Las gentes de todo el reino dormían plácidamente, incluso cuando la luz del sol podía filtrarse por las ventanas. Pero en la zona de Hatelia, una joven pareja abrió sus ojos para encontrarse abrazados. Se sonrieron.

-Buenos días, amor. Espero que hayas tenido dulces sueños -la saludó él.

-Oh, sí. Y en todos apareciste tú -afirmó ella, tocándole suavemente la nariz.

Se despejaron. Cuando terminaron, se dieron su beso de buenos días. Zelda se iba a levantar, pero unos brazos la rodearon, sintiendo cómo una cabeza se posaba en su hombro derecho.

-Te he echado demasiado de menos como para no abrazarte -protestó, poniéndole pucheros. La joven rió, divertida.

-Está bien. Me quedaré así -De repente, se vio empujada hacia atrás. Quedó tumbada en la cama, y después sintió un beso y unos dedos recorriendo su vientre.

-¿Qué haces? -preguntó, curiosa.

-Darle los buenos días al bebé -respondió de forma inocente. Zelda le acarició la cabeza.

-Oye, yo también quiero atenciones -replicó, atrayendo suavemente sus bocas. Tras un breve instante de miradas dulces, se besaron. Se echaban tanto de menos que tardaron en terminar más de lo previsto. Hundió los dedos en su pelo y profundizó el beso. Abrió la boca para que la lengua de Link entrara dentro. Allí, en aquella casa, sólo se podía respirar la paz y el amor que ellos desprendían.

-Deberíamos... parar -dijo ella en un arranque de lucidez.

-Mmm... ¿Por? -preguntó el héroe.

-El bebé -aclaró la princesa. Link se separó bruscamente.

-Es verdad. Se me olvidaba tu estado.

Ambos se levantaron de la cama. Después de vestirse, se dirigieron a la salida. El sol impactó en sus caras, pero no les hicieron mucho caso. Comenzaron a caminar en dirección a la salida del pueblo. Un paseo era lo mejor que podían hacer para moverse.

-¡Princesa! -la aludida se giró. Vio cómo un hombre iba delante, seguido por varios curiosos.

Oh, cielos. Ya estamos otra vez.

Casi sin avisar, el desconocido cogió su mano y besó su dorso. Luego se puso en la posición de compromiso.

-Princesa -su grave voz fue la única que se escuchó -lamento que sus planes para casarse hayan salido de manera negativa, pero me encantaría que escuchárais mis palabras. Mi nombre es Muthen, uno de los nobles más poderosos del reino. Sé que debéis casaros con alguien para lograr todo el poder y dinero necesarios. ¡Por favor, déjeme formar una familia con vos, y así poder hacer felices a miles de personas!

Aunque las palabras estaban bien medidas y el hombre era educado, Zelda sintió este monólogo como una piedra en su estómago.

"Cuando por fin desaparece Gorham y todo parece ir mejor, en realidad aparece más gente para hacerme la vida complicada", pensó. Sabía que debía admitir en público que ella y Link llevaban una relación y ella poseía un bebé en camino. Que todo este tiempo incumplió con las normas establecidas por su padre y que mató al rey de Gorlue por amor.

Abandonó todos estes pensamientos al ver cómo todo el pueblo esperaba su respuesta.

-Lo lamento mucho, pero ya tengo otros planes. Ya debería saber cuántos pretendientes tengo, y no es lo que busco. De todas formas, gracias por su propuesta.

Hasta ella misma se había impresionado con la facilidad que poseyó para rechazarlo. No era una experta en el tema, pero tampoco quiere ser arisca con la gente salvo que sea estrictamente necesario. Así que se dio la vuelta y marchó junto a Link.

-¿Por qué te muestras tan interesada por mantener a tu escolta tan cerca de tí? -aquella pregunta salió inconscientemente de los labios de Muthen, haciendo que Zelda se parara en seco y se diera la vuelta. Se enfrentaba a una pregunta difícil y necesitaba escapar de ella lo antes posible.

-Necesita protección. Hay gente que la puede agredir, y por eso mismo me ha designado a mí -sintió una relajación interior al escuchar las palabras de su amado. No era la única que medía sus palabras ni sorprendía con respuestas. Sin embargo, pudo notar un tono cortante en lo más profundo de aquella voz. Y ambos dieron la espalda a toda la gente, que no paraba de cuchichear.

Encontraron un tronco que había sido tumbado y se sentaron allí. Suspirando, se dieron la mano.

-Uff... Por poco nos pillan -dijo Link. Zelda le dio un suave beso en la mejilla, haciendo que se sorprendiera.

-Por ayudarme -aclaró. Se sonrieron con mucha dulzura.

-Me hace mucha ilusión ser padre -reconoció con una sonrisa -y sobre todo si tú eres su madre.

De repente, la princesa no se encontró bien. Notó un ligero mareo, a la vez que le entraban unas pequeñas ganas de vomitar. Intentó ignorarlos, pero cada vez iban a más. Link lo detectó.

-Oye... ¿pasa algo? -antes de que la muchacha pudiera responder, tuvo que correr hacia unos arbustos y vomitar. Se llevó una mano a la cabeza, mareada. Preocupado, el héroe llevó su mano a aquel lugar, y encontró una frente caliente.

-No sé... Acabo de tener mareos y ganas de vomitar de una forma muy repentina. Me duele la cabeza. No sé si todo esto son náuseas o algo.

-¿Estás enferma? Si es así, deberías descansar -le recomendó el joven. La princesa cogió su piedra sheikah.

-Vamos a Kakariko. A lo mejor Impa ofrecerá un mejor diagnóstico y nos podría informar sobre el peligro que pueda suponer para el bebé.

Dicho esto, abandonaron aquel lugar para volver a la pequeña aldea.

-¡Impa! -llamó Link nada más abrir la puerta. La anciana se sorprendió al ver el cansancio que su acompañante poseía, a la vez que vio la forma en la que el héroe la agarraba.

"Como si se fuera a caer", pensó.

-Ne... Necesito tu ayuda, Impa. Me siento cansada y tengo fiebre. También me mareo y tengo vómitos -dijo Zelda.

-Mmm... ¿Llevas tiempo sintiéndote así? -le preguntó la sheikah.

-No... fue de repente. Empezó como una pequeña molestia, y acabó siendo grave -le explicó. Justo en ese momento, llegó Pay.

-¡Hola! -saludó. Link le hizo un gesto con la mano y Zelda le dedicó una débil sonrisa, lo que sorprendió a Pay -¿estás bien?

-No. La verdad es que estoy mareada y con fiebre. ¿Cómo te va? -la muchacha trataba de cambiar de tema. No quería revelarle la preocupaciòn que sentía por su bebé.

Sobre todo porque sólo su abuela sabía de su embarazo.

-Oh, yo estoy bien. He conocido a un chico llamado Ender. Hemos hablado bastante y... congeniamos -le explicó Pay. Sus mejillas se tiñeron de rojo.

Zelda iba a decirle algo, pero tuvo que correr otra vez hacia el servicio para vomitar por segunda vez. Cuando terminó, se levantó, débil, y caminó como pudo hasta regresar.

-¿Qué... me pasa? -articuló con un hilo de voz. Link la sujetó antes de que cayera.

-Ven a una habitación. Necesitas tumbarte.

Dejaron a la princesa en una cama que había allí. Ésta relajó sus músculos y se abrazó a su amado.

-Bien, Zelda. Con todo lo que sé y con lo que me has contado, he de decirte que no te has de preocupar. Lo que a ti te pasa es conocido como las náuseas del embarazo. De no ser por Hylia, no te habrías enterado de que ibas a ser madre hasta hoy. Estos síntomas suelen ser muy frecuentes en las mujeres que van a tener hijos -concluyó. Eso relajó un poco a la chica.

-Entonces... ¿es normal? -intervino Link.

-Sí. Muy poca gente ha dado a luz sin las náuseas en el primer trimestre.

-Oye, pero... ¿será durante todo? -cuestionó la joven. Se alivió al ver cómo Impa negaba con la cabeza.

-No. Sólo la hay en el primer trimestre. En el momento del parto, notarás contracciones -le explicó la anciana. Luego, cogió un libro y se lo dio a Link -Ten. Es un libro en el que se recoge todo lo que debes saber sobre el embarazo y el parto. Después también hay una sección de padres.

Por aquel día, la sheikah los había dejado dormir allí. El héroe pidió prestada la piedra para ir hasta Hatelia y coger ropa. Por su parte, la princesa aprovechó su estancia para leer el tomo. Encontró información sobre la dieta, enfermedades y cuidados para que su bebé nazca sano.

-¡Princesa Zelda! -de repente, sintió un griterío y unos pasos que resonaban por toda la casa. Le pareció escuchar los gritos de Pay. Varios hombres se asomaron por la puerta de su cuarto.

-Por favor, cásese conmigo. Me encantaría dirigir el reino a su lado -dijo uno.

-¡Qué maleducado! No le haga ni caso, cásese conmigo y será feliz -repuso otro.

-¡Ni hablar! Si se casa conmigo, tendrá una gran economía -intervino un tercero.

Cada vez más gente se asomaba al cuarto de la joven, la cuál se sentía muy agobiada. Empezaba a cansarse de rechazar gente, y estos hombres no se rindieron. Incluso hubo uno que abrazó a la princesa de forma despectiva, arrancándole un chillido a la princesa. Los labios de aquel empezaron a acercarse a los de ella, pero fue salvada por alguien que empujó a todos hacia atrás.

-¡¡¡¡Cállense!!!! -gritó su salvador. A la princesa le apareció una ligera sonrisa al darse cuenta de que era Link -¡¿Os parece normal ver cómo habéis entrado?! ¡¡No es vuestra casa!! ¡¡Zelda no está bien y vosotros venís a ponerla peor!! ¡¡O os vais o os echo yo!! -lleno de rabia, el héroe señaló a la salida. La gente, intimidada por aquellos fríos ojos azules, se marchó de allí. Cerró la puerta de la habitación.

-Menuda panda de animales -señaló, furioso -Espero que no te hayan hecho nada.

-Casi, pero no. Gracias por haberme salvado, mi héroe -le dijo una sonriente Zelda.

-Siempre te protegeré. Te quiero, y no quiero que te pase nada -se dieron un corto beso. Cuando abrió los ojos, Link le mostró una caja. La princesa la miró con los ojos brillantes.

-Eso es...

-Un anillo de compromiso -completó él -Me encantaría que lo llevaras puesto. Perteneció a mi madre.

-Pero... -un dedo fue puesto en sus labios. Miró al joven.

-Sé lo que vas a decir. Quiero que lo lleves, Zelda. Lo eres todo para mí: la mejor amiga, la mejor novia, la mejor compañera y la mejor futura madre de mis hijos que puedo tener. Quiero que lo lleves para que sepas cuánto me importas.

-Link... -la princesa le acarició la mejilla, a punto de llorar de felicidad. Cogió el anillo y se lo puso en su dedo anular -eres el mejor. Prometo estar contigo hasta el fin de los tiempos. Te quiero muchísimo.

-Yo igual.

Se besaron. Puede que sean muy jóvenes, puede que no sea la mejor edad para casarse. Pero sienten que de verdad quieren pasar el resto de sus vidas juntos. Al fin habían encontrado a aquella persona que los hace completos y felices.

Y a la princesa aún le quedaba una espina clavada.

-Oye... -dijo después del beso -¿Deberíamos anunciarlo?

Link dudó.

-Sí, pero... ¿qué pasa si no aprueban nuestra unión? -le preguntó. Ella le dio otro beso.

-Los que no lo hagan son amargados que no conocen qué es el amor. Lo harán; tarde o temprano lo harán.

-Si me encuentro mejor, mañana podríamos ir hasta Vah Medoh, y a partir de allí ya podríamos plantear el resto de cosas -la joven sonrió al ver cómo él asentía.

Así pasaron el resto del día. Plantearon muchos aspectos de su vida, y se acostaron en la cama. Aunque la princesa tuvo que ir dos veces a vomitar, se sentía muy feliz.