Intimidad (Parte I)

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- Si existe algún responsable por esto, encuéntralo. - sentenció Sasuke a Naruto antes de dirigir su marcha hasta la frontera de Konoha, dejando a un ofuscado Hokage sumido en la culpa.

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El médico se retiró de la habitación rápidamente una vez hubo terminado su ronda habitual. Sin embargo aquella mañana, a diferencia de ocasiones anteriores, Sakura lo observó por primera vez durante los últimos instantes antes que éste hubo abandonado el cuarto, aquel muchacho parecía simple y agradable. La pelirosa no pudo evitar lamentar su mala educación durante los días anteriores al no inmutarse por la presencia ni las atenciones de sus pares; Físicamente el hombre lucia fuerte y compuesto, su cabello castaño caía sobre su protector frontal rozando el límite de sus párpados superiores, poseía además unos ojos tan oscuros como la noche misma enmarcados en un rostro de rasgos bien definidos y una mirada comprensiva. Parecía incluso más joven de lo que debía ser.

Sakura se desconoció a si misma recién notando a esa altura los rasgos físicos de las personas que la habían cuidado durante aquel tiempo, si bien ya habían transcurrido tres días y su corazón aún latía intranquilo ante la ausencia en su vientre, aquel alto a su estado de estupor solo desataba más aún la culpabilidad taladrante en su pecho. Lo extrañaba, extrañaba la sensación de compañía proveniente del calor en su interior y la esperanza creciente en su alma. Lo amaba antes de haberlo conocido. Pensaba en cómo habría de ser, su cabello y sus pequeñas manos; se torturaba imaginando el aroma de sus pies y la suavidad en su guatita. Asimilar que todo aquello ya no sería posible y pasaría a ser parte de un sueño, parecía un dolor no contemplado, un nuevo sentimiento nunca antes vivido, ni en la guerra, ni en el pasado, aquella nueva sensación solo se asemejaba a un estremecimiento de imprudencia naciente desde lo profundo de su corazón.

Nadie podría sufrir con tal intensidad su dolor ni lamentar tan profundamente su pérdida, porque aquel pequeño había sido un espejismo entre el mar de arena que albergaba en su vida, aquella sequía intermitente en la que Sasuke representaba el agua del oasis carente de realidad y con nula estabilidad, aquella agua que solo producía más sed en su interior resaltando la necesidad de beber sin interferencia, una sed nueva y aterradora.

- Sakura- Sama no ha desayunado otra vez - conjeturó despacio el hombre de pie frente a la camilla mientras introducía sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón ninja haciendo a un lado el delantal que traía abierto sobre su chaqueta jounin característica del país del rayo.

- No me siento muy bien - susurró la pelirosa levantando la vista ante la sorpresa que le proporcionó notar que el joven médico había regresado nuevamente a la habitación.

Lo observó durante algunos minutos esperando alguna respuesta, tal vez imaginando que simplemente había olvidado algo en el cuarto pero como en cada ronda el hombre solo giraría en sus talones y saldría de la habitación para continuar con sus otras visitas; Durante aquellos instantes no pudo evitar analizar la mirada transparente con la que era confrontada, se preguntó cómo era posible que unos ónix tan oscuros como los de Sasuke pudieran asemejarse a la mirada inocente de un niño, aún más teniendo en cuenta que aquel sujeto tendría a lo menos 35 años. Más aún incluso cuando las cejas del castaño se encontraban curvadas en una clara señal de descontento.

- ¿Nos conocemos de algún otro lugar? ¿has regresado por algún motivo? - preguntó la pelirosa incorporandose en la cama.

El chico sonrió amablemente exponiendo una sonrisa sincera y borrando toda mueca de enfado.

- No, no... - negó mirando las baldosas en el piso- pero admiro mucho el trabajo de Tsunade- Sama y por supuesto a usted - habló avergonzado- tuve la oportunidad hace ya bastantes años de ver actuar a su maestra y a Shizune- san retirando insectos explosivos - habló rápidamente- yo en ese entonces era solo un novato.

Sakura lo observó dispuesta a prestarle por primera vez su atención.

- Realmente yo la admiro Sakura-sama, es todo lo que un ninja médico desea ser – confesó suavemente- por eso no me puedo mantener ajeno a lo que está ocurriendo. - suspiró ofuscado- su salud física no es lo que me preocupa.

La mujer lo observó atónita intentando reconocerse a sí misma a través de lo oído. De pronto se sintió ajena a toda aquella admiración, un poco atada entre un limbo repentino donde su definición se perdía entre la nebulosa de los últimos acontecimientos.

- Me alagas, eres muy gentil. Pero por favor sin formalidades, solo llámame Sakura – habló instaurando la misma calma desprendida por el tono del hombre a lo que él asintió observando fijamente un punto vago a los pies de la marquesa.

- Me puedes llamar Amai - habló él suavemente- al fin podemos presentarnos adecuadamente.

La pelirosa le dedicó una sonrisa, sin embargo Amai pudo notar que aquella dulce mirada no evidenciaba ni un rastro de felicidad.

- Siento mucho lo ocurrido, yo nunca he tenido hijos pero si los tuviera... - el hombre dudó sobre sus palabras - si me hubiese ocurrido a mí, estaría aquí desde el primer momento -habló firmemente- no deberías estar sola en esto.

La mujer sintió como una punzada atravesaba su pecho.

- No lo comprenderías - habló Sakura inmediatamente.

- Es lo que veo, no deseas hablar con Ino-san y menos aún recibir visitas de Konoha siendo que estamos a un día de distancia – conjeturó el castaño acercándose hasta la camilla- no deseas comer y ya han pasado 3 días.

- Estás siendo grosero - objetó las pelirosa mientras montaba en sus piernas la bandeja con el desayuno que se encontraba sobre su velador a un costado de la camilla.

Amai avergonzado miró hacia la puerta de salida.

- Admiro mucho tu trabajo, y en estos tres días he descubierto que la mujer tras la fama es incluso más increíble - habló el castaño recuperando la calma – así que tienes razón, no comprendo por qué insistes en estar sola y no permitir que nos contactactemos directamente con él.

Sakura lo observó con los labios entre abiertos sin saber qué decir, de pronto el muchacho no solo le pareció de mirada transparente sino holgadamente sincero en su hablar.

- Lo siento, no quise ser grosero. – habló nuevamente el hombre bajando el tono en su voz y cruzando ambos brazos sobre su pecho.

La pelirosa lo observó entrecerrando los ojos, ciertamente no deseaba su compañía, no necesitaba conversar sobre trivialidades aunque agradecía sus muestras de admiración, sin embarg, se reprendió a si misma por la actitud descortés de los días anteriores, obligándose a entablar una frase clara pero amable.

- Un médico no debería sacar tantas conjeturas - cuestionó Sakura- ni involucrarse en los asuntos amorosos de mujeres desconocidas – soltó señalando el anillo en la mano del castaño.

Amai sorprendido sonrió ante lo deducido.

- no, no tengo nada serio a decir verdad - respondió masajeando el anillo en su dedo anular.

- ¿Nada serio eh? Y con el anillo en tu dedo dices eso - susurró la pelirosa- ustedes en el país del rayo son muy liberales - soltó alzando las cejas mientras introducía un trozo de pan en su boca intentando desenfocar la atención de su persona.

El hombre soltó una carcajada nerviosa achinando los ojos.

- no, no es lo que quise decir - corrigió - pero qué mala impresión he dado. No intento coquetear, mi interés por tu bienestar es absolutamente genuino. - aclaró dejando caer ambas manos a sus costados.

- Creo que tampoco quise generalizar - habló la pelirosa tomando un sorbo del zumo de naranja luego de un perturbador silencio.

- Estuve casado - confesó él rompiendo el mutismo- ella falleció y desde entonces todo parece bastante banal – se sinceró mientras su mirada se tornaba un tanto inexpresiva- mi historia no es un secreto por acá.

Sakura detuvo el camino hasta su boca del trozo de pan en su mano, observó al castaño nuevamente intentando descifrar el porqué de aquel atisbo de confianza no correspondida.

- Lo siento – habló la pelirosa al notar la incomodidad en el hombre parado frente a su cama - Entiendo tu interés por mi soledad en este país - dijo tras un suspiro- pienso hablar con Sasuke en casa, si es a quién te refieres.

El rostro de Amai de tornó serio al escuchar aquel nombre.

- Solo se me ocurren un par de razones por las que no desearías verlo por acá - soltó el castaño totalmente estoico.

Sakura abrió los ojos sorprendida, aquella conversación se estaba tornando extrañamente demasiado personal.

- Amai, No le temo a Sasuke, si él no ha venido es porque permanece en Konoha cuidando a nuestra hija - corrigió Sakura al notar su impertinencia, consciente de que aquello no era del todo falso.

- Ya veo... lo siento - se disculpó tras una reverencia- medicamente no puedo hacer mucho más, pero si existe algo en lo que pueda ayudar… - su voz se ahogó en aquella última frase entendiendo que ya no existirían palabras cuerdas para remediar su falta de cautela.

- Agradezco tu preocupación – cortó la pelirosa apoyando ambas manos sobre la cama- por el momento solo deseo estar sola.

Aquella conversación de pronto parecía una avasalladora tormenta, un innecesario recordatorio de los temas inconclusos que mantenía con aquel pelinegro en Konoha. Consciente de la inevitable confrontación, pensó en ello mientras el castaño se retiró rápidamente del cuarto probablemente maldiciendo su deslenguada actitud. La mujer solo notó su ausencia cuando levantó nuevamente la vista solo para comprobar otra vez la perpetúa soledad que invadía aquel fatídico cuarto de Hospital. Solo entonces meditó acerca de lo recientemente oído, aquella admiración de parte del médico le hizo recordar una parte de su vida casi olvidada, se preguntó en qué instante de los últimos meses dejó de lado su absoluta compostura habitual dando paso deliberadamente aquel desolado retiro.

Suspiró profundamente antes de apoyar la bandeja nuevamente sobre la mesita junto a su cama, realmente no deseaba comer, aquello solo había sido una farsa para evitar el sermón común que ella misma dio tantas veces a incontables pacientes inapetentes, sin embargo tras lo oído solo podía sentir más perturbación de la esperada. Por supuesto que en aquella aldea el símbolo Uchiha en sus ropas no era bienvenido, si su estadía allí había sido cómoda hasta el momento se debía únicamente a sus dones trabajados durante su vida y a lo conseguido por ella misma. Claramente no podía negar la consciencia de su amor propio, durante los últimos años Amai no fue el único hombre que se acercó a ella intentando probablemente penetrar más que solo en su intimidad emocional, sin embargo, en aquel instante de su vida aquella era la primera vez en que por su mente se cruzó tal posibilidad, tal vez relatar sus desventuras y abrir parte de su corazón, alguien ajeno, inteligente y objetivo, tan diferente a todas las personas que rondaban a su alrededor, aunque claro, la alarma de cautela en su nuca solo significaba la posibilidad de que aquellas buenas intenciones únicamente sean parte de la infundada necesidad de algunos hombres por poseerlo todo de quienes débilmente caen en un fatídico error que posiblemente para ellos no sería más que una aventura ligera, aquel pensamiento rápidamente se unió a su nueva opinión de Sasuke, hombres con aventuras ligeras sin la mínima contemplación por las circunstancias ni el futuro; Borró de sus pensamientos aquella idea en el instante mismo en que fue formulada, por supuesto que aquello sería un terrible error, relatar las razones de su auto infudada soledad sería solo otro motivo para dejar mal parado a Sasuke y ella ya no deseaba cargar con nada más que perturbara su ya alborotada vida.

Se encontró a si misma de pronto pensando más de lo adecuado en todas aquellas posibilidades, aquel nombre inconscientemente había causado una tifón en su pecho, Sasuke era el único capaz de calmar su angustia y a la vez en aquel instante la última persona a la que deseaba confrontar, porque entonces tendría que lidiar con la verdad, lidiar con su pérdida y por supuesto con la traición aún alojada en su pecho, pero no era miedo, como de mala forma Amai lo había supuesto, ella jamás le temería a Sasuke, era más bien el resultado de su momentánea falta de coraje absolutamente bien fundada.

Meditó sobre aquello, tal vez por milésima vez, imaginó que tal vez Sasuke aprovecharía su ausencia en Konoha para ir hasta la habitación del Hospital de aquella mujer y aclarar las cosas, sin embargo prefería pensar que él no deseaba aclarar nada, solo se mantendría alejado de la castaña de una vez por todas. Sintió que solo su cercanía como pareja podría esclarecer las cosas para las personas a su alrededor volviendo innecesarias las explicaciones y las excusas. Ya no quería tener que aclarar al mundo su estado sentimental, no quería tener que hablar con Ino siempre intentando validar su atípica relación. Ya no quería tener que dar las explicaciones de porqué Sasuke no estaba allí a su lado, ya no quería necesitar mediante un grito ferviente que el pelinegro le refriegue en la cara a Mio su compromiso y su simbólico matrimonio que significaba más de lo que los papeles o la presencia de un anillo pudiera significar jamás; aquello se detuvo en su retina durante aquel instante, sonrió sarcástica sin temor a parecer deschavetada. Por su parte creía acérrimamente lo innecesario de tener comprobaciones materiales, ni físicas para solventar su relación amorosa, la cual tangiblemente parecía cada vez más nula, y por otra parte Amai necesitaba aquella comprobación física para retener la memoria de su relación ya inexistente, la cual ciertamente no podía asegurar estuviera totalmente rota, sino el muchacho no se aferraría a aquel objeto en su dedo para rememorar la existencia del amor en su vida, aunque este ya solo se remontara al pasado.

Bajo aquella visión el castaño le pareció inmensamente triste y débil, oculto bajo una fachada tranquila debía ocultarse aquel solitario hombre arrimado, a como él lo llamó, solo banalidades en una vida carente de a quien amar. Aquellos hombres, pensó Sakura, de pronto parecen cada vez más extintos entre las frivolidades de los amores instantáneos y privados de trascendencia, tal vez, en otra instancia podrían haberse curado mutuamente, aquel chico era el símbolo de todos esos hombres que representaban todo aquello negado desde que huyó de Konoha para acompañar a Sasuke en su viaje de redención, el camino en el que se hubiese tornado su vida al permanecer en casa, aquella vida en la que al despertar cada mañana existiera una sonrisa de tranquilidad, y por las noches abrazados permaneciera en sus corazones la confianza de que el mundo estaría siendo resguardado por otro hombre ajeno a su morada, un ser indiferente cuya supervivencia no le impediría el sueño por las noches. Un Sasuke inexistente como hombre y solo rememorado mediante el símbolo de un ente que una vez existió bajo la personificación de un amor platónico.

Pero esa posibilidad no hubiese ido con ella y sus constantes esfuerzos por estar a la cabeza solo con el objetivo de poder solucionar por si misma los males que aquejaban a los desprotegidos sin la necesidad de traspasar a nadie nunca más la responsabilidad de salvar una vida.

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La noche se colaba entre las persianas de su habitación despidiendo el cuarto día hospitalizada, Amai ya había cursado su última ronda diaria bajo una atmósfera de continua intranquilidad, él podría haber buscado un momento para retomar aquella conversación interrumpida por su absurda impertinencia mediada únicamente por sus pensamientos carentes de aprecio hacia el Uchiha y que ciertamente jamás quisieron ofender a la pelirosa. Sin embargo prefirió no hacerlo, porque presentía que su presencia solo había sembrado más conjeturas en la ya perturbada mente la chica. Lo mantenía sereno al menos saber que Ino había pasado gran parte del día acompañando a Sakura y alterando aquella soledad que a nadie le podría resultar saludable.

Caminó fuera de la habitación de la pelirosa ante las miradas curiosas de las enfermeras que transitaban por el pasillo, rascó su cabeza y se hizo de ánimos para irrumpir en la habitación.

Ciertamente no podría definir las razones que lo llevaban a inmiscuirse en aquel territorio alejado de su papel de médico, tal vez su falta de profesionalismo se debía a la bien fundada admiración que una vez tuvo por Tsunade y que posteriormente se centró únicamente en la pelirosa. Desde siempre Sakura y sus continuos avances fueron noticia en todos los países, su constante cooperación con la quinta Hokage y su posterior participación en la guerra eran admirables, más aún aquel control de Chakra mereció el reconocimiento de todos los ninjas médicos independiente del país en que se encontrarán. Sin embargo siempre fue un tema entre los hombres las peculiaridades físicas de la mujer, donde resaltaba su cabello rosa y aquellos ojos esmeralda acompañados por una sonrisa sincera junto a una inocencia impropia que solo provocaba revolución en las concepciones de mujer ideal; Por lo mismo cuando se rumoreó que en su espalda se dibujó el símbolo Uchiha la incredulidad alcanzó los límites de lo imposible. Se conocía su afiliación desde su niñez, sin embargo, un vínculo sentimental significaba todos los componentes que aquello conllevaba, algo imposible de ser proyectado en las mentes de todos aquellos a los que el usuario del Sharingan despojó de los hombres de familia en aquel ataque a los inocentes y débiles samurái en la reunión de Kages. No, para quienes estuvieron observando aquello desde una distancia prudente, era incompatible que aquel hombre pudiera poseer a una mujer como Sakura. Más aún que la pelirosa pudiera haber desarrollado algún sentimiento de amor por aquel desertor. Incluso la participación de Sasuke en la guerra se veía nebuloso ante lo confuso en su pasado.

Por lo mismo enumerar las razones por las que aquella pareja no combinaba parecía simple, pero para Amai no resultaba imposible comprender los motivos. Las mujeres como Sakura poseían un corazón tan increíble que lograban con una mirada curar cada herida del pasado. Consiguió sentirlo en el instante en que observó atónito como tras aquel incendio el cuerpo de la chica se enfocaba únicamente en el fruto de su vientre, si ello no era amor puro entonces qué más podría ser, más aún después de comprender que aquel daño solo había sido causado por la insistencia de la mujer por salvar a inocentes de la devastación producida en el hostal.

Entró en la habitación con el pecho inflado producto de un coraje repentino.

- Lo siento – soltó junto a todo el aire contenido en sus pulmones frente a una Sakura aturdida ante la intromisión repentina- perdona mi actitud, solo estaba preocupado intentando entender porqué una mujer como tú prefiere estar aquí sola –suspiró ya tranquilizando su mente- ayer he conjeturado erróneamente sobre Uchiha Sasuke, aunque no creo que esté en casa cuidando a vuestra hija, y me hace pensar sobre su ignorancia respecto a tu embarazo de dos meses – exhaló apretando sus ojos- pero no es mi deber cuestionarte.

Sakura sorprendida intentó descifrar aquel sentimiento que se instaló tras sus ojos. Aquella opresión similar al enfado.

- Antes de que me eches y prefieras cambiar de médico, aunque objetivamente no necesites uno, debes saber que te admiro y respeto. Mis intenciones solo son cuidar de ti y asegurar tu bienestar ya que… – el hombre abrió los brazos antes de dejarlos caer a sus costados en señal de rendición- ya que no pude salvar a tu hijo y creo que si tan solo lo hubiese intentado más… yo creo … si tan solo…

- No pienses en eso – interrumpió la pelirosa comprendiendo la situación- buscar culpables solo empeorará todo, más aún cuando era mi responsabilidad no arriesgar su bienestar….- susurró mientras sus cejas se curvaron en señal de enfado, sin embargo por sus ojos se desprendieron tímidas lágrimas.

Sakura apretó sus dientes en conjunto con sus puños intentando velar nuevamente sus sentimientos, todo aquello vivido durante esos meses, todo lo que oprimía su pecho de pronto de instaló en sus pensamientos; Amai desde su distancia junto a la entrada cerró suavemente la puerta tras de sí y se acercó hasta la chica. Desde aquella distancia la observó sollozar invadido por la compasión, aquello escapaba de todo lo correcto desde su perspectiva habitual.

El chico retiró su dental en conjunto con su chaqueta jounin colgando ambos tras la puerta. De pronto se sintió asfixiado incapaz de lidiar con aquello. Mientras Sakura aún luchaba contra sus sollozos limpiando con su antebrazo las lágrimas rebeldes que se desprendían cayendo por el borde de su mandíbula y deslizándose por su cuello.

- Entiendo lo que es perder a un ser amado – comentó el hombre quitando su protector frontal y guardándolo en su bolsillo- mírame – señaló a lo que Sakura levantó la vista confundida.

El chico traía una sencilla ropa de descanso azul, de pronto ya no parecía médico, de pronto ya no parecía ninja.

Sakura sollozó aún sin comprender el real punto del castaño.

- Cuando mi esposa falleció me quedé petrificado sin poder salvarla – confesó el hombre- una vez Shizune-san me comentó sobre Tsunade- sama y su miedo a la sangre – el hombre aclaró su garganta- no pude comprenderlo hasta que me quedé petrificado ante el cuerpo sin vida de mi mujer.

La pelirosa abrió la boca sorprendida.

- Cuando estamos solos no hay más que esto, humanos – extendió sus manos a sus costados- cometemos errores y a veces decisiones con repercusiones desastrosas, nuestra profesión nos ha enseñado un poco de eso – habló sereno- Mírame. – insistió señalandose a sí mismo- no digo que debamos obviar nuestros errores pero si intentar perdonarnos para encontrar razones que nos ayuden a seguir con nuestras vidas - exhaló oprimido por el ardor en su pecho- en este instante no he venido como tú médico, he venido como un simple hombre que admira tu trabajo y que entiende perfectamente tu sentimiento de culpa – susurró sentándose sobre la camilla de la pelirosa ofreciendo su perfil al escrutinio de la mujer- yo estuve forzado a vivir mi duelo en solitario pero tú… quiero pensar que no tienes razones para hacerlo.

La pelirosa fue invadida por un suave calor casi imperceptible.

- Incluso si no quieres saber de tu esposo, tienes a tus amigos y si incluso eso no es suficiente, quiero que sepas que respetuosamente puedo venir cada día tras mi turno y tan solo acompañarte hasta que decidas ir a casa donde, estoy seguro, te espera una hija muy preocupada. – terminó de hablar girando su rostro para mirar frente a frente a Sakura quien instintivamente ya había dejado de lado los sollozos ahogándose en un extraño sentimiento de tranquilidad.

Se observaron durante un instante tras lo cual Sakura comprendió la empatía transmitida por el hombre, pudo sentir aquel sufrimiento palpable en su exterior.

Y lo admiró. Admiró cómo sobrellevaba aquel dolor.

De pronto sintieron como un ruido en el exterior interrumpió aquel momento de intimidad seguido por el sonido la puerta al abrirse lentamente exponiendo ante ellos a un alterado pelinegro.

El silencio inundó la habitación cual presas ante un depredador. Los nervios consumieron la espina dorsal de ambos, aunque por distintas razones, instaurando en sus nucas un frío que conmocionó sus intenciones por revelar la profundidad de sus sentimientos.

- Sasuke… – susurró Sakura tragando saliva ante el nudo alojado en su garganta.

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Holaa

Aquí les traigo un pedacito del capitulo que es más largo pero aún no lo edito (y la otra parte es la que más me gusta armar)

Se merecen mucho más !

Así que paciencia que me vuelvo mono

Pero ya regresé de vacaciones ! así que tengo tiempo de actualizar todo

IMPORTANTE : busquen Amai en google por si no lo recuerdan del anime, es un ninja medico que salió en un par de capis. Además es guapo jaja

IMPORTANTE 2 :

!GRACIAS POR COMENTAR!

Estoy anonadada, impactada

GRACIAS POR LEER

Poco importante :

Todo lo que le está pasando a la pobre Saku igual me da pena.

Amai no estaba tan involucrado en el desarrollo de la trama pero ahora lo estará

muahahha

Aah y estoy trabajando en sus peticiones sobre Sasuke

Mmm alguien comentó sobre el engaño y la verdad quiero ser empatíca en pensar que me pasa algo similar con los celos, yo no los puedo romantizar, por eso me cuestan mucho estos capítulos ! algún día les contaré por qué.

Abrazos !!