Buenas noches :3
Ya sé, me tardo mucho :P... pero las/los voy a recompensar.
El capítulo había quedado demasiado largo y aún no termino de corregir la parte del lemon, así que lo tuve que dividir. Pero en la siguiente semana lo publicaré ;D
Sobre sus comentarios:
Kaori-Mikaren: Claro que si, con el tiempo adecuado, las cosas se piensan mejor y eso es lo que va a hacer Dianita. No te preocupes, que todos quedaran contentos al final de la historia :D
Tsuki-Ruyi: Gracias por el apoyo querida ;) Así es, el inugami realmente aprecia a Diana y su proceder es correcto, debe ser paciente y esperar la aceptación de ella. La mujer tiene que sopesar las circunstancias, tiene motivos para estar recelosa de los youkais, es decir, son criaturas sobrenaturales a fin de cuentas. Y tienes razón, nada puede ser fácil y perfecto, así que ambos deben ir con calma XD
Luna: Sip, lo sé, Diana parece muy voluble, pero si tú estuvieras en su lugar, tal vez pasarías por la misma ansiedad e indecisión de ella, recuerda que son demonios caninos y eso da mucho que pensar. No te preocupes todos quedaran contentos ;3 y sobre el Lord y Kagura... estoy pensando si redacto su reencuentro o no XD
Muchas Gracias por sus comentarios, me alegran el día ;3
Atención: InuYasha y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por capricho y para satisfacer las perversiones de algunos(as), incluyéndome ;3
Capítulo 20: Reflexión
Lunes, media tarde.
Sesshomaru despertó perezosamente. Se encontraba en sus aposentos, donde las gruesas cortinas permanecían cerradas y aunque el sol estaba en lo alto, era poca la luz que se colaba en la habitación. Se sentó en la orilla de la cama y giró lentamente la cabeza en círculos hasta que se escuchó un crujido. Había estado durmiendo en letargo profundo por más de 24 horas y ahora se sentía completamente recuperado.
–Ya necesitábamos descansar… – se desperezó la bestia dentro de él. –Todo éste maldito ajetreo ha sido suficiente, así que dime, ¿Qué has decidido? – medio gruñó.
El señor del Oeste resopló y rodó los ojos, aún no estaba de buen humor para encararse con su lado salvaje. Ya que a pesar de todo lo acontecido y la explicación de su madre, no se sentía con ganas de auto analizarse y reconocer que se había equivocado.
O quizás no del todo.
Si bien, él se topó con la humana en el pasado y ocurrió la reacción de reconocerla como hembra compatible, eso no quería decir que ella fuera la más adecuada. Y ahora que lo pensaba detenidamente, esa mujer era peor que una gata bocarriba con las garras desenfundadas y quizás en algún momento, podría llegar a fastidiarse de la rebeldía que mostraba constantemente.
Además, el hecho de querer mantenerla a su lado, respondía más al instinto de su especie InuYoukai que a otra cosa. Por lo tanto, debía reconocer que, si bien se encaprichó con ella, eso no quería decir que era la única hembra. Y debía tener muy presente que, al ser una humana, la mujer no tenía la capacidad de reconocerlo como compañero. Algo con lo cual también tendría que lidiar el Inugami beta.
Gruñó irritado al recordar a Akayoru.
El macho pelirrojo había osado burlarse de él. Pero a pesar de todo, debía reconocer que no se divertía tanto en una pelea desde hacía mucho tiempo. Tal vez usó las reglas Inugami a su favor para salir librado de una muerte segura, pero jamás olvidaría el castigo físico al cual lo sometió.
De nuevo bufó molesto, ese maldito beta había tramado algo y el idiota de su hermano lo ayudó, obviamente con el asesoramiento de Irasue. Parecía que todos habían jugado en su contra… pero la realidad era bastante distinta. Giró la vista hacia el buró cercano y observó la pluma blanca.
La tomó entre sus dedos y la olfateó profundamente. Su mente se despejó una vez más, recordando poco a poco las sensaciones que alguna vez Kagura le provocó en el pasado. Ella era la correcta, siempre lo fue desde el principio, pero las circunstancias jugaron en contra de ambos en aquella época.
–Contesta, ¿Qué vamos a hacer ahora? – volvió a preguntar la bestia blanca.
–Iremos a China– fue lo único que dijo el señor del Oeste.
Se puso de pie y se encaminó al cuarto de baño.
…
Rato después.
Sesshomaru descendió por las escaleras lentamente. Al llegar a la estancia, pudo ver a su madre reclinada en uno de los sofás, comiendo fruta despreocupadamente, mientras jugaba con su teléfono celular.
–Mi querido Sesshomaru, por fin despiertas– dijo ella si voltear a mirarlo.
El Lord dio un rápido vistazo a su alrededor y olfateó un par de veces. Su departamento estaba limpio, como siempre, pero ahora ya no había rastro del aroma de la humana. Las cosas que había comprado tampoco estaban. Se notaba el olor del barniz para madera proveniente de su despacho y el desinfectante en el área de servicio ubicada más allá de la cocina.
Le quedó en claro que su madre se había encargado de limpiar y ordenar su Penthouse, obviamente usando a sus sirvientes para ello. Además de que también se había instalado para quedarse algunos días ahí. Sesshomaru no podía quejarse ni decir nada al respecto, porque de lo contrario, Irasue volvería a sermonearlo.
– ¿Ya estás listo para ir a buscarla? – habló de nuevo la Inugami.
–Si– contestó secamente, dirigiéndose al elevador.
Ella medio se incorporó del sofá.
–Querido… – lo llamó, obligándolo a detenerse. –Tu pequeño sirviente te trajo una nueva laptop, la dejó en tu despacho, dijo que tu información había sido recuperada sin problema– el señor del Oeste la miró y asintió, reanudando sus pasos de nuevo. –Hijo… – volvió a llamar.
– ¡Si, madre! – gruñó molesto mientras se detenía. –No estoy para juegos, ya sé que mandaste a componer todo y me queda en claro que los sirvientes ya limpiaron y se deshicieron de lo innecesario, ahora, déjame partir. –
–Claro, pero antes de que te largues a China, quiero saber quién se va a encargar del negocio, recuerda que eres el director general– sonrió Irasue, disfrutaba de poner a prueba la paciencia de su vástago.
–El idiota de InuYasha puede hacerlo sin problema– contestó, aún sin voltear.
–Bien, entonces buen viaje cariño y no se te ocurra desviarte del camino, ya no quiero problemas con la casa Roja– advirtió la demonesa.
Sesshomaru se giró para mirarla y entornó los ojos en un gesto de irritación.
–No haré nada si el maldito beta se queda lejos de mis dominios y lo mismo aplica para la mujer, pero si alguno de ellos se atraviesa de nuevo en mi camino– enseñó los colmillos. –No respondo de mis acciones, tú bien sabes que mi rencor no se diluye en cuestión de días. –
Irasue sonrió con ligera burla.
–Hijo, no te preocupes, ten por seguro que todo eso pasará a segundo plano cuando encuentres a tu compañera. –
Él exhaló con fastidio y rodó los ojos para después retomar sus pasos hacia el ascensor.
–Como digas, madre. –
La Inugami suspiró con tranquilidad mientras lo veía marcharse.
Quizás todo este asunto no le concernía, pero definitivamente su intervención fue lo más adecuado. Ahora solamente esperaba que la reencarnación de Kagura pudiera recordar a su hijo y que lograra establecerse la relación que en el pasado no fue posible.
Dejó pasar algunos minutos hasta que la presencia de Sesshomaru desapareció por completo. Entonces marcó un número en su celular y esperó a que contestaran.
–Señora Irasue, buen día. –
–Orejitas, Sesshomaru por fin ha despertado y tal vez visite el edificio corporativo– dijo ella tranquilamente, retomando su postre de frutas.
–Entiendo, me imagino que vendrá a regañarme y luego se irá a China, como usted lo mencionó. –
La demonesa había estado manteniendo el contacto con el mestizo, después de todo, éste no dejaba de preocuparse por su medio hermano a pesar de todo. No se había acercado al departamento del Lord para evitar su cólera, pero le había pedido a Irasue que le avisara de cualquier cosa.
Ella le comentó que ya no había de que preocuparse y le explicó todo el tema de la resurrección de Kagura, porque sabía de antemano que InuYasha ya había tratado con ella en el pasado y de alguna manera, eso significaba más apoyo para estabilizar a Sesshomaru.
El medio demonio se sintió más tranquilo al escuchar eso y realmente se alegró bastante al enterarse, ya que sabía que su medio hermano había pasado demasiado tiempo solo y ya era justo que encontrase a una compañera adecuada.
–Pues tal vez lo haga o tal vez no, parecía muy decidido a irse directo al aeropuerto, pero te aviso por si las dudas– contestó ella. – ¿Y qué me dices del escarlata, has sabido algo de él y la humana? –
–No, señora Irasue– negó InuYasha. –No me ha llamado para nada, su hermano Kurenaichi dijo que estaba en reposo, recuperándose de la pelea y sobre la mujer, tampoco tengo información, me imagino que la llevó a otro lado para mantenerla escondida por el momento. –
–Comprendo– siguió comiendo uvas. –Entonces encárgate del negocio en lo que Sesshomaru está fuera y cuando sepas algo del escarlata me avisas– después de que el mestizo confirmara, finalizó la llamada.
La demonesa estaba interesada en dejar las cosas en orden antes de retomar su paseo por el mundo. Por un lado, deseaba que su hijo pudiera encontrar a Kagura para que así se estabilizara por completo y dejara su obsesión por la humana definitivamente. De esta manera, volvería a enfocarse en su vida normal como Lord del Oeste y en los negocios de la casa Plateada.
Por otro lado, también quería asegurarse de que la casa Roja se mantuviera a raya en sus propios asuntos. En verdad no quería un conflicto con ellos, después de todo, los Inugamis escarlata era buenos rivales en más de un aspecto, así que simplemente deseaba que la relación entre ambas casas nobles siguiera en paz como en los últimos siglos.
Se reacomodó en el sofá y continuó distrayéndose con su teléfono celular.
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Martes, 12:00 pm.
Departamento de Diana.
La mujer entró a su hogar con lentitud, ya lo extrañaba después de tantos días ausente. En su buzón había varios recibos de cuentas y algunos panfletos publicitarios. Al vigilante del edificio tuvo que decirle la misma mentirilla acerca de un familiar enfermo, para que así no fuera tan rara su ausencia.
Dejó las bolsas que llevaba en el suelo y se encaminó a su sofá, para luego dejarse caer pesadamente mientras meditaba sobre todas las cosas que debía hacer. Para empezar, la limpieza del lugar, luego ver lo de su despensa y finalmente, prepararse para regresar a la oficina.
Suspiró con evidente flojera.
No se sentía cansada físicamente, pero mentalmente continuaba estresada por todo lo acontecido. Además de que ahora tenía a un youkai, de quién sabe qué especie, siguiéndola como su guardaespaldas. El Inugami rojo había sido muy insistente con ese detalle, Mishumaru la acompañaría a todos lados y la llevaría en el automóvil gris de un lado a otro. No sabía dónde se instalaría para estar cerca de ella, pero era muy probable que eso también ya estuviera resuelto por parte de Akayoru.
Hace apenas unos minutos, el chofer la había dejado a la entrada de su edificio, indicándole que no estaría lejos y que si necesitaba algo, solamente debía llamar al número de celular que previamente el Inugami le había proporcionado antes de irse de la casa de los suburbios.
–Bueno– suspiró de nuevo. –Pues no me queda de otra, tendré que acostumbrarme… al menos ahorraré en transporte– se rio levemente.
Entonces se levantó del sofá y se puso manos a la obra, debía limpiar su departamento y poner en orden sus ideas.
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Zona céntrica de la ciudad, 1:00 pm.
Akayoru entró a su departamento y se encontró con su hermano en la estancia.
–Vaya, traes una cara tan miserable– dijo el mayor, mientras revisaba unos documentos sentado en el sofá.
–Cállate, cómo no eres tú el que está pasando por esto, no puedes entenderlo– gruñó sin mucho ánimo.
–Está bien, no puedo comprenderlo del todo, pero me doy una idea. Me imagino que la mujer aceptó escucharte, pero te pidió tiempo y de seguro no quiso quedarse en tu casa, ¿O me equivoco? –
El Inugami menor rodó los ojos y se sentó en el otro sillón, su hermano era bastante bueno leyendo a los demás, así que no le quedó más remedio que asentir a sus palabras.
–Diana no me rechazó, pero tampoco dijo que me aceptaba… tengo que esperar un mes para saber su respuesta– exhaló con resignación.
Kurenaichi sonrió levemente, dejando los documentos en la mesita de centro y tomando un sorbo de alguna bebida que tenía cerca.
–Pues esas son buenas noticias, así que sé paciente– dijo en un tono conciliador. –Aunque es probable que te pongas a vigilarla ¿Cierto? –
Akayoru negó despacio.
–No me quiere cerca, pero como Sesshomaru aún podría estar rondando, asigné a Mishumaru para que la escoltara todo el tiempo, él me mantendrá informado. –
–Es una buena idea– reconoció Kurenaichi. –Ahora sólo espero que el Lord no tenga la intención de querer desquitarse de lo que hicimos. –
El otro Inugami se frotó la frente, aún estaba un poco cansado.
–No me preocupa eso, mientras me mantenga lejos de sus dominios él no puede tomar represalias, sin embargo, aún podría estar encaprichado con Diana. –
–Bueno, tu sangre debería darle un aviso, prácticamente la humana es ahora tu compañera al estar vinculada contigo– aclaró el hermano mayor. –Pero por si las dudas, tenemos a InuYasha para que nos avise de cualquier cosa, ayer preguntó por ti, pero le dije que seguías en reposo. –
–Le debo una a ese mestizo– sonrió Akayoru, mientras sacaba su teléfono móvil. –Creo que lo llamaré para que nos ponga al tanto de lo que ha pasado con su hermano. –
…
Minutos después, ambos Inugamis tenían una mueca de estupor en el rostro luego de haber escuchado a InuYasha. El medio demonio les había explicado lo mismo que Irasue le reveló a él sobre Sesshomaru y la demonesa del viento. Asimismo, era probable que en éste momento, el Lord estuviera buscando a su verdadera compañera en China.
Akayoru respiró más tranquilo al enterarse de esto, pero eso no quería decir que bajaría la guardia. Así que, de igual forma, le platicó los pormenores al mestizo sobre su situación con Diana y ambos acordaron mantener la comunicación para cualquier cosa.
–Bien, eso fue toda una sorpresa– dijo el demonio menor.
–Tienes razón, pero en verdad me sorprende que Sesshomaru, siendo un alfa, no encontrara una compañera más adecuada desde antes, pero bueno, como sabemos, son muy raros los casos en nuestra especie– se alzó de hombros Kurenaichi. –Y a decir verdad, todo este asunto con la humana ha sido una suerte de azar bastante increíble. –
–Cómo sea, aun así, no pienso confiarme, así que esperaré lo necesario, porque no tengo la intención de perder a Diana por nada del mundo– dijo Akayoru con absoluta seguridad.
Su hermano asintió y le sonrió, dejándole en claro que él lo apoyaba por completo. Después de todo, para un InuYoukai, encontrar a una hembra compatible, era una de las mejores cosas que les podía pasar en la vida.
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Tres semanas después.
Viernes por la tarde.
Diana caminaba tranquilamente por el estacionamiento, cuando más adelante, distinguió a "su chofer" esperándola recargado en el cofre del vehículo. El youkai se había mantenido cerca, pero muy discreto y reservado, de manera que no la incomodara a ella. Incluso en algunas ocasiones era buen conversador de temas comunes.
La mujer había regresado a su trabajo, teniendo que fingir un poco para mantener su mentira y que no fueran a sospechar algo más. A final de cuentas, nadie parecía haberse inquietado demasiado con su repentina ausencia, ya que sabían que a veces regresaba a su lugar de origen para visitar a su familia. Quizás su jefe se preocupó un poco, pero como ella ya tenía historial de "desapariciones" repentinas, no le dio mayor importancia.
Pero eso sí, le descontaron los días por no avisar formalmente de su ausencia. Para Diana, fue el mejor castigo que pudo recibir, hubiera sido peor que la cesaran definitivamente.
…
Un par de horas después.
La mujer terminó de ducharse, se colocó una bata de baño y tomó asiento frente al espejo para comenzar a desenredarse el cabello. Mientras lo hacía, no podía evitar mirar una y otra vez la cicatriz de su hombro que se asomaba levemente por un lado de la tela.
En las últimas semanas, después de la plática con Akayoru, se dio cuenta de que no percibía en absoluto la sangre de Inugami dentro de ella. Quizás él había hecho algo para que no lo notara y así no se sintiese incómoda. Pero eso no tenía tanta relevancia como lo que veía ahora en el reflejo.
La marca que llevaba en el hombro, antes violácea, había comenzado a cambiar de color lentamente. Sabía que dicha cicatriz no desaparecería jamás, pero a lo largo de los días se percató de que su pigmentación iba modificándose hacia el carmesí. Probablemente otra consecuencia de la sangre sobrenatural. Suspiró con resignación, ya no había motivo para sorprenderse de estas raras circunstancias.
Y es que, en las últimas fechas, había comenzado a razonar las cosas con más calma. En un principio, cuando regresó a su departamento, le preocupaba que Sesshomaru la rastreara hasta ahí o que nuevamente la asechase en su trabajo, temiendo que apareciera de un momento a otro con intenciones vengativas.
Pero paulatinamente, dejó de temer a eso. No sabía porque, pero tenía la sensación de que el señor del Oeste no se encontraba en la ciudad. Aquello podría significar que quizás ya se había resignado y por fin la dejaría en paz. Después de todo, Mishumaru la tranquilizaba diciéndole que él se percataría de su cercanía y que no tenía nada que temer.
El tiempo pasaba lento, pero eso le ayudó a serenarse, liberándose del estrés poco a poco. Al retomar su trabajo y vida social pudo despejarse la cabeza y olvidarse por un rato de los Inugamis. Y ahora que se cumplían tres semanas de no saber nada de Akayoru, ella lo había decidido así y él aceptó sin problema, podía finalmente pensar con más tranquilidad en su proposición.
El demonio escarlata era agradable en muchos aspectos, pero para iniciar una relación más seria con él, tendría que sopesar muchas cosas y cuestiones. Situación que con un humano no habría que hacer. De lo que no tenía duda alguna, era que Akayoru estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para ganarse su favor y eso era algo que ella debía valorar.
Probablemente si dejaba pasar un poco más de tiempo, podría llegar a una buena conclusión para darle una respuesta que beneficiara a ambos. Después de todo, no había dejado de pensar en él, no era constante, pero el Inugami de vez en cuando se asomaba en sus pensamientos. Incluso el perro rojo que representaba su lado feral, se había manifestado un par de veces más en sus sueños.
Lo único que hacía el canino era "sonreírle" como un cachorro juguetón, mientras agitaba la cola alegremente. Ni siquiera había intentado "hablarle" de nuevo, quizás esperando el momento oportuno para hacerlo y no antes, para evitar que ella se sintiera presionada. Básicamente, ese par de ensoñaciones sólo habían consistido en, Diana sentada en la banca del parque, con el perro carmesí echado junto a ella, permitiéndole rascar su lomo mansamente.
A final de cuentas, la mujer dedujo que el Inugami había optado por mantenerse a distancia en todos los sentidos, dándole la libertad de pensar mejor la situación y tomar su decisión. Ser paciente y respetar el sentir de ella, le hacía ganar puntos.
Diana sonrió levemente, quizás le daría una oportunidad.
No perdía nada con intentarlo, después de todo, su relación de sólo sexo ocasional había facilitado el ir conociéndolo poco a poco, tanto en carácter como en personalizad. Quizás eso no era suficiente para iniciar una convivencia más seria, pero sin lugar a dudas, facilitaba la confianza para avanzar de la "amistad cariñosa" hacia algo más.
–Bueno, creo que ya me voy a dormir– bostezó levemente. –Mañana sábado debo ir a comprar lo que me hace falta. –
Terminó de secarse y luego se vistió con algo ligero para dormir. Se recostó en la cama y se quedó mirando al techo a un punto en la nada. Los minutos pasaron, pero el sueño no llegaba.
–Rayos, creo que no podré dormirme pronto– murmuró mientras se rascaba la cabeza.
Cambió de posición y en ese momento sintió las cosquillas que el pliegue de la sábana le provocó en el muslo. De nuevo se movió pausadamente, repitiendo el movimiento, buscando de nuevo esa sensación. Una sonrisa traviesa se dibujó en su cara, ya sabía qué es lo que debía hacer para conciliar el sueño.
Hasta ese instante reflexionó que, en estas tres semanas, no había practicado el placer solitario con su cuerpo para nada. Quizás el ritmo cotidiano del trabajo y el querer olvidarse de su aventura, la hicieron no prestar atención a ello. Pero justo en éste momento, la necesidad comenzó a despertar lentamente.
Su mano tomó el doblez de la tela y lo atravesó por en medio de sus piernas, frotando intencionalmente su feminidad. Un jadeo suave escapó de su boca. De nuevo repitió la fricción, complaciéndose del efecto que le provocaba. Entonces decidió que era momento de mimarse con su propio tacto. Soltó la sábana y empezó a recorrerse los costados con las yemas, lenta y suavemente.
Un minuto después, ya se acariciaba los pezones erguidos al mismo tiempo que otros gemidos comenzaron a escapar entre respiración y respiración. El deseo de su cuerpo ardió velozmente, solicitando el aumento del placer. Una de sus palmas se deslizó sobre su abdomen hasta descender un poco más y llegar a su vientre. La humedad se notó insinuante en su ropa interior.
–Mmm, ya extrañaba esto… – jadeó con suavidad, permitiendo que sus pensamientos se diluyeran en el regodeo carnal.
Repentinamente, una sensación extraña acarició su nuca, provocándole un delicioso escalofrío, aumentando las sensaciones que la recorrían. Su palma frotó con morbosa lentitud, removiendo la tela para acariciar con más ímpetu su intimidad. Otro jadeo húmedo se liberó al mismo tiempo que su cuerpo se arqueaba ante la sensación de los dedos perdiéndose en su interior.
La lujuria la envolvió y el mundo desapareció a su alrededor. No obstante, un vago pensamiento sobre Akayoru se quedó rondando en su cabeza, pero no le prestó atención cuando el creciente goce la arrastró, haciéndole olvidar que estaba vinculada con el InuYoukai y que eso… traería consecuencias.
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Zona céntrica de la ciudad.
Ambos demonios estaban en la cocina. Apenas se disponían a cenar cuando de repente, Akayoru dejó caer el vaso con agua que sostenía en la mano, provocando que éste se rompiera en varios pedazos. Kurenaichi volteó a mirarlo y levantó una ceja cuando notó la rara expresión en el rostro de su hermano.
– ¿Qué rayos te pasa? – preguntó.
El Inugami menor tenía la mirada clavada en la nada mientras abría y cerraba los puños con fuerza. Comenzó a sentir un leve temblor en su interior, percibiendo una repentina ansiedad creciendo en él.
–Hey Akayoru– chasqueó los dedos el mayor. –Reacciona, ¿Acaso sucede algo? –
El aludido volteó a mirarlo con una mueca de estupefacción. Comenzó a respirar más rápido y se llevó las manos a la cabeza. Súbitamente, una sacudida le recorrió el cuerpo y su bestia interna se removió dentro de él, despertando bruscamente sobresaltada.
– ¡Está llamándonos! – rugió con fuerza.
Akayoru sintió un dolor en el pecho y notó que el control se le iba de las manos por breves instantes. Su lado salvaje se había perturbado demasiado debido al estremecimiento y sus palabras lo dejaron atónito.
–Tranquilízate– pidió el mayor, mientras lo ayudaba a que tomara asiento en uno de los bancos frente a la barra luego de notar la inquietud de su lado salvaje. – ¿Qué sucede, porque se alteró tu bestia? –
– ¡Es… Diana! – gruñó.
Se recargó sobre la barra y sus zarpas arañaron la superficie con fuerza, como si estuviera sintiendo una descarga eléctrica bajando por su espalda. Se trataba del vínculo de sangre que lo unía con la humana. No obstante, como era la primera vez que percibía el efecto, éste era demasiado intenso, dejándolo completamente abrumado. Ella lo estaba llamando con demasiada fuerza.
– ¿De qué hablas?, ¿Qué hay con la mujer? – Kurenaichi le ofreció otro vaso de agua.
La bestia roja empezó a caminar inquieta de un lado a otro, tratando de dominar su voluntad. Estaba ansiosa por salir, por atender el llamado de la hembra, comenzando a sentir demasiada hambre.
– ¡No sabía que… se sentía de esta… manera! – respiró agitado de nuevo. – ¡El efecto es muy fuerte! – volvió a gruñir.
–Hey, trata de calmarte, se supone que hiciste que tu sangre permaneciera en reposo para no molestarla. –
Akayoru bebió torpemente el agua, pero la sensación que lo recorría era demasiado enérgica. El vínculo sobrenatural estaba haciéndole sentir la necesidad de Diana, pero de manera bastante incrementada.
– ¡Lo hice, pero tengo entendido que… el enlace funciona en… ambas direcciones! – exhaló entrecortado por el efecto calcinante que lo recorría. – ¡Es probable que ella esté… maldición! –
Kurenaichi se rio levemente, mientras tomaba asiento frente a él.
–Vaya, no sabía que fuera tan abrumador, probablemente quiera que vayas– le dijo, alzando las cejas en un gesto ladino. –Recuerda que las humanas no son como las demonesas, ellas no necesitan de etapas de celo para aceptar al macho. –
Su hermano negó rápidamente, arañando de nuevo la barra, empeorando los surcos que ya habían dañado el recubrimiento. Sus ojos grises comenzaron a rodearse de oscuridad y su tono de voz se hizo gutural. La bestia en su interior se manifestaba cada vez con más fuerza.
– ¡Diana pidió que le diera un mes de plazo! – se frotó las sienes insistentemente. – ¡No puedo ir y presentarme así nada más ante ella, podría molestarse! –
De nuevo la risa del líder de la casa Roja se escuchó.
–Hermanito, no sé qué es lo que estás sintiendo, pero si es tan fuerte, eso quiere decir que definitivamente ella es la correcta, recuerda lo que nos dijo nuestro padre alguna vez: "Una compañera es capaz de llamarte con el más mínimo pensamiento, expresión o sensación. Si alguna vez perciben la invocación, tienen que responder inevitablemente"– explicó con un leve tono de seriedad. –Y por lo que veo, no te conviene resistirte, podría ser muy doloroso. –
Akayoru le enseñó los colmillos, realmente estaba perdiendo el control y eso que sólo se trataba de la primera vez que sentía el llamado de Diana. No sabía qué hacer, pero la bestia en su interior, tomó la decisión por él.
– ¡Vamos en busca de nuestra compañera! – jadeó ansiosa, relamiéndose el hocico al mismo tiempo.
Kurenaichi vio cómo su hermano se levantó precipitadamente para luego dirigirse a la salida del departamento. Mientras se alejaba, su camuflaje humano se desplegó y sin decir nada más, desapareció tras las puertas del ascensor.
Continuará...
Perdón por dejarlos aquí XDXD, les pido un poco de paciencia, el clima caluroso de mi país es muy molesto y eso provoca que la inspiración se me vaya de vacaciones XDXD
