Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K Rowling.
Hola queridos lectores: Espero que estén muy bien, estaba muy insegura por este capítulo, pero Yoe además de ayudarme a betearlo me dio más confianza, ¡gracias por eso linda! Un saludo especial para cuqui. luna. 3 aprecio mucho tus comentarios. Cuídense mucho, les mando un abrazo.
OoOoO
Brownie de chocolate
Observé la figura de Ron alejarse rápidamente, por el estrecho pasillo que conducía hasta el interior de la cafetería, estaba por seguir sus pasos cuando el brazo del rubio me lo impidió cruzándose en mi camino, levanté la vista hacia su rostro buscando una explicación, totalmente confundido por el gesto. La expresión en su rostro parecía sombría, dudo haberla visto con anterioridad alguna vez, me preocupe de inmediato.
—¿Está todo bien? —tanteé, buscando su mirada que por alguna razón mantenía oculta de la mía.
—¿Qué estaban haciendo? —preguntó de nuevo y, por el tono de voz, esta vez parecía exigir una respuesta concreta.
—Ronald vino a tirar la basura y yo a fumar un cigarro —expliqué comenzando a sentirme culpable, como si yo hubiera hecho algo malo, aún sabiendo que no era así.
—A mí me pareció más bien que estaban abrazándose —dijo con reproche, mirándome por primera vez, atento a cualquier cambio en mi rostro.
Al escucharlo decir esas palabras una idea, un poco descabellada, cruzó por mi mente, entonces sonreí con petulancia. Si tenía razón, las cosas se estaban tornando un poco más interesantes, y si no… Bueno, igual podía ilusionarme por un rato.
—¿Estás celoso? —pregunté en tono juguetón.
Draco soltó un respingo y dejo caer la mano que estaba sobre el marco de la puerta, su níveo rostro adquirió un tono rosado en las mejillas, y sus ojos esquivaron con desesperación los míos; apretó las manos a sus costados antes de exclamar.
—¡Ja! ¡Eso quisieras Potter! —Se dio la vuelta resuelto a marcharse, refunfuñando algo acerca de que "odiaba a los que solo querían hacer los que se les diera la gana".
Me adelanté algunos pasos, luego giré mi rostro y le sonreí ampliamente, haciendo lo posible por ser pícaro y coqueto.
—La verdad es que sí, es exactamente lo que quisiera —dije y me apresuré a la sala principal, sin quedarme a ver la reacción del rubio.
Cuando lo vi salir, él había recuperado su estado de animo usual o eso fue lo que pensé…
El turno de la tarde pronto se volvió una pesadilla, el local se llenó en un abrir y cerrar de ojos, tan rápido que apenas podía procesarlo; las ordenes se confundían en mi cabeza y mi caligrafía no ayudaba a esclarecerlas. Así que ahí estaba yo, delante del punto de venta para procesar las ordenes, intentando averiguar si había escrito leche descremada o deslactosada, que para mí eran lo mismo, pero que al parecer había un mundo de diferencia entre ellas, cuando el grito de Ron me sacó de la interpretación de mis jeroglíficos.
Giré mi cabeza lo más rápido que pude en su dirección, Ron parecía estarlo pasando peor que yo, estaba tan apurado esforzándose porque las órdenes no se le acumularan, que descuidó la leche para la espuma de los capuchinos, la cual hirvió de más y se derramó al desbordar la jarra. Nervioso, y seguramente por puro instinto, tomó la jarra con la mano desnuda, lo cual produjo una quemada y su grito de dolor.
—¿Estás bien? —pregunté enseguida, corriendo a ayudarlo sin pensarlo.
—Si, no pasa nada —contestó Ron limpiando con un trapo la leche derramada, tratando de no prestarle atención a su mano herida.
—Déjame ver tu mano —pedí.
Mi mejor amigo extendió la mano hacia mí, la tomé con delicadeza para examinarla, no parecía nada grave, solo un leve enrojecimiento. Pensé que con un poco de hielo o metiéndola en el agua del grifo, pasaría el dolor, pero antes de exponerle alguna de las ideas, Draco Malfoy apareció de la nada.
—Ve a curarte, yo hago los cafés —dijo Draco, el susto que me provocó su repentina aparición, causó que soltara la mano de Ron como si quemara. Pude sentir mi cara arder ante su mirada pesada en mí.
Me miró levantando una ceja, me disculpé en voz baja sin saber muy bien por qué, y apreté en la pantalla la opción que decía leche deslactosada y descremada, escondiendo mi mirada de la suya. A medida que avanzaba la tarde, la cosa no mejoró pues, más y más niños entraban por la puerta disfrazados de sus monstruos favoritos, era de conocimiento de todo el pueblo que en esa cafetería se repartían los mejores dulces, además todos querían ver al apuesto ángel sonreírles y darles chocolates.
—¿Todavía te arde? —cuestioné a Ron mientras esperaba una orden de brownies.
—No mucho —contestó él, encogiéndose de hombros para restarle importancia.
Me agradaba que pudiéramos volver a hablar con normalidad, fue por eso que una sonrisa sincera apareció en mi rostro, casi sin proponérmelo, apoyé mis codos en la barra a la vez que mis manos se apoyaban en mis mejillas. Estaba aliviado de volver a tenerlo en mi vida como antes.
—¡Weasley! —La exclamación repentina me hizo dar un pequeño salto y a Ron también— ¿Por qué no te encargas tú de repartir los dulces en la entrada? Así evitamos que muchas personas que no consumen aquí entren y obstaculicen el camino —pidió Malfoy desde su lugar en la caja registradora, de nuevo se lo notaba malhumorado.
—Pero los cafés… —comenzó a decir el pelirrojo confundido, Draco solo lo miró con ira, impidiéndole continuar hablando.
—Ya los hago yo, ve —insistió el rubio.
Esa era la segunda vez que se ofrecía a hacer el trabajo de Ron, algo raro estaba pasando, lo sabía, lo que no terminaba de entender era "qué y por qué"; dudaba mucho que lo hiciera por buena voluntad, se notaba que el rubio no era de los que hacen favores, y menos a Ron. Al notar mi mirada escrutadora, Draco me soltó un déspota:
—¿Qué?
—Nada —respondí y seguí con mis actividades esforzándome por no buscarle explicación a su comportamiento.
Al final del día estaba exhausto, me dolían los pies y sentía los hombros tensos, me senté unos momentos en el sillón y cerré los ojos, era lo mínimo que necesitaba para lograr irme a casa. Escuché a los demás alistarse para irse, el ruido de los arneses chocar contra el suelo fue lo único que pude escuchar por un buen rato; seguido de los casilleros abrir y cerrarse, gente entrando al baño y entre otras cosas sin importancia.
—¿No te vas, Harry? —preguntó Cho.
—Solo voy a descansar unos minutos —respondí aun con los ojos cerrados.
—Bueno, me voy ya que mi novio me espera, adiós —se despidió la muchacha.
—Adiós, Cho, te veo el lunes —dijo Ron.
—¿Qué haces ahí parado, Weasley? ¿no te piensas ir? —escuché que decía Malfoy con la voz más cortante que le había escuchado nunca.
Ron se aclaró la garganta.
—¿Y tú? —preguntó, aunque yo diría que más bien gruñó. ¿Qué pasaba con esos dos?
—Tengo que cerrar el local y no puedo hacerlo si sigues aquí.
—Me voy, entonces —respondió de mala gana.
Sin embargo, no escuche que él se alejara, al contrario, todo había quedado en completo silencio.
—¿Qué esperas? —se impacientó Malfoy.
Escuché a Ron refunfuñar como solía hacerlo siempre que estaba molesto, estuve seguro que estaba maldiciendo en su mente.
—Harry.
Estaba tan cansado que no quise abrir los ojos, así que solo murmuré un "¿ummm?" para que supiera que lo estaba escuchando. El trabajo del día y que mi mamá me haya despertado en la madrugada no ayudaban con mi cansancio, necesitaba llegar a casa para poder dormir, pero aún no tenía la fuerza necesaria ni para abrir los ojos.
—Dijo mamá que puedes pasarte a comer mañana si quieres, yo tengo una cita, pero deberías ir a la madriguera para que no te sientas solo —dijo Ron.
Volví a murmurar un "Ujummm" ya más dormido que despierto.
—Adiós, Weasley —cortó Draco.
—Adiós —se despidió el pelirrojo.
Lo último que escuche fue el sonido de la puerta al cerrarse. Sabía que si no abría los ojos quedaría profundamente dormido, pero ya había llegado al punto de no retorno; seguramente Draco estaba a punto de echarme de ahí para poder cerrar e ir a casa, pero sinceramente no me importaba que lo hiciera, podía regañarme, decirme pesado, o incluso amenazarme con echarme. Simplemente podía hacer lo que él quisiera, ya no me importaba, el cansancio estaba ganando la batalla y comenzaba a sentirme muy cómodo en el sillón.
Justamente cuando tuve ese pensamiento, algo suave y un tanto frío tocó mis labios, no le di mucha importancia hasta que ese "algo" hizo un movimiento menos delicado, obligándome a responder el gesto y abrir mi boca; dejando ingresar a ella algo húmedo y aterciopelado. Continúe respondiendo, acariciando el terciopelo con mi propia lengua, la combinación de calor y frío era embriagante, era increíble que algo tan frío me llenara de tanto calor. La sensación desapareció tan pronto como apareció, dejándome con ganas de más, quería decirlo, pero mi consciencia me abandonó, y caí en un profundo sueño.
