Éste fic está dedicado a mi queridísima Parabatai, Chia :3

Las características especificadas son las siguientes:

Pairing: Mimato, hijo. Yamakari (en el resumen entenderán)

Características: Pese a que Yamato se negaba, Hikari quería ser madre (Sí, lo que se habló en el grupo Yamakari). El embarazo es complicado porque Hikari es demasiado pequeña y el bebé grande. Yamato tiene que elegir entre uno y otro. Hikari no le va a perdonar que no eliga al bebé, así que el bebé es quien deciden salvar. Yamato, dada su experiencia con su padre y viviendo solo, va bien con el hijo, pero las noches y el trabajo empiezan a poderle. hikari empieza a aparecer por las noches y el bebé va a mejor, pero Yamato se da cuenta de que su hijo necesita una madre. No quiere que crezca sin conocer ese placer como él. Va buscando candidatas y para ello, pide ayuda a Mimi. Lo que no sabe es que la candidata la tiene delante hasta que la ve interactuar con su hijo.

Género: Romance/Hurt/confort


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Capítulo 17:

«Tiempo»

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El vapor de su café acariciaba la punta de su nariz mientras el aroma se impregnaba en su sistema. Siempre había preferido el mocca por el sabor a chocolate que poseía. Ella siempre prefirió lo dulce antes que lo amargo, Mimi siempre fue más dulce que amarga. A pesar de eso, tenía una taza de café americano entre sus manos, siendo la porcelana fina el lugar donde reposaba el tamborilleo de sus uñas pintadas en rosa viejo.

No, ella nunca elegiría el café americano por encima del mocca, su paladar estaba acostumbrado a lo dulce; sin embargo, allí estaba, sola en una cafetería, con un café negro entre manos, mirando cómo las personas circulaban desde temprano. Eran las seis y media de la mañana, ella no pudo seguir durmiendo desde las cuatro, dio vueltas sobre su cama intentando recuperar el sueño pero le resultó imposible. Se puso de pie a las cinco y fue al baño.

Sus padres, al vivir en un condominio, el espacio era reducido al tratarse de un sitio destinado a personas de mayor edad, todo se disponía en planta baja, así que ella se encargó de hacerse un lugar en donde solía el cuarto de huéspedes. No, no era la habitación de grandes dimensiones que acostumbraba en su departamento en Odaiba, ella adora los lugares amplios, donde la luz colmara las esquinas; allí poseía un pequeño cuarto con el espacio suficiente donde pudiese caber una cama de plaza y media, un pequeño armario y un sofá, le generaba claustrofobia pero debía acostumbrarse a ello hasta encontrar un lugar donde pudiese disponer de más espacio y no estar demasiado distanciada de sus padres.

Se dio una ducha tibia y escogió un vestido suelto floreado, se miró al espejo que poseía el armario y recordó que ese vestido se lo había regalado Yamato en su cumpleaños número 25. No pudo evitar arrugar un poco la tela entre sus manos, adoraba ese vestido, pensar que él se lo regaló dolía un poco pero seguía viéndose hermoso en ella.

─A pesar de todo, tienes buen gusto, Yama ─Susurró a su reflejo y una sonrisa pequeña afloró en sus labios. No se lo iba a quitar.

Fue a la cafetería que quedaba a unas cuadras de donde vivían sus padres. Sabía por su madre que ese lugar abría desde tempranas horas, para personas que solían salir desde temprano de sus hogares. Quizá también tengan cabida para alguien que no podía dormir desde las cuatro de la mañana.

Llegó al sitio, no fue difícil no identificarlo entre una ciudad de tipología tradicional y la fachada de una cafetería de aristas europeas. El ladrillejo viejo y a la vista con los ventanales amplios y el escaparate que cubría parte de la acera fueron algunos de los detalles que le gustó encontrar. El nombre que rezaba el cartel de madera sujetado por un pedestal de hierro al muy estilo inglés.

Ingresó al sitio y la campanilla de la puerta alertó su llegada. El lugar estaba albergado por sólo una mujer de edad que ni se inmutó cuando el sonido de la campanilla llenó el sitio. Buscó un sitio cerca del ventanal que distaba con la calle y vio que la carta se encontraba sobre la mesa.

No pasó mucho tiempo para que la mesera se acerca a ella con una sonrisa.

─Buenos días, ¿puedo tomar su orden? ─Mimi asintió a la mujer y observando la carta, fue al listado de cafés que ofrecían. Tenían capuccino, su adorado mocca, los frappes y los tradicionales como el americano y el cortado.

No supo por qué, pero pidió el americano. Odiaba el sabor amargo de la café sin nada más que azúcar, pero prefirió cambiar su gusto por algo distinto. ¿Por qué? Aún no lo sabía.

Iba por la mitad de la taza cuando escucha la campanilla de entrada alertando la llegada de alguien más. Por inercia, levantó sus ojos a la entrada y grata fue su sorpresa al hallar el rostro de Koushiro Izumi allí. Sonrió al verlo y él correspondió.

─Al parecer, en cada esquina que vaya, te terminaré encontrando ─Dijo ella como saludo y él sonrió con más soltura, opinando lo mismo─. Qué gusto verte, Kou. ¿Qué haces aquí?

─Mi trabajo no queda muy lejos de aquí. Suelo venir a desayunar antes de ir allí ─Dijo tomando asiento en la silla junto a ella─. Vine más temprano de lo acostumbrado porque tengo pendientes que debo ir a terminar. ¿Qué haces tú por aquí?

─No podía dormir.

─Si, bueno, ese café no te ayudará mucho ─Sonrió a Koushiro─. Luces preocupada. ¿Todo está bien?

Mimi lo miró un momento y quizá porque no tenía ni a Sora o Hikari para poder hablar del asunto, comenzó a contarle todo lo sucedido con Yamato y Hotaru, el cómo sus años a su lado se hicieron sólo recuerdos por intentar una relación que no tenía futuro. El café de Izumi llegó entre el relato, él también pidió un americano. Mimi finalizó su historia con un suspiro y un sorbo a su café, ya frío.

─De entre todas las personas, me sorprende que sea con Yamato-san ─Dijo él y Mimi enarcó una ceja─. No me mires así, el recuerdo que tengo de ustedes juntos era de puras discusiones y tomadas de pelo.

─¿Quién crees que se adecue a mi imagen entonces, Señor "Se todo sobre parejas"?

Izumi se sonrojó tras lo dicho, dio un sorbo a su café y tras meditarlo un poco, dijo.

─Sin duda, Joe. ─Mimi lo pensó un momento.

─Creí que dirías que haría bonita pareja contigo.

Él rio por lo bajo.

─Muchos podrían apostarlo, incluso ─Ella enarcó una ceja─, pero no eres mi tipo.

Mimi se llevó una mano al pecho, fingiendo estar dolida tras sus palabras. Él seguía sonrojado como cuando era un niño, el niño que ella adoraba molestar junto a Yamato y Joe, precisamente porque todos ellos tenían ese aire tímido y antisocial que para Mimi, al parecer, era una atracción para sí.

─Así que Joe ─Volvió a hablar pensativa─. De casualidad, ¿mantienes contacto con él? ─Una mirada pícara fue dirigida hacia Izumi.

─Supongo que te lo encontraste.

─Supones bien. ─Dijo─. Y qué descarados, eh; hablar de mí entre ustedes.

─En mi defensa, nos encontramos en una ocasión en el consultorio donde atiende y me comentó que tu padre es paciente suyo.

─De ahí le hablaste que vendría por aquí, ¿no?

─Podría ser ─Otro sorbo─. ¿Cómo fue el reencuentro?

─Fue bueno, supongo. Le exigí una fiesta de bienvenida contigo incluido. ─Koushiro sonrió─. ¿Por qué pones esa sonrisa? ¿No pueden organizarme una fiesta a su amiga depresiva que regresa junto a sus padres?

─Como quieras, le diré a Joe que se haga de tiempo y veremos qué podemos hacer por ti ─Mimi sonrió cual niña─. Bien, debo irme. Se me hace tarde.

─Gracias por escucharme, Kou ─Dijo ella con ternura.

Él le dedicó un cabeceo de despedida y se marcó dejando su paga en la mesa. Mimi vio a Koushiro marcharse y no pudo evitar soltar una pequeña carcajada por lo bajo.

─Cómo que no soy su tipo, maldito nerd.


Hotaru observaba el dibujo delante de ella, sin ganas, jugando con el lápiz de color verde entre sus dedos sin intención de poner la punta en el papel. No se notaba que tuviese muchas ganas de hacer algo más que observar el dibujo.

Su psicólogo la observaba en silencio. Habían pasado casi quince minutos y la niña no había dicho mucho en todo ese tiempo, algo no muy propio en ella; Hotaru era de esas pacientes que disfrutaba hablar de lo que le gustaba, lo que hizo en el día, lo que vio de venida a la consulta o algún sueño con su madre.

Ese día, no dijo nada más que un saludo a su psicólogo, respondió algunas preguntas que éste le hizo en cuanto a cómo estaba, pero todas con pocas palabras. No estaba con humor y eso era leído sin tener mucho conocimiento en la rama del psicoanálisis.

─Hotaru-san ─Llamó el hombre y ella levantó un poco los ojos hacia él─, no luces muy animada. ¿Sucedió algo en la semana que te tenga así?

Ella sostuvo su azulina mirada por un momento hasta que un pequeño suspiro se escapó de su interior. Se acomodó mejor en el asiento donde estaba y dejó el color verde sobre la mesa.

─Creo que arruiné la vida amorosa de mi papá.

Nijishima parpadeó un momento intentando entender a qué se debía tal explicación. No debía de sorprenderle la facilidad que tenía Hotaru para expresarse, después de todo tenía temas de conversación muy diversos y siempre con un aire maduro. Ella volvió a recoger entre sus dedos el color.

─¿Podrías explicarme más sobre cómo una niña de siete años es capaz de arruinar la vida amorosa de su padre? ─Su tono cálido hizo que Hotaru volviera a mirarlo y con una mano en su mentón, pensó un momento, quizá la forma de explicarle a un hombre mayor el papel de villana que ella decía poseer.

─¿Recuerda a Mi-chan? ─Preguntó Hotaru y el psicólogo asintió─. Ella ha sido la mejor amiga de mi papá por años, me cuidó tantos años y la veía como mi mejor amiga también.

─¿Sucedió algo con Mi-chan? ─Hotaru asintió.

─La vi besando a mi papá en el pasillo del departamento ─Dijo y el hombre delante de ella comenzó a entender por dónde iba el relato─. Me enfadé muchísimo con ambos, le dije cosas horribles y Mi-chan… ─Su voz comenzó a quebrarse. Las mejillas y la punta de su nariz se enrojecieron intentando contener las lágrimas que iban ganando terreno en sus ojos─. Ella se fue… El otro día, tomé sin permiso el teléfono de mi papá para llamarla y pedirle disculpas, en verdad lo siento, fui muy egoísta pero temía que mi papá se olvidara de mi mamá… Y… Y Mimi nos pidió no volver a llamarla.

No hubo fuerza interior en la pequeña niña para contener el llanto que desbordó. Las lágrimas mojaron el papel que tenía para dibujar como tarea y Nishijima se levantó de su asiento para acercarle un pañuelo desechable que pudiese contener un poco sus lágrimas.

Nishijima vio a su pequeña paciente exteriorizar sus emociones como ningún otro día lo había hecho, así que apoyó su mano sobre el hombro de la pequeña niña e hizo que ésta lo mirase.

─¿Te dolió que ellos se quieran de otra manera? ─Hotaru asintió, hipando─. Pero sabes que tu papá nunca dejará de querer a tu mamá.

─Lo sé… Me lo dijeron todos, pero desde que regresé del viaje de la escuela, dejé de ver a mi mamá. ─La niña tomó otro pañuelo de la caja de cartón que le ofreció su psicólogo─. Cuando los vi besándose, pensé que ella dejó de visitarme porque estaba molesta con ellos. Quizá estaba triste porque papá tendría novia y… ─Más llanto.

─¿Sigues sin ver a tu mamá? ─Hotaru asintió─. Sabes, cuando me hablaste de tu madre, no la imaginaba como una mujer celosa o que se alejaría de su hija por algo así.

Hotaru fue reduciendo su llanto al escuchar sus palabras, seguía sollozando pero miraba a su psicólogo con curiosidad, con ganas de creer en sus palabras. Él volvió a su asiento y le dedicó una sonrisa.

─¿Sabes lo que creo? ─Ella negó─. La labor de una madre es proteger a sus hijos a toda costa. Quizá, ahora que tu padre encontró a alguien con quien se siente a gusto, tu madre quiera decirte algo con su silencio.

─¿Algo como qué? ─Preguntó y antes de que su psicólogo respondiera, ella se adelantó─. ¿Crees que ella tema que yo quiera más a Mi-chan?

─No, no lo creo ─Respondió enseguida el hombre─. Creo que ella está buscando una manera de que tú puedas aceptar éste nuevo suceso en la vida de tu padre.

─Yo la necesito… ─Susurró entre sollozos.

─¿Y si lo que necesitas es ver todo desde otra perspectiva? ─Ella lo miró sin entender.

Nishijima sonrió y buscó entre sus hojas, un papel en blanco y sacó la pluma que tenía en el bolsillo de su camisa para dibujar algo en el papel. Hotaru lo miraba atentamente.

─¿Un nueve? ─Preguntó al ver el número dibujado en la hoja blanca.

─Desde aquí, se ve un seis ─Ella lo miró curiosa y se puso de pie para ir hasta donde él se encontraba y comprobar que tenía razón─. Desde donde estabas y donde estás ahora, ves cosas distintas. ¿Sabes por qué?

─Porque cambié de lugar ─Respondió.

─Exactamente. Cambiaste de lugar y has podido observar algo distinto que antes no sabías que estaba aquí. A veces, la vida te dibuja un seis y tú lo ves como un nueve, sólo necesitas cambiar de lugar y encontrar otra manera de ver el dibujo.

─¿Mi madre no me abandonó entonces porque está molesta? ─Nishijima negó─. Quizá está cuidando a Mi-chan.

─Podría ser… O quizá, espera que empieces a ver las cosas desde tu propia perspectiva ─Le entregó el papel─. Quizá, espera que busques respuesta a tu modo.

Hotaru tomó el papel que le entregó el hombre y observó un momento el dibujo.

─Y en cuanto a Mi-chan ─Los ojos azules de la niña, viajaron hacia Nishijima─, ella no te odiará, si eso es lo que temes. Sólo necesita un poco de tiempo. El amor nunca se desvanece así como así.


Takeru se enteró de que la estadía de Mimi en Kyoto podría pasar de "sólo unos meses" a "indefinido" y eso le sentó como un balde de agua fría. Mimi era su mejor amiga, habían compartido demasiado y a pesar de la distancia que existió cuando él estuvo en París y ella en Odaiba, se mantuvieron tan al contacto que la distancia sólo era una palabra más.

─¿Y qué se supone que haga sin ti aquí? ─Fue una de las preguntas que le hizo Takaishi cuando la llamó y la noticia de que ella estaría más tiempo de lo previsto. Mimi sonrió ante su pregunta─. Hablo en serio, Mimi.

─Harás todo lo que hacías sin mí ─Respondió ella con tranquilidad─. Oh, por favor, no me mires así. Ahora estás saliendo con Mochizuki-san, ¿de verdad te preocupas porque yo no estaré por ahí?

─Eh, sí ─Respondió con obviedad. Ella echó a reír.

Él la había llamado ese día a modo de saludarla, sabía que ya tendría que estar instalada en Kyoto y quería estar al tanto de todo. Eran mejores amigos, se contaban todo y no había filtro entre ellos. La videollamada era una de las tantas herramientas que tenían para mantenerse en contacto.

Cuando ella contestó, estaba en la cocina preparando algo que realmente él no le dio mucha importancia, después de todo, quería saber cómo estaban sus padres, cómo estaba ella. No era noticia nueva el "rompimiento" (si podría llamar así a lo que sea que surgió entre su hermano y ella), algo que el viaje le venía de maravilla para aclararse las cosas.

Sin embargo, cuando ella mencionó que quizá debía permanecer más tiempo de lo previsto en Kyoto, Takeru no creyó que se debiese a Yamato.

─¿Estás hablando en serio? ─Preguntó con incredubilidad.

─La situación lo amerita ─Respondió Mimi batiendo algún preparado en el bol de vidrio─. Las cosas no quedaron bien con Hotaru y no quiero presionarla.

─Pero no puedes mudarte indefinidamente sólo por eso.

─Es tu sobrina, Takeru ─Recriminó Mimi con molestia─. Su seguridad y felicidad nos corresponde a nosotros, los adultos. Di un paso al costado para no incomodarla.

─Pero es una niña, se acostumbrará ─Mimi iba a interrumpirlo pero él se adelantó─. Escucha, ¿sabes cuánto tiempo pasó Yamato solo y ahora, por fin encuentra alguien con quien compartir su vida?

Mimi apartó la mirada al suelo, quizá dolida por sus palabras, la vio acomodarse el cabello con inquietud. Sí, estaba dolida.

─Mimi, yo…

─Eres mi mejor amigo, Takeru… Eres el hermano de Yama… Por favor, respeta mi decisión. Tú mejor que nadie debería entender los sacrificios que hace uno por amor ─Golpe bajo. Ella lo sabía, sabía toda su historia y lo conocía mejor que nadie.

Takeru aspiró profundo y asintió.

─Lo lamento.

─Tranquilo ─La vio colocando el preparado en un recipiente que iría al horno─. Ah que no adivinas con quiénes me encontré por Kyoto.

─¿Ese pastel viene con destinatario? ─Mimi asintió con una gran sonrisa.

─Kou-chan y Jyou-sempai ─Takeru no disimuló la sorpresa─. Ésta noche iremos al departamento de Jyou para brindar por mi llegada. Ya sabes, les obligué a hacerme una fiesta de bienvenida.

─Claro que lo hiciste ─Sonrió─. Así que, ¿qué cuentan ellos? No hemos sabido absolutamente nada de ninguno por, ¿cuánto? ¿siete años?

Mimi asintió. Ella ingresó al horno encendido el recipiente con su preparado y lo cerró para después tomar su teléfono y sentarse en la silla del comedor que contaba la casa de sus padres.

─Koushiro trabaja como desarrollador de aplicaciones en una empresa de tecnología, me lo encontré en Odaiba en una ocasión, viaje de negocios, ya sabes ─Takeru escuchaba con atención sus palabras, se la notaba entusiasmada, el atisbo de tristeza que reconoció momentos atrás cuando hablaban de Yamato, desapareció ante la mención de Izumi─. Y bueno, de Jyou no se mucho, si te soy sincera. Kou-chan me habló un poco, está comprometido y vive con su novia en un departamento un poco lejos de aquí, pero Kou-chan pasará por mí e iremos a visitarlos.

─Al parecer tu ida a Kyoto no vino para nada mal.

─Las circunstancias no son las mejores, pero me alegra tanto que ellos estén cerca ─Se la notaba feliz y Takeru sonrió a su par.

Esa noche, ella iría a cenar con Izumi Koushiro y Kido Jyou, estaba más que feliz por ella por el modo en el que ella lucía, un poco menos triste. Esa noche, él iría al departamento de Yamato y Hotaru para ver películas y pedir pizza para cenar.

Ambos tenían planes un viernes por la noche, pero ella seguía estando lejos y Yamato seguía estando deprimido.

Tocó el timbre de la casa y escuchó la voz de Hotaru desde dentro, sonrió sosteniendo su disco externo con 1 terabyte lleno de películas que le había dicho a su sobrina para ver. La puerta fue abierta y la vio sonriente.

─Take-nii, ¿trajiste las películas?

─No me dejarías pasar si no lo hacía ─Ella echó a reír─, no podía correr el riesgo de comer pizza y ver películas contigo.

Ella lo dejó pasar y él no necesitó preguntar por su hermano a la pequeña, después de todo, verlo sentado en el sofá de dos cuerpos, cambiando el canal como si fuese un deporte olímpico, le explicó hasta el estado de ánimo del mismo.

─¿Mucho tiempo lleva ahí? ─Preguntó Takeru entonces, su sobrina se encogió de hombros.

─Desde que volvió del trabajo.

─Bien, supongo que nos toca a nosotros hacerle cambiar de ánimo, ¿no crees? ─Hotaru asintió entusiasmada.

Pero antes de que la niña se dirigiera a su papá, Takeru tomó su hombro, llamando su atención. Hotaru lo miró curiosa y él guardó silencio un momento, maquinando algo en su cabeza.

─Hotaru ─Llamó su tío─, creo que tengo una idea.

─¿Para la película? ─Él negó.

─¿Quieres que Mi-chan regrese con nosotros? ─Los ojos azules de la niña se iluminaron entonces. No necesitó decir mucho más, tenía a su sobrina de su lado y haría todo lo posible para que Yamato y Mimi vuelvan a estar juntos.

Así deje de llamarse Takaishi Takeru.