Ambos aún les cuesta creer lo tan cerca que estuvo la muerte frente a sus ojos.

El dragón dorado se haya en un rincón del enorme salón del castillo, recostado pero alerta por si al humano se le ocurre aún atacar. Esperando que se largara de su territorio aprovechando la oportunidad que la bestia le ha otorgado. Sin embargo, el castaño no parece querer irse aún. Se le queda observando a una distancia considerable. Reflexionando ciertas cosas.

Volver a casa podrá no ser una opción muy agradable, después de todo no consiguió nada mas que estar cerca de la muerte y darse cuenta que tal vez el dragón no están malo como pensó en un principio. Aunque por una parte podía ser lo más sensato ya que debe aprovechar la oportunidad que le dio el dragón para poder irse de ahí.

Pero, ¿para qué regresar? ¿para que le siguieran diciendo lo débil que es? Para siempre en la soledad... Aunque sino mal recuerda hoy por la tarde era un día especial para su hermana.

Aún así regresará a su soledad. Si se va de ahí debe conseguir algo. Quizás deba explorar el castillo a pesar que esté invadiendo aún más territorio enemigo. Oh debe investigar con más profundidad al dragón, después de todo no hay mucha información sobre esté especimen en los libros sobre estos mismos.

Aunque sinceramente no desea acercarse más a la criatura después de lo de hace un momento. Aunque su curiosidad le conduce a incitarlo para querer investigar al ser de alas.

Pines se para dispuesto a observarlo más de cerca aún, un poco tembloroso. De reojo pudo ver detrás suyo cerca de una chimenea que adorna el salón principal donde se hayan, lo que se puede considerar como carne de algún animal fresca y reciente. Apostando que ése es el desayuno del escamoso. El olor lograr sucumbir casi todo el lugar siendo casi molesto para el humano. Aunque prefiere que el olor a sangre sea por un animal que un ser humano.

Dipper se hace hacia atrás al ver que el dragón se remueve del otro lado, desplegando sus alas después de un rato de silencio. Se aparta de lo que puede ser el camino del dragón ya que esté se voltea, suelta un fuerte gruñido como que tratando de decirle: "apartarte" cosa que hace caso a omiso. Tal parece que la criatura quiere volver a salir. Y el castaño puede notar que está herido de una extremidad de su cuerpo. Seguro por el fuerte y doloroso amarre de las cuerdas en esa zona anteriormente en su trampa.

El Dragón sigue pensando en por que el chico todavía sigue ahí. ¿Qué tanto lo observa? Sabe que es una hermosa y majeatuosa criautura, envida de muchos otros dragones y que las hembras quedan embobadas ante tal alfa. Pero en un humano sabe que es completamente diferente, y más cuando éstos lo ven como algo muy peligroso o a veces terrorífico. No sabría decir si en verdad le molesta la presencia del joven castaño.

Después de todo sin contar que prácticamente muchas criaturas contando su especie como los humanos le respetan y temen por lo que no es molestado de una manera bastente irritante (exceptuando cuando los aldeanos en grupo buscan degollar lo cada cierto tiempo, sin embargo admite que le es entretenido destruirlos) o cuando va a vuelos más lejanos, a otros lugares para explorar más el mundo, cosa que han sido ya muy escasas las veces, dejando todo eso su vida es bastante aburrida. No hay algo que lo divierta o entretenga por toda su restante vida. Nada ni nadie con que pasar el rato. Al principio le fascinaba ésa soledad que lo rodea. Pero últimamente al reflexionarlo mucho, empieza hartarse o aburriese de aquello.

¿Cuál es su motivación? Oh si, ya lo recuerda, el motivo por el cuál atacó el reino hace varios años, algo sencillo e incompleto. Por que todavía no se siento del todo completo. Consiguió un buen nido, un lugar al que se le puede llamar Hogar. Y aún así, no se siente del todo satisfecho y contento como antes.

Y ahora gracias el "humano" que parece temblar mucho, quién le tendió una trampa y luego lo dejó libre siente un dolor en una de sus fundamentales extremidades. Una herida que le llevará algo de tiempo en sanar y que necesitará los materiales necesarios para sanarla. Para eso debe salir al bosque donde posiblemente hay humanos cazando y si lo ven claramente le atacarán o al menos algunos. Fácilmente podría defenderse pero el problema está en que ésa parte de su cuerpo le dolía por lo que moverse con agilidad, fuerza y velocidad sería algo imposible por el momento. Y no quiere tener por mucho más tiempo del necesario ésa herida. Por lo que quizás debía cambiar de forma...

— ¿P-Puedo ayudarte? — escucha la delicada y baja voz del muchacho de piel ciertamente resaltante para el dragón aunque tampoco intenta darle mucha importancia. Ésa pregunta interrumpió sus pensamientos e hizo voltearse para quedarse frente al pequeño cuerpo de carne humana.

Con desconfianza y hostilidad en sus grandes ojos color doradl que inspeccióna otra vez al humano. En esos ojos marrón con un leve azul tormentoso se puede apreciar la culpa y el miedo. ¿Culpa?

Él puede ver a través vez los ojos de cualquier criatura, y que el humano sintiese culpa por lo que puede ser la trampa de hace unos momentos que le provocó su reciente herida es algo verdaderamente sorprendente. Pero aún así no se fía del desconocido e intruso.

Dipper por su parte y como siempre, curioso se acerca al dragón sin llamar su atención en un principio y ver más de cerca aquella profunda herida. Y por suerte no tan grande y peor de lo que ya es. La culpabilidad sumerge su pecho, sin entender por qué exactamente. Creyendo que no ha de ver razón alguna y aun así con valor le preguntó a la criatura si puede ayudarle. Y casi se arrepiente al sentir la caliente , respiración de la criatura como si estuviese furioso. O quisiera matarlo o espantarlo más de lo que él pobre ya está. Trago en seco sin despejar la mirada de la bestia dorada. Al menos no desviará la mirada, no la bajará como un cobarde que ni siquiera puede con aquella mirada tan penetrante. Y eso agrada al dragón por lo menos.

Aunque claramente se ve que no desea su ayuda. No confía en él. ¿Por qué debe con especie que inició la guerra entre ambas? Igual el chico se pregunta eso y aun así sigue... Acercándose.

"¿Por qué esté humano están diferente? " se pregunta confuso, ocultándolo con furia.

Dipper intenta acercarse lenta y cuidadosamente sin malas intenciones aunque eso, al dragón contesta con otro gruñido y en posición de ataque pero, aún sin dañarlo .

— No te lastimare. — dice increíblemente seguro de sus palabras. Alzando las manos al aire en señal de que no quiere pelear. Pero el dragón no piensa en ceder. Todavía desconfía enormemente de él. Sabe que el humano puede que lo ataque con una de esas "cosas de humanos". Esas armas que ellos usan. — Lo prometo, ¿vez? — dijo para abrir sacar de uno de sus bolsillos el cuchillo que mantenía oculto. Nervioso lo aparta de su alcance.

Esperando no arrepentirse después, que viera que no podrá lastimar lo al ya no tener posesión de algun arma.

— Sólo quiero ayudarte. — un pequeño manojo de nervios todavía puede sentir. Quizás ya perdió la cabeza en confiar tan fácilmente en un dragón aunque... Por algo la criatura no lo mató. ¿O no?

Miento, que no se le va el alma al ver como él dragón se abre su boca enseñando sus dientes que asegura ser igual de filosos que los cuchillos para cortar carne en las comidas. Pero en un increíble momento el dragón parece tranquilizarse y mirarlo simplemente neutral. Calmado aunque aún no baja su guardia, todavía sigue alerta por cualquier cosa sospechosa que el humano puede hacerle.

Dipper suspira con alivio. Un poco más confiado. Se acerca con nerviosismo a la zona de herida, una de sus extremidades delanteras. El brazo derecho. Con la idea de que si el dragón ya lo quisiera muerto lo hubiese hecho hace tiempo, aunque precavido por que puede que aunque no le asesine, pueda herirlo.

El Pines observa bien el estado de la herida, sabe perfectamente como arrglaralo y espera que las cosas tradicionales que usan las aldeas sean igual de beneficiosas en los dragones. Es increíble que el dragón se haya dejado acercarse a su herida, aunque cargaba esa mirada de alerta.

En verdad Dipper no quiere hacerle daño. Extrañamente solo ayudarlo y quizás... conocerlo.

El castaño acaricia levemente, cerca de la zona de la herida. Ganando un gruñido del dragón que logra brincar espantado pero se resiste a gritar. No quiere que una criatura como aquella escuche sus para nada varoniles gritos. Ya suficiente burla tiene con los de sus compañeros en el entrenamiento, su tío Stan y Mabel. Aunque estos últimos dos no lo hacen con la intención de herirlo, y sin embargo sigue siendo algo muy vergonzoso.

Ése gruñido puede traducirlo como el quejido del dolor de la bestia y una advertencia que si le hacía algo malo quebrara sus débiles huesos.

— Perdón. — dijo rápido y nervioso. Lo más alto posible para que el contrario lo escuchase. — Iré a buscar algo para ayudarte. ¿Si? — dijo sonriendo apenado. Pensando en que quizás el dragón ignora sus intentos de comunicarse con él.

Con torpeza que al dragón no sabe si causarle gracia o pena, corre casi tropezando con sus propias piernas, muy nervioso va hacia su mochila detrás de la cortina. Ahí lleva más que comida y herramientas. El chico se había preparado para todo.

El dragón sólo se lo queda observando espectante. Recostado en el suelo.

Luego llega el chico quien se sienta de piernas cruzadas cerca de su herida con ciertos materiales para "curarle". Aunque no sabe si confiarle su herida al humano sea buena idea.

— Puede que te duela un poco. Pero será para bien. ¿Si? — dijo regalandole una sonrisa lo más amable posible. Cosa que extraña a la criatura.

Después de todo, nadie jamás, mucho menos un humano le ha regalado una sencilla pero amable sonrisa. Simplemente le sorprende aunque no lo demuestra.

"Si me tiene miedo... ¿Por qué me ayuda? Si soy su enemigo, ¿Por qué es amable conmigo? No puedo entender... Por que él es diferente. Tan cerca estuvo de quitarme la vida y aun así... " reflexiona la criatura con una mirada que se puede describir severa.

Sin duda aquel chico portador de hermosos ojos, de cabellos lindos, figura pequeña y delgada con algunas curvas, es el único hasta el momento que lo ha dejado pasmado. Durante sus años de experiencia jamás ha conocido a ser como el que se haya frente suyo. Quizás no sea grande, corpuloso o el más fuerte, pero es único. Un chico curioso, inteligente y... Amable.

Al principio le gruñe como si de un ronquido fuese, poco a poco se tranquiliza y sólo observa con detenimiento como le limpia y le venda esa zona con una tela blanca haciendo presión en la herida que parece estar un poco mejor. Aunque la mayor pregunta que ronda en la mente del dragón es:

"¿Por qué todavía sigue aquí?"

Pero quizás no le molesta del todo su... presencia, tal vez.

El dragón se percata de que el humano se nota bastante cansado. Una vez y termina de vendarle da un pequeño bostezo.

Dipper no quiere irse, todavía no. Y el sueño le está ganando, pero no quiere dormirse ahí. Aunque tampoco está seguro si puede dormir por el castillo. En una de las tantas habitaciones en el reino. Y ya no sabe que más hacer. ¿Ganarse la confianza del dragón para conocerlo más? Interesante pero le parece difícil.

Quizás luego lo piense mejor, ahora solo tiene bastante sueño.

Va detrás de las cortinas donde se haya su equipaje. El hecha un último vistazo al dragón quién aún yace recostado con la mirada en alto, igual observando con curiosidad lo que hace, y después recuesta su cabeza sobre su equipaje. Casi una almohada. Un poco dura pero grande. Aunque siente algo de frío por el lugar pero decide no quejarse y usar las suaves cortinas como sábanas aunque estas estén un poco frías también. Y sin más cierra sus párpados confiando en que el dragón ya no le hará nada.

Y es aquí cuando el de escamas doradas sabe que ahora, tendrá compañía por un buen tiempo. Y quizás no sea tan malo.

Sí, está siendo blando con el humano.

¿Por qué lo digo?

Por que decide que dormir en el suelo, encima de sus cosas, cubriéndolo con una cortina en un ambiente algo frío pues apenas es de mañana y el fuerte y helado viento (más por estar en época de otoño) que entra por la puerta principal que aún sigue abierta es algo que aunque a él no le afecte bastante, al humano sí.

¿Amable?

Él no es una criatura paciente o amable.

O tal vez...

Abrió sus párpados. Jurando haber dormido por unas ocho o nueve largas horas. Poco a poco recuerda donde está y todo lo que ha hecho hasta el momento.

De inmediato despierta para darse cuenta que seguro ya es hora del almuerzo. Pero grande es su sorpresa al darse cuenta que se haya en una habitación totalmente desconocida para él. Busca rápido su equipaje, lo encuentra a lado de la gran cama. Piensa por unos momentos donde se haya. Y concluye que en una de las habitaciones del castillo, eso es obvio pero...

¿Quién o Qué lo trajo allí?

Obvio tiene las sospechas del responsable. La cosa es que se sorprende cada vez más por la acción tan benevola de un ser tan peligroso y temible.

Y Dipper quiere saber si de verdad los dragones son tan malos como cuentan las historias de sus abuelos. Si todos lo son.

Un dragón blanco asesinó a la reina, el rey le declaró la guerra a los dragones. Y pensándolo bien, el único responsable debió ser el de escamas blancas, no todos los dragones en sí, que poco a poco ellos al ser atacados empezaron igual, a arrasar.

Él sólo quiere conocer mas del dragón. Que secretos oculta.

Sólo saciar su curiosidad.

Y sólo tal vez la enorme criatura saciará dicha curiosidad... Hasta formarse algo más.

Poco a poco fue acercandose a la criatura que aún sigue alerta y un poco desconfiada del humano ante sus acercamientos sin mala intención.

Al principio sólo es la observación. Y no sólo por parte del humano de cabellos castaños, también por parte del dragón quién de alguna rara manera, quizás le gusta un poco ser observado. Tener la atención del pequeño y único humano. También le devuelve la mirada (de vez en cuando) preguntándose si deba sentirse especial ante la mirada espectante del invasor.

Un rugido hizo eco en el lugar, y para sorpresa del dragón no fue él. Sino el chico frente suyo quien hizo una mueca extraña y sus mejillas se tonalizaron de un color diferente al de su piel natural. Un rosita pálido y poco visible que no duró mucho. Pareciendole increíble como el humano puede cambiar de color en cierta parte de su cuerpo (sea intencional o no), siendo un poco raro y nuevo.

Dipper se ha avergonzado por unos momentos. Tiene mucha hambre. Suerte que aún tiene comida. Tomó de su costal (que llevó desde un inicio consigo) unos trastes donde guardaba pescados envueltos en hojas de palmera para protegerlas.

Suerte ya estaban preparados, cocidos. Quizás un poco tibios pero comestibles. Empieza su banquete teniendo ahora la persistencia mirada del ser dorado.

Oh claro, todos los dragones sin excepción alguna les fascina el pescado. No importa si está crudo o no. Y aunque Dipper duda, decide compartir le amablemente algunos de sus pescados al mayor quien desconfiado al principio termina aceptando. Aún alertado a cualquier movimiento del chico.

Sin lugar a dudas, ambos seres de especies diferentes se llenan de sorpresas con el contrario.

Al terminar el almuerzo, Dipper termina por sacar su diario y retratar al animal ante sus observadores y curiosos ojos. Lo más cerca posible. Sintiéndose intimidado por la mirada del dragón.

Hubo un momento en que se centró en el dibujo del animal en su nuevo diario. Alza la vista enfrente pero se da cuenta que el dragón desaparece. Hasta que siente un aliento caliente cerca de su cuello y aparte perceptible. Casi siente su piel de gallina ante tal presencia repentina y demasiado cercana.

¿Dónde queda el espacio personal?

Se ahoga un grito de miedo. Pues aún siente preocupación por que el animal le haga algún daño. Y sin embargo no sucede nada de eso. Sus manos tiemblan un poco. Voltea hacia el rostro escamoso del dragón quién observaba curioso y con detalle el dibujo casi terminado en su diario.

Y casi admiración. No niega el talento del castaño por haberlo retratado. No es cosa de otro mundo pero sin duda ha sido la primera vez en ver un retrato hecho por un humano así de cerca, y sin mencionar que es un retrato suyo tan perfecto y detallista. Quizás le falte terminarlo un poco, pero sin duda es increíble que ése pequeño cuerpo humano haya usado sus delicadas y pequeñas manos en crear un arte como ése.

El dragón mira de reojo al chico quién intenta mirar hacia otra parte. Quizás al vacío. Y sus mejillas están de una tonalidad rosada. Un color blando, tibio y adorable. Dios, ahora que lo piensa, el castaño le parece adorable. Probablemente por su aliento caliente en su nuca y cuello se deba al color en las mejillas del contrario.

"¿A que olerá?" Se pregunta repentinamente con sorpresa. Y sin más posicionó su hocizo encima en la cabeza del más bajito, y con mucho cuidado bajo su nariz en la dirección adecuada para oler la fragancia del más bajo quien se estremecía con cada movimiento.

"Huele bien... A pinos... a cacao..." mencionaba el animal aunque de su boca sólo salían rugidos placenteros y ronroneos roncos, que a Dipper sólo hacen temblar. Preguntándose que está diciendo el de escamas doradas.

La respiración de la bestia, caliente y vacilante sólo estremece al más bajo.

Sin saber exactamente por que, quizás queriendo aprovechar está situación y tener como ventaja el acercamiento de la enorme y celestial criatura, posa con cuidado y timidez su mano por el hocizo del ser, cerca de sus colmillos resguardados. Queriendo tener sólo un pequeño contacto físico. Algo breve y rápido.

Esperando que el dragón le rugiera, se alejará o inclusive le arrancará la muñeca, se lleva una gran sorpresa al percibir como aun sigue ahí. Dejándose tocar.

Dipper mueve su cabeza del hocico del dragón y voltea para observar los ojos de esté quienes muestran lo alerta que está. El castaño traga en grueso y preocupado pero sigue acariciando. Sintiendo lo rasposa de la piel del animal, un textura única en los dragones y asegura que ningún otro ser humano ha tenido tal acercamiento como aquel.

El asombro en ambos es único.

Tal vez, sólo tal vez puede a ver confianza en ambas especies de seres diferentes.

— ¡Oye es mi comida! ¡No se te ocurra- ¿¡QUÉ DEMONIOS HACES!? — exige el pequeño humano con expresiones que según el dragón son muy graciosas.

Dipper iba a comer pescado pero el dragón que últimamente adora aquel aperitivo por estar bien cocinado y no crudo, gusta de molestar al chico con robarle su comida de vez en cuando. El castaño intenta dar saltos para quitarle su comida sin tomar en cuenta que jamás le ganaría a una criatura que mide mucho más de diez metros. Pero el dragón no iba más lejos de lo que puede alcanzar, de hecho sólo le basta con estirar un poco su cuello estando recostado para que el castaño no pudiera quitarle los pescados. Observa como Dipper al intentar dar grandes brincos de puntita parte de su blusa se alza dejando expuesto parte de su barrigita y omblogio. Su piel carnosa y suave que daba ganas de acariciarla. Y ha sido tan rápido el tiempo, el dragón dorado se ha dado cuenta que en verdad le es muy divertida la compañía del adolescente. Para el ser de alas el Pines es un cachorro humano (aunque no fuese así realmente). No sólo por su edad, también por su estatura y complexión. De alguna manera ya le tenía un poco de confianza.

Ya han pasado cuatro días desde que Dipper se marchó de casa. Preguntándose si su familia tan siquiera nota su falta de ausencia. Pero admite que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que tuvo un desayuno tan activo y divertido.

Si sus conocidos se enteraran que su actitud con un dragón es fuera de lo normal, como juegos divertidos de seguro se sorprenderán.

Al final se rinde. Lanzando un bufido al aire irritado. Sentándose cruzado de piernas y con un puchero en sus labios.

El dragón deja de divertirse. Le gusta cuando el pequeño humano tiene su atención en él, lo ha aprendido en los últimos días. Además ya no puede ver parte de su piel expuesta. Que molestia. Y cada vez que se baña es cuando él no está, así que sólo tiene muy pocas oportunidades. Ni recuerda el momento en que empezó a gustarle admirar parte de la piel expuesta del chico.

Se acerca al menor para dejarle el alimento en su regazo y observar como reacciona esté ante su acción.

— Gracias. — dijo borrando esa mueca de molestia. Reemplazando la con una sonrisa. Sus mejillas levemente pintadas con una rosa pálido. Sus brillantes ojos y sus labios formando la sonrisa. Sin mencionar sus tiernos olluelos. Esas pequeñas marcas en sus mejillas que hacen resaltar estas.

El dragón ha aprendido que si hay algo que adora del humano más que molestarlo, son en definitiva sus sonrisas. Pues son únicas y sinceras. Se siente especial con una de ellas.

Ama la atención del castaño y no sabe por qué.

Dipper le había dicho como debe llamarlo. Aunque sólo transmitiera un rugido siendo algo inútil el haberle dicho su nombre, pero supone que con eso basta.

— ¿Y tú como te llamas? — le pregunta curioso. El dragón ladea la cabeza en señal de duda. — ¿Tan siquiera me entiendes? — dice lanzado un suspiro aburrido al aire.

El dragón no hace nada, solo se queda admirando al pequeño humano de nombre "Dipper". Quién sólo se encoge de hombros.

— Hay que buscar una manera de comunicarnos... — dice seguro de si mismo.

Y los descubrimientos que hará con él dragón los anotará en su Diario. Está emocionado. Será como domarlo. Aunque quizás se lleve algo más en ésa clase de relación o interacción que está formando con el dragón.

— ¿Y usas magia?

《"Dicen que hay dragones que tienen un uso especial en la magia."》

El dragón sólo se queda en silencio. Dipper se arrepiente por unos momentos, quizás incómodo el ambiente.

— Han pasado casi cinco días. ¿Dónde podrá estar tu hermano? — dijo Ford desesperado.

Desde que recibió la noticia hace alguno días que Dipper había desaparecido lo ha estado buscando tanto como Mabel, dejando incluso las cosas importantes que han estado haciendo.

La castaña aguanta cualquier llanto. Su padre le dice que una mujer valiente como ella no debe llorar ni estando cerca de la muerte. Que debe seguir adelante y que si aún así quiere llorar, no debe ser enfrente de algún público pues eso demuestra lo débil que es. Y aún tanto su padre como tíos (sobre todo Stanley) le dicen que no es su culpa, eso no evita que se siga sintiendo mal.

—Perdón Dipper... Lo siento... Por no estar ahí siempre cuando me necesitas. — murmura con melancolía. Ya no puede celebrar su día especial con su hermano.

Y aún así se pregunta donde ha de estar.

Por que ya han buscado en casi todas las aldeas y el bosque... y según siguiendo la única pista de que en una noche desapareció en un bote, el único lugar que no han ido a visitar es aquel castillo gobernado por el dragón dorado. Y ruega por que su hermano no se halle allí por que si es así, por mucho que odie creerlo, está muerto.

Ése dragón es el mismo Dios del caos. Y no tendrá compasión con su mellizo. O eso es lo que piensa.

— Alguien va a ir a ver a los al rededores del castillo sin entrar todavía dentro del lugar. Sólo para verificar si hay por lo menos señal del bote donde se pudo haber ido tu hermano. — avisa su padre a su hija.

Se siente del asco. Sintiendo que todo lo que ha pasado es su culpa. Solamente suya. Y se odia por eso. Por no ser un buen padre comprensivo con su hijo. Por ser un imbécil que creé saberlo todo.

Y él tanto como Mabel también ruega por que su hijo no esté en peligro y por lo menos lo encuentren vivo.

Aunque quizás cuando eso suceda se llevé alguna sorpresa. Algo totalmente inesperado. Por que jamás podrán esperarse la clase de acercamiento que su hijo puede tener con un dragón.

— ¿Quién eres? — articula el de orbes marrones con un chispeante azul eléctrico.

Había ido a los alrededores del castillo para conocer el lugar. Aquel que le pertenecía a su tío el Rey Brayan y su hijo, antes del incidente.

Hay una pequeña laguna en el jardín. O lo que queda de jardín.

Y se encuentra con un hombre, un humano que jamás ha visto en su corta vida, en la laguna dándose un baño.

Y para agregar por que todavía hay algo más que agregar, está desnudo.

El hombre ladea la cabeza confundido al haberlo escuchado, pero con un ensamble serio causando un estremecimiento a Dipper. Se dirige al menor dejando que el agua que antes cubría su zona íntima, quede a la vista. Provocando que el menor se sonroje y ponga nervioso.

— ¿Qué haces aquí? ¿¡Y por que estas desnudo!? — se cubrió sus ojos con sus manos evitando cualquier contacto visual con el hombre. Sin saber que pensar acerca del desconocido.

— ¿Hm? — pronuncia sin comprender por que el castaño se comparta así. Pero le causa una extraña gracia. Además le gusta cuando las mejillas del menor se le ponen coloradas. Le parece lindo. — Dipper. — dice, llamando la atención del nombrando. Pero esté aún no descubre su rostro. Su voz profunda, varonil pero clara, dominante sólo estremece aún más al Pines. Que no sabe que hacer con el intruso o como rayos sabe su nombre.

Sólo quiere que el dragón dorado vuelva.

— ¿Q-Quién eres? — pregunta nuevamente con la voz un poco temblorosa. Tomado valor para mirarlo, alzando su mirada ya que esté se haya frente suyo. Siendo más alto.

Otra vez. Esos ojos que destellan miedo pero curiosidad. Otra vez. Un cosquilleo extraño remueve su pecho. Y sólo sucede cuando el humano está tan cerca y lo mira de ésa manera. Otra vez. Le ha mostrado al pequeño humano algo que nadie jamás ha visto de él. Una de sus transformaciones.

《"Dicen que algunos dragones tienen la habilidad o el poder de transfomarse en otras criaturas, como animales o incluso seres humanos. Pero no ha sido comprabado hasta el momento."》

Por que ahora Dipper parece que ha llegado a tener una clase de acercamiento al Dragón como para permitirse haber revelado una de sus formas.

Fecha de publicación: Domingo, noviembre 19 2017.

Hora de publicación: Entre 8:00 A.M y 8:10 A.M

Parte:

4

Después de tanto tiempo, Jaquii ha regresado:v

Perdonad la tardanza, no diré mis razones por que son demasiadas y no acabaría y debía publicar ya.

Ayer me puse escribir algunos detalles finales, y revisar errores ortográficos pero no aseguró que sea perfecto.:v

Y aquí hasta que admita ser pasiva, y algunos ya sabrán que para eso es mucho tiempo... :v

Chao~