Sé que he estado ausente en esta colección de drabbles/one-shots, pero no he tenido suficiente inspiración, y no se me ha ocurrido algo más que escribir aquí. Pero ahora que estoy encerrada con mucho desmadre que hacer, menos tiempo tengo. Así que esta historia será corta.

Como muchos de nosotros estamos tratando de mantenernos a salvo por el COVID-19, situé esta situación aquí. I mean, why not.

DISCLAIMER: Kick Buttowski: Suburban daredevil pertenece a Sandro Corsaro.


Distancia

Cuando comenzó todo este desastre, Kendall pensó que no tendría problemas para quedarse en su casa. Estaba acostumbrada a no salir mucho, excepto sus visitas a la biblioteca, así que no era un conflicto para ella quedarse en su hogar. Cabía mencionar que su higiene era impecable, y siempre cuidaba de su estado.

Pero estaba sola.

Cada sonido que provenía de algún rincón de su casa, causaba cierta inquietud en ella, como si le estuviese recordando que estaba sola, y si alguien invadía el lugar, nadie estaría para ella. No sabía dónde podría estar Linnie, siendo tan demente y aventurera, ¿se habría quedado atrapada en algún hotel? Si era sincera, a Kendall no le preocupaba mucho, si su hermana mayor no la había llamado, debía ser porque estaba bien. Sus padres, sin embargo, eran otra historia. Ellos viajaban constantemente a Europa por negocios, y solo su padre se dedicaba a volver de vez en cuando para pasar tiempo con ella, mas, no había sabido nada de él.

Kendall miró la hora: eran casi las dos de la madrugada.

Sus días encerrada eran monótonos, se levantaba a ducharse, comía, y se la pasaba leyendo y estudiando. Había leído muchos artículos del virus COVID-19, pero perdió su interés tan rápido como había llegado. Sus libros de ciencia ya no parecían tan geniales como antes, y su literatura favorita ya no la llenaba. Casi llevaba adelantado dos años de estudios en unas pocas semanas porque no tenía nada más que hacer.

Cerró el libro y se revolvió el cabello.

Lo mejor sería irse a dormir, se propuso.

Se levantó para bajar las persianas de su ventana, pero se detuvo abruptamente cuando notó los ojos azules de su vecino posados en ella.

Clarence Buttowski era inquieto por naturaleza; no le gustaba quedarse quieto mucho tiempo, por eso, se metía en problemas en la escuela, y se ganaba cierta reputación. Al menos, siempre tuvo a Gunther quien lo acompañó en todo momento. Pero, en estos momentos, él no estaba.

Estaba encerrado con su familia, sin hacer mucho, en realidad.

Desde que fue solicitado para todos quedarse en sus casas, a Kick no le había sentado bien esa orden. Incluso, se había escapado un par de veces, pero se había llevado grandes reprimendas de sus padres, especialmente de su madre, con quien era más cercana, y se había encogido cuando le había suplicado entre lágrimas que no volviera a salir.

Trataba de hacer acrobacias en su casa, pero siempre terminaba rompiendo algo, o golpeándose por allí al ser un espacio tan cerrado. Hablaba por teléfono con Gunther por horas, para matar el miserable tiempo que se burlaba de él. El resto de sus días se resumían en pelear con sus hermanos, ejercitar un poco, y luego estar tumbado en su cama, buscándole algún sentido a todo esto.

Aunque, unas noches atrás, había caído en cuenta del estado de su vecina y compañera de clases. No lo había notado en un principio, Kendall Perkins podía ser muy silenciosa y sutil cuando se lo proponía, pero no era necesario ser un genio para darse cuenta que esa pobre niña estaba abandonada en su casa.

Kick no pensaba mucho en eso, trataba de mantener su mente fresca y calmada en este encierro, pero las paredes lo estaban volviendo ansioso y le daban ganas de salir corriendo de su hogar y nunca volver. Y en las noches, cuando su mente ya no podía más, se preguntaba cómo rayos Kendall podía soportar todo esto.

Se lo había preguntado nuevamente cuando se le había quedado mirando un rato, y se tensó cuando ella finalmente se dio cuenta de su insistente mirada. Sus ojos verdes se vieron sorprendidos, pero cansados. Apenas notó lo mucho que se estuvieron mirando, ella apartó la mirada y siguió moviéndose como si nada.

Kick frunció el ceño, un tanto indignado por ese trato tan indiferente. Quiso devolverle el gesto y finalmente irse a dormir, pero algo lo detuvo.

Kendall no había bajado las persianas, notó.

Y el acróbata no pudo evitar ruborizarse cuando la vio volver a asomarse por la ventana, se acomodó y se dedicó a mirarlo de vuelta. Los esmeraldas en sus orbes se veían cansados, haciéndole entender que no tenía ganas de pelear. Kick, aún siendo muy lento para comprender sentimientos ajenos, sorpresivamente pudo ver un ferviente deseo en la rubia.

Anhelaba… suplicaba por contacto humano.

Y eso era algo que no podría obtener, no ahora, al menos.

Por eso, la joven se había rendido y se había dedicado a contemplar al idiota que trataba de ignorar la mayoría del tiempo, pero seguía presente en su mente. A pesar de su aislamiento voluntario, aún podía oírlo hacer escándalos en su casa, pelear con su familia… era su propia forma de lidiar con el encierro.

Pero no estaba solo. Y estaba profundamente celosa por ello.

La soledad que sentía era demasiado espesa, casi no podía respirar tranquila por ella.

El medio doble de riesgo, sin despegar sus ojos azules de ella, se acomodó para mantener una buena vista en la ventana, y así, estuvieron comunicándose con la mirada.

Ninguno supo quién se quedó dormido primero.


No es la gran cosa, pero al menos, es una actualización, yay!

Espero que se me ocurran otras ideas para esta colección, estaría satisfecha si llegáramos a los 50 capítulos de esta lluvia de ideas.

Y… eso es todo, readers.

Nos leemos~

Rossana

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