey ser sacado en tan malas condiciones de su nave y no a su hermano, no pudo evitar sentirse completamente aliviado.


El dormitorio del rey se había convertido en una verdadera sala de hospital con maquinaria, insumos e instrumentos médicos, doctores y funcionarios siguiendo instrucciones al pie de la letra para salvarle la vida al monarca. La operación duró más de una hora y finalmente lo que quedó del guerrero yacía en su cama completamente ajeno a lo que ocurría a su alrededor.

Además del personal dispuesto a salvarle la vida al rey Vegeta, en la habitación se encontraba Vegeta, Karev y tres de los hombres de mayor confianza del rey (entre ellos, Torn, el padre de Lee) Vegeta y Karev, quienes había recién llegado de la guerra aún conservaban su estado deplorable: su armadura y traje de combate totalmente destrozados y heridas de consideración en todo el cuerpo. Aún no habían sido revisados por ningún doctor y pese a haber salidos victoriosos, no había razón alguna para celebrar.

Cuando Tarble entró a la alcoba permaneció junto a la puerta, en silencio. El joven príncipe, observó a los hombres presentes que guardaban silencio por respeto al rey.

El cuerpo de su padre, o lo que quedaba de él tendido en la cama, sin la pierna derecha y parte de la mano amputada no eran lo peor al considerar que toda su cabeza y parte de su rostro se encontraban completamente vendados. La sangre no había tardado en reclamar su lugar, manchando las vendas hasta extenderse a las sabanas.

El joven no podía creer que no sintiese nada al ver aquella escena. Su corazón continuaba agitado por el terror que lo invadió el pensar que su hermano había fallecido, pero la adrenalina ya comenzaba a descender.

Se centró en los saiyajin cuando sus voces comenzaron a elevarse. Los guerreros experimentados, liderados por el padre de Lee y Karev estaban teniendo un duro intercambio de palabras.

—¿Nos vamos a quedar aquí perdiendo el tiempo? —dijo Torn— Esta noticia no tardará en llegar a oídos de nuestros enemigos.

—No está muerto —dijo Karev, evidentemente afectado—. Ten un poco de respeto a nuestro rey.

—Ahora no —respondió Vegeta con calma, sin quitarle la vista de encima a su padre.

—¿Ahora no, Vegeta? —replicó el padre de Lee sin miedo en sus palabras—. ¿Entonces cuando? ¿Vas a tomarte tu tiempo como lo hiciste para asistir a la batalla? Si no hubieses estado perdiendo tu tiempo con…

—Ahora no, Torn —exclamó mirándolo—. Retírate y ve con tus hombres al puesto que te corresponde. Luego continuaremos con esta conversación.

—Increíble —dijo indignado, pero le obedeció y salió junto con los otros hombres mayores sin dejar de vociferar contra Vegeta, ignorando por completo al príncipe que continuaba junto la puerta.

—Es mi culpa, si yo hubiera… Es mi culpa… —volvió a repetir Karev. Casi no podía mirar el cuerpo del rey.

El guerrero intercambió un par de palabras más con Vegeta antes de salir, no sin antes lanzarle una mirada llena de odio a Tarble, como culpándolo de lo sucedido.

Un rato después eran solo los dos hermanos y un par de médicos dentro de la habitación.

—Vegeta —susurró Tarble cuando se puso a su lado. Estaba tan aliviado de verlo vivo.

—Fue una trampa —dijo Vegeta, mirando a su padre—. Estoy seguro, como pasó conmigo. Pero esta vez quisieron asegurarse de que no saldría con vida.

—No había nada que pudieras hacer.

—Era para mí. Yo debí estar en ese lugar, pero ya habíamos ganado y mi padre se adelantó… —Se notaba furioso, frustrado.

Si bien ver a su padre al borde de la muerte no significó nada para Tarble, ver a su hermano haciendo lo imposible por no desmoronarse fue duro. Vegeta estaba mal, era capaz de ver en su hermano lo que otros no. Esos muros de frialdad que Vegeta se dio el trabajo de construir durante toda su vida estaban cayendo por culpa de Bulma y la ahora inevitable muerte de su padre.

—No tenías cómo adelantarte a lo que sucedería.

—Claro que sí. Ya habían intentado matarme, pero como no soy capaz de concentrarme correctamente bajé la guardia.

—No digas eso…

—Los soldados del bando enemigo que lograron sobrevivir están encarcelados, al igual que los nuestros que no protegieron al rey. Tengo demasiado trabajo que hacer intentando descubrir quién carajo nos traicionó por segunda vez—dijo Vegeta, dando por terminada la conversación con su hermano.

—¿Hay algo que pueda hacer por ti?

—Preocúpate de ella.

—Necesitas ir a verla, cree que estás muerto. Todos pensábamos que eras tú.

Vegeta no tardó en salir del cuarto.

Tarble permaneció unos minutos más observando a su padre y experimentando por primera vez de ese hielo en las venas por lo que los saiyajin eran tan conocidos. Le hubiese encantado sentirse más empoderado antes que esto hubiera ocurrido para haberlo encarado y decirle un par de cosas.


Bulma se había vestido a la espera de poder salir y ver a Vegeta. Sintió una eternidad la espera, angustiada y asustada de lo que estaba sucediendo fuera de su cuarto. Por eso cuando Vegeta entró a su cuarto sintió que podía volver a respirar. Estaba en muy mal estado, pero vivo.

La joven finalmente rompió en llanto y corrió a su encuentro.

—No vuelvas a hacerme esto. —Lloró contra su pecho y de paso golpeó con los puños lo que quedaba de la dura armadura—. Me preocupé tanto, pensé que habías muerto —gimió apretando los ojos.

Vegeta sintió un poco de dolor por los insignificantes golpes, eso significaba que estaba en peor estado del que pensaba.

—No lo vuelvas a hacer —repitió desconsolada.

De pronto Bulma sintió los brazos del hombre rodear su cintura y estrecharla en el abrazo más intenso que le había dado desde que recuperó la memoria. Se sintió tan bien cuando el rostro del hombre se ocultó en su cuello, que fue capaz de detener el llanto y calmarla.

Por un momento sintió que todo estaba bien.

—Nunca más, por favor —susurró, feliz de tenerlo a su lado de nuevo, sin embargo el miedo no desapareció por completo.

—Lo siento —dijo, y la tomó de las mejillas para besarla. Su boca había ocupado sus pensamientos la mayor parte del tiempo, por fin estaba con ella y no tardó en arrancarle un suspiro luego de tan intenso contacto.

Bulma lo tomó del único tirante de armadura que quedaba para atraerlo y volver a comer su boca. Lo había extrañado tanto, sus caricias, sus manos por sus caderas, tomando muslos y así ser levantada para rodearle la cintura con las piernas. El hombre no tardó en hacerlo y ponerla contra la pared, sin embargo un fuerte dolor en las costillas lo hizo cortar el beso y bajarla.

—¿Estás bien? —preguntó preocupada. Estaba acostumbrada a verlo sanar con rapidez, esto debía ser más serio.

—Ya sanará —dijo y se paró derecho. Eso había sido un golpe a su estima.

—Tienes que hacer que vean eso ahora mismo.

—Primero debía venir.

Bulma lo besó ahora con más suavidad antes de hablar.

—Ahora anda. Después tendremos tiempo para hablar.

Vegeta tardó un poco en responder.

—Necesito que esperes, el rey va a morir y hay cosas que debo solucionar antes.

Bulma se sorprendió de oír eso. Si el rey moría significaba que se esfumaba cualquier oportunidad de estar juntos. ¿Valdría entonces la pena esperarlo? ¿Cuánto debería esperar?

—Sí —respondió pronto—. Ve, pero primero anda a que te atiendan, por favor. —No sabía cuánto podría esperar, pero sentía que se lo debía a ambos.

Vegeta no pudo evitar sorprenderse un poco ante su afirmativa, volvió a besarla en la boca.


—Ya no hay tiempo —dijo Tarble cuando ingresó a la nueva celda de Kakarotto.

Hace unas horas habían cambiado al saiyajin de ubicación a otra área más alejada y grande que la anterior. Había quedado aislado, pero antes de llegar a su celda vio más gente encarcelada, tanto soldados enemigos como saiyajin, en muy mal estado, cada uno con su torturador, fuera o dentro del cubículo, preparando las cosas para comenzar o tomándose un descanso.

No alcanzó a estar mucho tiempo hasta que llegó el príncipe.

Kakarotto, recién golpeado para que cooperara con el traslado, no se movió de su nueva cama. Era un tanto más cómoda que la anterior.

—Veo que ya llegaron. Asumo que no les fue tan bien, considerando los presos…

—Es ahora o nunca, Kakarotto… Ocurrieron sucesos inesperados que han provocado el recelo de mi hermano. No tienes mucho tiempo a tu favor si llega a pensar que estas involucrado.

—A tu hermano le encantaría tener un encuentro conmigo, créeme. —Estaba seguro que Vegeta le haría pagar el intento de secuestro y el provecho que sacó cuando aún estaba amnésico.

—¿Y no te preocupa morir y dejar a tu mujer en este planeta? —Supo que había acertado al ver su reacción—. Dame lo que te pido, y hoy mismo tu mujer abandona el planeta hacia otro lugar seguro y con estabilidad económica.

—Haz que se vaya y luego habláremos.

—Dalo por hecho.

—Que no sea traumático… Puedes decirle a mi hermano que ayude. Él la conoce —dice resignado. Lo odiaría más, pero qué más da, si para cuando Milk estuviese en otro planeta ya iba a estar muerto.

—¿Tu hermano…?

—Raditz, trabaja en palacio.

—Así será.


Las horas continuaron pasando con rapidez, pero los saiyajin no lo notaron gracias a que podían pasar días enteros sin dormir. La situación no estaba para bajar la guardia y había mucho que hacer mientras el monarca del planeta seguía aferrándose a la vida.

En el salón donde el rey Vegeta solía recibir invitados externos del planeta o celebrar reuniones importantes se llevaba a cabo una junta entre los príncipes y los cinco hombres más importantes del rey. En el mismo lugar estaban los guerreros a cargo de los ejércitos más grande, pero se mantenían alejados resguardando las entradas. Karev y Lee también estaban presentes, ella fumando y él muy demacrado por el estado del rey y al igual que Vegeta, se encontraban con sus múltiples heridas limpias y vendadas.

El trono del rey que miraba desde las alturas sobre su tarima elevada se mantenía vacío.

—El doctor fue claro, si no murió enseguida y resistió el viaje de regreso es porque fue un guerrero de excelencia. No podemos esperar a que muera para comenzar a tomar medidas —dijo Torn, y detrás de él los otros saiyajin apoyaron su postura.

—Ya estás hablando de él como si estuviera muerto —reclamó Karev—. Ten un poco de respeto.

—No, no lo está —dijo otro saiyajin calvo de más de 70 años que no aparentaba su edad gracias a su longevidad—, pero todos sabemos cómo son las reglas, incluso él estaría de nuestra parte si otro estuviese en su lugar.

—Solo ha pasado un día desde que llegó y no hay avisos de posibles acercamientos de naves de ataque, creo que están demasiado alterados —comentó Tarble con total calma.

Los guerreros viejos lo miraron con desapruebo pese a tratarse de un príncipe. De no ser porque Vegeta lo aceptaba en la reunión, ya le hubieran pedido de muy mala manera que se retirara.

—Aún no —respondió Torn a Tarble—, pero la experiencia me ha enseñado que no puedo quedarme a esperar a que me ataquen. Son demasiado los enemigos que tenemos como para esperar una sorpresa desagradable.

—Que es lo que propones entonces, Torn —dijo Vegeta cruzado de brazos. Lo último que quería era estar en la sala del trono, enfrascado en una conversación que no guiaría a nada concreto, pero era su deber.

—¿No es claro? Reclama el trono como tuyo, cásate con mi hija y conviértete en rey. Demuéstrales a todos que estamos más fuertes que nunca.

—El rey aún no muere —sentenció Vegeta, muy serio, mirándolo a los ojos—. No reclamaré nada hasta que haya fallecido.

—No tiene caso apurar las cosas, padre —se apresuró en intervenir Lee —. Nadie va a ser tan estúpido como para atacarnos.

—Guarda silencio, niña. Aun no entiendo qué haces metida aquí.

—Voy a ser la reina —respondió encogiéndose de hombros, convencida de que eso bastaba y a sabiendas que ese comportamiento molestaba mucho a su padre. El hombre le hizo una mueca de desagrado y se dirigió a Vegeta.

—Un solo ejército no es capaz de hacernos frente, pero existen las alianzas, y eso es lo que han estado haciendo algunos cobardes. Si actuamos rápido, cuando se enteren de la muerte del rey, tú ya habrás asumido como corresponde: casado y convertido el rey.

—No lo haré —dijo enfático.

—¿Por qué no? —preguntó molesto el saiyajin mayor—. ¿Es cierto lo dicen de ti, entonces? Que no quieres aceptar tu roll porque te encaprichaste con una puta. —Su cara de asco fue evidente en cada palabra escupida.

En cosa de un segundo Vegeta tenía agarrado al saiyajin del cuello, con tanta fuerza que las vendas de su brazo y antebrazo se soltaron y un par de cortes se abrieron. Avanzó y obligó al hombre a retroceder, lo que causó que perdiera el equilibrio y cayera violentamente al suelo en cuanto Vegeta lo lanzó.

—Seré rey una vez que mi padre haya muerto —exclamó furioso—, y la primera decisión que tomaré es enviarte lejos al peor planeta de mierda que encuentre, así que ruega para tener más tiempo.

El saiyajin intentó no toser ni llevarse la mano al cuello que evidentemente había quedado con heridas.

—Eso es totalmente… — Lee no alcanzó ni siquiera a completar una oración cuando su padre, cansado de tenerla presente, la interrumpió.

—Cierra la boca, niña. Me avergüenza saber que no fueras capaz de ocupar el lugar que te corresponde con Vegeta y fueras sobrepasada por una extranjera que no es nada.

Lee se mordió el labio para no responder. Miró a Vegeta de reojo y se centró en su cigarro.

—Veo entonces que el tema está cerrado. —Torn ahora se dirigió a Vegeta.

—No hay nada de qué más discutir.

—Por ahora —respondió desafiante, encaminándose hacia la salida seguido de los otros cuatro saiyajin mayores.

—Esto no es solo por esa científica —comenzó Karev—. Es por tu hermano, no ¿Vegeta?

Tarble se llevó una mano a la cara. Ya era demasiado el drama y Karev comenzaba con su cantaleta.

—Por favor, otra vez no —reclamó el joven príncipe.

—Está claro —continuó Karev a Vegeta—. Tarble te ha lavado tanto el cerebro que no tienes intenciones de tomar tu puesto, quieres dárselo a él.

—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó Vegeta frunciendo el ceño, cruzándose de brazos.

—Lo que todos saben pero nadie quiere decir, Vegeta. Has apoyado tanto a ese remedo de guerrero que terminó por romperte. Y ahora algo debió pasarte el tiempo que estuviste desaparecido porque no eres el mismo. Estás blando. Ese niño y la mujer te han corrompido.

—Compórtate, Karev —respondió mirándolo con desprecio—. Que no se te olvide tu lugar, soldado.

—Sé cuál es mi lugar, fiel a tu padre.

—Pues entonces sabes muy bien que no tienes permitido estar en esta reunión.

El hombre caminó a paso rápido hacia la salida, sin dejar de vociferar.

—Debiste ser tú y tu hermano quien recibieran ese ataque, no el rey... Van a arruinar este imperio.

—Bueno, ya terminamos la primera reunión —dijo Tarble luego de un suspiro.

—¿Vienen más? —preguntó Lee—. Y yo que pensé que no podría ser peor.

—Y nunca te acostumbras —susurró el joven.


Momento después Vegeta y Lee caminaban por los corredores subterráneos. La iluminación no era la mejor, pero sí suficiente para ellos. A medida que se acercaban a su destino la luz comenzó a hacerse más fuerte al igual que los sonidos de golpes y gritos.

—Pensé que la conversación que tuvimos en el otro planeta había sido clara —dijo la mujer mientras encendía otro cigarro.

—Lo fue. —Vegeta no hizo mención al cigarro de Lee. Se había habituado tanto a la manía de Bulma que terminó por acostumbrarse.

—¿Entonces por qué no dijiste nada durante la reunión? Si guardé silencio fue porque tú darías la noticia.

—Lo haré cuando yo lo decida, no porque esos inútiles estén sobre mí.

—Esos hijos de puta, incluido mi padre. Nosotros hacemos el trabajo pesado y se creen con derecho a opinar sobre nuestros actos.

—No por mucho tiempo.

—Que así sea —dijo animada—. Por cierto, ¿ya tienes pensado que pasará ahora? —preguntó con el cigarro en la boca, justo cuando hacían ingreso a la sala de interrogatorios donde se encontraban todos los prisioneros de guerra, incluido los saiyajin que sobrevivieron al ataque que sufrió el rey.

Cuando los saiyajin que se encontraban trabajando vieron a Vegeta hicieron una pequeña reverencia y continuaron con sus asuntos.

—No lo tengo claro aún —respondió.

—¡Vaya, hombre! Sí que se te vino todo encima en un momento. —Se acercó a una de las celdas donde un prisionero saiyajin no dejaba de gritar al ritmo de los brutales golpes que recibía—. Si continuas así no habrá forma que ese pobre diablo confiese algo, Karev.

El saiyajin se detuvo cuando escuchó a Lee detrás de él y soltó a su víctima que cayó como un muñeco de trapo al suelo. Casi no podía distinguirse la nariz o la boca debido a la sangre e hinchazón.

—¿Ahora no tengo permitido estar aquí? —preguntó violento. Sus puños y antebrazos ya estaban rojos por la sangre del hombre de la celda y la propia que emanó de las heridas abiertas. También tenía sangre en la boca, pero ninguna herida, lo que implicaba que había mordido al moribundo.

—Cumple con tu trabajo —dijo Vegeta, yendo hacia la mesa donde se encontraban los informes de todos los detenidos—. Pero no mates a nadie aún.

Karev respondió volviendo al cubículo y cerró para tener mayor privacidad. Los alaridos desesperados del otro saiyajin que hasta no hace mucho luchó junto a él aún podían escucharse.

Mientras Vegeta revisaba los informes que incluían fotografía de la persona, Lee se dedicó a observar el lugar en silencio. Lo que sintió no supo descifrarlo, pero de algo estuvo segura en ese momento.

—Paso por esta vez, Vegeta. Ya tuve suficiente por hoy.

—Si no vas a ayudar, entonces vete —respondió calmado, sin dejar de mirar los informes.

—No tienes que repetirlo. —Fue hacia la salida y agregó en voz alta—: no te entretengas mucho aquí, tienes más cosas que hacer.

Vegeta no respondió. Su atención se había posado en la foto del prisionero que reconoció enseguida. Cómo olvidar al saiyajin que le dio una paliza con el objetivo de venderlo al ejército enemigo y que finalmente influyó en su recuperación.

—¿Quién está a cargo del prisionero catorce? —preguntó sin levantar la vista, ocupado de leer el historial del hombre.

Rápidamente se acercó un saiyajin adjudicándose el cuidado del prisionero.

—Guárdalo para mí, que nadie más lo interrogue. Más tarde iré con él. Ahora trabajaré con el número cinco.

—Sí señor.

Vegeta tenía decidido averiguar quién demonios lo había traicionado. Debía ser alguien con acceso a la información de palacio que coludido con el enemigo planearon el atentado que casi termina con él y terminó de la forma más humillante con su padre. Estaba obsesionado por saber la verdad, detestaba no tener el control de la situación y últimamente ese sentimiento lo había abordado con regularidad.

El guerrero del bando enemigo estaba inconsciente cuando Vegeta entró al cubículo, pero no continuaría así por mucho rato.


Fueron demasiadas las horas que Bulma esperó a Vegeta, pero todo el estrés de la situación y el que su cuerpo no fuese capaz de soportar tanto tiempo sin dormir hicieron que finalmente se rindiera y se fuera a la cama a dormir. Logro descansar varias horas de reponedor sueño hasta que la sensación de las sabanas deslizándose sobre su piel y un peso extra sobre el colchón terminaron por despertarla.

—Regresaste —susurró recibiendo a Vegeta entre sus brazos. Sintió un leve escalofrió cuando su piel tibia tuvo contacto con la fría de él. El agradable olor a jabón en su cuerpo y las gotas que cayeron del cabello húmedo del guerrero a su rostro terminaron por despertarla por completo.

Vegeta, que después de la larga ducha para limpiar de su cuerpo toda la sangre del interrogado, no se tomó la molestia de volver a vendar las heridas. Fue directo a ella y retiró las telas que se interponían entre los dos. La joven tenía de pijama una camiseta a tirantes de él que evidentemente le quedaba más grande y unas pantaletas negras que debió resistir para no arrancárselas a la fuerza en ese mismo momento.

Hubo un silencio absoluto en la habitación, interrumpido a ratos por besos, suspiros y suaves gemidos. Bulma cortó el contacto por un segundo para poder recobrar la respiración. El cuerpo de Vegeta sobre ella ya estaba caliente.

—Te extrañé —dijo acariciando su rostro, a lo que él respondió besando la palma de su mano. Volvió a besarla, ahora de forma más intensa y en cuanto interrumpieron el contacto, Vegeta le habló contra su boca.

—Te necesito —y volvió a repetirlo luego de acomodar su cabello.

La respiración de la joven se aceleró. En ese momento todo lo demás se podía ir al demonio. Quería estar con él, quería esperarlo, quería detener el tiempo para los dos.

Se besaron una vez más. Ella intentó moverlo para ponérsele encima, pero Vegeta no la dejó y besó su cuello al tiempo que con una mano la acariciaba por sobre la tela de la ropa interior. Los besos y mordidas del hombre fueron bajando por su pecho y con un simple movimiento le bajó la camiseta hasta la cintura, exponiendo sus pechos. No tardó en apoderarse de uno con la boca e introdujo la mano bajo la pantaleta para tocar su delicada piel ya húmeda.

Bulma se hundió en el colchón y no volvió a intentar tomar el control por el momento. Su cuerpo se tensó y tomó el cabello del hombre cuando sintió sus dedos en su interior. Movió las caderas al compás de la mano de Vegeta para intensificar la sensación.

Luego de dejar marcas por su paso en los pechos y abdomen de la mujer, Vegeta se separó un poco para quitarle la prenda interior, solo tuvo que aplicar un poco de fuerza y la tela se rompió, dejando otra huella en su clara piel. Besó su ombligo y continuó bajando hasta llegar a su sexo. Tomó una de sus piernas para abrirlas más y con la mano separó sus labios para saborear su interior con la boca.

La joven pronto comenzó a gemir más fuerte ante las atenciones del hombre que aceleró el ritmo de su boca y lengua cuando ella jaló su cabello, completamente extasiada. Cuando el clímax la alcanzó, el hombre se sentó, aun entre sus piernas y se llevó a la boca los dedos que habían estado en el interior de la chica. También estaba agitado, y se tomó el tiempo para observarla mientras se recuperaba de tan fuerte orgasmo.

Todavía con el pecho acelerado, subiendo y bajando por el ritmo acelerado de su respiración, Bulma apoyó los antebrazos en la cama para levantarse un poco y mirarlo. El muy altanero la miraba con una sonrisa de lado, consciente de lo que le había hecho.

—Si pudiera sostener mi peso en las piernas, te devolvería el favor… espera a que me recupere —dijo en una especie de amenaza que a él le encantó al igual que sus mejillas rosadas.

—Tengo paciencia —respondió él, con voz ronca. Le quitó la camiseta por las piernas como si se tratara de un vestido y se puso encima. —Tenemos suficiente tiempo, deja que yo me encargue por ahora. —No perdió el tiempo y la penetró con brusquedad. Fue fácil entrar por todo el juego previo, pero no por eso menos doloroso para ella debido a su intensidad.

Bulma apretó los dientes y gritó. Estuvo a punto de pedirle que se detuviera, pero su cuerpo pudo acostumbrarse a la vehemencia de sus embestidas. Estaba consciente que el hombre controlaba su fuerza para no lastimarla, pero al parecer el tiempo separados hizo que le fuese más difícil moderarse.

Vegeta cumplió esta vez. Tenían varias horas por delante y no se preocupó de nada más que complacerla y saciarse de ella. Estaba acostumbrado a tener sexo duro después de las misiones, era una forma de celebrar o deshacerse del estrés por el mal resultado de ésta. Algunas veces era con Lee, en otras ocasiones con mujeres de una sola vez (o con las dos al mismo tiempo cuando Lee llegaba con sorpresas) Era algo totalmente normal para muchos saiyajin, especialmente los de clase alta que se caracterizaban por su frialdad.

Para cuando se detuvieron, exhaustos y satisfechos, no sabían de la hora ni cuánto había pasado. Bulma, con el cuerpo rendido y adolorido se durmió en cuanto se puso en una posición cómoda y abrazó una almohada. Vegeta se mantuvo un rato despierto, observando la espalda de la joven, cuidando su sueño, pero el cansancio también le ganaría.


—Raditz, ¿qué haces aquí tan tarde? ¿Supiste algo de Kakarotto? —Pese a que ya era bastante avanzada la noche, dentro de palacio y también en algunos otros lugares al exterior, se funcionaba a toda máquina, por lo que Milk decidió unirse a la cocina para fingir supervisar a los trabajadores en el caso de escuchar alguna noticia sobre Kakarotto.

El saiyajin se sentó a la mesa donde la joven tenía carne a medio cortar, sus cuchillos y un par de sartenes.

—Solo sé que lo cambiaron de celda.

—¿Eso qué significa? —preguntó preocupada. Sentía que su cuerpo ya no aguantaba tanto estrés.

—Tranquila, trajeron enemigos de la última misión, solo hacen espacio —mintió.

—Necesito encontrar a Bulma para que hable con el príncipe Tarble. Él es diferente a la gente de aquí y lo ha ayudado, tal vez si insiste más logre liberarlo.

—Puede que así sea. —Casi se sintió mal de mentir tantas veces. Habían conversado casi todos los días desde que se conocieron. El tener a Kakarotto en común los hizo tener mucho material para intercambiar, lo que provocó que ya no la viera solo como una extranjera, o la simple mujer de su hermano.

—No sé cuánto más pueda resistir. —Se sentó con la mirada en el suelo y las manos en su abdomen—. Casi no puedo dormir y despierto aterrorizada pensando que mataron a Kakarotto… Y ni siquiera he podido verle para decirle…

—Eres una mujer fuerte.

—También lo creía.

—Lo eres —dijo convencido—. Serias una digna saiyajin.

—Si tuviera la fuerza de ustedes ya lo hubiera liberado. Su lugar es conmigo. —Lo miró con los ojos llorosos—. ¿Puedo contarte un secreto?

El asintió con la cabeza.

—Pensaba que se debía al estrés… Quién no se estresaría en un lugar como este. —Sonrió, pero sus ojos continuaban húmedos y unas lágrimas escaparon—. Siempre quise tener una familia con tu hermano, y ahora que creo que estoy embarazada ni siquiera puedo decirle, y es posible que muera y jamás lo sabrá.

—Yo me encargaré de que se entere —dijo sin pensarlo.

—Gracias, pero nadie puede acercársele.

—Buscaré un modo, te doy mi palabra.

Milk limpió las lágrimas con las manos y no se preocupó cuando el hombre rodeó la mesa para acercársele.

—Eres una mujer fuerte que criará un saiyajin fuerte —dijo arrodillado para quedar a la misma altura.

—Así será. —susurró triste. —Toda su vida había deseado tener un hijo y ahora que la posibilidad era grande no podía sentirse feliz.

—Mi hermano tiene razón, este no es un planeta para todos… Por tu bien no puedes seguir aquí. —En su mano llevaba una ampolla de vidrio que sin problema quebró. Milk notó lo que sucedía cuando la mano de Raditz estuvo junto su nariz y respiró el fuerte olor.

—¿Qué hiciste…? —Ni siquiera pudo terminar la oración, se sintió tan mareada que casi cayó hacia el lado de no ser que Raditz estaba ahí para tomarla. Tuvo la consciencia suficiente para entender que ahora estaba en brazos del hombre, pero su visión pronto se nubló y todo se fue a negro.

—Ya está listo —dijo el saiyajin.

Algunos trabajadores que presenciaron el hecho se alejaron y fingieron que no vieron nada. No podían hacer nada sin arriesgar sus cabezas. El miedo era tan grande que por mucho que la jefa de la cocina hubiese sido amable y los hubiera tratado con dignidad, sus cuerpos no respondían a causa del temor.

Dos soldados con los colores de Tarble hicieron ingreso al lugar, uno de ellos se encargó de tomar a Milk en brazos, con más cuidado de lo que lo haría un saiyajin. Raditz al comienzo no estaba muy convencido de participar, sin embargo Kakarotto había llegado a un acuerdo con el príncipe Tarble.

—Trátenla bien —dijo Raditz—. Y prepárense cuando despierte, lo van a pasar muy mal.

El soldado que tenía a Milk no tardó en salir de la cocina en dirección a la nave que por fin la sacaría de Vegetasei a un planeta no relacionado con los saiyajin, uno pacífico y ahí tendría todo para estar tranquila y a salvo para criar a su hijo.

El otro guerrero se acercó a Raditz.

—Tarble te requiere en su oficina.

Raditz arqueó las cejas y decidió seguir al soldado que ya había empezado a caminar sin esperar la respuesta del hombre.


Vegeta abrió los ojos de golpe y miró a Bulma para comprobar que continuara a su lado. Seguía en la misma posición que la había dejado hace varias horas. Se levantó y cubrió con la cobija que había caído al suelo y luego de una rápida ducha se vistió y encaminó a la enfermería para que vieran y volvieran a vendar sus heridas que se habían abierto, no podía ir sangrando por todos lados y tenía mucho que hacer.


Cuando Bulma despertó le tomó un momento recordar todo lo que había sucedido, pero en cuanto quiso sentarse el dolor que recorrió su cuerpo entero se encargó de traer a flote lo vivido la noche anterior. ¿O era de día? Con el horario extremo de los saiyajin y tantos acontecimientos había terminado de desorientarse por completo.

Adolorida fue a correr las cortinas. El sol no estaba en su punto más alto, lo que significaba que se había saltado el desayuno y el almuerzo. Tenía mucha hambre y ya que no habían ido a dejar nada para comer iría por algo a la cocina. Ya estaba cansada de estar encerrada, pero primero se daría un buen baño de tina.


Kakarotto despertó cuando sintió la puerta abrir. Por un momento pensó podía tratarse de Tarble con noticias de Milk, pero se había equivocado de príncipe.

—No pensé encontrarte en este planeta —dijo Vegeta con la espalda apoyada en el muro—. Te metiste de polizón en mi nave. —Dedujo.

Kakarotto se sentó antes de responder.

—Era tan grande, no pensé que les molestaría hacer un espacio para mí.

—Estuve leyendo tu archivo. Ahora, además de todo tu historial agregamos intento de secuestro.

—¿En verdad vas a decir a todos que casi fuiste derrotado por un desertor castrado?

—No será necesario. —Digitó los números para abrir la reja que los separaba e hizo sonar sus nudillos, a lo que Kakarotto respondió con una carcajada—. ¿Qué es lo gracioso? —preguntó un poco de mal humor.

—Me siento como un estúpido… Cuando recuperaste la memoria y me ordenaste mantener a las mujeres en casa, obedecí sin pensar porque pese a llevar más de tres años fuera del planeta, en mi cabeza aún tenía la idea de que eras poderoso e intocable, casi como un dios inmortal, como les gusta mostrarte. Perdí la oportunidad de llevármelas lejos por una estúpida idea implantada desde niño.

—No soy inmortal —respondió Vegeta, pero puedes creer el resto de las historias que dicen de mí.

—Tampoco eres todo eso, Vegeta —dijo disfrutando el momento. Si iba a morir no iba a ser temblando de miedo—. No eres mejor que el saiyajin que no tiene suficiente nivel de pelea para combatir, no eres diferente a mí. Somos los mismos hombres enamorados y perdidos por dos mujeres que podrían manejarnos con el dedo si así lo quisieran.

La risa de Kakarotto se vio interrumpida por el golpe de Vegeta que lo lanzó al suelo.

Sería el primero de muchos.


Cuando salió de la habitación, Bulma no pudo evitar sorprenderse al ya no encontrar a sus perros guardianes, se había acostumbrado tanto a ellos que los había dado por hecho. Estaba segura que Vegeta los había despachado, esperaba nunca más tener que verlos.

No vio tantos soldados como de costumbre, supuso que la mayoría se debía encontrar resguardando al rey y en otras tareas de importancia. Ni siquiera había visto a Tarble para que le contara todos los detalles. Lo buscaría una vez que saciara su apetito.

Una vez en la cocina se extrañó de no encontrar a Milk cocinando o al menos fingiendo trabajar, intentando averiguar algo de Kakarotto. La buscó por los salones pero nada, incluso fue a su habitación, pero el resultado fue el mismo. Decidió volver a la cocina principal y preguntar a algún trabajador.

—Niña —llamó a una pequeña de piel celeste y ojos grandes estrellados que había visto en otras ocasiones ayudar a Milk con las ollas. Se arrodillo para poder verla a la cara. No entendía por qué la miraba tan asustada—. Estoy buscando a Milk, ¿sabes dónde podría estar?

La niña permaneció en su lugar, evidentemente incomoda, mirando a todos lados buscando a su mamá.

Bulma se puso de pie y se alejó unos pasos para no intimidarla.

—Está bien, no tienes que tenerme miedo, he estado aquí otras veces con Milk, ¿lo recuerdas?

Retrocedió otro paso cuando la madre de la niña la tomó en brazos, protectora y bajó la mirada.

Bulma se molestó con ella misma por no saber el nombre de ninguna de las dos. En cambio Milk debía haberse aprendido el nombre del personal y al menos parte de sus historias.

—Yo sé que pasó con Milk, señora —susurró una anciana escondida detrás de un estante de ollas y sartenes.

Bulma se volteó, lo que aprovechó la otra mujer para huir con su hija.

—¿Le ocurrió algo a Milk? —No intentó acercarse a la mujer. No quería ahuyentarla y ya estaba preocupada.

—Un saiyajin la durmió y se la entregó a otros.

—¿Estás segura?

—Sí, eso suele pasar mucho por aquí.

—¿Tienes idea dónde pudieron llevársela?

—Hay muchos lugares donde pagarían muy bien por alguien como ella, o pudieron llevarla a la casa de un comandante y de ahí no suelen volver… Lo siento, señora, no sé más.

Bulma salió corriendo en busca de Tarble, solo él podría ayudarla a encontrar a Milk antes de que algo terrible sucediera. Lo buscó en cada habitación y lugar que frecuentaba, preguntó por él, pero nadie sabía de su paradero. Se sintió desesperada, no entendía por qué le harían algo a Milk cuando Vegeta había dicho expresamente que nadie podía tocarla. Recorrió el lugar con la esperanza de encontrar al hermano de Kakarotto, pero nada. Quiso buscar a Vegeta, pero tampoco pudo encontrarlo y el tránsito por la parte del palacio del rey estaba prohibido para todos.

Sin más opciones decidió ir a la celda de Kakarotto. Si no tenía información sobre ella tal vez podría ayudarlo a escapar para buscarla, lo que sea con tal de hacer algo por Milk. Siempre llevaba su bloqueador de señal para pasar cualquier posible guardia, sin embargo esta vez no encontró a nadie por los alrededores, lo que facilitó su llegada hasta el área de celdas. Su sorpresa fue grande al encontrar el lugar vacío, sin guardias y sin Kakarotto. ¿Qué demonios estaba pasando?

Con horror vio sangre en la celda que hasta no mucho estuvo el saiyajin. Había sangre seca desde el interior hacia el exterior que marcaba un camino, lo que significaba que lo habían movido (o arrastrado) para llevarlo a otro lado. El sendero era claro, la sangre seca se dirigía hacia otra dirección de los corredores.

No lo pensó dos veces y decidió seguir el rastro de sangre. Afortunadamente llevaba su encendedor para ayudarse a ver en los lugares más oscuros.

Logró adentrarse lo suficiente por los corredores hasta que ya no hubo ni una sola pizca de sangre para seguir. Se iluminó con el encendedor, siempre con su aparato activo, en caso de que alguien apareciera. A medida que continuaba adentrándose la luz comenzó a ser más potente, hasta que ya no necesitó de la débil llama. El lugar parecía un laberinto, pero eso mismo la ayudó a esconderse cuando escuchó las voces de hombres acercándose.

—Tengo hambre y tengo sed, vamos a la taberna —dijo un saiyajin joven, de no más de 20 años.

—Yo quiero coger, los interrogatorios siempre me la dejan dura —exclamó otro que lo doblaba en edad.

—No tenemos tanto tiempo —intervino otro muy alto y calvo—. Tenemos que volver.

—Él tampoco necesita mucho tiempo para coger —respondió el joven a lo que los otros siete hombres rieron con fuerza.

—Tenemos el tiempo de sobra —mencionó otro de estatura mediana con abundante cabello—. Cuando el príncipe Vegeta está inspirado puede durar horas. No hay problema.

Sus rastreadores no sonaron nunca y ellos jamás supieron que Bulma estaba escondida a pocos metros de ellos. Continuaron avanzando y hablando de los planes para su tiempo libre. En cuanto la joven sintió que era seguro fue en dirección contraria a los hombres.


El último golpe de la cabeza contra el suelo hizo que todo diera vueltas, lo que lo obligó a Kakarotto a quedarse ahí sin poder levantarse.

Mientras que Vegeta maldecía mentalmente por el dolor que recorrió desde su puño a su brazo entero luego de golpearlo tan fuerte. Sus heridas no se habían recuperado en lo absoluto, lo que hacía muy difícil darle su merecido.

—¿Qué pasó, ya te cansaste? —Escupió sangre y al parecer parte de una muela que terminó por salirse de tantos golpes—. O te duele que te digan que eres un patético hombre enamorado, de carne y hueso, y bastante estúpido considerando las decisiones que has tomado para mantener a Bulma a tu lado.

—Basta —rugió Vegeta con la mano apretando la muñeca que le ardía de dolor. Kakarotto no era como los otros hombres que había interrogado, era fuerte y resistente pese a llevar semanas encarcelado—. ¡No me conoces! —Lo tomó del cabello para levantarlo y estrellar su rostro contra el muro reforzado. El impacto fue tal que trizó la imponente piedra.

Kakarotto no cayó al suelo, se mantuvo de pie con la espalda contra la pared. No se distinguía mucho su rostro por la hinchazón y sangre, pero no por eso dejó de hablar.

—Necesitas rodearte de personas que te digan las cosas como son, Vegeta.

—Yo te mostraré como son. —Atacó con el puño, pero Kakarotto se hizo al lado y el golpe terminó siendo en la piedra.

El príncipe ni siquiera alcanzó a quejarse de dolor cuando Kakarotto golpeó sus piernas para lanzarlo al suelo. En cuanto su espalda tocó el piso, rodó y se puso de pie, haciendo que ahora Kakarotto golpeara su puño contra la piedra del suelo cuando intentó golpear su rostro.

—Eres un desertor, no eres nada —vociferó Vegeta y alcanzó con la rodilla el abdomen desnudo del otro saiyajin, dejándolo sin aire—. No puedes compararte a mí.

—Eres igual de estúpido que yo. No, me equivoco, eres más estúpido que yo. Aún no te has preguntado que hacía metido en tu palacio de noche. ¿Pensabas que quería recordar viejos tiempos?

Vegeta detuvo el siguiente ataque. Fue tan claro cuando lo dijo que efectivamente se sintió el mayor estúpido de todos.

—Mientes —dijo apretando los puños.

Kakarotto cayó sentado al suelo a causa del dolor, pero la sonrisa en su rostro jamás se borró.

—Sabes muy bien que no. Ella fue la que pidió mi ayuda a gritos en cuanto tu nave abandonó este inmundo planeta, y ya que mi mujer no se iría de aquí sin ella, las ayudé… Es endemoniadamente inteligente, ¿sabes? Con un reloj, un scouter y unas pocas herramientas que le conseguí construyó un aparato para bloquear la señal de los rastreadores… por tu cara veo que sabes de lo que hablo… También engañó a los soldados que le hacían guardia, y por muy poco no alcanzó a salir de palacio… De no ser que tuvimos mala suerte ella ya estaría muy lejos de aquí, y tú estarías lloriqueando, preguntándote qué hiciste mal.

¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta? En otro momento lo hubiera deducido en el acto, pero ahora estaba tan errático que tuvieron que escupírselo en la cara. Una furia incontrolable se apoderó del príncipe en ese momento, y el único presente para desatarla se había encargado de exponer su debilidad y además se reía en su cara.

Se encargaría que jamás volviera a usar esa lengua venenosa en su vida.


Bulma no estaba preparada para ver lo que encontró en la sala de interrogatorio. Si ya le había sido desagradable seguir el rastro de sangre, los charcos de sangre fresca y seca junto con el hedor que inundaba el lugar le revolvió el estómago. Algunos cubículos se encontraban cerrados, otros con la puerta entreabierta, lo que ella aprovechó para acercarse con miedo, esperando que en su interior no estuviera Kakarotto. Echó un rápido vistazo, pero tuvo que retroceder cuando comprobó que aquel cuerpo mutilado no era el del novio de Milk.

Las náuseas fueron en aumento a medida que fue avanzando. El nivel de crueldad superaba su imaginación y los gemidos de los sobrevivientes clamando por una muerte rápida sería algo que no olvidaría con facilidad. No estaba segura si los otros hombres que vio estaban inconscientes o ya habían muerto sobre posas de su sangre y orina.

Un ruido recurrente y más fuerte llamó su atención. Provenía al final de la habitación. Por un momento sintió la necesidad de correr a su cuarto y olvidar todo lo que había visto, pero así no era ella. Definitivamente no se doblegaría en estos momentos.

Decidida se acercó. Los ruidos eran claramente golpes y quejidos de dolor. Su corazón se aceleró más a sabiendas de quien se encontraría al otro lado de la habitación por mucho que no lo quisiera así.

—¡Vegeta, déjalo! —gritó cuando vio la espantosa escena.

Vegeta soltó a Kakarotto en cuanto escuchó la voz de la mujer detrás suyo. Tenía los puños y rostro manchados de sangre y respiraba agitado por el esfuerzo y la furia que insistía en quedarse.

Bulma corrió hacia Kakarotto. Se lanzó al suelo en un intento de interponerse entre él y Vegeta, pero ni siquiera sabía con certeza si ya había muerto.

—¡Eres un monstruo! —Intentó tomarle el pulso, moverlo para ver si reaccionaba, lo que sea que le indicara que estaba vivo. Desesperada y con lágrimas en los ojos llamó su nombre, lo que provocó que la indignación de Vegeta creciera.

—¿Qué haces aquí?

Bulma no respondió. Continuó moviendo al hombre y el llanto creció más al creerlo muerto y además continuaba sin tener noticias de Milk.

—Deja de llorar —dijo enojado al ver la preocupación de Bulma hacia otro hombre—. Está vivo, aún no termino con él.

—No le pondrás un dedo más encima —gritó mirándolo. En medio del llanto vio los ojos del príncipe. Jamás lo había visto de esa forma. ¿Era así cómo realmente era? ¿Un despiadado asesino que disfrutaba derramar sangre?

—No deberías estar aquí. —Vegeta estaba enojado, y ver a Bulma empeoró las cosas—. Vamos —Le tendió la mano, autoritario, pensando que ella aceptaría en seguida.

—No te atrevas a tocarme —bufó la joven luego de lanzarle un manotazo. Continuó con su postura de protección hacia el saiyajin moribundo, lo que terminó por nublar el juicio del príncipe.

Sin decir palabra alguna Vegeta tomó a Bulma de la muñeca y la obligó a ponerse de pie. La científica intentó liberarse, incluso lo golpeó, pero el hombre avanzó su paso decidido con ella. Bulma luchó y le reclamó, pero él no escuchó y la llevó de vuelta a la habitación sin emitir palabra alguna durante todo el trayecto.

Una vez en el cuarto que hace solo unas horas había sido testigo de besos, gemidos y una pasión desbordante, Vegeta la soltó de mala manera y cerró la puerta tan fuerte que la sacó de su marco.

La mujer retrocedió unos pasos alerta, pero no bajó la mirada. La imagen de Vegeta furioso y cubierto de sangre era intimidante, pero no cedería al miedo.

—Me traicionaste —gritó evidentemente dolido—. Intentaste marcharte de este planeta en cuanto puse un pie fuera.

—¿Acaso te sorprende? —ella gritó igual de fuerte que él—. Me quitaste todas mis cosas porque sabías que intentaría escapar.

—¡Jamás debí sacarte de ese hoyo! ¡Te di tecnología, te di personal y la oportunidad que ese inmundo planeta te negó!

—¡Jamás te pedí nada! ¡Lo único que quería era mi libertad y estar contigo, pero lo arruinaste todo! ¿Para eso me pediste que te esperara? ¿Para torturar gente?

—¡Eso es lo que soy, te lo dejé claro hace tiempo!

—¡Me niego entonces a esperar a alguien así! ¿Habías estado en ese horrible cuarto antes de coger conmigo?

El silencio de Vegeta bastó de respuesta. Bulma sintió su cuerpo tiritar, no pudo hacer nada para controlarlo y tampoco las lágrimas que no dejaban de caer.

—Olvídate del dinero del trato, no quiero nada de ti, solo quiero marcharme de este maldito lugar.

—No sabes lo que estás diciendo.

—¡Lo sé muy bien! Estoy cansada de ver muerte a diario, de ver esclavos asustados que ante cualquier movimiento brusco piensan que los mataran. Jamás te esperaré en un planeta como este, jamás me resignaré a vivir aquí contigo porque no puedo ser parte de tanta muerte y destrucción, la misma que me quitó a mi familia y mi planeta. ¡Tú muy bien sabías cual era la solución, pero quieres tenerlo todo y no es posible!

—¡Ya he cedido demasiado contigo y no eres capaz de verlo!

—¡Lo único que veo es que quieres retenerme como tu trofeo y que acepte que eres un asesino!

—¡Esto es tú culpa! Si hubieras sido honesta desde el primer momento podría haber recobrado la memoria a tiempo y ahora no estaría sintiendo esto por ti que no me deja en paz y no me permite concentrarme en mis obligaciones. ¡Me arruinaste, me echaste a perder y ahora simplemente te quieres marchar!

—Si estás enamorado de mí entonces demuéstralo y déjame ir. —Su voz se escuchó casi como una súplica. Estaba cansada, asustada y enojada. No toleraba más.

—No. No te irás después de lo que hiciste conmigo —respondió sin pensar. Bulma resistió un llanto ahogado ante la respuesta del hombre.

—Tú no puedes sentir amor, Vegeta. Esto es obsesión, es el capricho de un niño mimado que siempre lo tiene todo y como se te metió en la cabeza que soy de tu propiedad no me quieres dejar aunque tu gente y tu propio padre quieran verme muerta.

Se cubrió el rostro con las manos y estalló en llanto. No podía soportarlo más, era demasiado, estaba débil y sin fuerzas, tanto que no hizo nada cuando sintió el abrazo del hombre. Lo único que pudo hacer fue seguir llorando desconsoladamente.

—Dame tiempo —dijo él, apretándola más contra él—. Dame tiempo y lo solucionaré. —La tomó del rostro y beso en la boca, manchándola más con la sangre de Kakarotto y la propia.

Bulma sintió como los besos de Vegeta iban en aumento. Quiso hacerse hacia atrás, soltarse de él y romper el contacto, pero el hombre insistió.

—Déjame —rogó sin fuerza, entre lágrimas. Puso las manos en su pecho, intentando separarse pero fue inútil—. Por favor, déjame.

—Te necesito —insistió él y le robó más besos, apretando su cuerpo contra el de ella—. Necesito tiempo.

—Vegeta, suéltame —levantó la voz, asustada.

Cuando sintió las manos de Vegeta tocar sus caderas y muslos el miedo creció y reunió energías de la nada para golpear su pecho y empujarlo y al ver que no fue suficiente, lo abofeteó en la cara tan fuerte que perdió el equilibrio al cortar el contacto y terminó sentada en el suelo.

Vegeta, consciente de lo que había hecho intento tomarla de la mano para levantarla, pero ella envuelta en lágrimas le puso la palma abierta para que no se le acercara. El daño ya estaba hecho.

—Nadie más que tú terminará matándome, Vegeta. —sollozó desconsolada.

—Bulma, lo sien…

—Sal de aquí. —Al verlo dudar volvió a gritar con más fuerza— ¡Sal de aquí!

Finalmente el príncipe obedeció y dejó la habitación.

Bulma no fue capaz de controlarse y continuó con el llanto amargo y una angustia creciente en su pecho.


Vegeta entró a la biblioteca de golpe. No le prestó atención a Tarble ni a sus soldados que lo acompañaban en ese momento, fue directamente al bar a servirse un vaso de aquel licor fuerte que solía tomarse su tiempo para degustar. Esta vez bebió dos vasos llenos de un tirón sin hacer un solo gesto. Cuando llenó el vaso por tercera vez Tarble reaccionó.

—Eso es todo por hoy, los mandaré a llamar cuando los necesite.

Los soldados hicieron la correspondiente reverencia antes de salir, intentando no parecer obvios al mirar el estado en que se encontraba el príncipe Vegeta.

Tarble se encargó de apagar su tableta electrónica y cerrar la carpeta en la que trabajaba antes de acercarse a su hermano.

Vegeta ya con el quinto trago en su mano, llevó la botella consigo y se acomodó en su sitial. Observó a Tarble de pies a cabeza, estudiándolo.

—¿Qué estás haciendo? —Bebió nuevamente hasta la última gota y no esperó para volver a llenar el vaso.

El joven príncipe no pudo evitar sentirse descubierto. Además Vegeta estaba cubierto de sangre, raro en él que solía asearse en cuanto terminaba los entrenamientos, misiones o trabajos, especialmente si la sangre que llevaba no era suya, tal como parecía ser el caso. No pudo evitar imaginarlo torturando a alguno de sus soldados, sacándole información sobre sus trabajos ocultos, pero era imposible, no habían hecho nada concreto aún.

—¿De qué hablas? —preguntó totalmente calmado. Era bueno en eso, aunque la mirada un tanto perturbada de Vegeta estuvo a punto de ganarle.

—Estás diferente, confiado… me gusta.

Tarble se sintió aliviado, pero no por mucho, le preocupaba verlo así.

—Tú también te ves diferente, Vegeta…

—No me gusta —dijo terminando la oración por él.

—¿Sucedió algo?

—Sucede que voy de error tras error y yo no soy así… —Bebió todo el líquido y esta vez sí hizo una mueca de desagrado pero a sí mismo—. Detesto en quien me estoy convirtiendo.

—¿Qué pasó, Vegeta? —Se preocupó, esto no era por el estado de salud del rey.

—La lastimé, la perdí —se limitó a responder con la mirada perdida en cualquier lado.

—¿Qué le hiciste a Bulma? —preguntó preocupado por toda la sangre en su cuerpo. Vegeta se dio cuenta por su tono de voz.

—Jamás le pondría un dedo encima… Hice algo peor. —Tiró el vaso al suelo y bebió directo de la botella.

—Entonces soluciónalo.

—No hay nada que pueda hacer.

—Sí lo hay.

—Voy a convertirme en rey —dijo mirándolo molesto por su insistencia—. Tengo otros asuntos de los que preocuparme y ella no encaja en ninguno.

—Tal vez ya es hora de que te des cuenta que eres capaz de mucho más. Puedes ser emperador como muchos que han pasado y han sido olvidados en el tiempo, o puedes ser uno mejor. Uno que por fin deje de lado las tradiciones arcaicas que solo han conseguido que seamos odiados por la mitad del universo.

—No soy tú.

—Y eso es lo bueno. Muchos te siguen por ser tú.

—Si supieran quien soy en realidad intentarían quitarme el trono antes de siquiera obtenerlo —dijo hastiado consigo mismo. La conversación con Kakarotto le había pegado fuerte y la última discusión con Bulma terminó por darle el tiro de gracia.

—Entonces si no quieres hacer ese cambio, tal vez ya es hora de que la dejes ir.

El hombre volvió a beber de la botella.


(...)


Pese a haber tenido tiempo de dormir luego del ataque de llanto que la embargó, a Bulma aún le dolía la cabeza, sus ojos continuaban hinchados y la nariz permanecía de color rojo. El ánimo no había mejorado en lo absoluto, y aun así se obligó a ponerse de pie y moverse, de lo contrario sería mucho peor.

Ya que los perros guardianes habían desaparecido, se aventuró en visitar su oficina dentro del laboratorio y tal como había pensado todo había regresado (en cajas y muy desordenado) pero tenía su trabajo de vuelta. Y ya que no tenía intenciones de regresar a palacio, decidió ordenar las cosas, ver que pudiera servirle y que no. Por supuesto no volvería a contribuir con tecnología para los saiyajin, pero en algo debía usar su tiempo. El sofá ahora lucía como el mejor lugar para dormir.

No tenía idea cuál era su aspecto actual, pero al parecer no era el mejor, ya que un amable joven encargado del aseo le llevó una bandeja con comida sin que ella lo pidiera. No era la que cocinaba Milk, pero el hambre era tal que la disfrutó como si lo fuera.

Nuevamente las lágrimas se asomaron cuando pensó en Milk. Quizás estaba muerta, o mucho peor, viva y en las manos de alguno de esos monstruos torturadores. Tenía que volver a palacio para pedirle ayuda a Tarble, pero la posibilidad de cruzarse a Vegeta la descomponía por completo.

—Científica.

Bulma dio un brinquito de susto en su asiento cuando escuchó la voz de Lee. La guerrera se le acercó y como acostumbraba se sentó en el escritorio. Bulma limpió las lágrimas con las manos y esperó a que hablara, pero en lugar de eso simplemente se dedicó a observarla.

—¿Qué es lo que quieres, Lee?

—Venía a agradecerte.

—¿Agradecerme?

—Claro, si no fuera por ti jamás me habría enterado de que puedo ser buena en algo más que pelear.

Bulma le prestó atención. No esperaba algo así y en ese momento agradeció el gesto.

—No fue nada… Fuiste muy buena alumna. Ya ni siquiera me necesitas.

—Eso es verdad —respondió altanera, arrancándole una pequeña sonrisa a Bulma—. Siento que te debo algo, y no me gusta deberle nada a nadie.

—Con los cigarros fue más que suficiente. Considera cualquier deuda pagada.

—Quiero hacer algo por ti. Puedes pedirme lo que quieras —y agregó de forma cómplice—: lo que quieras.

En cualquier otro momento Bulma hubiera entendido y respondido enseguida su ofrecimiento, pero ahora no estaba cien por ciento activa.

—No te preocupes. Todo está bien entre nosotras.

—Vegeta te ha hecho realmente mal, ¿no? —dijo estudiándola—. Te estoy ofreciendo salir de este planeta, y tú no logras reaccionar a nada.

Los ojos de la científica se abrieron más ante sus palabras, pero no dijo nada.

—¿No vas a decir nada? Pensé que era lo que más querías en este mundo… Y considerando tu rostro aún lo quieres.

—No puedo confiar en ti —dijo finalmente—. Muy pronto serás la esposa de Vegeta y esto podría ser un plan para eliminarme.

—¿Un plan para eliminarte? —dijo casi enternecida por la mujer— ¿Acaso crees que si quisiera eliminarte urdiría un complejo plan para hacerte desaparecer? —La tomó del mentón de forma casi cariñosa—. Definitivamente ese hombre te ha hecho mal... Si te quisiera muerta, científica, te quebraría el cuello aquí mismo y saldría caminando tranquilamente.

—Lo siento, no puedo confiar en nadie. —Sacó un cigarro y se lo llevó a la boca. Lee estuvo a punto de ofrecerle un poco de energía para encenderlo, pero ella ya tenía su encendedor.

—Si así lo quieres. —Se bajó del escritorio caminó por el lugar—. La propuesta sigue en pie. No creo que una mujer como tú debiera perderse aquí, eres demasiado valiosa.

—Gracias, pero aún no estoy tan desesperada para considerar tu ofrecimiento, pero cuando llegue el momento tal vez lo haga.

—Ya sabes dónde encontrarme… Y Bulma, no sigas llorando, es indigno —dijo con el mismo tono que usaría al dirigirse a una compañera saiyajin.

—No soy una saiyajin —respondió mirándola a los ojos.

—No, pero eres una mujer fuerte. —Le hizo una seña con la mano y abandonó el lugar.

Lee tenía razón, era una mujer fuerte. Solo estaba pasando por un mal momento. Pronto se recuperaría y tendría la cabeza fresca para saber qué hacer. Mientras tanto perdería el tiempo ordenando las cosas, buscando dentro de las cajas, y quién sabe, hasta incluso podría encontrar algo que la sacara de este letargo.

Con el cigarro en la boca, tomó una de las pesadas cajas y la depositó sobre el escritorio. Sacó de su interior un prototipo de robot circular pequeño que estaba construyendo para ayudar en su entrenamiento a Vegeta. Odió tanto a ese pequeño robot en ese momento que terminó estrellándolo contra el muro de la oficina. Definitivamente no habían sido cuidadosos cuando embalaron sus cosas, ya que encontró partes rotas de otros trabajos que ya no servían para nada.

Encendió otro cigarro y guardó el encendedor en el bolsillo del pantalón. Revisó otra caja por encima, y su atención se volcó hacia un pequeño computador negro que asomaba entre un montón de cosas que próximamente irían a la basura. Lo tomó y volvió a su asiento para revisarlo. Había olvidado por completo su plan para encontrar al traidor de Vegeta.

Hace más de un mes, cuando los saiyajin de elite comenzaron a frecuentarla para reparar sus aparatos electrónicos, la mayoría le entregó sus scouter para solucionar el problema de interferencia que se producía durante turbulencias. No fue difícil de identificar e instalar la pieza necesaria para evitar ese problema, y tampoco fue difícil poner un pequeño micrófono que se activara y grabara cada vez que alguien hablara cerca del scouter. Todas esas grabaciones se encontraban almacenadas en el computador del tamaño de un teléfono celular.

Prendió el aparato para echar un vistazo. Eran al menos cien archivos, cada uno correspondía a un scouter y dentro del archivo había cientos de entradas de grabación. Al parecer estos guerreros eran más parlanchines de lo que aparentaban. Desganada dejó el computador en la mesa y se centró en su cigarro por varios minutos, hasta que la curiosidad fue más grande y tomó el computador en busca de un archivo en particular: Lee.

Se puso audífonos para escuchar sus conversaciones. Al principio no había nada interesante, por lo que fue acelerando. La guerrera era algo monótona hablando sobre lo que había aprendido y en menor medida sobre combates. Bulma avanzó y avanzó demasiadas entradas donde solo se escuchaban gritos y ruido de peleas, hasta casi llegar a las últimas entradas de grabación, posiblemente al momento en el que habían dado por ganada la batalla (los gritos de victoria a lo lejos así lo indicaban) Al reconocer la voz de Vegeta hablando con ella, retrocedió un poco para escuchar la conversación por completo.


(...)


Vegeta descendió a tierra cuando los gritos de victoria fueron evidentes. La capital más importante del planeta había sido arrebatada al enemigo, lo que significaba que en cosa de días se harían del dominio total del planeta. Habían ganado. Su trabajo había concluido. La oscuridad de la noche ocultaba los vestigios de destrucción dejado por los saiyajin. Esa noche, solo una de las cuatro lunas iluminaba.

Lee llegó volando al lado de Vegeta, y al igual que el hombre, su estado era de cuidado, pero nada de lo que ya habían lidiado. Sería una cicatriz más.

Por fin, a casa —dijo Lee sin mucho ánimo.

Sí. Ya está hecho.

El hombre activó el scouter para comunicar a su padre que ya iba en camino, pero Lee se le puso encima y cubrió el visor con la mano.

Oh, no. No esperaré más para conversar.

Vegeta se quitó el scouter y la miró frunciendo el ceño. Ella se encogió de hombros.

No voy a esperar a que volvamos a Vegetasei para que sigas evadiéndome. Hablemos ahora.

Está bien. Habla, te escucho.

Entonces, Lee lo tomó de la nuca y lo besó. El acto tomó de sorpresa al guerrero, que si bien correspondió el beso, cortó el contacto cuando sintió la mano de ella apretar su entrepierna. La joven rio por su reacción.

Debes de estar muy enamorado de la científica para no querer tener sexo después de una victoria como esta. —Su voz no expresaba resentimiento alguno—. Debería sentirme muy ofendida.

No hables estupideces.

¿Sabes? Antes de hacer este viaje tenía pensado exigirte que te deshicieras de la científica una vez que estuviésemos casados, que podíamos seguir teniendo sexo con gente, pero que no aceptaría que me menospreciaras así. Jamás pensé en matarla, es un aporte demasiado grande como para eliminarla, pero ya no podría continuar en Vegetasei.

¿Y qué tienes pensado decirme ahora? — preguntó cruzado de brazos.

Esta batalla… Todo el tiempo que estuve enfrentándome al enemigo estuve pensando en querer hacer algo más.

¿Hay algo más además de esto?

Mucho, y tú bien lo sabes, pero como nos criaron pensando que eso no era posible, te niegas a verlo. Yo ahora puedo verlo y me doy cuenta que no quiero hacer lo que me impusieron desde antes de nacer, y eso incluye convertirme en reina

Vegeta se tomó un tiempo para responder.

Es claro lo que hay que hacer entonces: cancelemos el compromiso.

Morías de deseos por decir eso —dijo ella riendo.

Entre otras cosas —dijo serio.

La mujer pareció llenarse de energía pese a haber entregado su cuerpo a la batalla.

Creo que hace tiempo no me sentía así de bien. No te ofendas, pero no eres la única ni mejor opción para mí.

Él respondió levantando una ceja.

No eres la primera que me lo hacer saber.

¿Qué piensas hacer con la científica? Vegetasei no es un lugar para ella, terminará por apagarse —Encendió un cigarro a medio fumar que había logrado guardar.

Soy el príncipe heredero —respondió sin mirarla. No podía abrirse tanto como con su hermano, sin embargo ella siempre fue cercana en comparación con el resto de los que lo rodeaban—. Hay un planeta entero que intentaría hacerle daño si me quedo con ella.

Tu padre tiene décadas de reinado. No puede oponerse a que te tomes un tiempo fuera de Vegetasei, al menos eso es lo que haré yo… Si pude apasionarme con tanta facilidad de algo que no eran las peleas, quiero ver que hay afuera para mí. Tú eres afortunado, ya lo encontraste.

Y de casualidad… —El viento frío movió el cabello despeinado de ambos guerreros.

Estuvieron en silencio disfrutando del viento en sus rostros, hasta que él volvió a hablar, convencido, más para él que para Lee.

Al rey no le quedará más opción que aceptarlo… —Miró a Lee decidido—. Yo me encargaré de informar sobre el rompimiento, te pido discreción por el momento.

Descuida, me encanta fastidiar a mi padre. Odia cuando le enrostro que seré la reina y ya no podrá despreciarme.

Los rastreadores de ambos se volvieron locos captando una potente energía hacia el sur, el lugar donde debía haber estaba Vegeta con su padre. En cuanto se lo pusieron al oído, las llamadas pasaron para informar que el área donde se encontraba el rey estaba siendo atacada por un pequeño ejército que había aparecido de la nada.

Ninguno respondió. Levantaron vuelo a toda velocidad hacia el punto que les indicaba el scouter.

(...)


Se sacó los audífonos y dejó el computador sobre el escritorio. Sí, era una mujer fuerte, pero no pudo evitar llorar por lo que pudo haber sido. En verdad lo amaba y él estuvo dispuesto a irse con ella, pero simplemente ya no era posible.

Dejaría que toda la pena y dolor salieran de una vez por todas y así recuperarse.

Secó las lágrimas. Pensaba que no podría llorar más, pero ahí estaban, insistentes y abundantes. Se sentía un poco mejor al haberse desahogado, con la cabeza más clara y la certeza de que encontraría una solución.

Miró el computador. No iba a escuchar cada conversación de los más de cien archivos guardados, lo mejor que podía hacer era entregárselo a Tarble para que se encargara de él. Considerando su situación actual podría destruirlo y desprenderse del problema, ya era mucho lo que hacía.

Continuó revisando las cajas y luego de un rato hizo una pausa para terminar de comer lo que el chico del aseo tan amablemente le había traído. No terminaba de masticar el pedazo de carne cuando un pensamiento se cruzó en su mente distraída.

Se puso los audífonos y revisó las carpetas en busca de una en particular; no fue difícil dar con ella. Y al igual que con Lee, las primeras entradas eran bastante monotemáticas, donde los temas principales de conversación eran sexo y batallas tocados de una manera muy soez. Lo adelantó hasta el final, calculando más o menos el momento del ataque al rey. Escuchó atenta, y sus ojos se fueron agrandando a medida que el audio avanzaba.

Salió corriendo de la oficina llevando el mini computador. ¡Tenía que encontrar a Tarble, ya!


Continuará…


(Pueden encontrarme en Facebook uniendo estas letras: www. facebook / Dev-Fanfiction )

Estoy muerta. Acabo de terminar la historia y de revisarla. Ayer con una amiga fuimos a una marcha del 8M y caminé, salté y canté más de 3 horas. Hoy en la mañana me tuve que tomar un relajante muscular porque tengo la pierna izquierda acalambrada y me duele mucho. Jajajaja se me vinieron los años encima. Así que ahora estoy escribiendo un poco mareada por efecto del relajante. (Para que vean cuánto quería compartir este capítulo con ustedes)

Bueno, espero que les haya gustado el capítulo. Disfruté demasiado hacerlo, es de mis favoritos, en especial las escenas entre Vegeta y Bulma que estuvieron tan intensas, especialmente la última. O la "conversación" entre Kakarotto y Vegeta que no está acostumbrado a que le digan las cosas a la cara.

Les tengo una buena noticia: No queda un capítulo para que termine el fic, sino que 2. Y les adelanto que el capítulo que se viene promete!

Cuéntenme qué les pareció el capítulo.

Muchas gracias por leer y espero sus rws.

Dev.

09/ 03/ 20.