Sin las constantes visitas de Yurio y sin su mejor amigo rondandole cada cinco minutos el día se le había hecho eterno y muy monótono. No quería admitirlo pero Yurio si que le había echo falta.
Y justo cuando estaba por irse a su casa su celular comenzó a sonar. Y al ver de quién se trataba inevitablemente una sonrisa cruzo por sus labios.
Había llegado a la conclusión de que si no amaba a Yurio ya, muy pronto terminaría completamente y perdidamente enamorado de él, pero antes de que eso ocurriera quería contarle sobre su pasado. Quería que conociera esa parte de su vida y de esa forma poder estar seguro de que se quedaría a su lado y no sería lastimado una vez más como en el pasado.
Quería no contarle pero debía de hacerlo. Lo sabía.
—No creas que porque estás suspendido no te regañare —dijo en cuanto contesto escuchando un bufido de fondo, logrando que una suave risa abandonará sus labios.
—¿En serio será eso lo primero que me vas a decir?
—Si —dijo caminando por el segundo piso, mirando de reojo por la ventana—, ¿Aún te duelen los moretones?
—El de la mejilla ya bajo un poco y mi labio, bueno... Las clases de besos tendrán que esperar hasta que sane.
—¿Solo piensas en besarme? —peegubto entre divertido y curioso
—No se puede evitar, besas jodidamente bien.
—Ese vocabulario —reprendio de inmediato bajando las escaleras—, que sea tu novio no quiere decir que te permitire hablar de manera vulgar.
Otro resoplido seguido de una risa se escucho del otro lado del teléfono.
—Quiero verte.
Eso le tomo por sorpresa.
—Yo también, de alguna manera me pase todo el día pensando en ti —confeso con media sonrisa.
—¿¡Porque fui suspendido!?—se quejo desde el otro lado del celular.
—¿Quieres que te lo recuerde? —dijo en tono divertido.
—No gracias.
—¿Que te parece si nos encontramos más tarde? Necesito hablar de algunas cosas contigo—dijo deteniendo se fuera de la escuela.
—¿Dónde?
Una suave sonrisa se posó en los labios de Katsuki Yuuri.
Había llegado la hora. Una puerta que juro mantener cerrada para siempre bajo llave,volvería a ser abierta. Solo esperaba que en esta ocasión las cosas fueran diferentes.
—¿Conoces el café que está a unas cuadras del parque?
