Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K Rowling.
Hola queridos lectores: Hoy hay doble actualización este es el 2 de 2. Si comenzaste a leer en este capítulo, regresa uno. Yoe mil ochocientas cincuenta y cuatro gracias por betear el fic, estaría perdida en el espacio sin tus consejos. Saludos especiales a cuqui. luna. 3 y BIT9 por comentar en el capi anterior, ¡Besos!
OoOoO
Frappé de fresa
La suave brocha que se deslizaba por mis parpados cerrados me daba un poco de tranquilidad, por un momento podía olvidarme de que Ron, quien se veía jodidamente ardiente en su disfraz de demonio, había evitado mi mirada al saludarme y salir por la puerta lo más rápido que sus pies se lo permitieron. Cho también salió de la sala, después de haberme ayudado con mis alas y ahora estaba ahí, dejando que Luna me pusiera un montón de sombra de color negro en los ojos.
—Ya casi termino, Harry, tranquilo —murmuró la rubia.
—¡Ah, sí! No te preocupes —dije. La verdad no tenía prisa por salir de la habitación.
—¿Seguro? Pareces muy incómodo, y estas apretando los puños muy fuerte —señaló Luna.
—Estoy nervioso —admití.
—¿Por qué?
Quería contárselo a Luna, pero sentía que ya me había abierto demasiado con muchas personas y eso no me gustaba. Siempre había sido muy cerrado acerca de mí mismo, por lo que comenzaba a sentirme vulnerable. No quería seguir sintiéndome así.
—Siento que me voy a tropezar con las alas —bromeé, esforzándome por parecer convincente.
—¡Ay, Harry! No te preocupes por eso, son muy flexibles y ligeras —dijo ella en tono conciliador.
—Confiaré en ti —dije.
—¡Eso, ya terminé!
—Gracias, Luna.
—No es nada.
Luego de despedirme de Luna, saque de mi casillero los lentes de contacto y guarde los de montura en su estuche; la tabaquera plateada brillo desde mi mochila, llamándome poderosamente, nunca había deseado tanto fumar un cigarrillo para calmar mi nerviosismo como en ese momento, tal vez más tarde, durante algún descanso, tendría la oportunidad de hacerlo y despejarme un poco. Salí al ala principal con la escoba en la mano para comenzar con la limpieza, me encamine hacia las mesas y, antes de cruzar el mostrador, escuché la voz del gerente cerca de mí.
—Es justo que te diga que luces muy atractivo —murmuró Draco cuando pase junto a él.
Una pequeña e involuntaria sonrisa tonta apareció en mis labios, levante la mirada para ver a Malfoy, pero en su lugar me tope con los ojos azules de Ron, el pelirrojo frunció el ceño y desvío la vista, mi sonrisa desapareció, ¿se dio cuenta de ese pequeño coqueteo entre el rubio y yo? Ojalá que no, al menos por el momento, no quería que lo notara.
La mañana transcurrió tranquila, aunque había más clientes de los que estaba acostumbrado por ser fin de semana, Luna tenía razón, las alas no me molestaron en ningún momento y en cambio conseguía miradas apreciativas de algunas clientas, pero el que se robaba todos los suspiros, los míos incluidos, era sin duda Malfoy.
Aproveché mi descanso para salir a fumar un cigarro al estacionamiento que se encontraba atrás del local, estaba tan perdido en mis pensamientos que no había notado la presencia de otra persona conmigo, hasta que habló.
—En serio tienes que dejar de fumar —dijo Ron aparentemente tranquilo.
El pelirrojo tenía en las manos dos bolsas de basura negra, estaba levantando la tapa del basurero que se encontraba en la pared a lado de la salida trasera, aun tirando la basura lo encontraba encantador, me dolió el pecho ante ese pensamiento, a pesar de comenzar a estar interesado en Draco, un amor cultivado por dos años no desaparece en dos semanas y odiaba eso, ya no quería sentirme así por él. De verdad quería poder avanzar, dejar de lado ese amor no correspondido, y comenzar uno nuevo.
—Y tú tienes que dejar de ignorarme —inquirí con cierta molestia, dando una calada al cigarrillo.
—No te ignoro, Harry —respondió Ron a la defensiva.
Lo observé con aprensión cuando el pelirrojo se recargó en la pared junto a mí.
—Me tratas diferente —acusé volteando mi vista al frente, porque dolía verlo ser tan indiferente conmigo.
Ron se rascó la nuca pensativo y suspiró.
—Lo siento, amigo, es que no sé cómo debería comportarme cuando estoy contigo —confesó por fin, volví a mirarlo para responder.
—Solo hazlo como siempre.
—Pero no puedo, me siento extraño y… un poco incomodo —admitió.
Me quedé callado un rato pensando en qué responder a eso. Podía entender que no era fácil para él, pero él debía entender que para mí tampoco lo era, y él me lo estaba dificultando aún más.
—Quiero que sigamos siendo amigos, Ron, como antes de que te confesara mi amor.
—¿Quieres que lo olvide?
—No, no quiero que lo olvides, solo que lo aceptes y podamos seguir adelante, estoy intentando hacer eso yo también.
—Creo que me tomara un tiempo aceptarlo.
—¿Lo vas a intentar?
—Claro que sí, compañero —dijo Ron mientras me palmeaba el hombro.
—Genial.
—Antes, allá adentro… ¿Tú y Malfoy? —tanteó el pelirrojo.
—Creo que sí —dije sonriendo y sonrojándome visiblemente.
Ron me sonrió y paso su brazo por mis hombros como hacia siempre, ese gesto me calentó un poco el corazón, me dio las esperanzas necesarias para creer que no todo estaba perdido entre nosotros, y que nuestra amistad volvería de a poco.
—Es un engreído.
—Tiene cierto encanto.
El pelirrojo sacudió la cabeza con rapidez, luego fingió un escalofrío.
—Ugh, si tú lo dices.
Me empecé a reír y Ron me imitó, entonces la puerta se abrió para dar paso a un Draco Malfoy totalmente enfadado, que nos miró unos instantes antes de levantar una ceja y preguntar:
—¿Qué hacen aquí los dos? ¡A trabajar! ¡Ahora!
Fue entonces que nos apresuramos a entrar.
