Retroalimentación.
Wonder Grinch chapter 18 . Jan 31: Pequeña Grinch. Tal como mencionas, parece un hecho menor, pero puede tener grandes alcances en un futuro no muy lejano. Hermione no nos ha dado todo lo que podía, pero su caída es un símbolo, además de que no podía permitir que fuera insignificante, se enfrentó a un ente de primer orden, y aunque fue derrotada, fue más que una digna contendiente. Tomoyo necesita crecer, y sólo a través de la adversidad puedes tener verdadero desarrollo, aunque esto sólo es lo emocional, nuestras Doncellas Amamiya aún tienen mucho que aprender en el camino. ¡Este será un gran día de los enamorados!
CherryLeeUp chapter 18 . Jan 31: Nunca mezcles el placer con los negocios… nah, hazlo de vez en cuando. Uy, con Shandian va a haber cosas interesantes pronto. Draco fue mencionado de forma referencial en el pasado, canónicamente se convirtió en alquimista, pero para esta historia quise hacerlo un poco más cercano a los personajes de su universo, así que le di las dos disciplinas, y reafirmando el cambio que hubo en su relación con el equipo Potter con el paso de los años. Me eché un clavado en los nombres de las instituciones de cada país, asumiendo que si existiera una mágica, debería seguir el patrón del resto (como en México, que las instituciones son secretarías, por eso lo de "SEMAG"). Sí, pobrecita de Sakurita, diarrea verbal explosiva. Creo que eres la única que defiende a Tomoyo en todo lo que provocó… sobre Harry y compañía tendremos que esperar un poco, porque les dejaron el mundo de cabeza, hay mucho trabajo para él y los suyos para el regreso de Hermione (si es que hay tal). ¡Gracias por tu reseña!
Michelle chapter 18 . Jan 31: Querida Michelle: Todo en orden por acá, espero que por allá también. Es difícil tratar de quitarle lo acartonado a los personajes en especial cuando tienen un carácter tan definido como nuestros protagonistas, pero desde que inicié el proyecto de la Saga de la Hechicera y el Gaijin, me comprometí a darle dimensión y realismo a los personajes, considerando entre otras cosas que estarán expuestos a situaciones que determinarán su vida y el tipo de personas que serán en el inevitable camino a volverse adultos, pero respetando su esencia, no sé si lo he logrado, pero me esmero mucho en intentarlo. Es cierto que toda historia necesita pujar con fuerza para llegar a un clímax, pero los espacios de tranquilidad también son parte de ese proceso, creo firmemente que un punto de catarsis bien logrado normalmente es antecedido de una reducción de ritmo, verás que cuando este vuelva a subir, será una locura. Me conmueve sobremanera los buenos deseos que me expresas sobre este trabajo, y por supuesto que me emociona enterarme de que tienes expectativas sobre él, y desde luego, siéntete en libertad de expresar la crítica que te venga a la mente, sin importar el matiz que tenga, de la crítica nace el crecimiento. Y te entiendo perfectamente, la mayor parte de las cosas importantes para las personas se dan de forma fortuita. Sobre la longitud del comentario, todo lo contrario, disfruto mucho leer reseñas largas, porque me dicen que quien la escribió realmente fue tocado por mí como para dedicarle algo tan estructurado, y creo que es una muy importante muestra de respeto. 友達になりましょう (Tomodachi ni narimashou). ¡Saludos!
Liz Padilla chapter 18 . Jan 31: ¡Hola, Liz! Me alegra mucho que te emocione saber que hay actualización tanto como a mí el lanzarla. Ya veremos como trata la verdad a nuestros niños, y prepárate para un episodio largo. Tomoyo, como leerán más adelante, ciertamente necesita un poco más de crecimiento personal, siempre creí que su tratamiento fue demasiado simplista en manos de sus autoras originales… no creo que sea tan cuadrada dentro de lo aparentemente perfecta que es. El miedo es parte de este proceso, y prepárate, que lo que sigue va a ser muy intenso. ¡Saludos!
Sahure chapter 18 . Feb 1: Tres teorías, tres opciones, las tres perfectamente plausibles. Y yo sólo digo: ¿por qué no todas? Y sí, acabas de adquirir una membresía al club "Castigo para Tomoyo". CherryLeeUp se resiste a unirse. ¡Disfruta el capítulo!
AZULMITLA chapter 18 . Feb 1: Hola. Efectivamente, ha aguantado el silencio mucho tiempo, así que era lógico que lo dejara salir. Quizás el problema era con Tomoyo, pero no hay que dejar de notar que la regañó en pos a una buena acción, que fue defender a Sakura. Eriol es capaz de muchas cosas, sólo que no hemos tenido oportunidad de verlo en acción. La egoísta y el mentiroso son figuras impersonales, y aplican a varios personajes. La Muerte es una presencia siempre latente aquí, veamos que tiene para nosotros. No quites el dedo del renglón, el capítulo que sigue será largo, pero tiene mucho… MUCHO de lo que todo mundo pide a gritos. ¡Gracias por tu reseña!
SnoopyMoon chapter 2 . Feb 3: ¡Gracias! Y bueno, esta aventura ciertamente amerita que salgan de su país… incluso de su continente. Ya verás, las cosas se van a poner locas, locas. ¡Gracias de nuevo por tu reseña!
Reader2109otp chapter 18 . Feb 10: Hola, ahijada. En eso te doy la razón, este enero se sintió como de cuarenta días. Por puro rencor. Recordemos que él siente que la vida se la debe la plebe. Bien, bien, lo que se dice bien… pues no, un coma, incluso para un mago supongo que es algo muy serio. Tenía pensado que Draco apareciera un poco después, es una situación pesada de la trama, pero mejor ir anticipando. Oh, sí, esta sustancia es una locura, puede ser muy buena o muy mala. COnsiderando en esto que tendremos la oportunidad a una Sakura completamente privada de su capacidad de ser condescendiente, se va a poner feo. Tomoyo necesita dar un gran traspié para regresar al camino, en este capítulo ha tenido opiniones diversas sobre su proceder. En lo personal no creo que sea un mal personaje, sólo es un poco desorientada y más curiosa de lo que debería. Ves algo que pretendía transmitir: no siempre quien te ama va a ser amable a la hora de hacerte ver tus errores, lo sé como padre que soy. Diana debe mostrar mucho carácter desde ahora, es una de mis favoritas a pesar de su papel secundario. Sobre tus ansiedades… pues no sé, podrías prepararte para un poco de todo… pero ya en serio, prepárate para algo grande. Shandian podría efectivamente estar rozando con el extremismo, pero en esos asuntos, hay consecuencias por los actos… más adelante veremos cuáles son esas consecuencias. Tres escenarios diferentes, pero seamos honestos, es uno el que llama la atención en realidad. ¡Un jugoso desenlace! Te pasaste. ¡Gracias por una reseña tan disfrutable! Gózalo.
Pues bien, de cara a una de las cúspides argumentales de este relato, los dejo con el capítulo:
Capítulo 18.
La Egoísta y el Mentiroso, Parte 2.
o
De las maravillosas ventajas de la verdad.
A pesar de la iluminación baja y el aspecto desgarbado del establecimiento, The Pub on the Hoe resultaba muy agradable, la comida era buena y la cerveza no era costosa. El último par de horas Charlotte y Kurogane habían estado conversando animadamente con otros comensales, y aún cuando la distancia con Sakura había provocado que perdieran la capacidad de hablar un idioma común, la francesa hablaba un japonés aceptable y un inglés, aunque viciado, eficiente.
Era la primera vez que el samurái departía con personas de su edad o un poco mayores, y descubrió con curiosidad que era el más centrado en comportamiento. Llegó a ese entendimiento mientras arrastraba hacia las frías calles de Plymouth a una Charlotte que reía a carcajadas y maldecía en francés.
—Habría reconsiderado la invitación si hubiera sabido que tendría que cargar con borrachos. —Increpó él.
—Arrête de me gronder!
—¿Te parece que entiendo lo que dices?
—Pourquoi ne me chargez-vous pas? —Respondió ella en voz baja, en un tono que hizo a él dejar de verla como compañera de parrandas… y que en realidad era una muy bella y exuberante mujer, una que de hecho parecía lanzar fuego por las aguamarinas que tenía por ojos.
—Deja de decir estupideces, y si no quieres hablarme en japonés, al menos inténtalo en inglés, el mío no es tan malo.
—No vamos a llegag a ninguna pagte en la Vespa, apenas puedo mantenegme en pie, ni hablag de conducig.
—¿Entonces? ¿Nos vamos a un parque y buscamos una banca?
—Eso funciona paga mí la mayog pagte del tiempo, pego esta noche no… hoy tengo otgos planes… ¿me llevaguías a la guecepción del pub?
—¿Para qué?
—¿Qué no es obvio, bguto? —luego de preguntar eso, se recompuso y se irguió cuan alta era, rodeando con sus brazos el cuello del samurái y besándolo impetuosamente. Quizás era cosa del alcohol, pero le contagió sus deseos de sentirse bien, y vencido al fin, correspondió. Ella se separó sólo un momento, hablándole con voz trémula—. Reste avec moi ce soir.
No entendió una palabra, pero no había dudas de cuál era el mensaje. Torpemente volvieron al pub, que por supuesto ofrecía alojamiento. La recepcionista hizo un gesto de taimada aprobación cuando dio las llaves a Kurogane, indicándole cual sería la habitación, haciéndolo sentir extrañamente nervioso, y unos segundos después le daba paso a la rubia al modesto, pero acogedor dormitorio.
Ella avanzó unos pasos hacia la cama. Se volvió parcialmente mientras desabrochaba su chaqueta, y miró los ojos carmín del samurái, concentrados en el picaporte.
—Oye, épéiste… si ciegas esa puegta, no te dejagué salig hasta que esté satisfecha.
Él le devolvió la mirada. Debajo de la seria determinación de sus ojos estaba el miedo al error. Una imagen lo detenía, un rostro en su mente.
Tomoyo.
Era un sentimiento ambiguo, por un lado, lo hacía dudar en dar el siguiente paso, pero por otro, lo empujaba a salir de la incertidumbre, a dejar de sentirse como un accesorio del ego de aquella mujercita, que por todo lo demás, era excepcional.
Ante el silencio, Charlotte desprendió con suavidad los botones más bajos de su blusa, levantándola, y mostrando con un muy sutil aire seductor su abdomen mientras se mordía el labio inferior.
Kurogane dio un profundo suspiro, tomando una decisión.
Finalmente cerró la puerta.
—Según Hiiragizawa, podemos ocupar este lugar a nuestras anchas. —Li comenzó a caminar por la amplia sala de estar.
—Es un lugar muy lindo. —Agregó su compañera, mientras hacían un reconocimiento de los espacios de la planta baja. Li sólo asintió, pero no la miró o respondió, parecía estar comprometido con la misión de guardar todo el silencio posible.
Un poco inconforme por esa situación exploró junto con él la amplia y moderna cocina, el bien cuidado jardín interior, y la sala principal. Era un lugar que daba cierto aire de opulencia, que por algún extraño motivo ponía nerviosa a Sakura. En algún punto, antes de comenzar la exploración de la planta alta, ella se había quedado estática al pie de la escalera, él había subido un par de escalones, pero se detuvo al notar su conducta.
—¿Qué pasa?
—Me siento muy incómoda con todo esto. ¿No se supone que la verdad es buena? ¿Por qué tenemos que estar separados entonces?
—"Buena" no es un atributo que pueda darse a la verdad, la verdad no es amable con las personas, es capaz de herirlas, de provocar conflictos. No sería una buena idea exponernos a una verdad tan cruda de forma tan irresponsable.
—¿Y es por eso que te estás portando tan distante conmigo? Yo no tengo la culpa de que esto pasara.
—Te equivocas, me porto distante porque no quiero decir algo que te lastime.
—¿Crees que me lastimarías con tus comentarios?
—No lo creo, estoy seguro. No eres buena recibiendo críticas, y si las hago tendré que lidiar con esa cara que pones.
—¿Qué cara?
—Esa… la triste, en la que parece que romperás a llorar en cualquier momento.
—Yo no… ¿qué esperas que haga? ¡La persona más importante para mí me está diciendo algo malo!
—Pero no lo digo por lastimarte, a veces es necesario recibir críticas y utilizarlas para crecer un poco para variar, si estuvieras dispuesta podrías dejar de ser tan miedosa, infantil e ingenua… no hagamos esto, hay muchas cosas que podría decir que definitivamente no te gustarán.
—Pues perdóname por eso, yo trato todo el tiempo de hacerte feliz y no te he reclamado por estar tan amargado y ser grosero la mayor parte del tiempo, parece que te cuesta mucho trabajo ser amable o al menos cortés con las personas, ¿no te enseñaron eso tus padres?
—¡Claro que me lo enseñaron! Al igual que me ensañaron sobre negocios, artes marciales y educación mágica, a diferencia de ti que sólo tenías que preocuparte por clases de primaria, preparar comida y darle gusto a Daidoji. Parece que a quién no le enseñaron sus padres a ser empática con las personas es a ti.
—Tal vez no, papá hizo lo mejor que pudo, por si no lo recuerdas mamá se la pasó muerta la mayor parte de mi vida. Al menos no soy mentirosa, que ahora que lo pienso, eso realmente debe ser un problema ti, ¿cómo vas a salir de esta si no tienes tu mejor cualidad?
—¿De qué estás hablando?
—De que no puedes mentir. Al menos no podrás ocultarme cosas mientras estamos aquí, eso sería una revelación, para variar. —Sakura comenzaba a levantar la voz.
—¿Cuántas veces tendré que explicar eso? ¡No mentía por gusto! ¡Quería protegerte!
—¿Protegerme de qué? ¡Ni siquiera eres un hechicero tan poderoso! ¡Siempre termino cuidándote yo! Tal como seguramente haremos aquí.
—No digas estupideces, Sakura.
—¿Ahora me llamas estúpida?
—¡No! ¡Dije que no dijeras estupideces! No es lo mismo.
—¿Ahora me vas a enseñar a hablar?
—No es mi culpa que tu manejo del lenguaje no sea bueno.
—Podría decir lo mismo de tu magia.
—¡Maldita sea! —Se acercó y la tomó con firmeza por los hombros—. Te lo imploro, Sakura… debemos dejar de hablar. Yo te quiero muchísimo, y tengo mucho miedo de que esto nos afecte.
—De… de acuerdo… —respondió ella en voz baja, y lanzando un pequeño lamento por la fuerza del agarre.
—Discúlpame, ¿te hice daño?
—Un poco… pero del que me gusta…
—¿Perdona?
—Me gusta cuando muestras más fuerza de la necesaria para algunas cosas… te hace ver malo y… de verdad tenemos que dejar de hablar, Xiao-Lang.
Prefirieron el silencio a partir de ese momento, cada palabra era abrir un tema y amargamente descubrieron que la honestidad absoluta podía ser brutal. También sin decirlo explícitamente llegaron a un acuerdo gestual de no hacerse preguntas. Tendrían que pasar tres noches y dos días bajo el mismo techo, completamente solos, sería mucho tiempo sin mentiras, aunque ese tratamiento sería injusto, vendría mejor la expresión "tres noches y dos días sin consideración".
Recordar aquello que sentían el uno por el otro y no perderlo de vista. Ambos, en una aparente comunión, llegaron a ese pensamiento y tomaron aire. Tal vez el éxito en esa misión estaría en poner del lado contrario sus pensamientos, y en vez de concentrarse en lo que los separaba, podrían tratar de ver lo que los unía. El punto en intentar ese ejercicio, era que tampoco había un límite de honestidad… ninguno había sido lo suficientemente honesto consigo mismo como para saber qué era lo que realmente quería obtener del otro.
Sakura, temerosa de abrir la boca para decir más nada, señaló con el índice el piso superior aún sin explorar, y Li dio un asentimiento. Él se rezagó un poco mientras comenzaban a subir las escaleras, distraído en pensar en cómo evitar el hablar en todo ese tiempo. Al final, era casa de Hiiragizawa, les había dado pautas de lo que podrían encontrar ahí, seguramente tendría algo con lo cual mantener la mente ocupada por largos periodos.
Dejada atrás esa reflexión, volvió a concretarse en el camino de subida ante él.
—¡Por mis ancestros! —exclamó incapaz de contenerse.
—¿Qué pasa? —preguntó asustada la chica, dándose la vuelta con una mano en el pecho.
Sakura no preguntó más. Sabía que era hielo quebradizo, así que sin más continuó la marcha, haciendo suspirar a Xiao-Lang. El chico agradeció el gesto de sabiduría de su novia. Se juntaron las circunstancias: ir varios escalones debajo y una falda demasiado corta. Cuando regresó de sus pensamientos y levantó la mirada se encontró con el que para él era el máximo atractivo, barra, distracción de su amada, involuntariamente expuesto a sus ojos, haciendo que la sangre se le fuera a la cabeza en más de una forma y en más de una ubicación. ¿Por qué justo ese día tenía que lucir así de atractiva? ¿Siempre la deseó con tanto salvajismo y de forma tan poco racional? Hasta sólo unos meses atrás, sí bien era cierto que sentía una gran atracción hacia ella, era perfectamente controlable, incluso los momentos "especiales" que tenían lo ayudaban a tener apaciguada a la bestia, pero el Veritaserum Ashura parecía no sólo hacerlo incapaz de mentir a otras personas, sino que también dejaba libres sus apetencias y necesidades más fundamentales y orgánicas.
No era muy diferente para ella. Desde que se adelantó sabía que ese podía ser uno de los resultados, y una parte de ella quería provocarlo… era quizás el enfrentamiento interno más cruel que tenía hasta ese día: sus deseos no podían ser detenidos por más que su razón peleara contra ellos, porque era lo que de verdad deseaba… que la viera, que le dijera, con esos términos, cuánto le gustaba y le excitaba, que si se amarraba una vez más a sus brazos le iba a entregar absolutamente todo y que ella iba a tomarlo todo en retribución.
Siempre aspiró al contacto, y hasta unas horas atrás el que tenían le era suficiente, pero el freno simplemente salió volando luego del consumo de aquella estúpida poción, y ahora lo quería todo… y por todo, se refería a todo. El silencio era su último bastión de defensa antes de caer rendida a sus aspiraciones.
Eriol tenía una idea de los alcances de Tomoyo en términos económicos, pero era sólo una aproximación. La sorpresa fue un golpe cuando entraron al lujoso lobby de la sucursal en Exeter de una reconocida cadena de hoteles. Apenas Tomoyo dio su tarjeta en la recepción, el gerente llegó a la carrera, al parecer, muy emocionado.
—¡Señorita Daidoji! —exclamó el hombre, haciendo una reverencia—, ¡No los esperábamos en esta época del año! ¿A dónde hay que ir a recoger a su madre?
—Oh, descuide, ella no viene con nosotros.
Eriol estuvo a punto de intervenir para presentarse, pero el hombre lo interrumpió educadamente.
—Usted debe ser el señor Ou, la señora Sonomi nos puso sobre aviso, permítanos servirle, ¿cuántas habitaciones necesitarán?
—Un par. —Indicó la chica con naturalidad, haciéndole un guiño a Eriol para no corregir al hombre sobre su identidad.
—Perfecto, dos ejecutivas en el cuarto piso, ¿desean que les reserve una mesa en el restaurante?
—Preferiría que enviaran el menú a mi habitación, cenaremos allá. —Tomoyo caminó con seguridad luego de recibir la llave digital, y alcanzado el ascensor, se dirigió una vez más al gerente—. ¿Podría enviarme una botella de…? —la chica preguntó a Eriol con la mirada.
—Ah… Dalmore, doce años. —Dijo él, siendo lo primero que le vino a la mente.
—Señorita Daidoji… bueno, no sé si sería una buena idea al ser usted menor…
—Siéntase en libertad de consultarlo con mi madre, pero dudo que le conteste a esta hora… o que le agrade la idea de que se me negó un servicio.
El hombre arqueó mucho las cejas, pálido ante semejantes palabras.
—¡Olvídelo, madame!, ¡Tendrá lo solicitado de inmediato!
—Y yo veré la forma de recompensarlo por ello.
La conversación durante la cena fue bastante relajada y amena. Era justo decir que se sentían cómodos en la mutua compañía, y ahí el inglés no pudo dejar de hacerle saber cuán extrañado se sentía con toda la situación. Eriol vivía con cierta holgura económica, pero el salario de un profesor de Hogwarts de ninguna manera tenía un punto de comparación con las capacidades de la heredera del conglomerado Daidoji.
Terminados los alimentos y la charla de sobremesa, Eriol optó por despedirse e ir a su propia habitación.
—Pero aún no hemos destapado ésto. —Reclamó Tomoyo con el Whiskey en sus manos.
—¿Has tomado Whiskey alguna vez, Tomoyo?
—Aún no, pero recuerdo que mencionaste que era tu bebida favorita.
—Para un paladar no educado puede ser complicado.
—Bien, pues edúcame.
El primer trago hizo toser a la chica por algunos segundos. El segundo fue más soportable, cerca del quinto, Eriol pidió prudencia a su anfitriona, que con las mejillas coloradas parecía no poder contener la risa ante cualquier comentario o situación. Por condescendencia, él había consumido al mismo ritmo, pero era evidente que su resistencia era muy superior. En el último acto de solidaridad, tomó a una Tomoyo que no ofrecía ninguna resistencia en brazos y la llevó hasta la cama, quitándole los zapatos y depositándola con cuidado entre las sábanas.
—Fue una velada muy agradable, pequeña, pero si no duermes ahora, mañana tendrás una resaca espantosa, y no quisiera tener eso en mi conciencia.
—Pero la botella aún no se termina, y no tengo sueño… —no hubo una sola palabra después de eso, Tomoyo se quedó profundamente dormida.
Enternecido, Eriol miró a la salida. Pensó incluso en volver a La Madriguera, pero la verdad era que también necesitaba espacio y algo de soledad y silencio, además de que se vería muy mal si se iba y sólo la dejaba ahí. Se dio la vuelta para salir de la habitación e ir a conocer la propia.
De la nada, una delicada mano de porcelana tiró de la manga del británico.
Tomoyo aún tenía los ojos cerrados.
—Debes dormir. —insistió él, conmovido.
—Duerme conmigo… —levantó la vista, luciendo débil como nunca antes, sacando el lado protector del hechicero—, por favor… no quiero estar sola.
—¡Guau! ¡Este lugar es increíble! —Exclamó Sakura al ver la alcoba principal.
Llegó ahí sola en un acuerdo con Xiao-Lang, mientras él se escurría dentro de otra habitación al final del mismo pasillo, a cosa de medio centenar de metros. Acorde a cada construcción mágica que habían conocido hasta ese momento, el interior poco o nada tenía que ver con el exterior, y por ello nunca imaginó que esa habitación sería circular, al igual que la enorme cama al centro. Se puso a explorar cada objeto que encontró ahí, y finalmente entró al baño, igualmente enorme con una tina y una ducha entre otras cosas, preguntándose si el lugar donde Li debía quedarse era así de cómodo. Imaginó que sí, de cualquier manera, los demás aposentos eran excelentes.
Después de contemplar el lugar una vez más, llegó a la conclusión de que lo mejor sería tomar un baño y dormir.
—Y tal vez deba atarme a la cama… —susurró para sí misma mientras dejaba que el agua hiciera su intento de llevarse el estrés.
La reflexión era simple: ver a la puerta la llevaba directamente a un único pensamiento posible: ir hasta la habitación de él, y quedarse ahí. No fue muy diferente para Xiao-Lang, que unos minutos después de ducharse, secaba su cabello.
La habitación que eligió era más pequeña, pero para nada más modesta. Un pijama verde lo esperaba sobre el colchón, y justo cuando iba a ponérselo concentró su atención en el espejo de piso a techo del clóset. Con curiosidad se retiró la toalla, viéndose con un muy, muy agudo escrutinio.
Como siempre, era culpa de ella. Antes de todo, su vida era entrenar, educarse, artes marciales, y luego entrenar más. Lo último que recordaba de su padre era que llevaba una vida igual, pero en momentos muy puntuales, eso cambiaba. Ieran, su madre, discretamente acariciaba su cabello, le decía con susurros llenos de afecto que se estaba esforzando demasiado, que debía hacer un pequeño espacio para él mismo en el cual relajarse, y que si se lo permitía, ella le ayudaría a obtener esa tranquilidad.
Pasaron los años, y pensó que ese tipo de trato no era para él. Nunca prestó atención cuando sus hermanas se enamoraron, y aún cuando Meilin le confesó lo que sentía, él la veía como a una hermana más, así que no se molestó siquiera en fingir que la correspondía. Fue hasta que su primera misión lo llevó a japón y después de cierto tiempo que comenzó a preocuparse por cosas tan específicas y superficiales como su apariencia o su comportamiento… se miró con eso en la cabeza. ¿Era él lo que podría definirse como atractivo? No es que realmente le importara como lo percibían los demás, pero eso cambiaba cuando era Sakura la espectadora. Había un temor que nacía en su estómago cuando estaba cerca de ella que lo hacía preocuparse por su apariencia. Se acercó para examinar su propio rostro. Se miró el torso, marcado, aunque no como el de un fisicoculturista, de hecho, estaba seguro que sus proporciones eran bastante genéricas considerando su raza y su edad, y se preguntaba si ella se fijaría en su musculatura. Siguió la inspección girándose sobre sí mismo, al verse la retaguardia no pudo evitar sonreír, pensando que parecía un perro sobre sus patas traseras, o un lobo, para mantener algo de dignidad. Y finalmente miró su lugar más secreto. La pornografía elevaba a niveles imposibles la apuesta, en el par de medios que vio al respecto, las proporciones de los hombres ahí mostrados eran monstruosas, y al parecer muy poco realistas, lo que lo llevaba nuevamente al mismo lugar… ¿Sakura se fijaría en eso?
—Debo dejar de pensar en ella así. —Se reprendió a sí mismo mientras se vestía finalmente y se recostaba para dormir.
Estuvo leyendo algo que encontró en el buró de la cama, que bien pudo ser el diccionario porque lo cierto es que no estaba prestando la mínima atención a la lectura. Sus pensamientos… sus deseos estaban a algunas puertas de distancia.
El alba asomaba por el horizonte para ese momento. Charlotte, con la cabeza recargada en el hombro de Kurogane compartía con él un cigarrillo. ambos estaban envueltos en el mismo cobertor mientras esperaban el amanecer en el balcón de la habitación. La borrachera se había ido, dejándoles solamente una incipiente resaca.
—Simplemente no lo puedo c'gueeg… —suspiró ella luego de exhalar el humo.
—No espero que lo entiendas. —Respondió él, muy relajado.
—Je t'ai amené me baiser et tu deviens sentimental. Paga no seg una hechicega, la muñequita te tiene embgujado como no vi a nadie antes. Sin embag'go, a pesag de todo, te entiendo, y que bueno que al final no hicimos nada. Si follo con alguien, pguefeguiguía que pensaga en mí. —Dio una nueva calada y pasó el cigarrillo al samurái, y comenzó a hablar en japonés—. No soy precisamente una mujer de relaciones duraderas, tanto tú como yo somos productos de nuestras naciones y sus tradiciones, y bueno… los franceses somos célebres por ser liberales en algunas cosas, como el amor. Tal vez no pasó nada esta noche porque no nos iba a llevar a ningún lado realmente. Es una pena, tú me gustas mucho, y te aseguro que te la habrías pasado muy bien, pero creo que hubiera sido contraproducente. Tu conciencia de samurái a la antigua te haría odiarte a ti mismo por siempre.
—¿Qué hay de ti?
—Yo estaría bien. Me gusta mi libertad, entre otras cosas por mi línea de trabajo. Tú, hombrecito, por otra parte, debes dejar de ser tan mentiroso contigo mismo. Ahí estás tú todo el día con tu cara de pocos amigos, ahuyentando a todo el mundo con tu actitud seria y agria… este muchachito Li te lleva mucha ventaja en eso. Él al menos trata de ser honesto con la única persona que para él es importante, mientras que tú, estás aquí, desperdiciando tu sinceridad conmigo.
—Imaginando por un momento que tienes razón, ¿qué debería hacer?, ¿simplemente pasar por alto la conducta de Tomoyo?
—Nada de eso. Tú estás haciendo lo correcto haciéndole ver sus errores, ella, a diferencia de lo que cualquiera llegara a pensar, es una jovencita bastante inmadura y consentida, merece que la vida la abofetee un poco para darse cuenta dónde está parada, y no hay nadie mejor para hacerle ver eso que alguien que realmente se preocupa por ella… alguien que realmente la quiera como haces tú. No creo en el destino, hombrecito… pero creo que cuando una persona quiere estar con otra, debe luchar por ello, y en ese camino debe haber crecimiento, aunque este no sea necesariamente amable con ellos. Si bien fuiste algo rudo con ella, en parte está en ella ver el error de sus acciones y perdonar tus modos, así como tú podrías cambiar un poco tu actitud con ella.
—Te juzgué mal, eres bastante sabia. Gracias.
—Es un placer.
—Volvamos a La Madriguera.
—De acuerdo… —se levantaron, evidenciando que ninguno se quitó una sola prenda durante una charla que duró toda la noche—. ¿Seguro que no quieres…?
—No.
—Tú te lo pierdes.
La luz ya entraba por los tragaluces de la habitación cuando Li decidió que era hora de bajar a desayunar. Y fue una decisión porque el sueño lo eludió por completo esa noche, y se sentía espantoso. Tenía hambre, le dolía la cabeza y estaba somnoliento.
Al llegar a la cocina, ya olía a comida. Sakura salteaba huevos y tocino con algo de pan tostado y jugo.
—Buenos días. —Dijo con la voz un poco más baja de lo usual. Su semblante evidenciaba que tampoco había dormido lo suficiente.
—Buenos días. Gracias por preparar el desayuno.
—Espero que te guste.
—Yo también. —Suspiró al ver que la expresión de la chica se ensombrecía—. No me malentiendas, desde siempre me ha gustado como cocinas y hasta la fecha no has preparado nada que me desagrade, pero a estas alturas me molesta un poco.
—¿Y por qué?
—¿Recuerdas que hubo una época obscura de los inicios de nuestra relación en la que el único nexo que teníamos era la comida que preparabas?
—Sí. La verdad es que en ese entonces no sabía de qué otra forma hacer que notaras que existía.
—Lo que es irónico, porque ya para ese momento no había otra cosa por la que me levantara en las mañanas si no era para verte. Está delicioso, por cierto. —Dijo después de dar el primer bocado.
—Gracias.
Hubo un largo silencio luego de eso, y ese sentimiento contradictorio volvía a golpearlos. Estaban en una casa sin personas en decenas de kilómetros a la redonda y con blindajes mágicos por todos lados, aún si cometían un crimen, nadie lo sabría, pero con todo y eso, no eran capaces de establecer una conversación.
—¿Y cómo dormiste? —se atrevió ella.
—No dormí. Intenté leer algo, pero al final me la pasé dando vueltas. ¿Qué tal tú?
—Tampoco pude dormir. No podía dejar de pensarte.
El silencio volvió, y por algún motivo, parecía que la temperatura de la cocina había subido varios grados. Terminado ese tenso desayuno, sin hablar establecieron el sótano como su próximo destino. Por horas exploraron los cientos de volúmenes que Eriol tenía almacenados entre altos anaqueles en aquella mazmorra insonorizada que parecía no tener fin. A intervalos leyeron fragmentos de distintas obras, que ciertamente parecían tenerlos suficientemente inmersos y distraídos en su propia imaginación.
—¿Qué estás leyendo? —Preguntó ella, un poco afónica ante el casi completo desuso de su voz durante el día.
—Un thriller romántico: "Siguiendo al Lobo", y una novela biográfica sobre un mago medieval: "El Despertar de la Oscuridad", la primera autora es hechicera, pero escribe sobre muggles. La segunda fue escrita por una hechicera de nuestra época que sirvió como médium de una bruja de la época del relato y escrita con nigromancia ¿y tú?
—Encontré una reimpresión de la obra de Junichiro, y una novela romántica: "Musa de Chocolate y Cerezas". Es tan rosa y dulce… ¡me encanta! Y encontré varios relatos cortos en un volumen anónimo que tiene unas cerezas y unas plumas en la portada, tiene historias breves, pero muy lindas, aunque algunas demasiado tristes. Uno de sus cuentos cortos se llama "Un Reencuentro con el Amor". Me sacó un par de lágrimas.
—Bien, pues encontramos algo con qué matar el tiempo sin que fuera completamente desperdiciado. Pero de verdad necesitamos dormir.
Tomaron los libros que seguirían leyendo y volvieron arriba. Cenaron algo ligero y acordaron que tal vez durante la noche buscarían algunas estrellas con el telescopio ofrecido por su ausente anfitrión. Xiao-Lang siguió a Sakura hasta su habitación cuando el crepúsculo terminó, necesitaba algo de champú que ella amablemente le ofreció, y él entró hasta el lujoso baño para tomarlo. Cuando volvió a la habitación, Sakura lo esperaba con una sonrisa radiante. Señaló la cama con una palma extendida.
—Estoy segura de que estás pensando lo mismo que yo. —Dijo animada.
—¿Ah, sí?
—Sí. No debes sentir pena por eso, es lo más natural del mundo. Yo misma casi no pude resistir el ansia anoche. ¿Qué dices?, ¿lo hacemos?
—¡Ah, qué diablos! ¡Hagámoslo! —respondió contagiado de su ánimo.
Unos segundos después, reían a carcajadas como niños pequeños e idiotas mientras saltaban a lo largo y ancho del enorme colchón. El recato era una conducta que también implicaba algo de mentira en su naturaleza, por tanto, el ánimo de hacer cosas así de infantiles podía liberarse sin problemas. Y en ese mismo afán, Sakura tomó una de las esponjosas almohadas y sin prevención la impactó en la cabeza de Xiao-Lang, haciéndolo caer.
—¡Eso es por decirme "miedosa"! —espetó divertida viendo el desconcierto en la cara de él.
—¡Pues esto es por decirme "amargado"! —respondió él con un golpe de igual intensidad que hizo a la maestra de cartas irse de espaldas.
—¡Me llamaste estúpida! —Un nuevo golpe, seguido de una risotada.
—¡No es cierto! ¡Tú, por otro lado, me dijiste mentiroso!
—¡Mentiras-kun!
—¡Bobalicona!
—¡Necio!
—¡Cursi!
Por algunos minutos estuvieron reprochándose lo dicho en su estancia en esa casa, entre golpes suaves pero intensos, entre carcajadas y robos de aliento, mientras que la ira por todo, desde la situación hasta las palabras comenzaba a irse junto con el esfuerzo físico. Una terapia, aunque fortuita, sumamente efectiva.
La pelea de almohadas al poco se convirtió en lucha grecorromana, para sorpresa de Li, Sakura era particularmente buena, y entre una nueva tanda de derribos, lariats y súplex, las llaves comenzaron a convertirse en abrazos, los desafíos e imprecaciones en susurros cada vez más afectuosos. Lenta, pero al parecer, inevitablemente el propósito del desafío inicial desaparecía.
Ella quedó tendida sobre su espalda, aún riendo, enrojecida, con él parcialmente encima. Brazos y piernas estaban enredados entre ambos, dificultándoles el movimiento y la respiración, y agitados se quedaron mirando por algunos segundos.
En situaciones semejantes en el pasado, la razón los habría llevado a levantarse y alejarse un poco para recuperar la compostura y espantar un poco a los demonios que los rondaban, pero ninguno de los dos lo hizo así, y aunque sus caras ardían, ninguno quería realmente quitar los ojos del otro.
—Deberíamos levantarnos. —Susurró él.
—Sí, deberíamos.
—Y preparar nuestras cosas para dormir.
—Cierto.
—Y ambos deberíamos evitar situaciones de riesgo.
—Sin lugar a dudas.
—¿Por qué no estamos haciendo nada de eso?
—No estoy segura… pero yo no quiero que te separes de mí.
—Pero si me quedo…
—Lo sé… y eso me da mucho miedo… pero tengo más miedo de que te vayas y me arrepienta para toda mi vida. ¿Tú que quieres hacer?
La pregunta hizo que el chico tragara pesado. No respondió verbalmente, sino que después de pensarlo mucho, deslizó lentamente una de sus manos bajo la blusa de la muchacha, hasta tomar con dulzura uno de sus senos. Ella dio un respingo, y su respiración se volvió errática, y después de mirar con mucha intensidad el ámbar que sabía que sería su perdición, cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación que la caricia le provocaba. Cuando él comenzó a besarla, ella sólo pudo enredar las manos en las sábanas, lanzando suspiros y alguno que otro gemido que no hacían más que enloquecer a su compañero, cada vez menos renuente a la idea de consumar su amor ahí mismo.
—¡No! —Exclamó ella, rodando sobre el colchón, alejándose de él.
Ambos comenzaron a regularizar su respiración, mirando hacia el piso. Li estaba un poco contrariado, pero lo cierto es que una parte de él agradecía que la razón hubiera acudido a ella.
—¿Estás bien? —consultó él, cuando la vio más relajada.
—Sí… es sólo qué… tengo miedo…
—Sí, yo también…
—No creo que sea el mismo, Xiao-Lang…
—¿A qué temes?
—A no hacerlo bien… a que no te guste algo de mi cuerpo… ¿y si hago algo tonto o ridículo?
—Bueno… al menos tienes razón en que no es el mismo miedo.
—¿Tú a qué temes?
—A no hacerte feliz… a que sea tan malo que te produzca un trauma… a que me odies si algo sale mal. —rió con algo de amargura al entrar en sus propios recuerdos—. Incluso he investigado para estar listo llegado "el momento".
—¿Ah, sí? ¿Qué tipo de investigación? No me digas que por…
—Entre otras cosas. —anticipó—. Pero sólo en una mínima parte, busqué otras fuentes porque no me parecía muy real lo que pasaba en esas películas y mangas. Pero aún con eso… el miedo sigue ahí. Tal vez esa es la verdadera utilidad de nuestros miedos: protegernos…
—Sí… es posible.
—En fin… me iré a dormir.
—De acuerdo. Y perdóname por provocar esto. Quise aliviar tensión y parece que sólo la aumenté. ¿vas a estar bien?
—Claro.
Recogió sus pertenencias y luchando contra sí mismo con toda su voluntad, besó la coronilla de Sakura que no se atrevía a levantarse del lecho, al parecer en una pelea igual a la de él. Casi como si fuera doloroso, se obligó a salir de la alcoba.
—¡Espera! —Exclamó ella, levantándose casi de un salto al verlo tomar el picaporte—. ¡No estoy de acuerdo con lo que dices de los miedos ahora que lo pienso mejor!
—¿Ah, no? —preguntó él con voz temblorosa, sin atreverse a darse la vuelta.
—No… tú dices que los miedos tienen el objetivo de protegernos. Yo creo que su verdadero objetivo es darnos una razón, darnos el valor y la fuerza para superarlos… pero no siempre podemos hacerlo solos…
—Sakura… —susurró él, incrédulo al darse la vuelta, viendo el gesto angustiado, pero lleno de determinación de la chica que amaba al quitarse la ropa.
—Xiao-Lang… ayúdame a no tener miedo. —susurró cubriéndose tímidamente con los brazos cuando su desnudez fue completa.
Incapaz ya de resistirse, comenzó a avanzar hacia ella. Sakura lo detuvo con un gesto de manos, indicando lo que le sobraba. Él comprendió el mensaje y lentamente fue dejando un rastro con sus prendas hasta que la alcanzó.
Quedaron frente a frente, ambos desnudos no sólo en la carencia de ropa, sino en la obligada honestidad intelectual y su natural transparencia espiritual, confrontados con uno de sus temores más grandes, y al mismo tiempo de cara a un momento clave de su vida como pareja.
Como amantes.
Para él, la combinación que ella le ofrecía era perfecta: su desnudez, esa sempiterna inocencia junto con la sensualidad que luchaba por salir a flote, su mirada de ternura tan ingenua como expectante.
La abrazó suavemente, su virilidad se comprimió contra la sedosa piel de su abdomen, y ella no rehuyó al contacto, sino que serpenteó para estimularlo. Después de besarse con fervor, él comenzó a recorrer en descenso con sus labios, distrayéndose un poco en su cuello, el surco de sus senos, su estómago, mordió juguetonamente la piel bajo su ombligo, hasta llegar a la esponjosa suavidad de su monte de Venus.
El sitio en cuestión era un sueño por sí mismo. La textura de su piel era maravillosa, por algún motivo que escapaba a su comprensión no había vello ni evidencias de que lo hubiera habido antes, y la zona era custodiada por la tierna y firme carne de los muslos que tantos sueños vergonzosos ya le habían robado.
—Acuéstate. —Indicó él con suavidad. Ella obedeció sin dejar de mirarlo.
—Siento vergüenza de que me veas así.
—No deberías, eres bellísima… te ayudaré a quitarte esa pena. —dicho eso, separó sus piernas, buscando descubrirla por completo. Ante él quedó expuesto el núcleo mismo de su femineidad. Con toda la delicadeza posible, ocupó sus pulgares para separar sus labios, ante una cada vez más sonrojada chica, que observaba toda la operación.
—¿Qué me vas a hacer? —Preguntó ella, temerosa.
Él la miró a los ojos, determinado:
—Feliz.
En el más malicioso de los juegos de palabras, sus labios se unieron. El contacto la hizo dar un respingo, y sintió mariposas ante la sensación de los labios y la lengua de su amante devorándola. No sabía mucho de técnica, pero la pasión y el compromiso puestos en la faena eran maravillosos, tanto como sentir su aliento, verlo tan entregado a cumplir esa promesa de darle felicidad. Y lo estaba logrando. El miedo inicial se había ido, en algún punto incluso dejó de vigilar sus acciones y se limitó a permitirse sentir la calidez y cariño puestos en la caricia, mordiéndose el dorso de la mano izquierda y con la derecha alborotando el cabello de su dulce verdugo, elevando su pelvis involuntariamente, buscando que sus besos fueran más libres, que ese pequeño pero poderoso botón de alegría fuera comprimido y succionado como nunca antes sintió y que ahora pensaba que jamás sería suficiente. Él, entre tanto, se deleitaba con el sabor de su esencia más secreta entre sus labios, recorrió con hambre la suavidad de esa piel tan delicada e hizo llegar su lengua lo más profundo que pudo, obteniendo como recompensa una exclamación de sorpresa y adorable confusión. Amplió su campo de acción, castigando con besos los alrededores, mordiendo con delicadeza el interior de sus muslos, haciéndola dar saltitos y arrancándole gritos ahogados, para luego volver sobre su lugar especial.
Ella sabía que sí el muchacho continuaba así, tarde o temprano la haría llegar a ese momento… no era la primera vez que lo alcanzaba, un par de veces con él en el hasta entonces inocuo juego de roces que habían jugado en muy raras y especiales ocasiones… pero no sé imaginó que sería tan bueno.
El éxtasis la alcanzó de sorpresa, obligándola a aferrarse a las sábanas, mientras daba una exclamación aguda y desconocida para el chico, fue mucho más intenso, prolongado y satisfactorio de lo que había sentido hasta ese momento, y pasados largos segundos de ser incapaz de controlar su cuerpo y su voz, quedó tendida, desmadejada y con la respiración irregular, mientras que reía nerviosamente al mismo tiempo que un raro nudo en la garganta le impedía articular palabra.
—¿Estás bien? —Preguntó él, ante el errático comportamiento de la muchacha.
La chica se incorporó, echó los brazos en su cuello con fuerza torpe y dulce.
—Eso fue increíble…
—¿Deberíamos continuar?
Ella bajó la vista un momento, reflexiva, sin dejar de acariciar el cabello del chico, pensando… evaluó su situación actual: ya habían llegado más lejos que en cualquier encuentro previo, y hasta ese momento, todo había sido bueno por decir lo menos. Volvió al cálido ámbar, cayendo en cuenta de cuánto lo necesitaba justamente en el contexto de ese momento.
—Sí. Lleguemos hasta el final.
Un beso cerró el trato mientras tiraba de su cuello para quedar ambos tendidos sobre el lecho.
Quizás él nunca había sentido tanto bienestar y felicidad como en ese momento, antes no tuvo oportunidad de que tanta piel suya quedara expuesta a la de ella, recibiendo su calor y suavidad, sus manos repasaban su cintura y sus caderas, mientras que los brazos y las piernas de ella se enredaron al cuerpo de él, apremiante, ansiosa por un temor infundado a que él se fuera, mientras que literalmente se comían a besos, cada vez más necesitados de concretar la tan esperada unión.
—Sakura… —llamó él su atención, mirando los ojos verdes que tanto amaba— ...voy a hacerlo.
—Adelante…
—¿Vas a estar bien? No quiero hacerte daño.
—Tú nunca me harías daño… —dijo, tomando con dulzura sus mejillas.
—¿Esto es lo que deseas?
—Yo quiero que seas mío y sólo mío… y lo quiero ahora.
—Te adoro.
—Y yo a ti.
Se preparó entonces. Muchas cosas pasaban por su cabeza al tiempo que sentía como la espada se enfilaba en dirección al cáliz. No rompieron contacto visual, y cuando el primer toque llegó ambos contuvieron la respiración. El primer trabajo había sido realizado con enorme efectividad: ella estaba más que lista para recibirlo hablando sólo en términos físicos, así, cuando los primeros centímetros se hicieron paso a través de ella, sus ojos se abrieron más, al igual que su boca, en busca de más aire. Él, un poco asustado ante esa reacción, pensó en detenerse.
—Estoy bien… —musitó ella con voz contenida—, no pares, por favor…
Habiendo recibido el visto bueno, él continuó su avance, con la vista nublándosele poco a poco a causa de la sensación de aquel calor y humedad que lo estaban volviendo loco. Siguió y siguió hasta que, a pesar del único obstáculo que se presentó, la unión fue completa, y buscó la mirada de su compañera.
Ella, con los ojos cerrados, tenía la cabeza girada a un lado, y una lágrima traicionera se deslizó por su nariz para caer a la blanca sábana. Él se sintió morir.
—¡Perdóname, por favor!, no quise causarte dolor…
Ella lo miró, cruzando con el índice sus labios, obsequiándolo con la sonrisa más sincera que pudo dibujar.
—¿Quién te dijo que lloro de dolor, tonto? —salió de su voz ligeramente quebrada— Estoy muy feliz… al fin eres mío.
—Eso debería decirlo yo.
—No. Eres mío. Acabo de tomar tu inocencia, y ahora me pertenecerá para siempre.
—Siendo así…
Y con la torpeza propia de un principiante, comenzó lentamente el vaivén, suspirando pesadamente ante una actividad física completamente nueva para él, mientras en sus oídos sonaban los primeros gemidos de su amante. Escuchar su voz en esas frecuencias le hizo pensar que no lo estaba haciendo tan mal como pensó en principio.
Ella podía confirmar esa teoría. Ciertamente había algo de dolor, pero era rápidamente compensado por la estimulación que estaba recibiendo, y no sólo la meramente carnal, sino la emocional. Había una sensación muy particular que Xiao-Lang le transmitía a través de todo su cuerpo mientras la poseía, era esa necesidad de demostrarle cuánto le importaba. Saberse tan amada era un maravilloso complemento a sentir a ese ser especial en ella, deseó con todo su corazón fundirse en él, que esa unión amalgamara sus almas, que se quedara, en todas las interpretaciones posibles, dentro de ella para siempre.
Ahí estaba de nuevo. La sensación que lentamente se revolvía en su vientre, vibrante, luchando por escapar a través de su voz, que demandaba cada vez más aire, que le impedía abrir los ojos mientras sus uñas castigaban la espalda de su amado, y la hacía levantar las caderas para que él llegara más profundo aún, sólo faltaba un detalle mínimo, y si aparecía, estaría en presencia del mejor orgasmo de su vida hasta ese momento.
—Te amo, Sakura.
Y ese fue el detonante. La chica dejó salir varios gritos continuos, completamente confundida ante lo que su cuerpo experimentaba, tratando de decirle torpemente que lo amaba también, que su corazón no iba a soportar todo ese amor y moriría entre sus brazos, víctima de su afecto. Fue más prolongado que cualquier ocasión anterior, como nada que el causante hubiera visto antes en materia de tiempo, haciéndolo a él víctima del mismo frenesí, llevándolo también a una culminación.
Sus espasmos comenzaban a dejarla pensar con claridad cuando vio a su amante casi desvanecerse sobre ella, mientras algunas exclamaciones entrecortadas lo abandonaban, y ella sentía que algo ardiente se regaba en su interior, entre palpitaciones, aumentando una ya de por sí exacerbada humedad. Con dicha sensación en su interior tomó las mejillas de un chico desfalleciente. El consolidado de sensaciones estaba en el terreno de lo desconocido, lo cálido, lo muy, muy húmedo y repleto de sonidos confusos y sensuales. La razón de ambos se apagó momentáneamente.
Él trataba de recomponerse recargando su frente en la mejilla de ella, sintiendo en sus labios el dulce salado del sudor de su cuello, que subía y bajaba buscando cada milímetro cúbico de aire disponible.
Ella reparó en sus propias manos y los profundos surcos que hizo en la espalda del chico, uno de hecho si le había provocado un insignificante sangrado, le miró los hombros firmes nacarados por su transpiración, los músculos tensos de su cuello. Lo vio incorporarse un poco, dedicándole la mirada más tierna y agradecida que había apreciado jamás, él sonrió, incrédulo ante lo que acababa de pasar.
Se quedaron anclados en los ojos del otro por algunos instantes más, hasta que ella al fin pudo romper el silencio:
—Qué… qué rico…
—¿Perdona? —Preguntó él, riendo ante una frase tan inesperada, contagiándola con su risa.
—Qué sentí muy rico… no encuentro otra forma de describirlo. ¿Seguro que nunca lo habías hecho antes?
—¡Claro que no!
Rió ante las inocentes y pícaras sugerencias de la chica. Esa risa, al seguir él estando dentro de ella, se convirtió en un nuevo estímulo. El estímulo, pronto se convirtió en renovada excitación. Así, sin haber terminado en rigor el primer encuentro, inició el segundo. Las risas se fueron apagando para convertirse en una nueva tanta de gemidos, la firmeza nunca lo abandonó a él ni la humedad a ella, así que sólo se dejaron llevar. Esa segunda interacción fue más elaborada, más suelta y desenfadada, aderezada con besos y manos recorriendo todo lo que pudieran alcanzar, más veloz, pero más concienzuda.
Ella, libre del yugo de la vergüenza al fin, lo hizo tenderse sobre su espalda y se le fue encima. Si él pensaba que había visto lo más sublime que esa noche tenía que ofrecerle, se había equivocado en más de una forma. Ver a la chica sobre él era simplemente indescriptible, no sólo en su deslumbrante belleza femenina, sino en su recién descubierta hambre de placer, entregada totalmente al deseo de tomarlo todo.
"¿Cómo es que algo tan duro no me hace daño?" Pensó ella sin dejar de moverse sobre él.
"¿Cómo algo tan caliente no me abrasa?" Pensó él, levantando sus caderas.
Unos quince minutos, varias decenas de suspiros, unas cuantas palabras de amor y algunas pintas de sudor después, él se incorporó acomodándose en loto para abrazarse de la cintura de Sakura, hundiendo el rostro entre esos pequeños y perfectos senos claros y suaves de aureolas rosadas. Ella dejó escapar algunos lamentos agudos. Ya tenía el desenlace a punto, y el estímulo final fue sentir el clímax de Xiao-Lang, tan húmedo y abundante como el anterior, su nuevo pasaje al cielo en comunión con aquel que sabía que era el hombre de su vida.
Habiéndose relajado, se tumbaron uno al lado del otro, y en el inter de tratar de recuperar el aliento, la primera deuda de sueño pasó su factura, durmiéndolos a ambos.
Él despertó y miró a su alrededor. Ver a su amada dormir profundamente evidenciaba para él el nivel de confianza y confort que sentía, su respiración era profunda sin llegar al ronquido, lo que ponía de manifiesto el cansancio por toda la jornada previa.
Xiao-Lang sintió que su corazón se derretía por esa inocencia natural que ella irradiaba aún por encima de la sensualidad misma de su desnudez. No sé resistió a abrazarse de ella en "cucharita", hundiendo el rostro en la parte trasera de su cuello, dando un suspiro profundo para tratar de absorber su aroma lo más posible, llenándose de esa paz que no podía encontrar en ningún otro lugar. Él era consciente de la innegable belleza de Sakura, sin embargo, sólo hasta ese momento pudo dar cuenta de cosas que antes le eran totalmente ajenas e irrelevantes. Su cara siempre fue una creadora de sueños para él, y con la edad, su figura se volvió la principal causa de atención, sus piernas, su diminuta cintura y principalmente sus generosas caderas. Pero… ¿dónde se había ocultado ese delicado cuello de marfil? ¿Y la grácil línea de sus vértebras en la espalda? ¿O su ombligo? ¿El nacimiento de su cabello en la nuca?
Ella dio un respingo sin despertar y se dio la vuelta. Sin abrir los ojos sintió el cabello de él y amarró su cabeza en un abrazo, como hacía con su almohada, dejando el rostro del chico entre sus senos, donde la suavidad de los mismos simplemente hacían magia en contacto con las mejillas de él, haciéndolo pensar con razón que ese sitio en particular, era el paraíso en la tierra, y que era sólo para él. Así, pasaron abrazados el resto de la noche, entre caricias repletas de ternura y afecto, besos con diferentes niveles de intensidad o inocencia, palabras breves pero emotivas, y cada que sus vigilias coincidían, volvían a hacer el amor.
Él tomó el control la primera vez. La fue despertando gradualmente, llenando de besos su espalda, desde la nuca hasta el coxis, acariciando con dulzura sus hombros, sus costados, y las mismas caderas que lo hacían tener pensamientos pecaminosos desde mucho tiempo atrás. Ella se abrazó de una almohada cuando sintió la invasión venir a sus espaldas. El cuidado que ponía el muchacho en hacerla sentir bien era muy efectivo, mantenía un ritmo muy pausado, pero muy constante, recorriendo con su masculinidad cada milímetro del interior de ella, explorando lugares que ella no se imaginaba que existieran y que podían darle esas sensaciones tan intensas. Por la cadencia tan tranquila y amable, no había gemidos, sólo suspiros largos y delicados, giró la cabeza sólo para ver esos ojos ámbar admirar su espalda de arriba a abajo, de la misma forma que sus manos la recorrían, y lenta pero diligentemente le administraba una nueva dosis de paraíso a su vientre. El clímax fue prolongado y profundo, haciéndole recorrer un increíble escalofrío por todo el cuerpo, ella trató de expresarle con palabras lo que sentía y cuán bueno era para darle felicidad, aunque al final no supo lo que dijo. Luego de tan intenso orgasmo, le vino un sueño fulminante.
Para la siguiente vigilia, ella despertó primero. No fueron besos los que regresaron del sueño a Xiao-Lang, sino una caricia muy específica y una mirada verde expectante. Sakura observaba con curiosidad su rostro a media luz, él apenas pudo enfocarla, recostada a su lado… y una de sus delicadas manos jugaba a con él.
—¿Sakura…?
—Lo… lo siento, pero se veía… animado, pensé que tal vez necesitaba ayuda…
—¿Qué tipo de ayuda?
—No lo sé, pero pobre… se ha puesto tan duro… —lo miró menesterosa— tal vez si yo…
No terminó la frase, sólo montó al chico y durante divertidos segundos intentó sin éxito que sus anatomías coincidieran, hasta que finalmente lo consiguió y en un solo movimiento lo tomó hasta la base, incapaz de ahogar un gemido en la maniobra. Si bien aún no estaba acostumbrada a tenerlo dentro de ella, sentir su calor y rigidez la ponía feliz de inmediato, y tratando de devolver algo de esa alegría comenzó a moverse con diligencia. Él trató de reducir un poco el ritmo, anticipando un final prematuro dada la intensidad y velocidad impuesta por Sakura, pero al tratar de atar su cintura para detenerla un poco, ella interceptó sus manos, llevándolas hasta sus pechos, haciéndolo acariciarlos.
—No, Sakura… es demasiado…
—Está bien, amor… déjate llevar… déjame llevarte.
El inocente chico no pudo más que obedecer. Acarició con desesperación el bello par de cerezas que le habían sido ofrecidas y dejó que ella se hiciera cargo de su felicidad por un poco más hasta que, incapaz de resistir, estalló en ella. Y vaya que ella se percató, abrió los ojos sorprendida buscando los de él al sentir ese calor tan particular llenándola, y dándole una enorme sonrisa.
—Eso es por lo de hace un rato. Me hiciste sentir muy bien y yo sólo me dormí. —Susurró ella mientras trataba de recomponer su respiración, dándose un coscorrón mientras le guiñaba un ojo—. ¿Te gustó?
—Muchísimo. —Respondió él, cerrando los ojos y tratando de descontracturar los músculos que se le habían engarrotado en la última maniobra.
—¿Qué fue lo que más te gustó? —Preguntó malintencionada, tratando de avergonzarlo.
—Que me llamaras "amor".
La patitiesa entonces fue ella. Se quedó helada, mirando incrédula a su amante, a sabiendas de que era incapaz de mentir. Esa debía ser la declaración más hermosa que hubiera salido jamás de sus labios.
—¿Estás bien? —Preguntó Xiao-Lang, alarmado al ver caer sus lágrimas una vez más. Se incorporó y tomó sus mejillas con dulzura.
—¿Por qué insistes en pensar que las lágrimas sólo pueden ser de dolor o tristeza? —Respondió ella con la voz cortada, atándolo en un abrazo que parecía tener la intención de sofocarlo— ¡Ya lo sabes, Xiao-Lang Li! ¡Desde este día eres mío! ¡Sólo mío!
—¿Cuánto tiempo llevamos de conocernos, Sakura?
—Siete años.
—Mismos que he sido tuyo, no sé por qué la insistencia.
—¡No quiero que Rose o nadie más crea que tiene la más mínima oportunidad de tomar lo que es mío!
Superado el drama, charlaron de otras cosas. Siguieron besándose. Estaban tan cómodos mientras hablaban que perdieron la noción del tiempo a pesar de que estaban exhaustos, por momentos incluso olvidaban su desnudez, dándose cuenta que no sólo en el recién descubierto plano del amor físico tenían plenitud y libertad mutuas, sino en el reconocimiento y afecto que compartían.
—Estoy rendida. —Declaró Sakura dando un bostezo.
—Durmamos entonces.
—Pero antes de eso… —dudó, y con timidez miró hacia una de las estancias de la casa que habían explorado individualmente más temprano— ¿no te vendría bien una ducha caliente?
—Sería genial.
—Qué bueno… porque estamos muy pegajositos.
Él rió. Quizás ella se había convertido en mujer en las últimas horas, pero la niña dulce e inocente de la que se enamoró seguía ahí, al igual que dentro de él seguía el niño taciturno que no creía merecer ese tipo de amor.
Ella en realidad no quería levantarse del lecho, y él consintió su conducta, con delicadeza la tomó en brazos y la llevó hasta el cuarto de baño.
La ducha era una maravilla, Eriol había adaptado el viejo cuarto con infraestructura moderna, así que el par pudo tallarse mutuamente la espalda en una regadera con puertas de cristal, y luego reposar en una enorme tina. Sakura dormitó sobre los hombros de Li en ese tiempo, hasta que finalmente él la llevó medio dormida de vuelta a la alcoba viendo sus dedos arrugados por la humedad.
En lo que Li asumió que era un encantamiento recurrente y que se ejecutaba en la habitación de forma automática, la enorme cama había sido tendida y colchas limpias los esperaban, la depositó con suavidad sobre las sábanas y se aferró a la tersa desnudez de su espalda al tumbarse junto a ella. No se cubrieron, la temperatura de la habitación era perfecta, así que simplemente se dejaron llevar por el cansancio.
Cuando Sakura abrió los ojos, el sol entraba con fuerza por las diminutas troneras en la parte superior de la alcoba, y por el tragaluz sobre la cama. Xiao-Lang dormía despreocupadamente a su lado, mostrando abdomen y pectorales sin mayor reparo. Con pereza, ella se cubrió parcialmente el torso con la blanca sábana sobre la que había dormido, y un poco mareada se levantó, buscando su ropa por el suelo.
Aún estaba exhausta. Le dolían las caderas y un poco el vientre, sentía la boca algo seca y tenía problemas para enfocar… sin embargo, cuando llegó nuevamente al cuarto de baño para lavarse los dientes, descubrió que estaba sonriendo… era una sonrisa que simplemente no podía quitarse, sus ojos resplandecían y su piel parecía destellar. Se sentía feliz.
Lo único que halló para vestirse, además de su ropa interior, era la parte superior del pijama de Xiao-Lang, así que eso fue lo que se echó encima, y salió de la alcoba en dirección a la cocina.
—Buenos días. —Susurró él, un poco después, ligeramente afónico.
Ella no respondió. Canturreaba y bailaba algo mientras los panqueques en la sartén en su mano volaban. Sin embargo, había notado su presencia y su saludo fue lanzar lo recién cocinado al plato que había puesto ex profeso en el diminuto comedor de la cocina para él. Un tiro parabólico perfecto que completó la orden de tres panqueques y frutas.
—Buenos días. —Exclamó al fin, dándole una sonrisa de dientes relucientes—. ¿Dormiste bien?
—De maravilla. Veo que no encontraste tu ropa.
—La oculté para vestirme con tu pijama. —Dichas esas palabras, agachó la mirada, sonriendo con ironía—. El efecto del Veritaserum aún no pasa...
No hubo un reproche por la obligada confesión. Sakura caminó lentamente hasta llegar a él y lo abrazó por la espalda, hundiendo la nariz entre sus omóplatos, dando una inspiración profunda para quedarse con su aroma mientras sus dedos seguían los surcos de su abdomen.
—De cualquier manera, tal vez te lo hubiera pedido. —El chico se dio la vuelta, tomó un trozo del dulce recién hecho y lo depositó en los labios de ella, que lo comió lentamente—. Vaya… eso fue sexy.
—Es que tengo mucha hambre…
Y luego de reír por tan tonta conversación, se sentaron a la mesa y desayunaron abundantemente.
Era realmente un dilema qué hacer en las siguientes horas, les quedaba un día con su noche en esa casa, y aunque por la mente de ambos pasó la idea de quedarse en la alcoba y disfrutar la mutua compañía, al final pensaron que sería un desperdicio no aprovechar la tan favorable ubicación de la casa de Eriol. Ellos no lo sabían, pero Kendal era por mucho uno de los mejores lugares para visitar o incluso vivir en aquella nación. Al ser los últimos días del verano, la temperatura, aunque baja, era bastante agradable, lo que los motivó a caminar por las inmensas campiñas y las pequeñas regiones boscosas de los alrededores de la casa, no podrían ir al pueblo por obvias razones, pero sin dudas sería un gran día.
Empacaron comida y partieron sin un rumbo definido, el instinto los guío a las montañas. Esa ruta, entre otras cosas, le permitiría a Sakura practicar los hechizos que Malfoy tan amablemente le había enseñado.
La caminata fue muy agradable, incluso fueron capaces de superar el problema del silencio, al parecer, todo lo malo que tenían que opinar el uno sobre el otro eran nimiedades que pronto pudieron ser dejadas atrás, y sus charlas iban más en pos de sus nuevos descubrimientos, aprendizajes e incluso las nuevas lecturas que estaban haciendo. Regresaron poco antes del ocaso, tomaron algo de té y una cena ligera.
No hubo siquiera una charla acerca de cómo pasarían la noche, ella le indicó que tomara primero un baño mientras ella limpiaba lo resultante de la cena, él obedeció. Él iba terminando cuando ella entró a la ducha, se adelantó al dormitorio, la deuda de sueño seguía siendo fuerte para ese momento. Poco a poco, comenzó a quedarse dormido esperándola. La verdad era que estaba tan cansado por la caminata que ni siquiera se puso un pijama después del baño. Se había sentado en el borde de la cama sólo enredado en la toalla y al final se recostó, pensando que cuando ella terminara, le avisaría para que se vistiera y se acomodaran para dormir.
Escuchó que ella terminaba sus últimas rutinas de aseo, sintió como salía del cuarto de baño y avanzaba hasta él despidiendo un agradable aroma a shampoo… y lo demás comenzó a ponerse raro. Escuchó entre su incompleta vigilia la toalla de la chica caer al llegar ante él, sintió como tomaba una de las almohadas y la echaba al piso… luego como retiraba la toalla que lo cubría, tal vez intentaría vestirlo en su eterno afán de servicio, pero no fue así.
Él dió un respingo al sentir la seda de las manos de la chica tomar su hombría con dulzura y empezar a masajearla. No tuvo que esforzarse mucho, en sólo segundos la había endurecido, haciéndola dar una pequeña exclamación de asombro. Sólo un momento después, la sensación de las manos de la muchacha se complemento con algo mucho más cálido y húmedo, simplemente delicioso hasta lo alucinante. Abrió finalmente los ojos con dificultad, encontrándola dedicada en besos y otras caricias tanto más atrevidas a masculinidad y ella le regresó la mirada. Era mucho para procesarlo. El rostro más lindo e inocente que conocía dedicándole un gesto perfectamente balanceado entre la ternura y la malicia, en una faena que él soñó en incontables ocasiones, pero que no creía posible…
—¿Qué estás haciendo…?
—Te lo estoy…
—¡No lo digas…! Esta poción me vuelve estúpido con las preguntas… —Luego de escuchar esas palabras, ella le dedicó una sonrisa sutil y volvió a lo suyo—. ¿Estás bien con esto?
—De maravilla… tú lo hiciste primero conmigo, ¿recuerdas? Eso se sintió muy bien… y esto también se siente bien. —Y diciendo eso, cerró los ojos y se llevó todo lo que pudo a la boca. Parecía estar disfrutándolo realmente mientras que él no pudo evitar lanzar una exclamación al aire.
Xiao-Lang se sentó a medias. Ella, de rodillas sobre una almohada, acariciaba sus muslos mientras daba afecto con diligencia al mismo responsable de sus alegrías en las últimas horas, haciendo que su dueño se aferrara a las sábanas. Él disfrutaba de una vista sin igual: la muchachita más hermosa del mundo le cumplía una de sus más ocultas, pero anheladas fantasías, mejor aún, realmente estaba gozando de ello junto con él, mirándolo a hurtadillas y sonriendo ante lo que sin dudas eran las caras extrañas que él hacía.
Se levantó unos centímetros, besando los cuadros de su abdomen y encarándolo.
—¿Te gusta? —Preguntó con ese dejo de inocente malicia que tan oculto vivió en ella siempre, pero que él agradecía.
No le respondió. Sólo la tomó por la nuca y la besó con fiereza, haciéndola gemir. Pensó por un momento que estaba siendo demasiado rudo, pero ese sentimiento se fue cuando sintió que las manos de Sakura volvían a atacar su virilidad, cuando se separaron, ella sólo tuvo que dar una inspiración profunda, y con auténtica hambre volvió a la entrepierna del muchacho.
—¿Por qué lo haces?
—Me gusta. Aunque creo que las verdaderas razones están en mi cabeza. —Dio un beso suave al objeto de su afecto, haciendo dar un respingo a su víctima— Y es eso justamente. Me muestra facetas de ti que no veo a menudo, y me encanta… es como si yo tuviera todo el control.
—Pero si sigues así, esto va a terminar pronto…
—Pues que así sea.
Ante la advertencia, ayudada de todos sus recursos, entró a una recta final mucho más veloz y agresiva, haciéndolo ver luces de colores, perdido en los ojos verdes que amaba, ahora cargados de una perversidad y deseo que jamás imaginó ver, y que le hicieron pensar que podría morir tranquilo. El final era inevitable, él lo sintió junto con la falta de control de sus manos.
—Sa… ¡Sakura…! ¡Detente…! ¡Voy a…!
Pero ella no se detuvo. Por el contrario, aumentó la velocidad y la fuerza.
Él dio una larga exclamación al sentir el paraíso en su cuerpo, escuchándola gemir.
Ella lanzó un lamento ahogado al sentir la explosión entre sus labios, la textura y el sabor de su semilla, pero se rehusó a retirarse… había algo más allá de esas sensaciones que supo que lo unían más y más a él.
Por algunos segundos se mantuvieron en la misma posición, inmóviles, hasta que ella se separó lentamente, cubriéndose los labios con la mano. Trató de hablarle con señas al chico, pero él obviamente no entendió nada. Correspondió con señas también, tratando de armar alguna idea con la mente disminuida como la tenía en ese momento, pero no lograba hilar conceptos, hasta que ella, en una hilarante desesperación, se golpeó el pecho un par de veces, pasando saliva (y todo lo demás), y respirando nuevamente.
—¡Un pañuelo, Xiao-Lang! ¡Necesitaba un pañuelo! —Exclamó contrariada y divertida.
—¡Perdón! —Él hizo el movimiento para ir a buscarlo a la cómoda, pero ella no se lo permitió.
—Como dije: necesitaba.
—¡Ah! ¡Tú… tú te lo pasaste! ¡Discúlpame!
Ella lo interrumpió con una risa sincera mientras se cubría el rostro y tomaba asiento a su lado en la cama, tendiéndose luego sin poder dejar de reír. El sonido más lindo que él hubiera escuchado. Ella, sólo extendió sus brazos para que el la abrazara. No lo dudó ni por un segundo, la tomó en brazos y la besaba tiernamente, entre intervalos de risa. Era un momento de sensaciones increíbles, un punto máximo de realización del espíritu, una definición definitiva del concepto de felicidad. No tuvo que pasar mucho para que, en medio de ese afectuoso y dulce diálogo sin palabras, terminaran haciendo el amor unas veces más.
Esos días pudieron ser el apocalipsis para más de uno. Sin embargo, aquello que unía al par resultó ser más grande y fuerte de lo que imaginaron en principio.
Sin embargo, lejos de ellos, de vuelta al mundo real, las cosas eran muy diferentes. El destino les permitió tener ese pequeño receso lleno de felicidad como un pago adelantado al viacrucis en que la realidad se convertiría en un futuro muy, muy cercano.
Capítulo 18.
Fin.
¡Espero sus opiniones!
