Disclaimer: Ya saben, los personajes no me pertenecen, pero sí la historia.

Gracias a todas por sus comentarios, favs y follows, ¡me encantan!

: Pensando en tí, actualicé el mismo día jejeje para que duermas tranquila, ¿o no?

AliTroubleMaker:Todo puede pasar en esta vida, incluso el Sev-Cissa ;) Gracias por leerme, a eso vamos... pero antes...Quizá Hermione necesita a otras personas... o Draco.

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Es todo por el momento, ya pueden proceder a leer el capítulo, sin antes decirles #QuédateEnCasa, y mucha fuerza, las quiero.

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19.— Cargas

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Era un agradable día de verano, hacía calor y la brisa campirana le golpeaba en la cara mientras Hermione enredaba bolsitas doradas con listones color lavanda debajo de un gran sauce. Llevaba un vestido ligero, apenas con tiras en los hombros y estaba descalza, con las piernas cruzadas debajo de ella, se esmeraba en sus bolsitas con suma concentración.

—Esa mujer nos va a matar —se quejó Ron dejándose caer a su lado, exhausto y accidentalmente le rozó la pierna. Hermione le lanzó una mirada pero no dijo nada, siguió en su labor, con seriedad—. Deja eso, Hermione.

—No, Ronald —contestó ella alejando sus manos de las de él, quien intentaba tomar sus bolsitas—. Déjame seguir —dijo medio exasperada, medio con una sonrisa.

—Anda, vamos al lago —susurró él con lo que creía era su mejor voz seductora—. Sólo un rato, Harry ya está ahí.

—Ve tú, termino esto y me escapo —cedió la chica mientras evitaba la mirada de Ron—. Necesito un momento a solas. Cosas de chicas.

—Te ves muy hermosa con esa trenza —susurró Ron y como si le hubieran pegado, saltó y se incorporó, sonriendo muy amigablemente, para después huir hacia el lago, se giró y le gritó—¡te esperamos allá!

Hermione sonrió y lo vio alejarse antes de regresar a su labor. Mientras pasaba lazos de satín por las bolsitas, las lágrimas la invadieron y mirando rápidamente a su alrededor, comenzó a llorar. Se recogió las piernas, apoyó la cabeza y en una especie de auto abrazo, dejó salir el llanto.

De pronto, sintió unas manos que la jalaban y se dejó hacer, mientras se recargaba en un hombro suave y lloró con más fuerza. Las mismas manos le acariciaron el cabello y la acunaron como una niña pequeña hasta que se quedó sin fuerza de llorar demasiado.

—Lo siento —hipó Hermione incorporándose y pasándose uno de los saquitos de tela por los ojos. Ginny la miró con cariño y negó con la cabeza, acariciándole la mejilla.

—Está bien, pero sabes que no debes cargar con todo tú sola, ya tenemos suficiente con Harry.

La castaña asintió y se recargó en el árbol, inhalando con fuerza.

—Sólo fue un momento, supongo que en algún momento dejaré de llorar, nadie se muero por esto.

—No, nadie se muere, pero el proceso es muy doloroso —dijo Ginny mientras se sentaba a su lado y miraban hacia la madriguera. Suspiró con tristeza y se recargó en el hombro de su amiga—. Muy doloroso.

Hermione dejó caer su cabeza también y las lágrimas volvieron a resbalar, mientras sentía las de Ginny mojarle los hombros desnudos, ninguna dijo nada y sólo se mantuvieron ahí, llorando en silencio, pero acompañadas.

—Odio a los hombres —dijo Ginny mientras se secaba con la manga de su camisa y suspiró— Y odio que no regresen a Hogwarts.

—Harry tiene una misión —susurró Hermione mientras se retorcía las manos—. Yo también odio no regresar, pero es por una buena causa.

Ginny sonrió y miró a su mejor amiga. La castaña se veía demacrada, aún con aquél vestido llamativo y su esmero al peinarse distinto, Ginny sabía que estaba desecha y muchas cosas la corroían. Ambas estaban pasando por un proceso doloroso, pero mientras Ginny se deshacía de preocupación y sabía que cuando todo terminara, Harry y ella regresarían (ella siempre, siempre, lo esperaría así pasaran treinta años), a Hermione parecía que se le había muerto alguien o más bien, todos.

—Deberías contarle—dijo de pronto. Hermione levantó la vista y negó con la cabeza, alicaída.

—No puedo soportar sus miradas de decepción. En cierta parte, fue mi culpa que Dumbledore muriera, nunca le dije a nadie lo que él era… No podría decirles.

Ginny negó con la cabeza y le tomó la mano.

—Claro que no, tú pensaste que él podía cambiar y la respuesta es que sí, tardó mucho en llevarlo a cabo y Harry mismo lo vio, él se iba a rendir, pero… todo se salió de control. Sólo quizá deberías contarle para aligerar tu carga. Yo no te juzgo —dijo Ginny mientras la abrazaba—. Creo realmente que él no es como pensamos y entiendo que te mueras de preocupación por él.

—Él eligió su bando, Ginny —dijo Hermione mientras se tocaba el cuello, desnudo ahora—. Le pedí que se quedara y él eligió.

Nuevas lágrimas salieron de su rostro y la chica agachó la mirada, llorando con fuerza.

—Eligió matar a Dumbledore y me dejó.

Ginny la miró con compasión y la abrazó.

—Él te protegió y no mató a Dumbledore, a ninguno de nosotros nos hirió.

—Pero ató mi lengua, me puso un collar como un perro y siempre estuvo frente a mí lo que él hacía… Nunca podré perdonarme… ni a él —dijo Hermione con vehemencia y se limpió las lágrimas.

—Vamos adentro —propuso Ginny después de un rato, sonriéndole—. Seguramente mi madre ya estará trepando por las peredes.

Hermione soltó una risita y se incorporaron con calma, se colocaron los zapatos de nuevo y bajaron hacia la madriguera, que ya tenía las luces prendidas y la brisa veraniega les llevó el olor a comida.

—En serio deberías considerar contarle a Harry, a Ron no, es un estúpido.

—¿Qué soy qué? —preguntó una voz a su espalda y las chicas se giraron.

Harry notó que Hermione tenía la nariz roja y los ojos hinchados, algo muy común últimamente, como si viviera en un perpetuo estado de resfriado. Sin embargo, se sorprendió al notar el mismo brillo febril en los ojos de Ginny, quien miraba a su hermano con hastío.

—Que eres un estúpido —repitió ella con una sonrisita en los labios—. Pero eso ya lo sabemos todos.

Ron iba a replicar, pero Hermione ya se había dado la vuelta y bajaba hacia la madriguera, ignorándolos. Repentinamente, perdió interés en la pelea y se adelantó, para emparejarse con la castañan.

—¿Estás bien? —preguntó él mientras le miraba los hombros y el cuello desnudo, después de la muerte de Dumbledore, había dejado de llevar el dije que le había regalado (Harry dijo que era parte de los dos para que ella no se sintiera incómoda, pero todo era obra suya). Le pasó un brazo por los hombros, porque la vio temblar ligeramente, sin embargo, Hermione tropezó y con ello, se safó de su abrazo.

—Sí, sólo es la alergia de verano —contestó ella con sequedad y entró a la casa. Ron se quedó parado fuera, indeciso. Ginny había desaparecido y Harry venía por detrás con cara de dolor.

—No entiendo —le dijo él a Harry y el chico lo miró largamente, con las manos en los bolsillos—. Pensé que ya estábamos bien y… Bueno, llora mucho por Dumbledore, ¿no?

—No, no lo entenderías —contestó Harry mirándolo a los ojos y sin decir nada más, entró a la casa.

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Fleur bailaba en el centro de la pista con Bill, se veía increíblemente linda con su largo cabello blanco cayendo sobre sus hombros y miraba con adoración a su ahora esposo. Hermione sonrió mientras acariciaba su copa y suspiró. Las bodas la ponían sensible, maldita cursilería suya. Se removió un poco y sus ojos siguieron las copas que flotaban frente a ella, eran de champaña dorada. Temblorosa, tomó una y la probó, cerrando los ojos. Nada, no sabía tan bien como aquella vez con… Inhaló con fuerza y dejó la copa por ahí, dando vueltas por la fiesta mientras se le iba el aire. Estaba a punto de llorar y el pánico se apresó de ella. Caminó un poco más y entonces chocó con una figura corpulenta, excusándose, alzó la vista y frente a ella, con una túnica muy elegante, estaba Víktor Krum. Ambos se sonrojaron y Víktor la tomó con asombrosa delicadeza de la mano, besándosela.

—Hermione —saludó él pronunciando su nombre con bastante mejoría.

—Víktor —sonrió ella y lo abrazó. El hombre le devolvió el abrazo, pasando su mano por su cintura y estrechándola. Ese hombre rezumaba calor y confort, era un gran árbol con raíces fuertes en una noche de viento, era un rompeolas de sus problemas.

—No sabía que vendrías —dijo ella mientras se aferraba a él, quien no parecía incómodo por la excesiva muestra de afecto.

—Te escribí una carrta —contestó él mientras le acariciaba el cabello y la miraba a los ojos, con sus ojos tan negros y de fuego puro—. Estás preciosa.

Hermione sonrió y sintió un tirón en la parte baja del estómago, sensación que sólo le había provocado otra persona. Decidió desechar ese pensamiento lúgubre y sonrió, enfocándose en Víktor. Lo sintió acariciarle con el pulgar la cintura y le sonrió con ternura.

—Es bueno verte —le susurró él y su voz grave y tosca la estremeció.

—Apenas ha pasado un año —rio la chica mientras se mordía el labio.

—Deberíamos ponernos al corriente —contestó Víktor señalando la salida de la carpa y Hermione soltó una risita tonta.

—Sí, deberíamos.

—Hay mucho que hacer.

—Y tan poco tiempo —coincidió Hermione mientras tomaba una copa de champaña y se la bebía de un trago, intentando ahogar la vocecita lastimera que pensaba en otra ocasión con champaña dorada.

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—¿Y Hermione? —preguntó Ron por tercera vez, sondeando las cabezas—. No la veo a ella ni a Krum, voy a buscarla —dijo el pelirrojo incorporándose, dispuesto a enocntrarlos y moler a palos a Krum.

—Es bastante mayorcita como para que estés tan preocupado —dijo con aburrimiento Harry, cansado de sus constantes preguntas hacia la chica.

—Es nuestra amiga y puede estar en peligro —se excusó el pelirrojo—. A la mierda, si a ti no te interesa, a mí sí. Voy a buscarla— Tomó de un trago la bebida que le ofrecía la charola flotante y salió de la carpa. Harry bufó y salió detrás de él, sabía que se pondría feo, porque había visto a Hermione perderse entre los matorrales con Krum, no es que le hiciera ilusión, pero prefería verla libre que triste y Ron la iba a cagar.

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Hermione y Víktor pasaron la carpa y ella se dirigió con él hacia los graneros, pero estaban cerrados, así que caminando con decisión, se escabulló por los matorrales y Víktor, casi corriendo, la alcanzó. Apenas se veía la luz de la fiesta y había silencio. Ella se giró y sin decir nada más, se lanzó a su boca y lo besó. El chico le devolvió el beso, sorprendido.

Víktor posó sus manos en su cintura y la estrechó con suavidad, era tan pequeña comparada con él, que temía lastimarla, sin embargo, Hermione pasó sus manos por su nuca y le enterró las uñas en el cuello, el hombre se encogió ligeramente al dolor que le produjo aquél gesto, pero no se quejó. Entonces, ella metió sin miramientos su lengua en la boca de él y lo acarició con una sensualidad que hasta el momento, él desconocía. Sorprendido y grato, se aferró a su cintura, mientras la chica paseaba las manos por su torso, lo acariciaba por todas partes y sin delicadeza alguna, le tocó la entrepierna. Viktor dio un brinco y se alejó.

—¿Qué ocurre? —preguntó Hermione con una sonrisita sensual. Su cerebro dejó de pensar cuando ella se puso de puntitas y le mordió el cuello, tomando sus grandes manos entre las suyas y posicionándolas en la parte baja de su cintura, incitándolo. Entonces ella le mordió el labio y la sintió sonreír mientras perdían el equilibrio, quedando entre los matorrales de la colina—. Fóllame.

Víktor miró a Hermione, su linda y tierna Hermione y no la reconoció. Estaba muy guapa con su vestido lavanda y el maquillaje que llevaba, así como con su cabello liso, sin embargo, había algo en su mirada nuevo, como si se tratara de un animal salvaje apenas contenido. Con suavidad, la beso en la mejilla y le acarició los hombros desnudos, recargándose en su codo para verla mejor. Había crecido en todos los aspectos desde aquella primera vez que se habían besado en el torneo de los tres magos, sin embargo, las sensaciones eran las mismas, ese calor expectante, la torpeza con que se manejaba y su corazón que se retorcía al verla morderse el labio. Sin embargo, todo en ella era distinto y en cierto grado peligroso. Ella le atrajo con fuerza y él perdió el equilibrio, entonces sintió su pierna deslizarse entre las de él, acariciándolo, seduciéndolo.

—Vamos Víktor, trátame en serio.

Él frunció el ceño mientras sus lenguas se entrelazaban y con suavidad, le acarició la cintura y poco a poco, deslizó sus manos hacia abajo, el vestido se le había alzado lo necesario para que su cerebro dejara de funcionar y se encendiera algo más primitivo. Le acarició los muslos y tragó saliva mientras la sentía deshacerse de la parte superior de su vestido, dejando a la vista un suave encaje.

—Hermione…—susurró Víktor mientras ella lo giraba y se sentaba encima de él. A horcajadas, la chica se lamió los labios mientras le tomaba las manos y las ponía sobre sus pechos.

—Fóllame —pidió ella mientras aún con la mano de él entre las suyas, lo incitaba a recorrerla.

—Tú no meceres una follada, querida, mereces que te hagan el amor —dijo Viktor en un acto galantemente caballero y retiró sus manos con suavidad. Hermione se quedó congelada y lo miró a los ojos, él se incorporó sobre sus codos y la miró con la cabeza ladeada, con preocupación.

Tú no meceres una follada, mereces que te hagan el amor

Tú no meceres una follada, mereces que te hagan el amor

Tú no meceres una follada, mereces que te hagan el amor

Tú no meceres una follada, mereces que te hagan el amor

La chica se incorporó de golpe y colocándose el vestido en su sitio, se marchó, mientras la ya tan conocida sensación de asfixia la envolvía.

Donde mirara, a quien mirara, lo que comiera o escuchara, Malfoy estaba ahí, como un fantasma.

Tropezó y el pie se le fue de lado, se resbaló por el fango y hubiera tropezado, si unas manos delgadas y más pequeñas que las suyas no la hubieran retenido en su carrera.

—¡Hermione! —dijo una voz soñadora—, ¿sueles bajar así por las colinas?

—¡Luna! —exclamó Hermione y la abrazó con fuerza. La rubia le devolvió el abrazo y le sonrió.

—Te he estado buscando desde hace rato —dijo cantarinamente Luna, con ojos soñadores—. Tengo algo para ti.

Hermione frunció el ceño mientras Luna le entregaba un paquetito envuelto.

—Te lo envía Draco Malfoy.

—¿Qué?, ¿cómo? —preguntó Hermione impresionada mientras tomaba el paquete y al mismo tiempo deseaba arrojarlo lejos. Luna la miró con una gran sonrisa y ladeó la cabeza, encogiéndose de hombros. Se veía muy guapa con su túnica amarilla y su cabello limpio y en orden.

—Sólo llegó a mí, el chico tiene agallas.

Hermione contempló el paquete con un nudo en la garganta y abrazó a su amiga.

—Gracias —le susurró con menos vehemencia de la que sentía—.Te quiero tanto…

Con dedos temblorosos, tomó la cajita e intentó desenvolverla, mientras Luna la miraba con atención.

Las luces de la carpa se apagaron y se escuchó una voz grave y profunda.

EL MINISTERIO HA CAÍDO, VIENEN PARA ACÁ.

El caos se apoderó de todos lados y la gente comenzó a correr. Luna miró a Hermione con sorpresa y tiró de ella hacia la carpa.

—¡Deben irse! —le gritó la chica mientras la gente la empujaba y se soltaban de la mano. Lo último que vio de su amiga fue su larga cabellera antes de desaparecer con su padre.

—¡Hermione! —gritó Harry desde el otro extremo de la carpa y corrió hacia él mientras otra mano tiraba de ella, se giró asustada, pero era Ron. La tomó con fuerza, prácticamente cargándola y se estiró entre la marea de personas, hasta que los tres estuvieron juntos y desaparecieron.

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Habían pasado algunos días desde que se encontraban en Grimmauld Place, esperaban el regreso de Kreacher mientras los días pasaban, incluido el retorno de todos los alumnos a Hogwarts, excepto el de ellos tres. Ron se había quedado dormido cerca de ella en el sofá, así que no le había quedado más remedio que subir los pies y envolverse en sí misma mientras miraba hacia la chimenea en una incómoda posición.

—Debemos hablar, Hermione —susurró Harry a sus espaldas. La chica asintió y se levantó de su sitio, siguiéndolo hacia la cocina. Su amigo, casi hermano, se recargó en la encimera y la miró profundamente.

—¿Qué pasa? —preguntó la chica—, ¿te ha vuelto a doler la cicatriz?, ¿se te ha ocurrido algún plan?, ¿a dónde iremos? —lo bombardeó con preguntas. El chico negó con la cabeza, lanzando un muffliato a la puerta y se quitó las gafas, limpiándolas con su camisa, ganando tiempo.

—Creo que sería un buen momento para ser sincera —le dijo él y la miró. La chica abrió la boca y la cerró, luego se encogió de hombros y miró sus pies.

—¿Sobre qué? —preguntó ella, evasiva.

—Sobre Draco Malfoy —contestó el con inifinita paciencia. La chica lo miró y se volvió a encoger de hombros, pero las lágrimas la traicionaron.

—No sé…

—Yo creo que sí sabes —replicó él sacando un papel de su bolsillo y mostrándoselo—. ¿"El Increíble Club del Hurón Saltarín?

La chica comenzó a llorar y se dejó caer mientras la culpa la golpeaba.

—Yo… yo nunca te traicionaría, Harry. Soy una egoísta, nunca pensé en ti… No sabía… no sabía… no sabía sobre sus planes. Pensé que estaba siendo obligado y…

Harry se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros, atrayéndola hacia él, con cariño.

—Lo sé, Hermione… ¿pero qué pasó?

—No lo sé —respondió ella y se aferró a su cuello—… Él… Él me rompió…

El chico asintió en silencio y la acunó con todo el amor que sentía por ella. La dejó llorar, porque aunque se sentía incómodo, ella significaba tanto para él, que jamás la abandonaría de nuevo así.

—Es difícil y doloroso —comentó él cuando ella comenzó a calmarse—. Pero va a pasar— Harry le sonrió y le besó la coronilla.

—Ni siquiera sé porqué me duele tanto —dijo Hermione mientras se limpiaba las mejillas—…él y yo… ya no… nunca… no fuimos… nada.

Harry suspiró y le sonrió, negando con la cabeza.

—Lo que es nada, siempre es algo —le contestó el chico mientras la miraba con seriedad—. ¿Lo sabías, verdad?— Hermione lo miró con indecisión—, ¿sabías que era un mortífago?

Su amiga asintió y las lágrimas comenzaron a caer, de nuevo.

—Soy una idiota, pensé que podría cambiarlo… ayudarlo.

—Y lo hiciste —suspiró Harry mientras la sentía recargar su cabeza en su hombro—… él era mortífago por venganza hacia su padre, sin embargo… tal vez habría logrado hacerlo si no hubiera tenido la semilla de que podía ser bueno por alguien más.

Hermione negó con la cabeza y se removió.

—Él no me quería, yo no le importaba. Sólo se odiaba lo suficiente para desquitarse conmigo, era lo más indigno que él sentía que merecía.

Harry la miró nuevamente y luego sacó otra cosa de sus bolsillos.

—Lo encontré en la torre de astronomía— Le tendió el puño cerrado y Hermione estiró la palma, entonces sintió la familiar textura de su bufanda o lo que quedaba de ella, como del tamaño de un pañuelo y la chica retiró la mano, como si le quemara—. Es la bufanda que trajiste de Francia —le dijo Harry— y luego repentinamente, dejaste de usar… Se le resbaló a Malfoy cuando Snape lo obligó a huir.

La chica miró el trozo de tela en el piso y lo recogió con lentitud, sopesándolo.

—¿Desde cuándo te enteraste? —preguntó ella. Harry suspiró y la miró con una mirada típica de sabihonda.

—Te fui a buscar muchas veces a la biblioteca, incluso te busqué en el mapa y nunca apareciste… Y una noche buscaba a Ron y encontré a Hermione encima del puntito de Malfoy… luego los collares… las miraditas— Fingió un escalofrío.

—Me mandó un paquete con Luna —susurró la castaña con indecisión y se lo mostró a Harry. El chico le dio vueltas y se lo regresó.

—Deberías abrirlo. Hermione, no me cae bien, pero sé que no quiso hacerlo y con eso… sé que puede cambiar. Si no lo rompe Ya-Tú-Sabes-Quién, antes— Hizo un ademán de marcharse, pero ella lo retuvo.

—Quédate conmigo… no me siento capaz de… afrontarlo.

Harry asintió y con atención, Hermione le dio vueltas al paquete, hasta que, con dedos temblorosos, abrió la cajita y miró dentro, en el cual había una nota y el collar que le había regalado en navidad.

Desearía retroceder en el tiempo y decirte cuánto lo lamento.

DM

Hermione lo tomó mientras las lágrimas le caían, parpadeó con fuerza para mirar y lo tocó con cuidado.

—Él me lo quitó aquella noche…. Me hizo un hechizo para no poder decirte que era un mortífago y yo… no podía quitármelo. Hasta que él lo hizo… yo…yo… me sentí como un elfo liberado, fue humillante.

Harry hizo una mueca y lo tomó, examinándolo.

—Es como el anillo que él usaba aquella noche, se lo vi en la mano mientras apuntaba a Dumbledore.

—No puedo, Harry… Él me rompió a mí. Me lastimó, me usó….

—Eres demasiado fuerte para que te rompan y demasiada lista para que te usen. Estar contigo es una elección real.

Hermione sonrió por primera vez en mucho tiempo y luego lo abrazó con fuerza, las mismas palabras, diferentes personas. En ese momento se abrió la puerta y Ron los miró desde fuera, con un gesto hosco.

—Lo siento, interrumpo— Luego dio un portazo y los dejó ahí.

Harry la miró medio fastidiado y salió detrás de su amigo, dejándola sola. Tomó el collar y titubeando, se lo puso de nuevo, ya fuera como un recordatorio de lo estúpida que había sido (se mintió a sí misma esperando creérselo alguna vez), o porque así él estaba cerca de su corazón, quizá, lo más cerca que volverían a estar.

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23 de diciembre

Harry y Hermione estaban acostados uno cerca del otro, el chico dormía y Hermione lloraba en silencio, el estúpido de Ron los había abandonado y su nombre se había convertido en tabú. Los últimos meses había comenzado a sentir cosas por él, era un rencor añejado y que creía jamás perdonarle por todas las veces que la había maltratado y sin embargo, era asombrosamente comprensivo y un árbol cuando ella se desmoronaba. Era cálido y sencillo, natural. Miró su collar mientras se giraba y lo presionó contra su clavícula, mientras las lágrimas la secundaban. Al parecer su gusto en hombres consistía en que la rechazaran y abandonaran como si fuera un calcetín sucio. Se sentía tan sola y perdida, dando vueltas por el país con Harry, en eterna pausa.

Se preguntó por Ginny, Luna, sus antiguos compañeros, por Draco y hasta por Ronald…

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Meses más tarde

Llegaron a una gran mansión, se veía lúgubre y solitaria, con altos setos que casi los cubrían. Greyback le lamió el cuello cuando creía que nadie más lo miraba.

—Eres una preciosa muñeca, quiero que conozcas un hombre o mejor dicho, una bestia —le susurró mientras le apretaba los pechos con fuerza—…antes de que te desmiembre parte por parte, tu dolor me encantará. Exquisita.

La puerta se abrió y cayeron sobre el frío piso. Alzó los ojos y miró alrededor, Bellatrix Lestrange peleaba con los carroñeros y Greyback la sostenía contra él, manoseándola en el proceso. Tenía el labio partido y el cabello apelmasado por el sudor y la sangre.

—¡Trae a Draco! —Urgió Lestrange mientras una mujer rubia aparecía, era muy hermosa, pero en sus ojos no había vida ni emociones—¡Tenemos a Potter!

—¡nosotros tenemos a Potter! —contradijo el carroñero y entonces hubo un intercambio de hechizos, cayendo inertes a su lado, ella soltó un gritito mientras las lágrimas se arremolinaban al sentir a Greyback respirando tan cerca, la tenía sujeta del cabello y apenas se sostenía de puntillas para no lastimarse, Ron y Harry gritaban a su lado, tenían tanto miedo.

Entonces la puerta se volvió a abrir y el tiempo se detuvo así como el muchacho que estaba parado debajo de ella.

—¡Draco! —le llamó Bellatrix—, ¿los reconoces?— Lo tomó de la mano y lo condujo hacia el trío. Draco apenas posó su mirada en ella y la fijó en el deforme Harry.

—Vamos Draco —le urgió Narcisa aferrándose a su brazo—, ¿Es Harry Potter?

Draco titubeó y evitó mirarlo demasiado .

—No lo sé.

—¡Esfuérzate, Draco! —gritó Bellatrix saliéndose de sus cabales—. No podemos llamar al señor oscuro para nada.

Narcisa lo alejó de Bellatrix y la encaró.

—No está seguro, Bella —la confrontó Narcisa desafiante.

Bellatrix torció el gesto y se fijó en la chica, acercándose con peligrosa calma, dispuesta a sacar su furia con alguien. Entonces se fijó en la espada que tenían los carroñeros y sus ojos se desorbitaron de furia.

—¡De dónde has sacado eso! —gritó realmente horrorizada.

—La tenían ellos —dijo el carroñero—. Y ahora es mía.

Realmente desquiciada giró para todos lados y señaló a Draco.

—Llévalos a la celda— Tenía un brillo peligroso en la mirada—. Quiero tener una charla chica a chica.

Draco tragó saliva y su madre lo empujó, diciéndole con los ojos lo que no podía ni pensar.

Hazlo.

El rubio tomó a sus antiguos compañeros de colegio y los condujo abajo. Harry lo miró desafiante mientras eran llevados a la bodega, ahora calabozo.

—¡Hermione! —gritó Ron cuando escuchó el primer grito.

Draco los había encerrado y se marchó, aterrorizado. No sabía qué hacer ni cómo ayudarlos sin morir él mismo. Sintió los ojos de su padre clavados en él y su madre, atento a sus movimientos. Regresó al piso superior y la escena lo dejó helado.

Bellatrix estaba encima de Hermione, quien lo miró por una milésima de segundo y desvió la mirada, enfocándose en otra cosa.

—¿DE DÓNDE SACARON ESA ESPADA? —gritó Bellatrix mientras tomaba el cabello de la chica y la sacudía, azotándola contra el piso. Después comenzó a escribir con su varita sobre su piel. Hermione gritó, era un grito desgarrador, peor de los que jamás había soñado él y la vio llorar, pero no claudicó.

—Nosotros no la robamos —chilló la chica mientras apretaba los dientes. Entonces Bellatrix se separó de ella y lamiéndose los labios, miró a su familia. Narcisa tenía una mano en el brazo de Draco, aferrándolo con fuerza.

—Es un hueso duro de roer, ¿eh? —dijo Bella mientras sonreía, desquiciada— ¡CRUCIO!

Narcisa miró a los ojos a Lucius, quien lucía un semblante trémulo, apenas se podía poner de pie y parecía a punto de vomitar. Entonces se giró y vio a Draco, quien tenía el semblante horrorizado. La mujer le apretó el brazo y él parecía salir de su trance. Aferró su varita con fuerza y Narcisa lo movió de sitio, llamando su atención. Su hijo la miró asustado y la vio negar imperceptiblemente con la cabeza.

Hermione se elevó por los aires y se retorció, gritando como nunca. Draco aferró su varita, pero no se le ocurría ningún plan para ayudarlos a escapar. Sólo sentía el dolor de ella como si fuera suyo. Quería tomar su lugar y morir por ella.

—Vamos Lucius, llámalo —exigió Bellatrix, impaciente. Con otro movimiento desentendido de varita, Hermione se retorció y se elevó.

La chica salió volando y cayó a sus pies. Bellatrix se enfrentó a Lucius y discutieron, Hermione era un ovillo tembloroso y entonces algo brilló en su cuello, el collar. Narcisa se mordió los labios y aferró a Draco, quien imperceptiblemente, se había inclinado sobre la chica. Las lágrimas de Hermione resbalaron por sus mejillas, pero nunca lo miró a los ojos, como si no existiera.

Entonces todo pasó muy rápido, el candelabro sonó y Draco levantó los ojos, aterrado, mientras lo miraba caer sobre ella. Hizo un movimiento desesperado de varita y ella salió despedida, alejándola de los cristales que se fracturaron antes de caer, pero él no tuvo tanta suerte y el candelabro estaba sobre él, haciéndole un corte en la cara, Draco se llevó las manos al rostro mientras sentía alguien tirar de él, en sentido contrario a Hermione. Apenas tuvo tiempo de ver cómo otra persona lo golpeaba y le arrebataban su varita, a Dobby, su antiguo elfo doméstico tomar a Potter, Weasley y a ella para desaparecer y al mismo tiempo, el chillido frenético de Bellatrix mientras lanzaba su cuchillo y Draco no lo pensó más, arrebatando la varita a su madre quien miraba todo estupefacta, desvió el cuchillo de dirección, porque sabía que la loca de su tía, quería terminar con Hermione. Lo desvió, se dijo mientras la sangre manchaba su camisa y se desvanecía de terror, porque Lord Voldemort estaba frente a él, furioso.

Draco sintió alivio inclusive cuando el Señor Tenebroso los torturó y golpeó, pensaba en Hermione, que estaba libre, se repondría y éso valía no haber delatado a Potter, ella valía todo. Incluso su propia vida.

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¡Hola! es todo por hoy, jeje, lamento si el capítulo las hizo enojar (a mí me enojó que haya usado a Víktor, por ejemplo). ¿Qué les pareció?

Gracias por sus comentarios, favs y follows, alimentan mi corazón.

Cuídense mucho y recuerden #QuédateEnCasayLeeFics.

Draco les envía besos con cubrebocas.

Paola