Derek esperó a que fuera Parrish el primero en atacar. Hasta entonces había sido el nuevo quien se había dedicado a vigilar todos sus movimientos sin que se diera cuenta siquiera de que existía. Ahora quería ser él quien viera de lo que era capaz el nuevo Alpha.

Derek se quedó quieto en el centro del sótano, con las piernas ligeramente abiertas y los brazos separados del cuerpo, simplemente esperando a que atacara.

Y Parrish lo hizo.

Sin avisar o lanzar el rugio propio de los lobos, se movió con tal rapidez que apenas se le vio. Un segundo estaba mirándole con rabia y al siguiente ya le había dado tal puñetazo, que la sangre salió a borbotones de su boca.

Pero no satisfecho con ello, y envalentonándose por los gritos de ánimo de su manada así como los quejidos lastimeros de la manada rival, Parrish volvió a atacar. Sin darle tiempo a recuperarse, golpeó el estómago de Derek, haciéndole retroceder varios pasos. Y aprovechando el impulso, le golpeó en las costillas con un codo, terminando con un nuevo puñetazo en la cara.

A varios metros de distancia, Isaac luchaba por no intervenir, no soportando ver la paliza que le estaban dando a su Alpha. A su lado Scott casi estaba más preocupado por Stiles que por Derek. Sabía que Derek no tardaría en recuperarse de los golpes, por muy fuertes que estuvieran siendo, y que las intenciones de Parrish no eran las de matarle, con lo que la vida de Derek no corría peligro… Pero reconocía que semejante espectáculo no era algo agradable de ver, menos aún por parte de un humano y que además era el novio del hombre lobo al que le estaban dando semejante paliza.

Sin embargo, cuando Scott se giró hacia Stiles, presto a tranquilizarle, se dio cuenta de que él era quien más tranquilo parecía estar.

Efectivamente, el joven Stilinski estaba contemplando el espectáculo con una calma absoluta y no solo en apariencia, pues Scott se percató de que su corazón latía a un ritmo normal.

Era como si Stiles no estuviera contemplando nada del otro mundo, pensó Scott… En realidad, casi parecía que estuviera aburrido de lo que estaba viendo.

Pero ¿cómo podía ser? Se preguntó el joven Alpha. Era como si creyera que…

Y de pronto pensó en esa posibilidad.

Pero no podía ser…

¿En serio creía Stiles que Derek solo estaba jugando con Parrish?

Como si quisiera confirmarle sus sospechas, justo en ese momento Parrish dejó de atacar, cansado de lanzar golpes. Pero apenas se hubo retirado un paso, esperando a que Derek se desplomara, este levantó el rostro que había mantenido agachado todo el tiempo que Parrish le había golpeado… y sonrió.

- ¿Es eso todo lo que sabes hacer?

La pregunta de Derek dejó en silencio a todos: A la manada rival porque creían que era una fanfarronería. A la manada de Derek porque confiaban en que no lo fuera. Al Sheriff porque no terminaba de creer lo que estaba pasando. Y a Stiles porque llevaba un rato esperando a que llegara ese preciso momento…

La sonrisita de Derek, fanfarrona a más no poder y que había aparecido tan pronto hizo la pregunta, desapareció en el mismo instante en que sus ojos de Alpha brillaron.

Y Parrish mentiría si dijera que no se acojonó ante ese simple brillo, pues en él refulgía un poder y fuerza que nunca antes había visto en un hombre lobo…

Cuando atacó a Derek creía haber sido tan rápido que no le había dado la oportunidad de defenderse. Pero esa rapidez poco tenía que ver con la que Derek estaba demostrando ahora, con unos ataques que ni siquiera podía ver: De pronto sintió un golpe brutal en su estómago que le robó la respiración, tras el que dos puñetazos a la altura de las costillas le produjeron tal dolor que tuvo claro que había un par de huesos rotos. Pero no satisfecho con eso, Derek usó la pierna para hacerle un barrido que dejó a Parrish en el suelo, respirando con dificultad.

Solo entonces Derek paró, observando a su rival desde lo alto.

- Estoy esperando.

La fanfarronería de Derek no había hecho sino aumentar, gracias a la superioridad que estaba mostrando…

Parrish no podía permitir que ocurriera algo así, menos aún delante de su manada.

Con un grito de rabia, el nuevo Alpha se incorporó de un salto y lanzó un pueñatazo con todas las fuerzas que fue capaz de reunir… para que ese puñetazo quedara suspendido en el aire, parado por una simple mano de Derek Hale.

Parrish contempló anonadado la facilidad con la que Derek había frenado el ataque. Ni siquera estaba sudando, dando la sensación de que estaba peleando con un crío en lugar de con un Alpha que, además, había combatido en los lugares más peligrosos del planeta.

Rabioso, Parrish lanzó el otro puño, de nuevo gritando, solo para ser detenido con la misma facilidad por la otra mano de Derek.

Cuando se vio con sendos puños bloqueados gritó aún con más rabia, presto a darle una patada… Si era en la entrepierna del dichoso Alpha, mejor que mejor.

Pero fue como si Derek viera venir el ataque a kilómetros de distancia: Saltó hacia atrás, dando una voltereta en el aire, y cayó de cuclillas en el suelo, a un metro por detrás y lejos del alcance de la patada de Parrish.

Entonces fue Derk quien aprovechó la posición para impulsarse con ambas piernas hacia el cuerpo de Parrish, dándole tal puñetazo en la cara que el crujir de la mandíbula al romperse fue perfectamente audible, al que siguió una certera patada que, esta vez sí, alcanzó de lleno la entrepierna de Parrish, haciéndole caer como un castillo de naipes ante el gesto de dolor de todos sus compañeros hombres (lobos y humanos por igual), que había allí reunidos.

Una vez tuvo claro que Parrish no volvería a atacar y que la pelea había terminado (sería idiota si quisiera recibir más de aquel tratamiento) fue el propio Derek quien ayudó al Alpha a levantarse, tendiéndole una mano.

El gesto sorprendió a Parrish, mas lo aceptó igualmente.

- No lo entiendo – dijo cuando ya estaba en pie, todavía sudando y con la respiración entrecortada por los golpes recibidos - Cuando te estuve vigilando nunca tuve la sensación de que fueras tan fuerte.

Aquel habría sido el momento perfecto para que Derek mostrara alguna de sus miraditas fanfarronas o de soberbia. Pero se recordó que ese era el antiguo Derek: el que usaba la rabia, el odio y la miseria en general para mantener el control, y quien en el fondo odiaba ser el Alpha. Ahora era un nuevo Derek, que tenía una ancla bastante más placentera, y que ya no tenía por qué levantarse cada mañana recordando todo el sufrimiento vivido.

Y aunque todavía no había pasado por ese momento, pues la confirmación de Stiles como su nueva ancla solo la tenía desde hacía horas, no tenía ninguna duda de su efectividad.

- No llegaste en mi mejor momento – admitió finalmente

Derek le dio una palmadita de compañerismo en el hombro. No dejaban de ser los dos hombres lobo, Alphas, y no estaba de más ser amable con el Alpha al que acababa de darle una paliza delante de sus Betas.

- ¡No!

El grito llegó sin avisar, sorprendiendo a todos, pero a cada uno por un motivo bien distinto: A Derek Hale porque no tenía ni idea de quién había gritado ni por qué. A Isaac Lahey y Scott McCall porque solo ahora eran conscientes de que uno de los Betas de Parrish se había ido separando poco a poco de la otra manada. Y a los integrantes de esa otra manada porque no entendían qué demonios estaba haciendo Patrick.

Pero especialmente sorprendió a tres personas: A Stiles Stilinski porque no entendía cómo era posible que un minuto atrás hubiera estado haciendo la danza de la victoria y ahora estuviera con el corazón en un puño viendo a su padre. Al Sheriff Stilinki, que antes de que entendiera lo que estaba pasando tenía a un hombre lobo adolescente a su espalda y con unas garras bien afiladas en torno a su cuello. Y a Jordan Parrish porque no tenía ni la más remota idea de por qué se estaba comportando así uno de sus Betas.

- Patrick. ¿Qué estás haciendo?

- No puede estar pasando esto – murmuró el lobo adolescente a su Alpha. Y aunque estuviera amenazando a otra persona, se le veía más asustado que furioso - Dijiste que te convertirías en el nuevo Alpha de Beacon Hills y que nosotros nos quedaríamos aquí, a salvo. Que nos protegerías.

- Y eso no va a cambiar – Jordan levantó las manos en señal de paz, tratando de calmar al joven hombre lobo del que podía oír su corazón latiendo a toda velocidad.

- Si tú no eres el Alpha de Beacon Hills ¿dónde nos deja eso? – replicó Patrick, temblando tanto que una de sus garras arañó el cuello del Sehriff, logrando que un reguero de sangre bajara por su garganta - Nos mentiste. Nos prometiste una vida mejor.

Al ver la sangre de su padre, Stiles se quedó paralizado.

Ya le había ocurrido antes que el miedo atenazara todo su cuerpo y le impidiera moverse: la primera vez fue cuando estaba tirado en el suelo de comisaría, con el veneno del Kanima todavía recorriendo su cuerpo y viendo cómo Matt estaba a punto de matar a su padre. Y lo mismo ocurrió casi un año después, cuando fue Jennifer la que le atacó esa vez antes de secuestrarle para intentar sacrificarle.

En las últimas semanas Stiles había estado tan centrado en los hombres lobo que le rodeaban, que se había olvidado de que ellos, los humanos, eran los más débiles y los que podían morir. Especialmente había olvidado que su padre siempre era uno de los que estaban a punto de morir y encima delante de sus narices, sin que pudiera hacer nada para evitarlo…

El pánico de Stiles era tal, que ni siquiera vio que Derek había dado un paso en dirección a su padre y al hombre lobo que le seguía amenazando.

- Patrick, ¿verdad? – preguntó Derek.

- ¡No te acerques! ¡O te juro que le rajo el cuello!

- Esa no es manera de solucionar las cosas – pidió Parrish. Seguía quieto por temor a que Patrick viera el menor movimiento como una amenaza, y clavara las garras en el cuello del Sheriff sin más contemplación.

Pero Derek sí que siguió acercándose al chico. Muy despacio y con las manos en alto.

- Sé que estás asustado. Y que no quieres volver con tu familia.

- ¡No hables de ellos!

La mención de su familia hizo que el Beta se pusiera aún más nervioso. Tanto, que las garras rozaron un poco más de piel y un nuevo hilo de sangre empezó a manchar el uniforme del Sheriff.

- Tienes razón, perdona – Derek se concentró para que su sentido del oído no fuera tan apurado, pues el corazón de Stiles estaba latiendo tan rápido en esos momentos que tenía la sensación de que le iba a dejar sordo. No podía concentrarse en lo que estaba ocurriendo si temía que Stiles estuviera sufriendo un ataque - No se merecen que hablemos de ellos – dijo con calma – Solo quiero que sepas que nadie va a obligarte a marcharte. A ninguno de vosotros.

- Derek. Permíteme que solucione esto sin tanta cháchara.

Si Stiles ya estaba asustado con su padre siendo amenazado y dos Alphas tratando de hacer entrar en razón a un chico que llevaba siendo hombre lobo solo durante unas semanas, el ver aparecer a Peter Hale no le tranquilizó lo más mínimo.

Como siempre ocurría con el mayor de los Hale, Peter había aparecido como por arte de magia. La última vez que le había visto fue cuando Derek, Scott, Isaac y él fueron a comisaría para averiguar dónde vivía Parrish. Y tal vez con cualquier otro habría odiado que desapareciera cuando más problemas tenían, pero no cuando esa persona era Peter Hale... Claro que tenía que haber intuido que cuando Peter desaparece, solo es para volver a aparecer en el momento menos oportuno.

Y no había duda de que ahora, con la tensión por las nubes y con cualquier gesto sospechoso pudiendo ser el desencadenante para que Patrick matara a su padre, era el peor momento de todos.

Peter había conseguido bajar hasta los últimos peldaños de la escalera sin que nadie se diera cuenta, demasiado atento a los movimientos de Patrick.

Aunque lo peor de la aparición de Peter fue descubrir que llevaba en la mano una pistola con la que estaba apuntando a Patrick.

- Así no es como solucionamos las cosas – le advirtió Derek.

- No puedes hacerme daño con una simple bala – le increpó el Beta, furioso también porque la persona que acababa de llegar y a la que no conocía de nada, tuviera la desfachatez de pensar que podría hacerle daño con una simple pistola.

- No a no ser que sea una bala de acónito, cachorrito…

Era la primera vez que ese hombre le hablaba y Patrick ya tenía claro que no era de fiar. Algo en él, especialmente esa sonrisa fanfarrona y que no tenía ningún sentido que mostrara cuando ÉL era el que estaba al mando, le decía que lo mejor que podía hacer era mantenerse alejado.

Por desgracia acababa de quedarse sin posibilidad de escapatoria en el mismo instante en que comprendió que huir era la mejor alternativa. No tenía ninguna duda de que en cuanto dejara marchar al Sheriff aquel tipo le dispararía. Y si era cierto que era una bala de acónito, estaba muerto.

- Peter… – Stiles sabía perfectamente que no era un farol, lo que le dejó temblando. Y lo peor es que no era el único. El miedo de Patrick era más evidente, esta vez el temor a morir, y Stiles solo podía ver su garra cortando cada vez más piel de su padre – Por favor, baja el arma.

- Encima que vengo a salvar a tu padre… – replicó el antiguo Alpha Hale, molesto y sin cambiar la posición del arma.

- Baja el arma – repitió Derek, rodeando a su tío hasta quedar entre medias de Peter y Patrick, dándole la espalda al último. El latido del Beta era tan acelerado que Derek no tenía claro cómo es que no se había desmayado todavía del miedo, a lo que se añadía que no entendía cómo era posible que en menos de quince minutos el enemigo a batir hubiera pasado de ser el ayudante del Sheriff a uno de sus Betas y ahora su propio tío… Bueno, tratándose de Peter todo era posible - O tendrás que dispararme a mí, porque no pienso apartarme.

La expresión de Peter no cambió. Pero un imperceptible movimiento de cejas de su sobrino fue la señal que parecía estar esperando para bajar lentamente el arma.

Tan pronto como Peter dejó de apuntarle, Derek dio media vuelta para mirar fijamente a los ojos ámbar de Patrick.

- Nadie va a hacerte daño – murmuró Derek, apenas levantando la voz.

Cinco segundos fueron los que pasaron hasta que el Beta comprendió lo que acababa de ocurrir. Cinco segundos que se hicieron eternos hasta que, finalmente, guardó sus garras y dejó marchar al Sheriff.

- Te has puesto en medio… - susurró el Beta al tiempo que Stiles corría a abrazar a su padre, presionando la herida para que dejara de sangrar - Podría haberte matado.

- Eso es lo que hacen los Alphas – replicó Scott, mirando con desagrado a Peter, que se marchó por donde había venido tras un nada casual guiño de ojos al hombre lobo - Arriesgar sus vidas por sus Betas.

La declaración de Scott fue tanto para Patrick como para Parrish, que seguía petrificado viendo a su Beta temblando de pies a cabeza.

Eso era lo último que había querido ver Jordan y el motivo por el que decidió ofrecerle el mordisco cuando se lo encontró a la salida de uno de los clubs de ambiente de Beacon Hills, recibiendo una paliza de unos chicos que sí que merecían ser llamados animales. Se suponía que siendo hombre lobo ya no tendría que pasar miedo.

- Lo siento… - le dijo Patrick. Derek dio un paso atrás para que pudiera acercarse, pues ahora era a su Alpha al que necesitaba.

Jordan Parrish agradeció el gesto y llegó junto a su Beta.

- Está bien – susurró Parrish. Colocó con delicadeza una mano sobre su hombro - No te preocupes.

- No quiero volver… - ahora que el peligro había pasado, Patrick dejó que toda la tensión abandonara su cuerpo. Y aprovechando que tenía a su Alpha con él y que no dejaba de ser un crío al que le habían dado golpes por todos lados, se refugió entre los brazos del hombre lobo.

Derek contempló la escena, dándose cuenta de que jamás había tenido un gesto de ese tipo con ninguno de sus Betas, y que solo por eso Parrish ya era mucho mejor Alpha que él.

Al menos respecto a lo que tenía que hacer un Alpha cuando el peligro ya había pasado.

- Y no lo vas a hacer. Te doy mi palabra – declaró Hale con solemnidad, tanto para Patrick como para el resto de nuevos hombres lobos que acababan de llegar a Beacon Hills – Si queréis quedaros aquí, sois todos más que bienvenidos.