Disclaimer: los personajes de Stephenie Meyer y la historia de mi calenturienta mente.

Capítulo Beteado por LuluuPattinson :3

Gracias a Mary de Cullen, Krisr0405, Maria, Mela Masen, Miss C, Kimmy, Tary Masen Cullen, Nadiia16, Andy55TwilightOverTheMoon, andreasotoseneca, Leah De Call y Andre22-twi por sus reviews a lo largo de estos one-shots. También a todos esos reviews anónimos, y a mis chicas silenciosas :)


Bella POV:

- Chicas, prepárense, tienen un cliente – nos informó Esme, la madame de nuestra casa de citas.

Y sí… Soy una prostituta. No es un insulto para mí, es como llamar panadero a una persona que hace pan o modista a una persona que cose vestidos.

Trabajo en un bar de copas en el que nos paseamos en ropa sugerente, interactuamos con nuestros clientes y tenemos sexo con ellos en las habitaciones encima del local. Somos un total de 10 chicas: Tanya, Carmen, Irina, Kate, Alice, Rosalie, Jessica, Lauren, Ángela y Tia.

Nuestra madame, o "mami" como la llamamos nosotros, es Esme Cullen. Ella es la que nos cuida y lleva a cargo este negocio. Nosotras nos ponemos los horarios y damos la parte que le corresponde de nuestro servicio. Acudimos a ella con cualquier problema y nos da el amor que muchas de nosotras no hemos tenido nunca. Está casada con Carlisle Cullen, dueño de una empresa multinacional. Es cliente habitual en el bar, ha estado con alguna de las chicas e incluso ha estado con su esposa y alguna de ellas a la vez. Tienen un matrimonio liberal y son uno de los mejores matrimonios que he visto. Cada persona tiene su visión del amor, opino yo.

Tienen un hijo que se llama Edward pero jamás ha aparecido por aquí. Ha estudiado en escuelas privadas de Canadá y ahora estudia medicina, está haciendo su residencia. Sabe del trabajo de su madre, pero nunca le hemos visto por aquí, ni siquiera en foto.

Volviendo a la realidad, nos colocamos todas en fila para ir entrando a la habitación a saludar al cliente. Yo hoy solo llevo el sujetador puesto debajo del vestido, así que mi próximo cliente se llevará una sorpresa.

Van entrando las chicas hasta que llega mi turno. Es un chico afroamericano de unos 30 años que dice llamarse Black. Le ofrezco mi saludo y él besa mi mano caballerosamente. Salgo de la habitación para que el resto de chicas haga su paseo y nos informen cuál es su elegida.

- Creo que me va a elegir a mí – anuncia soñadora Rose – nunca he estado con un afroamericano.

- ¡Ni lo sueñes! – le rebate Jessica, mientras se reajusta su vestido de licra rojo – yo voy a ser la elegida.

Se callan cuando Esme entra en la habitación y detrás de ella su marido. La verdad es que es todo un partido, y no me importaría hacerle un par de favores… Pero nunca he cruzado con él más de un par de saludos y alguna conversación banal.

- Bella, eres la elegida por el señor Black. – Anuncia Esme y me dispongo a realizar mi servicio – debes estar en 10 minutos en la suite 328.

- Pórtate bien, es un cliente importante – me informa Carlisle, y yo solo asiento. Es el sueño de cualquier chica que le ponen los maduritos… Como a mí.

Llego a la suite y me coloco sobre la cama, esperando a mi cliente. El señor Black entra desabrochándose la corbata y la deja junto a su chaqueta en el perchero. Se sienta frente a mí con una sonrisa que puedo notar es nerviosa.

- ¿Tu primera vez? – le pregunto, pero niega con la cabeza - ¿Entonces qué son estos nervios?

- Quiero pedirte algo que no muchas chicas están dispuestas a hacer… Quiero que me penetres analmente. Te he elegido a ti porque según Esme tú realizas todo tipo de servicios.

Le miro tranquilizadoramente.

- Haré todo lo que tú desees – le tranquilizo – sin juzgar ni nada. No eres el primero culo masculino que penetro.

Se coloca sobre mí y comienza a besarme suavemente, perdiendo un poco los nervios. Le dejo llevar el control hasta que esté más tranquilo y comenzaré a ser yo quien marque el ritmo. Le voy guiando hasta que queda tumbado en la cama. Comienzo a bajar mis besos por su mandíbula hacia su pecho y observo que ya se encuentra duro y goteando un poco de líquido pre-seminal.

- Voy a por unas cosas, espérame aquí mientras te acaricias – le ordeno, y asiente fervientemente.

Tomo del armario el dildo con arnés, el bote de lubricante y algunos condones por lo que pudiera pasar. Volví para ver al hombre obedeciendo mis órdenes.

Le indiqué que se colocara en cuatro mientras me abrochaba el arnés y lo hizo. Me arrodillé detrás de él y para romper el hielo tomé sus testículos desde esta posición y lo escuché gemir suavemente. Llevé mi mano a su miembro y lo acaricié un par de veces mientras que con la otra mano dirigí el dildo hacia su entrada trasera. Me recibió sin problemas, a pesar de no haber lubricación en esa zona. Fui penetrándolo suavemente hasta que me tomó completamente. Comienzo a bombear suavemente, con estocadas profundas y voy aumentando el ritmo conforme sus gemidos suben de volumen y veo cómo su miembro palpita, y llevo una mano para bombearlo.

El señor Black está disfrutando de lo lindo, y continúo así hasta que se corre sobre las sábanas y observo fascinada. Me encanta ver a un hombre correrse y poner todo perdido de semen. Si ya añadimos que el semen caiga sobre mí… Ni hablamos.

Salgo de él y dejo el arnés en el carrito de lavado y desinfección. El señor Black entra al baño a limpiarse y asearse para volver a su realidad después del orgasmo que le he dado. Sale 20 minutos más tarde y me paga mis honorarios. Como despedida, me besa en los labios de tal forma que me pone cachonda en un segundo, y se marcha. Antes de salir, y viendo el calentón momentáneo busco el filo de la cama y rozo mi coño con él hasta que me corro.

Me visto y abandono la habitación, colgando el cartel de "Por favor limpiar" para que sea arreglada para futuros clientes y me dirijo hacia el comedor donde están todas las chicas. Puedo observar que están todas nerviosas y alteradas.

- ¿Me he perdido algo, niñas? – comento mientras saco algo de picar.

- Está aquí el hijo de mami y Carlisle – suelta Tanya – y está como un puto tren.

Mis ojos se abren como platos. El perdido hijo de nuestra madame aquí.

- Me estás jodiendo - le digo, y ella niega con la cabeza.

Me siento con mi bolsa de cheerios en el sofá para ver algo de tele y el resto de chicas me imita, ya que todas tenemos un rato libre. Oímos que tocan a la puerta y aparece un PUTO DIOS GRIEGO DE PELO COBRIZO. Por la cara de las chicas, debe ser el famoso hijo de los señores Cullen. Virgen santísima.

- Hola, chicas – nos saluda amablemente – vengo a compartir un rato con vosotras… ¿No os importa, verdad?

Se escucha un coro de "para nada" "siéntate" y "estás en tu casa" pero yo aún no puedo responder. Tengo el corazón en la garganta latiendo fuertemente y la boca seca. Es el hombre más precioso que he visto en mi vida con ese cuerpo de infarto y lo que parece ser un tatuaje que asoma por el cuello de su camiseta blanca de algodón. Creo que me acabo de enamorar a primera vista, sí señor.

Se sienta en medio del sofá, rodeado de las chicas. Para desgracia mía, que estoy sentada en uno de los extremos. Comienza a charlar con las chicas pero yo he perdido mi capacidad de hablar, estoy muy nerviosa.

Dios mío, es guapísimo. Y yo tan insulsa y del montón. Seguro que prefiere estar con chicas como Rose y Tanya que son auténticas modelos con curvas…

Vuelvo a la realidad cuando Kate me da un codazo y por lo que veo el hijo de los señores Cullen está preguntándome algo.

- ¿Perdón? – digo, roja de la vergüenza.

Se ríe, y esa risa va directamente hacia mi ropa interior, dónde noto un tirón.

- Preguntaba si eres muda, ni te has presentado.

- Yo, em… No, no soy muda – contesto, y le extiendo la mano para un saludo – Soy Bella, encantada.

- El gusto es mío – dice, y besa mis nudillos. A esta altura, mis bragas son una piscina. Las chicas observan todo con sonrisitas de suficiencia – Edward Cullen, aunque eso ya creo que lo sabes.

Continúa la charla entre todas con el hijo de los jefes pero no intervengo mucho porque Edward me tiene totalmente intimidada. Intento ver la tele o fingir como que la veo sin que se note de cómo me como a Edward con los ojos.

Tras un rato de charla, me despido para prepararme, pues tengo mi cliente fijo de las 8 de la tarde: Aro. Es un hombre de unos 50 años con pelo largo y piel pálida, y me paga para estar exclusivamente para él a esta hora todos los días. Tengo que decir que la edad le sienta de lujo; es guapísimo y folla como los dioses.

Me coloco uno de sus conjuntos favoritos, de leopardo. Un brevísimo sujetador, una minúscula tanga y una serie de cinturones por mi estómago. Me hago una coleta alta y un maquillaje suave con un delineado en los ojos y me siento a esperarlo, consultando mi móvil mientras.

Recibo un mensaje suyo, disculpándose porque hoy va a llegar más tarde de lo debido por tener que recoger a una de sus hijas de un cumpleaños. Impaciente, decido ir a picar algo al salón.

Cuando estoy rebuscando en la alacena algo decente que llevarme a la boca, porque estas chicas devoran todo lo que hay a su paso, escucho como alguien deja caer un plato junto con una maldición, y me giro asustada.

De pie en medio de salón están nada más y nada menos que Carlisle y Edward viéndome con total asombro, y tras un segundo soy consciente que me estoy paseando casi desnuda delante de ellos.

- ¿Estás con un cliente, querida? – me pregunta Carlisle saliendo de su estupor mientras su hijo no ha hecho contacto visual conmigo y recoge lo que ha dejado caer.

- Oh… Yo estoy esperando a mi cliente habitual pero se ha retrasado y quería comer algo… No era consciente de mis pintas… Perdónenme – me disculpé, sonrojándome.

Carlisle se ríe despreocupadamente mientras noto las orejas de su hijo de color carmesí… El dios griego avergonzado, es adorable.

- Dime una cosa, muñeca – me corta Carlisle – creo que tú y yo nunca hemos tenido una conversación… Privada. ¿Me equivoco?

Mi sexo tiembla de anticipación. Sé a lo que se refiere con conversación privada y nunca he tenido el gusto de follármelo. Y por lo que dicen las chicas, su miembro es grande, duro y deja en ridículo a cualquier vibrador que exista hasta la fecha.

Pasé por el lado de ambos y me senté en medio del sofá, invitándolos con la mirada a acompañarme. La idea de follarme a padre e hijo rondaba mi cabeza cada vez con más fuerza. Nada más de pensar en esos dos miembros llenándome… Gah, voy a empapar el sofá.

- No, la verdad no he tenido el gusto – dije mientras descruzaba las piernas lentamente y me mordía el labio inferior. Vi como sus ojos se oscurecían.

Carlisle se sentó a mi derecha y vi cómo ordenó a su hijo que se sentara al otro lado mío. El pobre chico no sabe dónde meterse.

- Dime, Bells… Mejor dicho, dinos cómo te gustan de profundas las conversaciones – dijo Carlisle aflojando su corbata y desabrochando los primeros botones de su camisa.

¿Quieres jugar? Juguemos.

- Me gustan muy grandes… Imposiblemente grandes y largas, de esas conversaciones que llenan por completo y dejan con ganas de más y más – dije sugerentemente, pasando mi mano por su muslo, sin llegar a tocar su sexo.

- ¿Sí? – pregunta roncamente – Yo tengo una conversación de ese tipo, justo en mi entrepierna – dice mientras me pasa la mano por el cuello y la espalda hasta delinear la curvatura de mi culo. A su paso, va dejando mi piel de gallina.

- Necesito ver eso con mis propios ojos… Las conversaciones de ambos – digo mirando a su hijo, quien tiene ya una evidente tienda de campaña en su pantalón.

Me arrodillo delante de ellos, y con un ademán de mano les señalo que se sienten pegados. Ambos obedecen mientras bajan sus pantalones y bóxer hasta sus tobillos, liberando sus erguidos penes.

Observo que el de Carlisle es brutalmente grande y grueso, por un momento pienso que me puede doler… Pero el de su hijo tampoco se queda atrás, totalmente heredado de su padre, sí,señor.

- Desnúdate – me ordena el hijo y yo como buena puta, obedezco. Llevo mis manos atrás para desabrochar el insulto de sujetador que llevo y lo dejo caer. Decido dejar mis correas pero sí me pongo de pie para bajar mi tanga y con un paso salgo de él. Ambos tienen sus manos en sus respectivos miembros y se acarician.

- Una diosa… una puta diosa – proclama el padre, y me humedezco más si es posible.

- Totalmente de acuerdo, papá – concuerda el hijo.

Me acerco hacia donde están ellos y me arrodillo, maravillada por los penes más hermosos que he visto en mi vida. Ellos se están acariciando mientras miran mi cuerpo, y me siento como una obra de arte expuesta para ellos. Me siento en el suelo, apoyada en mis manos atrás y abriendo mis piernas para dejar ver mi sexo brillante.

- Mira, hijo – dice Carlisle – mira qué coñito brillante y empapado por nosotros.

Su hijo asiente mientras empieza a bombear más fuerte.

Abruptamente, Carlisle se pone de pie y me levanta con una mano para colocarme delante del sofá, agarrada al filo del sofá y totalmente expuesta para ellos.

- No puedo esperar… Necesito correrme dentro de ti, pequeña. Me tienes loco desde que te vi por primera vez con tu aura de inocencia.

Arremete sin piedad su pene dentro de mí, arrancándome un gemido notablemente alto, y me penetra salvajemente. Edward se coloca detrás del sofá de pie, y tengo su miembro a la altura de mi cara, mientras se masturba.

El ritmo frenético de embestidas de Carlisle me tiene hecha un amasijo de carne gritona a su merced.

- ¿Qué eres? Solo una puta. Mira cómo estás a nuestra merced… ¡Dilo! ¡Maldita sea, dilo! – me ordena.

- ¡Lo… soy! ¡!Maldita sea, lo soy! ¡Ssssiií! – gimo incontrolablemente.

Los movimientos de Edward se incrementan y se viene en mi cara con largos chorros, algunos cayendo sobre mi pelo. Recojo con mi lengua el semen cercano a mi boca mientras siento la corrida de Carlisle dentro de mí, llenándome, lo que me lleva a mi orgasmo.

Los tres acabamos tirados en el sofá recuperándonos de este increíble polvo, de los mejores de mi vida. Mientras Carlisle se viste, limpio mi cara y pelo con la ayuda de Edward. Una vez que he terminado, me atrae a sus brazos para besarme castamente, sentándome sobre él. Paso mis brazos por su cuello, correspondiendo su beso con ganas.

- Me encantas – me dice una vez hemos terminado la sesión de magreo adolescente - ¿Saldrías en una cita conmigo?

Le miro. Me mira con ojos tiernos y dulces, y literalmente me derrito sobre él. ¿Se puede ser más adorable? Juro que no.

- Dime dónde y cuándo, y allí estaré – le contesto como promesa de que esto no ha sido simplemente un polvo.

FIN


¡Hola a todas! Espero que estéis en casa a salvo de toda esta locura que ha traído el coronavirus a nuestras vidas. Ante todo no salgáis de casa para nada y a cualquier síntoma llamad por teléfono a hospital/centro de salud más cercano. Miles de besos para todas 3