EL PASADO A VECES SE HACE PRESENTE EN LAS REUNIONES FAMILIARES
CAPÍTULO XIX: TARDE DE CHICAS
Madre e hija caminaban siguiendo los pasos de la segunda reina de los tribunales, aunque sabían muy bien donde quedaba su casa creían que lo mejor era seguirla y ninguna habló durante el trayecto.
—Hemos llegado. —La primera en hablar fue la anfitriona mientras abría la puerta de su hogar—. Espero se sientan como en casa.
—Muchas gracias Kuroba san.
—Gracias Ran san.
—No tienen nada que agradecer chicas —dijo entre risas—. Ai chan, no deberías llamarme por mi apellido, suena a que somos muy lejanas.
—Lo siento Kuroba san, me suelo referir a la mayoría de las personas por sus apellidos, es una costumbre que tengo. Así que de momento prefiero seguir llamándola de esa forma, pero no tengo ningún problema con que usted se refiera a mí como cuando yo era una niña —respondió con su característico monótono.
—Está bien Ai chan. —Siempre era sorprendida por la rectitud que ella tenía desde niña—. Adelante, pasen. Pondré a la cocina a calentar el agua para el té. —Ambas castañas se voltearon a ver entre ellas—. ¿Qué pasó? ¿Dije algo malo? —preguntó algo inquieta ante las miradas que ellas se dedicaron.
—Lo sentimos Ran san. —Kanara se disculpó por ambas—. Solo que mi mamá y yo preferimos el café. Pero no se preocupe por ello, podemos tomar té.
—Oh, cierto Arato kun ya me había comentado sobre ese gusto en particular de tu familia, tanto que él empezó a beberlo con más frecuencia.
—Lamento eso —se disculpó Kanara.
—No te preocupes, cuando uno empieza una relación lo normal es que te intereses en los gustos de la persona amada.
—Kuroba san, si quiere en lugar de que usted prepare el té y el café puedo hacerlo yo, si me indica donde está lo necesario —se ofreció.
—Ai chan no puedo dejar que mis invitadas se preparen sus propias bebidas en mi casa —se ofendió un poco ante esa propuesta, ella era una buena anfitriona.
—No se moleste por lo que dije, realmente me ofrecí porque sé que a Kanara chan le gustaría escuchar lo más pronto la historia de su ídolo. —Realmente ella se ofreció a hacerlo porque no quería escuchar una vez más la historia de su esposo con el amor de su vida.
—Oh si Ran san, por favor acepte —pidió suplicante Kanara mientras tomaba la mano de su suegra y daba brinquitos.
—Entiendo Kana chan, ve a la sala mientras yo le indico a tu mamá donde encontrar lo necesario.
—Gracias Ran san. —Dio un último brinco y fue a sentarse al lugar donde le fue indicado.
—Algunas veces Kanara chan puede ser algo insistente —comentó sobre el comportamiento de su hija.
—Realmente me sorprende que sea así, ninguno de ustedes dos lo era —empezó a recordar su pasado con los niños.
—Oh no conoces a Conan kun, cuando algo quería de mí, realmente no se alejaba hasta que lo conseguía —recordó las veces que él le pedía el antídoto para irla a ver.
—Bueno habrá unas cosas que sólo mostraba contigo —se sintió un poco desplazada, ya que su hermanito siempre se comportó frente de ella.
Ambas adultas se dirigieron a la cocina.
—Ai chan de aquel lado se encuentra la cafetera, con tan solo llenarla con la cantidad de agua correspondiente y ponerla en su lugar empieza a calentar el agua, aquí te dejo el café y la azúcar —le extendió los aditamentos.
—Kuroba san, ¿usted que va a tomar? —preguntó porque no le había dado nada para preparar té.
—No te preocupes, de vez en cuando no está mal tomar un poco de café.
—Entendido, entonces serán tres tazas de café.
—Muchas gracias por la ayuda —exclamó, hizo el intento de irse, pero Ai notó un extraño comportamiento en ella.
—Ran san, ¿pasa algo?
—Oye Ai chan, —aprovechó que estaba sola con ella para tratar un tema sin presencia de su hija—, tú te fuiste con Conan kun desde que él se fue, ¿verdad?
—Así es Kuroba san. Ambos nos fuimos con sus padres cuando teníamos nueve años.
—¿Y desde entonces han estado juntos?
—Así es.
—¿Pero fueron novios antes de ser esposos? ¿Tuvieron citas? —Lo que Conan le había comentado cuando lo descubrió siguiendo a Kanara le sorprendió, por eso quería verificar la versión de la otra persona.
—Conan kun ya me había dicho que se encontró con usted cuando estaba siguiendo a Kanara chan en una cita. Así que no veo motivo de verificar sus palabras, todo lo que él le dijo es cierto.
—Yo siempre supe que tú tenías sentimientos hacia Conan kun, pero de él pocas veces le vi interés en el género opuesto. Por eso quería saber cómo se había portado contigo antes de casarse, cómo te enamoró.
—Te puedo asegurar que entre Conan kun y yo hay sentimientos, tal vez no los típicos sentimientos de romance que te imaginas. Pero los dos nos amamos en nuestra forma, sabemos todo del otro y en lugar de salir corriendo estamos juntos al pie de cañón. Juntos hemos logrado enfrentar distintos problemas a lo largo de nuestra vida, tal vez los sentimientos de romance no sean tan notorios en nuestra relación, pero hemos estado juntos bastante tiempo y nos entendemos perfectamente.
—Me alegra que así sea, Ai chan. Me alegra bastante que los dos pequeños que siempre se veían tensos por alguna razón, que estaban al pendiente de lo que pasaba a su alrededor y que se veían demasiado maduros para su edad; hayan sabido congeniar juntos y sacar adelante una bella relación.
—Gracias Kuroba san. —A pesar de que en sus palabras había gratitud, su rostro estaba demasiado serio.
—Otra pregunta.
—Dígame.
—¿Conan kun tuvo una novia antes que tú?
La esposa del detective encogido dudo en responder esa pregunta. Como Edogawa Conan, él nunca había tenido una pareja antes que ella, pero su alter ego: Kudou Shinichi, fue novio de ella.
—No, —fue lo que decidió responder—, desde que nos conocemos siempre hemos estado juntos.
—Oh el primer amor, que lindo. Me encanta que ustedes hayan quedado juntos desde el final. —A pesar de sus palabras, su rostro denotaba tristeza y ella entendía el porqué. Pues su primer amor no se dio como ninguno de los dos esperaba, aparte de que en ella todavía se nota que tiene sentimientos encontrados por él. Lo demostró con la escena en la oficina cuando Kanara le preguntó por él.
—¿Ran san? —Otra voz las sacó de su concentración.
—En un momento va Kanara chan. No encontrábamos la azúcar para preparar el café —dijo como excusa para su hija, pues vio a la mujer todavía en un trance que le costaba salir.
—Está bien espero —respondió su hija.
—Oh cierto el café. —Por estar interesada en la vida de ella, se le había olvidado completamente lo que había ido a hacer de primera instancia a la cocina—. Aquí está el café y la azúcar —dijo como si estuviera repasando que nada le hiciera falta—. La cafetera esta por allá.
—Gracias Kuroba san.
—No, gracias a ti por la ayuda. Yo voy con Kanara chan.
—Está bien.
Empezó a utilizar esa cocina como si se tratara de la suya, se ofreció a hacer las bebidas porque no quería escuchar una historia que se sabía de memoria, tanto porque la vivió y su esposo se la contaba muy seguido antes de casarse.
—¿Estás lista Kanara chan? —preguntó Ran mientras se sentaba en el sofá enfrente de donde estaba su nuera.
—Sí. —Ella ya tenía en su mano una libreta y una pluma.
—Bueno, ¿qué es lo que quieres saber? —Se había preparado mentalmente para esto desde que ella se enteró que Kanara era fan de Shinichi.
—Lo que usted me quiera decir sobre él. No quiero indagar mucho sobre su pasado con él. Vi que eso la altero mucho en la comisaria y no quisiera repetir esa escena aquí en su casa.
—Gracias por la consideración Kanara chan. Veamos, —se puso a pensar para ver que le comenzaba a contar—. Su cumpleaños es el cuatro de mayo.
—Oh es el mismo que el de mi papá —comentó Kanara.
—Sí, ellos dos tienen muchas cosas en común —respondió recordando las veces que pensó que Conan era Shinichi.
—Entonces, ¿por qué papá lo odia? —pensó Kanara recordando lo que su madre le había dicho
—Actualmente debería tener mi edad. Empezó a ser un otaku de los detectives creo que, desde antes de entrar al parvulario, yo lo conozco desde esa edad y ya hacia su teatro de deducciones y eso. Siempre lucha contra todo para que la verdad salga a la luz. Era muy hábil en el futbol tanto que fue reclutado por los Noir Tokyo, pero él los rechazó porque sol veía ese deporte para fortalecer sus capacidades físicas, al igual que Sherlock Holmes con la esgrima. Habla japonés e inglés perfectamente, debido a que viajaba mucho con sus padres cuando era joven. Tiene lo que es conocido como oído absoluto, pero es pésimo cantando.
—¿Es un pésimo cantante? —A Kanara eso lo tomó por sorpresa.
—Si. Todo mundo le pedía que se callara o le quitaban el micrófono cuando íbamos al karaoke.
—Vaya. ¿Y qué es eso del oído absoluto? —Era la primera vez que escuchaba ese término.
—Es la capacidad que la persona tiene para reconocer notas musicales.
—Vaya, papá también es pésimo en el karaoke.
—Lo sé —comentó entre risas.
—Y dígame Ran san, ¿estuvo con él en algunos de sus casos?
—Sí, en varios diría yo.
—Cuénteme uno por favor —pidió suplicante.
—Bueno.
Ran le empezó a contar el primer caso donde Shinichi ayudó a la policía.
Después de tanto esperar el agua terminó de calentarse y preparo el café para ella y su hija, pero Ran no le había dado indicaciones para el de ella.
—Kuroba san, lamento la intromisión, pero no me dijo como le gusta su café.
—Oh cierto, una cucharada de café y dos de azúcar por favor.
—Está bien.
Regresó a su labor y una vez que estuvieron terminados ya no tenía otro medio de escape, se dignó a escuchar lo que Ran contaba de Shinichi y al parecer ella había omitido todo lo relacionado con él de forma romántica y entendía el porqué, ellos no habían terminado de la mejor forma.
—Se nota que, a pesar del tiempo, ella aún tiene sentimientos encontrados por él —pensó al escuchar lo que le relataba
Ran estaba contándole a Kanara los retos de detectives entre el del Este y el Oeste. Ella por su parte recogió las tazas y se ofreció a hacer más café para seguir disfrutando de la tarde de chicas, realmente se había vuelto divertido escuchar cómo era el detective del Este antes de ser rejuvenecido y en conclusión propia puede decir que le sirvió para crecer como persona ya que antes de eso era un egocéntrico.
Estaba en la cocina llenando de agua la cafetera cuando escuchó el sonido de algo rompiéndose se asomó despacio desde la cocina y vio a tres hombres entrando desde la ventana que rompieron, con sigilo que obtuvo de tantos años temerle a la organización regresó a la cocina, escribió un mensaje en una servilleta y lo depositó en el cesto de basura para que pasara inadvertido de los hombres que acaban de ingresar al hogar de los Kuroba.
Su plan de emergencia, por si no podían controlar la situación, era confiar en su esposo. Revisó la cocina buscando algo que le fuera útil y encontró un kilogramo de harina en su empaque.
—¡Sal! —gritó una voz, al parecer ya se habían percatado de su presencia, vio como tres hombres tenían a Ran y a su hija rodeadas apuntándoles con armas de fuego, a ella uno la fue buscar a la cocina e igual le iba apuntando con el arma.
—¡Kuroba san, ahora! — gritó estando cerca de las demás y lanzó con fuerza el empaque de harina y este se rompió creando un distractor, la anfitriona entendió el mensaje y con golpes de karate empezó a desarmar a los que estaban cerca de ella. Ai por su parte de había lanzado sobre su hija para protegerla.
El plan había funcionado bien, hasta que se oyó el sonido de una pistola aturdidora seguido de la caída al suelo del cuerpo desfallecido de Ran.
—¡Maldita! —se quejó el único que quedaba de pie—. Sólo porque las necesitamos vivas para cobrar su rescate.
—¡Ran san! —gritó asustada Kanara mientras se acercaba al cuerpo desfallecido de su suegra para comprobar que solamente estuviera inconsciente.
—Bueno con que una esté consciente para dar el mensaje es más que suficiente, —después de haber dicho eso utilizó su arma aturdidora contra la adolescente—. Parece que es nuestro día de suerte, solo queríamos secuestrar a la esposa del mago, pero al parecer podemos extorsionar a una familia más —exclamó con sorna al ver el parecido entre la adolescente y la adulta que seguía consciente—. Ten, —le extendió el teléfono que parecía ser del hogar—, llama al hijo de ella.
Ai solo rodó los ojos hacia atrás, realmente estos secuestradores se habían metido con las familias equivocadas. Desde que su hija empezó a salir con el joven Kuroba, decidió aprenderse el número de él en caso de emergencia.
—¿Mamá?
—Kuroba kun, no soy tu mamá —respondió.
Le arrebato el teléfono por temor a que dijera algo de más y empezó a hablar: ¡Chico!, hemos secuestrado a las mujeres que estaban en este domicilio, si las quieren volver a ver con vida tienen hasta mañana para entregar cinco millones de yen, el intercambio se llevará a cabo en la torre de Tokyo y más les vale no contactar con la policía, —al escuchar eso Ai soltó un pequeño sonido que se podía interpretar como risa, eso le incomodó al secuestrador que ya había terminado la llamada.
—Si ya sé —dijo con tono fastidiado mientras veía al hombre apuntarle con la pistola aturdidora—. Más te vale no tardar, maniático de los misterios —su último pensamiento fue hacia su esposo.
MELGAMONSTER
20200326
