Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece

CAPÍTULO 18

Sakura observaba a Emma con cautela, al tiempo que esta le devolvía una mirada ansiosa. ―Suéltalo, Emma. La rubia desvió la vista y se mordió el labio. ―Emma…

―¿Cómo puedes…? ―Se detuvo y se retorció las manos, decidiendo si era adecuado o no continuar con la pregunta. Sakura suspiró, y se recostó en el espaldar del sofá de la terraza del segundo piso. Acababan de regresar del encuentro con Cassandra, y Emma todavía no había pronunciado palabra alguna, por lo que Sakura intuía por dónde iban los pensamientos de su amiga.

―Ya eso es pasado, Emma.

―¡Eso es lo que no entiendo, Sakura! ―exclamó, levantándose del sofá y comenzando a caminar de un lado a otro―. No soy yo, y te juro que quiero matarlo y castrarlo… bueno, al revés. Pero ese no es el caso. ¿Hace cuánto sucedió? ¿Dos… tres meses? ―Se detuvo y se giró para mirarla a los ojos―. Perdóname, solo no puedo creer que ya lo hayas perdonado. Sakura frunció los labios, y estiró el pie para acariciar a Naomi, que se encontraba junto a ella en su manta.

―Piensa en todo lo que dijo Cassandra. Sé que suena loco, e incluso absurdo, pero creo en cada palabra de ella porque lo siento aquí ―dijo, colocándose una mano en el pecho―. Antes no lo podía ver, y supongo que es por esa barrera que se aferraba a mi alma para evitar sufrir, y que ahora siento que se ha debilitado. A pesar de lo que pasó en la noche de bodas, cuando lo veo, siento que mi mundo se ilumina, que no puedo estar con nadie más que él, y sé que es un idiota, malcriado, egocéntrico, orgulloso y algo maniático. ―Sonrió entonces, y sacudió la cabeza

―. Dime loca si quieres, pero hasta sus defectos me alegran la vida. ¡No se lo digas!, porque ni quien lo aguante.

―Ahora entiendo menos. Dices que no lo amas, y aun así no puedes vivir sin él. Sin contar que hace dos meses lo odiabas, y ahora estás luchando por amarlo. Sí, Sakura, definitivamente creo que estás loca. Sakura rio suavemente. Incluso ella misma lo creía así.

―Cuando lo conocí lo detesté, y cada día que pasaba lo despreciaba más y más. No veía la hora de ir a América y no regresar nunca más a este país. Luego reveló todos sus planes, y sentí que nunca había odiado tanto a alguien en toda mi vida. La mañana siguiente a la noche de bodas, estuve a punto de matarlo… solo que no pude. ¿Sabes lo que más odié en ese momento? No fue a él ni lo que me hizo. No. Lo que más odié fue que no pude matarlo, no por temor de Dios ni por moralismos, sino porque en ese instante, imágenes de mi vida sin él llegaron a mí, y lo único que vi fue una horrible oscuridad; no la hermosa y pacífica que viene con la noche, sino la que envuelve al alma en agonía y soledad.

―Sakura se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, y miró a su amiga a los ojos, para reafirmar sus palabras―. Algo sucedió esa noche, ¿qué? no sé, pero a pesar de las circunstancias, despertó en mí un deseo de estar a su lado, así fuese para llevar una vida de perros y gatos. »No soy masoquista, Emma, ni tengo alma de sumisa o mártir, o como se llame; pero lo que hay entre Sasuke y yo es más grande que nosotros mismos, que yo misma. ―Suspiró―. No espero que entiendas, y de seguro me tacharás de estúpida, y pésima representante de la liberación femenina. Cualquiera lo haría. Lo único que sé es que Sasuke es toda mi vida, y al parecer lo ha sido desde antes de nacer.

Entonces dime, ¿vale la pena ir en contra de lo que siento y me hace feliz, solo para demostrarle al mundo que soy una mujer fuerte, y no ser tachada de loca por querer estar con quien tanto daño me hizo? Emma se acercó a ella, se arrodilló a su lado y le tomó las manos entre las suyas. También corrían lágrimas por sus mejillas.

―No tienes que demostrarle nada a nadie, Sakura. Siempre existiremos personas que estemos en desacuerdo con tus acciones, y si las cambias para complacernos, entonces llegarán otros a decirte que eres una cobarde por no mantenerte en tus ideales. ¿Quieres estar con Sasuke a pesar de todo? ¡Hazlo! Ya hiciste tu sacrificio al aceptar a Sasuke para proteger a tu familia, y como dijo Cassandra, eso no es de cobardes sino de valientes. »No tires todos tus esfuerzos al aire, ni abandones la felicidad que te ha traído el sufrimiento, solo porque nosotros no logramos entender la relación de ustedes dos.

Que no te importe lo que los demás piensen de ti, o lo que digan, solo dedícate a ser feliz al lado del hombre que estoy segura que amas. Los demás que se jodan, incluyéndome, porque aún quiero castrarlo y matarlo. Sakura rio con fuerza y abrazó a su amiga. Ella no la comprendía porque su amor por Kendal era sencillo, hermoso, y sin ningún contratiempo; aun así la apoyaba, y eso era lo que más necesitaba en ese momento.

Esa tarde Sakura llamó a Sussana, para pedirle que investigara sobre el nombre Kopján. La chica no le respondió las llamadas, por lo que supuso que se encontraba en alguna actividad de campo, y decidió enviarle un correo electrónico con su petición, en el que le indicaba que creía, se trataba de algún guerrero de épocas pasadas, basándose en sus sueños, de los que no le habló. Un par de horas después, cuando Sasuke llegó, Sakura se encontraba nerviosa. Deseaba hablar con él lo antes posible, aunque ni siquiera sabía cómo, o en qué momento tocar el tema.

―¿Qué sucede, nena? ―preguntó Sasuke, mientras cenaba junto a ella en una pequeña sala, que tradicionalmente recibía el nombre de saloncito―. Te noto distraída. Si te sientes mal podemos…

―No, estoy bien. No te preocupes.

―¿Segura? Porque no me gustó para nada esa salida a los cultivos.

―No estaba en los cultivos, estaba en la casa de Emma, y sabes que no es lo mismo ―alegó Sakura, sonando exasperada. Sasuke frunció los labios y el ceño, pero no dijo nada más.

―Sakura, deja de caminar tanto que no debe ser bueno para el bebé ―ordenó Sasuke. La chica llevaba varios minutos caminando de un lado al otro de la habitación, y Sasuke no le había quitado los ojos de encima. Lo que él no sabía era que ella estaba tratando de tomar fuerzas, para iniciar el tema que tanto la atormentaba. Si pudiera, no se enfrentaría a esa situación, pero era consciente de que no tenía otra opción.

Deseaba tener la oportunidad de comprobar que todo lo que suponían era cierto, aunque muy en el fondo estaba segura de ello; y más que eso, quería acabar con la opresión que sentía en el pecho, cada vez que deseaba responder al amor que Sasuke le profesaba.

―Sakura, si no vienes a la cama ahora mismo, te traeré a ella y te amarraré. Y te aseguro que no será de la forma divertida. Sakura lo miró con el ceño fruncido, y se encontró con los ojos azules fijos en ella. Le sostuvo la mirada, retándolo a cumplir sus palabras. Cuando Sasuke movió las piernas para salir de la cama, Sakura hizo el intento de correr hacia la puerta, solo que él fue más rápido, y en un ágil movimiento la alzó en brazos, logrando que Sakura soltara la carcajada que difícilmente había logrado retener, y pataleara en el aire juguetonamente, mientras era llevada al lecho.

―¡Quédate quieta, Sakura! ―bramó Sasuke, disgustado―. Te puedes caer. Fue colocada con delicadeza en la cama, por un hombre que no se hallaba contento, mientras ella reía, enloquecida.

―Eres una irresponsable. ―Sasuke intentó levantarse, cuando Sakura lo abrazó por el cuello y lo
atrajo a su cuerpo

. ―Y tú un amargado. ―Le dio un suave beso en los labios, y él se apoyó en sus manos, para no recargar su peso sobre ella.

―Me vuelves loco, Sakura, y no solo estoy hablando de amor.

―Cuando te conocí ya estabas loco ―afirmó Sakura, apartándose un poco para hacerle campo a su esposo, quien se acomodó a su lado―. Así que no me eches la culpa.

―Antes lo era por no tenerte, y empeoró cuando apareciste en mi vida. Sakura lo miró a los ojos sin decir palabra. Todo el estrés anterior se había esfumado con el momento de diversión, y dicha alegría fue reemplazada por la determinación. Tenía que hablar con Christopher, y lo haría de una vez. No había cabida a la espera.

―Sasuke, tenemos que hablar. Él la miró ceñudo, por el tono decidido que usó. Se acomodó hasta quedar sentado, recostado contra la cabecera de la cama, y ella se acomodó entre sus piernas. Quería asegurarse de que no huyera.

―No voy a ceder en cuanto a tu seguridad.

―Lo sé, y no es de eso de lo que quiero hablar, sino de algo de nuestra noche de bodas. Sasuke se tensó al instante, y en su rostro se reflejó una vergüenza y arrepentimiento, que la hizo dudar por un momento de si era lo adecuado o no.

―Sakura, yo…

―¿Qué es lo que recuerdas? ―preguntó Sakura, acariciándole la mejilla para intentar calmarlo. Le preocupaba que al hablar de ese tema, reviviera el odio que sintió por él alguna vez, pero lo que más temía, era la reacción de él al enterarse de la verdad, si era que lograba hacer que recordara. Aunque no era psicóloga, sabía que una persona podía bloquear recuerdos para evitar sufrir. No tenía idea de cómo se llamaba esa condición, solo que era lo que había sucedido con Sasuke, o al menos, eso suponía.

―Que te lastimé. Su voz era baja, casi un susurro, como si estuviera forzándose a hablar, y ahogándose en sus palabras.

―¿Qué más? ―Él se removió incómodo, y le rodeó la cintura con suma delicadeza. Su cabeza permanecía agachada―. ¿Qué más, Sasuke?

―Que no fui delicado, a pesar de que sabía que eras virgen, que antepuse mis necesidades a tu bienestar, y que no fui capaz de tener paciencia, para esperar a que te acomodaras a mí. Sasuke habló tan rápido que a Sakura se le dificultó captar todas sus palabras; sin embargo, entendió que él era consciente de muchas cosas que en realidad habían sucedido, solo que no de la forma correcta.

―Dime cómo sucedió. Todo lo que recuerdes, desde el momento en que entramos a la propiedad.

―¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esto? ―preguntó él, confundido, levantando por fin la cabeza.

―Tiene todo el sentido. Yo lo necesito, lo necesitamos los dos, Sasuke. Sé que es difícil para ti, y te aseguro que lo es más para mí, pero te juro que después de esto, ya no habrá nada más que nos separe. Seremos uno solo. ―Le tomó el rostro entre las manos, porque él había bajado la cabeza de nuevo, y lo obligó a mirarla

―. Hagámoslo, Sasuke Por nuestro hijo, por nuestro futuro, por nuestras almas que lo necesitan. Dime qué recuerdas, por favor. Sasuke asintió, y ella notó en ese momento, que los ojos de él estaban enrojecidos y brillantes.

―Entramos a la casa luego de que saludaste a Sam y Leo. ―Su voz continuaba siendo baja―. Subimos las escaleras y entramos a la habitación. Tú te encontrabas de espalda y yo cerré la puerta, me acerqué a ti y puse mis manos en tus brazos y… y… ―La confusión se marcó aún más en las hermosas facciones de Sasuke. Abría la boca y la volvía a cerrar, sin que de sus labios saliera palabra alguna. Su mirada se desviaba y sacudía la cabeza, como quien trata de recordar una respuesta, que de momento se ha escapado de su mente.

―¿Y qué pasó luego? ―insistió Sakura, intuyendo ya la respuesta. Sasuke la miró. En sus ojos no había miedo o cautela, por lo que Sakura pudo confirmar, que no mentía en lo que había dicho, ni en lo que diría a continuación.

―No sé. No lo recuerdo.

―¿Qué es lo que recuerdas? ―preguntó Sakura, y se pegó más a su cuerpo. Él respiraba agitadamente, y ella no quería que se levantara. Sasuke negó con la cabeza.

―En realidad, no recuerdo nada. No había querido pensar en ese momento, trataba de evitarlo, y ahora que me preguntas… no recuerdo nada. Sakura asintió, y le rodeó el cuello con los brazos. Él la abrazó con más fuerza, y apoyó la cabeza en su hombro, enterrando el rostro en su cuello.

―No sé qué sucede. ―La voz de Sasuke sonaba apagada, por la posición en la que se encontraba―. No logro captar nada, Sakura. Sé que no fui delicado contigo, que te lastimé más de lo necesario. Tengo vagas imágenes de ti debajo de mí… que te quejabas… y que yo no me detenía. Sé que gemías al comienzo, que disfrutabas al igual que yo. No estoy seguro. Nada está claro en mi mente. Era el momento de decirle, Sakura lo sabía. Apretó más fuerte su abrazo, para impedir que se zafara de ella, y cerró los ojos.

―No eran gemidos, Sasuke eran súplicas desesperadas. No hubo disfrute alguno para mí, ni al comienzo ni al final.

―¿Qué…? ―Sasuke intentó separarse de ella para mirarla, por lo que Sakura apretó su agarre―. ¿De qué hablas, Sakura? Sakura apretó aún más los ojos, e inhaló hondamente.

―Sasuke, tú abusaste de mí. Me violaste. ―La voz de Sakura se quebró al final, mas logró mantener sus lágrimas a raya. El cuerpo de Sasuke se sacudió, y un fuerte gemido agónico escapó de sus labios.

―No. Eso no es cierto ―aseguró con voz ronca. Con un movimiento forzado, logró zafarse y mirar a Sakura a la cara. Su rostro estaba distorsionado, su expresión era de confusión, una como nunca la había visto en él―. Eso es imposible. Estás equivocada. Sakura negó con la cabeza.

―No lo estoy ―dijo, colocando las manos a cada lado de la cabeza de Sasuke―. Yo te pedí que no lo hicieras, te rogué, y tú no te detuviste.

―No, no, no… ―Intenté correr fuera de la habitación, y no pude abrir la puerta porque la habías asegurado con llave. Grité por ayuda, pero nadie me escuchó. Entonces me tomaste en brazos, y me lanzaste sobre la cama, arrancaste la poca ropa que me quedaba y…

―¡No! ―gritó Sasuke, sacudiendo la cabeza bruscamente, zafándose de su agarre―. Tiene que ser mentira. ¡Mentira! Trató de ponerse de pie, así que Sakura se aferró a su cuerpo, segura de que él no la empujaría, o la agrediría de alguna forma. Se dio cuenta entonces de que las palabras, habían salido de su boca con algo de rencor, y era completamente natural, mas ese sentimiento ya no estaba. Sentía que se había descargado, así fuese solo un momento. Era como si un gran peso se le quitara de encima; sin embargo, la sensación de tranquilidad no duró mucho, porque Sasuke estaba enloqueciendo.

―Sasuke, escúchame, es cierto, pero… No pudo terminar la frase, porque en un ágil movimiento, el hombre se levantó de la cama. Sakura hizo lo mismo, e intentó abrazarlo por la cintura, cuando él se giró, la tomó por los brazos y la arrojó sobre las sábanas.

―Sasuke… ―susurró Sakura, sin poder creer lo sucedido. El hombre la miró a los ojos con desconcierto, luego le recorrió el cuerpo con la mirada, y empezó a sacudir la cabeza. El pánico comenzaba a reinar sobre sus facciones.

―No, no, no… Yo te… Dios… Imágenes comenzaron a inundar la mente de Sasuke. Recuerdos perdidos por el intento de autoprotección, regresaban a su memoria. La resistencia de Sakura, sus súplicas no escuchadas; ella corriendo por la habitación, tratando de huir; el forcejeo, su llanto; y por último, su resignación. Las lagunas en la mente de Sasuke fueron conectadas, el entendimiento de todo lo inundó, y Sakura pudo percibir eso en su mirada.

―Sasuke… Él levantó las manos y se las llevó a la cabeza. Sus ojos se movieron de un lado a otro, como si muchas escenas pasaran ante ellos, y no supiera a dónde mirar. Su cuerpo se pegó a la pared, su respiración se volvió frenética, y su cara estaba tan roja que parecía que comenzaría a exudar sangre en cualquier momento. Sakura se incorporó e intentó tocarlo, cuando el grito que Sasuke profirió la detuvo. Era un grito agónico, un alarido. Lo había recordado todo, y el peso de la culpa caía sin contemplación alguna sobre él. Intentó dar unos pasos y trastabilló. Sus manos continuaban aferrando su cabeza, y sus gritos comenzaban a volverse roncos, por el esfuerzo al que estaba siendo sometida su garganta.

Sakura no pudo aguantar más. Sabía que se exponía a que él la rechazara de nuevo, e incluso le propinara un mal golpe sin intensión, mas no podía dejarlo solo. Su alma se estaba destrozando con la de él, porque se estaban uniendo por fin, y su dolor era el de ella. Era imposible negarlo por más tiempo. Levantándose de la cama lo abrazó por la cintura desde atrás, y se aferró a él para impedir que se liberara.

―Sasuke, por favor. No me hagas esto. Detente ―sollozaba. No se había dado cuenta de que estaba llorando, y sus lágrimas comenzaban a humedecer la camiseta del pijama de su esposo. Sasuke cayó al suelo de rodillas, llevándose a Sakura con él. Por mucho que insistía en que se calmara, él no la escuchaba. Se encontraba en su propio mundo de agonía y culpabilidad, y ella comprendió que solo saldría de ahí cuando se hubiese desahogado.

Era como las personas que acaban de sufrir la pérdida de un ser querido, y otros les aconsejaban que no lloraran, mientras que era lo único que deseaban hacer. No era una experiencia ajena a ella, ya que cuando su padre murió, notó cómo todos a su alrededor repetían sin cesar dicha súplica, y ella obedecía, más que todo por su madre; pero cuando se encontraba en la soledad de su habitación, se sentía mucho peor por todo lo que se había acumulado en su interior, y tanto el llanto, como la amargura y la tristeza, eran mayores.

Dejándose caer sentada en el suelo, hizo uso de toda su fuerza, para rodar el pesado cuerpo de Sasuke, acomodándolo así en su regazo. Sasuke se retorcía, gemía, gritaba, por lo que ella se limitó a abrazarlo, llorando a su vez, esperando a que su angustia llegara a su fin, porque así sería a partir de ese momento. Los dos contra todo, contra sus miedos, contra sus vivencias amargas y futuras pruebas. Ella estaría ahí para él, y de igual forma él, la consolaría en los momentos de dificultad. Por fin los votos pronunciados en una ceremonia no consentida, comenzaban a tomar sentido. Dejaban de ser palabras que debió repetir por formalidad, para convertirse en verdades pronunciadas, más por el alma que por su boca.

Cuando Sasuke empezó a calmarse, y solo gemidos de agotamiento y tristeza se escuchaban en la habitación, Sakura se dedicó a acariciarle el rostro, y su corazón se contrajo al ver que él evadía su toque. No sabía porqué él lo hacía, quizás se había dado cuenta de que casarse con ella fue un error, que no era buena para él, y mil razones más, que la hacían temer por su futuro junto a su marido. Lo intentó una vez más y él giró la cabeza. Andando en sus rodillas y manos, se alejó de ella para recostarse junto a la cama.

―No me toques, Sakura. No lo merezco. Si bien el alivio le inundó el corazón, al darse cuenta de que él no la rechazaba porque ya no la quisiera, la sensación no perduró, pues sus palabras cobraron un significado que no deseaba entender. Gateó por el suelo, y estiró la mano para tocarle el brazo, lamentando que él volvió a apartarlo.

―No lo hagas.

―No lo hagas tú. Lo que pasó…

―Lo que pasó es imperdonable, Sakura ―dijo, mirándola a los ojos. Los suyos se encontraban vacíos, tristes, y lo que más la impresionó, fue que mostraban vergüenza. Tanta, que él no fue capaz de sostenerle la mirada más que unos segundos.

―Eso lo decido yo ―afirmó Sakura. Intentó tocarlo de nuevo, y él hizo el intento de alejarse aún más.

―No, Saku…

―¡No tú, Sasuke! ―exclamó la chica con firmeza. Sasuke la miró un momento, por la intensidad de su tono, y apartó la cabeza de nuevo―. No voy a permitir que me hagas esto.

―¿Esto? ―Sasuke sacudió la cabeza, al tiempo que sonrió, pero ese gesto no le llegó a los ojos―. Solo estoy evitándote la tortura y el desagrado, que debe ser para ti el tocarme.

―¡Mierda, no! ―Se abalanzó sobre él antes de que pudiera moverse, se sentó a horcajadas sobre sus piernas, y le aferró la cabeza con las manos

―. Mírame, Sasuke. Mírame. ¡Mírame!

―No tienes que hacer esto ―repuso él, levantando los ojos por fin―. No tienes que seguir… a mi lado. A tu familia no le pasará nada, y continuarán con todos los beneficios. Tú tendrás la casa que desees, y una mensualidad generosa… La fuerte bofetada que recibió lo silenció al instante, dejándolo parpadeando por la sorpresa. Sintió que su camiseta fue tomada con brusquedad por el cuello, y la cara de Sakura quedó a solo unos centímetros de la de él.

―No seas imbécil, Sasuke Uchiha ―siseó Sakura, con la furia bullendo dentro de su cuerpo, y amenazando con hacerla explotar―. ¿Es que todo este tiempo no te has dado cuenta de que mi actitud hacia ti ha cambiado? ¿Que no te das cuenta la sonrisa que tengo en el rostro cuando llegas del trabajo, y la mueca que hago cuando te vas? ¿No escuchas mis gemidos cuando hacemos el amor, y mis gritos cuando follamos como dos locos? ¿Acaso te volviste sordo y estúpido? ¡Oh! Me retracto, no te has vuelto. ¡Lo has sido desde que naciste!

―Sakura…

―¡Cállate que no he terminado! ¿O es que también quieres prohibirme hablar, expresarme? Porque no solo me estás alejando de tu lado, sino que además quieres evitar que hable, que te diga lo que estoy pensando, ¡y no me da la puta gana de quedarme callada! Tú no tienes ningún derecho a decirme lo que tengo que hacer o no. Puedes amenazarme, hostigarme y obligarme, pero no pedirme que haga algo que no quiero, porque si tengo opción no lo haré, y eso es lo que tengo ahora, ¡una opción! »

No puedes alejarme de tu lado, como si nada de lo que hemos vivido hubiese pasado. No tienes ningún derecho, después de todo lo que me has hecho, a cortar mi felicidad, solo porque tú no eres capaz de soportar la carga de tus errores, y no deseas que yo lleve esa pena contigo. ¡Soy tu mujer, maldita sea! Soy tu esposa, y la única forma en que puedes alejarme de ti, es haciendo lo mismo que cuando me casé contigo: obligándome.

Porque no pienso hacerlo por mí misma, y esta vez tendrás que recurrir a algo diferente, pues ahora te conozco lo suficiente, como para saber que te has encariñado con mi familia, y no eres capaz de atentar contra ellos. »¡Mierda, Sasuke! El hombre que conozco no me pediría que me fuera, sino que me retendría, me amarraría a una cama, y me mantendría secuestrada hasta que me resignara a quedarme con él. Aunque entiende algo, si es que esa masa inservible que tienes por cerebro logra comprender lo que estoy diciendo: ¡no tienes que hacer nada de eso, porque no iré a ningún lado! Aquí me voy a quedar, y si te vas, iré contigo. Seré tu maldita sombra, Christopher Stone. Tendrás que viajar hasta el fin del mundo para librarte de mí, y ni así, porque hasta el infierno te seguiré, porque te amo, ¡maldición!, te amo como nunca he amado a nadie en toda mi vida, te amo tanto que me duele, y es ridículo pero es la verdad.

Te amo con mi alma, con mi vida, con mi ser, con mi corazón, te amo, y ahora serás tú el que tenga que acostumbrarse a mi presencia, porque no pienso tragarme este amor yo sola; así que prepárate, ya que te lo diré todos los días a toda hora. Te amo, Sasuke Uchiha, te amo, ¡y tu mugre dinero te lo puedes meter por donde mejor te quepa! El silencio reinó en la habitación. Solo se escuchaba la agitada respiración de Sakura, por haber hablado tan rápido. Su pecho subía y bajaba, y su boca se encontraba abierta, tratando de captar aire.

Sasuke no estaba muy diferente. Su boca también estaba abierta, sus ojos desorbitados, solo su pecho no se movía. Contenía la respiración, y no se percató de ello, hasta que el cuerpo realizó un movimiento instintivo, obligándolo a soltar el poco aire en sus pulmones, y tomar una honda bocanada de vuelta.

―¿Qué dijiste? ―susurró con voz temblorosa. Sakura sabía a lo que se refería, solo que sus palabras fueron otras.

―Que te metas tu dinero por donde te quepa. Sasuke negó rápidamente con la cabeza, e hizo el intento de hablar, entonces Sakura que le tomó el rostro entre sus manos, y pegó su frente a la de él.

―Que te amo, Sasuke―dijo, y supo que nunca diría una verdad más grande como esa. El peso que había sentido todo el tiempo sobre su alma, ese que le impedía ponerle un nombre a sus sentimientos por él, se había esfumado por fin. Las palabras de Cassandra, e incluso las de su madre, habían sido ciertas. Al desahogarse, al decirle a Sasuke la verdad, al ver su reacción, al sentir cómo su alma, al igual que la de él, se liberaba, todo el miedo, el resentimiento, el rencor y el odio se esfumaron, para dar paso al sentimiento que había estado escondido en lo profundo de su corazón, por mil años: el amor hacia ese hombre, sin el cual ya no podría vivir

―. Te amo, eso fue lo que dije.

―Te estás condenando, Sakura―aseguró él con voz ronca―. Lo que dije no era verdad. Jamás te dejaría ir. Me odio a mí mismo, me detesto, pero no puedo dejarte ir. Lo dije porque quería que fuera cierto, quería ser capaz de permitirte ser libre finalmente; sin embargo, no puedo hacerlo. Siempre serás mía y solo mía. No puedo dejar que te alejes de mí. Así que no me mientas para torturarme, o tratar de consolarme, porque mi dolor no puede ser mayor, y consuelo ya no hay para mí. Sakura suspiró hondamente.

―Te amo. No lo digo por alguna de esas dos cosas. Lo que pasó ya no importa, ¿que no lo ves?

―Tengo miedo de creerlo, porque no lo merezco. Solo tu odio y desprecio. Acabando con el espacio que separaba sus labios, Sakura lo besó suavemente, y se contentó cuando sintió cómo el cuerpo de él vibraba, y sus labios respondían con timidez.

―No tienes nada que temer. No puedo odiarte porque ya no hay cabida en mi corazón para ese sentimiento hacia ti. ―Inhaló profundo, y exhaló lentamente

―. Te perdono, Sasuke, te perdono todo lo que has hecho con mi vida, y lo hago porque me he enamorado de ti, porque te has convertido en mi vida, en mi todo. No me imagino lejos de ti, sin poder escuchar tu voz, sentir tus caricias, saborear tus besos, oler tu perfume natural. ¡Ay, Sasuke! Te amo tanto, incluso ahora que eres un horrible cíclope. La pequeña risa de Sasuke fue ahogada por un sollozo. En un rápido movimiento, abrazó a Sakura y la pegó a su cuerpo, al tiempo que enterraba su rostro en el cuello de ella, quien le devolvió el abrazo.

―No me alcanzará la vida para pedirte perdón.

―No tienes que hacerlo.

―Sí tengo. Déjame hacerlo, Sakura, porque si no, siento que me ahogo. ―Se separó un poco de ella y la miró a los ojos―. Viviré para hacerte feliz. Dedicaré mi vida a hacerte olvidar ese horrible momento. Seré tu esclavo, viviendo a tus pies cada día. Te entrego mi vida, mi amor. Te entrego todo lo que soy a cambio de tu perdón no merecido. Toma lo que desees de mí: mi vida, mis días. Mátame si quieres, como intentaste hacer aquella mañana.

»Siempre te he dicho que me perteneces, que eres mi posesión, ¡ah, mi amor!, no te has dado cuenta de que soy yo quien te pertenezco a ti, que está en mi naturaleza ser tu posesión, que… Sus labios se silenciaron. Sakura lo besó con todo el amor recién aceptado. Deseaba quitar de él todo el sufrimiento y la culpa. Él le había hecho mucho daño, era consciente de ese hecho, y en contra del mundo, ella lo había perdonado, y deseaba poder evitarle cualquier pesar. Lo amaba tanto, que tres meses antes le habría parecido ridículo, mientras que ahora era la única verdad. Nunca hubo odio real en su corazón, era miedo.

Ese miedo con el que seguramente murió hacía mil años. Miedo a sufrir nuevamente, a que su corazón fuera desgarrado una vez más, y sobre todo, le tenía miedo a amar de nuevo a ese hombre. Ya no más

. ―Hazme el amor, Sasuke ―pidió Sakura contra sus labios―. Te necesito. Sasuke negó con la cabeza, y otro sollozo escapó de él. Estaba llorando.

―Por favor.

―No. No puedo.

―Sí puedes, y te lo estoy pidiendo. Hazme el amor, quiero sentir tus caricias, tus besos por todo mi cuerpo. Su rostro se contrajo de dolor, y haciéndola a un lado con delicadeza, se puso de pie. Sakura intentó imitarlo hasta que él se agachó, la tomó en brazos, y la colocó sobre la cama con suma suavidad. Ella intentó atraerlo a su cuerpo, solo que él se separó.

―Te prometí darte todo lo que me pidieras, pero esto no puedo. No ahora.

―Pero…

―No, Sakura. Entiéndeme, por favor. No puedo tocarte sin que esas imágenes vuelvan a mi mente. No puedo tocarte sin pensar en que estoy profanando tu cuerpo, que te estoy haciendo daño.

―Me haces daño con tu rechazo ―afirmó Sakura con voz dolida.

―No es rechazo, mi amor ―dijo Sasuke, acariciándole una mejilla, y apartando la mano rápidamente, con una expresión de dolor en sus ojos

―. Yo te amo y te deseo, y es eso lo que me impide hacerte el amor. Lo siento, Sakura. No puedo. No ahora. ―Se agachó y la besó en el cabello

―. Duerme, nena. Ya es tarde. Sakura vio cómo él se dirigía a la puerta de la habitación.

―¿A dónde vas? ―Tengo algo de trabajo pendiente. Estaré en el despacho ―anunció, y salió de la habitación. Sakura sabía que mentía. Él ya estaba listo para acostarse, antes de que todo se fuera al diablo, listo para hacerle el amor como todas las noches; y ella podía entender su renuencia a tocarla, mas no podía dejarlo solo. Eso era un riesgo muy grande. Levantándose de la cama, salió de la habitación, descalza, y lo siguió de lejos.

Cuando él bajó las escaleras, notó que no se dirigía al despacho, sino que se desviaba a la zona de los dormitorios de la servidumbre. «¿A dónde va?», se preguntó, y avanzó dando pasos cautelosos; sin embargo, él cerró la puerta tras de sí, y ella tuvo que esperar, suponiendo que él entraría a una de las habitaciones. Luego de un par de minutos, abrió la puerta con cuidado, y al encontrar vacío el tenuemente iluminado pasillo, entró y cerró a sus espaldas. No era la primera vez que estaba ahí.

Un largo corredor con muchas puertas a un lado y otro se mostraba ante ella. Al final sabía que había una curva, donde quedaban los cuartos de Katy y Nani. Se acercó rápidamente a la esquina, y vio a Sasuke entrando en una de las puertas, que si no recordaba mal, era la de Katy. Caminando despacio para no hacer ruido, llegó hasta la habitación, y pegó el oído a la madera para tratar de escuchar. El sollozo de un hombre provenía del interior.

Sasuke estaba llorando y al parecer, Katy lo consolaba. Era un lugar seguro para él, no haría alguna locura con la mujer presente, aunque no por eso se alejaría. Se recostó entonces a la pared adyacente, y se deslizó hasta el suelo, agradeciendo que en esa época del año, la calefacción funcionara todas las noches. El llanto se escuchaba apagado. Era el sonido del dolor, del odio y de la tristeza; y ella lloró con él, solo que en silencio.

Deseaba entrar y consolarlo, ratificarle que lo amaba, y besar su hermoso rostro para enjugar sus lágrimas; no obstante, él necesitaba ese espacio, ese tiempo para descargarse, y Katy era la persona indicada para ello, pues ella jamás lo juzgaría, porque lo amaba mucho. La puerta se abrió luego de mucho tiempo, tanto que sus nalgas se encontraban entumecidas, al igual que sus piernas. Katy salió de la habitación, y al mirarla, se sorprendió, e inmediatamente esbozó una pequeña sonrisa, cerrando tras ella. La chica se levantó con dificultad, ayudada por la mujer.

―Katy, ¿Sasuke…? ―Me contó todo, mi niña. Ahora está dormido ―informó la mujer destilando dulzura en la voz.

―Katy, yo lo amo. No me importa nuestro pasado. Yo quiero un futuro con él. La mujer sonrió, con el agradecimiento desbordándose de sus ojos.

―Lo he visto y se lo agradezco. Él la necesita.

―Y yo a él ―aseguró Sakura con firmeza, porque era cierto, no lo podía negar

―. ¿Puedo entrar? La mujer asintió, y abrió la puerta para darle paso.

―Yo dormiré en otra habitación ―susurró. Sakura le agradeció y entró, cerrando suavemente la puerta. El lugar se encontraba un poco iluminado, por la luz que salía del cuarto de baño, por lo que Sakura pudo divisar a Sasuke, acostado en una cama de un solo cuerpo, en medio de la recámara. Los pies le sobresalían, y parecía que fuese un gigante en la cama de un enano. Se acercó, y calculando el espacio restante, se acostó con sumo cuidado y dificultad a su lado, sabiendo que corría el riesgo de caerse si intentaba girarse, ya que le daba la espalda al borde. E

l problema no era el tamaño de la cama, sino del hombre, porque para una mujer como ella o Katy, tenía el tamaño perfecto. Intentó tomar un brazo de él y pasarlo por su cintura, pero él se le adelantó en un movimiento instintivo, pues continuaba dormido. El ceño que tenía fruncido se relajó un poco, aunque aún se le marcaba la pequeña arruga entre sus cejas.

Sakura extendió una mano, y con el dedo le acarició la zona, tratando de alisarla. Abrió la boca para decir algo, y recordó un suceso anterior, por lo que supo en ese momento, que la única forma en que él dormiría tranquilo, al menos por esa noche, era que lo que iba a decir se lo dijera a su alma. Estiró un poco el cuello, y alcanzando sus labios, los besó con suavidad.

―Te amo, Kopján. Te amo. Tal como esperaba, Sasuke esbozó una pequeña sonrisa, y toda la tensión en su rostro desapareció. Murmuró algo que Sakura no pudo entender, y se quedó quieto nuevamente. Sus almas se habían vuelto una sola por fin. Y tanto la de él como la de ella, lo aceptaron con alegría.