Disclaimer: My Hero Academia y sus personajes no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki nunca olvidaría el día que ella se fue, nunca lo admitiría, pero siempre la buscó, siempre la esperó. Ocho años después, verla regresar no tenía comparación alguna. El tiempo cambió, ellos cambiaron, ella estaba comprometida y él sólo pensaba en su trabajo. ¿Qué les deparaba el destino?
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CAPÍTULO XVII
«Jodidamente hermosa»
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Ochako abrió los ojos y volvió a encontrarse en su antiguo departamento. Estaba en su vieja habitación con la luz del día ingresando a través de las cortinas que se mecían con el viento. Miró a su alrededor y reconoció a la perfección su cuarto, su cama de sábanas rosas, las paredes de tonos claros, sus libros y útiles en su escritorio, su ropero blanco a un costado y ella, sin entender muy bien, parada en medio de todo.
─¿Qué…? ─Intentó preguntar, su voz sonaba lejana─. ¿Qué hago aquí?
La ansiedad por no saber responder esa pregunta subió por sus piernas y la necesidad de salir de allí y regresar a donde pertenecía, la colmaron. Sus piernas se movieron hacia la puerta y una vez que su mano tomó el pomo de la puerta, la abrió y la ansiedad aumentó. Era su viejo departamento, no había dudas, pero era como lo recordaba como cuando aún vivía allí con sus padres, como cuando tenía quince años y aún no fueron admitidos a los dormitorios de la Academia.
─¿Qué es esto? ─Susurró intranquila, vio las fotografías con sus padres colgadas a lo largo del pequeño pasillo, todos enseñando los cumpleaños de Ochako hasta sus quince años.
Se detuvo frente a una de las fotos, precisamente frente a la que tenía once años, tenía un yeso en el brazo derecho a consecuencia de un mal empleo de su quirk en la escuela. Sonreía a la cámara y tenía a sus padres a cada lado, besando sus rozagantes mejillas. Caminó hasta llegar a otra fotografía. siete años, le faltaba un diente al frente, tenía coletas altas, era el único momento de su vida que recordaba haber tenido un largor en su cabello distinto al habitual. Sus padres se encontraban a cada lado suyo, besando sus mejillas al igual que la foto anterior. Siguió avanzando y cuando llegó a la edad de tres años, la imagen era casi la misma. Ella en medio sonriendo a la cámara, sus padres a cada lado suyo, besando sus mejillas.
Su atención se dirigió a la puerta que separaba el pasillo de las habitaciones con la sala, escuchó voces y su cuerpo se detuvo, sus ojos no se despegaban de la puerta, estaba tentada a abrirla y ver quiénes estaban ahí pero una parte de ella ya lo sabía y se abstenía a hacerlo. Estaba aterrada.
Su curiosidad pudo más, tomó el pomo de la puerta con su mano, la giró y la luz del día inundó su vista. Cerró un momento los ojos y vio a sus padres sentados en la sala, ambos hablando con una sonrisa en los labios propio de dos enamorados mirándose a los ojos como si no hubiese nada más. Sonrió a su vez, aún no entendía por qué estaban allí pero la imagen era hermosa. No quería despertar.
─Oh, Ochako ─Su padre fue el primero en notarla de pie en el umbral de la puerta─. Ven, tu madre compró mandarinas. ¿Quieres un poco?
Ochako bajó la mirada al regazo de su madre y comprobó las palabras de su padre. Su madre estaba pelando mandarinas. Recordó entonces el sueño que tuvo en donde la veía hacer lo mismo, pero ahora no sólo estaba ella, si no su padre también.
─Son nuestras favoritas ─Dijo su madre con una sonrisa.
Ochako palideció. Ella había soñado la misma escena, sólo que en el anterior sueño, no podía oír lo que decía su madre, como si estuviesen separadas por una pared invisible e insonora.
─Mamá… Papá… ─Susurró. Sus ojos se humedecieron y sus mejillas se sonrojaron. Ellos la miraron extrañados─. Estoy tan feliz…
─¿Por qué lloras si estás feliz? ─Preguntó su madre preocupada─. Ven, come y no llores más.
Ochako asintió a sus padres con una gran sonrisa pero cuando intentó moverse, sintió que jalaban de sus brazos. Miró confundida y encontró que había dos hilos sujetando su mano izquierda.
─¿Qué es esto? ─Susurró y tomó con su otra mano uno de los hilos, intentó cortarlo o romperlo pero no podía─. No puedo soltarme.
─Hija, ven ─Volvió a hablar su padre.
─Eso intento, pero no puedo soltarme ─Decía, la desesperación volvió a subir por ella.
Eran dos hilos, uno dorado y otro plateado, ambos tan fuertes que le era imposible romperlos por más fuerza que implementase. Veía a sus padres y éstos la observaban con extrañeza.
─No puedo… No puedo soltarme.
La expresión en los rostros de sus padres fue cambiando, comenzaron a mirarla con pena y dolor. Su madre dejó de pelar las mandarinas.
─Esperen, trataré de soltarlo y…
─No ─Dijo su padre, ella lo miró preocupada─. Aún no es momento, Ochako.
─¿Momento para qué? ─Su madre le dedicó una sonrisa triste, se levantó entonces del sofá y con cuenco en mano, se dirigió a ella─. ¿Mamá?
─No te olvides de esto ─Dijo y tomó la mano libre de su hija para depositar sobre ésta, el cuenco de mandarinas─. Sabes que son mis favoritas.
─Ma…
Pasaron los tres días que le había especificado el médico. Ochako seguía inconsciente pero su situación estaba mejorando al panorama con el que había ingresado al hospital. La trasladaron a la zona de internación y desde que fue examinada por el médico que la trató, éste condicionó las visitas. Sólo dos visitas al día y una persona que se quede por las noches. Nada más.
Tanaka Yuko fue quien decidió ser la que esté de guardia dentro de su sala. Era cerca de la media noche y sentía que se estaba quedando dormida. Necesitaba café. La mujer regresó su atención sobre su sobrina dormida, pensando en las palabras de Bakugo Katsuki.
─No eres su novio oficial ─Habló Yuko molesta─. Ella era feliz junto a Michael hasta que tú llegaste.
─¿Y dónde está él ahora? ¿No debería estar aquí aguardando por Ochako?
Yuko recordaba la mirada de Bakugo en esos momentos, cuando dijo esas palabras. Algo dentro de ella tembló. Su sobrina estaba inconsciente en esos momentos pero estaba segura que de estar presente en esa discusión, defendería a Bakugo.
Verla en el evento y escuchar los chismes que se mencionaban sobre ella, la había alterado. No fue la mejor manera de iniciar una conversación con Ochako pero fue lo primero que salió de ella. Fue una tonta.
Se puso de pie y caminó en silencio hacia la puerta, debía tomar un poco de café. Grande fue su sorpresa que al abrir la puerta, encontró sentado a Bakugo, llevaba puesto una sudadera negra y unos jeans oscuros. Él la miró salir.
─¿Qué haces aquí? ─Preguntó sorprendida, cerrando la puerta detrás de sí.
─Lo mismo que tú ─Ella enarcó una ceja─. Aguardando que despierte.
─Te dije que sería yo quien esté con ella por las noches.
─Tú lo dijiste, pero estoy aquí afuera. No veo que vaya en contra a lo que dijo el médico ─Respondió y se cruzó de brazos. Ella carraspeó─. Luce más vieja que antes.
─Es el cansancio, idiota.
─Vaya por café entonces.
─A eso iba ─La paciencia de Yuko no era fácil de corromper pero Bakugo comenzaba a fastidiarla. No lo ocultaba.
Siguió su camino hasta la máquina de café ubicada en la kitchenette del piso. Había algunas personas, al igual que Bakugo, sentados en los sofás de las distintas salas de espera en todo el piso, algunos dormitando, otros entretenidos leyendo, pero todos aguardando a alguien. Comenzaba a sentir más curiosidad por el supuesto novio de su sobrina; de todo lo que sabía sobre él, no parecía alguien que se preocupara por otra persona que no fuese él, sin embargo estaba allí, aguardando porque Ochako despertara, no exigía nada, sólo estar allí.
Se sirvió un vaso de café negro, no le colocaba azúcar, necesitaba despertarse. Iba a regresar a su sitio cuando regresó su vista a la cafetera y dudó un poco pero sirvió otro vaso de café negro, sin nada.
Bakugo levantó la vista cuando vio el vaso de café humeante delante de él, miró entonces a la mujer que se lo ofrecía y tras un momento, tomó el vaso de plástico.
─Gracias ─Dijo casi en un hilo de voz.
Yuko asintió y tomó asiento a su lado, manteniendo una distancia de él. Ambos bebían el café en silencio, cada uno inmerso en sus pensamientos. Hasta que de pronto, el silencio fue roto por Yuko, para sorpresa de Katsuki.
─Ochako… ─Inició un poco indecisa─, ¿te ha dicho algo sobre mí?
Bakugo no disimuló su curiosidad al escucharla preguntar eso, la miró y la vio sentada con las piernas cruzadas, las manos pulcramente ubicadas sobre su regazo y su mirada, un mascara de serenidad falsa, podía descubrirla por el temblar de sus hombros.
─Muy poco ─Dijo y la vio sonreír con tristeza. Bajó la mirada a sus manos, las cerró alrededor del vaso─. No le gusta hablar mucho sobre su tiempo en Nueva York.
─Era de esperarse ─Respondió─. El vivir conmigo… No fue una experiencia fácil tras la muerte de sus padres. La dejé mucho tiempo sola.
─Estás aquí ahora, ¿no? ─Yuko abrió los ojos sorprendida y lo miró. Él apartó su mirada de regreso al vaso que traía entre sus dedos.
─Sí… Supongo que sí ─Yuko se acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja, era casi el mismo movimiento que hacía Ochako, pensó Bakugo al mirarla de soslayo─. Comienzo a entender un poco a Ochako, ¿sabes? ─Él la miró─. No eres todo lo que dicen sobre ti.
Bakugo esbozó una sonrisa ladina y compartió una mirada con la mujer. Ella lo sostuvo un momento y finalmente, dijo.
─Ya estás aquí ─Él enarcó una ceja sin entender sus palabras. Ella miró la puerta de la habitación de Ochako y luego volvió a mirarlo─. Entra junto a ella. Saber que estás aquí, le ayudará.
─¿Por qué…?
─Hazlo antes de que cambie de opinión sobre ti ─Yuko no era de las bromeaba o al menos no lo haría en una situación semejante. Bakugo observó un momento a la mujer pero luego se puso de pie y casi con presura, se dirigió a la puerta del cuarto para abrirlo─. Procura que regrese.
Él volteó a mirarla nuevamente pero ella observaba otro punto. Aún con el sueño encima y el agotamiento propio del trajín que implicó todo el accidente y el estar allí, Bakugo Katsuki pudo ver cómo los ojos de la mujer que intentaba mantener un semblante de fortaleza, se mostraban cada vez más húmedos. La preocupación la carcomía y ella no deseaba que nadie la vea así. Débil.
Recordó la batalla junto a Ochako cuando él la enfrentó al ser aún estudiantes, el día que ella no sólo probó su fortaleza, si no también que ella no era para nada frágil como muchos se refirieron por Uravity. Yuko Tanaka, sentada en el pasillo a la espera de un pronóstico indefinido sobre su sobrina y con tanto miedo recorriendo su cuerpo, no se mostró débil en ningún momento, incluso delante de él.
Ninguna era frágil.
Bakugo cerró la puerta cuando ingresó al cuarto de Ochako, siendo recibido por la penumbra de la misma con una ligera luz colándose entre cortinas desde el exterior. La habitación poseía un ambiente agobiante, el pitido de las máquinas que rodeaban a Uraraka era todo el sonido que ambientaba el sitio, la quietud era lo que llenaba su cuerpo.
Temió dar un paso y quebrar la calma de todo lo que rodeaba a Ochako pero verla tan lejos, lo obligaron a caminar hacia ella y encontrarse cara a cara con el estado actual de la mujer. Su cuello poseía un collarín para mantenerlo recto, su rostro mostraba múltiples cortes y raspaduras ya cubiertas con gasas, parte de sus brazos expuestos por encima de la sábana que cubría su dormido cuerpo, enseñaba vendajes y supuso que toda la parte de la herida principal, tenía que estar aún más custodiado.
Se acercó hasta estar a centímetros de la cama en donde reposaba, quiso tocar su rostro, su cabello pero su cuerpo seguía tieso. No se sentía con el derecho de tocarla, finalmente, parte de todo lo que le sucedió a Ochako, sentía era responsabilidad suya.
─Cara de Ángel… ─Susurró en un hilo de voz─. Sé que no merezco estar aquí, pero no podía dejarte sola. No de nuevo.
Ella seguía durmiendo, seguía tan lejana.
La mano de Bakugo viajó hasta quedar a unos centímetros de la mejilla de Ochako en donde poseía una gasa cubriendo algún corte, sus ojos bajaron de la mejilla a su labio inferior en donde una herida notoria se notaba en su piel.
─No quise decir todo lo que dije el otro día ─Continuó diciendo Bakugo─, si tan sólo pudieras oírme, Cara de Ángel… Escucha, para mí ser el Héroe Número Uno lo era todo, tú lo sabes; sabes cuánto deseaba desplazar al idiota de Deku de su trono porque soy malditamente mejor que él. En un principio, sólo eso me importaba. Acepté el trato de fingir ser algo más para los medios sólo para conseguir lo que quería pero… ─Una amarga sonrisa afloró en sus labios─, descubrí que no era lo único que quería.
El tacto de Bakugo llegó hasta la mejilla lastimada de Ochako y con suavidad, circuló un camino ligero por sobre la piel de la heroína. Pasó de su mejilla a su frente, desfiló por el puente de su nariz y finalizó en sus labios. Esos labios lastimados y cortados que seguían apeteciéndole como el día en que la vio en la misión que los volvió a reunir.
Desde que volvieron a encontrarse, ella despertó un deseo extraño en él, algo que no sabía cómo asimilar o asociar. Ochako Uraraka había despertado emociones que no sabía que él, Katsuki Bakugo tenía en su interior.
Acercó su rostro hacia el dormido de ella y con cuidado, apoyó sus labios sobre los lastimados de Ochako. Fue un roce apenas, no quería lastimarla más de lo que ya estaba, pero quería besarla, quería sentirla.
─Despierta de una maldita vez, Cara de Ángel ─Susurró contra sus labios.
Se alejó de ella para mirarla nuevamente, acarició su cabello y pensó que quizá era momento de dejar que Yuko regresara a la habitación. Después de todo, él no debía estar allí.
Se volteó y caminó hacia la salida con intenciones de marcharse, pero entonces, sin esperarlo, escuchó un balbuceo que lo hizo detenerse. Giró a mirar a Ochako y la vio moviendo sus labios.
─¡Cara de Ángel! ─Dijo para regresar hacia ella.
─Kat… Tsuki ─Susurró y de a poco, sus ojos comenzaron a abrirse, sus párpados lucían pesados pero aún así, ella los fue abriendo despacio─. Buenos días. ─Una pequeña sonrisa se formó en los labios de la castaña y él no pudo evitar soltar una risa de emoción al reconocerla.
─Maldición… No sabes el susto que nos diste, Cara de Ángel ─Susurró él acercando sus labios a la frente de Ochako.
─¿Luzco tan mal? ─Preguntó ella. Él se alejó un poco para mirarla y acarició con su mano su mejilla.
─Estás jodidamente hermosa.
