Hermione estaba en el séptimo piso de nuevo, los sueños y visiones le decían que debía entrar en aquel lugar. Que lo que había detrás de ese muro era importante.

Misión…

Tenía que completar una misión…

¿Qué clase de misión era?

Esa era la pregunta que se hacía a cada instante.

Hermione suspiró de nuevo por el dolor de cabeza que empezaba a tener al no saber que hacia ahí, últimamente estaba cansada de esforzarse por recordad y aquellos sueños no la dejaban en paz. Soñaba que entraba en el muro y encontraba una diadema. Era extraño el sueño y muy confuso para ella. Suspiró de nuevo mientras sacudía la cabeza para despejar su mente y que el dolor de cabeza no se prolongara.

Suspiró de nuevo mientras caminaba hacia su sala común. En el camión chocó con una persona. Aquel niño tenía los ojos color avellana y el pelo color arena. Hermione le dio una sonrisa ya que sabía quién era esa persona.

—hola señor Lupin. —saludó ella educadamente.

— ¿c-como sabes mi nombre? —preguntó el niño aturdido y aun conmocionado.

—los Nargles. —lo dijo como si eso fuera obvio.

— ¿Nargles?

Hermione asintió.

— ¿A dónde vas? —preguntó el niño con cierto interés, mientras la evaluaba de pies a cabeza.

—a buscar a Looney . ¿Y tú? —preguntó ella mientras empezaba a caminar hacia el otro lado del pasillo.

—p-puedo ir contigo. —dijo el chico mientras avanzaba hacia ella, aunque estaba un poco inseguro de como la niña lo conocía.

Hermione asintió mientras sonreía y empezaba a platicar sobre los pasadizos que encontró. Habían salido del pasadizo cuando Lestrange junto con Narcisa iban hacia donde estaba ella. Los dos adolescentes mayores parecían alarmados y ansiosos.

—Hermione aquí estas… ¡por circe que haces con el! —espetó Lestrange envolviéndola en sus brazos, y viendo con desconfianza aquel niño.

—Me acompaño a buscar a Luna… —explicó Hermione con una sonrisa.

—Aquí la tengo —dijo Narcisa mientras le daba la muñeca.

Hermione asintió y tomó la muñeca para abrazarla.

Remus estaba observando la interacción de aquellos jóvenes y algo le decía que aquellos chicos no le iban hacer daño, eran como él. Quería proteger a la niña. Para Remus era inverosímil lo que veía y era inexplicable como su lobo interior le decía que aquella niña olía como un cachorro para él. En pocas palabras su lobo interior le decía que aquella era parte de su manada.

Remus sintió como su sangre se heló. Lo que vio y escuchó le hizo sentirse alarmado y cauteloso con aquella niña… aquella niña estaba siseando hacia la muñeca.

La muñeca emitía un leve siseo y parpadeaba. Esto era magia oscura y estaba viniendo de aquella muñeca junto con la chiquilla. Pero lo más sorprendente era que su lobo interior le decía que no tuviera miedo, que cuidara de aquella niña.


Hola, hace un año que no hablamos… o más bien, no público. Bueno feliz año nuevo y feliz san Valentín atrasado.