Casa de Edward, Forks — viernes 11 de Septiembre de 2009 — 11:00 PM

Edward esa noche tenía guardia… Bella estaba tumbada en el sofá viendo un programa en la tele mientras devoraba una caja de galletas Oreo. Metió la mano en la caja y descubrió que no había más… ya se había comido la última, bufó y cerró los ojos con fuerza… era la última caja. Y ella seguía con antojo de ellas, no quería que sus hijos naciesen con una mancha en forma de galleta.

Se río de sí misma.

Sabía que eso era una tontería de las abuelas, pero de verdad le apetecía continuar comiendo oreos. Así que pensó en un modo de conseguirlas. Por desgracia Forks era tan pequeño que no había tiendas 24 horas, para eso tendría que ir hasta las afueras de Port Ángeles, y si Edward se enteraba de que había conducido hasta allí ella sola y a esas horas tendría serios problemas. Además… que se había llevando el volvo y el garaje solo quedaba el Vanquish… antes muerta que conducir un auto tan ostentoso.

Bufó frustrada y se bebió el vaso de leche de un solo sorbo por si así mitigaba las ansias de una oreo… pero no sirvió. Se sentí capaz de comerse una caja entera en cuestión de dos segundos.

El timbre del a puerta la sacó de sus cavilaciones, frunció el ceño. No esperaba a nadie y Edward tenía llaves. Se puso en pie con algo de dificultad, sus siete meses de embarazo ya comenzaban a pasarle factura. Además, llevaba puesta ropa de Edward, ya que su enorme barriga ya no cabía en ninguno de sus pijamas, y se negaba a comprar ropa nueva para solo ponerla un par de meses y después dejarla olvidada en el armario por siglos.

Llegó a la puerta y como estaba descalza tuvo que ponerse de puntillas para poder mirar por la mirilla. Cuando lo hizo jadeó asustada. Al otro lado había ojo enorme, de color azul que la estaba mirando a través de ella.

— Emmett… no seas idiota —oyó la voz de Rosalie— aléjate de la puerta.

Bella respiró profundamente para intentar acompasar los latidos de su corazón, ya que el susto que le había dado Emmett la había sobresaltado. Abrió la puerta y un muy sonriente Emmett estaba al otro lado. Sin mediar palabra entró en la casa y la dejó frente a Rosalie que miraba a su marido con reproche.

— No te preocupes —la cortó Bella cuando ella abrió la boca para reprenderlo— es Emmett… no tiene remedio.

Rosalie sonrió y se encogió de hombros.

— Yo tengo que salir con un par de chicas del trabajo —le dijo la rubia sonriendo— te dejo al niño… espero que se porte bien. No se quería quedar solo.

Bella río.

— No te preocupes… así voy practicando —dijo acariciándose el vientre.

Rosalie la miró e hizo un puchero.

— Aw… estás preciosa —susurró.

Se puso de rodillas y comenzó a besar la barriga abultada de Bella.

— Eso para que cuidéis a tío Emmett y no le tengáis en cuenta sus idioteces —le dijo mirando a su ombligo.

Bella río entre dientes.

— Se me hace extraño que todo el mundo le hable a mi tripa —dijo frunciendo el ceño— no sé que esperan… ¿Qué os contesten?

— Me asustaría si pasase eso… créeme —dijo la rubia.

Rosalie se despidió de Bella con un abrazo y de Emmett con un grito. Bella cerró la puerta y fue tambaleándose hasta la sala, donde Emmett se había adueñado del sofá y estaba devorando galletas mientras miraba el mismo programa que veía Bella minutos antes. Un momento…

¿Galletas?

Bella se acercó a Emmett y lentamente y la boca se le hizo agua… ¡eran oreos! Preparó su mejor cara de pena, echando hacia fuera un poco su labio inferior y haciendo que su barbilla temblase, no era muy buena actriz, pero de verdad le apetecían esas galletas.

— Emmett… —lo llamó en un susurro.

El ludido apartó la mirada del televisor y la posó en ella mientras con su lengua lamía el relleno de una galleta que había abierto segundos antes.

— ¿Uhm? —le preguntó mientras saboreaba la crema de esa deliciosa galleta.

— ¿Me das una galleta? —preguntó Bella con su voz más dulce.

Emmett frunció el ceño…

— Estas son mías —protestó en tono infantil.

Bella volvió a hacer un puchero e inclinó su cabeza hacia un lado para dar más pena.

— Los bebés me las están pidiendo —se pasó una mano por la tripa haciendo grandes círculos alrededor de su ombligo.

— ¿En serio? —preguntó él con los ojos muy abiertos—. Yo no los escucho.

Y volvió toda su atención a la tele.

Bella bufó, quería esas galletas.

Se acercó más a Emmett y se sentó sobre su estómago. Emmett se quejó teatralmente haciendo como que Bella le estaba aplastando cuando realmente le pesaba poco más que una pluma.

— Emmett… es un antojo… de verdad que necesito esa galleta —dijo enfatizando cada palabra y señalando la oreo que Emmett tenía en su mano.

— ¿Qué harías por conseguir una? —preguntó Emmett sonriendo con picardía.

— No seas malo… estoy embarazada… ¿no te doy pena? —preguntó Bella.

— Dame algo que pueda interesarme y te daré una galleta —dijo Emmett riendo.

— No soy un perro —gruñó ella.

Emmett río más fuerte y Bella tuvo que sujetarse a los cojines del sofá para no caerse al suelo a causa de los movimientos de Emmett al reírse.

— Está bien… —dijo frustrada— ¿qué quieres?

Emmett sonrió.

— Consígueme uno de los rollos del cordón policial de Charlie —dijo sonriendo.

— ¿Para qué quieres eso? —preguntó Bella sorprendida.

— No hagas preguntas… tú me prometes que me darás uno de esos y yo te daré galletas… es un trato justo.

Bella lo pensó durante unos segundos… era un trato en el que ella no perdía, conseguir eso sería fácil… solo tenía que abrir el maletero de la patrulla de su padre y allí había unos cuantos de esos, no echaría de menos uno de ellos.

— Está bien —dijo extendiendo su mano hacia Emmett.

Emmett la tomó de la mano y la estrecharon cerrando el trato. Bella intentó coger una galleta de la caja pero Emmett la apartó rápidamente.

— ¡Eh! —gritó Bella— ¡habíamos hecho un trato!

— Lo sé… hay tres cajas en la cocina —explicó Emmett y Bella enarcó una ceja— Edward me llamó y me dijo que las estabas acabando, que necesitarías más.

Bella miró a Emmett con los ojos entrecerrados y este le dedicó su sonrisa más inocente y parpadeó un par de veces provocando que Bella estallase en carcajadas.

Unos minutos después Bella se quitaba las migas de galletas que habían quedado sobre la camiseta de Edward… ahora se sentía satisfecha y feliz después de haber cumplido uno de sus antojos. Emmett le extendió una de sus manos y ella se acercó a él abrazándolo y recargando la cabeza en su gran pecho.

— ¿Cómo has estado? —le preguntó él en un susurro— ¿Es verdad lo que me han dicho las chicas?

— ¿Qué te han dicho? —inquirió Bella con curiosidad.

— Qué tú y Edward estáis juntos —dijo Emmett con cautela.

Bella se removió intranquila.

— Sí, lo estamos —afirmó a media voz.

— No pareces muy feliz con ello —Emmett frunció el ceño.

— Sí que lo estoy… Edward es maravilloso y estoy enamorada de él…

— ¿Pero…?

— No me parece justo —Bella bajó la mirada.

— ¿El que no te parece justo? —inquirió Emmett.

— Es que… uf —no sabía cómo explicarse— yo soy feliz a su lado y todo lo que está haciendo por mí es demasiado… y no me parece justo, que tenga que ocuparse de mí de ese modo. En una relación ambas partes tienen que dar por igual… yo no puedo darle a Edward lo que estoy recibiendo de él.

— ¿Sabes que eso es la tontería más grande que he oído? —preguntó Emmett muy serio— Bella Edward te quiere, mucho, creo que eres la persona más importante para él, incluso por encima de Esme. Daría cualquier cosa por ti y sé que tú si no sientes exactamente lo mismo se le asemeja demasiado. Así que tus dudas respecto a eso… están de más.

— Quiere que los bebés sean Cullen —Bella se ruborizó.

Emmett se quedó en silencio. Después de un largo minuto Bella lo miró y él la miraba de vuelta

— ¿No vas a decir nada? —preguntó ella.

— No… lo que quiere es lo más obvio… que esos bebés sean Cullen es lo mejor que puede pasarles, nadie los querrá como Edward, nadie será mejor padre que él para ellos, y eso lo sabes.

— Pero no es justo que se ocupe de ellos cuando no son sus hijos biológicos, no puedo darle esa responsabilidad, no quiero obligarlo —protestó Bella con un nudo en la garganta.

— Bella… ¿quién estuvo a tu lado en la primera ecografía? —preguntó Emmett— ¿Y en la primera patadita? ¿Quién te acompaña a las clases de preparación al parto? ¿Quién les habla más a los bebés además de ti? ¿Quién me ha pedido que te comprase oreo porque era tu antojo?

Bella no dijo nada.

— Ahora contéstame sinceramente… ¿quién es el padre de esos bebés? —dijo Emmett con dulzura—. Tener un hijo no es solo donar el esperma… es estar ahí en cada momento cuando se te necesita y también cuando no… solo habla con Edward cuando te sientas preparada, pero piensa bien lo que te he dicho.

— Emm… —lo llamó Bella después de unos minutos.

— Dime… —susurró el adormilado.

— Te quiero…

— Yo también te quiero… —murmuró él con una pequeña sonrisa y su voz pastosa por el sueño— ahora si puedo decir que eres mi hermanita de verdad… ¿eh cuñada?