Capitulo cinco

Edward POV

Bella.

Oh, Bella.

Me alejé de ella con una sonrisa tonta pegada a mi cara… ¿cómo era posible que me hubiese encandilado en solo dos horas? Pero antes de entrar al coche recordé algo… ¿ese chico quien era?

– Por cierto –me giré para verla de nuevo–, dale las gracias a tu…

– Jake… es mi hermano –dijo.

Y yo sonreí como el estúpido que era… abrí la puerta de su coche y su aroma me golpeó de lleno… todo en su interior olía a ella, estaba tan aturdido por su esencia que casi me tropiezo al entrar en él. Volví mi vista a ella una vez más… ¿cómo era posible que estuviese en ese estado? Me despedí con la mano y puse rumbo a mi casa.

No pude evitar pensar en ella, el modo que me miraba, no era como las demás, en su mirada no había deseo ni lujuria, y mucho menos ambición. Bella era sencilla y se comportaba conmigo como si fuese uno más de sus amigos, algo que agradecía, no me gustaba que la gente me tratase de un modo especial solo por ser Edward Cullen.

Todavía sentía la sensación de su piel contra la mía. Había besado su mejilla por un impulso, algo dentro de mí me instó a hacerlo y no pude evitarlo. Pero en cuanto mis labios se posaron sobre su suave piel casi me arrepentí, un ramalazo de calor en forma de descarga eléctrica recorrió mi espalda y murió en mi entrepierna… ¡dios! ¿Pero qué tenía esa chica?

En cuanto divisé la gran mansión Cullen, tragué en seco… había olvidado algo importante… ¿qué le diría a Alice sobre su coche? "Alice, es que estaba tan agilipollado mirando a Bella que sin querer me cargué tu Porche" no creo que eso la ablandase mucho… ¡era Alice! La conocía de toda la vida y sabía que venganza por eso sería memorable… ¿y si seguía el consejo de Bella y la culpaba a ella? Era caer muy bajo… yo era un caballero, o al menos lo aparentaba y culparla me haría parecer una escoria.

Entré por la puerta principal con el corazón a mil por hora, estaba nervioso no solo por la reacción de Alice, también porque después de casi un año de duro trabajo, podía pasar con mi familia más que unas pocas horas. En cuanto traspasé el quicio de la puerta, algo pequeño y gritón se me colgó del cuello sin darme tiempo a reaccionar.

Me quedé estático mientras Alice repartía besos por mi rostro a diestro y siniestro.

¡Edward! –Gritaba en mi oído dejándome parcialmente sordo– ¡Cómo te he echado de menos! ¡Te quiero hermanito!

– Alice… ¿no crees que estás un poco grande para reaccionar así? –le pregunté divertido.

Dejó de besarme de repente y se tenso, se apartó poco a poco y me miró a los ojos.

– Soy tu hermana y te recibo como me da la gana, Edward Cullen –dijo con voz dura.

La miré y la tensión que emanaba se podía partir con un cuchillo.

– Tranquila enana… era broma –balbuceé con voz temblorosa.

– ¡Ya lo sé! –gritó clavando un dedo a la altura de mi estómago, haciendo que mi cuerpo se doblara.

Después de el recibimiento de mi padre y de mi madre, ambos con lágrimas en los ojos que hicieron desbordar las mías también, Alice se acercó a mí con timidez y me miró a los ojos.

– Edward, este es Jasper… mi novio– dijo en un murmullo.

Cuando miré al chico parado a su lado, mi ceño se frunció. Debía tener mi edad más o menos, es decir, unos tres años más que ella, era un poco mayor para andar con Alice. Nos dimos un apretón de manos un poco más fuerte de lo habitual, no es que no me gustara, de entrada de me dio buena impresión. Pero que saliese con mi hermana le restaba puntos… ¡era mi hermana pequeña! Cualquier chico sería poca cosa para ella, sólo merecía al mejor.

Después de cenar me repantingué en el sofá frotándome el estómago… "nadie cocina como mi mamá" que razón tenía esa frase… ahora para rematar bien el día una ducha y a la cama.

– Mamá –dijo Alice–, mañana tengo que ir a Port Ángeles necesito un par de zapatos para el vestido que compré esta tarde, ¿necesitas que me quede en casa para algo?

¡Oh! Lo había olvidado… el porche de Alice.

– Esto… Alice… –la llamé.

Ella se giró a mirarme con una sonrisa... esperaba que no se le borrara en cuanto oyese lo que tenía que decirle.

– Jake se quedó con tu porche –susurré desviando la mirada hacía la tele, de repente el anuncio del McDonald me pareció interesante en extremo.

¿Por qué? –preguntó pensativa.

– Porque yo he venido en el volvo de Bella.

– ¿Por qué? –preguntó ahora con su ceño fruncido.

– Porque… esto… eh… porque… tu–coche–no–quiso–arrancar –lo dije todo de tirón.

– ¿Por qué? –preguntó y yo rodé los ojos, parecía una niña.

– Alice… –suspiré– verás, cuando dejé a Bella en casa de su padre, al querer poner en marcha el coche hizo clic y no se encendió… no fue culpa mía, yo lo he tratado bien – dije intentado poner cara inocente.

– No te creo –dijo muy seria– seguro que lo has puesto a mucho velocidad y por eso se ha estropeado… ¡Papá! ¡Mamá! –comenzó a gritar como loca.

Jasper solo nos miraba escondiendo una sonrisa… y yo empezaba a irritarme por el comportamiento infantil de mi hermana… ¿no se suponía que tenía veinte años?

– Seguro que lo has hecho a propósito para así poder ver a Bella cuando lo vayas a buscar –me acusó.

Yo abrí mucho los ojos sorprendido…

– ¿Por qué querría ver yo a Bella? –pregunté actuando… tan mal que ni yo me lo creería.

Bien Edward… para una vez que tienes que actuar para salvar tu pellejo de las garras de tu hermana, te da por hacerlo penosamente…

– ¡Oh! Por nada en especial… sólo por el mismo motivo que la has traído desde Seattle –me gritó.

Mis padres entraron en salón y se quedaron callados observando la pelea. No pude evitar que mis mejillas se coloreasen un poco al ver que ciertas eran las acusaciones de mi querida hermana.

– ¡No habría tenido que traerla si su mejor amiga no la hubiese dejado tirada! –le dije de vuelta.

Sus ojos se abrieron en extremo y sus labios formaron una "O". Empezó a perder el color de su rostro y corrió frenética hacia su bolso buscando algo, sacó su teléfono móvil con las manos temblorosas y luego me miró suplicante.

– ¿Está muy enfadada? –Me preguntó– Esto no me lo perdonará en la vida…

Ya sabe que le has ocultado la verdad… tú la conoces, sabrás a que nivel llega su enfado –murmuré.

Agachó la mirada y yo sabía que estaba a punto de llorar. Por como hablaba de ella, sabía que Bella era alguien muy importante en su vida y si le había mentido era para protegerse, no por hacerle daño. El problema sería que Bella lo entendiese y no se enfadase mucho con ella.

– Intenté explicarle… pero no sé si me creyó… sólo soy Edward Cullen –bromeé para aligerar el ambiente.

– Ella es muy terca… tardará en perdonarme –susurró Alice–. Y peor cuando se entere de su fiesta– dijo alzando los brazos y dejándose caer en el sofá.

– ¿Qué fiesta? –pregunté.

– Estará de cumpleaños en unos días y le estoy preparando una fiesta… algo sencillo, tú sabes… –sí, yo sé que es la sencillez para Alice–. Bella las odia, así como los regalos… no sabes lo que tuvimos que luchar mamá y yo para que aceptara el Volvo el año pasado.

– ¿Cuándo es esa fiesta? –juro que fue mi inconsciente… yo no quería hacer esa pregunta… "claro que querías Edward… admite que Bella te gusta" gritó mi conciencia. Alice sonrió con malicia y algo brilló en sus ojos.

– La semana que viene, el día trece. Pero no te preocupes, tú estás invitado… eres mi hermano después de todo.

Temblé… si hay alguien en la familia Cullen a quien hay que temer es a Alice, y peor todavía… Alice preparando fiestas.

– ¿No me harás salir de una tarta o algo parecido cierto? Tengo claustrofobia –dije aterrado, las ideas de Alice eran para tenerles miedo.

Jasper se rió bajito y lo miré ceñudo, él dejó de reír y desvió la mirada.

– No te adelantes Edward… además… ¡lo de la tarta es muy hortera! Mejor sería que le hiciese un striptease.

Yo palidecí ante eso…

– Me voy a dormir… –dije poniéndome en pie y dirigiéndome a mis padres para desearles buenas noches–. Papá, mamá… si el día doce me voy échenle la culpa a Alice.

Buenas noches a todos… Jasper encan… adiós.

Mientras subía las escaleras oí murmurar a mi madre "echaba de menos hasta sus peleas…" sonreí negando con la cabeza… yo también echaba de menos estar en casa y poder vivir como lo hacía antes, pero también me gustaba mi trabajo.

Entré en mi habitación y después de poner algo de música tranquila me dejé caer sobre la cama… la conversación con ese pequeño diablillo me había hecho dar demasiadas vueltas a la cabeza. Bella estaría de cumpleaños… ¿debía regalarle algo? Ella se había portado muy bien conmigo, me había dejado su coche por los días que yo estuviese aquí. Además… quería hacerlo, me gustaba la idea de que tuviese algo que le recordase a mí. Y con las neuronas trabajando mil por hora, mis ojos se fueron cerrando hasta que me quedé completamente dormido.

Desperté cuando algo pequeño molesto aporreaba la puerta insistentemente. Me levanté a regañadientes y al abrir me encontré a Alice muy arreglada y con una deslumbrante sonrisa.

– Me voy Ed, ¿quieres que te acompañe a devolverle el volvo a Bella para traerte? – me preguntó sonriendo.

– No es necesario… me lo ha dejado mientras me quede aquí.

Frunció el ceño y luego sonrió, se alejó de mi habitación murmurando algo como "La he enseñado bien… ¡y eso que parecía tonta!". Negué con la cabeza y me fui directo a ducharme. Cuando bajé a desayunar Esme estaba en la cocina, me recibió con un beso y un abrazo, así como con mi desayudo favorito. En gesto como ese era cuando me daba cuenta de cómo echaba de menos pasar más tiempo en casa.

Como el día estaba bastante despejado, e incluso había algunos rayos de sol, decidí dar un paseo por el pueblo. Hacía tiempo que no podía pasear tranquilo por la calle y ya me apetecía. Fui en coche hasta el centro del pueblo y luego me bajé para ir caminando. Me gustaba ver que nadie me paraba ni se me quedaba mirando más de lo habitual… aquí solo era un ser humano más, no alguien que salía a diario en las revistas de cotilleos.

Sin darme cuenta llegué al parque, hacía años que no pisaba un parque, desde que era niño. Decidí pasear un poco por él, a lo lejos se oía como los niños estaban jugando y no tardé ver la zona de juegos rodeada de bancos donde algunas madres observaban jugar a sus pequeños.

Me acerqué a paso lento, nadie me apresuraba, y cuando estaba llegando vi una imagen que me heló la sangre en las venas. Allí en el parque estaba Bella, con un bebé… lo tenía en brazos y jugaba con él. Su sonrisa era radiante y aunque era una imagen preciosa sentí una punzada en el pecho. Bella tenía a alguien en su vida… yo como un idiota pensando en comprarle un regalo. Aunque pensándolo bien tampoco era tan malo comprarle algo, de todos modos tenía que agradecerle que me dejase el volvo.

No me di cuenta de que mi cuerpo continuó avanzando hasta que Bella alzó la mirada y me vi justo a su lado.

Bella POV

Me desperté por la mañana, con un dolor de espalda bastante molesto… eso me asaba por quedarme dormida en el sofá. Era algo tarde, pero como las clases en la universidad no habían empezado no tenía problema. Desayuné algo rápido y luego me metí en la ducha. En cuanto estuve lista me fui a casa de Charlie, cuando no tenía clase me gustaba pasar tiempo con Seth, estar con él me relajaba.

– ¡Hola Sue! –grité en cuanto crucé la puerta.

Ella me saludó con la mano y Jake, con la boca llena dijo algo inteligible. Me acerqué hasta Seth que estaba sentado en su corralito y lo cogí en brazos.

– Me lo llevo, lo traeré a la hora de la comida –les di un beso a ambos y me dirigí hacia la puerta.

– ¡Oye Bella! –Me llamó Jake– ¿Dónde esté tu volvo?

– Se lo he dejado al hermano de Alice mientras esté aquí –contesté sonrojándome un poco.

– Ese chico me suena de algo… juraría que he visto su cara en algún lugar –murmuró.

Sonreí…

– Pregúntale a Leah si conoce a Edward Cullen… así lo entenderás. Te quiero Jake – dije saliendo con una sonrisa.

Me fui con Seth al parque para que pudiese estar con otros niños y disfrutar un poco del aire libre, era solo un bebé pero era bueno que se relacionase con personas más cercanas a su edad mientras no fuese al colegio. Estaba muy concentrada jugando con él, hasta que una sombra nos ocultó los pocos rayos de sol alumbraban Forks ese día. Alcé la mirada para quejarme cuando mis ojos se trabaron con otros verdes… se me cortó el aliento y mi corazón comenzó a latir desbocado.

– Hola Bella –susurró.

Yo me puse en pie, ya que estaba sentada en un banco y me perdí en ese mar verde de su mirada.

– Hola –musité.

– Tienes un hijo precioso –dijo con algo de reticencia.

Y mi cara perdió todo el color de golpe. Nunca me había molestado que pensasen que Seth era mi hijo, es más, en alguna ocasión incluso me sentí orgullosa de ello, pero que Edward lo pensase era otra cosa. ¿Por qué? No lo sé… "mentirosa, te gusta, no lo niegues" me gritó mi conciencia…

– ¡Oh! Él… es… es mi hermano –balbuceé.

Me contestó con una hermosa sonrisa torcida que sabía que me robaría más de un suspiro durante días…

– Lo siento… yo no sabía… –se disculpó.

– No te preocupes, no eres el primero que lo piensa –lo tranquilicé.

– ¿Puedo compartir el banco contigo? –preguntó.

Y yo totalmente atontada solo pude asentir. Se sentó al lado de Seth y se puso a jugar con él… yo todavía aturdida me senté a su lado. "¡Isabella, Reacciona! ¿Qué te pasa?"¿Qué me va a pasar? Esta mañana al despertarme dudada de que todo lo acontecido el día anterior había sido un sueño, y el tener a Edward sentado a centímetros de mí jugando con mi hermanito me garantizaba que no era así… sonreí ampliamente e intenté despejar mi mente… la necesitaba al cien por cien de su capacidad para disfrutar del poco tiempo que podría compartir con Edward.