Que será de ti.
La alarma sonó y despertó al rubio quien se encontraba en el cuarto de Candy.
Habían pasado la noche juntos donde sus cuerpos volvieron a encontrarse nuevamente.
Con su dedo acariciaba la espalda suave y cálida de su mujer.
«Podría pasar horas y horas observándote y nunca me cansaré » — pensaba mientras la acariciaba.
Candy despertó al contacto de sus dedos suaves y firmes.
_Umm... ¿Qué hora es?
_ Las cuatro de la mañana. _ respondió en tono suave.
_ ¿Ya tienes que irte a Chicago?
_ Sí. Pero regresaré hoy por la tarde. _ respondió buscando sus labios. Metió su mano bajo las sabanas y acarició sus muslos y glúteos haciéndola estremecer nuevamente. No quería irse de viaje sin poseerla y tenerla entre sus brazos.
Ella respondió a su contacto, subiéndose sobre él con su movimiento de cadera lento y pausado.
Candy amaba esa posición, había descubierto el punto exacto donde ella tenía el control y decidía cuando correrse sobre su masculinidad.
_ Ahhh... te amo... _ se decían el uno al otro mientras sus cuerpos respondían al movimiento de caderas.
Después de varios minutos en el vaivén, sus cuerpos explotaron en un solo sentir dejándose escuchar sus gemidos y corazones agitados por la emoción y excitación.
Ella se dejó caer sobre su hombre olvidándose de todo.
En ese momento no existía nadie más, solo ella y él.
_ Albert, te amo, te amo y no permitiré que nada ni nadie nos separe. No permitiré que Helen o el joven Cornwell se interponga entre nosotros.
_ Unas lágrimas salieron de los bellos ojos de la rubia que debilitaron y derritieron el corazón de Albert.
_ Oh Candy... mi pequeña. No dudes de mi amor por ti. Te amo desde hace mucho Candy.
Y Helen... Helen no significa nada para mí.
Algún día te contaré la historia de África y como la conocí.
— Albert la bajo de su cuerpo y le dijo mirándole a los ojos y enjugando sus lágrimas.
_ Prométeme... Prométeme que aunque el mundo se ponga en mi contra, tú no dudaras nunca de mi. No importa lo que pase. _ En ese momento fueron las lágrimas de Albert las que salían por su delicado rostro. Ahora era el turno de ella enjugar sus lágrimas.
– Nunca, nunca dudaría de ti. Si antes que no sabía cuánto te amaba dejé mi empleo por estar contigo y no te deje solo.
¿Imagina si ahora sería capaz de hacerlo? Lo que pase lo venceremos juntos. — Sellaron su promesa con un último beso.
Para las diez de la mañana la limosina de los Ardlay esperaba al Dr. Albert en las afueras del aeropuerto O' Hare de Chicago, Illinois. Madan Elroy se encontraba dentro del lujoso auto, feliz de tener a su sobrino. Aunque la mujer era fría y calculadora en sus acciones contra Candy. También era cierto que amaba mucho a su sobrino.
Después de la muerte de Rosemary y Anthony, la mujer sobre protegía al heredero lo único que tenía de su familia directa, Albert, quien a los 17 años se reveló en contra de ella por el cautiverio en el que vivía. Rodeado de maestros severos desde administración de empresas, literatura y medicina.
— ¡Tia Elroy!... _ sonrió el rubio dándole un abrazo y saludando a George quien había regresado de su viaje por Londres.
—¡Qué bueno que estas aquí!... ¡como debe ser!... con tu familia. _ Dijo la mujer. Albert sabía a lo que se refería con ese comentario; así que lo dejó pasar para no discutirlo en ese momento.
La limosina tomo el rumbo hacia Lakewood donde estaban todos los recuerdos de sus antepasados, hermana, sobrino y padres.
— ¿De dónde conoces a la señorita Brusette? _ pregunto la mujer sacándolo de sus pensamientos.
— ¿No te lo dijo ella? _ Albert sabía a qué se refería la pregunta. La mujer no llamaba a nadie por su nombre u apellido sino fuese porque sabía su descendencia.
— Sé que viene de una familia de abolengo, aristócrata de Francia. Todavía no entiendo como sus padres le permiten ser enfermera cuando puede tener miles de sirvientes a su alrededor.
— Así como piensa de mí... No le veo nada malo que las personas de alto nivel social, ofrezcan sus conocimientos y ayude a quien lo necesite.
— Por lo visto en eso ustedes son iguales. Comparten el mismo sentir.
Me gusta para ti. – terminó la mujer de decir.
— Tía por favor... no empecemos de nuevo.
_ Al escuchar que la conversación entre Albert y su tía se subía de tono; George subió el vidrio que dividía los asientos delanteros con la parte posterior de la limosina.
— Por cierto... ¿no me diga que aún está en la mansión?
— No. Le pedí a Archie que la llevara al aeropuerto esta mañana. Fuiste descortés con ella ayer.
— ¿Porque?... ¿porque le dije que aun tenia pacientes que atender y que no podía subirme a un avión, y que ya le había prometido al paciente que haría la visita el día de hoy? Solo fui sincero con ella. _ Albert no pudo contenerse ante la imposición y cuestionamiento de su tía.
— Además... ella busca algo más y sé que tú lo sabes. No le daré falsas esperanzas ni a ti ni a ella tía Elroy.
_ La mujer se puso roja al escuchar las palabras directas de Albert.
— Ahora resulta que también Archie está interesado en la huérfana. Lo que me faltaba... otro que cae bajo el hechizo de esa chiquilla. –huérfana fue la gota que derramo el vaso.
— ¡Basta tía!... no le permitiré que siga refiriéndose de esa forma tan despectiva hacia Candy.
Ella es un ser inocente que nunca le ha hecho daño a nadie.
— ¿Porque la defiendes tanto? ¿Te has enamorado de ella?
Además... ¿que hace trabajando en el hospital?
— Le pido de favor que deje el tema de Candy en paz. Haré el viaje a Sāo Paulo. Pero usted me tiene que prometer que el tiempo que este de viaje, no la molestará y la dejará en paz.
Tía... si algo le sucede a Candy mientras yo no esté en Estados Unidos, no se lo perdonaré nunca. _ Las palabras de Albert erizaron la piel de la mujer. Lo escuchaba y no podía creer hasta donde era capaz su sobrino por defenderla.
— ¿Te has enamorado William? ¿Amas a esa chiquilla que adoptaste?
Por Dios, es tu hija... ¿sabes que pensara el Clan? ¿La familia? ¿La sociedad?
— Al demonio la sociedad. Y el clan debe aceptar mis decisiones por algo soy el Patriarca. ¿Que no es eso lo que me recordó toda mi infancia?
Y por última vez. No es mi hija... basta de usar esa excusa para crear barreras que no existen entre nosotros.
Candy fue tomada bajo mi protección. Pero no es mi hija, no llevamos la misma sangre y jamás compartimos tiempo ni vivimos bajo el mismo techo como padre e hija.
_ La mujer no necesitó que Albert le confirmara con palabras que estaba perdidamente enamorado de su protegida.
Decidió guardar silencio al reconocer que ellos nunca compartieron tiempo juntos. Como también era cierto que Candy tampoco había vivido en ninguna propiedad de los Ardlay.
En parte ella misma había creado la posibilidad que ese amor se realizara sin excusas absurdas no permitiéndole ser parte de la familia y mantenerla bajo la sombra. ¿Quien sabía que su sobrino la había adoptado? Pocos.. George y los pocos invitados a la presentación. invitados que ella misma se encargó de dejarles claro que solo era un capricho más del excéntrico tío William.
Apartamento de Albert y Candy
La rubia estaba haciendo limpieza general para mantener su mente ocupada. La imagen de Helen y Albert conversando en Chicago le venía a su mente.
_ ¡Basta Candy!...Basta. Madura.
Él te prometió estar siempre contigo.
¡Deja los celos!..._ se decía mientras limpiaba la cocina.
Al terminar los quehaceres en la parte de abajo; recordó que desde antes cuando limpiaba el apartamento de Albert y se metía a escondidas, el ático tenía cajas viejas que siempre quiso tirar. Pero era algo que Albert siempre especificaba en su lista de limpieza cada vez que la "señora" llegaba.
"El ático está estrictamente prohibido tocar"
Candy recordó esas palabras. Decidida a revisar las cajas viejas y polvorientas, subió la escalera de madera.
— ¡Ahora soy su mujer!... No la mujer de la limpieza. _ dijo excusándose haciendo un mohín.
En la primera caja que abrió encontró la ropa y botas que Albert usaba cuando lo conoció en Lakewood.
— ¡Aww!... todavía guarda las botas y chaqueta que usaba desde que nos conocimos... _ estaba limpia así que decidió ponérsela.
— ¡Quizás encuentre fotografías de Pouppe y África!... _ dejándose llevar por la curiosidad y celos, se encontró con una caja con documentos, cartas y un diario color marrón con letras doradas con su nombre: Candice White Ardlay.
— Eh... este es... es. _ sin abrirlo se dio cuenta que era el diario que el tío William le regaló cuando estudiaba en el colegio San Pablo y que habla de Terry y, su encuentro maravilloso de ellos dos en Londres.
— ¿Pero porque Albert tiene este diario? - confundida continuó sacando más cosas; libros de Shakespeare y los trajes de Romeo y Julieta que el tío abuelo le regaló para la fiesta de Mayo.
Al extender el vestido de Julieta, un libro color marrón con letras doradas y la insignia del águila de los Ardlay en la pasta cayó.
— ¿Pero?... ¿y esto?
– El Libro tenía el nombre de William A Ardlay grabado en letras doradas y plateadas.
— ¿William A?... ¡Albert! - dijo llevándose la mano a la boca.
Continuó buscando más pistas entre las cartas y todas eran cartas de ella escritas al tío William.
— ¡No puede ser! - dijo poniéndose de pie y con las manos temblorosas. Sus fuerzas abandonaron sus piernas cayendo de rodillas lloraba como una niña.
— ¿Y ahora que va a pasar con todo este amor que siento por él? ¡Dios mío lo amo!... Estoy enamorada del hombre que me acogió bajo su protección. - Candy quería huir y olvidarse de lo que había encontrado.
Pero las palabras de Albert resonaron en su cabeza.
"Prométeme que pase lo que pase y el mundo se ponga en mi contra, tu nunca lo harás"
¡promételo!
— Le prometí que nunca me iría y que confiaría en él. - Agarró entre sus manos el diario de Albert y comenzó a leerlo.
Llevo tres meses viviendo con ella, no se quien soy ni quien es ella.
Pero el solo hecho de tenerla cerca me da confianza, paz y tranquilidad ...
...
- Candy pasaba las hojas del diario y cada una la hacía reír o llorar. Él había escrito hasta el más mínimo detalle de su convivencia con ella en el magnolia.
Albert quería recordar a la persona que desinteresadamente le devolvió las ganas de vivir.
Hoy tuve una extraña sensación de dolor en el corazón al ver su rostro feliz cuando recibió la carta de su novio, el actor.
No pude contener esa rara sensación que no se si lo he sentido antes.
Candy es una joven linda, noble con carisma.
¡No se que me está sucediendo!...
¿Acaso me estoy enamorando?
– El corazón de Candy palpitaba rápidamente al darse cuenta que Albert quizás se enamoró de ella en la convivencia.
« Oh Albert... y yo no me di cuenta de tus sentimientos y te hablaba solo de Terry a cada momento. Fui una tonta»
-Pensó y continuó invadiendo la privacidad del diario.
Después de cuatro meses viviendo juntos, he conseguido un empleo de lava platos.
No puedo permitir que siga pagando los gastos solo ella. De alguna manera debo proveer y me siento mejor.
Pero al regresar a casa me encuentro con la noticia que viajará a New York.
Terry le ha enviado una invitación para la obra Romeo y Julieta.
¡ Candy! ¿No te das cuenta que te amo?
Pero debo callar mis sentimientos. No se quien soy, si estoy comprometido o con familia.
Quizás el día que recupere la memoria y si soy libre para amarte...
¿Pero de que me serviría? Si amas a otro.
Te escucho hablar tanto de él que mi corazón se entristece.
Aunque eso me parta el corazón soy feliz por ti. Porque tú lo eres.
— Dios mío... cuánto sufrió al escucharme hablar de Terry.
-Las lágrimas de Candy rodaban por sus mejillas. Si el solo hecho de ella imaginar a Helen hablar con Albert sintió que se moriría de dolor cuanto más sufrió su amado.
Al llegar a mitad del libro se quedó con la boca abierta.
La vi partir esta mañana...
Le pedí acompañarla a la estación de tren y no aceptó. Creo que fue lo mejor.
Quizás no habría podido verla partir y aunque me prometió regresar , no se si lo hará.
¿ la dejará él regresar? ¡Sabe que vive conmigo!
¿Será cierto que también él me conoce y lo libré de una pelea callejera?
Si es así. Debo estar feliz por los dos y no revelar nunca este amor que cada día crece más y más.
— Todo esto es doloroso... me duele mi corazón darme cuenta que me ha amado desde antes que yo me enamorara de él.
Albert... mi amor. ¿Quien eres realmente? - se preguntaba una y otra vez.
Hoy tuve un episodio en el trabajo. Poco a poco los recuerdos están volviendo a mi memoria y , ella , ella no está aquí para escucharlo y celebrar conmigo.
Lo primero que recordé fue su rostro lleno de pecas al despertar después del desmayo por el dolor de cabeza.
Pero quizás es mejor así. La amo y me he dado cuenta que no debo amarla.
Porque soy... Soy quien la ha adoptado.
Mi nombre es William Albert Ardlay, El tío abuelo William.
- Candy dejo caer el diario de un solo golpe.
— ¡No puede ser!... - dijo llevándose las manos al rostro mientras sus lágrimas desbordaban como cascada cristalina.
Estaba tan perdida en la lectura que no escucho la puerta abrirse, ni la voz de Albert preguntando dónde estaba.
Él llevaba varios minutos sentado en la grada escuchándole. Sabía que había encontrado su diario y lo estaba leyendo.
Su corazón casi se paralizó a verla de rodillas con su chaqueta café puesta en ella y el objeto en sus manos.
Al ver que no cesaba de llorar su deseo de consolarla pudo más que su rechazo y ella lo llegase hacer ahora que sabe toda la verdad.
Se acercó a ella dispuesto a escuchar la reacción al darse cuenta quien era él en realidad.
—Sabía que algún día esto pasaría, más no pensé que fuera tan pronto y lo descubrieras así. - dijo con un nudo en la garganta a punto de llorar.
Candy levantó el rostro y lo abrazó fuertemente.
— Albert... perdóname. No sabía. No sabía que ya me amabas cuando decidí casarme.
Y pensar que ya te amaba también. - la reacción de Candy lo desconcertaba. No había mencionado nada del tío William.
— Te amo y eso no cambiará nunca, nunca. - reafirmó sus palabras sellándolo con un beso suave y delicado de amor, beso que el respondió con lágrimas en su rostro.
Continuará.
Hola chicas.
Porque hubo una fan que lo pidió.
Era mejor que la rubia se diera cuenta por medio de Albert que es él el tío William y no por las cizañas de la tía Elroy y Helen quien sabe que Albert es el heredero multimillonario de los Ardlay.
Bendiciones.
Con amor, Sakura.
